23 de mayo de 2011

La revolución del sol

La última semana es España se vivió con una fuerte intensidad y expectativas. Una revolución estaba en puerta, unas elecciones municipales y autonómicas también, como una introducción de lo que vendrá para las presidenciales.

Comenzó en Madrid y la chispa se prendió en las otras grandes ciudades: Barcelona, Valencia, Sevilla, etc. Los jóvenes salieron a la calle a mostrar su indignación por el sistema que los condujo a que uno de cada tres menores de 30 años esté sin trabajo y, entre los que no alcanzan a los 25, casi la mitad.

El origen de estas acampadas que mantienen los españoles hace una semana surgió por Islandia. Esa pequeña y fría isla de 300.000 mil habitantes, una de las economías más estables del mundo, sufrió una revolución colosal y nadie se enteró. La gente salió a la calle, hizo un cacerolazo a la islandesa y obligó a dimitir a todo el gobierno. Como si fuera poco con eso, convocó a un referéndum que dio con la nacionalización de los bancos y la decisión de no pagarle la deuda de estos banqueros a Gran Bretaña y Holanda. En este “que se vayan todos” también se creó una asamblea popular para reescribir la constitución.

Los jóvenes españoles se enteraron de esto. En este país donde la crisis les caló profundo en el autoestima y los durmió en un letargo político-social desesperante, el ejemplo de Islandia hizo despertar a algunos. Ese puñado de despiertos fueron a la plaza Puerta del Sol en Madrid y acamparon por unos días, la policía los desalojó y metió en cana a 19, porque en España hay que pedir permiso a la Justicia para manifestarse ¿¡!?. Ajá, como siempre esas cosas le salen mal a los azules. Mucha más gente fue al día siguiente a ver de qué se trataba la acampada.

En España la gente está demasiado endeudada. Los bancos dieron créditos a todos aquellos que lo pidieron. La gente se compró pisos sin tener ahorros y con créditos a tasa insignificante. La recesión los dejó a todos sin trabajo y con una hipoteca que sus nietos van a terminar de pagar. Los bancos que inflaron el globo y lo hicieron estallar siguen vivitos y culiándose a todos. ¿Les suena?

Así que los irreverentes de Islandia decidieron no pagarle a Gran Bretaña y Holanda. Vaya autoridad la de ese pueblo que tomó el toro por las astas. Y así… cientos y miles de jóvenes salieron a las plazas españolas a pedir más democracia.

El problema principal de esta #spanishrevolution es la falta de lemas, de organización política real, porque no tienen la legitimidad plural para crear un estado anárquico, por lo que se hace necesario que su propuesta deba ingresar al sistema.

Las pancartas son claras: los banqueros le arruinaron la vida a la sociedad y ésta callada se deja abusar. El gobierno toma decisiones en contra de la sociedad. Votar cada 4 años no es una participación democrática real. Exigieron referéndums. Piden por la paz en el mundo. Por políticos menos nefastos.

A mi entender son consignas muy naif pero más que válidas. Una revolución de estas características debe tener un motor político, una organización, un partido, un movimiento que surja desde su seno y que se vea representado en el sistema. Todos esos chicos, miles, que salieron a las plazas, no se ven identificados por nadie. Son ellos los que deben dar el salto. Son ellos los que tienen que generar una propuesta real, salir del utopismo de que el mundo debe cambiar solo y hacer el cambio por sí mismo.

El riesgo que se generó con esto fue que en las elecciones del domingo la extrema derecha ganara en cada municipio de España y que los socialistas perdieran como en la guerra, por un sistema y una crisis que no generaron.

Entonces digo... la revolución tiene que tener un sentido fuerte, una consonancia real con un proyecto, sino lo único que hace es dejarle servida la mesa a la derecha más repugnante. El remedio es peor que la enfermedad, muchachos.

En Barcelona la plaza se vivió como un grupo de auto-ayuda para hacer catarsis. Había mucha gente pero no la suficiente, muchos iban a ver de qué se trataba pero sin participar. Hubo debates multitudinarios donde cada persona contó su realidad y sus deseos. La plaza estaba organizada en tres sub plazas para debatir los temas centrales. El motor fueron los jóvenes que están politizados en las universidades, que son pocos. Los adultos de izquierda también se asomaron a ver cómo estaban los de #acampadabcn. El domingo había un par de abuelos gritando por su hipoteca, puteando a los bancos, a la derecha y a maría santísima. Sin embargo, la playas estuvieron llena de chicos que lo único que les interesa es comprarse ropa e ir a bailar a la discoteca. La “gente bien” se quedó en casa mirando fútbol. El reclamo no llegó a la vasta –y clasista- clase media española.

Todos esos chicos en la plaza no deben haber ido a votar. Se quedaron haciendo una revolución de amor como Yoko y John, en la cama, con la guitarrita, en la plaza. Es una lástima pensar que el mundo es mucho más perverso y que un poco de valentía y de amor no pueden ni hacerle cosquillas en los pies al sistema.

Los españoles tienen que dejar de discutirse como enemigos retenidos por la fuerza en un mismo Estado y comenzar a luchar, todos juntos, para cambiarlo de verdad. Porque algo que está claro es que la derecha no les va a dar ningún referéndum para dejar al pueblo participar de las decisiones.

Los chicos dicen que se quedarán en la plaza hasta que el sistema cambie. ¿Pasará esto algún día?