Nunca se lo podrán quitar
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| El ingreso a Loncopué. Foto: Oscar Livera. |
Por Romina Zanellato - En las escuelas de Loncopué y en los
17 parajes de la zona rural, algunos criollos y otros mapuches, las maestras
hicieron simulacros de referéndums en cada aula. Había que derribar barreras preconcebidas
y la pureza de los niños fue la lanza en la lucha puertas adentro del pueblo
neuquino de 7 mil habitantes. Sociedad que pasó a la historia del país.
Los niños vieron videos para entender qué era la
megaminería. Qué pasó en Esquel, qué pasó en Catamarca. Cómo se iba a ver el
cerro que ven desde sus ventanas si comienza a producir la empresa china que
pretende extirpar el cobre de su tierra. Así, con información y decisión,
levantaron la mano y votaron. Como hicieron tenían que hacer luego los adultos
del pueblo que está a 350
kilómetros de la capital neuquina.
Loncopué realizó el domingo el primer referéndum obligatorio
y vinculante en el país para decidir si prohibían la megaminería dentro de su
ejido municipal de 8 mil kilómetros o habilitaban la explotación de los
minerales escondidos entre su majestuoso paisaje precordillerano.
Y la respuesta fue apabullante: 2.125 personas votaron por
el sí a la ordenanza que prohíbe la megaminería y sólo 318 la rechazaban. Tal
como hicieron los niños en las aulas.
Con un intenso frío, el domingo a las 8 de la mañana se
abrieron las puertas de la escuela Manuel Belgrano, frente a la plaza central
de la localidad. Abuelos con boina, pantalón de gaucho y una sonrisa difícil de
ocultar, llegaban despacio a emitir su sufragio. En familia y con mucha
alegría, antes del mediodía ya habían votado el 50% del padrón habilitado. Se
necesitaba la mitad más uno para que la elección tuviera validez. Al final del
día, más del 70% había ido a decidir el futuro de su localidad.
El proyecto de ordenanza que sancionó el pueblo prohíbe la
explotación a cielo abierto de minerales de primera categoría, el empleo de
técnicas de lixiviación con cianuro, ácido sulfúrico, mercurio y otras
sustancias tóxicas similares, la acumulación y el transporte dentro de la
jurisdicción de la
Municipalidad de Loncopué.
La resistencia al referéndum no fue poca. La empresa estatal
de la provincia, Corporación Minera del Neuquén (Cormine) presentó un amparo
para inhabilitar al Concejo Deliberante del pueblo a realizarlo. El Tribunal
Superior de Justicia resolvió no hacer lugar al planteo tan sólo 72 horas antes
de que se realice el sufragio.
El sábado, el gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, dijo que el
referéndum no era obligatorio ni vinculante, a contrapartida de lo que decía la
ordenanza que había llamado a la votación. Así, los mensajes fueron confusos
para la población.
La noche anterior el boliche de la localidad no cerró sus
puertas y los jóvenes fueron a bailar y beber como si al día siguiente no
tuvieran que cumplir una obligación cívica de tal magnitud. La policía no fue a
impedirlo. Mientras, el pueblo fue empapelado de afiches que pretendían
disuadir a la gente de votar.
Desde el momento que se abrieron las puertas de la escuela,
punteros del partido provincial, el Movimiento Popular Neuquino, tomaron nota
de cada persona que ingresaba a votar. Por los medios de comunicación,
diputados provinciales y ministros señalaban que el referéndum era
inconstitucional y que había fraude. La gente fue igual. Tanta fue la presión
que hasta llegó el ministro de Seguridad de la provincia a intentar detener la
historia. No lo logró.
Al día siguiente, el gobernador y varios ministros salieron
por los medios a decir que recusarán el resultado. Que impugnarán la decisión
del pueblo. Que es inconstitucional.
Claudia Retamal, maestra de 35 años, nacida y criada en
Loncopué, comentó que en el último de los simulacros de votación que hicieron
en la escuela que trabaja, uno de los alumnos miró con atención la fotografía
de un cerro destruido por la minería y le dijo: Maestra, ¿quién puede votar
para que se haga esto?.
“Y él solito se quedó pensando, mirando la fotografía y me
respondió: ‘A mí me parece que sólo por plata pueden votar para que esto pase’.
Ellos van formando su opinión y lo llevan a sus familias. Los chicos van
sacando sus propias conclusiones”, explicó Claudia.
Y son ellos quienes dinamitan las ideas preconcebidas de sus
padres. Los que derriban los miedos. Tal como hicieron los ocho o nuevo que
estuvieron en la lucha desde el principio. La que se gestó en la Parroquia del pueblo,
con el padre José María D’ Orfeo, quien al volver de dar su misa en el paraje
Pichaihue en 2007, se enteró que había movimiento de camiones y explosiones en
uno de los cerros. Averiguaron y era una minera que se había instalado sin
permiso, sin hacer audacia pública y sin haber presentado el estudio de impacto
ambiental.
Esos ocho que averiguaron presentaron un amparo y paralizaron
la exploración. Luego llegó Cormine por más, iban a explotar el cerro Campana
Mahuida donde viven 43 familias, sin preguntarles, sin contarles. Ahí comenzó
una nueva lucha que lleva 3 años parada en la justicia. Los ocho fueron
creciendo, se conformaron en la
Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Loncopué (AVAL) y
emprendieron la lucha ante un monstruo que saben que es enorme. El domingo
hicieron historia.
