2 de diciembre de 2012

La historia de Cielito, la pichona cóndor que fue liberada


 Luis abrió la puerta de la jaula. Cielito apoyó una garra y luego la otra. Caminó dos o tres pasos, pareció mirar la cornisa, se detuvo. El centenar de personas que estaba alrededor suyo en el anfiteatro, sobre la Ruta Nacional 237, mantuvo la respiración un segundo. Corría una brisa fría desde las montañas. Abrió sus dos enormes alas y en un segundo se fue. Sobre el suelo neuquino, las personas reían, aplaudían, lloraban de emoción: un cóndor más fue devuelto a su hábitat natural.
Se trata de una pichona de cóndor que una familia de puesteros encontró débil e intoxicada en agosto de 2011 en la misma zona donde ayer se liberó, 40 kilómetros antes de Bariloche, del lado neuquino.
Con una emotiva ceremonia mapuche, María Eva Cayu pidió por la buena salud del pájaro, deseó que tenga buen vuelo, que encuentre alimento y a su familia. Cantó su oración con el kultrum y explicó: “El cóndor es el pájaro que más alto vuela, es que el lleva el mensaje a futá chao (dios). Cuando un cóndor vuela, el pueblo mapuche se pone de pie. Los invito a que tengan un solo pensamiento cuando eleve sus alas: el del bien”.
Cuando Cielito levantó vuelo, ella lloraba y alzaba sus manos. A su alrededor, todo el equipo del Proyecto de Conservación del Cóndor Andino del Zoo de Buenos Aires, la Delegación Regional Patagonia de Parques Naturales y el equipo del Programa Binacional se abrazaban y lagrimeaban. La emoción contagió a los niños de una escuela de Colonia Suiza que fueron a presenciar la liberación y varios partícipes del rescate del pájaro. Cuando se perdió en el horizonte de las montañas, el aplauso fue unánime.
Antes de eso, Luis Jacome, director del proyecto en el Zoo porteño organizó un semicírculo de cara al sol y comenzó su relato: “Todo empezó el invierno pasado cuando me llamó Hernán Pastore de Parques Nacionales para contarme que una familia había rescatado a un cóndor durante una tormenta de nieve. Era peligroso ir al rescate del pájaro pero él dijo que su vida estaba puesta al servicio de la vida”.
Tímidas dentro del círculo estaban Matilde y Pirén Chañapé, la familia que encontró a Cielito en un refugio entre unas rocas hace más de un año. Fueron ellas quienes vieron que el animal estaba enfermo y se lo llevaron hasta su casa, ubicada detrás de uno de los cerros frente al anfiteatro. Lo tuvieron dos semanas en una habitación hasta que dieron aviso a Parques Nacionales, Hernán lo fue a buscar con su equipo y se llevó al cóndor hasta el Zoo de Buenos Aires para su recuperación.
“La bautizamos Cielito porque desde el cielo llegó”, dice Matilde y sonríe. “Siempre estuve atenta para ver qué pasaba con ella, yo quería que estuviera libre. Escuché por la radio que hoy –por ayer– la liberaban y nos despertamos a las 5 para llegar acá a las 9.30, vinimos caminando”, comenta. La joven Pirén cuenta que cuando la encontraron parecía que el ave no comía hace mucho, le dieron una laucha muerta y después lo que les sobraba: “Cuando chillaba sabíamos que tenía hambre”.

Familia
“Esto es creer o reventar, cuando se libera un cóndor, muchos otros lo vienen a buscar”, dice Silvia Peralta, una de las participantes del Proyecto de Conservación, y señala al cielo. Ahí, entre las nubes, otro cóndor sobrevuela el anfiteatro en búsqueda de Cielito.
Se comunican a través de un chirrido que el oído humano no siempre capta, se entienden a cientos de kilómetros de distancia. Cuando Cielito se intoxicó, sus padres sobrevolaron la cueva en la que se refugió durante meses. Cuando Matilde se la llevó a su casa, ellos también fueron hasta allá a sobrevolar la casa, lo hicieron hasta mucho tiempo después de que se llevaran al bicho de ahí.

Hernán, el guardaparque que la fue a rescatar a lo de Matilde durante esa tormenta de nieve, explicó que muchos cóndores se intoxican cuando comen algún animal muerto por balas de plomo. “Existe la creencia en el campo de que ellos son cazadores pero es equivocada, son pájaros carroñeros, sólo comen animales muertos. Si alguno de éstos tiene una bala de plomo en su cuerpo, el ave se intoxica y se muere. Cuando vi a Cielito por primera vez estaba muy débil, se dejaba agarrar, era evidente que tenía eso”, relató.
La posibilidad de que encuentre a su familia rápido esperanzó a todos. Hernán comentó que los cóndores duermen juntos, que él vio dormideros de hasta 70 aves, y levantó el dedo y señaló las rocas que están del otro lado del río Limay: “Eso blanco que hay entre las grietas de las piedras, eso es una cueva de cóndores”.
Luis agregó, orgulloso, la vida que Cielito tiene por delante. Al ser un pájaro de sólo 3 años, le quedan al menos 60 por delante. “Ya son 123 las liberaciones que hicimos en los últimos 20 años a lo largo del país”, contó. El miércoles nació en cautiverio la primera pichona de la temporada. A principios de noviembre liberaron a cuatro ejemplares en las Sierras de Paileman, al sur de Río Negro. “Uno mete la vida en esto”, reflexiona Luis, sereno ante la montaña.
Las dos alas donde se basa el Proyecto de Conservación de Cóndor que lidera son la parte científica para sanar a los animales y la cosmovisión mapuche, “ojalá todos pudieran volver a conectarse con la naturaleza, entender que todos tenemos un lugar que hay que respetar”, concluyó.

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