7 de septiembre de 2014

Suple Ni a palos diario Tiempo - El indie federal

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El rock nuevo, el tímido, el que hace trabajo de hormiga en la escena porteña, nació en otro lado. De a poco, si se afina el oído, se puede detectar el río Paraná, las montañas de Mendoza, el calor cordobés, el desierto patagónico, la selva del litoral, las tierras del NOA en muchas de las bandas que giran por la ciudad todos los fines de semana. Todo parece indicar que el recambio viene desde adentro, desde las provincias argentinas.

La Plata y Rosario fueron las primeras escenografías de ese sonido. Tal vez 5 o 6 años atrás, en Capital Federal, se empezó a cantar una poesía que relataba a la ciudad de las calles con número. Los 107 Faunos, ahora clásicos de la escena independiente junto a los Él Mató a un Policía Motorizado, creaban un nuevo espíritu musical ligado a los paisajes de la periferia. 

“El arrullo de eslabones de cadena / pedaleando por 56 / en un túnel de hojas verdes / árboles torcidos que flamean”, dice una de sus primeras canciones, Pretemporada, llena de imágenes platenses de verano.

Un par de años después, un show hipotético en algún club de barrio puede unir bajo el azar de un mismo cartel a Diosque, que es tucumano, a Atrás Hay Truenos de Neuquén, a los patagónicos de La Patrulla Espacial, el noise rosarino de Mi Nave, o a los cordobeses de Rayos Láser.

Ellos, al igual que muchos músicos que suenan por la ciudad, decidieron en algún momento de sus vidas hacer la valija para instalarse en la capital del país, donde –supuestamente- están todas las posibilidades y también todos los que sueñan el mismo objetivo: tocar lo más que se pueda.

La nostalgia soundsystem
Y en ese plan, el entorno de la infancia se mezcla con la experiencia de la ciudad y la música gana melodías nuevas, que gustan, que la gente va a escuchar. Mariano di Cesare, una de las voces de Mi Amigo Invencible, comanda desde el centro del escenario sonidos de naturaleza e historias de la tierra del vino. Él fue el primero de los seis de la banda que se vino desde Mendoza. De a poco, los demás se fueron mudando hasta que se completó la formación original en Buenos Aires. El compromiso cambió a la banda, tanto como los nuevos estímulos.

“Es una negociación constante entre el nuevo entorno que nos rodea y la cultura en la que nos criamos”, comentó. “Estar en esta ciudad hizo que nuestra música virara para atmósferas más eléctricas, ligadas en gran parte al costado platense de la ciudad, pero también al pop de la Capital, por ejemplo”. Entre sus discos y los shows se nota la diferencia en la velocidad y también en la distancia. “El hecho de estar lejos de casa hace que los sonidos más andinos tomen otro protagonismo, se hacen más fuertes, más profundos y más necesarios. Es como si la naturaleza de nuestro lugar peleara constantemente con lo intelectual y mecánico de la ciudad, lo que genera ese eclecticismo sonoro que tan bien nos hace. El que nos ofrece libertad de elección”, comentó Di Cesare.
“Es este el lugar, paremos acá.
Armemos el fuego
El cielo desapareciendo.
Pronto la oscuridad nos va a deslumbrar”.
“Descanso sobre ruinas”, de La Nostalgia Soundsystem (2013) – Mi Amigo Invencible.

La casa es donde estás
Sin embargo, el origen no siempre determina la experiencia sonora. Pablo Jacobo nació en La Paz, Entre Ríos, y vivió muchos años en Rosario, Santa Fe, donde creó su proyecto de canciones pop que nombró Pol Nada. Para él, la relación de una persona con el espacio es un viaje personal, y lo que cada uno hace con eso que se genera es lo que establece el vínculo que va a tener con el lugar. “Los estados de ánimo y las emociones son los que guían la forma de la música, no creo que un espacio determinado y su cultura puedan modificar la producción de una persona. Creo que lo que más se modifica es uno mismo, después viene todo el resto”, dice.

Pol Nada toca en Buenos Aires hace años pero siempre mantuvo su relación con Rosario. “No confío tanto en la geografía como algo determinante. En mi experiencia, lo humano suele trascender ese factor”. Pero sí ve algo en común entre las bandas que llegan desde las provincias: “aquellos que vienen desde un lugar donde el acceso a algunas cosas es un poco más difícil puede que las valoren de otra forma y tal vez estén más dispuestos a trabajar en algunos aspectos”.

Destino final
Y aunque se puede trascender desde el interior, la llegada a Buenos Aires es inminente cuando se pretende vivir de la música. Luciana Tagliapietra es tucumana, tiene tres discos en su haber y dos colaboraciones estelares: Litto Nebbia cantó “El gigante” y coprodujo su último disco y Daniel Melero masterizó el anterior. Con 30 años recién cumplidos y una trayectoria envidiable, Luciana decidió mudarse a Capital Federal. “A medida que mi carrera fue creciendo y me fui profesionalizando sentí la necesidad de estar en Buenos Aires porque es donde pasan la mayoría de las cosas que podrían hacer crecer un proyecto. Si hay mejor calidad de músicos y mayor valoración de los artistas tendré que comprobarlo”, comentó días antes de la mudanza.

Todos estos años en los que viajó por el país, en los que llegó a Buenos Aires para grabar y tocar como invitada y con shows propios, Luciana decidió quedarse en Tucumán por cuestiones personales. “En mi provincia se grabaron muchos discos con Yoconvoz (sello en el cual editó sus primeros dos) en los que de alguna forma participé, así que eso fue un gran estímulo para quedarme. Mudarme era una decisión que ni siquiera había pensado”.

Ella habla de los cerros tucumanos, de la selva de la montaña, de Tafí Viejo, del folclore. Mientras tanto, Maxilimiano Calvo, uno de los cuatro Intrépidos Navegantes habla del río Paraná, de la sensibilidad de la gente de Rosario, del contacto con el agua y su ecosistema. “Nuestra poesía se nutre mucho del Paraná. Creemos que la magia de nuestra música reside en la forma en la que mezclamos la melancolía del Litoral con lo visceral de la Capital. Rosario vive del río y Buenos Aires le da la espalda. Eso se nota en las personas, en las canciones, en los subtes, en las orillas del río”, comentó.

La banda de pop está integrada por dos rosarinos y dos porteños. Maximiliano llegó con su amigo de la infancia a formar Intrépidos Navegantes. En sus primeros meses, según relata, estaban en un estado de reflexión constante por el impacto que les causó la ciudad. Y fue en una tarde de paseo con sus padres en el Rosedal, que terminaron en el Patio Andaluz frente a una fuente de agua que tenía la inscripción que les dio el nombre de la banda. “Ese es el mayor ejemplo para nosotros. La conexión de las dos provincias está en todo lo que somos”.

Por el mismo río pero 700 kilómetros más al Norte, en Corrientes capital, Iñaki Zubieta creó Las Liebres, una banda de rock experimental con programaciones, psicodelia, pop y una enorme dosis de naturaleza. En 2009 planificaron mudarse a Capital Federal pero sólo él lo concretó. Sin embargo, la banda siguió funcionando en los pocos momentos del año que se veían y grabaron tres discos. En Buenos Aires les salían fechas que como banda no podían aprovechar así que Iñalki comenzó a tocar solo bajo el nombre Guazuncho. La hiperactividad de Iñaki también incluye otros proyectos como tocar la batería con Diosque, colaborar con Bosques, Posavasos y Bruno Masino. Ahora, en pleno proceso de grabación del cuarto disco de Las Liebres, Iñaki vive con una realidad porteña y otra correntina en paralelo. “Nuestra dinámica es así, nos vemos cada 3 ó 4 meses, nos juntamos en el estudio y grabamos la mejor música que podemos, con una forma de trabajo totalmente libre. Yo viví la mayor parte de mi vida allá así que entiendo en qué están los demás y trato de aportar lo mío”, explicó. El futuro implica una mudanza de un par de meses a Corrientes para terminar el disco y, tal vez, una vuelta a la ciudad con el resto de la banda.

El río Paraná tiene una presencia inocultable en la música. Es como un magnetismo para la sensibilidad de sus músicos. Guazuncho tiene varios discos y EPs solistas, entre ellos hay uno que habla del agua. La tapa es una foto de ese puente que cruza el Paraná y llega hasta Resistencia, Chaco. En estas ciudades enfrentadas se respira el mismo aire.

Del otro lado de ese puente hay tres músicos que hacen un folclore nuevo, de sintetizadores e instrumentos clásicos del Litoral, Les Yacaré. Los chaqueños acaban de terminar la gira de su primer disco, El que se asoma, por Buenos Aires y varias provincias más. “Hace 10 años, cuando nos fuimos a vivir a Capital y a Córdoba había un abismo entre las provincias y Buenos Aires respecto a la información y a la movida cultural. Esa fue la razón por la cual nos fuimos de Chaco; pero ahora las cosas cambiaron”, dijo Esteban Peon. Tanto se modificó la escena para ellos que ya uno se volvió a la provincia, con la convicción de que ya no es necesario estar cerca del Obelisco para sonar y crecer como banda.

La escena porteña tiene espacio para todos los proyectos, inclusive para algo más folclórico como la música de Les Yacaré. “Las particularidades seducen al público y, por el otro lado, hay un crecimiento de la gente, una nueva mirada de la música, una forma de valorar eso que por mucho tiempo se rechazó o se escondió porque no era lo que se hacía afuera”, planteó Peon.

Los músicos viajan, se cruzan influencias, la gente se pasa discos, descargas, las bandas tocan todas las veces que pueden y así se genera la renovación de la escena en las capitales.

“Hay muy buenos músicos por todo el país y con ganas de ampliar el horizonte desde su lugar, sin desplazarse a las grandes ciudades. Eso hizo que en los últimos años aparezcan producciones muy interesantes y profesionales que van a la par de las de Capital”, dijo el responsable de las voces, guitarra y programaciones en Les Yacaré.

Los escenarios que se multiplican en Buenos Aires, la oferta de shows que crece cada fin de semana, los viajes entre la Capital y las provincias, las bandas que giran, que llevan y traen, todo parece mezclarse y hacer de la escena porteña un espacio donde cabe todo el país.