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El rock nuevo, el tímido, el que hace trabajo de hormiga en la escena
porteña, nació en otro lado. De a poco, si se afina el oído, se puede
detectar el río Paraná, las montañas de Mendoza, el calor cordobés, el
desierto patagónico, la selva del litoral, las tierras del NOA en muchas
de las bandas que giran por la ciudad todos los fines de semana. Todo
parece indicar que el recambio viene desde adentro, desde las provincias
argentinas.
La Plata y Rosario fueron las primeras escenografías de ese sonido.
Tal vez 5 o 6 años atrás, en Capital Federal, se empezó a cantar una
poesía que relataba a la ciudad de las calles con número. Los 107
Faunos, ahora clásicos de la escena independiente junto a los Él Mató a
un Policía Motorizado, creaban un nuevo espíritu musical ligado a los
paisajes de la periferia.
“El arrullo de eslabones de cadena / pedaleando por 56 / en un túnel de hojas verdes / árboles torcidos que flamean”, dice una de sus primeras canciones, Pretemporada, llena de imágenes platenses de verano.
Un par de años después, un show hipotético en algún club de barrio
puede unir bajo el azar de un mismo cartel a Diosque, que es tucumano, a
Atrás Hay Truenos de Neuquén, a los patagónicos de La Patrulla
Espacial, el noise rosarino de Mi Nave, o a los cordobeses de Rayos
Láser.
Ellos, al igual que muchos músicos que suenan por la ciudad,
decidieron en algún momento de sus vidas hacer la valija para instalarse
en la capital del país, donde –supuestamente- están todas las
posibilidades y también todos los que sueñan el mismo objetivo: tocar lo
más que se pueda.
La nostalgia soundsystem
Y en ese plan, el entorno de la infancia se mezcla con la experiencia
de la ciudad y la música gana melodías nuevas, que gustan, que la gente
va a escuchar. Mariano di Cesare, una de las voces de Mi Amigo
Invencible, comanda desde el centro del escenario sonidos de naturaleza e
historias de la tierra del vino. Él fue el primero de los seis de la
banda que se vino desde Mendoza. De a poco, los demás se fueron mudando
hasta que se completó la formación original en Buenos Aires. El
compromiso cambió a la banda, tanto como los nuevos estímulos.
“Es una negociación constante entre el nuevo entorno que nos rodea y
la cultura en la que nos criamos”, comentó. “Estar en esta ciudad hizo
que nuestra música virara para atmósferas más eléctricas, ligadas en
gran parte al costado platense de la ciudad, pero también al pop de la
Capital, por ejemplo”. Entre sus discos y los shows se nota la
diferencia en la velocidad y también en la distancia. “El hecho de estar
lejos de casa hace que los sonidos más andinos tomen otro protagonismo,
se hacen más fuertes, más profundos y más necesarios. Es como si la
naturaleza de nuestro lugar peleara constantemente con lo intelectual y
mecánico de la ciudad, lo que genera ese eclecticismo sonoro que tan
bien nos hace. El que nos ofrece libertad de elección”, comentó Di
Cesare.
“Es este el lugar, paremos acá.
Armemos el fuego
El cielo desapareciendo.
Pronto la oscuridad nos va a deslumbrar”.
“Descanso sobre ruinas”, de La Nostalgia Soundsystem (2013) – Mi Amigo Invencible.
La casa es donde estás
Sin embargo, el origen no siempre determina la experiencia sonora.
Pablo Jacobo nació en La Paz, Entre Ríos, y vivió muchos años en
Rosario, Santa Fe, donde creó su proyecto de canciones pop que nombró
Pol Nada. Para él, la relación de una persona con el espacio es un viaje
personal, y lo que cada uno hace con eso que se genera es lo que
establece el vínculo que va a tener con el lugar. “Los estados de ánimo y
las emociones son los que guían la forma de la música, no creo que un
espacio determinado y su cultura puedan modificar la producción de una
persona. Creo que lo que más se modifica es uno mismo, después viene
todo el resto”, dice.
Pol Nada toca en Buenos Aires hace años pero siempre mantuvo su
relación con Rosario. “No confío tanto en la geografía como algo
determinante. En mi experiencia, lo humano suele trascender ese factor”.
Pero sí ve algo en común entre las bandas que llegan desde las
provincias: “aquellos que vienen desde un lugar donde el acceso a
algunas cosas es un poco más difícil puede que las valoren de otra forma
y tal vez estén más dispuestos a trabajar en algunos aspectos”.
Destino final
Y aunque se puede trascender desde el interior, la llegada a Buenos
Aires es inminente cuando se pretende vivir de la música. Luciana
Tagliapietra es tucumana, tiene tres discos en su haber y dos
colaboraciones estelares: Litto Nebbia cantó “El gigante” y coprodujo su
último disco y Daniel Melero masterizó el anterior. Con 30 años recién
cumplidos y una trayectoria envidiable, Luciana decidió mudarse a
Capital Federal. “A medida que mi carrera fue creciendo y me fui
profesionalizando sentí la necesidad de estar en Buenos Aires porque es
donde pasan la mayoría de las cosas que podrían hacer crecer un
proyecto. Si hay mejor calidad de músicos y mayor valoración de los
artistas tendré que comprobarlo”, comentó días antes de la mudanza.
Todos estos años en los que viajó por el país, en los que llegó a
Buenos Aires para grabar y tocar como invitada y con shows propios,
Luciana decidió quedarse en Tucumán por cuestiones personales. “En mi
provincia se grabaron muchos discos con Yoconvoz (sello en el cual editó
sus primeros dos) en los que de alguna forma participé, así que eso fue
un gran estímulo para quedarme. Mudarme era una decisión que ni
siquiera había pensado”.
Ella habla de los cerros tucumanos, de la selva de la montaña, de
Tafí Viejo, del folclore. Mientras tanto, Maxilimiano Calvo, uno de los
cuatro Intrépidos Navegantes habla del río Paraná, de la sensibilidad de
la gente de Rosario, del contacto con el agua y su ecosistema. “Nuestra
poesía se nutre mucho del Paraná. Creemos que la magia de nuestra
música reside en la forma en la que mezclamos la melancolía del Litoral
con lo visceral de la Capital. Rosario vive del río y Buenos Aires le da
la espalda. Eso se nota en las personas, en las canciones, en los
subtes, en las orillas del río”, comentó.
La banda de pop está integrada por dos rosarinos y dos porteños.
Maximiliano llegó con su amigo de la infancia a formar Intrépidos
Navegantes. En sus primeros meses, según relata, estaban en un estado de
reflexión constante por el impacto que les causó la ciudad. Y fue en
una tarde de paseo con sus padres en el Rosedal, que terminaron en el
Patio Andaluz frente a una fuente de agua que tenía la inscripción que
les dio el nombre de la banda. “Ese es el mayor ejemplo para nosotros.
La conexión de las dos provincias está en todo lo que somos”.
Por el mismo río pero 700 kilómetros más al Norte, en Corrientes
capital, Iñaki Zubieta creó Las Liebres, una banda de rock experimental
con programaciones, psicodelia, pop y una enorme dosis de naturaleza. En
2009 planificaron mudarse a Capital Federal pero sólo él lo concretó.
Sin embargo, la banda siguió funcionando en los pocos momentos del año
que se veían y grabaron tres discos. En Buenos Aires les salían fechas
que como banda no podían aprovechar así que Iñalki comenzó a tocar solo
bajo el nombre Guazuncho. La hiperactividad de Iñaki también incluye
otros proyectos como tocar la batería con Diosque, colaborar con
Bosques, Posavasos y Bruno Masino. Ahora, en pleno proceso de grabación
del cuarto disco de Las Liebres, Iñaki vive con una realidad porteña y
otra correntina en paralelo. “Nuestra dinámica es así, nos vemos cada 3 ó
4 meses, nos juntamos en el estudio y grabamos la mejor música que
podemos, con una forma de trabajo totalmente libre. Yo viví la mayor
parte de mi vida allá así que entiendo en qué están los demás y trato de
aportar lo mío”, explicó. El futuro implica una mudanza de un par de
meses a Corrientes para terminar el disco y, tal vez, una vuelta a la
ciudad con el resto de la banda.
El río Paraná tiene una presencia inocultable en la música. Es como
un magnetismo para la sensibilidad de sus músicos. Guazuncho tiene
varios discos y EPs solistas, entre ellos hay uno que habla del agua. La
tapa es una foto de ese puente que cruza el Paraná y llega hasta
Resistencia, Chaco. En estas ciudades enfrentadas se respira el mismo
aire.
Del otro lado de ese puente hay tres músicos que hacen un folclore
nuevo, de sintetizadores e instrumentos clásicos del Litoral, Les
Yacaré. Los chaqueños acaban de terminar la gira de su primer disco, El que se asoma,
por Buenos Aires y varias provincias más. “Hace 10 años, cuando nos
fuimos a vivir a Capital y a Córdoba había un abismo entre las
provincias y Buenos Aires respecto a la información y a la movida
cultural. Esa fue la razón por la cual nos fuimos de Chaco; pero ahora
las cosas cambiaron”, dijo Esteban Peon. Tanto se modificó la escena
para ellos que ya uno se volvió a la provincia, con la convicción de que
ya no es necesario estar cerca del Obelisco para sonar y crecer como
banda.
La escena porteña tiene espacio para todos los proyectos, inclusive
para algo más folclórico como la música de Les Yacaré. “Las
particularidades seducen al público y, por el otro lado, hay un
crecimiento de la gente, una nueva mirada de la música, una forma de
valorar eso que por mucho tiempo se rechazó o se escondió porque no era
lo que se hacía afuera”, planteó Peon.
Los músicos viajan, se cruzan influencias, la gente se pasa discos,
descargas, las bandas tocan todas las veces que pueden y así se genera
la renovación de la escena en las capitales.
“Hay muy buenos músicos por todo el país y con ganas de ampliar el
horizonte desde su lugar, sin desplazarse a las grandes ciudades. Eso
hizo que en los últimos años aparezcan producciones muy interesantes y
profesionales que van a la par de las de Capital”, dijo el responsable
de las voces, guitarra y programaciones en Les Yacaré.
Los escenarios que se multiplican en Buenos Aires, la oferta de shows
que crece cada fin de semana, los viajes entre la Capital y las
provincias, las bandas que giran, que llevan y traen, todo parece
mezclarse y hacer de la escena porteña un espacio donde cabe todo el
país.
