El sábado es la segunda edición del festival “Otro Río”, una buena oportunidad para conocer al sello rosarino que lo organiza y cuyo método es potenciar las diferencias estilísticas y generacionales de las bandas que lo integran.
En las últimas semanas, Mi Nave giró por los medios y las redes sociales con un disco de estreno: Estela. Esa producción noise rosarina convive en la misma batea editorial que Pol Nada, Anticasper y El gran diamante, entre otros secretos del mediocentro argentino. Polvo Bureau es el sello discográfico que los reúne para celebrarlos.
“Potenciar las diferencias para afianzar la unión”, dice Valentín Prieto, director artístico. Ellos se definen como un colectivo de amigos –músicos y artistas visuales–, que sentían atracción por sus trabajos y decidieron hacer algo concreto para que perdurara la energía en el tiempo.
“Las diferencias estilísticas y generacionales son enriquecedoras en nuestro trabajo como colectivo: no todas las personas se acercan a la música por lo mismo, ni todas las bandas poseen los mismos recursos. Y está bien que así sea”, aclara. Es que en Polvo Bureau hay sonidos muy disímiles: desde el rock o pop más tradicional al cancionero o el noise experimental.
El motor es la comunión del equipo, la colaboración. Polvo Bureau promueve un tipo de trabajo donde se les facilita el acceso –a las bandas que lo componen– a herramientas de promoción, prensa, comunicación visual, producción y la edición del disco físico. Todos los discos tienen ediciones físicas en distintos tamaños y formatos: CD, Cdr, posters, tarjetas y casetes, y casi todo el catálogo se consigue en las disquerías Mercurio (Buenos Aires y Córdoba), en Gulp y Yoshimi (Mar del Plata) y en todas las de Rosario. También en las ferias de Fuego Amigo Discos,Concepto Cero y Desde El Mar, colectivos con los que trabajan. “Queremos erradicar las prácticas del pasado. Apostamos por la autogestión y por la certeza de que si ganamos, ganamos todos”.
Valentín habla del catálogo y de su historia. De esos cuatro amigos que compartían una banda (El gran diamante) y de los que se sumaron en el camino. El criterio es la admiración. “Sentimos eso por los artistas que apuestan a que la música sea un lenguaje transformador”, dice, y explica que eso de potenciar las diferencias tiene que ver con salirse de lo que llaman “la dictadura del gusto”: “No toda música gusta por la música en sí. Hay infinitas variables que hacen que las cosas te atraigan, y no hay que temerle a esas contradicciones”. En Polvo Bureau no hay una curaduría obvia sino una representación precisa de la música que nace en Rosario.