Iván Rosado, desde Rosario con amor
Ana Wandzik y Maxi Masuelli se inventaron un álter ego para combinar y editar su pasión por el arte y la literatura.Por Romina Zanellato
Iván Rosado no existe. No es un hombre real, es uno imaginario que crearon Ana Wandzik y Maxi Masuelli para nombrar su editorial. Entonces, ¿quién es el imaginario Iván Rosado? De nombre ruso, de estética tropical, de arraigo rosarino, lo que se sabe es que es joven, histriónico, artista y poeta.
Ana y Maxi comenzaron a trabajar en 2012 con la idea de publicar obras que combinen las artes visuales y la literatura, y a la vez las producciones contemporáneas con las tradicionales, dispuestos a no dejarlas en el olvido. “Básicamente: constituir un sello de arte y literatura argentina, con cruces entre materias, tiempos, y contextos de producción”, conceptualizan a la distancia desde Rosario, ciudad en la que ambos viven.
“Llevar una editorial por nosotros mismos implica desenvolvernos en tareas que nos satisfacen mucho como leer, seleccionar, disponer en ramas, pensar una tapa, dibujar una letra, hablar con el imprentero, distribuir el libro y, fundamentalmente, entablar relaciones enérgicas con los autores.”
Para eso, crearon a este hombre/editorial que se convirtió en la excusa y en la razón perfecta para apoderarse de los materiales que circulaban alrededor de ellos y darles forma de libro. “Pensábamos –y lo seguimos haciendo— que llevar una editorial por nosotros mismos implica desenvolvernos en tareas que nos satisfacen mucho como leer, seleccionar, disponer en ramas, pensar una tapa, dibujar una letra, hablar con el imprentero, distribuir el libro y, fundamentalmente, entablar relaciones enérgicas con los autores”, dicen.
Ese proceso está encausado en tres colecciones (o series) que ellos definen como:Colección Brillo de Poesía Joven, Selecciones Iván Rosado y Maravillosa Energía Universal. La fuerza de la editorial está en la poesía y en la arriesgada apuesta de editar primeros libros de autores súper jóvenes, además de la impronta del diseño y el carácter visual que los define. “Hacemos las tapas escaneando y recortando hologramas chinos, esas láminas que se consiguen en los comercios. El resultado es un colorido muy vital, muy arriba y muy primer libro”, cuentan Ana y Maxi.
En Selecciones Iván Rosado ensayan un concepto que definen como “Bajo Litoral Expandido”, es decir, editan obras y autores que se sustentan (y se dejan afectar) por las ciudades alrededor del cauce del Paraná. En la colección hay poesía pero también novelas, cuentos y próximamente correspondencias. Llevan publicados dieciséis títulos, con cinco en preparación. En el caso de Maravillosa Energía Universal, lo que se editan son textos que provienen de las artes plásticas. Cuentan con ensayos, conferencias y diarios de artistas.
Rosario, Santa Fe, Paraná, Buenos Aires y, cruzando el puente, Uruguay, son los terrenos de interés de Iván Rosado, “aunque sin ser localistas”, aclaran. Rastrear el arte del litoral, publicar la obra rosarina, exponer lo que se hace sobre el río, es lo que más los motiva. “Más que representar o difundir, pensamos en sorprender, emocionar, dar en el clavo con un material simbólico que sea necesario para ese momento”.
En el catálogo de Iván Rosado se encuentra la obra de Agustín González, Julia Enriquez, Daiana Henderson, Milton López, Francisco Gandolfo, Francisco Garamona y Vicente Grondona, Beatriz Vallejos, Juan Laxagueborde, Pauline Fondevila y Santiago Venturini, entre otros. Nombres que conforman un mapa inestable de estéticas, y que cruzan distintas generaciones. “Lo que se llama criterio de selección nosotros lo pensamos más como un motor de búsqueda personal y editorial. No sentimos que estamos sentados eligiendo qué va y qué no, sino que estamos todo el tiempo buscando elementos que ingresen empáticamente a esa nube que llamamos catálogo, y cuanto más encontrás más ramas se abren”, afirman.
“Más que representar o difundir, pensamos en sorprender, emocionar, dar en el clavo con un material simbólico que sea necesario para ese momento.”
La personalidad de Iván Rosado tal vez esté atravesada por el hecho de que sus editores provienen del mundo de la plástica y no de las letras. “Con la literatura nos tomamos los permisos necesarios para actuar sin rótulos ni títulos, ni géneros excluyentes”, dicen. El resultado es un experimento visual brillante, artesanal, juguetón, divertido y grupal: “Estábamos ansiosos por darle un formato físico a materiales que iban acercándose a nosotros o viceversa; también porque una editorial es quizás un posibilitador para plantear una propuesta estética”.
Sus libros se consiguen en distintas librerías del país, y en la suya propia, el Club Editorial Río Paraná, en una bella galería de Rosario, centro de operaciones y de cruces varios.
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