Mauro Libertella sobre César Aira:
En principio me gustaría saber
si efectivamente leíste gran parte de la obra de Aira y qué pensás en relación
a esa obra.
No leí gran parte de la obra de
Aira. Debo haber leído unos 20, 25 libros suyos. Algo así como un 20 por ciento
de lo que publicó: poco. Mas allá de lo que yo pueda pensar, la importancia de
esa obra es ya innegable, fue un terremoto para la literatura argentina, creó
algo así como una grieta entre los lectores, gente muy a favor y gente muy en
contra, nadie indiferente. Personalmente, lo primero que leí de él fue La luz argentina, hoy un libro
de culto entre otras cosas porque nunca lo reeditó y se elevó a la mítica
categoría del inhallable. Esto habrá ocurrido a principios de los dosmil. No lo
podía creer, me voló la cabeza. Entonces empecé a leerlo de un modo casi
enfermizo, que me parece que es el modo (modo yonqui) en que sus libros entran
al principio en nuestro torrente sanguíneo. Ese primer fanatismo, el
incondicional, el puramente romántico, el utópico, no puede durar para siempre,
y en algún momento esa primera lectura arrebatada se volvió, digamos, más
criteriosa: a veces lo leía, a veces no, a veces me gustaba, a veces no. Por lo
demás, ya se que nada lo va a sacar de ese pequeño panteón portátil en donde
guardo a los escritores que alguna vez fueron y por eso siguen siendo muy
importantes para mi.
Qué lugar tiene, o debería
tener a tu criterio, la obra de Aira en la literatura argentina. Y también en
la cultura popular.
En la literatura argentina, su
lugar es al mismo tiempo central y corrosivo, y es posible que nos lleve años y
años reacomodar los efectos de ese movimiento de placas tectónicas. Ya hay al
menos dos generaciones de escritores que escribieron bajo sus diferentes
influjos (la primera camada, en los noventa, con Sergio Bizzio, Daniel Guebel y
otros; la segunda, en los dosmil, con Felix Bruzzone, Ariel Idez y otros), y
nada indica por ahora que su descendencia se vaya a interrumpir. Para que
suceda eso, tiene que aparecer un escritor de su importancia literaria que
proponga una linea de sentido distinta, que le dispute el centro intelectual de
nuestra literatura, y al momento no ha aparecido. En cuanto a su importancia en
la cultura popular, eso es un poco más difícil de percibir, por la sencilla
razón de que la literatura argentina no es parte de la cultura popular a corto
plazo. Es un movimiento restringido, insular y que se va colando en lo popular
muy de a poco, con lentitud; los lectores de literatura son pocos, un libro de
literatura argentina bueno no suele vender mas de ¿mil? ¿dos mil? ¿tres mil
ejemplares? La cultura popular, me parece, se cuenta de a cientos de miles (un
recital de La Renga o una película como Relatos salvajes, por ejemplo). Muy
pocos escritores argentinos en la historia han roto ese cerco (Sabato, Borges,
por ejemplo), y no creo que el de Aira vaya a ser ese caso.
Él tiene un perfil bajo y de
súper producción, ¿es su carácter como persona/personaje público el que lo pone
en un lugar casi de "culto" o es un rasgo en relación a la obra?
No se. Siempre hubo una lógica
histérica en la literatura: todos quieren ver al tipo que se esconde o publica
poco (Salinger, Pynchon, Rulfo, Harper Lee, etc...). Eso genera deseo. En ese
sentido, es cierto que el perfil bajo de Aira (materializado sobre todo en que
no da entrevistas para medio argentino y que no asiste a presentaciones o a
eventos públicos) contribuye a la edificación de una figura de culto. Por otro
lado, es un tipo que publica muchísimo. ¿Podríamos soportar una verbosidad tan
demencial, alguien que además de publicar 4 o 5 libros por ahora además está
hablando en todos los suplementos y revistas? Me parece que no. Ahora, yendo a
lo que importa, que son los libros, obviamente es su literatura lo que lo puso
en el lugar en el que está, cualquiera que sea ese lugar. El se movió bien e
hizo el trabajo largo, el de fondo: busco antes a la institución literaria que
al mercado. Nos llegó entonces antes la idea de que Aira era un escritor
importante, que la proliferación total de sus libros, que sucedió hace unos
diez años, cuando todas las editoriales, nuevas o antiguas, quieren publicar
sus textos. Durante los años ochenta Aira intervenía fuerte en el debate
literario, publicaba en revistas y se metía en quilombos. Esos fueron sus años
de verdadera construcción profunda. Lo que estamos viendo ahora, me parece, es
la estela que dejó ese trabajo verdaderamente intenso de años.
Vos hace poco publicaste por
la Editorial Diego Portales una serie de entrevistas a los grandes escritores
vivos latinoamericanos. ¿Quisiste entrevistarlo a él o lo dejaste afuera?
Quise y me dijo que no. Varias
veces traté de entrevistarlo, a veces para medios locales y a veces para medios
extranjeros. Siempre me dijo, de modo amable y elusivo, que no. ¿Por que
insisto en pedirle una entrevista a alguien que se que no quiere dar
entrevistas? Es raro. Es como si hubiéramos asumidos que todos los escritores
quieren hablar y contestar preguntas, porque muchas veces las entrevistas son
extensiones de su obra (caso Piglia, caso Gombrowicz y muchos más). En Aira no
funciona así. Ya entendí: no quiere que lo entreviste. Lo curioso es que sus
entrevistas son muy buenas, no es alguien que se desenvuelva mal. Pero siempre
hay que recordar que es un hombre esencialmente tímido, y que posiblemente no
se sienta cómodo hablando con alguien a quien no conoce. A veces hay que pensar
en la opción más sencilla, muchas veces ahí está la clave de algo que parecía
muy complicado.
Sostengo que Aira es un autor de
culto porque creo que responde a ciertas características: lo conoce sólo un
grupo de la sociedad, en este caso los lectores que leen más de la media, y
porque despierta cierto fanatismo, tanto de amor como de odio. ¿Por qué creés
que ocurre esto? ¿Qué plantea él en su obra para generar una ruptura de estas
características.
Por qué creés que hay una
corriente de escritores que escriben como una reacción ante el estilo Aira.
¿Realmente creés que es el realismo vs el antirrealismo el motivo?
Me parece natural y sano que
muchos escritores escriban contra Aira. Es como un virus que entró en el cuerpo
de la literatura argentina: tiene que haber defensas que traten de amortiguar
la incidencia de ese virus. Es casi físico. Por otro lado, no creo que el “caso
Aira” y sus detractores se pueda pensar con categoría antiguas como realismo vs
antirrealismo, literatura social vs surrealismo, etc. Sobre todo porque los
textos de César Aira no son programáticos en ese aspecto, no se restringen a
una idea de literatura y la explotan una y otra vez. Son libros mestizos,
híbridos, difíciles de capturar con las categoría de mediados del siglo XX. Lo
que sí, generan siempre algo del orden casi de lo salvaje. Me acuerdo que una
revista en los noventa había titulado una nota sobre Aira asi: “¿genio o
boludo?” Ese tipo de pasiones despiertan sus libros, y eso es algo que
solamente podemos festejar. Me encantaría que haya más escritores que generen
algo tan extremo, si se quiere algo incluso tan crispado. Pero es mucho pedir.
Por último, ¿Por qué creés que
le va tan bien en el extranjero cuando en Argentina es casi un desconocido
fuera del mundillo literario?
Lo de que le va tan bien en el
extranjero es cierto pero es también equívoco: está muy traducido, lo reseñan
en los mejores suplementos del mundo, lo leen escritores de todos lados y está
siendo ya postulado para premios tremendos. Pero si salís a la calle de
cualquier ciudad del mundo y le preguntás al primero que pasa quién es César
Aira, no va a tener ni idea. Lo mismo que acá. Los mundillos literarios son
iguales en todos lados: un ghetto que a veces es mas pequeño y a veces es más
amplio, pero un ghetto al fin. Pensemos en un escritor que creemos que es
realmente conocido. No se...Michel Houellebecq, Umberto Eco, Philip Roth,
Murakami, etc etc. Cualquiera de estos notables y notorios hombres de letras
puede venir a Buenos Aires, una ciudad históricamente lectora, y caminar veinte
cuadras por una peatonal y nadie los va a reconocer. Lo mismo pasa con Aira en
Nueva York, aunque lo haya reseñado Patti Smith a doble página en el New york
times. Ser desconocidos fuera del mundillo literario es algo que le sucede a
todos los escritores del mundo.