25° Festival Internacional de Poesía de Rosario
La olla donde se cocinan los poetas
Un recorrido por los entretelones del Festival de Poesía más importante del país, que ganó su prestigio a fuerza de proponer un punto de encuentro entre consagrados y nóveles, y que tuvo como estrella de esta edición al poeta chino Xi Chuan.
Por Romina Zanellato
Los 20 participantes de la primera residencia FIPR
Cuando llegaron los poetas invitados al 25° Festival Internacional de Poesía de Rosario, en la ciudad ya estaban instalados los veinte jóvenes de entre 18 y 26 años que formaron la primera camada de residentes. Los días previos al Festival fueron exclusivos para ellos, nada menos que los elegidos entre más de 350 inscriptos de distintas provincias y países limítrofes. Para el jueves, cuando se dio por inaugurado formalmente el Festival, con invitados de todo el mundo, público y periodistas, esos veinte chicos ya parecían un curso de secundaria, en el mejor sentido: había un equipo. La primera noche que llegaron hicieron una maratón de sus lecturas en el Oui Bar, para conocerse los estilos, escucharse en voz alta. A partir de ahí tuvieron cuatro días de intensos talleres a cargo de los poetas Agustín González, Beatriz Vignoli, Carlos Ríos, Cecilia Pavón, Eric Schierloh, Sebastián Bianchi y Sergio Raimondi. El sábado leyeron ante los editores, y luego, en el mismo bar –donde se hacían las lecturas de trasnoche–, esos mismos jóvenes ya planeaban una cofradía y una revolución femenina en el baño. Para el cierre, participaron el domingo de una maratón de lectura en el bello Parque España.
En esos días que pasaron en Rosario los jóvenes seleccionados, el cambio fue notorio: todas las hojas con sus poemas estaban tachadas, con anotaciones, y la oralidad de los textos mutó. Es que el abanico de los veinte seleccionados representó las distintas discusiones que se dan en la poesía sobre la puesta en voz de los poemas. Se recitó de memoria y eso sigue surtiendo efecto. Javier Cazal, un joven paraguayo de pelo rapado y cuerpo de esfinge delicada, al abrir la boca para leer sacó un vozarrón casi demoníaco que vibraba por la sala, como si tuviese un Alien en su interior. En esa mixtura apareció Elías Leiro, de La Tablada, con sus micropoemas de una línea leídos en tono cotidiano, o la tucumana Sofía de la Vega llena de entusiasmo. Y ahí, como un mantra dopado, también sonó la voz de Ariel Aguirre de Santa Fe con su poema sobre el padre y las lecciones de manejo.
Xi Chuan
Un poeta chino en Rosario
“Noto una sonoridad muy similar en todos los poetas de aquí, un canto parejo aun si lo que hacen es performático o una simple lectura”, me comentó Xi Chuan después de la lectura de los chicos frente a los editores. El poeta chino fue la estrella del festival. La voz disruptiva. La primera noche que leyó fue en la trasnoche del Oui Bar, cerca de las dos de la mañana. El vino y la cerveza corrían hacía rato entre los poetas y los asistentes, el murmullo había avanzado sobre el micrófono, hasta que se subió él con sus papeles, acompañado de Santiago Venturini, el poeta santafesino como un Superman al rescate del chino. “Mi idioma tiene cuatro tonos, por eso cuando leo respeto mucho los silencios y entono con el peso de las palabras”, me dijo al día siguiente. En ese bar, cuando empezó a leer, nadie más puedo hablar, solo escuchar:
Me agacho pensando en acercarme a mi sombra,
pero mi sombra también se agacha,
con el gesto de quien está por salir corriendo.
Xi Chuan es profesor en literatura china clásica en la Academia Central de Bellas Artes de Pekín, también es traductor de inglés y es en ese idioma en el cual habló con todo aquel que se le acercara. A lo largo del Festival era habitual encontrarlo observando todo alrededor. “Me encantó esta ciudad –por Rosario- y también Buenos Aires, son todos tan libres. Me gusta recorrerla a pie para ver la arquitectura y las facciones de las caras de las personas”, me comentó también. Es la primera vez que viene a la Argentina y todavía no conoció a Miguel Ángel Petrecca, el poeta que tradujo dos de sus libros publicados en español: Murciélagos al atardecer, editado por Bajo la luna, y la antología Un país mental por Gog y Magog.
Charla de Sergio Raimondi (Bahía Blanca) en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR
El tridente de poetas anglosajonas
El Centro Cultural Roberto Fontanarrosa fue la sede, como otros años, de las lecturas diurnas. El salón enorme en el primer piso era sobrio para asimilar la concentración. Un telón negro de fondo a veces hamacado por una corriente de aire que movía el cartel de acrílico blanco que decía FIPR.
Las mesas estaban organizadas con poetas invitados de todo el país e internacionales. El tridente de poetas anglosajonas dejó en evidencia la diversidad interpretativa de la poesía joven del mundo. Por un lado, Ashley Obscura, una canadiense con ascendencia mexicana, de 29 años, leía en tono sensual sus poemas de pseudobanalidad, con la sordidez inquietante del glitter y la ciudad. Ella leía y te la podías imaginar en una fiesta en Montreal o en Nueva York con guirnaldas de luces cálidas, velas y outfits de película. Una Lana del Rey de la poesía.
Después apareció la potente Caroline Bird, una inglesa de 30 años con una presencia arrolladora. Recitó todos sus poemas de memoria y jugó con su traductora en cada instancia de lectura que tuvo. Su voz fuerte y su cuerpo de atleta sólida se movían de pie sobre el escenario. Caroline ya publicó cinco libros de poesía y escribió obras de teatro. Su “cancha” performática la llevó a ser elegida como poeta oficial de los Juegos Olímpicos de Londres. Y ahí estaba, en Rosario, ante un bar de trasnoche estallado de risa con sus versos cómicos, perturbadores, sobre una mujer con infancia muy dura y tratamientos psiquiátricos al hombro.
Y luego, Robin Myers, que es de Nueva York pero vive en México, con su tono tranquilo contrastó las dos lecturas que la precedieron. Leía primero su poema en inglés y luego ella misma en castellano. Cada palabra la masticaba en su entonación, sin prisa, en un estilo más clásico, con la pretensión de la simpleza.
Rodolfo Edwards (Buenos Aires) — Agustina Lescano (Santa Fe)
Leerle poemas a los presos en la cárcel
Rodolfo Edwards fue invitado a leerle sus poemas a la Unidad Penitenciaria N°3 de Rosario. Al final, aprovecharon la ocasión para hacer la única salida del año y cuatro hombres privados de su libertad fueron a la radio comunitaria Aire Libre, en la zona oeste de la ciudad, para hacer su programa semanal desde ahí, en vez de hacerlo desde la cárcel, como ocurre habitualmente.
Cuando llegamos, estaba el camión del servicio penitenciario en la puerta con siete policías armados que entraron a revisar las instalaciones de la radio. Una vez dado el visto bueno por el capo de ellos, fueron bajando uno por uno a los hombres esposados y se sentaron alrededor del micrófono. “Mándennos mensajitos. Edwards, ¿me hacés un poema de amor para la chica de la que estoy enamorado?”, fue lo primero que le dijeron ni bien se dio aire en el programa. El poeta porteño soltó su carisma peronista con algunas lecturas de sus peripecias en La Boca y con las mujeres que lo conquistaron. La pregunta se repetía, ¿cuánto tiempo le dedicás a la escritura? ¿hace cuánto tiempo sos poeta? Edwards comentó su disciplina diaria y les dijo: “La poesía siempre está vinculada a la verdad del alma. Son fotos de mi vida”.
Carlos Ríos (Santa Teresita)
La generación intermedia
El sábado a la noche, en el Fontanarrosa, la mesa de poesía fue dedicada a la generación intermedia, como les dice Beatriz Vignoli a los poetas Rodolfo Edwards, Carlos Ríos y Sergio Raimondi. Con sus estilos tan disímiles, se adueñaron de la última noche en el Centro Cultural. Empezó el bahiense Raimondi con sus capas de épica al leer sus poemas civiles sobre la revolución industrial y la economía del hombre. La puesta de su voz es casi teatral en un in crescendo lleno de texturas y subrayados.
Por su parte, Carlos Ríos leyó algunos poemas del libro Un shock póstumo, que obtuvo el primer premio compartido en el primer Concurso Nacional de Poesía de la Editorial Municipal de Rosario (emr). Recién editado, y con el libro en la mano, el poeta platense comenzó a leer con una intensidad construida desde el susurro. Su voz grave marcaba sutiles matices. Al cabo de pocas oraciones dice: “soy un poeta sin épica”. Basta verlo abajo del escenario, cuando lo saludan los residentes que lo tuvieron de tallerista, para saber que mintió. La épica la construyó como un maestro.
Y el final de ese día, la lectura de cierre estuvo a cargo de Edwards. Él es arrabalero, peronista y un romántico adorable. Entre sus obsesiones carismáticas está La Boca, el río, la melancolía de la calle, el fútbol y la conquista de las mujeres. En un estilo completamente diferente al de los otros dos, Rodolfo dejó a la poesía libre de solemnidades y bien cerca de la vida cotidiana.
Sergio Raimondi (Bahía Blanca) — Sebastián Bianchi (Buenos Aires) — Sergio Ernesto Ríos (México)
El arco generacional en el río
El domingo se hizo una lectura pública en Parque España, con la intención de convocar a un público no tan acostumbrado a escuchar poesía como los asistentes del Festival. El día acompañaba con pleno sol sobre el río Paraná. El escenario, que al anochecer albergó a un simpático Daniel Melero, daba de frente a las escalinatas de la costanera. Ahí, desde la hora de la siesta, comenzó la lectura primero de los residentes y luego de la veintena de poetas invitados al Festival. La selección representaba un arco amplio de generaciones jóvenes y la decisión política de apoyar poetas que recién comienzan su carrera, apenas con un libro editado y hasta algunos inéditos.
La poeta tucumana Florencia Méttola, por ejemplo, todavía no tiene nada publicado aunque Deseo y decepción obtuvo una mención en el Concurso Nacional de Poesía EMR 2017 y la editarán. El coordinador del FIPR, Daniel García Helder, apenas horas antes del final, ya tenía preparada una devolución para aquellos que serán parte del catálogo de la emr.
El caso de José Laura fue muy simpático. El poeta boliviano aplicó a la residencia pero lo rechazaron y decidieron invitarlo a leer. No hubo oportunidad donde no demostrara su sorpresa y agradecimiento. Durante el taller de Cecilia Pavón comentó que es veterinario y también fotógrafo, es desde las imágenes que empieza a escribir.
Sobre el escenario final las lecturas de Gustavo Sánchez (San Juan) a su hermano, de Diego Vdovichenko (Rosario del Tala) a su mamá, Mariela Gouiric (Bahía Blanca) a su sobrino, contrastaron en su localismo emocional con las voces extranjeras de Rodrigo Quijano de Perú, Ángela Segovia de España o la poeta brasileña Alice Ruiz, todas perlas de un mismo collar poético.
Era una fiesta de las palabras, detrás del escenario se veían cientos de cabezas pasar por la pista de patinaje y skate, también los barcos rompiendo el manto chocolatoso del Paraná, y las escalinatas llenas de rosarinos y rosarinas escuchando y disfrutando de horas y horas de la poesía actual de la Argentina y del mundo.
Link a la nota: https://losinrocks.com/25-festival-internacional-poesia-rosario-387b052df061





