Una playa violenta
El punk rock surfero de Playa Nudista debuta con un prometedor EP. María Pien busca un refugio de experimentación atemporal con Afuera el sol estalla.
por ROMINA ZANELLATOLink: http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/181907593910/playlist-una-playa-violenta
Playa Nudista, Ruta Hotel (Goza Records)
Suena a verano. Olas, surf, camioneta. Un ritmo que te confunde, no sabés qué elegir, si ladear la cabeza con las armonías vocales o hacer la batería con el pie. Pensás en los Beach Boys, pensás en las playas de Big Sur. Una voz dulce de resaca de golosina fucsia empieza a cantar. A cuarenta grados bajo el sol de una ciudad con playa, de poca ropa, rota. El EP de Playa Nudista inicia con una frase de cómic feminista, de provocadora de pelo color helado de palito: “No quiero hacer lo que vos me pedís, no te necesito/ ¿Por qué me buscás?, ya no quiero contestar/ Te miro y vomito”.
Rápido, claro y fuerte, como la mejor forma de sacarte de encima a un denso. Así es la canción, así es el disco. Ruta Hotel salió el 7 de diciembre, es un EP de seis canciones y dura 15 minutos. Es el cuarto lanzamiento de Goza Records, el sello que comanda Barbi Recanati en Futurock. Playa Nudista fue un trío de punk rock, urgente y furioso, metido en un garage. Juliana Rodríguez, Agustina Magnaghi y Gimena Aguilar tocan desde 2016, cuando se conocieron en la facultad, pero a mediados del año pasado se sumó Paula “Lola” Montenegro y se generó un movimiento, de instrumentos y de sonido.
“Cambió mucho la banda cuando entró Lola, antes era muy punk-salvaje-rápido y estábamos en esta transición cuando nos llamó Barbi, que nos había escuchado y nos quería grabar e incorporarnos al sello”, cuenta Juliana, cantante y guitarrista de la banda. No tuvieron mucho tiempo para acomodarse a la nueva formación; en septiembre entraron a Estudio Átomo para grabar el disco: tres temas viejos, reversionados a dos guitarras, y tres temas nuevos. Se nota. “Nudistas” y “Jacuzzi” duran menos de dos minutos, “Nubosidad variable” apenas lo supera; tres piñas. En cambio, “Vómito”, “Helados” y “Vacaciones” son canciones más largas, las velocidades internas le dan una tonalidad que por la estética mezclan el chicle y el pastel, capas de un subgénero que nació para disfrutarse en enero.
ganchos
El auto descapotable de la tapa, de patente 666, manejado por dos perros y en el asiento trasero cuatro cabelleras al viento, acaba de romper sus cadenas y atraviesa la ruta, entre el desierto y la playa. Cuatro chicas salen a los escenarios a tocar sus melodías de velocidad. Son amigas, recién arrancan, solo tiene un demo de 2016. Esta vez es en serio, el disco suena como si hubieran tocado por años. Se escuchan a sus antecesoras: Estoy Konfundida, Las Kellies, Las Piñas. Ellas dicen que Juan Manuel Segovia -músico y pareja de Barbi Recanati- los grabó y ofició de productor artístico. Tenían seis días de estudio y para eso llevaron las canciones muy ensayadas, para ser eficaces en la grabación. Pero metieron sintetizadores, acortaron -aún más- algunos temas. Le dieron la velocidad de los nuevos tiempos de escucha, un EP corto, claro y contundente.
Playa Nudista salió de un mundo imaginario sobre el asfalto, donde estas cuatro bribonas le cantan a los que se hacen los vivos, a los que se pasan de rosca, a los fallutos, a las amigas, al amor de barrio, cotidiano y real.
Si el disco se inicia con el vómito en la cara de un pibe pesado, continúa en “Helados”, una canción más tranquila, con un susurro de la voz líder que pregunta por qué se separaron si en la cama la pasaron genial y un coro de gritos, guitarra y distorsión irrumpe la canción. “Jacuzzi” es tal vez su canción más simple. “Nudistas” es una invitación a desnudarse en los médanos y a bailar con su ritmo de fiesta. “Vacaciones”, la última canción del disco, es la más larga, empieza con las armonías vocales clásicas, un riff despejado y una propuesta: las vacaciones como el descanso del uno con el otro.
Barbi Recanati, en su activismo feminista, lanzó Goza Records para editar sólo a bandas de mujeres. Y a estas cuatro chicas las reclutó ni bien las escuchó. “Playa Nudista no tuvo una cosa que me gustó, ¡tuvo todo! Y lo que más me incentivó a querer que graben es que forman parte de una resistencia en el rock. Que sigan existiendo bandas de este estilo lo veo como una necesidad de supervivencia”, dice.
Un primer disco que suena y promete. Un género que ya tiene su trayectoria dentro de la música argentina, hecha por mujeres. Letras directas y guitarras rápidas. El punk rock surfero tiene nuevas adeptas y Ruta Hotel es el disco de la iniciación.
María Pien, Afuera el sol estalla (Elefante en la habitación)
Afuera el sol estalla es una radiografía hogareña del ecosistema sonoro y afectivo de María Pien. Hace tiempo lo venía pensando, dijo, honrar lo que la rodea, los vínculos y la música. El disco se lanzó en mayo y tiene un bonus track de dos canciones más publicadas en diciembre de 2018. Son 16 en total, todas escritas y compuestas por compositores que ella admira, con quienes se vincula para crear y compartir saberes y música. María Pien, después de dos discos y un EP de tres poemas, decidió experimentar con las creaciones de sus amigos. Afuera el sol estalla, es un disco sensible y profundo, de infinitas capas de escucha.
Algunas de las composiciones estuvieron a cargo de Florencia Ruiz, Clara Presta, Noelia Recalde, Lucila Pivetta, Candelaria Zamar, Nicolás Rallis, GULI, Rodrigo Carrasco, Rodrigo Ruiz Diaz. Y el bonus tiene dos agradecimientos: a Luis Alberto Spinetta y a María Elena Walsh.
María Pien camina el sendero de la autogestión y la música independiente hace años. Su accionar teje lo colectivo con su visión personal. Es parte del sello Elefante en la habitación, es militante feminista, y ahora fundó La alfombra mágica, un estudio de grabación. Compone, escribe, interpreta, ahora se está empoderando y está aprendiendo a lidiar ella misma con las máquinas y la producción. Mientras tanto, toca en un circuito independiente que parece no tener fin, de giras por el país y los escenarios abiertos a nuevas músicas.
El disco, que pasa por distintos momentos, explora todas las formas de la voz de María Pien, a veces suena como algo rugoso, áspera -como en “Caminata por el cosmos”-, por otros momentos es como una nube inmensa y oscura -en “Hermanos”, por ejemplo-, o una bruja en pleno viaje místico -en “Entre dos relámpagos”-, en otros es un sol de otoño que alimenta y sana -como en “Música de besos”-. Hay un tándem en “Mecer” y en “AEIOU” donde el piano te mece entre las dos canciones. Se levanta un coro detrás de las teclas. Hay sonidos a ciudad, a tren que pasa del otro lado de la ventana. No se sabe si es una iglesia o un entrenamiento vocal, una escuela de música, una calle. Suena a madera.
“Decidimos jugar con elementos que nos gustan mucho, con el sonido de la grabadora cinta, analógica y digital. Invertimos en ese flash de comprar grabadoras a cinta, arreglarlas, fue difícil eso”, cuenta María. El disco tenía un precepto: que suena a homestudio, a ese estado de ensoñación que viven los músicos cuando están grabando en su propia casa. Lo perpetuo del trabajo y la intimidad metiéndose en todo. La experimentación como un juego y una libertad.
María, que ahora está en un retiro de la ciudad, grabando nuevas cosas, se remonta al proceso de creación de “Afuera el sol estalla”, disco que produjo junto con Agustín Guli Bucich, su compañero, y dice: “Mientras lo hacíamos pensamos en esto de crear un sonido que retrotrajera a un momento parentético en el tiempo, un momento que no pudieras decidir si es de ahora o de 1972 o de cuándo. Nos imaginábamos una grabación perdida de no sé cuándo”.
La atmósfera de este disco es de experimentación acústica, de sonidos que se descubren al oír las capas sobre capas de trabajo. Un retrato al mundo privado de María, a las personas con las que crea cultura, su propio homenaje al hacer. Afuera el sol estalla es un disco sin tiempo, es un disco de vida.