7 de febrero de 2018

Indie Hoy: Entrevista a Simón Poxyram

Simón Poxyran: “El nuevo disco de Perras on the Beach sale en marzo”



Doce meses pasaron desde que todos escuchamos por primera vez un comentario sobre Perras on the Beach y apareció el carisma de Simón Poxyran en la escena. Esa vez fue sobre el escándalo en El Primer Color, festival de San Martín de los Andes donde la banda hizo enojar a algunos vecinos pacatos. La ola de rumores y versiones llegó a todos lados del país: hay una banda de pendejos de Mendoza que te hace sentir adolescente de nuevo, que escupe un poco de la vida real a los viejos de mierda. Los rumores llegaron a Yumber Vera Rojas, programador de los Martes Indiefuertes de Niceto Club y ahí nomás armó varios Manso Indie para traer la frescura cuyana al cemento aburrido de Buenos Aires. Se sacudió el avispero. Están los que aman y están los que odian.

Un disco de banda y uno solista después, Simón Saieg, encara un 2018 con una exposición enorme y una apuesta que decidió redoblar. Antes de tocar en el Festival Bue y recién llegado de Mendoza, Simón habló con Indie Hoy sobre su año.

Empezaste el 2017 de una manera muy especial. ¿Cómo fue esa primera gira?
Demencial. Fue una gira que debería haber salido bien pero salió todo mal. El plan no era tan loco, tres bandas que compartían gente, íbamos en caravana de tres autos desde Mendoza a Bariloche. Apenas salimos Tuti, la mamá de Bruno y mánager de Usted Señalamelo, chocó el auto de un comisario. Podía haber chocado uno de los pibes pero no, chocó ella. Una multa enorme, volvimos a Mendoza a hacer una fecha para recaudar fondos y pagar la multa. Todo empezó así, mal. Pasaron cosas muy raras, muy Twin Peaks, mi guitarra se rompió sola, ¡hubo hasta fantasmas! Ahí el sur tiene una energía muy rara, y llegamos a San Martín de los Andes y me la vi venir. “Acá va a pasar algo”, me dije. Y así fue.

Es una comunidad muy conservadora.
Sí, todos nos miraban como diciendo quiénes son estos pibes y nosotros veníamos con toda la energía de “vamos a fundir todooo” y ¡pum! contra una pared nos la dimos. El primer festival donde íbamos a tocar y me la di.

Pero también fue un impulso para ustedes.
El impulso ya lo teníamos, fue más para los otros hacia nosotros. Pero ya estaba pasando, tarde o temprano iban a prestarnos atención porque se estaba generando.

¿Y qué te pasó a vos con esa reacción conservadora?
Todo mal, quedé mambeado un par de días. Fue la primera fecha de la gira, no es que la terminamos y explotó cuando llegamos a Mendoza, ahí mismo se pudrió todo. En el momento se armó el quilombo. Había mucha gente involucrada, amigos, y yo sentía que lo había arruinado. Porque reconozco que me mandé una cagada. Estaba muy borracho, me chupó un huevo todo y a partir de ahí me ubiqué. A partir de ahí empecé a pensar cómo me porto en el escenario. Fue todo muy rápido. Decí que pasó ahí y no en un lugar más grande si no me comían vivo. Ahora cuando digo algo bardeando a la Municipalidad o hablando del porro o lo que sea, lo digo por algo y lo disfruto. Antes lo decía porque sí.

Había muchos amigos y periodistas que replicaron lo que pasó ahí. Desde Buenos Aires empezaron a prestarte atención a vos y a Perras on the Beach a partir de ese día. ¿Cómo te afectó?
A mí no me afectó tanto que me dieran más o menos bola, pero sí me despertó un toque. Tenés un micrófono, fijate qué decís. Me di cuenta que cuando estás en un escenario hay un montón de gente que quiere escuchar algo y yo no estaba pensando en nada de verdad. Había salido de una cagada familiar muy grande, en la que lo había pasado muy mal, y la energía era muy punk rock en el recital, escupiendo, cada vez que tenía un problema necesitaba tocar para sacármelo de encima.

Entendiste la responsabilidad.
Eso. Sí. Y en realidad fue culpa de un vecino, que vive al lado de mi casa, un señor de barba, re hippie, vino muy serio y me dijo “Simón, hiciste muy bien. Estás haciendo política, y lo que decís es más sincero que lo que dicen muchos” y yo estaba saliendo del malflash de ese show y ahí dije sí, voy a hacer canciones que tengan más sentido. A partir de ahí hice mi disco solista y muchas canciones más que si bien tienen quilombo, hay más de esto.

Lo que uno dice se enmarca en un momento social determinado. Hay que hacerse cargo de eso.
Totalmente. El año pasado ni siquiera me comunicaba, si me hacían una entrevista mentía, decía boludeces, ahora me empecé a rescatar en lo que me pasa de verdad y lo que quiero decir y transmitir. Nosotros somos muy pendejos y estamos creciendo. Yo tengo 20 años, pero Bruno tiene 17. Ahora es un momento clave, tal vez el año que viene esté diferente, más calmo en cuanto a lo que estemos diciendo, porque todo va cambiando y estamos creciendo mientras pasa todo esto.

¿Cuáles son los temas que te interesan discutir desde ese lugar de poder que tenés? ¿Y cómo te afecta la vida social-política de este momento del país, siendo tan joven, que no viviste las grandes crisis de Argentina?
Las canciones que estoy haciendo ahora tienen un rumbo más definido, son más oscuras porque la realidad está más oscura, hay un montón de cagadas en todos lados. Pero tampoco dejé de hablar de las cosas lindas, porque yo soy una persona feliz que ríe, aunque sí me afecta lo que pasa. Igual me parece una mansa paja cuando el rock se mezcla en la política. Yo estoy desconectado de lo política de lo partidario.

Varias veces dijiste que Perras on the Beach era música de joda.
Sí, cuando nació era eso. Era una banda de amigos, ahora lo sigue siendo pero todo es más grande. Está evolucionado, pero sigue siendo una banda de amigos. No buscábamos nada, sólo subir nuestra música a internet. La fiesta está porque somos nosotros. El disco que va a salir en marzo tiene canciones más reales, más adelantadas en relación a lo que creemos que va pasar. Pero es la visión de nosotros que tenemos 20 años, ni más ni menos que eso.


*

Mendoza se levanta como el oasis dentro del indie, después de que la escena que nació en La Plata esté consolidada, la renovación llegó del lado de la montaña. Sin sellos, sin organización, el grupo de bandas que son amigos parece que está vinculado directamente a la geografía que los vio crecer y a cierta libertad que te da el margen del país. Donde no se esperaba que naciera nada más que vino, pasó algo que está sonando entre los más jóvenes de la escena.

¿Cómo es ser adolescente en Mendoza?
Está bueno, y crecer allá también, las calles de tierra, las montañas. Eso sí, es medio burbuja. Cuando vine me choqué con la realidad, acá salís a la calle y en una cuadra ves a cinco personas pidiendo plata. Acá – Buenos Aires- te obliga a pensar si hacés las cosas bien.

¿Cómo creés que podría haber sido Simón Poxyram si no hubieses salido de tu provincia?
Trato de no pensar en eso porque es una trampa. Igual lo hago. Mendoza es un lugar muy zarpado, depende de con quién te juntás y cómo te criaron, nosotros tenemos padres muy abiertos, vinculados al arte.

Después de esa gira patagónica, tocaron en Cosquín Rock y fueron al Manso Indie en Niceto Club el 4 de abril, ese día tocaste con Perras on the Beach, y después solo con la guitarra cantaste una canción sobre los miedos que te daban venir a Buenos Aires. ¿Ante qué te enfrentaste? Porque todo te pasó muy rápido, apenas unos meses.
De hecho la primera vez que vine a Buenos Aires fue el año anterior y nadie ni bola, vine a ver a Tame Impala. Mi mamá no me dejaba porque me iba muy mal en el colegio, pero junté la plata y no me pudo decir que no. Esa canción que decís se llama “Capital“, que la escribí una semana antes de ese show. Me choqué un toque contra el mundo, porque me pasó acá que me empecé a dar cuenta de la gente falsa, que te absorben y te demandan. Pensé ¿qué es todo esto? Porque tenía reuniones que no terminaban en nada, que me daba cuenta que no era por amor al arte lo que me estaba pasando en ese momento. Ahí compuse “Capital“, tocamos en Niceto, y decidimos usar esa plata del recital para hacer nuestra gira autogestionada. Ahí me empecé a querer con Buenos Aires, se me acercó gente buena, que me cuidan hasta hoy. Se formó como una familia para mí, siempre que vengo veo a la misma gente. Esa bola que nos empezaron a dar acá llegó a Mendoza después. Allá decían mucho “ahhh el faso, Pity Álvarez”, se quedaban con lo simple porque es difícil llegar a la música real de una banda si hay mucho barullo alrededor.

Entonces en ese momento tomaste determinadas decisiones sobre cómo querías que fuera tu carrera si decidiste autogestionar tu gira, tu música, en ese momento en que tenías tanta atención sobre vos.
Yo tengo algunos amigos más grandes, los chicos de Las Cosas que Pasan, Tito, que tienen 30 años, son más grandes. Esa gira la organizaron ellos, estábamos con Luca Bocci, y estuvo re bueno. Después de eso me di cuenta que no lo podía hacer yo, que necesitaba un manager, porque me iban a comer vivo. Me junté sólo con Facu (Cruz) y le dimos para adelante, todo lo que pasó después de eso fue gracias a él, porque estar ahí hablando de plata es re turbio. Los músicos tienen que pensar en la música y nada más.

¿Cómo fue para vos el pase de la montaña a la ciudad desde el ánimo, porque el contexto te determina como persona? ¿Cómo lo vivís?
Estoy todavía en el mood de Mendoza. Yo no estoy enamorado de Buenos Aires, me enoja esta ciudad, estoy tres semanas y me empiezo a pelear con la gente, me pongo mala onda, me chupa algo, me tengo que ir. Pero entendí que es parte, que voy a tener que amigarme con la ciudad y conmigo, que por algo me pasa esto, y que hay que venir acá.

Hay una particularidad en Mendoza y es que en general las bandas más conocidas están formadas por hombres, sin mujeres, y esto se da también en un momento donde la concepción de “estrella” y de fan está puesta en discusión por las mujeres. ¿Qué pensás en relación a esto, ahora que tenés un número de seguidores importante?
Pienso que el machismo es una cagada, que la mayoría de las bandas del pasado -que muchas me gustan- tienen una manera de pensar en relación a las mujeres que es una cagada. A mí me criaron pensando que somos todos iguales.

¿Pero por qué crees que hay tan pocas mujeres?
En Mendoza hay un montón de amigas con nosotros tocando, casi 50/50, pero no sé porqué recién ahora están formando sus bandas. Tengo amigas que tienen cosas grabadas que son increíbles y les digo que las muestren, que quiero ir por la calle escuchándolas en el celular, pero no se animan. Entiendo que por ahí para las mujeres es más difícil, aunque ahora se piense mejor. Todavía re está ese estereotipo de tener una banda para tener minas o tener plata. Tener minas. Suena terrible. Mansa bronca porque es estúpido pensarlo así. No sé qué decirte de porqué somos tantos vagos, sé que hay mujeres, Bocci tenía una baterista mujer, pero no sé por qué pasa esto. Sí hay en Mendoza cantautoras, pero no sé porqué no hay mujeres en nuestro grupo.

Entre los mendocinos se da algo que ocurría al principio de la movida en La Plata, que tan bien demostró Laptra, de que la música es una red de amistades donde el público muchas veces también es el artista y a la inversa. ¿Cómo concebís las relaciones y el vínculo con la música?
Creo que la amistad tiene que ir primero. Porque yo soy así, escucho una banda y quiero conocerlos para ver si son copados, si pensamos lo mismo, si podemos charlar.

No separás autor de obra.
No sé, me di cuenta que no me gusta que no me gusten las cosas. Soy re abierto, me gusta todo. El otro día conocí a Guli, que tiene un proyecto que está buenísimo, y lo conocí porque le escribí y le dije “che me encanta lo que hacés” y me dijo venite a mi casa. El chabón flasheó porque nos hicimos amigos de un día para el otro. Para mí no es algo que pasa en Mendoza, llama la atención que nosotros seamos todos amigos, pero es lo normal, y eso pasa en todos lados. Antes las bandas competían, quién llevaba más gente, quién llevaba más minitas, que es una estupidez.

En algunos lugares esas escenas se aglutinan en relación a un sello, ustedes no.
Es que eso se vuelve medio secta a veces, nosotros somos siempre los mismos. Toca una banda de cumbia y una de rock y siempre somos los mismos de público y de músicos. Se chocan un montón de mundos todo el tiempo en Mendoza.

En tus letras hay un afán de contar la vida de la manera más simple posible, casi de documental.
Soy un poco barrial, son canciones como historias bien contadas.

Las escucho y me imagino un videoclip. La pregunta es: ¿qué es lo que te obsesiona narrar?
Creo que hablo de todo, pero también hay algunas cosas muy marcadas porque yo estoy hablando de eso todo el tiempo. No sé cómo explicarlo. Si yo hiciera una película tendría los mismos condimentos que aplico a la música. Sería el mismo estilo. La amistad, la familia y el amor estarán siempre. Después hay cosas como el porro -que la gente se agarra mucho de eso- pero es que si yo digo porro es como cualquier otra cosa, como si hablara de cualquier palabra, de Alf o lo que sea. Es una palabra más y se malentiende eso.

¿Qué va a pasar con Simón Poxyran?
Lo que me di cuenta tocando es que no es una banda, es como un trabajo práctico muy largo, de muchas partes, que no sé si lo voy a terminar. Más que nada es una vía de descarga de lo que es muy personal. Si fueran dos equipos de fútbol estoy mucho más en Perras on the Beach. No le voy a dar mucha manija al proyecto de Simón Poxyran porque no me gusta tocar solo y no me gusta relacionarme de esa forma con el proyecto, eso de que los músicos son tus músicos y la gente te está yendo a ver a vos solo. No sé qué va a pasar, tal vez haga un disco que me guste demasiado pero no me relacione bien con el vivo de ese disco.

¿Y cuál es el futuro cercano de Perras on the Beach?
Estamos en el mejor proceso posible. Lo vamos a grabar en la primera semana de enero, lo vamos a grabar nosotros en Fader, el estudio de la familia de Luca y Bruno, producido por Usted Señálemelo. Los temas ya están re cocinados en los ensayos, así que no habrá demos, vamos a entrar a grabar sin maquetas, lo más rápido que se pueda, aprovechar el fuego prendido con todos los amigos que estén. Lo vamos a mezclar y masterizar bien y vamos a sacarlo en marzo para girar. Antes no había la expectativa que hay ahora, eso es lo que cambió.

¿Cómo te pega eso?
Es un fuego que nos alimenta. Todos me decían “loco sacá un tema ya” y yo pensaba listo lo grabo con el teléfono y lo subo ya ya ya, pero ahora entendí que no. Ahora hay que hacerlo mejor. Obvio el disco es muy distinto al otro, todavía no existe el disco, pero cuando esté imagino que ahí va a ser una ansiedad total.

¿Diferente cómo?
Hay muchas más opiniones de nosotros mismos. Son canciones más serias. El disco anterior fue más tal cual yo me lo imaginaba, ahora llegué con las canciones y empezamos a funcionar como una banda. Antes no podíamos ensayar tanto porque los chicos tenían una responsabilidad con Usted Señálemelo, lo era para mí también. Ahí fue cuando entendimos que ellos tenían que enfocarse en ese proyecto y nosotros hicimos otra formación para Perras on the Beach. Ahí empezamos a funcionar como banda. Cada uno tiene su momento, yo estoy abierto a que hagan lo que quieran. La banda es mía y es de todos, hay gente que se sabe mejor que yo mis propias canciones, así que la banda es de la banda. Estamos evolucionados.

Foto: Matias Casal

Almagro Revista: María Luque: “Cuando veo una obra de otro y está muy perfecta creo que le falta encanto”


Sus dibujos son planos torcidos, donde las paredes tienen colores inusuales y siempre hay gatos o cafés. Se nota el trazo del lápiz o del marcador, el borrón de la letra en una viñeta. María Luque es la ilustradora rosarina que hace muy poco ganó el Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas por su libro Casa Transparente, que lo presentó en la Feria de Guadalajara. A poco de cumplirse un año de su primera publicación, el libro La Mano del Pintor, y de colaborar asiduamente con Lenny, el newsletter de Lena Dunham, habla sobre su técnica, el renacimiento de la ilustración y sus primeros trabajos como pintora.
-¿Cuál fue tu primera aproximación al dibujo?
-Empecé a dibujar como cualquier niño. Tengo el recuerdo de haber estado mucho más entusiasmada que mis amigos. Me di cuenta el momento en que ellos fueron perdiendo el interés -que es más o menos cuando te empiezan a gustar los chicos- y ya no era un plan sentarse a inventar algo con el dibujo. Yo sentía que eso a mí me seguía gustando. Entonces cuando terminé el colegio pensé que era una buena idea estudiar Bellas Artes, aunque no sabía qué era, ni qué iba a hacer. Tuve mucha suerte de que mi familia, si bien supongo que secretamente estaban muy preocupados, jamás me dijeron que me iba a morir de hambre si seguía esa carrera. Confiaron en que algo me iba a inventar.
-¿Tenés familiares artistas?
-No. A mi papá le gusta mucho la música, íbamos a museos cuando era chica, pero ninguno dibuja ni nada artístico. Es medio un misterio de dónde viene en mí.
-¿Empezaste con el dibujo en Bellas Artes o probaste otras técnicas?
-Sí, en ese momento pintaba con acrílico. Era muy diferente, no tiene nada de relación con lo que hago ahora. Si pintaba una superficie de un color, quería que fuera liso total, con un método medio delirante de muchas capas de pintura muy finitas, una cosa que llevaba mucho tiempo y no tenía sentido. Yo quería que pareciera hecho por una máquina. Nada que ver con lo que hago ahora.
-¿Pintabas cuadros grandes? ¿Abstractos o cómo eran?
-Sí, eran de un metro por un metro, con animales también, como ahora. En ese momento tenía con unos amigos un espacio de arte en una casa enorme, muy antigua de Rosario. Ahí cada uno tenía su taller y había lugar para dar clases y hacer muestras. Era un momento donde habían cerrado muchos espacios de arte y nos empezó a ir súper bien, teníamos muestras casi todos los meses de otros artistas. El segundo año hizo una individual Daniel García, no lo podíamos creer.
-¿Con quiénes hacías eso?
-Con cuatro amigos de la facultad, teníamos 23 años. Éramos muy chicos, hasta fuimos a ArteBA. Nos llamábamos Cordón Plateado, éramos un poco místicos en ese momento.
-¿Usaste el color plateado alguna vez?
-No, creo que nunca.
-¿En esa época qué paleta usabas?
-Creo que es lo único que se mantuvo, mi paleta es muy colorida, pero en general cada color tiene mucho blanco, están como desaturados. No siempre igual, hay algunos que me gustan bien saturados como el bermellón –mi favorito- o el amarillo.
-Eso depende del material que uses, ¿o no?
-Sí, si uso fibrón quedan diferente. Uso acuarelas, lápices y ahora uso mucho las témperas.

“No hay mucha corrección en general en mis dibujos. El momento en que me entregué a eso fue en Brasil, donde avancé muchísimo, cada semana era un cambio total, veía los dibujos que había hecho la semana anterior y decía ‘oh, mirá cómo avancé’ y los había hecho días antes. Fue algo de esa sobredosis de dibujo, de estar sin internet, que fue lo que lo logró”


-Siempre que pienso en tu obra veo que usas elementos que son con los que uno empieza a dibujar de niña, en la escuela, lápices de colores, marcadores, crayón.
-Sí, son los materiales que más me gustan. Claro que busco que no sean escolares, que sean de mejor calidad, pero es lo mismo.
-¿Y en esos primeros cuadros había una historia, algo narrativo como usás ahora?
-Sí. Un poco. No quiero ni acordarme que me da vergüenza. Hace poco me pasó algo muy gracioso con eso. Mis papás se mudaron de la casa donde vivimos toda la vida, entonces mi mamá me llamó y me pidió que por favor vaya a Rosario a ver qué hacía con todo eso que quedaba ahí, porque ella no se animaba a sacarlo. Llegué y quise tirar todo, salvo dos o tres cosas.
-¡¿Tiraste todas tus pinturas?!
-Sí. Fui con mi mamá a buscar dónde deshacerme de todo porque me daba cosa que alguien lo vea, así que encontramos un contenedor en una cuadra medio secreta, que no tiene salida, tiramos todo ahí y nos fuimos. Al otro día, un chico dibujante de Rosario que conozco encontró todo eso, le sacó fotos, la subió a Facebook y me etiquetó. Todo mal me salió.
-¡¿Y qué hiciste?!
-Nada, le mandé un emoji de carita feliz. Pero me dio una bronca, todo el plan me salió al revés. Igual había muchas telas que estaban todas rotas, no tienen valor. No tenían firma, pero me reconoció.

-¿Y cómo fue el paso de la pintura al dibujo?
-De esos cuatro que éramos Cordón Plateado, una chica se fue, el otro era mi novio, y ese proyecto se disolvió cuando terminó mi relación. Yo me aparté mucho de ese circuito, no quería saber nada. Yo había hecho todo con ellos, con la contención de ese grupo, nos mostrábamos todo. Entonces me puse a hacer cualquier otra cosa, no pinté más. Me puse a trabajar en una agencia de publicidad, en edición de video. A los dos años de estar ahí me dieron ganas de hacer otras cosas. Se me había ocurrido que tenía que ser en una residencia, que no podía sola. Entonces me enteré de una en España y apliqué y quedé. Era rarísima, una residencia de 100 personas, en una ciudad cultural de Galicia, conviviendo durante una semana. No era de obra, era de reflexión. Y volví muy cebada, dibujando en las hojas.
-Esas residencias te permiten ver formas de trabajar que uno no se imagina que existen o a valorar como obra lo que estás haciendo como pasatiempo, ¿no?
-Sí, exactamente. Había un montón de gente en etapas muy distintas. Algunos con las carreras muy armadas y otros que estábamos viendo qué onda. Ahí me cambió todo, me quedaba dibujando a la noche, y empecé a tomarlo más en serio. En ese momento conocí a Power Paola, que estaba viviendo en Rosario y nos juntábamos a dibujar, con Feli y otros dibujantes. Para mí eso fue muy importante. Ahí empecé a hacer las Merienda Dibujo.
-¿Qué es Merienda Dibujos?
-Me juntaba a tomar un café con otro dibujante y subía las fotos a un blog: http://meriendadibujo.blogspot.com.ar/ Me ayudaron un montón a juntar valor para ver qué hacía con todo eso que estaba dibujando.
-Esos proyectos tienen la virtud de dispararte posibilidades, aunque parezcan inútiles en un principio.
-Sí, completamente inútiles. Lo mismo me pasó con los fanzines, no sabía ni lo que eran, pero me puse a hacerlos y fueron muy importantes al final. En esas meriendas, Power Paola me contó de una residencia en Brasil, en una hacienda cafetera de fines del siglo XIX, eran 13 residentes durante un mes. Ella me insistió para que me anote y al final quedamos las dos seleccionadas. Había artistas de otras disciplinas también, entre los dibujantes había un alemán, una brasileña, todos un poquito más grandes que yo, todos trabajando de sus proyectos, viviendo de lo suyo. Me acuerdo estar esas tardes hablando de eso. Llegué a Rosario y renuncié a la agencia de publicidad.
-¿Fue lanzarte al freelancismo?
-Fue difícil pero también sé que si no lo hubiera hecho, no hubiera pasado todo esto. Ahí empecé a cuidar casas, tenía unos amigos que se iban de viaje todo el verano y yo me quedaba en su casa, después otros, y así fui pasando de una casa a la otra.
-¿En el medio volvías a lo de tus viejos?
-Sí, hubo varios momentos en que volví. Ellos por suerte no desarmaron mi habitación de adolescente y siempre pude volver, son unos genios. Pero fueron como dos años yendo de casa en casa.
-Una vida de nómade moderno.
-Sí, achiqué todo a lo mínimo, no me compraba libros, ni nada en realidad. En el medio de eso tuve una muestra en Santiago de Chile y otra en Lima, decidí perder el pasaje de vuelta y me quedé en Perú cuatro meses, fui a Colombia, Ecuador. Ahí me decidí del todo que este era el camino. Porque fui a muchas ferias, daba talleres, hacía fanzines, los vendía, y empecé a tener más pedidos de trabajo de ilustración.
-¿Cómo fue el movimiento a Buenos Aires de manera definitiva?
-Venía de manera intermitente y me quedaba varios días. Me daba cuenta de que cuando venía a Buenos Aires tenía más trabajo, como nos pasa a todos. Ese año tenía una muestra individual en la Galería Mar Dulce y se me ocurrió que iba a ser muy pesado enmarcar en Rosario y traerlo para acá, ¡así que decidí venirme a vivir y enmarcar acá! Un pensamiento bastante raro ahora que lo pienso, pero así fue. Al principio me alquilé una habitación por tres meses, después por un año, después otro año más. Y acá estoy.
-Tus dibujos son autoreferenciales, en general hay un personaje que sos vos y un contexto real o imaginario. ¿Cómo pasaste del dibujo aislado a crear una narración larga? 
-Cuando hice el viaje largo por Centroamérica estuve en el Festival Entreviñetas, en Colombia. Yo hacía fanzines y cosas cortitas, pero nunca me había animado a hacer algo más largo. Volví de ese viaje re cebada, cuando vi que todos tenían libros. ¡Me tenía que animar! Se me había ocurrido la historia con Cándido López, porque me había presentado a una residencia en Paraguay, por el aniversario de la guerra, donde iba un argentino, un uruguayo, un brasileño y un paraguayo para recorrer los campos de batalla y redimir ciertas heridas. Me presenté con la idea del libro, La Mano del Pintor. No quedé. Me moría de ganas, pero no quedé. Pensé que era la única oportunidad para hacerlo, pero después cuando volví de Colombia dije es ahora.

“Tuve una muestra en Santiago de Chile y otra en Lima, decidí perder el pasaje de vuelta y me quedé en Perú cuatro meses, fui a Colombia, Ecuador. Ahí me decidí del todo que este era el camino. Porque fui a muchas ferias, daba talleres, hacía fanzines, los vendía, y empecé a tener más pedidos de trabajo de ilustración”


-¿Cómo fue ese proceso? Porque es un libro muy largo y elaborado.
-Me daba mucho miedo, yo no sabía ni cómo hacer un globo de texto. En ese momento conocí a José Sainz, que me vino a comprar un fanzine a una feria, y le conté que estaba pensando hacer esto y me dio el mejor consejo posible: “María, de arriba a abajo, de izquierda a derecha, empezá a contar esa historia”. Y eso me ayudó. Después se transformó en el editor del libro.
-¿Hiciste la estructura o te dejaste llevar como hacés con los dibujos?
-Me tomé cuatro meses para investigar y sí me hice una estructura de capítulos y temas, como si fueran fanzines. Traté de pensarlo en esa forma y fui arrancando. Terminaba cada capítulo y se lo mostraba a José. Me parece muy divertido ese momento, porque en el primer capítulo yo iba con Cándido caminando por la calle y si me quería sentar en un banco le preguntaba con globo de texto: “¿Nos sentamos en el banco, Cándido?”. Después me di cuenta que no tenía que pedir permiso, que teníamos que sentarnos nada más. No hacía falta mostrar cada momento. De eso me fui dando cuenta mientras lo hacía.
-En tu obra sos muy figurativa, los personajes son muy expresivos, tienen muchos detalles, pero en general los espacios son casi dadaístas.
-Sí, es que yo entiendo la perspectiva, me la enseñaron, pero en realidad no la entiendo. Me tengo que esforzar mucho para que me salga de manera correcta. No entiendo muy bien los planos del espacio, tengo una mente medio medieval, egipcia. La profundidad de campo la pierdo. Por ahí cuando veo una obra de otro y está muy perfecta creo que le falta encanto.
-Tomaste el error como atributo, como marca personal.
-Sí, es que dejé de forzarme para que fuera perfecto. No podía, no me salía.
-Es un momento bisagra para los artistas cuando entienden que eso es el estilo propio.
-Es un aprendizaje duro porque si no es sufrimiento, es como cuando quería pintar como una máquina. Yo la pasaba mal.
-Hay una decisión tuya de que se note el trazo humano, no hay corrección de color posterior al dibujo. ¿Por qué?
-No, no la hay, no hay mucha corrección en general. El momento en que me entregué a eso fue en Brasil, donde avancé muchísimo, cada semana era un cambio total, veía los dibujos que había hecho la semana anterior y decía ‘oh, mirá cómo avancé’ y los había hecho días antes. Fue algo de esa sobredosis de dibujo, de estar sin internet, que fue lo que lo logró.
-Dibujabas todo el tiempo, ¿eso mermó?
-Sí, siento que hay un borde medio frágil de locura del cual me tengo que preservar. Hubo un tiempo en que necesitaba esa voracidad al dibujar porque estaba practicando mi estilo.
-Hay algo de documentar tu vida en tus dibujos, que se encuadra con producciones artísticas de mujeres de otras disciplinas, escritura, teatro, poesía, música, donde se están contando a sí mismas, ¿lo pensás en estos términos?
-No porque son cosas que las fui aprendiendo con el tiempo. Yo no sabía que era feminista, lo aprendí. Sí en la adolescencia pensaba algunas cosas, pero no tenía idea que se encuadraban en algo. Pero sí me di cuenta que a mí me dieron ganas de dibujar y de contar historias cuando leía las de otras mujeres. Esa fue la influencia más importante que tuve, cuando entendí que no sólo se podía dibujar superhéroes o los prejuicios que yo tenía con la historieta. Cuando leí a otras mujeres me dieron ganas de contar lo que me pasaba.
-El café adónde vas a dibujar, Varela Varelita, parece una cofradía de dibujantas.
-Esto ya ocurría antes de que yo viniera. La primera vez que vine fue invitada por una dibujante. Es muy importante venir acá porque estamos dibujando solas todo el día, necesitaba charlar y ver cómo resuelven los otros. Todo el tiempo van surgiendo cosas nuevas en el dibujo.
-Hay algunas series en tu trabajo. Al principio unos dibujos más pasteles, en La Mano del Pintor están más saturados, después hay una serie en los museos donde reinterpretaste a los pintores que te gustan, y ahora estás mostrando esa serie de dibujos en las habitaciones donde las paredes son negras –la primera vez que veo ese color en vos- con escenas de sexo y gatos. ¿Cómo surgen esos cambios?
-No sé muy bien. A veces creo que tiene que ver con los materiales. El negro apareció cuando empecé a usar témperas. También tiene que ver con algo que haya visto y me quedó como un germen.
-Esa serie de las habitaciones es singular, en la vida las paredes no son negras por lo general, y en tu obra no es un color que aparezca.
-No me doy cuenta de todo esto hasta que alguien me lo señala. Por ahí me doy cuenta después.
-¿Es decir que te dejás actuar a vos misma y después reflexionás sobre lo que hiciste?
-Me cuesta pensar en eso, me sale más producir. A lo mejor después de un tiempo veo las relaciones, que por ahí son obvias, pero a mí me cuesta verlas. Me gusta que así sea, si me pongo a reflexionar mientras hago me quedo en eso, y siento que no avanzo.
-¿En qué estás trabajando ahora?
-En un libro que no es novela, son historias cortas sobre pintores que va a publicar en 2018 Editorial Sigilo. Entre una y cuatro páginas, con historias de los pintores que a mí me gustan. Estoy leyendo biografías, intentando buscar detalles que me llamen la atención. Lo empecé con la idea de hacer un fanzine en risografía, por eso lo hice en dos colores, rojo y azul. Cuando llegué a las 16 páginas me di cuenta que eran historias cortas pero muy adictivas, que podían ser libro. Estoy súper divertida con esto. Para mí es un desafío enorme intentar concentrar toda la historia en una escena.

“Yo no sabía que era feminista, lo aprendí”


-¿Qué pasa en Rosario que hay tantos dibujantes?
-Creo que es un semillero de dibujantes, artistas plásticos. Hay una generación previa, como la de Max Cachimba, que fueron los responsables de que tanta gente de mi edad se pusiera a dibujar, ellos lo propiciaron. Hay mucha efervescencia, mucha gente haciendo cosas. Creo que en eso también tiene buena culpa la aparición de figuras como José Sainz, que están arengando, atentos, para proponerle a esa gente que se inicia a hacer más historietas.
-Es una escena donde la producción sigue aferrada al papel. Ni siquiera los escritores trabajan hoy únicamente para publicar en papel.
-Sí, hay una fascinación con el papel como el mejor soporte, que creo que nunca va a terminar. Hay gente haciendo web comic, pero sigue habiendo muchas revistas y publicaciones en papel.
-Cuando presentaste La Mano del pintor como un proyecto en idea.me tuviste una repercusión enorme. ¿Cómo fue el proceso de Casa Transparente, tu próximo libro?
-Casa Transparente lo escribí justo después de La Mano del Pintor. Los tiempos se extienden mucho. El libro de Cándido lo terminé en 2015, inmediatamente me puse a hacer este. Cuando me vine a vivir a Buenos Aires estaba terminando Casa Transparente, hace dos años. Lo tenía terminado y guardado. Trataba de las casas que yo había cuidado durante esos años en Rosario. Y cuando vi esta convocatoria sobre ciudades iberoamericanas, y este libro tenía varias ciudades, aproveché la ocasión y lo saqué. Había algunas cosas que no me gustaban mucho, ahí lo trabajé de nuevo, le cambié el final, saqué algunas cosas, agregué otras. Lo mandé y ganó.
-¿Cuál es el premio?
-La edición y unos euros, que todavía no me pagaron, pero voy a aprovechar para mudarme sola por primera vez. Porque tenía muchas ganas de alquilar, pero no tengo nada, ni un tenedor, así que esto es un impulso y una emoción.
-¿Hubo presentación?
Sí, en la Feria de Guadalajara. Quedé agotada, pero estuvo buenísimo. Pronto será en Buenos Aires.

Link: http://almagrorevista.com.ar/maria-luque-cuando-veo-una-obra-esta-perfecta-creo-le-falta-encanto/

LatFem: La poesía como restauración de una voz propia


En el ensayo poético El otro lado de las cosas que escribió Natalia Romero (Blatt&Ríos, 2017)  hay una discusión sobre el feminismo, la escritura como método de emancipación y la poética -esta vez, pero aplicable a todxs- de Diana Bellessi.

Romero comienza la narración de su tesis con una experiencia personal. Cuenta cómo fue su acercamiento a la poesía: de chica, en Bahía Blanca, dibujaba, pero la representación le quedaba chica, corta, y empezó a pintar con óleo y acrílico donde la forma de la imagen que quería transmitir se asemejaba a la forma en tanto abstracción. Antes o después de eso pasó a las palabras. Ahí, en la poesía, Natalia se enfrentó a la mujer que debía ser dentro suyo. La mató. Y encontró a un hombre, también, más fuerte, más difícil de asesinar. Lo corrió con la escritura, única forma más fuerte que los géneros impuestos en la cultura, capaz de correr con honestidad esa dualidad que nos enseñan.

Dice: “La escritura fue y sigue siendo la única manera de llegar a mi hondura, a mi intimidad. En ese encuentro hay un pasaje que tiene que ver con lo que no se controla. Con lo sorprendente. Lo desprendido, lo libre”.

Y va detrás de eso en una búsqueda teórica que empieza por la necesidad de narrarse como mujer de la que habló Simone de Beauvoir en La mujer rota y atraviesa a Helene Cixous con su escribir es devenir mujer. ¿Por qué la mujer se escribe?, se pregunta Natalia, y se contesta: “porque la mujer tuvo (y aún tiene) que narrarse para existir”.

En esta mujer que escribe, que se escribe, hay un descubrimiento de lo propio y de lo otro. Lo que fue impuesto, lo asesinado, lo que uno es. La palabra y la escritura como restauración de lo que fue quitado en la historia de la mujer. El varón, el macho, monopolizó los sentidos y los roles.  “Esa mujer que escribe es una mujer que se apropia de su cuerpo, es una mujer que nace”, dice, como acto de reconocimiento hacia afuera y hacia adentro, de lo público y lo íntimo, de la poesía como política.

“La literatura femenina forma parte de un acto de reunión”, señala Romero, y pienso en que la literatura femenina es una forma de hacer política. Leernos, pensarnos, discutirnos, como forma de ampliar nuestras libertades, de reconocer todas las historias disidentes a esa dualidad de género, a las múltiples formas de intimidad. Recordé el ensayo de Marina Yuszczuk publicado en La Agenda hace poco, ahí ella habla de la red de mujeres que publica y escribe literatura femenina. Discute si hay o no un sello que unifique y sí afirma que somos las mujeres las que nos presentamos al mundo como escritoras, linkeándonos unas con otras, en afán de visibilizarnos. Pero también habla de la singularidad de un texto de autora: “el cuerpo de las mujeres aparece narrado de una manera que ningún varón podría practicar, así como ciertas experiencias que están atravesadas por el género. Y no necesariamente la pareja o la maternidad, sino incluso modos de leer, de relacionarse con la literatura misma, con la ficción”.

Si las lecturas son marcas de libertad, como dice Natalia Romero en su libro El otro lado de las cosas, una mujer que escribe se recupera a sí misma y a su libertad. Entonces estudia la obra de Diana Bellessi, quien mostró las marcas de subjetividad recuperada mediante la poesía: el exilio, el lesbianismo, el hombre que hay dentro de una. Ella, que fue activista feminista, hoy prefiere romper los moldes desde la vida cotidiana. Bellessi dice: “Hay que desmontarlo todo. ¿Cómo lo desmontamos? ¿Desde la teoría de género? No, prefiero desmontarlo desde la poesía”. Pero es ella también la que se refiere a la poesía como “la revuelta descomunal del habla íntima”. Y si el feminismo instala una nueva forma de autopercepción y de vinculación con los otros, en la vida cotidiana que es política y en la escritura mediante la experiencia individual, está la experiencia colectiva. Leyendo, escribiendo, viviendo, está el mapa de recuperación de lo que se nos fue quitado.

Link: http://latfem.org/restaurar-la-poesia-como-restauracion-de-una-voz-propia/

24 de noviembre de 2017

La Agenda: Pianista, comunista y santo

por ROMINA ZANELLATO
¡Pugliese, Pugliese, Pugliese!, se repite como una oración y con mucho de exclamación. Santo patrono de los músicos, antimufa, protector del sonido, aleja acoples, estampita de estuche de instrumento, cuadro de sala de ensayo, troesma del trabajador musical.
La primera vez que vi la estampita de Osvaldo Pugliese fue hace más de 15 años, en un reducto oscuro y seguramente clandestino de rock. Era una fotocopia en tamaño A4 de una impresora con poca tinta, pegada a los teclados de una banda de ska. Los anteojos de marco negro del Maestro daban a la audiencia, que era poca. El sonido fue impecable.
Lejos del Vaticano y de la religión, los músicos son supersticiosos y cabaleros como pocos. Algo tiene que explicar el éxito de un show, la presencia interesada del público, no perder plata, ganar algún mango, que alcance para la orquesta, el cable que aguanta y resiste, la corriente eléctrica que se banca esos enchufes, el acople mágico y misterioso como un fantasma sobre el escenario, se instala y deambula, se va, ¿sabe el sonidista qué perilla tocó para que se fuera? Don Osvaldo está ahí, Pugliese Pugliese Pugliese, ayúdanos.
Hoy, en 2017, a pocos metros del Ciudad Cultural Konex, en Sarmiento 3535 hay una santería con rosarios, inciensos, estampitas, velas, y algunos juegos. Eso es cuando está abierta, pero cuando está cerrando el ruido metálico de la cortina va anunciando una imagen que se forma: el retrato de Osvaldo Pugliese.
En la vereda de enfrente, de refilón saqué el teléfono y resolví la curiosidad: abrí la app de Google y tipeé: por qué es santo pugliese. De entrada, no fue fácil. Los tres primeros artículos dicen cosas disímiles y bastante ridículas. Lo dejé ahí y me fui a El boliche de Roberto a unas cuadras. Aprendí algunas cosas sobre su personalidad y su personaje, muchas de ellas se fueron modificando a lo largo de las conversaciones, deformando como un mito.
The CrownPugliese fue el más rockero de los tangueros argentinos
Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905 y murió hace 22 años. Provenía de una familia de músicos, trabajó en una imprenta, el piano fue su tercer instrumento, primero la flauta y segundo el violín. Vivió toda su vida en Villa Crespo, gran parte con su mujer Lidia Elman. Compuso más de 150 temas, grabó cerca de 600, uno de esos tangos se llama Beba por el nombre de su hija, Beba Pugliese. Su primera orquesta la armó en la segunda mitad de la década del ‘30, después que muchos otros, pero sus formaciones fueron de las más longevas en el rubro: los músicos se quedaban con él durante años y años.
Era comunista, militante, armó el Sindicato de Músicos Argentinos, organizó su orquesta como una cooperativa, de base cobraban todos lo mismo, se sumaban porcentajes de acuerdo a su participación en la composición y a lo que laburaran. Y tocaban mucho, todos los días. Cayó preso una vez y alguien dejó un clavel rojo sobre su piano, no lo reemplazaron mientras la orquesta continuó su función. Volvieron a hacer lo mismo la segunda vez y todas las noches que cayó en cana. Él consideraba que el tango debía bailarse, que había que mirar los pies de los bailarines para reconocer el ritmo que una pieza debía tener, para marcar el pulso sanguíneo.
Empecé a averiguar. Fui a verlo a Omar Brunelli, musicólogo investigador en el Instituto Nacional de Musicología. Él, estudioso de la obra de Astor Piazzola, tiene la teoría de que el tango contemporáneo tiene una impronta más derivada de Pugliese porque cuando empezaron a armarse las orquestas populares, las orquestas típicas de principio de los ’90, los estudiantes tenían como profesores en la Escuela de Música de Buenos Aires a los músicos de su orquesta, como a Rodolfo Mederos. “Pugliese tiene algo que él mismo reconocía y es que su estilo era muy percusivo, y esa forma tiene una vinculación con el rock, están emparentadas”, me dijo en su oficina de San Telmo.
También me contó una anécdota muy hermosa. Cuando Piazzola hizo su primer conjunto lo llamó a Pugliese para que le dijera si eso que había compuesto era o no era tango. Don Osvaldo escuchó y luego le dijo que sí. Lo bendijo.
No sé si hay algún estudio de grabación o sala de ensayo en el país que no tenga la estampita de Pugliese en algún lugar. Incluso y sobre todo los de rock. Hago memoria y pienso en Spector Studios en Constitución, pero sólo me aparecen la colección de muñecos de Star Wars sobre las paredes. Le escribo por chat a su director, Mauro Conforti, y me dice que sí, que tiene dos fotos del Maestro en el control del estudio.
The Crown
En 1981, Mona Moncalvillo entrevistó a Pugliese para la revista Humor y le preguntó cómo hizo para que su orquesta no parara nunca durante los 42 años previos. Él dijo: “Me pasaron muchas cosas, pero me sostuvo la férrea voluntad de mantener la música popular. Otros con menos carácter hubieran abandonado; ése fue uno de los factores. El otro fue el sistema de la orquesta; por ser una cooperativa, todos peleaban por su subsistencia, no era sólo el director que peleaba por su nombre. Eso llevó a que la orquesta se mantuviese y enfrentase todos los problemas de la “nueva ola”.
Él creía en el tango popular, en que el tango se bailara, fuera tocado en un club de barrio, en cada milonga. Y es en eso en lo que se convirtió, en su deseo. Tal vez no se toque tango en cada salón, pero sí donde hay música está él. Como en los camarines del Club Cultural Matienzo o en la sala de Radio Colmena, punto clave de reunión en la cultura joven e independiente de la ciudad.
Pudiendo reunir algunos datos: era pianista, era comunista, su orquesta era una cooperativa, un hombre de Villa Crespo; se puede hacer un identikit de Pugliese, el señor cara de bueno de anteojos de marco negro grueso. ¿Pero cómo era como persona, qué sensibilidad exponía en sus relaciones, cómo era su música? Sólo hay experiencias y fui a buscar eso a la casa de Rodolfo Mederos, su bandoneonista.
“Mi ingreso a la orquesta de Don Osvaldo fue en 1969 a raíz de que su orquesta se había desmembrado. Desde mí, que es desde donde puedo hablar, no entré demasiado convencido porque mi estética no coincidía con la de él. Me resultaba intempestuosa, angulosa, con muchas aristas, no era confortable. Ingresé porque era muy honorifico, pero no era con lo que yo más disfrutaba. Necesité 30 años, que casi no es nada, es apenas un suspiro, para que cambie mi evaluación situacional. Se trató de un cambio emocional pero también intelectual. No es que comprendí solamente, comprendí y sentí la importancia que había tenido –aun habiéndome ido hace 20 años de la orquesta- de manera inconsciente en mí”.
Mederos comprendió y aprovechó una oportunidad que le presentó un alumno para verlo por última vez, para abrirle su corazón y mostrarse su agradecimiento. En la Escuela de Música Popular de Avellaneda, un alumno pianista le preguntó cómo hacía Osvaldo para hacer cierto sonido específico. Fue una pregunta técnica que no supo contestar, así que al llegar a su casa lo llamó. “Te espero a las 5, traé medialunas de grasa”, le dijo.
Con los mates y la merienda, Mederos pudo hablarle. Pugliese lo escuchó, hizo una mueca de sonrisa y le dio una palmada en la espalda.
Agrega: “No sé qué hubiera pasado si no hubiera tenido esta experiencia artística con él. Pero sí considero que mi experiencia con la música de Osvaldo logró en mí otra cosa y yo no hubiera concebido ciertas maneras e ideas sino hubiera pasado por esa experiencia, poderosísima. Hablo de los principios en los que se basa esa música, es algo más esencial, como algo más noble, una nobleza no de la oligarquía, es otra esencia, es una entereza. No sé si me explico, pero creo que comprendés”.
Sí, entiendo que hay una verdad en la música de Pugliese que se transmite, y que ese personaje justiciero sólo puede vincularse a un imaginario colectivo de protección, amor y obra.
Sí, hay unas teorías locas en internet sobre cómo Osvaldo Pugliese se convirtió en antimufa, en protector de los músicos y sonidistas, en santo patrono de la música popular, pero son incontrastables, bordean lo delirante. Me quedo con la experiencia y la sensación.

La Cosa: Sexo, mentiras y Harvey Weinstein


Salió en la edición de la revista La Cosa Cine de noviembre de 2017.

Almagro Revista: Prensa La Libertad o cómo recuperar la sensibilidad en tiempos digitales


Entrevista: Romina Zanellato / Fotos: Luisa Magdalena
“Soy un híbrido: para los grabadores soy bastante diseñador gráfico y para los diseñadores soy muy grabador”, dice Federico Cimatti de Prensa La Libertad en su taller en el Abasto. En realidad, tampoco es el Abasto: formalmente es el barrio de la Recoleta, pero no hay una identificación real con ese otro lado de la Avenida Córdoba. Es una zona híbrida.
Federico es un imprentero tipográfico, autor de afiches que decoran casas y dialogan en el espacio público. Su trabajo es casi manual, usa piezas de madera talladas en plomo, cada una de ellas es una letra, un número o un signo, e imprime en máquinas de prensa donde coloca la tinta, cambia el papel. Todo el proceso en sus manos. Una tecnología que inventó Johannes Gutenberg en 1500 y que continúa siendo eficaz. Si hoy se puede imprimir en digital o en offset donde todo es automático y está desligada la parte de la impresión con el diseño, en el taller de Federico está todo unido.
“Disfruto el híbrido porque es una figura que se perdió en la tradición gráfica contemporánea, ese que diseña y materializa la pieza. Cuando entendés la técnica y encontrás una forma propia de hablar, aparece algo, una identidad”, reflexiona.
En su taller tiene, además de los trabajos comerciales por encargo, una serie de afiches de difusión que le dieron notoriedad pública. Pero también encara su trabajo en vínculo con la tradición argentina: hace poco recuperó más de 2.500 piezas tipográficas de un taller de Quilmes y ahora está encarando un catálogo de las matrices que usó el surrealista Juan Andralis en su imprenta Archibrazo, que funcionó en Almagro entre 1964 y 1994.
 -¿Qué es Prensa Libertad?
-Es una imprenta tipográfica. La tecnología que uso es impresión tipográfica, que es antigua, si bien uso máquinas del siglo XX. Tengo una maquina italiana de 1949, que imprime en formato muy grande, y una alemana más nueva.
-¿Cómo llegaste a la primera?
-Se la compré a un impresor que cerró su taller hacía varios años, justo detrás de la cancha de Vélez. Solía ir a comprar cosas y la veía ahí atrás, me moría de ganas pero no pasaba por la puerta así que esperé. Tres años después se hizo una remodelación acá en el edificio, la pude entrar, y la compré hace 5 años. Estaba detenida pero andaba. Son máquinas que responden a otro paradigma de producción, lo que se rompe lo veo porque todo está a la vista. Uno es impresor y mecánico, primero para entender la herramienta y no romperla.
-¿Y la alemana?
Me negaba a comprar esta otra porque es bastante industrial, es automática. En un punto pierdo el contacto del papel, pero si quería emprender otros proyectos tenía que hacerlo. Fue un debate que tuve, caer en algo en lo que yo estaba en contra, pero por otro lado me daba la posibilidad de tener la voz un poco más fuerte, porque me permite mayor productividad. Es de los ‘80, importada en la década siguiente y tiene grabado en qué lado del muro fue hecha, ese detalle me encanta.
-Hay algo muy manual en ambas máquinas.
-La manufactura es impresión directa. Eso para mí es importante, por eso elijo esta técnica y no otra. Para mí hay una implicancia política sólo en la elección de la técnica. Ya por la carga simbólica: la impresión tipográfica fue una revolución cultural, y también fue una técnica apropiada por un montón movimientos políticos para, en espacios muy chicos, multiplicar un mensaje. Esto es tener un medio. Hay debates que son interesantes en los que me pone esto en relación a qué imprimir.
-¿Qué involucra esa decisión política? No sólo en relación a qué imprimir sino también a la técnica que involucra a tu cuerpo, cosa que no ocurre en tecnologías digitales.
-La sensibilidad, porque al ser impresión directa tiene otras cualidades de terminación que hace que uno tenga una relación y una interpretación diferente del objeto. Esto tiene que ver con acercarte y notar el factor orgánico en que no todas las piezas son iguales, a pesar de que son piezas hechas por una máquina. Igual eso depende de cada uno, hay impresores que van por el lado de la nostalgia, que para mí es una trampa en un punto, porque es alejarse de la carga de la máquina.
-La máquina vino a sistematizar un medio de producción y hacerlo más rentable
-Exacto. Entonces yo no creo que la impresión tipográfica, o como se dice en inglés, letterpress, esté teniendo un resurgimiento. Hace poco vi una entrevista que (Alejandro) Fantino le hizo al presidente de un banco, un chino, que decía que estaba convencido de que el trabajo manual iba a desaparecer. Entonces lo escuché y comprendí que esto tiene mucho más sentido para mí ahora. Hay que retomar esa sensibilidad a través de elegir determinadas cosas. Yo no reniego de la computadora, pero es una herramienta más.

“Hay una implicancia política sólo en la elección de la técnica. Ya por la carga simbólica: la impresión tipográfica fue una revolución cultural, y también fue una técnica apropiada por un montón movimientos políticos para, en espacios muy chicos, multiplicar un mensaje”

-La impresión, hoy, es algo donde lo manual casi no tiene participación. Se hace un diseño en Illustrator o Photoshop y pasa todo de computadora a máquina. En tu trabajo hay algo en lo artesanal, en tu presencia humana en la impresión, y también en el mensaje que le da a Prensa La Libertad una personalidad. Hay otros talleres haciendo esto, ¿cómo ves esta dinámica en el rubro?
-Hay algunos talleres. Por ejemplo, Imprenta Rescate hace un trabajo que me interesa porque está haciendo su propia experiencia, está pensándose a sí misma, hasta está buscando una palabra para definirse. Hay talleres que se pierden en la referencia. Yo reniego mucho de definir mi trabajo con la palabra letterpress. Trabajar con la palabra es fundamental. Qué palabras imprimo, cuál es la identidad de la imprenta, con qué palabra me defino. Ahora cumplo 10 años en esto y estoy escribiendo un texto que habla sobre la autogestión. Yo entiendo a la realización a través de un proyecto independiente. Porque ahí se piensa qué se va a reproducir, qué va a continuar y qué no.
-Tenés algunos hits como el afiche “Insista en construir desde el amor” (2010)
-Sí, fue una pieza que tuvo buena difusión. Este año hice una nueva versión que dice “Insista en deconstruir al amor”. Ahora los estoy pensando como una posibilidad más, porque hace poco el cambié el pie al afiche “Despierte usted es parte de la realidad” e hice ejemplares con la pregunta “¿Dónde está Santiago Maldonado?”. Me gusta interactuar con la realidad en causas que me interesan. No responde a leer-tirar, como sí ocurre con otras impresiones.
-¿Pensás estos afiches como una obra artística?
-Lo pienso como una obra, pero no quiero que tenga la distancia de la “obra”. El consumo de arte en Argentina tiene muchas esferas y está muy aislado de la masa. Yo manejo valores que hace tres años no los aumento porque me gusta estar presente, y encontré un modo de sostener mi proyecto con la difusión de información. Ahora estoy empezando a hacer publicaciones, que es algo que no hice nunca.
-¿Qué tipo de publicaciones?
-De poesía. Hay una terminada con cuatro textos que escribí en algún momento. Fueron cuatro palabras que las usé mucho. Ahora estoy haciendo el texto de los 10 años, es una especie de manifiesto, una mezcla de propaganda y poesía. También estoy haciendo otra publicación de poetas: 9 nueves. El año que viene sacaré un libro de 20 páginas que se llama La reforma agraria de la poesía, de Clara España.
-El afiche es un soporte muy económico que tiene una impronta social por su vínculo con la calle. Además, hay una trayectoria con artistas como Juan Carlos Romero. ¿Se puede ser imprentero sin tenerlo en cuenta a él?
-Cuando me interesé en esto me puse a investigar qué había de impresión tipográfica. Lo había visto muy por arriba en FADU. Descubrí el trabajo y lo conocí. Me guardo las conversaciones que tuvimos, él era un hombre muy generoso y a la vez reservado, cada vez que me iba de su casa la cabeza explotada de conceptos. Después la gente de La Tribu nos invitó a exponer juntos, la inauguración de la muestra fue en su cumpleaños 85. Fue una inspiración inmensa para mí.
-Él imprimía palabras para generar inquietud en determinados contextos, como los afiches de Violencia en letras negras y fondo amarillo de señalización.
-Sí, su obra es atemporal. Una síntesis que, si bien es coyuntural, siempre estará vigente. Las últimas veces que hablé con él estaba pensando sobre el copyright, él estaba en contra del derecho de autor, a favor de la apropiación.
-¿Vos qué querés generar en el otro cuando imprimís un afiche que dice “Urge ser humano”?
-Eso es muy personal porque se trata de pensar desde dónde uno quiere que el público explote. A mí me interesa que se genere alguna especie de poesía en ese intercambio. No sé si quiero que piense algo unidireccional. Me interesa que la persona que lee mi afiche pueda expandir su margen de autonomía, completar su experiencia. Yo compongo y tomo el riesgo de hacerlo público. Creo que hay que abrir espacios y no pensar tanto en una marca. Lo que pienso sobre la apropiación del espacio público es que a veces hay un afán de enunciar al yo más que pensar el nosotros.

14 de noviembre de 2017

Nominada a Premios Estímulo 2017


Nominada, de nuevo, a los Premios Estímulo 20177 por mi labor en periodismo de revista, esta vez por Indie Hoy: http://www.indiehoy.com/especiales/romina-zanellato-indie-hoy-nominada-los-premios-estimulo-2017-tea/