25 de abril de 2018

Indie Hoy - #Apuntes La lucha es hoy #09 – Discutamos los escraches, discutamos a los tipos

Esto, como todas las notas de #Apuntes, es una columna de opinión. Es decir, esto es lo que yo, Romina Zanellato, pienso sobre lo que está pasando con las denuncias y los escraches en el rock. ¿Y quién soy yo? Soy mujer, soy periodista, soy militante feminista, escucho rock.
Una mujer se grabó mirando a la cámara y contó que José Miguel del Pópolo, el cantante de La Ola Que Quería Ser Chau, la violó. La contactaron dos mujeres más a partir de ese testimonio que rápidamente se replicó por las redes sociales. Eso culminó en una denuncia y que él esté procesado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal reiterado en tres oportunidades. Cuando pasó esto, el cantante de El Otro YoCristian Aldana, salió públicamente a defender a Del Pópolo y muchas mujeres le respondieron en su publicación de Facebook lo que él había hecho a lo largo de los años. Eso que se sabía y nadie decía. Cientos de mensajes. Quiso cerrar sus cuentas, borrar todo. Ya era tarde. Esas mujeres contaron sus experiencias y las subieron al blog Ya No Nos Callamos Más, se juntaron y lo denunciaron. También filmaron sus testimoniosAldana está detenido con prisión preventiva y procesado por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete oportunidades. Su juicio empezará el 22 de mayo.
Esto cambió el rock argentino para siempre. Y lo que pasó a partir de ahí es una discusión y una relectura de la vida de cada quien, en conjunto y personal. Pocas veces en la historia la revisión es así, tan abarcativa. Los últimos cinco años cambiaron la escena local gracias a la nueva ola del feminismo. Lo que está permitido en la sociedad responde a nuevos patrones, a los anteojos violetas, a la decontrucción de muchos. Están los que ahora ven a través de estos anteojos y repiensan en clave feminista su vida pasada, presente y futura, y están los que niegan todo, los que siguen viviendo en machitolandia. Aquellxs que siguen culpando a las minas de tener la pollera muy corta o de haber tomado de más en una noche de rock o aquellxs que siguen creyendo que porque una piba tomó de más la pueden violar sin que haya consecuencias.
Mientras todo esto va pasando, las pibas se juntaron. Ya lo dijimos, cuando muchas mujeres hablan de aquello que callaron durante años, el patriarcado se quiebra, hay una victoria en eso, está más cerca la gran caída. Sin embargo, ¿el feminismo es un dogma? No, el feminismo es una postura política que pretende igualdad de derechos entre el hombre, la mujer y las identidades disidentes. Persigue la justicia social. No es un tribunal en sí mismo. ¿Y quiénes son el feminismo? En principio es un plural, en segundo término, hay tantos como agrupaciones, como personas, como momentos de la vida de cada unx. Nadie y todxs lo somos.
Y entre aquel momento donde comenzó el quebramiento del glaciar banda de rock al ahora, donde todos, hasta los progres más simpáticos de Pez están públicamente expuestos como abusadores, están los escraches.
Las denuncias anónimas se extienden por internet. Tal es un violador, tal me abusó, tal es un violento. Y corre también la postura de siempre con las pibas, siempre creerle a la víctima, nunca cuestionarla, siempre activar el linchamiento público automático. ¿Eso es el feminismo? La idea de no cuestionar, no preguntar y de perseguir la justicia por mano propia parece retrógrado. Dejame cuestionarlo. No es que creo que no haya que contarlo, sino que creo que el mecanismo ya debe reverse. Aún cuando parece que todos los tipos son o fueron abusadores, aun cuando todas las mujeres fuimos violentadas.
Sé que está mal visto decir esto. Y entiendo también que, de una denuncia en particular, anónima, en un blog o en Twitter o en un posteo de Facebook, se unen más y más testimonios que arman un patrón de conducta de un hombre. Eso, a las mujeres, nos puede servir como una alerta. En ese mundo del éter, también, se encuentran en esos relatos que hubo delito, y que hay persecución penal posible. Pero eso es en las mínimas.
Sin embargo, también hay un riesgo enorme de que se use este método para denigrar a una persona, para cagarle la vida a alguien. ¿Por qué no se puede decir esto? ¿Por qué no se puede preguntar, cuestionar sobre una denuncia anónima? Si eso no significa que yo no le crea a una víctima, simplemente necesito más información. Y sí, la justicia es patriarcal, pero dentro de la justicia también están los organismos que acompañan a las víctimas. Entonces, ¿por qué no se puede cuestionar el método? Existe el riesgo de la noticia falsa y existe la posibilidad de que se apropien del escrache feminista en la persecución de otros objetivos.
Como medio nos discutimos esto. ¿Tenemos que levantar como verdad cada denuncia anónima que encontramos o esperamos a que de eso haya más testimonios, a encontrar personas de carne y hueso a quienes hacer unas preguntas, o esperamos a que haya una denuncia penal?
La semana pasada, a raíz de una de las denuncias publicadas en Ya no nos callamos más me reuní con un grupo de chicas que sufrieron violencia física y sexual por parte de un músico. Sí, se unieron a raíz de la publicación de una de ellas y juntas pudieron tejer una historia que las unía, como una continuidad. Eso fue muy sanador para ellas. Y creo que es eso lo que debemos perseguir: una sororidad real. También un procedimiento con las garantías debidas. Porque somos garantistas, estamos en contra de la pena de muerte, todos somos inocentes hasta que se compruebe el delito, un acusado tiene el derecho a defenderse. ¿O no? ¿O buscamos el punitivismo? Existe el riesgo de la venganza, y me surge esta pregunta, a la cual no sé la respuesta pero hay que hacerla: ¿el escrache otorga una sanación real a la víctima o la expone?
Necesitaba hablar de esto y me junté con Ileana Arduino, abogada feminista. Ella me dice que el escrache no emancipa, no construye nada. Y que el método tal vez pueda ser otro para lograr esto que buscamos, la justicia. “¿Es el escrache la única posibilidad de correrse del lugar de víctima en el que nos coloca la toma de conciencia sobre violencias? Se estandarizan muchas violencias bajo la idea del delito de abuso o violación, igualándolas”, me dijo. Ile es integrante de Inecip (Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales) y maestra de la Beca Cosecha Roja.
Hay un riesgo, y son las causas por injurias. Ahora los hombres están ganando muchos de estos juicios porque las “denuncias” públicas confunden ciertos términos, acusan sin haber denunciado en la justicia, y algunas acusaciones se publican sin poder soportar una instancia judicial. “Una cosa es denunciar a un tipo que te caga a trompadas y otra cosa es plantear situaciones abusivas que no son delito. ¿Qué es delito? Que se ponga denso es abusivo pero no es delito. Una violación es un delito, que te amenacen con publicar fotos tuyas íntimas es delito, que las publiquen también, que te peguen es delito, un pibe que tiene problemas emocionales para sostener una relación sana y adulta, emocionalmente desatento, puede ser vivido como una agresión, pero no es delito. En redes uno puede decir cualquier cosa, uno puede relatar una relación abusiva, pero ¿qué se construye con eso? ¿qué se persigue? ¿nos coloca en mejor posición para sustraernos de esas violencias o nos pone a merced del cambio que depende de los otros?”, pregunta Ile.
Esto es lo que pienso y lo que me pregunto yo también. No tengo grandes certezas o la bola de cristal o una solución. Pero siento una disconformidad y tengo el lugar para expresarlo. No sé qué es lo que hay que hacer. Por un lado es un mecanismo útil para unirse, ir a la justicia y encauzar una situación de violencia por esos carriles, por el otro hay una gran confusión y todo parece estar en la misma balanza de la violación.
Marina Mariasch, escritora y académica feminista escribió en Anfibia: “Conductas hasta hace poco naturalizadas ya no se soportan más. Estamos hartas. Un efecto dominó combinado con un efecto mariposa: mujeres famosas y anónimas que a través de la red -las redes sociales, las redes de mujeres- se animan a hablar, animan a otras, y con ese movimiento provocan un huracán. Es el fin del mundo tal como lo conocíamos”. Sí, todo cambió, ¿pero cuánto de la persecución retrospectiva puesta en público vale la pena hacer? Es ella la que me contesta: “Está claro que no buscamos la solución punitivista, buscamos un cambio cultural radical a través de la educación. Y está claro, también, que un feminismo que lucha por la libertad sexual y de los cuerpos no va de la mano con la censura”.
Es decir, sí, ya no nos callamos más, sin ningún tipo de duda. Ya no nos callamos más. ¡Y qué valor tiene y tuvo ese espacio, ese blog en esta historia! A Ariell Carolina, que lo coordinó durante años y a la actual administración anónima, ese espacio debe reconocerse como de vital importancia. Pero espero que llegue el momento donde haya quedado atrás, donde podamos hablar de una manera donde la mujer esté más protegida. Esa red de mujeres que sostiene Marina es una red real. Hay que hablar, hay que alertarnos, hay que hacerlo en persona, mujer con mujer, hablar con las ex novias, hablar con las amantes, hablar con las amigas. Juntarse, organizarse, denunciar. Sin miedo, con responsabilidad. Es nuestro tiempo.

Nota: http://www.indiehoy.com/apuntes/la-lucha-es-hoy-09-discutamos-los-escraches-discutamos-a-los-tipos/

20 de abril de 2018

Rolling Stones - Por qué el K-Pop llena el Luna Park

Por qué el K-Pop llena el Luna Park

Super Junior, una de las bandas pioneras del pop surcoreano, se presenta este viernes en el Palacio de los Deportes porteño


Como una fiebre que viene directo desde el cambio de milenio pero con altísimos niveles de excentricidad, el K-Pop fue ganando fanáticos en Asia, Europa y América, hasta llegar a Argentina. La escena en el país es tan grande que se hace un concurso anual de bandas homenaje y ahora, el 20 de abril, se presenta por segunda vez (y ya está casi agotado) en el Luna Park una de las bandas pioneras del género de pop surcoreano, Super Junior. De traje, moñito y zapatillas, este grupo de ¡doce! chicos hace arriba del escenario lo que parece no fallar jamás: baila y canta con simetría oriental, sonido pop y un look casi flogger de principios de siglo.
Si las canciones de K-Pop estuvieran cantadas en inglés serían exactamente iguales a los hits de la radio. Lo que le da ese plus de identidad son las coreografías -algunas son fáciles de aprender- y los videos son grandes producciones de estética futurista. Si bien hay solistas, el verdadero yeite está en las boy-girlbands. Una mezcla de la mejor Britney Spears, en traje engomado rojo sobre escenografía lunar haciendo "Oops!... I Did it Again", con los Backstreet Boys disfrazados como piratas y en la coreografía imitadora de "Thriller" en "Everybody". En el K-Pop el video es tan importante como la música, y las millones de reproducciones en YouTube de bandas surcoreanas como BTS o Twice supera ampliamente a la que tienen estos superclásicos del pop.
La banda más popular es BTS. En septiembre pasado subieron a YouTube el video de la canción "DNA" que ya tiene 316 millones de visualizaciones. No son One Hit Wonder: tienen por lo menos seis videos con más de 200 millones de vistas. Estos siete chicos fueron formados por una gran empresa: Big Hit Entertainment. Cada banda es armada, entrenada y reclutada por corporaciones musicales coreanas y cada una le imprime un carácter a su artista, funcionan como un "sello de autor".
En junio de este año se hará la novena edición del Concurso KPOP Latinoamérica en el Konex. Desde 2010, un jurado que elige los mejores grupos o solista en la categoría baile y canto. El casting online para elegir a los participantes terminó el 8 de abril. En la última edición, la sala del Konex estuvo agotada y quedó gente afuera.

GUÍA BÁSICA DE K-POP EN 5 VIDEOS

Se puede seguir leyendo acá: http://www.rollingstone.com.ar/2126703-por-que-el-k-pop-llena-el-luna-park

16 de abril de 2018

La Nación: Un torneo de fútbol 5 para gays ya cuenta con 300 jugadores

Debajo de la autopista, un club de Boedo es la sede de la segunda fecha de un torneo de fútbol 5. Camisetas fucsias, negras, violetas, marrones, amarillas se mueven sobre el cemento. En las mesas que hay detrás de las redes que dividen las canchas, hay familias, chicos que corren, hombres que se preparan, chicas que estiran para entrar a jugar.
Hay que afinar la mirada para descubrir un brazalete con las tiras de colores o una camiseta de arquero con una franja de arco iris que representa a la comunidad LGTB. "Lo primero que tuvimos que derribar es el propio prejuicio de que el fútbol es algo solo de heterosexuales", dice Ariel Velázquez, presidente de Gays Apasionados Por El Fútbol (GAPEF), un torneo que tiene ocho años, 300 participantes y 20 equipos en dos categorías, A y B.
En el fútbol profesional persiste la discriminación. Si se corre el rumor de que un jugador profesional es gay, su carrera corre peligro. Ya pasó: hace pocos años la hinchada de Rosario Central desplegó una bandera donde le adjudicaba un romance a dos jugadores de Newell's. Recibieron tanto acoso y violencia por parte de los hinchas que ambos jugadores dejaron el club y sus carreras se perjudicaron.
Hoy no hay ningún jugador que haya hablado de su homosexualidad en ninguna liga profesional del mundo y eso se traduce en hinchadas con cánticos homofóbicos, y la exclusión de los jugadores gays de los clubes tradicionales. "En 2010, cuando empezamos con GAPEF, nos costó encontrar 9 personas para jugar a la pelota. Después se fueron sumando amigos de amigos y ahora somos una organización que, además de fútbol, tiene vóley y paddle", cuenta Velázquez.
En las canchas retumba el sonido de la pelota y las frenadas de los botines, la luz de la tarde se mete por los costados y de los cientos de autos que pasan por arriba no hay ni noticias, sí el estruendo grave de un gol de chilena que se grita con pasión. "Tengo muchos pibes gays pero también hay heterosexuales en el equipo, vienen por el fútbol, acá puede haber bronca durante el partido pero nunca sale de ahí, juegan limpio y en el barrio los chicos lo valoran". Andrés Venega es el DT de Leones, un equipo donde la mayoría son gays y hay dos parejas.
Hace seis años que entrena a grupos de esta liga y dice que, en realidad, lo más difícil fue enseñarles a jugar, a pensar el deporte como táctica, porque no son hombres con formación en el fútbol desde chicos. Asegura que han evolucionaron tanto que podrían ser profesionales, aunque la edad promedio pise los 30 años. "La sexualidad de cada uno sólo importa en su intimidad, acá sólo cuenta el fútbol para mí", dice "el entrenador paki (hétero)", como le dicen sus jugadores.
Entre las piernas que se estiran y precalientan antes de ingresar hay un tatuaje en una pantorrilla musculosa y depilada: dos dogos enfrentándose. De remera negra y con la franja multicolor atravesándoles el pecho, Los Dogos salen a jugar en la cancha número dos. Es el primer equipo de fútbol gay del país, con más de 20 años de competencia, y juegan en varios torneos. Uno de ellos pide que no se mencione su nombre porque en el trabajo aún no pudo contar su identidad sexual. ¿Por qué hacer un torneo propio?, ¿por qué no intentar integrarse con equipos heterosexuales? "Porque acá somos pares, nos sentimos más cómodos, hablamos de otras cosas. Todos queremos que sea distinto, pero en los clubes profesionales nos siguen hostigando por ser gays".
Los Dogos empezaron a jugar mucho antes de que existiera este torneo. Nació poco después de que Daniel Passarella (entonces entrenador de la Selección) dijera que no aceptaría homosexuales en su equipo. Carlos Jáuregui, legendario activista LGBT del país, salió a contestarle que ya había jugadores en todas las categorías, aunque no lo dijeran y él no lo supiera. Dos años después, y por una convocatoria en una revista, nació la asociación Deportistas Argentinos Gays (DAG), que ya está disuelta pero quedaron Los Dogos, uno de los equipos fundantes, ganadores de campeonatos nacionales e internacionales.
Los primeros años de GAPEF fueron más inclusivos aún. Hubo varias chicas que jugaron en equipos mixtos y también participó Celeste, una chica trans. "El deporte diverso se está expandiendo a todas las disciplinas", dice Walter Brizuela, arquero del equipo Lobos. Todos los años participan del Torneo Nacional por la Inclusión, que se hace desde el 2015 y este año será en Córdoba con nuevas disciplinas: fútbol 5 y de 11, rugby, paddle, básquet, tenis, vóley y hockey. Hay mucha organización y poco apoyo de privados o gobiernos para armar estos encuentros donde participan mil personas en un fin de semana.
Debajo de la autopista el torneo de la categoría A tiene 11 fechas, más las 4 de playoffs. Facundo R. Soto es periodista y escritor. Uno de sus libros es Juego de chicos, inspirado en sus partidos en GAPEF. "Hay una realidad: no somos iguales. Los gays cargamos con años de discriminación encima y acá encontramos un lugar de pertenencia. Estamos juntos, estamos en manada y nos sentimos más fuertes. Nos une el fútbol, pero también nuestra sexualidad", dice.
Habla con un compañero y se escucha un "hola, amiga", es otro jugador que llega, con botines, medias altas y el traje de futbolista. Como dice Soto, hay lugar para todos en GAPEF, desde estéticas rosas hasta los osos de barba. Nadie habla de otra cosa que no sea fútbol, la concentración por la competencia gana los espacios de la previa de cada partido. La liga es competitiva y eso se respira en el ambiente.

Clarín - Aplicaciones feministas


23 de marzo de 2018

Entre dos ríos - abril - Rosa Iceberg


Escuela Eter: Seminario Comunicación y prensa digital - Mayo 2018


Más info acá: http://eter.com.ar/Curso/17031/Comunicacion-y-Prensa

UNO.com.ar - Todo lo que tenés que saber sobre la VASECTOMÍA ✂ 💦

¿Qué es la vasectomía?
El Ministerio de Salud de la Nación lo define como un método anticonceptivo permanente para los varones que no quieran tener hijos o que toman la decisión de no tener más. Ojo: no protege contra las enfermedades de transmisión sexual.
¿Cómo se hace la vasectomía?
Es una cirugía simple donde se ligan o cortan los conductos que transportan los espermatozoides. Se puede hacer con anestesia local y sin internación. Es ambulatoria y a las pocas horas te dan el alta. Hay dos formas de hacerla: mediante dos pequeños cortes en la ingle o con una técnica sin bisturí.
Según la OMS, no hay ninguna condición médica que restrinja la posibilidad de elección de la vasectomía como método anticonceptivo.
¿Quién se la puede realizar y dónde?
Cualquier varón mayor de 18 años, según la Ley Nacional 26.130 de Anticoncepción Quirúrgica que fue sancionada en agosto de 2006.
Se necesita consentimiento de la persona y, aclara en su segundo artículo, que no se necesita consentimiento del cónyuge o conviviente ni autorización judicial, tanto para la ligadura de trompas de Falopio como para la vasectomía. Es una decisión personal del adulto.
Además, la ley obliga a todos los establecimientos de salud públicos o privados a realizarla gratis.
¿Se ve afectada la vida sexual?
No, una vez realizada la vasectomía el semen conserva su aspecto habitual pero no contiene espermatozoides.
La vasectomía no afecta los testículos, ni la producción de hormonas, por lo que tampoco afecta la capacidad de erección, ni interfiere en las relaciones sexuales ni en su goce.
¿Es efectivo?
Sí, rara vez falla la vasectomía, aunque tarda alrededor de tres meses o 20 eyaculaciones en ser efectiva, lo que suceda primero.
¿Es revertible?
Puede llegar a ser revertida pero después de una cirugía compleja y que no tiene tantas posibilidades de salir bien. De todas formas se puede realizar fertilización asistida en el caso de hombres que quieran revertir la medida.
¿Cuántos varones se hacen la vasectomía en relación con la ligadura de las mujeres?
Pocos. Según los datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación a los accedimos durante 2015 hubo 56 varones y durante 2016 hubo 97, aunque de varias provincias no hay datos registrados.
Los números de vasectomías comparados a ligaduras de trompas:
📅 2015:
Vasectomías 56
Ligaduras: 14.183
📆 2016:
Vasectomías 97
Ligaduras: 12.976
En primera persona
En internet se pueden leer opiniones y testimonios de varios hombres a favor y en contra.
Del muro de la escritora feminista Selva Almada surgió una primera experiencia de Javier Chiabrando, quien en privado, nos contó su experiencia: “Me hice la vasectomía en el 2007, a los 46 años, dos años después del nacimiento de mi segundo hijo. Primero decidimos que mi mujer se ligue las trompas pero como ella tuvo dos cesáreas y el postoperatorio hubiera sido largo decidimos que me operara yo. Entré a las 7 de la mañana a una clínica de Mar del Plata y salí a las 11, con dos cortes a los costados de los testículos. En lo estrictamente sexual es como si te sacaras una mochila de encima, porque a cierta edad que caiga un embarazo no deseado me da terror”.
En Twitter, Andrés tuiteó un hilo con su experiencia. Quiso hacerse una vasectomía porque había tomado la decisión de que su pareja no sufriera la carga hormonal de tomar pastillas.
“Entonces pedí una cita con el urólogo en un sanatorio privado. Me dijo que era un tipo joven y que a esta edad iba a querer coger sin parar pero que después iba a sentar cabeza, tener una familia y ahí me iba a arrepentir. Me dijo que a él le pasó y que ahora tiene dos hijos. Sacó las fotos de su billetera y me dijo ‘que se cuide ella, que es la que debe tener un embarazo’. No me hice el procedimiento y lamento que no me haya tocado un profesional más empático”.
Link: https://w.uno.com.ar/sexo/todo-lo-que-tenes-que-saber-sobre-la-vasectomia--03222018_SkZfS7qb9M

Rolling Stone - Febrero 2018


Rolling Stone - Febrero 2018


12 de marzo de 2018

LatFem: #8M histórico: la marea verde contra el ajuste, por el aborto


“Somos tantas, miles, ¿cuántas seremos en todo el país? ¿cuántas tras las fronteras, en el mundo?”, decía Liliana Daunes ni bien agarraba el micrófono, y la marea verde respondía con gritos, sonidos de tribus y cantos estrellas de la tarde. El #8M fue histórico, por lo masivo, la cantidad de jóvenxs, pero sobre todo por su carácter político y sindical. Las cúpulas obreras descubrieron al feminismo, que no puede ser tal sin el campo popular. Un día antes los sindicatos llamaron a una conferencia de prensa con un hit bien aprendido “La cumbia de la unidad, la bailan las trabajadoras/ la derecha no la baila, porque es una explotadora”. Frente a las cámaras las referentes de la CGT, las dos CTA, CTEP, la Corriente Federal, CCC, Barrios de Pie y el Frente por Milagro Sala, lograron unir en una convocatoria y en una marcha lo que ningún hombre pudo en varios años. Y ayer, ante más de medio millón de mujeres, lesbianas, trans y travestis, el documento que se leyó fue interrumpido en varias ocasiones con un reclamo que parece interno, que parece directo a las cúpulas masculinas: ¡paro general! ¡paro general!

A las 15 el centro de Buenos Aires ya estaba tomado por chicas, señoras, adolescentes, treintañeras, todas las edades, todos los colores, todas con los pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. A las 16 ya casi no se podía circular entre el Congreso y la Plaza de Mayo, todo estaba ocupado por columnas y más columnas. A las 17 las diagonales Sur y Norte rebalsaban de gente para entrar en Avenida de Mayo pero no había fluidez. Sin nada más que hacer, se hacía fiesta, cantos desde megáfonos que se iban repitiendo como ecos; porque lo que las pibas tomaron también ayer fue la palabra. La bandera de arrastre quedó perdida a la mitad de recorrido, nunca llegó hasta la plaza del Congreso. La marea humana no avanzaba, no había lugar, todo era mujeres, lesbianas, travestis y trans. Y también varones, que al parecer no pudieron correrse del foco de atención ni un día.

Si en las anteriores marchas los femicidios y las violencias fueron el reclamo principal, este #8M tuvo dos ejes centrales: contra los despidos y el ajuste del gobierno de Mauricio Macri, y por el aborto legal, seguro y gratuito. No fue un capricho ni una politización orquestada en alguna oficina, en las asambleas feministas que se dieron en el galpón de la mutual Sentimiento, al lado de las vías del tren Urquiza, las despedidas, las trabajadoras en conflicto, llegaban desesperadas a dar su testimonio. Las trabajadoras del Hospital Posadas, del INTI, del Ministerio de Hacienda, de la Casa del Moneda, de Pepsico, las tercerizadas de Latam, las docentes, las trabajadoras de la economía popular, todas afectadas por el ajuste salvaje que lleva adelante el gobierno, que precariza la vida de las mujeres. En las asambleas recibieron un abrazo feminista y un espacio de contención y se evidenciaron como la cara del ajuste. Ahí, en las asambleas -que fueron como movilizaciones en sí mismas por la cantidad de gente que hubo-, cuando se discutió quién iba a ir al escenario las manos alzadas en voto hacia ellas fue muy superior a la propuesta tradicional, la de representación de organizaciones. Hay una urgencia y tiene nombre.

Pero ayer en la calle, las cuadras y cuadras de mujeres le pusieron color a una lucha histórica: verde. Mostraron que la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es unánime en los feminismos organizados. También en los grupos estudiantiles de 15, 16, 17 años que llegaban por oleadas, donde la reivindicación por la Educación Sexual Integral va de la mano del derecho a la autonomía sobre nuestros cuerpos. Como contracara a esto también se notó la ausencia del pañuelo verde en las columnas del campo popular sobre 9 de Julio. En los bases, en los barrios, la discusión no parece estar saldada. La fuerza del pañuelazo el 19F, la presentación histórica por séptima vez del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo con 71 firmas evidencia un momento donde la sociedad está dispuesta a dar el debate, situación que no se le escapa al gobierno. Si fuera oportunismo del gobierno, el movimiento por el derecho al aborto lo va a aprovechar. Pero la sensación de que “es el momento” descansa en el acumulado del feminismo en su reclamo más permanente. Muy claro lo dijo Brenda Austin, una de las diputadas radicales firmantes del proyecto, “no es momento de creencias personales o religiosas, se debate la salud pública”. Y desde el escenario quedó firme: los feminismos sabemos muy bien que el terreno cultural ganado fue en base a la militancia de las mujeres y la presión de la Campaña Nacional por el Aborto Legal. Por eso, la marea feminista marchó hacia el Congreso, en el sentido contrario de lo habitual. Que sepan los legisladores que la presión del movimiento de mujeres no disminuirá.

Marea obrera
En la avenida 9 de julio concentró la columna sindical. Las trabajadoras unidas en un hecho histórico. Las mujeres lograron que las centrales obreras convoquen al paro y salieran a la calle. Eso se notó. Las banderas tuvieron un protagonismo que no se había visto en otras movilizaciones feministas. Es el correlato directo del escenario que planteó el 21F, donde sólo se usó la palabra “Paro” junto al Mujeres. El espacio político se fue ganando a fuerza de alianzas y asambleas feministas. Vanesa Siley, diputada nacional y Secretaria General de SITRAJU, contó que en el #8M del 2017 intentaron marchar todas juntas en unidad pero no lo lograron, entonces este año llegaron a las Asambleas Feministas con ese objetivo. “Queremos traducir esta unidad de acción en muchas más, no sólo para esta marcha”, dijo días atrás en la conferencia que dieron en el Monumento al Trabajo, porque cree que “está en manos de las mujeres salvar al movimiento obrero organizado, por la necesidad de reconstruir su legitimidad y por la transformación que el trabajo ha tenido en los últimos años, donde la principal afectada es la mujer”.

En la calle, la 9 de Julio era una postal de las viejas huelgas general que ya no se hacen. Mamás adolescentes, abuelas jóvenes, bebés en brazos, banderas, resistencia y el dolor certero de que somos las mujeres las que sufrimos el ajuste en la medida más poderosa, doblegándonos a la informalidad y la flexibilidad laboral, al doble de trabajo sin ser remunerado. Al final de la noche, el documento fue leído y retumbaba por los parlantes de la plaza de los dos Congresos. Ahí se enumeraron los reclamos, que exigen mayor representatividad de la mujer en las cúpulas sindicales y paridad en la representación gremial, el rechazo de plano las reformas laborales de cualquier tipo impulsadas por el gobierno de Macri, la derogación de la reforma previsional que afecta principalmente a las amas de casa y trabajadoras domésticas informales.

Cobertura
Frente al escenario, Liliana Daunes leyó el documento -que se acordó durante dos meses de asambleas semanales- junto a Nora Cortiñas y Lita Boitano, Madres de Plaza de Mayo, y la histórica militante lesbo-feminista Ilse Fuskova. Frente a ellas un centenar de cámaras las enfocaban y transmitían en vivo para todos los canales de televisión, arriba los drones se movían como moscardones y filmaban la multitud de pañuelos verdes.

A un año de un represión y persecución, cacería de feministas post marcha #8M, esta vez el contexto social y la abrumadora masividad no dio espacio para la provocación institucional. El ánimo de la calle era otro. Se escuchó el hit del verano que tiene como protagonista al presidente y que salió, como él, de la cancha del club Boca Juniors, con mini pogos frente al escenario. Allí Daunes pidió una renovación en los cantos, para que el cancionero no ofenda a nuestras compañeras, que no son las madres del presidente. Y luego de la desconcentración, al llegar a la luz de la tv, todos los canales seguían pasando las imágenes de la marcha, debatiendo el feminismo en la mesa familiar.

Las imágenes se replican por el mundo: España y Uruguay con manifestaciones multitudinarias, lo mismo Francia, Estados Unidos. En Brasil las mujeres tomaron la redacción del diario “O globo”. La insurrección llegó al mundo.

Un tramo de la discusión ya fue ganada: salir a la calle produce resultados, ahora es tiempo de que el Congreso le dé al movimiento feminista el saldo legislativo que necesita para fortalecerse. Necesitamos una ley de interrupción voluntaria del embarazo, la fabricación pública de Misoprostol y Mifepristona y que la ANMAT los reconozca como medicamentos obstétricos y ginecológicos. Las mujeres somos las sujetas políticas que han rechazado durante años. La calle parece decir “¿Así que me subestimaste? Mirá lo que puedo hacer”. El que no escucha es necio, varón y patriarcal.

Link: http://latfem.org/8m-historico/

Rolling Stone: Por qué paramos: seis voces acerca del #8M

Por qué paramos: seis voces acerca del #8M

Marina Glezer, Marilina Bertoldi, Naomi Preizler y otras artistas explican por qué el Día Internacional de la Mujer volvió a ser una jornada de lucha

La Agenda: Ni repollos ni cigüeñas

por ROMINA ZANELLATO
Entrás al feminismo argentino cuando el pañuelo verde cuelga de tu cuello por primera vez y estás sobre Avenida de Mayo, rodeada de otras mujeres con pancartas, con sus cuerpos semi desnudos, que hablan, piden, reclaman lo mismo que vos y lo que todavía no se te ocurrió. Todxs aquellxs que militamos los feminismos tenemos esa insignia de la lucha organizada que nació en un Encuentro Federal de Mujeres, en la edición XIX en Mendoza en 2004. El mío me lo regaló una compañera en la primera marcha del #8M convocada por Ni Una Menos y desde ese día lo llevo anudado en la mochila, como disparador del debate callejero, como elemento empatizador con desconocidxs.
Cerca del vino y las montañas, al grito indio de las mujeres, lesbianas, trans y travestis feministas se creó ese pañuelo que une a todxs en un reclamo que cruzó la barrera de los años: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Ahí se decidió crear la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Al año siguiente más de 70 organizaciones feministas la formalizaron y presentaron el primer proyecto en 2007; luego lo hicieron seis veces más. Ese mismo proyecto se discutió en comisiones en dos oportunidades y ahora, sí, al fin, parece que llegará al recinto del Congreso de la Nación.
¿Qué pasó desde el 2004 hasta hoy? La organización. Hubo 13 encuentros y hubo el Ni Una Menos en la calle; el primer Paro de Mujeres; un movimiento multitudinario conformándose como sujeto político. Primero fue un reclamo primitivo: basta de femicidios, basta de matarnos. Ahora es: somos dueñas de nuestros cuerpos, maternamos por elección.
Así, en febrero de 2018, en el predio lindante a las vías del tren Urquiza, en la estación Federico Lacroze, todos los viernes la Asamblea Feminista que organiza el Paro de Mujeres del #8M discute y celebra el momento histórico de la lucha. Nunca hubo tanta participación. Nunca pasó lo que el 19 de febrero pasado, cuando miles de cuerpos con la insignia verde se acercaron al Congreso convocados por la Campaña.
Frente al ojo todopoderoso de las redes sociales, el hashtag #AbortoLegalYa llegó a ser trending topic con 78.000 tuits en pocas horas. La televisión no esperó para apoderarse del asunto, como si no hubiera historia detrás, como si no hubiera un movimiento de lucha. Así, pudimos ver el clásico modus operandi del patriarcado (o de los medios hegemónicos, o de la derecha, o acaso no es todo lo mismo): el borramiento total de la organización, de la historia. Aislaron el reclamo y le dieron un nuevo nacimiento, más marketinero, despojado de la política de la calle, la marcha, los gritos. No hablo de Jorge Rial en Intrusos, que convocó a una buena selección de feministas, humoristas y periodistas, muchas de ellas voces de ingreso al movimiento para adolescentes y jóvenes militantes, sino de los debates nocturnos, en las mesas redondas o rectangulares de la tevé, donde seis, siete sesudos varones hablan del derecho a la vida de un embrión y no de la vida de la mujer. Varones que desconocen los datos y las legislaciones, que omiten el pañuelo de nuestra historia. Es ahí donde el famoso patriarcado rechaza a las mujeres militantes, lucha contra la organización, en esos espacios que no cede y usa para negar y distorsionar.
Aquellas que entramos de a poco al movimiento, que no fundamos nada, recordamos algunas fechas como un tesoro emancipador. El 8 de marzo de 2017 fue una tarde despejada y calurosa en Buenos Aires. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito iba adelante en una marcha que precedió al primer paro de mujeres. Ese día, a fuerza de instalar el tema en el almuerzo y de pegar un aviso en la pared, logré que mis compañeras de oficina se retiraran del trabajo a las 14. Fui al centro con esa victoria en el corazón. Salí del subte y escuché todos esos cantos, los abrazos, las tetas, las banderas, las agrupaciones, las adolescentes, lxs hijxs, las putas, las abuelas y ahí, delante de todo, la Campaña. Nunca había visto una marea verde así, la marea feminista, tan grande y feliz. Estar vivas, ser sujeto de derecho, ejercer la política, gozar por convicción, moverse por la otra, para la otra, hacer historia juntas.
Catalina ClueEl emblemático pañuelo verde está por cumplir 14 años
Ni bien amaneció este viernes con las tapas de Clarín y La Nación del título “El gobierno da vía libre para la discusión del aborto en el Congreso”, los grupos religiosos y más conservadores del país comenzaron a bombardear a mails las casillas de lxs diputadxs: la presión subterránea e invisible de estos grupos corporativos. Ellxs no sienten nada de eso que sentimos las miles de mujeres en la calle. Por ahora desconocen el consenso de 500 mujeres en un galpón al lado de las vías; no ven el Paro de Mujeres, niegan las 70 mil que se movilizaron hasta Chaco en el último Encuentro Nacional de Mujeres, el que llegó a su edición 32°. Subestiman el poder político de las 500.000 que salieron a la calle en cada Ni Una Menos.
Ese día, en la Estación Lacroze, la cuarta asamblea definió que el próximo jueves, el 8 de marzo, la movilización irá desde Plaza de Mayo al Congreso a las 17.30 y que una de las tres consignas será “por el aborto legal, seguro y gratuito”. Conformadas en comisiones, algunas estaban allá concretando esto mientras otras estaban en la ronda más grande discutiendo el documento que se leerá en el escenario; otras pensaban en la seguridad y acá, en la más fluida, se pensó la comunicación del Paro de Mujeres. Participar en las asambleas feministas es adentrarse a un mundo de pasiones desconocidas para quien solo lo lee por redes sociales. Ahí se disputa el cuerpo: las gordas, las putas, las abolicionistas, las biologicistas, las lesbianas, las trans, las obreras, las despedidas, las políticas, todas. Todo el año nos preparamos para dar ese cara a cara feminista, para ganar una posición. Es una lucha cuerpo a cuerpo. Es la construcción política a la luz de la tarde, como ya no se ve en ningún lado. Todos los sectores unidos, todas declamando a los gritos bajo una luz de celular. Sin embargo, esos cuerpos llegan todos a un acuerdo. La grieta desaparece en un solo reclamo: el aborto tiene que ser legal ya para todos los cuerpos gestantes. “Siiiii, yo no soy mujer, aborto legal ya para todos los cuerpos gestantes”, grita desaforadx una persona desde el fondo de la rueda.
No nació de un repollo televisivo, ni es discutible desde cuándo tiene entidad. El aborto es legal en Argentina desde 1921 para algunas causales como violación. Sin embargo, no se garantiza ese derecho y tanto los médicos como el sistema judicial persiguen a quienes quieren ejercerlo. Después de la conformación de la Campaña con miembras de distintas organizaciones feministas, en 2007 se presentó el primer proyecto de ley para legalizar el libre derecho al aborto. La última vez fue en el 2016, por séptima vez, donde se aplicaron algunos cambios al proyecto: dice personas con capacidad de gestar; se sacó el artículo de objeción de conciencia porque se considera que un médicx del sistema público debe garantizar la práctica o no debe trabajar en él; y, de acuerdo a legislación comparada con otros países, se amplió el plazo hasta la semana 14 para realizar la interrupción voluntaria del embarazo.
Tu opinión no es un argumento, dicen los científicos. Así que hablemos de datos: hay gente que discute que el embrión es una persona y que tiene derecho a la vida, aunque la legislación internacional diga lo contrario. El Ministerio de Salud de la Nación en 2015 presentó el Protocolo ILE para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo donde dice que ese año “en la Argentina se realizan entre 370 y 522 mil interrupciones de embarazos”. Ahí mismo dice que en 2013, el 50% de las muertes por “embarazo terminado en aborto” fueron mujeres de 15 a 29 años. Es decir, atenti: las mujeres abortamos dentro o fuera de la ley. Las mujeres morimos por hacerlo en la clandestinidad.
Al mismo tiempo la red feminista de socorristas creció em todas las provincias. ¿Qué son las socorristas? Voluntarias que te ayudan y te acompañan a abortar con Misoprostol, un remedio que se vende en farmacias y que tiene un impacto mucho menos traumático en el cuerpo de la mujer que otros métodos. Es momento de hablar: ¿cuántas mujeres conocés que hayan abortado con Misoprostol? Muchas, sin lugar a duda, aunque no se diga, aunque se calle.
La legislación avanzó; la organización feminista y la presión de las jóvenes también. No se puede anular una realidad: las mujeres abortamos. No se puede abandonar la salud pública: no se puede suspender los planes de Educación Sexual Integral (ESI), no se puede discontinuar el trabajo de salud pública sexual y reproductiva. El Estado no puede negar derechos, el Estado no puede permitir que se mueran mujeres, el Estado no puede callar a una población.
Si el debate del aborto llega al Congreso el 8 de marzo, día del Paro de Mujeres, día de confluencia de todos los feminismos, donde las grietas se anudan con un lienzo verde, donde miles de mujeres abrazarán un reclamo histórico, ese día lxs diputadxs deberán dejar de lado sus creencias personales para oír el reclamo de un sector de la población al cual se le negó un derecho. Deberán oír el grito de años de historia, de lucha, de calle feminista. Si no están a la altura de la historia con su voto, seremos nosotras -una vez más, las mujeres- quienes la hagamos. No hay secretos: hay lucha y organización. Hay un movimiento.

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