Matate, amor y Presente: la maternidad al teatro
Dos obras teatrales basadas en libros de autoras argentinas jóvenes abordan la maternidad como experiencia salvaje: Matate, amor, con la genial Érica Rivas dirigida por Marilú Marini, y Presente, encarnada por Laura Paredes y dirigida por Bárbara Molinari.
"A una mujer/ si alguna vez se hace madre, /o no/ en las puntas de los dedos/ tienen que crecerle garras.” Laura Paredes canta el poema de Marina Yuszczuk frente a un pequeño público en un escenario despojado donde interpreta Presente, la adaptación de Bárbara Molinari basada en el libro Madre soltera. Una mujer con un vestido camisero verde seco, lista para enfrentar el encierro de la maternidad, con las mamas como alimento y el sexo inquieto, deseante. Laura Paredes encarna a una actriz en la soledad del aislamiento emocional que implica tener un bebé. No está loca, aunque por momentos lo parezca, aunque el estado animal que la posee la sorprenda a ella misma y al público, que se ríe nervioso por lo bajo. Desde afuera de la ventana, la luz de la luna la convierte en una loba que amamanta y se mira al espejo, desconociéndose y reconociéndose en simultáneo.
En otro teatro de la ciudad, Érica Rivas está de pie en un escenario más amplio: tiene el pelo batido y lleva un vestido plateado de fiesta. Está retorcida, su cuerpo se desplaza por un bosque iluminado y gira el pecho para hacerle la mirada del ciervo al público. Una ceja bien arriba y la otra abajo, la mandíbula un poco sacada. Desde la tribuna se ríen a carcajadas con la imitación. El ciervo de mirada amarilla y cuernos como garfios enamora a esa mujer extranjera que está atrapada en una vida familiar de marido y bebé en lo profundo de la naturaleza. El ciervo se le aparece cuando su instinto se descontrola. Cuando se transforma y hay en ella un hambre voraz. ¿Está loca? Matate, amor es la obra teatral basada en la potente novela de Ariana Harwicz con dirección de Marilú Marini y adaptación dramatúrgica de ellas dos junto a la protagonista.
“Más allá del tema, lo que me interesó fue el estilo de Ariana. Sí, me motiva la maternidad poco edulcorada, lo eterno y abismal del amor, pero sobre todo me moviliza su estilo.” (Érica Rivas)
¿Qué transformaciones implica “ser madre”? Parece que es el tema del que siempre se estuvo hablando en el fondo de la conversación social y que la nueva ola de feminismo trajo otra vez a escena con todas sus aristas y pliegues ocultos, dentro del entramado mayor que implica “ser mujer”. Estas obras presentan maternidades en tensión con la felicidad, con los mandatos y la realización femenina. Son obras animales. La experiencia de estas mujeres es extrema. La voz poética en los textos, tanto en Matate, amor (editada primero por Paradiso y ahora en Mardulce) como en Madre soltera (Mansalva), moviliza los espacios preconcebidos para las madres: son mujeres que disfrutan y sufren, se cuestionan ese nuevo rol.
El aislamiento, el desconcierto, el amor y la soledad que experimenta cada madre en el puerperio toma la forma de un monólogo. Es la presencia de los otros (sin cuerpo, narrada por ellas mismas, o por una voz) y es también un espacio casi vacío la decisión de una puesta en escena despojada en ambas obras aumenta la tensión del texto e impulsa las brillantes actuaciones de Érica Rivas y Laura Paredes.
“Leí el libro estando embarazada, lo leí compulsivamente”, dice Bárbara Molinari, directora de Presente. “Alguien puso en palabras algo que era muy nebuloso, que me era muy difícil escribir, nombrar, algo de ese estado de crudeza y amor. Pasaron unos meses del nacimiento de mi hija y me vino la idea de hacerlo obra. Empecé a escuchar en esa voz un monólogo, lo que en general no decimos las madres. Laura Paredes había sido mamá hacía muy poco, su bebé tenía meses cuando empezamos a ensayar. En la primera lectura no podía parar de llorar”, cuenta sobre el proceso creativo.
Presente
El pasaje del libro Madre soltera a la obra Presente hizo particular hincapié en la apropiación del texto, del yo poeta al yo actriz, porque la adaptación fue casi nula, el texto es muy fiel al original. Algunos poemas son interpretados como canciones, pero en general respetan el humor y la ironía que les impuso Marina Yuszczuk. La poeta y editora fue a los ensayos y a varias funciones, trabajó con ellas en el tono que hace de la obra algo visceral, ese matiz por el cual la protagonista vive un momento intenso, casi animal, pero sin volverse literalmente loca. “Teníamos que tener ese cuidado y creo que lo logramos. Toda la obra pasa por el cuerpo de Laura”, dice la directora.
En cambio, en Matate, amor, la novela es el devenir caótico y embriagante de una mujer hacia la locura. La angustia que implica no ser la que solía ser, la propia del mundo marital, la presencia del animal que se apodera de ella, que la desespera y la llena de sed sexual voraz, desenfrenada, la llevan irremediablemente a un estado fuera de sí.
La adaptación del texto tuvo varias etapas y sigue en movimiento continuo. Érica Rivas dice que incluso con la obra estrenada siguen cambiando cosas con Marilú Marini. Al principio fue Ariana Harwicz la que hizo una selección del texto para la obra, una columna vertebral que luego la actriz y directora redujeron, comprimieron: hicieron cortes bonsái para pulir y dejar lo que fuera más al hueso de la acción. “Intentamos no transgredir la poética de Ariana”, dice Érica, que es fanática de su escritura. La escenografía de bosque y la proyección digital sobre el fondo del escenario enrarecen aún más su actuación. Es Érica la que se narra a sí misma lo que le sucedió, se lo cuenta al público y tiene la ayuda de los técnicos que le habilitan sonidos y música. Es la narradora y es la protagonista. Se mueve de un rol a otro y la gente se ríe a carcajadas, se ríe tensa, calla, llora… “El texto es tan mordaz y ácido que en el momento en que te reís te da un sablazo”, dice la actriz, declarándose enamorada de la novela original “tan grande y tan viva”. Hay algo del estilo narrativo, donde centrifuga la historia hacia lo profundo de lo turbio, que atrapa y también expulsa por igual. “Más allá del tema, lo que me interesó fue el estilo de Ariana. Sí, me motiva la maternidad poco edulcorada, lo eterno y abismal del amor, pero sobre todo me moviliza su estilo”.
Esto, como todas las notas de #Apuntes, es una columna de opinión. Es decir, esto es lo que yo, Romina Zanellato, pienso sobre lo que está pasando con las denuncias y los escraches en el rock. ¿Y quién soy yo? Soy mujer, soy periodista, soy militante feminista, escucho rock.
Una mujer se grabó mirando a la cámara y contó que José Miguel del Pópolo, el cantante de La Ola Que Quería Ser Chau, la violó. La contactaron dos mujeres más a partir de ese testimonio que rápidamente se replicó por las redes sociales. Eso culminó en una denuncia y que él esté procesado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal reiterado en tres oportunidades. Cuando pasó esto, el cantante de El Otro Yo, Cristian Aldana, salió públicamente a defender a Del Pópolo y muchas mujeres le respondieron en su publicación de Facebook lo que él había hecho a lo largo de los años. Eso que se sabía y nadie decía. Cientos de mensajes. Quiso cerrar sus cuentas, borrar todo. Ya era tarde. Esas mujeres contaron sus experiencias y las subieron al blog Ya No Nos Callamos Más, se juntaron y lo denunciaron. También filmaron sus testimonios. Aldana está detenido con prisión preventiva y procesado por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete oportunidades. Su juicio empezará el 22 de mayo.
Esto cambió el rock argentino para siempre. Y lo que pasó a partir de ahí es una discusión y una relectura de la vida de cada quien, en conjunto y personal. Pocas veces en la historia la revisión es así, tan abarcativa. Los últimos cinco años cambiaron la escena local gracias a la nueva ola del feminismo. Lo que está permitido en la sociedad responde a nuevos patrones, a los anteojos violetas, a la decontrucción de muchos. Están los que ahora ven a través de estos anteojos y repiensan en clave feminista su vida pasada, presente y futura, y están los que niegan todo, los que siguen viviendo en machitolandia. Aquellxs que siguen culpando a las minas de tener la pollera muy corta o de haber tomado de más en una noche de rock o aquellxs que siguen creyendo que porque una piba tomó de más la pueden violar sin que haya consecuencias.
Mientras todo esto va pasando, las pibas se juntaron. Ya lo dijimos, cuando muchas mujeres hablan de aquello que callaron durante años, el patriarcado se quiebra, hay una victoria en eso, está más cerca la gran caída. Sin embargo, ¿el feminismo es un dogma? No, el feminismo es una postura política que pretende igualdad de derechos entre el hombre, la mujer y las identidades disidentes. Persigue la justicia social. No es un tribunal en sí mismo. ¿Y quiénes son el feminismo? En principio es un plural, en segundo término, hay tantos como agrupaciones, como personas, como momentos de la vida de cada unx. Nadie y todxs lo somos.
Las denuncias anónimas se extienden por internet. Tal es un violador, tal me abusó, tal es un violento. Y corre también la postura de siempre con las pibas, siempre creerle a la víctima, nunca cuestionarla, siempre activar el linchamiento público automático. ¿Eso es el feminismo? La idea de no cuestionar, no preguntar y de perseguir la justicia por mano propia parece retrógrado. Dejame cuestionarlo. No es que creo que no haya que contarlo, sino que creo que el mecanismo ya debe reverse. Aún cuando parece que todos los tipos son o fueron abusadores, aun cuando todas las mujeres fuimos violentadas.
Sé que está mal visto decir esto. Y entiendo también que, de una denuncia en particular, anónima, en un blog o en Twitter o en un posteo de Facebook, se unen más y más testimonios que arman un patrón de conducta de un hombre. Eso, a las mujeres, nos puede servir como una alerta. En ese mundo del éter, también, se encuentran en esos relatos que hubo delito, y que hay persecución penal posible. Pero eso es en las mínimas.
Sin embargo, también hay un riesgo enorme de que se use este método para denigrar a una persona, para cagarle la vida a alguien. ¿Por qué no se puede decir esto? ¿Por qué no se puede preguntar, cuestionar sobre una denuncia anónima? Si eso no significa que yo no le crea a una víctima, simplemente necesito más información. Y sí, la justicia es patriarcal, pero dentro de la justicia también están los organismos que acompañan a las víctimas. Entonces, ¿por qué no se puede cuestionar el método? Existe el riesgo de la noticia falsa y existe la posibilidad de que se apropien del escrache feminista en la persecución de otros objetivos.
Como medio nos discutimos esto. ¿Tenemos que levantar como verdad cada denuncia anónima que encontramos o esperamos a que de eso haya más testimonios, a encontrar personas de carne y hueso a quienes hacer unas preguntas, o esperamos a que haya una denuncia penal?
La semana pasada, a raíz de una de las denuncias publicadas en Ya no nos callamos más me reuní con un grupo de chicas que sufrieron violencia física y sexual por parte de un músico. Sí, se unieron a raíz de la publicación de una de ellas y juntas pudieron tejer una historia que las unía, como una continuidad. Eso fue muy sanador para ellas. Y creo que es eso lo que debemos perseguir: una sororidad real. También un procedimiento con las garantías debidas. Porque somos garantistas, estamos en contra de la pena de muerte, todos somos inocentes hasta que se compruebe el delito, un acusado tiene el derecho a defenderse. ¿O no? ¿O buscamos el punitivismo? Existe el riesgo de la venganza, y me surge esta pregunta, a la cual no sé la respuesta pero hay que hacerla: ¿el escrache otorga una sanación real a la víctima o la expone?
Necesitaba hablar de esto y me junté con Ileana Arduino, abogada feminista. Ella me dice que el escrache no emancipa, no construye nada. Y que el método tal vez pueda ser otro para lograr esto que buscamos, la justicia. “¿Es el escrache la única posibilidad de correrse del lugar de víctima en el que nos coloca la toma de conciencia sobre violencias? Se estandarizan muchas violencias bajo la idea del delito de abuso o violación, igualándolas”, me dijo. Ile es integrante de Inecip (Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales) y maestra de la Beca Cosecha Roja.
Hay un riesgo, y son las causas por injurias. Ahora los hombres están ganando muchos de estos juicios porque las “denuncias” públicas confunden ciertos términos, acusan sin haber denunciado en la justicia, y algunas acusaciones se publican sin poder soportar una instancia judicial. “Una cosa es denunciar a un tipo que te caga a trompadas y otra cosa es plantear situaciones abusivas que no son delito. ¿Qué es delito? Que se ponga denso es abusivo pero no es delito. Una violación es un delito, que te amenacen con publicar fotos tuyas íntimas es delito, que las publiquen también, que te peguen es delito, un pibe que tiene problemas emocionales para sostener una relación sana y adulta, emocionalmente desatento, puede ser vivido como una agresión, pero no es delito. En redes uno puede decir cualquier cosa, uno puede relatar una relación abusiva, pero ¿qué se construye con eso? ¿qué se persigue? ¿nos coloca en mejor posición para sustraernos de esas violencias o nos pone a merced del cambio que depende de los otros?”, pregunta Ile.
Esto es lo que pienso y lo que me pregunto yo también. No tengo grandes certezas o la bola de cristal o una solución. Pero siento una disconformidad y tengo el lugar para expresarlo. No sé qué es lo que hay que hacer. Por un lado es un mecanismo útil para unirse, ir a la justicia y encauzar una situación de violencia por esos carriles, por el otro hay una gran confusión y todo parece estar en la misma balanza de la violación.
Marina Mariasch, escritora y académica feminista escribió en Anfibia: “Conductas hasta hace poco naturalizadas ya no se soportan más. Estamos hartas. Un efecto dominó combinado con un efecto mariposa: mujeres famosas y anónimas que a través de la red -las redes sociales, las redes de mujeres- se animan a hablar, animan a otras, y con ese movimiento provocan un huracán. Es el fin del mundo tal como lo conocíamos”. Sí, todo cambió, ¿pero cuánto de la persecución retrospectiva puesta en público vale la pena hacer? Es ella la que me contesta: “Está claro que no buscamos la solución punitivista, buscamos un cambio cultural radical a través de la educación. Y está claro, también, que un feminismo que lucha por la libertad sexual y de los cuerpos no va de la mano con la censura”.
Es decir, sí, ya no nos callamos más, sin ningún tipo de duda. Ya no nos callamos más. ¡Y qué valor tiene y tuvo ese espacio, ese blog en esta historia! A Ariell Carolina, que lo coordinó durante años y a la actual administración anónima, ese espacio debe reconocerse como de vital importancia. Pero espero que llegue el momento donde haya quedado atrás, donde podamos hablar de una manera donde la mujer esté más protegida. Esa red de mujeres que sostiene Marina es una red real. Hay que hablar, hay que alertarnos, hay que hacerlo en persona, mujer con mujer, hablar con las ex novias, hablar con las amantes, hablar con las amigas. Juntarse, organizarse, denunciar. Sin miedo, con responsabilidad. Es nuestro tiempo.
Como una fiebre que viene directo desde el cambio de milenio pero con altísimos niveles de excentricidad, el K-Pop fue ganando fanáticos en Asia, Europa y América, hasta llegar a Argentina. La escena en el país es tan grande que se hace un concurso anual de bandas homenaje y ahora, el 20 de abril, se presenta por segunda vez (y ya está casi agotado) en el Luna Park una de las bandas pioneras del género de pop surcoreano, Super Junior. De traje, moñito y zapatillas, este grupo de ¡doce! chicos hace arriba del escenario lo que parece no fallar jamás: baila y canta con simetría oriental, sonido pop y un look casi flogger de principios de siglo.
Si las canciones de K-Pop estuvieran cantadas en inglés serían exactamente iguales a los hits de la radio. Lo que le da ese plus de identidad son las coreografías -algunas son fáciles de aprender- y los videos son grandes producciones de estética futurista. Si bien hay solistas, el verdadero yeite está en las boy-girlbands. Una mezcla de la mejor Britney Spears, en traje engomado rojo sobre escenografía lunar haciendo "Oops!... I Did it Again", con los Backstreet Boys disfrazados como piratas y en la coreografía imitadora de "Thriller" en "Everybody". En el K-Pop el video es tan importante como la música, y las millones de reproducciones en YouTube de bandas surcoreanas como BTS o Twice supera ampliamente a la que tienen estos superclásicos del pop.
La banda más popular es BTS. En septiembre pasado subieron a YouTube el video de la canción "DNA" que ya tiene 316 millones de visualizaciones. No son One Hit Wonder: tienen por lo menos seis videos con más de 200 millones de vistas. Estos siete chicos fueron formados por una gran empresa: Big Hit Entertainment. Cada banda es armada, entrenada y reclutada por corporaciones musicales coreanas y cada una le imprime un carácter a su artista, funcionan como un "sello de autor".
En junio de este año se hará la novena edición del Concurso KPOP Latinoamérica en el Konex. Desde 2010, un jurado que elige los mejores grupos o solista en la categoría baile y canto. El casting online para elegir a los participantes terminó el 8 de abril. En la última edición, la sala del Konex estuvo agotada y quedó gente afuera.
GUÍA BÁSICA DE K-POP EN 5 VIDEOS
Se puede seguir leyendo acá: http://www.rollingstone.com.ar/2126703-por-que-el-k-pop-llena-el-luna-park
Debajo de la autopista, un club de Boedo es la sede de la segunda fecha de un torneo de fútbol 5. Camisetas fucsias, negras, violetas, marrones, amarillas se mueven sobre el cemento. En las mesas que hay detrás de las redes que dividen las canchas, hay familias, chicos que corren, hombres que se preparan, chicas que estiran para entrar a jugar.
Hay que afinar la mirada para descubrir un brazalete con las tiras de colores o una camiseta de arquero con una franja de arco iris que representa a la comunidad LGTB. "Lo primero que tuvimos que derribar es el propio prejuicio de que el fútbol es algo solo de heterosexuales", dice Ariel Velázquez, presidente de Gays Apasionados Por El Fútbol (GAPEF), un torneo que tiene ocho años, 300 participantes y 20 equipos en dos categorías, A y B.
En el fútbol profesional persiste la discriminación. Si se corre el rumor de que un jugador profesional es gay, su carrera corre peligro. Ya pasó: hace pocos años la hinchada de Rosario Central desplegó una bandera donde le adjudicaba un romance a dos jugadores de Newell's. Recibieron tanto acoso y violencia por parte de los hinchas que ambos jugadores dejaron el club y sus carreras se perjudicaron.
Hoy no hay ningún jugador que haya hablado de su homosexualidad en ninguna liga profesional del mundo y eso se traduce en hinchadas con cánticos homofóbicos, y la exclusión de los jugadores gays de los clubes tradicionales. "En 2010, cuando empezamos con GAPEF, nos costó encontrar 9 personas para jugar a la pelota. Después se fueron sumando amigos de amigos y ahora somos una organización que, además de fútbol, tiene vóley y paddle", cuenta Velázquez.
En las canchas retumba el sonido de la pelota y las frenadas de los botines, la luz de la tarde se mete por los costados y de los cientos de autos que pasan por arriba no hay ni noticias, sí el estruendo grave de un gol de chilena que se grita con pasión. "Tengo muchos pibes gays pero también hay heterosexuales en el equipo, vienen por el fútbol, acá puede haber bronca durante el partido pero nunca sale de ahí, juegan limpio y en el barrio los chicos lo valoran". Andrés Venega es el DT de Leones, un equipo donde la mayoría son gays y hay dos parejas.
Hace seis años que entrena a grupos de esta liga y dice que, en realidad, lo más difícil fue enseñarles a jugar, a pensar el deporte como táctica, porque no son hombres con formación en el fútbol desde chicos. Asegura que han evolucionaron tanto que podrían ser profesionales, aunque la edad promedio pise los 30 años. "La sexualidad de cada uno sólo importa en su intimidad, acá sólo cuenta el fútbol para mí", dice "el entrenador paki (hétero)", como le dicen sus jugadores.
Entre las piernas que se estiran y precalientan antes de ingresar hay un tatuaje en una pantorrilla musculosa y depilada: dos dogos enfrentándose. De remera negra y con la franja multicolor atravesándoles el pecho, Los Dogos salen a jugar en la cancha número dos. Es el primer equipo de fútbol gay del país, con más de 20 años de competencia, y juegan en varios torneos. Uno de ellos pide que no se mencione su nombre porque en el trabajo aún no pudo contar su identidad sexual. ¿Por qué hacer un torneo propio?, ¿por qué no intentar integrarse con equipos heterosexuales? "Porque acá somos pares, nos sentimos más cómodos, hablamos de otras cosas. Todos queremos que sea distinto, pero en los clubes profesionales nos siguen hostigando por ser gays".
Los Dogos empezaron a jugar mucho antes de que existiera este torneo. Nació poco después de que Daniel Passarella (entonces entrenador de la Selección) dijera que no aceptaría homosexuales en su equipo. Carlos Jáuregui, legendario activista LGBT del país, salió a contestarle que ya había jugadores en todas las categorías, aunque no lo dijeran y él no lo supiera. Dos años después, y por una convocatoria en una revista, nació la asociación Deportistas Argentinos Gays (DAG), que ya está disuelta pero quedaron Los Dogos, uno de los equipos fundantes, ganadores de campeonatos nacionales e internacionales.
Los primeros años de GAPEF fueron más inclusivos aún. Hubo varias chicas que jugaron en equipos mixtos y también participó Celeste, una chica trans. "El deporte diverso se está expandiendo a todas las disciplinas", dice Walter Brizuela, arquero del equipo Lobos. Todos los años participan del Torneo Nacional por la Inclusión, que se hace desde el 2015 y este año será en Córdoba con nuevas disciplinas: fútbol 5 y de 11, rugby, paddle, básquet, tenis, vóley y hockey. Hay mucha organización y poco apoyo de privados o gobiernos para armar estos encuentros donde participan mil personas en un fin de semana.
Debajo de la autopista el torneo de la categoría A tiene 11 fechas, más las 4 de playoffs. Facundo R. Soto es periodista y escritor. Uno de sus libros es Juego de chicos, inspirado en sus partidos en GAPEF. "Hay una realidad: no somos iguales. Los gays cargamos con años de discriminación encima y acá encontramos un lugar de pertenencia. Estamos juntos, estamos en manada y nos sentimos más fuertes. Nos une el fútbol, pero también nuestra sexualidad", dice.
Habla con un compañero y se escucha un "hola, amiga", es otro jugador que llega, con botines, medias altas y el traje de futbolista. Como dice Soto, hay lugar para todos en GAPEF, desde estéticas rosas hasta los osos de barba. Nadie habla de otra cosa que no sea fútbol, la concentración por la competencia gana los espacios de la previa de cada partido. La liga es competitiva y eso se respira en el ambiente.
Es una cirugía simple donde se ligan o cortan los conductos que transportan los espermatozoides. Se puede hacer con anestesia local y sin internación. Es ambulatoria y a las pocas horas te dan el alta. Hay dos formas de hacerla: mediante dos pequeños cortes en la ingle o con una técnica sin bisturí.
Según la OMS, no hay ninguna condición médica que restrinja la posibilidad de elección de la vasectomía como método anticonceptivo.
Se necesita consentimiento de la persona y, aclara en su segundo artículo, que no se necesita consentimiento del cónyuge o conviviente ni autorización judicial, tanto para la ligadura de trompas de Falopio como para la vasectomía. Es una decisión personal del adulto.
Además, la ley obliga a todos los establecimientos de salud públicos o privados a realizarla gratis.
¿Se ve afectada la vida sexual?
No, una vez realizada la vasectomía el semen conserva su aspecto habitual pero no contiene espermatozoides.
La vasectomía no afecta los testículos, ni la producción de hormonas, por lo que tampoco afecta la capacidad de erección, ni interfiere en las relaciones sexuales ni en su goce.
¿Es efectivo?
Sí, rara vez falla la vasectomía, aunque tarda alrededor de tres meses o 20 eyaculaciones en ser efectiva, lo que suceda primero.
¿Es revertible?
Puede llegar a ser revertida pero después de una cirugía compleja y que no tiene tantas posibilidades de salir bien. De todas formas se puede realizar fertilización asistida en el caso de hombres que quieran revertir la medida.
¿Cuántos varones se hacen la vasectomía en relación con la ligadura de las mujeres?
Pocos. Según los datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación a los accedimos durante 2015 hubo 56 varones y durante 2016 hubo 97, aunque de varias provincias no hay datos registrados.
Los números de vasectomías comparados a ligaduras de trompas:
📅 2015:
Vasectomías 56
Ligaduras: 14.183
📆 2016:
Vasectomías 97
Ligaduras: 12.976
En primera persona
En internet se pueden leer opiniones y testimonios de varios hombres a favor y en contra.
Del muro de la escritora feminista Selva Almada surgió una primera experiencia de Javier Chiabrando, quien en privado, nos contó su experiencia: “Me hice la vasectomía en el 2007, a los 46 años, dos años después del nacimiento de mi segundo hijo. Primero decidimos que mi mujer se ligue las trompas pero como ella tuvo dos cesáreas y el postoperatorio hubiera sido largo decidimos que me operara yo. Entré a las 7 de la mañana a una clínica de Mar del Plata y salí a las 11, con dos cortes a los costados de los testículos. En lo estrictamente sexual es como si te sacaras una mochila de encima, porque a cierta edad que caiga un embarazo no deseado me da terror”.
En Twitter, Andrés tuiteó un hilo con su experiencia. Quiso hacerse una vasectomía porque había tomado la decisión de que su pareja no sufriera la carga hormonal de tomar pastillas.
“Entonces pedí una cita con el urólogo en un sanatorio privado. Me dijo que era un tipo joven y que a esta edad iba a querer coger sin parar pero que después iba a sentar cabeza, tener una familia y ahí me iba a arrepentir. Me dijo que a él le pasó y que ahora tiene dos hijos. Sacó las fotos de su billetera y me dijo ‘que se cuide ella, que es la que debe tener un embarazo’. No me hice el procedimiento y lamento que no me haya tocado un profesional más empático”.
“Somos tantas, miles, ¿cuántas seremos en todo el país? ¿cuántas tras las fronteras, en el mundo?”, decía Liliana Daunes ni bien agarraba el micrófono, y la marea verde respondía con gritos, sonidos de tribus y cantos estrellas de la tarde. El #8M fue histórico, por lo masivo, la cantidad de jóvenxs, pero sobre todo por su carácter político y sindical. Las cúpulas obreras descubrieron al feminismo, que no puede ser tal sin el campo popular. Un día antes los sindicatos llamaron a una conferencia de prensa con un hit bien aprendido “La cumbia de la unidad, la bailan las trabajadoras/ la derecha no la baila, porque es una explotadora”. Frente a las cámaras las referentes de la CGT, las dos CTA, CTEP, la Corriente Federal, CCC, Barrios de Pie y el Frente por Milagro Sala, lograron unir en una convocatoria y en una marcha lo que ningún hombre pudo en varios años. Y ayer, ante más de medio millón de mujeres, lesbianas, trans y travestis, el documento que se leyó fue interrumpido en varias ocasiones con un reclamo que parece interno, que parece directo a las cúpulas masculinas: ¡paro general! ¡paro general!
A las 15 el centro de Buenos Aires ya estaba tomado por chicas, señoras, adolescentes, treintañeras, todas las edades, todos los colores, todas con los pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. A las 16 ya casi no se podía circular entre el Congreso y la Plaza de Mayo, todo estaba ocupado por columnas y más columnas. A las 17 las diagonales Sur y Norte rebalsaban de gente para entrar en Avenida de Mayo pero no había fluidez. Sin nada más que hacer, se hacía fiesta, cantos desde megáfonos que se iban repitiendo como ecos; porque lo que las pibas tomaron también ayer fue la palabra. La bandera de arrastre quedó perdida a la mitad de recorrido, nunca llegó hasta la plaza del Congreso. La marea humana no avanzaba, no había lugar, todo era mujeres, lesbianas, travestis y trans. Y también varones, que al parecer no pudieron correrse del foco de atención ni un día.
Si en las anteriores marchas los femicidios y las violencias fueron el reclamo principal, este #8M tuvo dos ejes centrales: contra los despidos y el ajuste del gobierno de Mauricio Macri, y por el aborto legal, seguro y gratuito. No fue un capricho ni una politización orquestada en alguna oficina, en las asambleas feministas que se dieron en el galpón de la mutual Sentimiento, al lado de las vías del tren Urquiza, las despedidas, las trabajadoras en conflicto, llegaban desesperadas a dar su testimonio. Las trabajadoras del Hospital Posadas, del INTI, del Ministerio de Hacienda, de la Casa del Moneda, de Pepsico, las tercerizadas de Latam, las docentes, las trabajadoras de la economía popular, todas afectadas por el ajuste salvaje que lleva adelante el gobierno, que precariza la vida de las mujeres. En las asambleas recibieron un abrazo feminista y un espacio de contención y se evidenciaron como la cara del ajuste. Ahí, en las asambleas -que fueron como movilizaciones en sí mismas por la cantidad de gente que hubo-, cuando se discutió quién iba a ir al escenario las manos alzadas en voto hacia ellas fue muy superior a la propuesta tradicional, la de representación de organizaciones. Hay una urgencia y tiene nombre.
Pero ayer en la calle, las cuadras y cuadras de mujeres le pusieron color a una lucha histórica: verde. Mostraron que la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es unánime en los feminismos organizados. También en los grupos estudiantiles de 15, 16, 17 años que llegaban por oleadas, donde la reivindicación por la Educación Sexual Integral va de la mano del derecho a la autonomía sobre nuestros cuerpos. Como contracara a esto también se notó la ausencia del pañuelo verde en las columnas del campo popular sobre 9 de Julio. En los bases, en los barrios, la discusión no parece estar saldada. La fuerza del pañuelazo el 19F, la presentación histórica por séptima vez del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo con 71 firmas evidencia un momento donde la sociedad está dispuesta a dar el debate, situación que no se le escapa al gobierno. Si fuera oportunismo del gobierno, el movimiento por el derecho al aborto lo va a aprovechar. Pero la sensación de que “es el momento” descansa en el acumulado del feminismo en su reclamo más permanente. Muy claro lo dijo Brenda Austin, una de las diputadas radicales firmantes del proyecto, “no es momento de creencias personales o religiosas, se debate la salud pública”. Y desde el escenario quedó firme: los feminismos sabemos muy bien que el terreno cultural ganado fue en base a la militancia de las mujeres y la presión de la Campaña Nacional por el Aborto Legal. Por eso, la marea feminista marchó hacia el Congreso, en el sentido contrario de lo habitual. Que sepan los legisladores que la presión del movimiento de mujeres no disminuirá.
Marea obrera
En la avenida 9 de julio concentró la columna sindical. Las trabajadoras unidas en un hecho histórico. Las mujeres lograron que las centrales obreras convoquen al paro y salieran a la calle. Eso se notó. Las banderas tuvieron un protagonismo que no se había visto en otras movilizaciones feministas. Es el correlato directo del escenario que planteó el 21F, donde sólo se usó la palabra “Paro” junto al Mujeres. El espacio político se fue ganando a fuerza de alianzas y asambleas feministas. Vanesa Siley, diputada nacional y Secretaria General de SITRAJU, contó que en el #8M del 2017 intentaron marchar todas juntas en unidad pero no lo lograron, entonces este año llegaron a las Asambleas Feministas con ese objetivo. “Queremos traducir esta unidad de acción en muchas más, no sólo para esta marcha”, dijo días atrás en la conferencia que dieron en el Monumento al Trabajo, porque cree que “está en manos de las mujeres salvar al movimiento obrero organizado, por la necesidad de reconstruir su legitimidad y por la transformación que el trabajo ha tenido en los últimos años, donde la principal afectada es la mujer”.
En la calle, la 9 de Julio era una postal de las viejas huelgas general que ya no se hacen. Mamás adolescentes, abuelas jóvenes, bebés en brazos, banderas, resistencia y el dolor certero de que somos las mujeres las que sufrimos el ajuste en la medida más poderosa, doblegándonos a la informalidad y la flexibilidad laboral, al doble de trabajo sin ser remunerado. Al final de la noche, el documento fue leído y retumbaba por los parlantes de la plaza de los dos Congresos. Ahí se enumeraron los reclamos, que exigen mayor representatividad de la mujer en las cúpulas sindicales y paridad en la representación gremial, el rechazo de plano las reformas laborales de cualquier tipo impulsadas por el gobierno de Macri, la derogación de la reforma previsional que afecta principalmente a las amas de casa y trabajadoras domésticas informales.
Cobertura
Frente al escenario, Liliana Daunes leyó el documento -que se acordó durante dos meses de asambleas semanales- junto a Nora Cortiñas y Lita Boitano, Madres de Plaza de Mayo, y la histórica militante lesbo-feminista Ilse Fuskova. Frente a ellas un centenar de cámaras las enfocaban y transmitían en vivo para todos los canales de televisión, arriba los drones se movían como moscardones y filmaban la multitud de pañuelos verdes.
A un año de un represión y persecución, cacería de feministas post marcha #8M, esta vez el contexto social y la abrumadora masividad no dio espacio para la provocación institucional. El ánimo de la calle era otro. Se escuchó el hit del verano que tiene como protagonista al presidente y que salió, como él, de la cancha del club Boca Juniors, con mini pogos frente al escenario. Allí Daunes pidió una renovación en los cantos, para que el cancionero no ofenda a nuestras compañeras, que no son las madres del presidente. Y luego de la desconcentración, al llegar a la luz de la tv, todos los canales seguían pasando las imágenes de la marcha, debatiendo el feminismo en la mesa familiar.
Las imágenes se replican por el mundo: España y Uruguay con manifestaciones multitudinarias, lo mismo Francia, Estados Unidos. En Brasil las mujeres tomaron la redacción del diario “O globo”. La insurrección llegó al mundo.
Un tramo de la discusión ya fue ganada: salir a la calle produce resultados, ahora es tiempo de que el Congreso le dé al movimiento feminista el saldo legislativo que necesita para fortalecerse. Necesitamos una ley de interrupción voluntaria del embarazo, la fabricación pública de Misoprostol y Mifepristona y que la ANMAT los reconozca como medicamentos obstétricos y ginecológicos. Las mujeres somos las sujetas políticas que han rechazado durante años. La calle parece decir “¿Así que me subestimaste? Mirá lo que puedo hacer”. El que no escucha es necio, varón y patriarcal.