28 de marzo de 2008

Llamas patagónicas


Su hijo Zacarías de nueve años es quien más disfruta de la aventura de tener los mansos animales en su criadero. «Son como perros, más grandes y con lana», dijo.

Neuquén > La infancia puede ser muy diferente para un chico de 9 años si vive en una ciudad, en un pueblo o en un paraje del interior de la provincia. En Lonco Luan, Nico Jara vive con sus tres hijos más chicos y su señora, entre ellos está el jinete de las llamas, Zacarías.Como su papá está dentro del primer proyecto de la Corporación Interestadual Pulmarí para adaptar llamas a la cordillera con el fin de utilizar su lana y carne, Zacarías juega con ellas durante todo el día.“Son animales muy mansos”, dijo Jara mientras su hijo las correteaba por el borde de la Ruta 13 para arriarlas, y si puede, montar alguna.Las simpáticas llamas se adaptaron bien al invierno más crudo que los Jara vivieron hasta ahora. “Esto era sólo nieve y hielo, pero los animales resistieron. A la noche dormían en el galpón y comían mucho. Creo que van a andar muy bien”, explicó Jara.En el infinito parque de la propiedad de los Jara, los niños más pequeños de 6 y 3 años corren a los gatos, las gallinas y los pollitos, pero Zacarías prefiere las llamas para jugar. El problema principal es que se les escapan y se van a pasear por el medio de la ruta. Jara aseguró que los machos caminan más que las hembras: “Son más difíciles de traer a casa”, expresó.Los autos transitan rápido entre Aluminé y Villa Pehuenia por la ruta de tierra que atraviesa el paraje Lonco Luan. El camino está rodeado de inmensas montañas que bordean el sinuoso andar del río Aluminé. En ese viaje por el paraíso cordillerano, se cruzan aves, chivos, vacas, caballos, ovejas, perros, liebres, pero jamás se vió llamas en el sur argentino. “Es el primer proyecto de este tipo”, explicó el gerente de Pulmarí, Fernando López Espinosa. “Se inició en el 2002 con el fin de mejorar la desertificación de la zona, ya que animales de similar pelo como la oveja y el chivo comen al ras del suelo, hacen ramoneo, y matan las plantas más bajas que sirven de alimento para otros animales”, explicó el ingeniero.Las ventajas de criar y adaptar estos animales a la zona es que son resistentes a la sequía, que comen de la copa de los árboles debido a su altura, son mansos, tienen carne de muy buena calidad, sin colesterol, y su pelo se paga hasta tres veces más que la lana de las ovejas o los chivos.“Compramos el primer rodeo en San Ignacio, cerca de Junín de los Andes, donde hay un criadero que tiene entre 900 y mil llamas traídas desde el altiplano de Catamarca. El año pasado distribuimos el primer rodeo de diez llamas a dos productores, uno de la comunidad Catalán, que es el caso de Jara, y otro a Zapata de la comunidad Mapuche del paraje Ñorquinco.

La producción
Jara tiene cinco hembras y cuatro machos llama desde mayo. Todas están preñadas y dos de ellas esperan sus crías en los próximos días, las otras tres para marzo. “El ciclo reproductivo de la llama es cada 11 meses y tienen una cría por vez, como las yegüas. Es mucho mejor que los chivos o las ovejas”, indicó López Espinosa.El productor del paraje Lonco Luan ya esquiló a tres de sus animales y obtuvo 8 kilos de lana de altísima calidad. Las cuales puede vender a razón de 70 pesos el kilo, casi tres veces más que la de oveja.“Después las enviaré al centro de acopio de Pulmarí para que procesen el pelo y esté la lana apta para trabajarla”, indicó Jara. El pelo de la llama es más fino que la de los demás animales y de mejor calidad: no pica y es más abrigado, es por eso que tiene una alta demanda.

El proyecto
“Nuestro objetivo es mejorar el uso del recurso natural que tenemos, aumentar los ingresos de los pequeños productores rurales privados y diversificar la producción y la confección de artesanías”, argumentó López Espinosa.El gerente de Pulmarí mencionó que el impacto natural que implica adaptar un animal a otro hábitat que no es el suyo natural siempre produce alteraciones. “Pero como la llama es prima del guanaco, oriundo de este lugar, el impacto no es tan dañino. La llama es mucho más domesticable, los productores pueden tener diez de estos animales, en cambio los guanacos son salvajes, difíciles de tratar y necesitan estar en manada”, expresó López Espinosa.Además, el ingeniero explicó que las llamas no necesitan comer mallines, el pasto natural de gran calidad que crece silvestre en la cordillera, con el cual sí se alimenta la vaca. “Es más dañina la oveja y el chivo porque al tener labio leporino come al ras del piso, corta el pasto de raíz y no lo deja crecer, lo que produce un alto impacto negativo en el ambiente”, manifestó el gerente de Pulmarí.Las llamas tienen muy baja susceptibilidad de contraer el virus de la fiebre aftosa, su rol como transmisor de la enfermedad es muy baja o nula, no presentan ningún riesgo en la cadena epidemiológica.

El ambiente
Las llamas también pueden ser utilizadas como animales de carga, como atracción turística y, según comentó López Espinosa, existe un mercado de venta de llamas como animales domésticos donde el ejemplar ronda los 10.000 dólares.El trato que Zacarías tiene con cada una de las llamas es el fiel reflejo de que el animal es manso, doméstico, simpático y apto para el trato con los niños. “Es como un perro grande”, expresó el jinete de las llamas cordilleranas.En pocos meses, Zacarías tendrá cinco llamas más para jugar, ya que las que están preñadas darán a luz sus crías, dos durante este mes, y tres en marzo.