5 de agosto de 2010

alcoholemia

Neuquén> La ciudad nunca volverá a ser igual después del 21 de septiembre de 2008, a las 5.30 de la madrugada, cuando murieron Franco Castro de 16 y Belén Araya de 19 años, en la esquina de avenida Olascoaga y Montevideo. Fueron atropellados por un conductor ebrio a bordo de su camioneta, Juan Hermosilla Soto, condenado luego a cinco años de prisión.
En esa misma esquina, donde sus familiares los recuerdan con un monumento, los inspectores municipales de la ciudad realizan todos los fines de semana los controles de alcoholemia para detectar conductores alcoholizados.
"Los que nos llama la atención es que siempre estamos en los mismos lugares y cada vez agarramos más gente, cuando se supone que ya saben que estamos ahí y se deberían cuidar", señaló Gustavo Soazo, director municipal de Tránsito, quien, junto a la jefa de los operativos, Nilda Paleo, señalaron a esa esquina como "la emblemática, la más terrible", por la cantidad de jóvenes que sábado a sábado encuentran conduciendo con graduaciones más altas.
La conmoción por la muerte de Belén y Franco también se recuerda para educar a esos infractores que, envueltos en la bronca y el alcohol de los controles callejeros que realizan los inspectores, intentan reducir las sanciones que se establecen desde los Juzgados Municipales de Faltas Nº 1 y Nº 2.
"Nosotros siempre decimos, si ese día hubiera habido un control, Hermosilla Soto no hubiera matado a dos personas. La gente tiene que asumir la responsabilidad por su imprudencia", señaló Néstor Arce López, secretario del Juzgado Nº 1.

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