Loncopué > En Cajón de Almanza, a unos pocos kilómetros al sur de Loncopué, Roberto González habla despacio, eligiendo las palabras, en voz baja. A cada rato se toca su gorro de lana y mira para abajo. En el patio de su casa, el cual tiene miles de kilómetros, sostiene la única cerca que delimita algo en su terreno: es la aguada donde alimenta a sus vacas.
Roberto explicó que hace años tiene conflictos con uno de sus vecinos porque “al no poder alambrar nuestros campos por la falta de títulos, los animales andan libres en el campo; a él le molesta y eso genera su bronca”. “Fui a un abogado y le mandé una carta documento, por ahora intenté no cruzármelo para que su ira no pase a mayores, pero es algo que no tiene solución", contó González.
En realidad, la única salida es que la Dirección de Tierras de la Provincia procese los papeles que su familia entregó hace más de 30 años. "Nosotros presentamos la constancia de que vivimos acá hace más de 100 años. Yo nací acá igual que mi padre y mi abuelo, al igual que mis dos hijos. En Neuquén yo hice el pedido de compra de estas 10 hectáreas pero jamás nos contestaron, ni siquiera nos dejan pagar por el lugar que ocupamos por generaciones", indicó.
La timidez de su voz no le quita fuerzas a su testimonio, que se une al de muchos en esa zona. El conflicto de tierras en el interior de la Provincia data, por lo menos, desde hace un siglo. En los parajes recónditos de la cordillera neuquina, tanto al oeste como al norte, viven familias que, a través de las generaciones, ven que sus problemas se repiten y no obtienen solución.
Son cientos de puesteros que no tienen los títulos de las tierras que ocupan hace décadas. No pueden delimitarlas con cercas, lo que produce que los animales se les escapen porque están en campos abiertos, y esto a su vez genera problemas entre vecinos. No pueden invertir en su tierra ni acceder a créditos por no tener la escritura, y están con la constante inseguridad de que esos terrenos sean vendidos a un mejor postor.
Foto de Fabian Ceballos.
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