9 de enero de 2011

aeropuerto internacional

Delay

Philipe mira el tablero de arribos mientras acaricia tu barbilla. Se da cuenta que la barba la tiene demasiado desprolija. Apunta en su mente que si encuentra alguna tijera más tarde debería recortar su vello.

En el piso, su bolso de viaje, de esos de gimnasia, es azul y está bastante vacío. Eso se nota a simple vista. Sin embargo, Philipe lo cuida como si fuera oro.

Comprende que su vuelo está demorado y se decide a buscar un asiento para pasar la noche. Debe esperar 6 horas de demora porque el avión que proviene de Oslo no salió debido al mal clima. Está todo nevado.

El frío polar entra por las puertas giratorias del aeropuerto de Charles de Gaulle. Ahí, en la segunda planta, las puertas están a pocos metros de la calle y el frío es imposible de frenar. “En este primer mundo no encienden la calefacción”, piensa nervioso.

Busca dentro de su parca la bolsa con el tabaco. Se arma un cigarro pero no piensa salir a fumarlo. “Total… que hay sólo una docena de personas para este aeropuerto gigante y vacío”, piensa.

Se sienta en la hilera de sillas que dan la espalda a dos jóvenes que duermen incómodas en los bancos congelados. Se prende el pucho mientras recuerda una canción que le cantaba a su hija Malena cuando era pequeña, mientras jugaba con su muñeca en la bañera. Esa canción le recordó el aroma a bebé: “Cuánto lo extraño. ¿Qué estará haciendo mi dulce nena en este momento?”, se pregunta nostálgico.

Nota mental

“Pss. No te puedo creer que este loco demente se haya sentado justo al lado de nosotras. Yo me voy a buscar un lugar más solitario. Apesta este pobre hombre. ¿Cómo puede ser que simule esperar un avión? No logro entender por qué no lo sacan de acá si los tres policías pasaron hace un rato y el perro lo olfateó. Saben que está acá pero lo dejan. ¿Acaso no estoy en Francia? ¿Cómo puede ser que no hagan refugios de noche? Aunque sea podría disimular y fumar afuera, aunque sea para disimular que es normal”.

Alivio

“Uy, se despertó una de las chicas. Esta me va a decir algo sobre el cigarro. Mirá que es grande este aeropuerto. Piba si te molesta andate a otro lado”, piensa Philippe.

A pesar de su arrogante pensamiento le sonríe a la morena despeinada con cara de fiera enojada. La saluda en francés, le pregunta adónde va. Piensa que tal vez con su simpatía la puede conquistar y hacerse de una nueva amiga.

Ella parece que le ladró algo en español o en italiano. No supo definirlo. Sólo le dio una pitada más al pucho y la vió levantarse para caminar el largo corredor del ala F de la segunda terminal del Charles de Gaulle.

El frío recrudeció, ya falta menos para que amanezca, así que sacó de su bolso una manta vieja que se colocó sobre las piernas. Se sacó las zapatos y se puso un segundo par de calcetines, esta vez de lana. Intentó recostarse en esos incómodos sillones.

En eso llega un nuevo pasajero que se sienta en la hilera de enfrente que estaba libre. Lo mira y le pregunta cuánto tiempo tiene que esperar. Hablan sobre el frío. Le dice que hay poca gente, lo vacío que está el aeropuerto que imaginaba tan transitado. “Recién habían dos chicas acá, una se despertó y se llevó a la otra a recorrer el aeropuerto. Tenían olor a mi hija Malena. Ojalá pueda embarcar rápido así puedo llegar a darle un baño”, le cuenta Philippe.

Conversan un rato más hasta que el visitante decide ir al baño y Philippe se duerme en la espera.

La vida abstracta

“Puta madre, faltan 5 horas. No sé qué mierda voy a hacer. Después de descubrir a este loco fumador no voy a poder dormirme, ya lo sé. ¿Este de acá será viajero de verdad o un impostor? No entiendo cómo puede haber tantos vagabundos viviendo acá adentro. Ay! Mirá, este tiene hasta una bolsa de dormir! Es insólito.

Allá veo un grupo de chicas, dudo que sean homeless. A ver, me voy a acercar. Ajá, hablan italiano, tienen ropa de marca, son turistas. No sé por qué me miran. Que estoy vestida espantosa pero no soy una loca como todos los de acá. ¡Dejen de mirarme! Yo me quedo acá. Prefiero la hostilidad de gente normal que la locura de esos que creen que esperan un avión”.