2 de abril de 2016

Nota para Brando - Buscando a César Aira - Proceso creativo



Hernán Vanoli es escritor y editor de Momofuku. Esta es la entrevista que le hice para escribir la nota de Buscando a César Aira para la revista Brando.

Hernan Vanoli sobre César Aira:

En principio me gustaría saber si sos un lector de Aira y si te gusta.
Fui lector de Aira, hasta que digamos "entendí su proyecto". Lo disfruté y valoré, en las diferentes vetas que tiene su escritura, tanto en los diferentes registros -ensayo o novela- como dentro de su novelística. Soy admirador de su imaginación y de su persistencia, pero no soy un fanático. Sin embargo, cada vez que veo un libro suyo me veo tentado a leerlo. Hace unos días, en una feria, ví que la editorial Blatt y Ríos vendía "Artforum", lo pensé dos minutos y ya lo habían vendido. 


¿Qué pensás de su obra?
Creo que es un escritor fundamental para pensar la literatura argentina de la última parte del siglo XX. Junto con Fogwill y con Piglia, y quizás Marcelo Cohen, a mi entender, son tres referencias que cualquier escritor que trabaje desde nuestro país debe tener en cuenta. Creo que su obra es múltiple, y que ambiciona un destino para la literatura. No son muchos los autores sobre los que se pueda decir eso, Aira en sí mismo es un universo, un procedimiento, y una fábula sobre la relación entre el sistema de distribución de la lengua y el sistema de existencia de los objetos. Sus libros fueron hechos para ser leídos en bloque, como un proyecto artístico ambicioso, de vanguardia y de pos-vanguardia al mismo tiempo, es decir, como una síntesis entre los derroteros que puede asumir el arte en nuestra era. Pero también hay algunos que son notables por sí mismo, no voy a descubrir yo por ejemplo a "Ema, la cautiva"; lo que al mismo tiempo significa que si se toma cada libro es un autor muy desparejo. Finalmente, y a mi juicio, es un escritor del siglo pasado. Escribir ficción quizás sea una tarea del siglo pasado, pero siento que el dispositivo de enunciación creado por Aira, que es singular, maravilloso, que es una fábrica de mundos y una apuesta por el poder de singularización de la experiencia a través de la imaginación puesta a trabajar desde el interior de la lengua y los protocolos de la cultura, ya no tiene tanto para aportar teniendo en cuenta el actual desarrollo de la cultura y de lo político. 


¿Cómo creés que impactó la obra de Aira a tu generación (que es la inmediata después de la suya) y a la de los escritores en formación ahora mismo?
No estoy seguro de a qué generación pertenezco, pero creo que hubo múltiples posturas. Están quienes eligieron venerarlo, en algunos casos extremar su propuesta, en otros homenajearlo, están quienes eligieron tenerlo en cuenta pero asumir derroteros diferentes sin por eso negar su notable influencia, y están quienes eligieron negarlo. Yo me siento en el segundo grupo. A los escritores en formación el proyecto de Aira les genera preguntas, y creo que eso siempre es algo bueno. 


Mi hipótesis a trabajar en la nota es que una vez que se lo conoce no se puede ser indiferente a él, se lo ama o se lo odia. ¿Por qué creés que su obra (o su personaje) despierta estas pasiones en la literatura argentina? 
Es que la potencia de la obra de Aira en parte radica porque choca contra el sistema de expectativas de los lectores. Entonces aquellos que sólo esperan realismo, trama, desarrollo de psicología de los personajes, cierta solemnidad más bien ligara a la crónica o al periodismo, o productos de género bien elaborados lo rechazan. Por otra parte, los que le piden a la literatura libertad, sofisticación intelectual, liviandad, alegría, ironía, ambigüedad, lo aman. Para mí, la literatura de Aira es un género en sí mismo, y eso lo convierte en una suerte de clásico, Aira es en un punto nuestro Borges, y es hijo de Borges, con todo lo bueno y lo malo que eso significa. La disputa por Aira es una manera de tramitar la disputa entre poéticas realistas y poéticas antirrealistas. Claro que yo entiendo que esa discusión está caduca, pero ese es otro tema. 


Por qué creés que hay una corriente de escritores que escriben como una reacción ante el estilo Aira. ¿Qué rasgo de su literatura es a la que se opone?
Por un lado está Fabián Casas, que tiene un texto muy conocido donde dice que "Aira nos cagó" y lo opone a la figura de Cortázar, comprometido, poético, politizado, con cosas para decir sobre lo social o en realidad sobre la sociedad. Creo que hay un momento de verdad en la crítica que le hace Casas en torno a su frivolidad, a cierta falta de espesor, a su perseverancia en cierta manera retorcida de conceptualismo que Aira representa. Claro que si uno después ve el tipo de intervenciones de Casas, bueno, quizás se queda con Aira. Después, hay otra crítica de una generación más joven, una acusación de frivolidad y de sintonía con cierta superficialidad del noventismo en nuestro país. Esta tiene dos partes. De un lado, hay un ensayo notable de Diego Vecino que contrapone la figura de Aira a la de Ricky Espinosa, el cantante de Flema, como dos casos extremos de responder a la cultura dominante de los noventas desde el arte. Ahí Ricky sería un artista punk y Aira un artista cómodo cuya obra entra en sintonía con cierta necesidad social de que el arte no incomode sino que "abra mundos" para que mientras tanto las fuerzas del mercado hagan lo que quieran. Ahí también siento que hay un momento de verdad, aunque también es cierto que en el fondo Aira concibe a la literatura como un principio creador de protocolos de lectura, algo que el punk nunca pudo hacer porque se quedó siempre en una fase infantil y nihilista. Pero también en forma reciente hay un pedido de politización o de profundidad hacia Aira que viene desde un lugar muchísimo más superficial, una suerte de neopopulismo experiencial que se opone a Aira porque Aira simplemente tiene cierta relevancia intelectual, "no es tan fácil", no canta una que sabemos todos, no codifica la experiencia social como una revista de cultura juvenil, y bueno, esa impugnación la verdad que me parece lamentable. 


La escritura de Aira es veloz, su política de publicación es casi frenética, sus temáticas fantásticas están desligadas a cierta literatura "social" o "política" que él rechaza. Rompió con una postura más solemne del escritor argentino. Si es que compartís esto, ¿cómo creés que afecta a la literatura argentina?
Si rompió con la solemnidad creo que la afecta de modo positivo. Si generó la fantasía de que escribir es un acto rápido y desordenado donde lo más importante es publicar materiales de baja calidad -no todos los rentistas son Flaubert- la influencia me parece nefasta. La verdad es que no lo sé; pero estoy seguro de que su planteo es de un siglo diferente al que me toca vivir. 

¿Cómo se puede escribir después de Aira?
Personalmente no me preocupa. Creo que Aira es un gran escritor, único, autoexigente, prolífico, totalizador, una suerte de genio. Creo que eso puede ser inspirador, pero por supuesto que la literatura no termina ahí ni mucho menos. Si me preguntases cómo se puede escribir después de Thomas Pynchon sería un problema, pero después de Aira se puede escribir de mil maneras. 

Por último, ¿por qué creés que le va tan bien en el extranjero cuando en Argentina es casi un desconocido fuera del mundillo literario?
Creo que el reconocimiento internacional es merecido, pero que también da la pauta de que se trata de un autor complaciente. El sistema literario mundial está muy jerarquizado, y de América Latina sólo se pide exotismo, irracionalidad, melancolía, quizás vanguardismo juguetón; los países centrales quieren la gran tradición para ellos, y ahí está Junot Díaz para hacer el papel de buen salvaje; o los desaparecidólogos para ayudar a que los poderosos se sientan bien tocando temas humanitarios y de denuncia. Nosotros nos creemos eso y por eso se acostumbra a que en gran medida se escriban copias poco felices de John Cheever o libritos que parecen folletos de pizzería. Sin embargo, también hay cosas nuevas que pueden generar la ilusión de que eso está cambiando. 

Bonus de Hernán:
Es cierto lo del procedimentalismo y lo del siglo pasado, pero también yo valoro el lugar de la imaginación en lo que Aira cuenta. Creo que valoro más eso que las otras dos cosas; por eso lo prefiero antes que a Casas y a todos los que sostienen poéticas realistas (incluso los del siglo XIX), salvo quizás a Fogwill. Lo que yo creo es que el dispositivo de Aira es anterior a internet, por un lado, que todo su proyecto se basa en una circulación -diría que anticipa- la circulación poco monetarizada de los textos, que es propia de internet. Eso es también un mérito. Ahora bien, para seguir escribiendo, me parece que montarse en eso que inventó Aira hoy no es tan productivo. A mí me interesa más mirar lo que hacen otros escritores que incorporan la cuestión de la palabra hecha imagen, los hipervínculos, la saturación de información, contactos y vigilancia, desde otros lugares en un punto más tradicionales pero en otro punto más novedosa. Y no puedo dejar de comparar, por ejemplo, a Aira con Thomas Pynchon. Pynchon es muy Aireano en un punto, pero en otro escribe sobre los grandes problemas de la modernidad y de la posmodernidad, la política y la historia, y desde un lugar súper complejo y no tan liviano. En esa línea, me gusta mucho Mark Z. Danielewski, que está en un plan similar pero mucho más moderno. Me parece que su proyecto es propio de un país muy subordinado, y creo que si Argentina quiere crecer tiene que pensarse, al menos desde sus escritores, como una superpotencia, no en el sentido de como un país capitalista confortable sino en el sentido en el de un país con altas exigencias estéticas y una impugnación fuerte a la modernidad, no regresiva sino para adelante. 

Nota para Brando - Buscando a César Aira - Proceso creativo

Mauro Libertella es periodista y escritor. Esta es la entrevista que le hice para escribir la nota de Buscando a César Aira para la revista Brando.



Mauro Libertella sobre César Aira:

En principio me gustaría saber si efectivamente leíste gran parte de la obra de Aira y qué pensás en relación a esa obra.
No leí gran parte de la obra de Aira. Debo haber leído unos 20, 25 libros suyos. Algo así como un 20 por ciento de lo que publicó: poco. Mas allá de lo que yo pueda pensar, la importancia de esa obra es ya innegable, fue un terremoto para la literatura argentina, creó algo así como una grieta entre los lectores, gente muy a favor y gente muy en contra, nadie indiferente. Personalmente, lo primero que leí de él fue La luz argentina, hoy un libro de culto entre otras cosas porque nunca lo reeditó y se elevó a la mítica categoría del inhallable. Esto habrá ocurrido a principios de los dosmil. No lo podía creer, me voló la cabeza. Entonces empecé a leerlo de un modo casi enfermizo, que me parece que es el modo (modo yonqui) en que sus libros entran al principio en nuestro torrente sanguíneo. Ese primer fanatismo, el incondicional, el puramente romántico, el utópico, no puede durar para siempre, y en algún momento esa primera lectura arrebatada se volvió, digamos, más criteriosa: a veces lo leía, a veces no, a veces me gustaba, a veces no. Por lo demás, ya se que nada lo va a sacar de ese pequeño panteón portátil en donde guardo a los escritores que alguna vez fueron y por eso siguen siendo muy importantes para mi.

Qué lugar tiene, o debería tener a tu criterio, la obra de Aira en la literatura argentina. Y también en la cultura popular. 
En la literatura argentina, su lugar es al mismo tiempo central y corrosivo, y es posible que nos lleve años y años reacomodar los efectos de ese movimiento de placas tectónicas. Ya hay al menos dos generaciones de escritores que escribieron bajo sus diferentes influjos (la primera camada, en los noventa, con Sergio Bizzio, Daniel Guebel y otros; la segunda, en los dosmil, con Felix Bruzzone, Ariel Idez y otros), y nada indica por ahora que su descendencia se vaya a interrumpir. Para que suceda eso, tiene que aparecer un escritor de su importancia literaria que proponga una linea de sentido distinta, que le dispute el centro intelectual de nuestra literatura, y al momento no ha aparecido. En cuanto a su importancia en la cultura popular, eso es un poco más difícil de percibir, por la sencilla razón de que la literatura argentina no es parte de la cultura popular a corto plazo. Es un movimiento restringido, insular y que se va colando en lo popular muy de a poco, con lentitud; los lectores de literatura son pocos, un libro de literatura argentina bueno no suele vender mas de ¿mil? ¿dos mil? ¿tres mil ejemplares? La cultura popular, me parece, se cuenta de a cientos de miles (un recital de La Renga o una película como Relatos salvajes, por ejemplo). Muy pocos escritores argentinos en la historia han roto ese cerco (Sabato, Borges, por ejemplo), y no creo que el de Aira vaya a ser ese caso.


Él tiene un perfil bajo y de súper producción, ¿es su carácter como persona/personaje público el que lo pone en un lugar casi de "culto" o es un rasgo en relación a la obra?
No se. Siempre hubo una lógica histérica en la literatura: todos quieren ver al tipo que se esconde o publica poco (Salinger, Pynchon, Rulfo, Harper Lee, etc...). Eso genera deseo. En ese sentido, es cierto que el perfil bajo de Aira (materializado sobre todo en que no da entrevistas para medio argentino y que no asiste a presentaciones o a eventos públicos) contribuye a la edificación de una figura de culto. Por otro lado, es un tipo que publica muchísimo. ¿Podríamos soportar una verbosidad tan demencial, alguien que además de publicar 4 o 5 libros por ahora además está hablando en todos los suplementos y revistas? Me parece que no. Ahora, yendo a lo que importa, que son los libros, obviamente es su literatura lo que lo puso en el lugar en el que está, cualquiera que sea ese lugar. El se movió bien e hizo el trabajo largo, el de fondo: busco antes a la institución literaria que al mercado. Nos llegó entonces antes la idea de que Aira era un escritor importante, que la proliferación total de sus libros, que sucedió hace unos diez años, cuando todas las editoriales, nuevas o antiguas, quieren publicar sus textos. Durante los años ochenta Aira intervenía fuerte en el debate literario, publicaba en revistas y se metía en quilombos. Esos fueron sus años de verdadera construcción profunda. Lo que estamos viendo ahora, me parece, es la estela que dejó ese trabajo verdaderamente intenso de años.

Vos hace poco publicaste por la Editorial Diego Portales una serie de entrevistas a los grandes escritores vivos latinoamericanos. ¿Quisiste entrevistarlo a él o lo dejaste afuera?
Quise y me dijo que no. Varias veces traté de entrevistarlo, a veces para medios locales y a veces para medios extranjeros. Siempre me dijo, de modo amable y elusivo, que no. ¿Por que insisto en pedirle una entrevista a alguien que se que no quiere dar entrevistas? Es raro. Es como si hubiéramos asumidos que todos los escritores quieren hablar y contestar preguntas, porque muchas veces las entrevistas son extensiones de su obra (caso Piglia, caso Gombrowicz y muchos más). En Aira no funciona así. Ya entendí: no quiere que lo entreviste. Lo curioso es que sus entrevistas son muy buenas, no es alguien que se desenvuelva mal. Pero siempre hay que recordar que es un hombre esencialmente tímido, y que posiblemente no se sienta cómodo hablando con alguien a quien no conoce. A veces hay que pensar en la opción más sencilla, muchas veces ahí está la clave de algo que parecía muy complicado.

Sostengo que Aira es un autor de culto porque creo que responde a ciertas características: lo conoce sólo un grupo de la sociedad, en este caso los lectores que leen más de la media, y porque despierta cierto fanatismo, tanto de amor como de odio. ¿Por qué creés que ocurre esto? ¿Qué plantea él en su obra para generar una ruptura de estas características.


Por qué creés que hay una corriente de escritores que escriben como una reacción ante el estilo Aira. ¿Realmente creés que es el realismo vs el antirrealismo el motivo?
Me parece natural y sano que muchos escritores escriban contra Aira. Es como un virus que entró en el cuerpo de la literatura argentina: tiene que haber defensas que traten de amortiguar la incidencia de ese virus. Es casi físico. Por otro lado, no creo que el “caso Aira” y sus detractores se pueda pensar con categoría antiguas como realismo vs antirrealismo, literatura social vs surrealismo, etc. Sobre todo porque los textos de César Aira no son programáticos en ese aspecto, no se restringen a una idea de literatura y la explotan una y otra vez. Son libros mestizos, híbridos, difíciles de capturar con las categoría de mediados del siglo XX. Lo que sí, generan siempre algo del orden casi de lo salvaje. Me acuerdo que una revista en los noventa había titulado una nota sobre Aira asi: “¿genio o boludo?” Ese tipo de pasiones despiertan sus libros, y eso es algo que solamente podemos festejar. Me encantaría que haya más escritores que generen algo tan extremo, si se quiere algo incluso tan crispado. Pero es mucho pedir.


Por último, ¿Por qué creés que le va tan bien en el extranjero cuando en Argentina es casi un desconocido fuera del mundillo literario?
Lo de que le va tan bien en el extranjero es cierto pero es también equívoco: está muy traducido, lo reseñan en los mejores suplementos del mundo, lo leen escritores de todos lados y está siendo ya postulado para premios tremendos. Pero si salís a la calle de cualquier ciudad del mundo y le preguntás al primero que pasa quién es César Aira, no va a tener ni idea. Lo mismo que acá. Los mundillos literarios son iguales en todos lados: un ghetto que a veces es mas pequeño y a veces es más amplio, pero un ghetto al fin. Pensemos en un escritor que creemos que es realmente conocido. No se...Michel Houellebecq, Umberto Eco, Philip Roth, Murakami, etc etc. Cualquiera de estos notables y notorios hombres de letras puede venir a Buenos Aires, una ciudad históricamente lectora, y caminar veinte cuadras por una peatonal y nadie los va a reconocer. Lo mismo pasa con Aira en Nueva York, aunque lo haya reseñado Patti Smith a doble página en el New york times. Ser desconocidos fuera del mundillo literario es algo que le sucede a todos los escritores del mundo.

Nota para Brando - Buscando a César Aira - Proceso Creativo


Propuse esta nota a mi editora hace meses. Entrevisté a mucha gente, leí varios de sus libros, transcribí las entrevistas que hay en internet, escribí sobre César Aira. La nota llevó mucho tiempo de edición y cambios de vista con la editora. En este post voy a colgar una primera versión y en el próximo la definitiva. Luego, voy a publicar dos entrevistas que considero interesantes sobre el tema, a Hernán Vanoli y a Mauro Libertella.




César Aira, un secreto publicado.
Por Romina Zanellato

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“No está oculto, no es el Indio Solari”, dice Ricardo Strafacce, escritor y amigo de César Aira, un viernes de noviembre en el café Varela Varelita de Palermo. “Él siempre viene acá”, y ese argumento se suma en mi mente a los que escuché en la librería La Internacional o en la feria de libros La Sensación, sin embargo, nunca lo había visto aunque lo había buscado en todos esos lugares. Y así fue, un mito, hasta el 15 de diciembre de 2015, que vi a Aira y a Strafacce fumando en la vereda de Scalabrini Ortiz y Paraguay, dos horas después de haber leído en la web del The New York Times que The Musical Brain, su libro de relatos que editó New Direction Books está entre las 15 mejores tapas editadas en Estados Unidos.
El libro es un pequeño tesoro. Es negro, forrado en tela, cosido y su tapa dura tiene un holograma con una mano que se mueve y prende una chispa con el dedo índice. En su solapa hay una serie de halagos y recomendaciones de personalidades como Patti Smith y Roberto Bolaño.
Así es él, pensé, en simultáneo está siendo leído por el mundo entero pero se para a fumar un pucho sobre una avenida y nadie lo ve, porque nadie lo conoce, salvo algunos pocos, como yo que reaccioné como si hubiera visto a un fantasma y bajé la vista, aceleré el paso para salir rápido de ese flashazo de cholulez.
César Aira tiene tantos libros publicados que nadie lleva la cuenta. Se cree –y se dice así, en plural y despersonalizado- que son más de 90 entre novelas, ensayos, reediciones, traducciones hechas por él y de sus textos al extranjero. En 2015 fue nominado al Mens Booker Award, premio inglés de 60.000 libras que se otorga al ganador entre diez nominados del mundo, y también estuvo en el puesto 12 entre las apuestas mundiales de la lista de Ladbrokes para el Premio Nobel de Literatura. Entre las excentricidades que lo rodean, además, está el insólito hecho de que las primeras ediciones de sus libros se rematan en Mercado Libre hasta en $1.000, mientras que él edita todos los años libros nuevos que se venden desde $40.
César Aira no habla con la prensa argentina, sólo lo hace con la prensa extranjera y, según dice él mismo, es por obligaciones que asume ante su agente literario cuando lo editan en otro idioma.
Como no da entrevistas ni opina cuando lo llaman por alguna nota donde se requiera su opinión, Aira no sale en los diarios y revistas más que en la sección de reseñas. Aira es  prácticamente un desconocido fuera del ambiente literario pero, dentro de ese mundo su influencia es tan grande que se formaron bandos en las generaciones posteriores: están los anti Aira y aquellos que en su calidad de post Aira aceptan el legado.
En el mundillo literario, ese universo de editores, escritores, críticos, libreros y lectores hambrientos (que se retroalimentan en debates cerrados), Aira es un quiebre, un límite: se lo ama o se lo odia, se lo defiende o se lo critica, se lo imita o se lo desprecia. Aira despierta pasiones entre quienes lo conocen, no se puede ser indiferente a él y su obra, sin embargo, parece que fuera de las bibliotecas nadie sabe que esto pasa.

Quién es Aira
César Aira nació en Coronel Pringles el 23 de febrero de 1949 y al cumplir los 18 años se trasladó a Buenos Aires, al barrio de Flores en el cual aún vive. Durante los primeros dos años fingió estudiar derecho hasta que aceptó su deseo de escribir. Está casado con la poeta Liliana Ponce y tiene dos hijos.
Su vida parece tranquila, como él cuando habla, pausado y constante. Todas las mañanas va a algún café de Flores para escribir a mano una o dos páginas diarias. Usa cuadernos de papel liso, sin reglones ni cuadriculados, con espiral que compra en la papelera Wussmann. Escribe con una lapicera Montblanc, de tinta negra. Esa combinación le asegura un buen ritmo de escritura, corre bien por la hoja, no la mancha, fluye sin entorpecer la imaginación. Antes del mediodía vuelve a su casa, pasa a la computadora lo que escribió, se deshace del papel, de las huellas de su proceso creativo.
Este método o disciplina le permite escribir una o dos páginas por día, al cabo de un año tiene tres o cuatro novelas de cien páginas terminadas. No revisa, ni corrige demasiado, se toma su tiempo de pensar en el momento en que escribe. No tiene un plan ni una estrategia ante una novela, sólo una idea disparadora, y cada vez que se sienta en el bar deja que esa idea se vaya adonde quiera. “Si entra un pájaro en el bar, en la novela también entra, lo hago aparecer coherente”, le dijo a la escritora y su amiga María Moreno en una entrevista del 2009 para la revista neoyorquina Bomb.
No hace apariciones en público, salvo que involucre a sus amigos. La última vez fue en mesa debate en el Museo del Libro y de la Lengua, donde varios escritores se reunieron para defender a Pablo Katchadjian, escritor que enfrenta un juicio por plagio de parte de María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges.
Es un lector apasionado. Empieza con un autor y no para hasta leer toda su obra, un libro detrás de otro. Lee aún cuando está escribiendo, sin temor a que la lectura lo contamine. Le gustan los clásicos, el siglo XIX, los policiales, los cómics. Se cree un buscador de buenas historias y así se define. Muchas veces las busca en las películas o en la pintura. Cuando escribe piensa que puede retratar una secuencia narrativa como un buen pintor traza la suya. Y lo intenta, en la librería La Internacional hay tres de sus pinturas, son pequeños cuadros de colores vivos con personajes definidos en situaciones delirantes, en una armonía estética rara, pero aún así coherentes. Se pueden calificar de surrealistas, de dadaístas, como su obra literaria.
Mientras los observaba, Francisco Garamona, detrás de su computadora maquetando un futuro libro que editará Mansalva, su editorial, habla sin mirarme. Dice que Aira sólo pintó esos tres cuadros. Le pregunto sobre la tesis de algunos críticos que ubica a Aira como un escritor de derecha, por no denunciar en sus novelas la realidad social, política, y escribir sobre peripecias fantásticas. Se enojó un poco y me sostuvo, con vehemencia, que sí es político: “César Aira estuvo preso un mes en Caseros por haber estado en una marcha troskista. No sé si fue en la dictadura del 76 o antes pero sí sé que estuvo. Muchos de los escritores se hacen los políticos pero lo más cerca que estuvieron de una represión es pasando a tres cuadras de una comisaría”, me dijo. Aunque no pude confirmar ese dato, lo dijo con seguridad, y me contó que Aira escribió algo sobre eso en una de sus novelas.

Libros
“Soy de los raros escritores a los que les gusta escribir realmente”, dijo en una entrevista que le hizo el escritor danés Peter Adolphsen en el Louisiana Literature Festival en 2012. Tiene publicados más de 90, sí, y odia que le digan “autor prolífero”. Ya lo dijo en varias entrevistas, para él, hay muchos escritores que hacen el esfuerzo de escribir una novela cada diez años sólo para renovar el “carnet” social de escritor, de opinólogos.
Aira publica en un abanico de editoriales que van desde la cartonera Eloísa Cartonera, Blatt&Ríos, Mansalva, entre otras, todas llevadas adelante por editores/escritores y amigos de él, dueñas de un catálogo ecléctico, vanguardista e independientes a los cánones estéticos de los mercados globales. Sin embargo, también publica en los grandes grupos iberoamericanos. Con Random House edita directamente desde España, donde hace poco se inauguró la Biblioteca César Aira, una colección propia con reediciones de inconseguibles y nuevas novelas como El santo.
Con Emecé (sello perteneciente a Editorial Planeta) también tiene su propia colección que edita con Mercedes Güiraldes. “Es difícil decir si hay o no estrategia detrás de esa manera particular de Aira de publicar. Creo que forma parte de una estética y de una ética de autor. Es un indudable gesto de libertad artística e independencia personal y es indisoluble de su forma de concebir la literatura. Pero esa forma tiene su eficacia. Sin prisa y sin pausa, Aira creó una obra impresionante, rupturista y clásica a la vez, tal vez la más original de la literatura argentina desde Borges”, me dijo su editora al consultarle sobre la convivencia del autor en tantos catálogos diferentes.
Además del mercado interno, Aira está en todas las librerías de las grandes capitales del mundo. New Directions Books publicó doce de sus libros en Estados Unidos. También fue traducido al inglés de Inglaterra, al francés, alemán, italiano, ruso, griego, entre otros idiomas.
Damián Ríos, editor de Blatt&Ríos, comentó que tenerlo en el catálogo es superlativo por el prestigio que otorga. Además, lo que editen de él se vende. Aira tiene un grupo de fans que se encarga de rastrear todas las novelitas que edita en el año y guarda una estantería de su biblioteca para él. Cada vez son más este tipo de seguidores.
Le interesan esas historias, está atento a lo que dicen de él. A pesar de que manifestó que escribe para sí mismo, a veces hace concesiones. Hace unos meses atrás estaba en una librería y escuchó a unos lectores jóvenes hablar de él –que no le conocían la cara y no sabían que los estaba escuchando-, uno le decía al otro que lo único que le faltaba a Aira era sexo en sus novelas. Así que en El santo, la que escribía en ese momento, está la primera escena de sexo en un libro de Aira.

Su legado
Ríos dice que a Aira le gusta la tertulia amistosa. Le gusta juntarse con sus amigos a debatir la literatura actual y las lecturas pero que no le interesa hacer esas opiniones públicas, “no tiene la ambición de marcar cánon”, me dijo.
Sin embargo, lo hace. Ariel Idez escribió un libro que se llama “La última de César Aira”, donde él es el personaje principal, un villano de Flores con una impresionante máquina de creación de libros. Junto a él, otros de su generación le rinden tributo pero también están quienes lo rechazan. Por ejemplo, el grupo de escritores jóvenes como Enzo Maqueira, que en la revista Viva dijo: “Que todavía se siga leyendo a Aira como vanguardia es absurdo y anacrónico. La literatura de Aira es escapismo”.
¿Qué lo amen y lo odien la generación de escritores jóvenes, los que escriben ahora mismo, significa qué cosa? ¿Aira es un clásico? ¿Aira molesta? Le pregunté a Hernán Vanoli, editor de Momofuku, escritor y crítico, y me dijo: “Creo que es un escritor fundamental para pensar la literatura argentina de la última parte del siglo XX. Junto con (Rodolfo) Fogwill y con (Ricardo) Piglia, y quizás Marcelo Cohen, a mi entender, son tres referencias que cualquier escritor que trabaje desde nuestro país debe tener en cuenta. Creo que su obra es múltiple, y que ambiciona un destino para la literatura. No son muchos los autores sobre los que se pueda decir eso, Aira en sí mismo es un universo, un procedimiento”, aunque, remarcó después, para él Aira es un autor del siglo pasado.
Y en esa discusión política Vanoli señala que durante los 90 el reclamo hacia Aira tenía una validez que ahora no tanto. “Hay una suerte de neopopulismo experiencial que se opone a Aira porque Aira simplemente tiene cierta relevancia intelectual, "no es tan fácil", no canta una que sabemos todos, no codifica la experiencia social como una revista de cultura juvenil, y bueno, esa impugnación la verdad que me parece lamentable”.
Ese reclamo de los 90, de la poesía comprometida y la literatura fantástica quedó explícito en un ensayo de Fabián Casas donde dice: “Che, Aira nos cagó, la literatura argentina cayó en la trampa de Aira! es un agente de la CIA! Los escritores serios, los grandes gigantes, son mirados de soslayo: ¡reina el viva la pepa! Aira le hizo mucho mal a la literatura, la partió en dos, antes y después de él. De Operación Masacre a Operación Jajá”.
Le escribí a Casas también, explicame Fabián, ¿Qué quisiste decir? Y le mandé diez preguntas que me contestó en un único párrafo donde mezcló filosofía y experiencia personal con el autor, remató con lo que importa: “El ensayito de Aira sobre el que hablás era una manera solapada de mostrarle mi infinita admiración. Y de incitar a que lo lean”.
Aira rompe (las bolas y el cánon) porque en sus novelitas no hay una psicología clara de los personajes, de hecho, está en contra de los personajes. Es un artesano del verosímil, hasta la idea más fantástica y ridícula parece lógica en sus textos; no sólo lógica, la peripecia parece no tener otra salida más que esa extravagancia que él plantea. Él dice que se basa en los cuentos de hadas, con un poco de dadaísmo, de surrealismo. El contexto barrial es sólo un espacio donde colocar el delirio y usar el lenguaje como masa maleable, una materia prima de la imaginación.
Manuel Puig, Alejandra Pizarnik y Osvaldo Lamborghini son sus referentes como escritores, modelos de vida y actitud. “A veces uno toma un modelo y después hace todo lo contrario de él, pero el modelo sigue actuando, como contraste tal vez. Los tres han muerto jóvenes, los tres han dejado su mito, su leyenda, y los tres me acompañaron siempre”, dijo Aira en la nota que le marcó un antes y un después en su vida pública argentina: “El mejor Cortázar es un mal Borges”, publicada en 2004 publicada en Clarín.
Después del escándalo que se generó a raíz de su opinión no habló más con la prensa. Su amigo Strafacce dice que le da pudor aparecer en los medios diciendo un juicio muy categórico porque no se toma en serio a sí mismo, cree que el escritor habla en su obra.
Mauro Libertella, periodista y escritor, hace poco publicó El estilo de los otros, un libro de entrevistas a los grandes escritores latinoamericanos vivos para la editorial chilena Diego Portales. Quiso entrevistarlo y se negó. Varias veces lo intentó, todas las veces lo rechazó.
Y tiene su teoría: “¿Podríamos soportar una verbosidad tan demencial, alguien que además de publicar 4 ó 5 libros por año además esté hablando en todos los suplementos y revistas? Me parece que no. Ahora, yendo a lo que importa, que son los libros, obviamente es su literatura lo que lo puso en el lugar en el que está, cualquiera que sea ese lugar. El se movió bien e hizo el trabajo largo, el de fondo: busco antes a la institución literaria que al mercado. Nos llegó entonces antes la idea de que Aira era un escritor importante, que la proliferación total de sus libros, que sucedió hace unos diez años, cuando todas las editoriales, nuevas o antiguas, quieren publicar sus textos. Durante los años ochenta Aira intervenía fuerte en el debate literario, publicaba en revistas y se metía en quilombos. Esos fueron sus años de verdadera construcción profunda. Lo que estamos viendo ahora, me parece, es la estela que dejó ese trabajo verdaderamente intenso de años”.
De pasar de ser un autor de culto Aira está empezando a ser considerado un clásico, algo viejo, algo de lo cual desprenderse o transformarlo, algo que sí o sí debe ser leído. Y eso ya se sabe en todo el mundo.

26 de marzo de 2016

yo amo internet

Hice un nuevo blog que se llama http://amointernet.tumblr.com/
Es un cuestionario para pensar cómo nos afectó la llegada de internet y cómo cambió nuestra forma de relacionarnos. Haciendo click en el "more" de la barra lateral podés scrolear hasta el primero.