21 de septiembre de 2020

Infobae: El sexo en la tercera edad: “Tuve una vida sexual miserable de joven, empecé a ser multiorgásmica después de los 50”

 

“Mi vida sexual plena comenzó a los 50, y no es porque antes no me haya cogido a todo Buenos Aires y medio Conurbano, pero coger no es lo mismo que gozar”, dice a Infobae Esther Díaz, doctora en Filosofía, jubilada, divorciada, con más de 30 libros publicados.

Es una rara avis dentro de su generación. Vivió sin tabúes, escribió sobre eso en su libro “Filósofa punk” (Ariel), y cada vez que puede invita a las mujeres al autoerotismo, a la masturbación, a la exploración personal del deseo. “Tuve una vida sexual miserable de joven, llegué virgen al matrimonio, conocí los orgasmos, pero la plenitud fue de adulta”, sigue. Ahora, a sus 80 años, su vida sexual sigue siendo rica.

“Que se terminara mi menstruación fue lo mejor que me pasó en la vida. Cuando leo lo de los chips sexuales me mato de risa porque si tenés una vida sexual plena no lo necesitás, existen juguetes sexuales, porno. Incluso empecé a ser multiorgásmica después de los 50 años. Ahora a los 80 sigo viviendo mi sexualidad, sigue vivo el deseo. Estar viva está vinculado al sexo”, sentencia.

Pero no todas las mujeres de la tercera edad tienen su mente tan abierta a la exploración como la de la reconocida académica. Ani Kass es psicopedagoga especializada en gerontología y brinda talleres socio-recreativos a grupos de personas mayores de 60 años en sindicatos. Lo que ella ve es diferente: “La mayor dificultad que presentan las mujeres -y el prejuicio que las frena- es el cuerpo”, dice. En sus talleres de estimulación cognitiva y de comunicación, Kass recibe las dudas, miedos e inseguridades de las mujeres grandes que se acercan.

“Las preguntas que se hacen son: ‘Con este cuerpo, a esta altura de mi vida, ¿cómo voy a hacer para empezar de nuevo una sexualidad activa? ¿cómo voy a hacer para mostrarme, para presentarme ante alguien que no me conoció con un cuerpo joven, fuerte, turgente? Y la respuesta tarda en llegar, pero llega; el cuerpo que tienen es el cuerpo que pueden gozar”.


El “qué dirán” es el fantasma más importante con el que se tienen que enfrentar la mayoría de las mujeres grandes que van a los talleres de Kass. Para muchas de ellas, la viudez implica el final de su vida sexual, la muerte de esa parte vital de sus vidas y de sus cuerpos.

“También es una limitación muy importante la de reconocer la sexualidad solamente como genitalidad. Cuesta entender que la erótica se manifiesta desde muchos más sentidos que la genitalidad”, añade.

Kass, además de ser tallerista, fue la actriz que interpretó ese mismo rol en el programa “El club del deseo”, de la señal para adultos mayores ACUA Mayor, que estuvo al aire en la programación de la Televisión Digital Abierta (TDA) desde 2012 a 2016.

El programa, que se convirtió en emblema del canal y sigue recibiendo mensajes en Youtube y en cont.ar, giraba alrededor de un taller de sexo y erotismo para adultos mayores donde Kass, a través de dinámicas grupales, permitía que salieran a la superficie temas vinculados al amor, la masturbación, la sexualidad y el deseo. En uno de los capítulos, la tallerista dice: “El cuerpo cambia, pero esto no impide la sexualidad; es solo un cambio, no una pérdida de vida sexual”.

Gabriel Katz, director de contenidos de ACUA Mayor, contó que cuando Mónica Roqué, médica y ex directora Nacional de Políticas para Adultos Mayores del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación durante 2002-2015, y el doctor en psicología y especialista en gerontología, Ricardo Iacub, les marcaron que había que hacer un programa sobre diversidad sexual de los mayores fue un impacto para todos los trabajadores de la señal.

“Nos tuvimos que deconstruir de nuestros prejuicios”, cuenta. “Sentíamos que nos planteaban una rebeldía, porque es un tema plagado de tabúes; parece que los adultos mayores tienen vedada la sensualidad”, dice.


Con el director artístico de la señal, Nicolás Tocachier, se propusieron hacer este programa como un docu-reallity, y para hacerlo tuvieron que estudiar ellos también gerontología. “Aprendimos que la sexualidad se termina cuando se termina la vida de uno. ¿Cómo puede ser que sólo se le dé lugar a la ternura y no a la sensualidad y al erotismo?”.

Pero de a poco el feminismo también le llega a las mujeres de la tercera edad. Kass cuenta que en sus talleres -los de la vida real, no los de la tele- hay una situación que se repite: los varones quieren formar pareja rápido y convivir, las mujeres le escapan a ese compromiso, “calzones yo ya lavé”, ahora quieren vivir solas, tener su espacio, salir a tomar algo, a lo sumo pasar el fin de semana juntos o hacer un viaje. “Cuando logran superar el prejuicio de que la juventud es el único momento de disfrute aparece esta diferencia con el hombre”, señala.


“Conocí tarde en la vida al feminismo, pero lo conocí”, cierra Esther Díaz. “Las mujeres tenemos colonizado el cerebro, nos hicieron creer que después de la menopausia se termina la sexualidad. Los hombres creen que somos vomitivas, y las mujeres creen que no tienen deseo, o les da vergüenza”, sigue.

Y cuenta sobre una vez en que después de dar una charla sobre este tema ante 300 personas en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, se le acercó una señora viuda, que le dijo que le resultaba muy difícil conocer a alguien a sus 65 años. “Y le contesté que había juguetes sexuales, que había pornografía, que se masturbe. ¿Sabés que me dijo? Que le daba vergüenza. ¡Si está sola con su cuerpo! ¿cómo le va a dar vergüenza? Eso nos hicieron creer”.


La nota: https://www.infobae.com/sociedad/2020/01/27/el-sexo-en-la-tercera-edad-tuve-una-vida-sexual-miserable-de-joven-empece-a-ser-multiorgasmica-despues-de-los-50/

Infobae: “Se terminó, te volviste invisible”: el sexo después de la menopausia, el chip sexual y el mito del fin del deseo

 

Lucía está atravesando una crisis existencial. Tiene miedo, se siente cínica, disgustada, irritada. Un varón le dice que debe ser la crisis de los cuarenta o que está menopáusica. No, eso no es. Pero se cruzó al pie de la escalera de un bar con un hombre de cincuenta y pico de años e hizo un juego para ver si él la estaba mirando, como ocurría cuando era joven, que seducía incluso sin buscarlo. El resultado la destrozó: “Se acabó, te volviste invisible”, se dijo a sí misma. La escena es del libro La hija del Caníbal, de la escritora española Rosa Montero. "Ya lo dicen las encuestas: a partir de determinada edad desaparecés”, piensa el personaje.

Eso es lo que el mercado -laboral, social y sensual- parece decirle a las mujeres cuando se acercan a la menopausia. El mensaje de invisibilidad que reciben puede sonar así: “La jubilación está cerca por eso ya no sos competitiva en el mercado laboral. Como se acerca la vejez ya no sos tan interesante. Y, sobre todo, vas a dejar de ser linda, atractiva, y sexualmente activa”.

Pero, ¿es así en realidad? La respuesta es no, pero varía según cada mujer u hombre trans. Para que el tránsito por la menopausia sea más sano y con menos prejuicio, la información y la comunicación es clave.

“Pasé de ser una mujer deseable a ser una mina grande no mirada por la mayoría. Al principio me resultó raro, me pregunté si había desaparecido, pero al final eso me liberó, me siento mucho más cómoda, siento mucho placer con mi cuerpo, no sólo a nivel de la sexualidad, también con el ejercicio, conmigo misma, y después eso se traduce en un otro”, dice Andrea Grün, una empresaria porteña de 57 años.

Para ella, el cambio en el deseo no fue con la desaparición de la menstruación sino con “el tsunami de la maternidad y la productividad”. La menopausia le trajo un período de enormes hemorragias que hicieron que su atención estuviera puesta en el cuerpo desde la preocupación, hasta que entendió qué le estaba pasando.

La menopausia y la vida sexual

¿Qué es la menopausia y cuándo se da? Es el cese de la función reproductiva de la mujer o varón trans, es decir que ya no menstrúa. Se produce porque los ovarios dejan de producir folículos y las hormonas estrógeno y progesterona. La edad promedio de la última menstruación es entre los 48 y los 55 años; entre los 45 y los 48 se habla de menopausia temprana y antes de los 45, de menopausia precoz.

“Es una crisis vital; es un cambio, pero la vida continúa”, dijo Sandra Magirena, ginecóloga de la UBA y especialista en sexología. “Cada mujer lo vive de una manera particular”, agrega. "Los impactos son óseos, cardiovasculares, del aparato vaginal, en la piel y en el sistema nervioso central, el que regula las emociones. “Es el período que llamamos ‘Las 3 i’: irritable, insomne e inestable”, bromea Magirena, la doctora influencer de Instagram con su cuenta @consultoriomagirena.

Como es un período donde el organismo empieza a secarse (se siente, sobre todo, en el pelo y la piel), hay que tomar ciertos recaudos en la vagina también: “Como el cuerpo físico pierde elasticidad, la vagina tiene que estar humectada e hidratada, eso se hace con cremas con estrógenos, humectantes naturales o los lubricantes comunes. Además hay que hacer un masaje vaginal: con sexo, masturbación o con juguetes”, recomienda la doctora.

El cambio de punto de vista es el factor común entre todas. La experiencia transforma pero no elimina nada: “No es que se pierde el deseo sexual, es que la erotización cambia. Por ahí lo que ocurre es que están aburridas después de tantos años de hacer las cosas igual, porque si se dan las condiciones de deseo aparece con toda la furia como cuando lo tuvo a los 20 años”, señala la sexóloga y ginecóloga Magirena.

Para la experta, lo que hace falta es ver representaciones reales de los cuerpos y salirse de los prejuicios del cuerpo perfecto. “Hay pocas películas que muestran las relaciones de personas adultas como La Cama, de Mónica Lairana. La ausencia de imágenes reales crea prejuicio y mitos, que después lo padecen más las mujeres que están muy paradas en la eterna juventud, en lo estético, en el exitismo”.

Los cambios corporales son un hecho. Carolina Balderrama es docente universitaria y periodista. Conduce “Un cuarto propio”, en Radio Caput y forma parte de Red PAR (Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación No Sexista) y está atravesando la premenopausia a sus 47 años.

En los últimos meses la menstruación empezó a desaparecer durante largos períodos y a aparecer de manera sorpresiva. “Eso fue un alivio, no tener que pensar más en cuándo me va a venir, fue una liberación”. Además, lo que sintió fueron los sofocos de calor nocturno que no la dejaban dormir bien, la mantenían en un estado de vigilia e irritabilidad.

“Sentía como fuego, empecé a despertarme mucho durante la noche, pero lo tomé como una vuelta a pensar mi cuerpo, a alimentarme mejor, a ejercitarme de otra manera para poder estar activa y no tan cansada durante el día. No creo que me haya afectado el deseo en términos de erotización”, dice desde sus vacaciones.

El mito de la anulación del impulso sexual no es más que un mito. “Hubo un cambio de deseo, pero no fue por la menopausia sino desde que empecé a tener relaciones sexoafectivas y a vincularme con femeneidades, desde que es con otras. En términos de erotización creo que estoy en un momento muy potente”, cuenta.

Sin embargo, la disminución del estrógeno es fuerte en el cuerpo de la mujer durante la etapa del climaterio, “y en la última menstruación la caída es abrupta”, explica la doctora Magirena, y es lo que puede generar cambios en la forma en la que se percibe el cuerpo y el deseo.


El debate alrededor del chip sexual

En la tele se habla de estrategias tecnológicas para combatirlo con el chip sexual. Cathy Fulop estaba en el estudio de Tardes Bellas, el programa de Ciudad Magazine, con su marido Ova Sabatini y la hija de ambos, Tiziana. La pareja contaba que en 2018 se colocaron un chip sexual, y cuando el periodista le pregunta a ella si hubo “un antes y un después”, Cathy duda, hace una expresión de “mehh”.

Pero la interrumpe la hija: “Yo creo que sí, porque los escucho los sábados después de cenar y los veo cómo se hacen mimitos y se tocan todos los días”. Entre risas, Cathy y Ova lo admiten.

¿Qué es el chip sexual? También llamado el chip de rejuvenecimiento, es una aplicación subcutánea del tamaño de un granito de arroz que tiene pellets de testosterona bioidéntica que se obtiene de las plantas. Se coloca en la cintura sobre el tejido adiposo y tiene una duración de entre 4 a 6 meses.

La psicóloga, sexóloga y especialista en erótica femenina, Adriana Arias, dice que el chip sexual es del orden de la estimulación genital. “Si entendiera la sexualidad únicamente así estaría de acuerdo, pero no apuntaría para ese lado si tuviera que estimular a las mujeres a una mayor y mejor sexualidad”, dice consultada por Infobae.

Y agrega: “La anorexia sexual post menopausia, o la disminución del deseo sexual es un mito, porque para considerarlo una verdad tendríamos que reducir el erotismo exclusivamente a la genitalidad. Si llegás a los 50 años y reducís el erotismo a eso estás sonada, tenés una sexualidad limitada, porque el erotismo es mucho más que lo genital”, dice Adriana Arias.

Es que para ella los mitos negativos en relación a la menopausia sobreviven las culturas, pero con suerte se están rompiendo con los movimientos masivos de mujeres. “Todavía tenemos una sexualidad falocéntrica cuando el efector del orgasmo es el clítoris”, agrega.

Arias, que recomienda el uso de juguetes estimulantes y lubricantes, asegura que la única pérdida es la disminución de estrógeno y progesterona. “No vamos a tener el aporte hormonal que teníamos a los 25, no va a estar la lubricación de la juventud, pero a su vez va a estar a favor la experiencia ganada, la libertad de un cuerpo que no tiene la amenaza de un embarazo, y la mujer más liberada, porque no es casual que haya mujeres separándose a los 50. Es que el erotismo todo cambia”.

Sandra Magirena está de acuerdo: “La sexualidad es juego, no es sólo el coito”, dice. Para ella, el chip es una exigencia más para la mujer.

“Estamos acostumbrados a una disciplina del cuerpo, y eso termina siendo una cárcel. El feminismo abre una puerta para salir de la disciplina del cuerpo, del tabú de la menstruación, del cuerpo perfecto, del sexo en la menopausia. ¿Por qué en vez de ponerse un chip hecho de manera artesanal sin homologación oficial no le piden a sus parejas que exploren más?”, se pregunta.


La nota: https://www.infobae.com/sociedad/2020/01/22/se-termino-te-volviste-invisible-el-sexo-despues-de-la-menopausia-el-chip-sexual-y-el-mito-del-fin-del-deseo/

10 de noviembre de 2019

LATFEM: Shirley Manson en la Argentina: “romper el sistema binario es la jugada más inteligente que podemos hacer como sociedad”

Publicada el 9/11: https://latfem.org/shirley-manson-en-la-argentina-romper-el-sistema-binario-es-la-jugada-mas-inteligente-que-podemos-hacer-como-sociedad/

El teatro estaba lleno de “rarxs”. La sala catalana de San Telmo tenía todas las butacas y palcos ocupados por mujeres, lesbianas, trans, gordas, negras, marrones, a pie, en silla de rueda, y unos pocos fans de remera negra. El telón bordó y las luces tenues del Espacio Xirgu Untref preparaban la emoción que se vendría. “¿Cuándo sintieron por primera vez que las estaban pasando por alto solo por ser mujer?”, preguntó Barbi Recanati. El fuego ya estaba encendido. Shirley Manson, esa que en 2001 vimos mear de parada en el video Androgyny de su banda Garbage, agarró el micrófono con decisión: “Lo primero que se me viene a la cabeza es como un fuego, porque yo siempre fui una líder poderosa de mi banda”. Apasionada, comenzó el relato de algo que le pasó hace unos años con un tono entre gracioso y enfurecido. Shirley le había dado instrucciones específicas al abogado de su banda, y éste, en lugar de hacer lo que le pidió, fue a consultarlo con el resto de los músicos varones. “Cuando me vinieron a contar me pareció raro, tardé unos minutos en darme cuenta lo que había pasado, y dije fuck him, I want him out, lo quiero afuera, y mis compañeros dijeron: bien”.





En el escenario estaba la música Barbi Recanati como moderadora de la charla final del Goza Tour, un ciclo de conversaciones que durante todo el año giró por las provincias con invitadas especiales (Miss Bolivia, Susy Shock, Marilina Bertoldi, Pat Pietrafesa, Lula Bertoldi, Natalia Perelman, Mariana Paraway, Florencia Mazzone y la periodista de LatFem Romina Zanellato) organizado por el British Council, Futurock y el sello feminista Goza Records para debatir la situación de las mujeres, lesbianas, trans, no binaries en la industria de la música. El cierre ocurrió el jueves a la tarde y tuvo dos invitadas de lujo, la escocesa Shirley Manson, líder de Garbage, y la música chilena Francisca Valenzuela, motor del festival y plataforma feminista Ruidosa.

“Hay algo subversivo en apropiarse de tu propio proyecto. Me costó mucho empoderarme de mi deseo, de no sentir vergüenza o culpa de ser ambiciosa, y dejar de delegar la inteligencia de mi proyecto en otros”, dijo Valenzuela. Antes de empezar la charla, tocó unas canciones en el piano con sus coristas, y contó que ahora su equipo de trabajo está compuesto por mujeres y miembrxs de la comunidad LGTBIQ+. Al principio, acataba las formas del mercado, las imposiciones de los sellos, el maltrato patriarcal de la industria, hasta que entendió que podía hacerlo de otra manera, hasta que en una entrega de premios se fue a un rincón y encontró a otras colegas en la misma incomodidad. Al volver a su casa esa noche de premiación, Francisca decidió hacer Ruidosa, un festival chileno que tiene el objetivo de visibilizar a las músicas y les musiques que no llegan a los grandes escenarios, y que también tuvo sus versiones en México y Los Ángeles. “Tuvimos que hacer el relevamiento de la participación de mujeres en los carteles de los festivales para callar a aquellos que siempre tienen un pero ante nuestros reclamos. El dato mata la opinión, el número es el argumento”, dijo.

La discusión, sobre el escenario, viró hacia la ley de cupo para asegurar un 30% de músicas en los escenarios de los festivales, proyecto que tiene media sanción en el Congreso. Shirley, con su pelo naranja y su media cabeza rapada, no dudó. “Cuando era joven estaba en contra de la discriminación positiva, creía que la ley no modificaba la cultura, pero ahora creo que no se puede confiar en el corazón y la buena voluntad de los empresarios de la industria. Ya quedó demostrado que son corazones corruptos. Así que sí, dame el maldito cupo que me corresponde”, y su carcajada, estruendosa, rebotó por la sala, por lxs espectadorxs, contagiosa, productora de más risas, más eco.


Íntima y poderosa
El viernes por la mañana Shirley llegó con su marido a la casa de Barbi Recanati en Colegiales. Un pequeño grupo de periodistas de música la esperaba para una entrevista íntima en la sala de estudio de Goza Records. De camisa blanca y pañuelo rojo con lunares, la escocesa transmitía curiosidad, empatía y poder. El día anterior había hablado sobre abusos, sobre lo hardcore bitches que ella y sus colegas tuvieron que ser en los ’90 para sobrevivir en la escena, y aún le resonaban las preguntas del público, lo poderoso que fue el encuentro para ella. Ahí, rodeada de periodistas precarizadas y discriminadas en sus propias redacciones, Shirley empezó haciendo las preguntas. “Pero, ¿cómo puede ser que no puedan escribir sobre rock? ¿por qué eligen siempre a redactores varones?”. La catarsis comenzó y ella escuchaba azorada cómo los editores de los grandes medios dieron excusas y vueltas ante el único requerimiento que pidió Barbi Recanati: las notas las escriben periodistas mujeres. El espacio lo hacemos entre nosotras, de manera colectiva, fue el resumen.

Y el interés de Shirley por Argentina empezó así: La primera vez que vino la entrevistó la periodista de MTV Mikki Lusardi y pegaron onda. Ella le contó sobre el movimiento #NiUnaMenos y empezó a prestar atención. “Las empecé a seguir en Instagram y me mantenía informada por ahí”, dice. La segunda vez que vino, en 2016, “las chicas muy jovencitas me ponían un pañuelo verde con una insignia blanca en la mano y yo no sabía qué era, empecé a averiguar”, cuenta. Desde la cuenta de Twitter de su banda, Garbage, se pronunció en varias ocasiones como compañera de la lucha feminista argentina.

En los días que estuvo en Buenos Aires, Shirley entró a varias iglesias de la ciudad, y quedó flasheada con la pasión de lxs creyentes que vio. “Fue muy intenso ver a estas personas persignarse en el estrado, y por eso creo que es tan importante el pañuelo verde y la luchan que llevan adelante, porque están luchando contra algo muy poderoso, con mujeres que creen que abortar las convertirá en el diablo”.

Si bien dijo que no se considera una activista porque no dedica su vida entera a la causa, a lo largo de la entrevista habló sobre las mujeres iraníes, las brasileñas, las francesas, las comunidades trans de su país de adopción, Estados Unidos, y de su tierra natal, Escocia.

Lo que aprendió y lo que dice en cada respuesta habla de un feminismo transversal y no especista: “Tenemos que hablar con todas, con mujeres negras, marrones, indígenas, en sillas de rueda, trans, no binaries, con todes. Si sólo nos centramos en las luchas de las mujeres blancas el feminismo no va a avanzar, tenemos que pensar en todas, y eso se hace hablando y conociéndonos”, resaltó.


Glitter, Rihanna y Evita
“Me hago lesbiana por Rihanna”, dijo, y explotó la carcajada. “Quién no”, “quiero esa risa de ringtone”, se escuchó por lo bajo. En el estudio de Goza Records, Shirley Manson hablaba con la custodia de una gran fotografía de Patti Smith y un pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la pared. “Para mí Rihanna es una gran modelo a seguir, la amo. Lizzo también es excelente, nunca hubiera podido funcionar en mi tiempo. Igual que Billie Ellish, convoca de una manera increíble a les jóvenes. Ahora hay otras formas de ser mujer y de ser exitosa”, dice.

“Fuiste a comer al Museo Evita y subiste una foto con un mural de Evita, ¿qué te convoca de su figura?”, pregunta la periodista Paz Azcárate, y Shirley empieza con su anécdota: “Cuando era chiquita, en los ’70, el musical de Evita de Andrew Lloyd Webber pegó mucho en Escocia, y lo canté en el coro de la escuela, lo toqué con violín y piano. Mis maestras me contaron su historia y, aún sin saberme feminista, me encendió su vida. Toda mujer poderosa me interesa. Sus discursos me conmueven”. La periodista Catalina Greloni Pierri le recordó que tocó No llores por mí Argentina en su último show que dio con Garbage en el Luna Park. Las risas explotaron de nuevo y Shirley pidió disculpas por eso. “Me dijeron que soy peronista pero que aún no lo sabía, y les creo”, confesó.

Hermosa e imponente, Shirley contó que muchas veces le ofrecieron hacer fotos desnuda o sexy y que ella prefirió mostrarse rara y feroz. “Siempre entendí el poder del cuerpo de la mujer”, dice, y ahora se ríe de sus arrugas, de las veces que a los 30 le dijeron que era muy grande para liderar una banda porque ya no era fuckable, o cogible. La imagen agresiva y masculinizada de sí misma siempre le interesó, y está en sus canciones desde el primer día. Siempre supe que era heterosexual, pero me fui dando cuenta con los años que me identifico con lo no binario. Romper el sistema varón-mujer es la jugada más inteligente que podemos hacer como sociedad, y hay que mirar a la comunidad LGTBIQ+ para aprender de elles”.

Hubo aplausos, risas, foto grupal, individual, medialunas y café negro para ella. El domingo se va a Chile, a tener la misma charla con Barbi Recanati y Francisca Valenzuela del otro lado de la cordillera, donde el fuego está prendido.

Taller: Un mapa propio


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Infobae: Brenda Mato y la historia detrás de su "activismo gordo”: “Me mandaron a hacer la primera dieta a los 9 meses de vida”

Brenda Mato y la historia detrás de su "activismo gordo”: “Me mandaron a hacer la primera dieta a los 9 meses de vida”

Publicada el 3 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/03/brenda-mato-y-la-historia-detras-de-su-activismo-gordo-me-mandaron-a-hacer-la-primera-dieta-a-los-9-meses-de-vida/


“Me mandaron a hacer la primera dieta a los 9 meses de vida", dice Brenda Mato, modelo de talles grandes. “La pediatra le dijo a mi mamá que estaba excedida de peso y que tenía que restringirme alimento. Hacía tres meses que no me alimentaba con otra cosa que no fuera leche”. La anécdota le causa gracia hoy, 29 años después, pero fue la primera de muchas situaciones donde su peso determinó su vida.


Brenda tiene un cutis de porcelana y una boca chiquita como un bombón rojo, su cuerpo tiene las curvas de un reloj de arena exuberante, desborda en eso que la industria del modelaje y en la sociedad se plantea como pecado capital. En su cuenta de Instagram, con casi 50 mil seguidores, se la ve en bombacha y corpiño, en bikinis, posando un jean y un blazer en la ciudad, comiendo un sándwich vegetariano de milanesa.

Cada uno de sus posteos es un motivo para hablar de su activismo gordo -el movimiento que reivindica los cuerpos grandes, tanto como objeto de deseo como deseantes, para quitarles la etiqueta de “cuerpo enfermo sólo por ser gordo”-, y del movimiento “body positive” -que busca la aceptación positiva de todos los cuerpos-. La semana pasada Brenda fue a Incorrectas, el programa de TV de Moria Casán y sufrió, una vez más, lo que se conoce como gordofobia. El debate en las redes estalló. ¿Cuando una persona flaca se muestra comiendo un sándwich de milanesa se la acusa de lo mismo que a una gorda?

“No, hace seis años que soy vegetariana y estaba emocionada porque encontré un lugar que hacía sándwiches de milanesa espectaculares. Estaba feliz. Porque subí una foto a Instagram la gente enseguida me acusa de que esa sea mi alimentación cotidiana. ¡Y no! Después están los que me preguntan cómo puede ser que sea gorda siendo vegetariana. Estoy harta. Ya no le doy explicaciones a nadie, menos a desconocidos por Internet”, dice a Infobae.

La gordura viene por el lado de su mamá. Es una cuestión genética, tienen las mismas curvas exuberantes. De niña recuerda haber sido consciente de que su cuerpo era más grande que el de las otras chicas, pero no la pasó mal porque su familia no fue restrictiva con ella. “Jamás me hablaron de manera negativa sobre mi cuerpo y si yo quería una golosina no me decían que no porque fuera gorda”, cuenta. “El recuerdo más feo de esa época fue a los 6 o 7 años, me quería disfrazar de Sailor Moon, mi dibujito preferido, mi ídola, y el talle 12 me quedaba chico. Me compraron el más grande que había pero sólo lo podía usar en casa porque me quedaba corto”.

La adolescencia fue el momento más oscuro y doloroso para ella. Pasó por tantas nutricionistas que perdió la cuenta, siempre le pasaba lo mismo: sacaban del cajón una hoja con un plan de comidas que ya tenían hecho. No tenían en cuenta su vida, sus emociones, su rutina. Sin embargo, bajó mucho de peso y estaba delgadísima. “Pero en el colegio el título de gorda ya me lo había ganado y era muy difícil salir de ahí”.

Cuando se desarrolló el cuerpo fue una explosión de crecimiento y hormonas que le parecían incontrolables. El primer corpiño que se compró, de adolescente, fue talle 90. “Lo que me pasaba es que, por mi contextura, nunca iba a poder ser considerada delgada, incluso siendo lo más delgada posible para mi cuerpo. Yo tenía un cuerpo distinto al de la mayoría. Es una locura ese nivel de confusión que te generan los estereotipos, los mandatos culturales. Nunca llegás a ser lo suficiente delgada”.

La culpa, el castigo y el odio sobre el propio cuerpo durante la adolescencia es un relato que se repite entre las mujeres, tengan la talla que tengan. Pero, ¿son responsables de su propio peso?

“Es muy difícil explicar la obesidad. No es cierto que la persona que come mucho es obesa y la que come poco es delgada. La obesidad es un gran enigma para la medicina. Es, en gran medida, un tema en el que confluyen la genética y las experiencias alimentarias de los primeros años de vida”, explica a Infobae el Dr. Carlos Tajer, cardiólogo, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital El Cruce y expresidente de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Si bien la obesidad es, efectivamente, un factor riesgo para enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, las cardiovasculares, “hay obesos metabólicamente sanos, que no tienen ninguno de estos cuadros”, sigue. En su investigación sobre “La obesidad y sus paradojas”, Tajer señaló que una parte de estas enfermedades se pueden prevenir fácilmente (reduciendo la sal y tomando una pastilla por día para la hipertensión, por ejemplo) y los riesgos se controlan.

Sin embargo, el yugo cultural es enorme. “Estar delgado es una especie de ideología. Si bien la gordura está distribuida en toda la población, las clases altas tienen particular preocupación por evitarla porque el modelo de exigencia corporal es muy alto", sostiene el cardiólogo.

“Si uno mira el tema desde el punto de vista social se ve que las poblaciones están aumentando de peso, es un fenómeno cultural muy fuerte. En la Encuesta de Factores de Riesgo del INDEC se ve un aumento año a año (evidenció que el 66% de los individuos tuvo exceso de peso en 2018, cuando en 2005 no llegó al 50%) . No es algo individual, es algo que ocurre en Occidente. Es un tema de política general y estamos todos de acuerdo en revertir este fenómeno. Ahora, desde el punto de vista individual es cultural, responde más a prejuicios que a algo medicinal”.

El modelaje

Después de esa época oscura de la adolescencia, Brenda Mato decidió que tenía que vivir de la mejor manera posible, así que retomó lo que más le gustaba desde chica: bailar y actuar. Al poco tiempo, en 2012, una amiga suya buscaba “una chica normal” para hacer unas fotos de su marca de ropa. Quería cuerpos cotidianos.

La llamó y Brenda le dijo que sí. “Me pagó 300 pesos, me acuerdo, era un montón”, cuenta. “Nunca fue mi sueño ser modelo, ni se me ocurrió”. Ahí comenzó una carrera que no paró nunca. Se hizo una página en Facebook, abrió una cuenta en Instagram para mostrar los trabajos que le salían y empezó a recibir mensajes de gente que se sentía identificada con su cuerpo.

Cuando la ONG AnyBody buscaba una vocera para hacer una campaña para que Facebook eliminara las etiquetas “me siento gorda” y “me siento fea” se postuló y la eligieron porque mostró una postura positiva sobre sí misma. “Ahí me llegó toda la parte teórica del movimiento gordo. Me puse en contacto con el taller Hacer la Vista Gorda, con los activistas Nicolás Cuello y Laura Contrera, de quienes aprendí mucho. Yo no buscaba ser activista, tampoco modelo, fue lo que me pasó”. Ayer, además, Brenda ganó un concurso de Avon en Latinoamérica para ir a conocer Nueva York con cuatro instagramers más.

El activismo gordo va ganando espacio dentro de los feminismos. En el Encuentro Nacional de Mujeres del año pasado, en Trelew, se hizo el primer taller de “Activismo gordx". Este año, en La Plata, se repetirá y se sumará otro más: “Mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales, no binares y la relación con sus cuerpos”.

Ahí se discutirán las relaciones entre la gordura, la alimentación y la pobreza, la Ley de Talles y la patologización de los cuerpos gordos. El ENM será el fin de semana largo (arranca el 12, termina el 14) y, por la cercanía y el momento histórico, se espera que sea masivo: irán, al menos, 200.000 personas.

En su Instagram hay cientos de mensajes privados y algunos posteos tienen 500 comentarios. Intenta contestarlos todos y dedicarle su tiempo a responder bien. “Las redes son lindas pero es agotador. Hay gente que sin conocerme me confía cosas muy íntimas, me mandan mensajes para desahogarse y abrir su corazón. Me dicen que gracias a leerme pueden mirar su cuerpo de otra manera, o que les hubiera gustado que, cuando eran jóvenes, hubieran existido mujeres como yo para verse reflejadas. Yo también hubiera querido que alguien me dijera que el sistema hace que odies tu cuerpo porque después va a lucrar con ese odio”, termina.

Para ella, mucha gente confunde la salud con lo saludable, y le exige a las personas que sean de determinada manera. “¿Y qué pasa si yo no fuera sana? ¿No debería mostrar mi cuerpo si tuviera colesterol?”, se pregunta. La gente que la cuestiona le exige “responsabilidad”, le dice que “los extremos son malos”: para el activismo gordo, esos comentarios se usan para esconder la forma de discriminación llamada gordofobia.

Después, se despide: “Lo que pasa con los cuerpos gordos es que muchos creen que es una enfermedad que nos autogeneramos. Me dicen: ‘vos sos gorda porque vos querés, porque no hacés lo suficiente para no serlo, es tu culpa’. Esas máximas son muy dañinas".


Infobae: Niñas, no madres: denunciarán al Estado argentino en Washington por “obligar a las niñas abusadas a parir”

Niñas, no madres: denunciarán al Estado argentino en Washington por “obligar a las niñas abusadas a parir”
Publicada el 25 de septiembre en Infobae: https://www.infobae.com/sociedad/2019/09/25/ninas-no-madres-denunciaran-al-estado-argentino-en-washington-por-obligar-a-las-ninas-abusadas-a-parir/


Las cifras no bajan. En el país, por año, cerca de 2.500 niñas menores de 15 años llegan a los hospitales a parir. Las provincias con más alto índice de embarazo infantil son Tucumán, Salta, Misiones y Santiago del Estero. Se estima que el 80% de esos embarazos son producto de violencia sexual, la mayoría de los cuales ocurre en el ámbito intrafamiliar o en círculos cercanos a las víctimas. A pesar de que está próximo a cumplirse el centenario del artículo 86 del Código Penal argentino -que permite el aborto legal por tres motivos, uno de ellos la violación-, hay varias provincias que impiden que las niñas víctimas de violencia sexual puedan acceder a ese derecho.

“Obligarlas a parir, forzar su maternidad cuando ellas expresan lo contrario, eso es una tortura para nosotras. Hablamos de niñas de 11 o 12 años”, dice a Infobae Nora Pulido, coordinadora del Colectivo de Derechos de Infancia y Adolescencia, una coalición de organizaciones de todo el país que se encarga del seguimiento de la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño en la Argentina.

Ella es una de las tres mujeres que viajarán a Washington, Estados Unidos, a la audiencia temática del 27 de septiembre de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para denunciar los obstáculos que enfrentan las niñas y las adolescentes embarazadas producto de una violación para acceder a un aborto, derecho que fue ratificado por la Corte Suprema de la Nación en el fallo FAL en 2012. Pulido irá junto a Fernanda Marchese, directora ejecutiva de ANDHES (Abogados y abogadas del Noroeste argentino en derechos humanos y estudios sociales) y Celia Debono, coordinadora nacional de CLADEM (Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer).

Juntas, además de denunciar ante la CIDH la situación de Argentina, pedirán una audiencia regional porque detectan similares violaciones a los derechos de las niñas en los países de Latinoamérica y el Caribe. “Ya es un logro que la CIDH haya tomado el tema, muestra una preocupación de su parte”, dice a Infobae Fernanda Marchese, recién llegada de Tucumán y pronta a viajar a Washington.

Como el Estado argentino adhirió a los tratados internacionales con calidad constitucional, presentarse ante la CIDH y denunciar que los derechos de las niñas vulneradas no se cumplen puede generar una presión diplomática sobre el país. El rol de la CIDH es dar un seguimiento para que se cumplan los derechos asumidos, y en caso de que eso no ocurra, puede recomendar ciertas medidas para darle cumplimiento. Para ejemplificar la situación argentina, las organizaciones presentarán un caso testigo.

Lucía, el caso testigo

Lucía, la nena de 11 años que fue violada por el novio de su abuela en Tucumán y a quien el Estado provincial intentó por todos los medios negarle el acceso a su derecho al aborto, será ese caso. Lucía llegó al hospital el 11 de febrero de 2019 junto a su mamá, también víctima de violencia de género, repitiendo lo que nadie quería oír: “Quiero que me saquen de adentro lo que me puso el viejo”.

A la mamá le dijeron que la hija se le iba a morir si le practicaban un aborto y que ella iba a ser la responsable, le regalaron una tablet, le prometieron una casa nueva, le ocultaron información, todo para que protegiera a esas “dos vidas”, pero la nena pedía a gritos otra cosa. Ningún médico quiso hacerse cargo.

Lo que denunciarán es que las provincias argentinas, escudándose en el federalismo, no aplican el Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), elaborado en 2012 por el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable del entonces Ministerio de Salud de la Nación.

Es que Tucumán es la única provincia del país que no está adherida a la a la Ley nacional N° 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable. Si bien es una ley nacional, cada provincia tienen la potestad de adherir o no hacerlo, sin embargo, parte de lo que denuncian es que Tucumán no cumple lo dictado por la Corte Suprema, el Código Penal y los tratados internacionales que tienen mayor jerarquía legal.

Al ver que pasaban los días y nadie intervenía ni ayudaba a su hija de 11 años, la mamá de Lucía, desesperada, le pidió a una familiar que buscara “a las de los pañuelos verdes” y fue así como llegó a las activistas feministas y a las organizaciones Andhes y Cladem, que la patrocinaron.

Unas horas después de eso, Cecilia Ousset y José Gijena, una pareja de ginecólogos, intervinieron a Lucía y le realizaron una microcesárea en un quirófano vacío, porque todos los agentes de salud se proclamaron objetores de conciencia. Como la bebé se murió pocos días después, un grupo de abogados y abogadas de Tucumán denunciaron por homicidio a los médicos.

Lucía, que no se llama Lucía y a quien se le puso ese nombre para proteger su identidad y privacidad, está sana, aunque nunca será la misma niña que antes. Tuvo que cambiarse de escuela y todavía no pudo volver a su pequeño pueblo, de menos de 500 habitantes, porque el arzobispo de Tucumán Carlos Sánchez violó su anonimato y llamó a todos los fieles de la provincia a rezar por ella, con nombre y apellido.

“El caso tucumano es un caso testigo de falta de derecho. Si es el Estado nacional quien adhiere entonces es él quien debe garantizar el acceso al derecho a las niñas. El federalismo no puede ser un justificativo para vulnerar ese derecho. Queremos que la CIDH mire más allá de Buenos Aires, y que diga que es el Estado argentino el garante de los derechos de las niñas”, manifiesta Marchese.

Para qué puede servir

El objetivo es que si la CIDH se pronuncia con una serie de recomendaciones para Argentina, esto se traduzca en políticas públicas que generen acciones concretas en las provincias donde los derechos de las niñas están más vulnerados, que haya inversión concreta para reactivar el desfinanciado Plan Nacional de Prevención y Reducción del Embarazo no Intencional en la Adolescencia (ENIA) y la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en todas las escuelas.

“El Estado es responsable de generar igualdad en toda la ciudadanía, que no sea basada en la discriminación”, añade Florencia Vallino, abogada de la familia de Lucía. Aún no elevaron a la CIDH una petición individual donde se denuncie este caso porque quieren agotar todas las instancias locales antes. El abusador de la nena está en prisión preventiva y falta para su juicio. Aún está corriendo el caso de los médicos que hicieron el procedimiento y, por otro lado, una causa en el fuero de Familia.


“Este caso tomó una notoriedad pública porque hubo un movimiento de mujeres que ayudó a que se visibilizara, pero la pregunta es ¿cuántas otras Lucías hay en el resto de las provincias viviendo situaciones que consideramos tortura? Niñas menores de 15, con 11 o 12 años, víctimas de violencia sexual y obligadas a parir”, se pregunta Nora Pulido.

Durante 2017 hubo 2.493 bebés nacidos de niñas menores de 15 años en el país, según la Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS) de la Secretaría de Gobierno en Salud. Además, 91.586 adolescentes de entre 15 y 19 años tuvieron un parto en el país.

Sólo 12 provincias poseen un protocolo de acción para dar cumplimiento a los abortos por las tres causales contempladas en la ley, y luego ratificadas por la Corte Suprema en el fallo FAL (donde insiste en que no es necesario denunciar para acceder a la intervención). Otras 6 provincias tienen guías con más exigencias que las que demanda la ley y otras 6 provincias no cuentan con ninguna normativa: Catamarca, Corrientes, Formosa, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán.

Inbobae: Encuentro Nacional de Mujeres 2019

Foto: María Paula Avila

Encuentro Nacional de Mujeres: “tetazo” frente a la Catedral de La Plata por la separación de la Iglesia del Estado
Publicada el 13 de octubre. https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/13/mujeres-realizaron-un-tetazo-frente-a-la-catedral-de-la-plata-para-reclamar-por-la-separacion-de-la-iglesia-del-estado/

“Basta de matarnos”: el reclamo de la marcha de travestis y trans con sus dos “santas” a la cabeza
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/basta-de-matarnos-el-reclamo-de-la-marcha-de-travestis-y-trans-con-sus-dos-santas-a-la-cabeza/

La Plata, copada por los feminismos: emoción y un cierre con una marcha multitudinaria
Publicada el 13 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/14/la-plata-copada-por-los-feminismos-emocion-y-un-cierre-con-una-marcha-multitudinaria/

Arrancó el 34° Encuentro de Mujeres en La Plata: pese al diluvio, se espera un récord histórico de participantes
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/arranco-el-34-encuentro-nacional-de-mujeres-pese-al-diluvio-se-espera-un-record-historico-de-participantes/

“Soy una mujer intersexual”: un silencio que se rompe y un tema que llega por primera vez al Encuentro Nacional de Mujeres
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/soy-una-mujer-intersexual-un-silencio-que-se-rompe-y-un-tema-que-llega-por-primera-vez-al-encuentro-nacional-de-mujeres/

Infobae: "Soy una mujer intersexual"

Publicada el 12 de octubre en Infobae:
https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/soy-una-mujer-intersexual-un-silencio-que-se-rompe-y-un-tema-que-llega-por-primera-vez-al-encuentro-nacional-de-mujeres/

“A los 7 años lo pregunté por primera vez. Mirando mi cuerpo me di cuenta de que era distinto al de los demás”, así empieza su relato Valeria Silva. “Le pregunté a mi mamá qué me pasaba, y ella me dijo que era hermafrodita (así se le decía en aquella época), que era muy probable que no pudiera ser madre de grande. Y que no tenía que decírselo a nadie para que no me discriminaran”.

Valeria nació en Bariloche hace casi 30 años. Es la octava de nueve hijos de una familia obrera. Cuando ella nació, los médicos no pudieron cumplir el protocolo de asignación de sexo que se aplica para anotar a un bebé como mujer o varón. “Como mi cuerpo era distinto, los médicos le plantearon a mis padres que había que corregirlo porque mi genitalidad no se correspondía con los parámetros que se establecen como ‘normales'", dice a Infobae.

Cuando una persona intersex como Valeria dice la palabra “corregir” se refiere a mutilar, a adecuar los genitales para que luzcan “normales” o a completar “lo que falta”. Los médicos modifican los genitales que no saben diferenciar si son muy chicos “para ser penes” o “muy grandes para ser clítoris”. Una persona intersexual puede tener distintas variantes en su cuerpo, como tener vulva y vagina pero no tener útero y ovarios. En el sistema médico tradicional se le asigna un sexo mediante una cirugía al cuerpo de una persona -en este caso un bebé que no puede dar su consentimiento, ni autopercibirse como varón o mujer-, sólo para adecuarlo a los cuerpos aceptados como varón y mujer.

Valeria está viajando desde Bariloche hacia La Plata y planea llegar hoy al 34° Encuentro Nacional de Mujeres (aunque ella está en el sector que pide que se cambie el nombre a Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias), donde se realizará por primera vez en la historia un taller sobre las personas intersexuales. Ella, después de un largo camino personal, se define como una mujer intersexual y una mujer mapuche. “Esa es mi identidad”, dice orgullosa.


Su historia es la de un cuerpo en libertad, y por eso lo cuenta. Pocas personas intersexuales corrieron con la misma suerte de Valeria. “Cuando el doctor se lo dijo a mi mamá al principio se asustó, la asustaron, era algo nuevo para ella”. Valeria fue criada en los barrios altos de Bariloche, en la zona más humilde de la ciudad, lejana al lago Nahuel Huapi. Sus padres se conocieron trabajando, los dos se mudaron jóvenes desde los parajes de la zona en busca de una actividad más rentable que la cría de cordero y chivo.

“Los médicos le insistían a mi mamá que tenían que operarme en los primeros años de vida para que no me queden recuerdos, pero ella y mi papá veían que yo no tenía problemas, que podía jugar, correr, ir al baño, y que no estaba en peligro mi vida. Entonces decidieron criarme como Valeria, y que si de grande yo quería cambiarme el nombre o reconocerme de otra manera ellos me iban a acompañar. Fue una decisión muy sabia, y creo que fue el mayor gesto de cariño y amor que recibí de su parte”, relata.

Valeria es empleada estatal de la provincia de Río Negro y activista mapuche. Y tiene, como tantas otras personas, una diversidad corporal. “La intersexualidad no es una identidad de género. El género es una construcción social y personal, cualquiera puede definirse como no binarie o trans y desde ahí performatear (modificar) su cuerpo, pero lo nuestro es una diversidad corporal, no lo elegimos, es lo que nos toca al nacer y es lo que nos dicen que está mal. El sistema médico nos obliga a modificarnos para ser como un varón o una mujer deben ser”, explica.

Según la Organización Mundial de la Salud, el 1,7% de la población no entra dentro de las categorías biológicas del binarismo celeste-rosa de las salas de neonatología. Pero no todas las corporalidades tienen la misma apariencia. Mauro Cabral, histórico militante del movimiento, explicó a Infobae que hay 40 formas de ser intersexual.

“Lo que hay en común es que tenemos una manifestación corporal distinta a la común”, dice. Y eso puede variar en la fisionomía de los genitales (un clítoris de más de cuatro centímetros se escapa de la norma), en una variación cromosomática (poseer cromosomas XXY), ser gónada (una diferencia en los órganos internos, como no tener útero) o tener ovotestis (que son ovarios y testículos en el mismo órgano). La intersexualidad no es una identidad de género y no determina ni la identidad ni la orientación sexual de una persona.

“Lo que quiere el movimiento intersexual es poner límite a las mutilaciones genitales sin autorización en contextos hospitalarios”, agrega Cabral, quien no podrá ir al taller del Encuentro Nacional de Mujeres por ser varón intersex, pero está entusiasmado por el encuentro de tantas mujeres que van a compartir sus historias.

Romper el silencio es una parte fundamental de su lucha. “El problema es que muchas personas intersex no sabemos qué intervenciones nos hicieron de bebés, porque estas cosas no se guardan en las historias clínicas, y es muy difícil recuperar lo que nos hicieron”, dice. El secreto es parte del tratamiento clínico. Para revertirlo presentaron ante el Congreso un proyecto de Ley de Protección Integral de las Características Sexuales para que el Estado, entre otras medidas, forme una comisión de la verdad con el fin de saber cuántas intervenciones hubo y de qué tipo.

El despertar

Valeria reconoce el privilegio de no haber sido mutilada. “Durante muchos años tomé el mandato del silencio que me impusieron los médicos porque fue como una protección, porque el sistema no está diseñado para personas intersexuales”. Pero a medida que iba leyendo historias de vidas distintas a las suyas decidió convertirse en activista, mostrar otra historia, desde su cuerpo libre.

“La primera vez que escuché la palabra fue a los 20 cuando fui a un médico que me lo dijo muy claro: esto que tenés vos se llama intersexualidad”, cuenta. El doctor le preguntó si quería hacerse una cirugía para adecuar su cuerpo porque ella se percibía como mujer, aunque sus genitales fueran diferentes. “Sentía que estaba incompleta y entré en ese mundo patologizante de querer corregir mi cuerpo, mis genitales”.

Como fue previo a la Ley de Identidad de Género -que facilitó los procesos- tuvo que hacerse una serie de pruebas psicológicas y psíquicas antes de la intervención, que no llegó a hacerse. “Con el tiempo pude tomar conciencia de que mi cuerpo no estaba mal, que no era yo el problema, y empecé a cuestionarme por qué tenía que adecuarme a un sistema binario”.

Su búsqueda personal en cuanto a su disidencia corporal también estuvo atravesada por su identidad originaria. En la ciudad, muchas personas pierden el vínculo con la cosmovisión mapuche, pero a medida que se fue reconociendo como tal se alejó de los médicos tradicionales y se acercó a un machi -una autoridad reconocida de la salud y la espiritualidad mapuche-. “Desde ese momento empecé a percibir mi cuerpo de manera más amigable, a quererme, y a darme cuenta de que había zafado de esas intervenciones que causaron tanto dolor en los testimonios que leía en Internet. Yo tenía un cuerpo libre de mutilaciones, tenía que valorarlo”.

Hoy en el taller N°21 las personas intersexualas hablarán sobre la medicalización de sus cuerpos, el sector de la salud y los cuerpos intersexuales, la autonomía y los derechos de cada una. Y lo que más les importa: establecer estrategias para detener las cirugías correctivas en la infancia.

Otros talleres que se realizarán por primera vez son: “Mujeres adultas mayores”, “Cuestionando la monogamia”, “Cuerpes menstruantes” y “Masculinidades Trans” y “Masculinidades No Binarias”, sólo por nombrar algunos del centenar de micro encuentros temáticos que se realizarán desde hoy hasta el lunes en La Plata.

Rolling Stone: Cristian Aldana fue condenado a 22 años de prisión por corrupción de menores

Publicada el 12 de julio de 2019. https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/cristian-aldana-culpable-condena-abuso-sexual-menores-nid2267166

La Justicia acaba de determinar que Cristian Aldana es culpable de los cargos de corrupción de menores que se le imputan y fue condenado con una pena de 22 años de cárcel. Después de un juicio que duró más de un año, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 25 validó el testimonio de las siete mujeres que denunciaron al músico por las vejaciones que recibieron durante sus adolescencias. No lo condenaron por abuso sexual. "No soy culpable, no soy un violador, ni un abusador ni un violento", dijo Aldana hoy en sus últimas palabras antes del veredicto. Mientras tanto, las querellantes se abrazaban con sus familias y amigos.

Aldana fue condenado por cuatro de los siete casos denunciados, ya que los jueces Gustavo Goerner y Rodolfo Bustos Lambert consideraron que dos estaban prescriptos, mientras que el restante había sido desestimado por el fiscal. La jueza Ana Dieta de Herrero votó en disidencia con la condena de 22 años (que contempla los abusos sexuales dentro de la figura de corrupción de menores), y pidió 35 años.

Después de un extenso juicio, interrumpido en varias oportunidades por la estrategia de defensa de los sucesivos abogados de Cristian Aldana , se les dio oportunidad a las partes para dar las últimas palabras antes del veredicto. La sentencia con los motivos de su condena serán conocidos el 6 de septiembre.

"Estoy convencido de que antes de que comenzara el juicio ya estaba condenado porque soy un condenado mediático", dijo en sus palabras finales. Como en todo el juicio, de traje negro, zapatillas y camisa blanca, Aldana sostuvo su cartel de "Sin defensa no hay juicio" y dijo: "soy un trofeo de guerra, ser un músico del rock independiente con una clara solidaridad política con la música y las bandas me convierte en un trofeo de guerra".


El juicio es un hecho histórico para el rock argentino: por primera vez, un músico es condenado a prisión por denuncias de abuso sexual de parte de sus fans. Los relatos fueron públicos primero desde un video que se convirtió viral en 2016 donde tres de las denunciantes contaron a cámara lo que vivieron; luego por testimonios que se publicaron en la web #YaNoNosCallamosMás y, después de un extenso recorrido judicial en el que las mujeres tuvieron que relatar las vejaciones a las que habían sido sometidas, llegó la sentencia judicial. "Que esta sentencia sea una puerta abierta para todes quienes sufrieron abuso sexual en la infancia, en la adolescencia o violencia de género no tengan miedo de hablar", dijo Ariell Carolina, una de las denunciantes que decidió hacer público su relato. A la audiencia también asistieron las músicas Paula Maffía, María Pien e Ignacia, en apoyo a las víctimas.

El fiscal Guillermo Pérez de la Fuente, en colaboración con la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) y la Dirección General de Orientación, Acompañamiento y Protección a las Víctimas (DOVIC), había pedido 35 años de prisión, mientras que las querellas habían solicitado 40 y 20 años. El jueves 4, en los alegatos de la defensa, los abogados públicos que le tocaron al músico -luego de la renuncia de dos privados- pidieron su absolución y la nulidad del juicio. Los defensores Fernando Robbio y Cecilia Durand le solicitaron al tribunal la nulidad de una de las querellas porque eran "indeterminados los hechos de acusación", y pidieron la absolución por otros dos casos ya que el plazo legal estaba vencido para acusarlo por esos delitos; los consideraban prescriptos. Los abogados pidieron además que, si Aldana era hallado culpable, se contemplara la pena mínima posible, argumentando que el músico tiene 48 años y que cualquier otra pena sería virtualmente una cadena perpetua.

En sus palabras finales, Aldana también leyó un fragmento de la Biblia, agradeció a los jueces y pidió perdón por si les causó dolor de cabeza a los involucrados en el juicio: "Yo me considero una persona de bien y quiero dormir en paz, yo estoy defendiendo mi verdad. Si no hago todo esto ya tendría que estar ahorcado en mi celda". El músico pidió no estar presente en la lectura de veredicto que comenzó a las 15:30.

Las situaciones aberrantes que las siete mujeres denunciaron haber vivido con el cantante de El Otro Yo datan de entre 1999 y 2010, cuando ellas tenían entre 13 y 18 años, y todas corresponden a un mismo patrón de conducta: carecían de experiencia sexoafectiva con un varón, eran muy fans de la banda, atravesaban alguna situación crítica en su familia, y tenían el deseo de ser músicas.

Aldana pasó la noche en la celda de los tribunales de la calle Paraguay 1536, donde se llevó a cabo el juicio durante más de un año. El músico está preso desde el 22 de diciembre de 2016 en Marcos Paz, y es muy probable que apele la sentencia de este juicio histórico.

29 de junio de 2019

Latfem: Cazzu: rímel, labial, perfume y una calculadora

La historia de la jefa del trap y su feminismo. De cómo enfrenta a lxs haters y se posiciona a favor del trabajo sexual. Romina Zanellato analiza su derecho a bebotear y hacer guita.
Cazzu: rímel, labial, perfume y una calculadora




Cazzu está en el asiento de conductora. Se escuchan las balizas, está esperando a una amiga. También se escucha una canción de reggaetón. Cazzu saca el teléfono y le graba lo que está escuchando a su amiga que entra y se sienta de acompañante. Cazzu gira la cámara hacia adelante, va a manejar, y se ve, rápido en el paneo, los cuatro círculos entrelazados en la tapa del volante: el logo de Audi. Una storie de Instagram. Una storie que deben haber visto las 3 millones de personas que la siguen. Un auto que, tal vez, costó cerca de esos millones de pesos.

Ella habla poco en los medios, pero su historia la contó: se llama Julieta Emilia Cazzuchelli, nació en Fraile Pintado, Jujuy, el 16 de diciembre de 1993. Es la hermana mayor de tres hermanxs. De padres musicales y folclóricos, ella y su hermanx Flo tenían condiciones de cantantes. Juntas se fueron a vivir a San Miguel de Tucumán para estudiar. Se metió en cine y armó sus bandas. Cazzu dirigió algunos de sus primeros videos de los grupos de cumbia que tuvo, el último bajo el nombre de Juli K. Mientras ella ganaba nombre como cumbiera, siempre emo, siempre con look noventera, su hermane, Flo Cazzuchelli, se fue convirtiendo en une DJ de Tucumán que habita la movida autogestiva, feminista y queer. Pero le Dios del éxito musical habita en Buenos Aires y Cazzu armó su bolso cuando su proyecto Juli K estaba tomando vuelo. Empezó a trabajar con una reconocida banda de cumbia que ella no quiere nombrar, viajó por Europa con ellos, y se desencantó del desprecio que mostraban por lo que hacían. Volvió en crisis. Y de esa crisis nació su trap.

126 millones de visualizaciones después en su canal de YouTube, y tantos millones más en las canciones donde colabora con un featuring a otros artistas, Cazzu sabe que el trap se puede agotar pronto. Y ella es cantante. Tiene visión, ideales y equipo. No está sola, aunque lo parece. Es la única mujer en el cartel del Buenos Aires Trap, el festival que se hizo el 23 de febrero en el Hipódromo de Palermo. No es un dato menor, fue la coronación del género como suceso indiscutido en la música argentina. Y ella lideraba el cartel. Es nuestra QueenC, la jefa de la movida, ahí, rodeada de tipos, de gangstas argentinos del flow. ¿Por qué es la única que está ahí? ¿No hay más mujeres que trapeen? Sí, hay, pero con otra onda, hablan de cómo rivalizar para buscarse tipos, incluso algunas son antiderechos, y nada tienen que ver con su idea de mujer.

“Págame, págame, págame, que este culo se lo merece”, bebotea en el video-hit de Khea, Loca, esa canción que jamás pudimos dejar de cantar, la que tiene 382 millones de reproducciones en YouTube y parece que no tiene techo de audiencia. Ahí, vestida de rosa bebé, Cazzu marca la línea de lo que será su lucha: en el capitalismo salvaje las mujeres queremos trabajar para tener guita, para bancarnos nuestros lujos, para nuestra independencia, para salir con nuestras amigas. Si querés este culo, pagalo. Eso que llamás sexo, ella lo llama laburo. Y su visión empresarial está casada con su autogestión. Parece que pocxs saben entender el nuevo mercado de la música como ella. Sin atarse a ningún sello, Cazzu anda libre y administrando sus cartas como una jefa.


*

Un par de besitos, filmado en San Miguel de Tucumán, lo dirigió Cazzu. En un boliche están escuchando rap yanqui, ella entra y su presencia hace que empiece una cumbia dark. Lo emo y rocker está en ella desde este video en 2014, cuando era Juli K. Esa imagen es la que imanta. Una chica sensible, medio depre, y peligrosa, con un cuerpo escultural, una especie de Harley Quinn que anda con un oso de peluche, una lágrima de Emoji en el selfi, el dedito en la boquita y el peligro de una asesina serial de tu corazón.

Si en Argentina una nunca deja de buscar el mango, aún cuando tiene éxito, porque en cualquier momento se puede perder, el mango fijo hay que buscarlo afuera. Su idea de negocio es bien clara: Cazzu no se casó con ninguna disquera local porque necesita estar libre para hacer asociaciones con músicxs de todo el mundo. Prefiere no estar nominada a los Premio Gardel pero irse a Puerto Rico a hacer una colaboración en el escenario con Bad Bunny, el trapero que se saca fotos con Rosalía y juega en las grandes ligas mundiales de la música urbana.

“No nos gustan las disqueras. Siempre hay problemas para colaborar y tenés que firmar millones de papeles. Nosotros somos re inmediatos. Un día grabamos una canción, otra un video y la subimos. Los sellos como que la quedan. Nosotros nos juntamos con los que queremos y hacemos plata. Pero también trabajamos una banda. Estamos en una era digital que la comprendimos y sabemos cómo usarla. Somos como diferentes artistas independientes. Económicamente más exitosos que muchos artistas que no son independientes. Es loco, tengo colegas que facturan más que Charly”, le dijo a La Nación Espectáculos hace unos meses.

Sabe de negocios, sabe que volver su discurso y su habla neutral, con vista a toda Latinoamérica, será la puerta de su éxito a largo plazo. Su primer gran éxito, 14 millones en Spotify y 42 millones en YouTube, fue Chapiadora, una palabra caribeña, de uso cotidiano en República Dominicana. Chapiar es cuando hacés que el chabón te pague todos los caprichos y ahí Cazzu mete un beat rapidísimo y dice, en la jeta, “estoy enseñándoles que hay poco tiempo para hacer plata”. No sólo lo tiene clarísimo, lo canta, y nosotras lo perreamos. “Soy inteligente, no negocio con giles, no quiero ma’ amigo, quiero ma’ miles”, dice, y ese estribillo que a las feministas nos sonó como una alerta, ruidosa, ojo, acá hay una compañera, esto es un himno, una bandera, el sonido de nuestra lucha:

Chapi, chapi, chapi, chapi

Pensando en el money, papi, a todas horas

Tengo una gata que cuenta billetes todo el día, parece contadora

En la cartera va un rímel, labial, perfume y una calculadora

Chapi, chapi, chapi, chapi

Las que cuentan money son las que no lloran



*

“La imposición de las ideas y de “CÓMO PENSAR” me lo espero del patriarcado, no de una corriente que lucha por lo mismo que yo y hoy me impone que sea de TAL manera”, twitteó Cazzu en diciembre pasado. Sí, dijo la palabra patriarcado, y sí, salió a defenderse de las feministas abolicionistas de la prostitución que veían en sus letras una defensa del trabajo sexual y de excitación al capitalismo. Y lo hizo a su modo, con la certidumbre de su camino recorrido: para ser mujer en un ámbito tan machista como es el de la música, donde sólo lideran tipos o pibes, hay que saber defenderse y proteger la guita con uñas y dientes. Uñas brillantes con strass, pero su guita.


Y dijo más: “A la ley no le conviene que sea legal el trabajo sexual porque desaparece el morbo de la trata que alimenta la mayor enfermedad del macho. A mí me tocó algo que nunca esperé, y es que las trabajadoras sexuales siempre se acerquen a mis shows con entusiasmo de conocerme. ¿Quién soy yo para ir en contra de una labor que ellas mismas eligieron? Antes de quitarles esa posibilidad prefiero pensar si mi país podría ser como otros países que me tocó visitar donde la ley ampara, y por lo consiguiente está regido el lugar, tanto los stripclubs como los que incluyen más servicios. Eso sería más seguro. Sólo en nuestro país eso se ve cómo trata, porque jamás les han permitido ejercer su labor legalmente y siempre se mantuvo la tranza con la policía y el gobierno para permanecer en la calle, y en el peligro que eso implica. No nos sumerjamos en tomar una contrariedad LIBERAL VS. RADICAL charlemos dentro del respeto y la experiencia, nos lo debemos. Esta lucha NO ES de nosotras contra nosotras. Es contra el PATRIARCADO escuchémonos con respeto y tolerancia somos aliadas”.

Esto pasó hace seis meses y Cazzu no rompió nada, sólo movió el avispero, se colocó en un lugar, se diferenció y tomó un compromiso. Hasta logró que Malena Pichot le pidiera disculpas después de hacer una generalización desafortunada sobre el compromiso de las traperas en la lucha feminista.

Sin una gran formación académica en el feminismo, sin pertenecer a una organización, Cazzu plantó bandera en uno de los parteaguas más fuertes del feminismo, y no dudó. En su entorno, que es un equipo de mujeres amables y amigas, hablan de que la exposición la obligó a pensarse en determinados parámetros. “Creo que la vida misma y el lugar donde trabajamos hace que te aferres mucho más a los ideales que uno construye en el paso de la vida”, comentaron.

Si las trabajadoras sexuales se acercaron a la trapera fue como fans, porque Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, advirtió que no tuvieron un contacto oficial con ella. Cazzu tampoco parece querer ocupar un rol de activista, sólo expresó lo que piensa y de qué lado de la grieta feminista está. Orellano dice: “Que alguien tan popular como ella hable de la autonomía económica, de cobrarle al patriarcado, de ser dueña de nuestra putez es otro mensaje, otra voz, para un montón de chicas. A muchas de nosotras la música que nos llegaba en nuestra adolescencia reforzaba el amor romántico, el régimen heterosexual. Ver ahora pibas tan jóvenes entonar esas letras es un cambio cultural”.

*

Emo, bruja y ansiosa. Mientras lxs haters se concentran en atacarla por los conceptos que elige para cantar (¿les pasa lo mismo a los músicos? no creo), ella se concentra en ampliar su sonido a esas influencias que trae desde lejos. En C14TORCE II, la canción que sacó el Día de los Enamorados, el 14 de febrero, aprovechó para lanzar su “emo club”, el nombre de su comunidad de fans. Fue después de un testimonio sobre violencia a su novio CRO, donde tomó una postura muy cauta, sin comunicarse con sus fans. La canción ya no es rapeada, Cazzu pone su voz al servicio de una balada dark y triste, que habla de la ansiedad, de la decepción, del corazón roto. Hace remeras con esas frases, pero recibe miles de mensajes haters acusándola de que lucra con una “enfermedad mental”, que en realidad es un trastorno, nada nuevo: otra vez le exigen a una mujer que pida permiso para hablar de lo que quiera, para hacer guita con lo que quiera. Cazzu los manda a cagar. Todo lo transforma en algo más poderoso para su proyecto. Brujería es el último tema, un video superproducido, con sonidos árabes, con ella mirando directo a lxs enemigxs, al corazón de su voluntad.

Link: https://latfem.org/cazzu-rimel-labial-perfume-y-una-calculadora/

Cobertura juicio a Cristian Aldana para Rolling Stone


Notas:

Juicio a Cristian Aldana: la defensa pide apartar a los jueces

10 de agosto de 2018  • Link: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/cristian-aldana-intento-declarar-y-termino-pidiendo-apartar-a-los-jueces-nid2161144

El juicio a Cristian Aldana ayer tuvo una nueva audiencia, en la que iba a declarar la última de las siete mujeres que lo acusan por el delito de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores. Pero, a último momento, en vez de ser convocada J. se dio lugar a que el cantante y guitarrista de El Otro Yo le hable a los jueces. "Primero, quiero decir que Dios bendiga a este tribunal y a la querella”, dijo en su primera intervención.

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Cristian Aldana en la recta final de su juicio: ¿por qué se quedó sin abogado?

26 de marzo de 2019  • https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/cristian-aldana-sin-su-abogado-se-enfrenta-nid2232134

Cristian Aldana enfrenta las últimas semanas del juicio por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores. En prisión preventiva desde el 22 de diciembre de 2016 en el Penal de Marcos Paz, a 61 kilómetros de Capital Federal, la situación del músico de El Otro Yo se complica cada vez más: expulsaron del juicio a su abogado Rodolfo Patiño, la justicia le embargó sus cuentas, rechazó su defensa oficial, y los testigos parecen incriminarlo.

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Por qué volvió a postergarse una etapa clave del juicio a Cristian Aldana

6 de junio de 2019  • https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/por-que-volvio-postergarse-etapa-clave-del-nid2255315

Los vaivenes del juicio a Cristian Aldana no cesan. Este jueves estaba previsto el comienzo de los alegatos, que vienen siendo pospuestos hace semanas, pero un planteo del nuevo abogado privado del cantante, Nicolás Grasso, obligó al Tribunal a esperar unos días más.

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Caso Cristian Aldana: comenzaron los alegatos y el músico otra vez se quedó sin abogado

25 de junio de 2019  • https://www.lanacion.com.ar/sociedad/caso-cristian-aldana-comenzaron-alegatos-musico-otra-nid2261394

Este martes comenzaron los alegatos en el juicio que enfrenta Cristian Aldana por los cargos de abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores de siete mujeres. El músico contó con una defensora oficial porque hoy renunció el penalista Nicolás Grasso, que había asumido como su nuevo abogado hace pocas semanas.

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Caso Cristian Aldana: la querella pidió 40 años


En el juicio por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete casos que enfrenta Cristian Aldana , las querellas pidieron 40 y 20 años de prisión. El proceso judicial que lleva más de un año y por el que pasaron más de cien testigos -entre ellos cuatro mujeres que, sin presentar cargos, relataron las mismas vejaciones que las denunciantes-, está por llegar a su fin después de reiteradas dilaciones por parte del músico y de sus abogados defensores. Hoy comenzó el extenso alegato del fiscal, que no llegó a pedir pena después de varias horas de exposición, y que continuará el martes.





Revisita Viva: Nota a Sabrina Cartabia

 Nota en Revista Viva 11/05/2019
Link: https://www.clarin.com/viva/historia-desconocida-abogada-thelma-fardin_0_uSVwkxVjr.html

Un corazón brillante y verde le cuelga del cuello. No es la forma del corazón de fantasía: tiene fisonomía muscular. Las uñas también brillan, verdes. Todo en el mismo tono que el pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que cuelga en la pared detrás de ella. Sabrina Cartabia está sentada en el sillón de su casa en Almagro, ese mismo donde la revista estadounidense Time la retrató en octubre de 2018 como una de las mujeres líderes de la nueva generación.

Su gata gris se le trepa, hasta que se duerme en su regazo mientras ella habla de violencia sexual. Puede hacerlo porque la abogada que asesora a Thelma Fardín se mueve poco cuando habla. Su estricta seriedad parece no tener grieta, salvo cuando hace memoria y cuenta el momento en el que se asumió feminista por primera vez. Ahí sonríe, ante el entusiasmo revolucionario que vivió a sus 23 años, cuando fue a su primer Encuentro Nacional de Mujeres a Tucumán en 2009. A partir de ese momento empezó a mirar toda su vida, la pasada, presente y futura, con el tamiz violeta que dan los anteojos de la perspectiva de género. Ahora más que nunca, dice, hay que redoblar la apuesta hacia la sociedad entera: “Hay una decisión que tenemos que tomar, porque durante muchísimo tiempo lo más habitual fue no creerles a las víctimas, y eso ha provocado mucho daño, a punto tal de avalar nuevos episodios de violencia sexual por parte de las mismas personas. Tenemos la oportunidad de cambiar nuestra forma de afrontar este tipo de procesos para protegerlas y prevenir lo peor”.


"No creerles a las víctimas ha provocado mucho daño. Tenemos la oportunidad de cambiar".

El 11 de diciembre pasado, su vida cambió para siempre. Fue entonces cuando se sentó al lado de Thelma Fardín en la conferencia de prensa que dio en el Multiteatro junto al colectivo Actrices Argentinas, para difundir la denuncia penal por abuso sexual radicada en Nicaragua contra Juan Darthés. Su teléfono no paró de sonar durante semanas, en las redes sociales las mujeres le piden patrocinio jurídico por sus situaciones de violencia, la invitaron a los programas más vistos de la televisión y, en la mesa de Mirtha Legrand, tuvo que contestar la pregunta que le hizo la conductora: “¿Usted qué haría si fuera violada?”. La risa que se le escapó, porque nada en la entrevista le dio a entender que vendría esa pregunta, le dio el tiempo para retomar el control: ella no habla sobre supuestos, plantea sus argumentos con datos y estadísticas. “No puedo saber, ni lo puedo responder. Eso se evalúa en el fuero interno de cada mujer, pero según el Ministerio Público Fiscal en el 72% de los casos de denuncias de género las causas son archivadas”, y salió airosa de la situación.

Todo empezó en un tren. Estudió en la UBA y se recibió con diploma de honor. Nació en Capital Federal, pero desde muy chica vivió en Caseros, provincia de Buenos Aires, donde vivió 25 años en el seno de una familia de trabajadores municipales. “En mi familia la discusión política estaba muy presente. Recuerdo los debates en las mesas de los domingos: una mitad era radical y la otra, peronista. Ahí aprendí que había que tomar posiciones sobre la realidad”, recuerda. Entró en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en el turno mañana, y se tomó los trenes San Martín y Sarmiento todos los días durante cinco años. Se levantaba a las 5:30 para llegar a horario. “Mi adolescencia estuvo signada por eso. Tengo mucha memoria de viajar en el transporte público atiborrado de gente, donde nos mojábamos si llovía, nos moríamos de frío en invierno porque no había ventanas, la mitad de las veces sin luz”, cuenta. Cada madrugada, cuando viajaba a Capital Federal, estaba signada por el miedo y la vulnerabilidad en un tren repleto, cuerpo a cuerpo con desconocidos, sobre todo hombres. Se acuerda del año en el que un fallo del Tribunal Superior de Justicia obligó al Estado a arreglar el tren: ése es su primer recuerdo sobre cómo la justicia puede ejercer una diferencia en la vida de los ciudadanos.

Mi hija, la abogada. Es la primera abogada de su familia, y es la primera generación de profesionales. No fue una elección apasionada, cuando terminó el colegio no sabía qué estudiar; le interesaba psicología, pero fue su papá el que le aconsejó que siguiera una “carrera comodín como es el Derecho”, según recuerda. Sin vocación y con toda la indecisión de los 18 años, se anotó en el código 001 de la UBA. A medida que pasaban las materias le fue encontrando el gusto a lo que se convirtió en su profesión. Hubo un momento, al mediar la carrera, que una compañera de estudio y amiga se fue con una beca de grado a estudiar a la Universidad Autónoma de Madrid y tomó unos cursos de género y feminismo. Cuando volvió le trajo un libro de teoría que fue su revelación personal. Se trata de Una teoría feminista del Estado, de Catharine MacKinnon, un libro de casi 800 páginas que le sirvió como puerta de entrada a la discusión mundial del derecho con perspectiva de género. Entonces, con su amiga, se anotaron en todas las materias que hablaban de esto: eran seis cursos en total. Sólo pudo ir a cuatro y el resto de su formación jurídica feminista la hizo por fuera. “Hoy la oferta de materias con perspectiva de género es enorme”, dice.

Fue al Encuentro Nacional de Mujeres y, casi al mismo tiempo, definió la orientación de la carrera: tributarista. “Tenía fama de ser la más compleja, y como yo había tomado la decisión de trabajar en temas de género y feminismo jurídicos, que era algo mal visto, de baja categoría, pensé que si me recibía con honores en tributario iba a legitimarme ante determinados interlocutores.” Su profesora, Alicia Ruiz, la convocó para trabajar con ella en el Tribunal Superior de Justicia, pero sólo estuvo un año. “Todos quieren hacer carrera ahí, pero no era para mí”, dice. A ella le gusta hacer muchas cosas, un multitasking laboral que pretende sostener. Cartabia no tiene un gran estudio jurídico, atiende sólo algunos casos que le refieren gente de confianza.

Además, trabaja como asesora en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, es investigadora asociada del Programa de abogacía feminista de la Universidad Di Tella, pertenece al grupo de investigación del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), es presidenta de la Asociación Civil Red de Mujeres, integró el Colectivo Ni Una Menos y formó parte de la Coordinadora Feminista Antirrepresiva.

El caso clave. Si tiene que hablar de un caso que le cambió la vida, el nombre es el de Yanina González. Fue en 2014. “Yanina tenía 19 años, estaba embarazada de seis meses y quien era su pareja mató a su hija de 2 años. Ella quedó imputada y fue presa con preventiva, y él, en libertad. El caso llegó al movimiento de mujeres porque había abandono procesal, no la estaban defendiendo bien y se venía el juicio, donde podían condenarla”. Ahí conoció a Gabriela Conder, otra abogada feminista con quien empezaron a trabajar junto a Carina Leguizamón. “Esa fue una experiencia súper enriquecedora, juntarme a trabajar en el articulado de una estrategia para defender una injusticia muy grande”, dice. Y ganaron: Yanina fue absuelta. Pero se dieron cuenta de que se iba a repetir un caso así por la falta de capacitación en género que tienen los agentes judiciales.

El tsunami Thelma. Un día, la periodista y escritora feminista Luciana Peker la contactó con Thelma Fardín. “El trabajo que hicimos en conjunto fue encontrar las herramientas para que ella pudiera hacer algo con lo que había vivido. Empezó a formarse, a leer, y a codificar todo de manera feminista, para entender qué le había sucedido y por qué.” Lo que Cartabia dice es que en ese proceso Thelma entendió que no es algo que le pasó a ella exclusivamente, sino que la violencia sexual es una situación sistemática en la sociedad contra niñas y adolescentes.

Estuvieron juntándose durante meses, compartiendo lecturas, conversando juntas hasta que Thelma decidió que quería acusar. Eso fue durante las vigilias en la calle mientras en el Congreso se debatía el proyecto de ley para legalizar el aborto. Thelma supo que iba a acusar, pero juntas esperaron el momento adecuado para hacerlo.

De saco rosa y con un póster de la feminista antirracista Angela Davis detrás, referente del movimiento Panteras Negras estadounidense, su casa es un pequeño museo de su recorrido activista. En cada rincón hay un recuerdo de viaje feminista, un libro, un póster (el de Eva Perón se destaca). También, sorprendentemente, existe lugar para un pequeño altar para Buda. “No me considero budista, pero simpatizo con sus principios, y practico meditación cada día de mi vida”, cuenta. Amante de la filosofía oriental, viajó a Japón el año pasado, festeja el año nuevo chino y sirve el té como ceremonia.

"Nunca imaginé la magnitud del cimbronazo que provocó Thelma cuando pudo expresarse".

Tal vez sea de ahí donde saca la templanza. “Sabíamos que una vez que Thelma pudiera expresarse iba a ser un cimbronazo, pero yo nunca imaginé que iba a ser de tal magnitud”. Las redes sociales y las conversaciones familiares tuvieron un gran tema durante semanas: el relato de cantidad de mujeres, adolescentes, niños y niñas que empezaron a contar las violencias que habían sufrido a partir del #NoEsNo y la campaña #MiráCómoNosPonemos que impulsaron con Thelma Fardin y el colectivo de actrices.

Los escraches –o, como ella prefiere llamarlos, “la toma de la palabra pública”– abren un nuevo paradigma social. “Me parece que se está asentando un nuevo dogma y un nuevo Deber ser, que es que hay que salir a tomar la palabra pública siempre sí o sí, que eso sana. Y puede sanar en algunos casos, pero puede no hacerlo en otros; hay que reflexionar sobre eso.” Ella, que tiene tantas historias de abuso y violencia en su carrera, tuvo que elegir una imagen firme e impasible en el ámbito profesional. Pero en lo personal, guarda energía para compartir con su pareja y sus amigas, con quienes sale a bailar reggaetón, a cantar clásicos del rock nacional (Los Piojos, Sandro, Las Pelotas, Los Redondos) o a ver a su ídola, la cantante Sara Hebe.