10 de julio de 2017

La Agenda: Quimey Neuquén, mientras palpite mi fiel corazón

por ROMINA ZANELLATO
Alto, de pelo rubio y compacto, como un pini pon, así era Pablo mi maestro de música de la escuela primaria N°2 de la ciudad de Neuquén. Los niños entre cuarto y séptimo grado que queríamos entrar al coro teníamos que audicionar frente a él y todos los aspirantes. Los primeros dos años no quedé, hasta que elegí la canción Quimey Neuquén.
Las canciones que podíamos elegir eran de León Gieco, Charly García, Zamba de mi esperanza o alguna del repertorio de Marcelo Berbel, el gran folclorista neuquino. Acompañada por Pablo, con su guitarra criolla, y alguno de mis compañeros que le daba al kultrum o al bombo legüero, empecé a cantar con voz grave sobre la tierra neuquina. Quedé. La cantamos los 35 que conformábamos el coro, de guardapolvos blancos y edades dispares, en el patio interno de mi escuela pública. Esa canción casi Patria para mi provincia se transformó en mi preferida. Es simple: cuando la cantás es el cuerpo el que no se la olvida más.

Pero sí te la podés olvidar. Quimey Neuquén no es el himno de la provincia, que sí es otra canción del mismo autor, no suena en la radio, no suena en los actos cívicos y dudo que aún los chicos la canten en la escuela.
Fue compuesta en algún momento después de la segunda mitad de la década del 60 entre el poeta Milton Aguilar y el folclorista Marcelo Berbel, en Neuquén capital. Este último solía recibir en su casa a los artistas de la época. Viajaba por la provincia, hacía música en todos lados. Al poco tiempo, José Larralde fue de visita y se quedó seis meses en lo de Berbel y, cuando se fue, se llevó tres de sus canciones para su repertorio.
Marcelo la cantó toda su vida y luego fueron sus hijos (Los hermanos Berbel) quienes la tocaron por toda la provincia. En Neuquén, esa canción es como un himno Patrio. Tanto que hay una ley provincial, la N° 1933 que la consagra como canción oficial de la provincia, que básicamente no significa nada porque el himno es otro. Sin embargo, fue Larralde quien la hizo conocida a nivel nacional, aunque ya hace décadas que no la interprete.
Larralde cada tanto toca en clubes de provincia o de la Ciudad de Buenos Aires, y a la salida de uno de esos conciertos, le contó a una amiga que esa canción la grabaron juntos con Berbel, pero no dijo más nada. No se sabe dónde, si fue en la casa patagónica o en un estudio porteño.
Ese primer disco, un vinilo que tiene de foto de tapa un perfil suyo de bigotes largos y prolijos con patillas hasta la mandíbula, empieza la leyenda. En la contratapa, la discográfica RCA cuenta lo difícil que fue encontrarlo en Cosquín. Su fama de cantor dejaba una estela pero nadie sabía dónde estaba. Hasta que apareció a las 5 de la mañana en un bar, solo con la guitarra, y lo escucharon. Ahí decidieron grabarlo.
En la contratapa de ese vinilo hay un recuadro escrito por Larralde que dice: “Cuando el hombre siente y piensa, y cuando el hombre sabe que su sentir y su pensamiento están enraizados en las entrañas de su tierra y de su pueblo, el hombre debe decir lo que siente y piensa. Si así no lo hiciere, su sentir y pensamiento serían tan inútiles como su propio dueño”.
Como 50 años después de que Larralde grabara esa canción, en una casa de Adrogué, Pedro Canale revisaba los discos que sus hermanos habían bajado en la computadora familiar. Entre todas las carpetas de mp3 estaba el primer disco de José Larralde, Canta. Puso play para ver de qué se trataba y la primera canción fue Quimey Neuquén.
El resultado de ese amor instantáneo fue un remix para su proyecto Chancha Via Circuito, incluida en su disco Río Arriba. Como pertenece al colectivo Zzk Records, que tiene incidencia mundial, la canción llegó a oídos del productor musical de Breaking Bad, la serie. En la quinta temporada, la última, en el décimo capítulo, Walter White está enterrando unos dólares en el desierto y aparece la voz de José Larralde por Chancha Vía Circuito. Lo que pasó a partir de ahí fue poderoso, en todos los sentidos.

La historia cuenta que Milton Aguilar, un reconocido locutor y poeta, le llevó la letra a Marcelo Berbel y juntos lo transformaron en canción, con los hijos de Berbel dando vuelta por el salón. Esa versión original es un loncomeo, que es una danza mapuche y un ritmo bailable con una suave base percusiva de kultrum.
Después de la entrada del bombo, los primeros versos dicen: Flor de los arenales / regada en sangre del bravo Sayhueque, /grito que está volviendo/ en tu desbocado potro pehuenche.
Marité Berbel, hija de Marcelo y también música, dice que Quimey Neuquén es una canción para la ciudad, no para la Provincia. Que parte de su encanto es que tanto su padre como Milton Aguilar tenían canciones con letras donde dejaban muy clara su postura política, donde contaban la experiencia en la estepa, en la cordillera neuquina. Sin embargo, ella cree que habla de otra cosa. Que es una canción a la ciudad.
Sol que se está gastando/ en piedras lajas/ y turbias corrientes. / Beso la sombra india/ que vuelve crecida/ de un sueño verde. En la letra están los ríos neuquinos, la barda árida y colorada del desierto, la sangre regada del mapuche por el hombre blanco. La naturaleza poderosa sobre todo.
Berbel también es el autor de El embudo, canción que en el 97 grabó León Gieco con Mercedes Sosa, Ricardo Mollo, Ricardo Iorio y algunos invitados más, que se transformó en una canción de protesta clave en el fin del menemismo. En su obra como letrista Berbel (y también Larralde) decían lo que pensaban sobre los apremios que sufrían las comunidades mapuches, el valor de la tierra y la explotación de los recursos naturales.
Berbel tuvo una voz, y fue tan poderosa en el folclore que su obra fue interpretada por Peteco Carabajal, Rubén Patagonia, y también entre bandas metaleras, como Malón, que hicieron un cover de una de sus canciones. Hasta Ricardo Iorio era muy amigo de él.
Ahora, Quimey Neuquén está pegada a una imagen del desierto rojo, similar al suelo patagónico pero yanqui, y en lugar de sacar el petróleo se lo usa para esconder los dólares de un personaje de ficción. Un Walter White que recurre a la tierra para esconder los billetes verdes de la droga que creó. Un personaje clave en la cultura globalizada, en su caída libre a la ruina.
El episodio se emitió el 18 de agosto de 2013, llegando al final de la última temporada de Breaking Bad. En esa época no estaba en Netflix y todos la bajaban y la veían casi en simultáneo con Estados Unidos. No pasó más de un día que la escena con la canción empezara a viralizarse en los perfiles de las redes sociales de los neuquinos. Una especie de orgullo patriótico se apoderó de todos mis contactos fans de la serie. Yo, si bien no la veía, y si bien conocía la música de Chancha Via Circuito, nunca había escuchado esa versión, me emocioné igual que todos los demás. Era como la revancha de la memoria, de la identidad.
Quimey Neuquén tiene una fuerza que parece universal. Chancha Vía Circuito encontró en la computadora familiar el disco Canta que José Larralde grabó en 1967 y que estaba ahí gracias a Soulseek. Le dio play. “Es poderosa. A veces cuando estoy tocando en lugares tan lejanos como Dinamarca, donde no saben quién es Larralde o quiénes son los mapuches, me piden esta canción y se emocionan. Hay cosas impregnadas en la música que están implícitas en los sonidos”.
Ese remix de Chancha Via Circuito llevó a la canción al televisor, la pantalla de Netflix, la pista de baile y el mundo. Su versión empieza con una nueva base percusiva, similar a la versión original, a la que salía en el salón del maestro de música. Y después se aleja de la guitarra melancólica de la versión de Larralde para transformarse en una base bailable. Arriba de todo, la voz del Pampa, la fuerza de la letra.
Nadie sabe qué piensa Larralde de que su versión haya resurgido después de tantos años, y que haya dejado de ser un himno provincial para sonar en las pistas de baile del mundo. Con su clásico humor, de vez en cuando en sus conciertos habla sobre Walter White. “¿Qué tiene que ver eso con Quimey Neuquén?”, ha dicho. Él no habla más que en el escenario pero de ahí hay frases que sus fans replican en las redes. En cada uno de los videos de YouTube hay una versión de sus dichos. ¿Pero qué pensará de verdad?
“Cuando estaba por publicar el disco fui a verlo a Larralde y le conté lo que estaba haciendo con la canción. Él fue muy amable y se copó, pero no tenía los derechos”. Chancha Via Circuito y su sello Zzk publicaron el tema de todas maneras, pero después el foco de atención fue tal que la discográfica dueña del derecho de producción radiofónico de la versión de Larralde se le fue al humo. Tuvieron que sacar el remix de todas las plataformas digitales. La canción sólo está en YouTube subido por un desconocido que ya lleva más de dos millones y medio de plays. Y en Breaking Bad, claro.
Como un sacudón al avispero de la memoria emotiva. Suena la o sostenida del primer verso de la canción y la piel neuquina se emociona. De lo que esa canción hablaba en aquel momento, ahora se resignificó con esa imagen televisiva. Lo que sonaba en una galería interna de una escuela pública sigue sonando en el cuerpo cuando está en la pista de baile. La canción vive, en los neuquinos, de vuelta, y ahora también en todos.

Link: http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/161202190990/mientras-palpite-mi-fiel-coraz%C3%B3n

#Apuntes para Indie Hoy: La lucha es hoy.


Desde junio de 2017 edito la sección #Apuntes de Indie Hoy. Tengo a mi cargo seis columnistas.


Además, escribo la mía. Se llama #LaLuchaEsHoy

1) Somos feministas y por esto luchamos. Los motivos de la marcha del 7 de junio en Buenos Aires: http://www.indiehoy.com/apuntes/somos-feministas-luchamos/
2) 5 libros que todx feminista debe leer si quiere tener una base teórica: http://www.indiehoy.com/apuntes/5-libros-todx-feminista-leer/

22 de abril de 2017

Nota IndieHoy: Pol Nada, un canto al río Paraná

El río es uno y también es todos los ríos del mundo. Pol Nada dice que el Paraná, para Linares Cardozo, es un vehículo para tener una experiencia universal. Que podría ser él sentado en la orilla o podría ser un negro en el Misisipi. Lo que suena, lo que duele, lo que se canta, es una pregunta acerca del hombre en la vida y que esa pregunta es más importante que el río en sí mismo. Y suena, y está la lechuza entrerriana, el espinillo, el monte, los árboles en las islas, el agua.
Pol Nada se dedicó los últimos años a estudiar al folclorista Linares Cardozo. Ambos nacieron en La Paz, un pueblo de 30 mil habitantes al norte de Entre Ríos. Uno le dedicó su vida a la preservación de la chamarrita, un sonido específico de la zona, y Pol, ya instalado en Buenos Aires, descubrió a la distancia la forma y el peso de la belleza de su espacio natural.
“Linares Cardozo suena al nivel de las canciones patrias allá en La Paz”, dice. Y le creo. Para reinterpretar, para hacer propio algo ajeno, para cantar eso que uno lleva tan adentro que no lo ve, hay que apropiárselo entero y a conciencia. Pol Nada investigó la obra entera de Linares Cardozo y seleccionó 8 canciones que componen La san llamarada. Es el primer disco de una trilogía: el segundo es de versiones remixadas por él y otros artistas electrónicos, curado por Discos Fértil, y uno tercero de canciones folclóricas propias.
Hay que decirlo, el folclore de Pol Nada es una invención. Es una visita al pueblo natal, ahí donde todo es análogo y despacio, pero registrado con cámara digital: la rugosidad está, las texturas continúan, pero hay una identidad digital.
Pol Nada tiene un camino de investigación y obsesión. Su primer disco se llama Querés estar solo, es cancionero y electrónico. Es pop. Después se metió en una empresa compleja: hizo un EP de versiones de Patricio Rey y los Redonditos de ricota. Se llama He estado en varios lugares a la vez, editado en 2011, y son cinco versiones de Lobo suelto, cordero atado. Antes de reencontrarse con Linares Cardozo publicó Te vamos a salvar, un disco de 13 canciones más rockeras, siempre con el ingrediente electrónico.
Ecléctico en los proyectos, Pol Nada piensa la obra como una totalidad que supera a la canción o el disco. Él intenta adueñarse del proceso compositivo, la post producción, la imagen, la dirección de los videos, la estética entera.
Hay una anécdota: Una de las canciones de Linares Cardozo se llama “Lázaro Blanco“, que es el nombre de una leyenda del norte de Entre Ríos, se trata de un chasqui, un mensajero, que murió en una tormenta, bajo un árbol, al cual se le atribuyen ciertos milagros. En el lugar de su muerte hay un templete con murales y flores en su honor. Ahí, Pol Nada encontró un dibujo que le gustó y fotografió. Lo decidió en ese lugar, eso tenía que ser la tapa del álbum y lo tenía que hacer él. Estuvo un año dibujándolo hasta lograr lo que hoy es la tapa del disco. “Yo quería que esto fuera algo personal con Linares Cardozo, algo entre él y yo”, explica.
La san llamarada es el inicio de esa relación entre el folclorista y Pol Nada, una relación nocturna, a distancia, casi quieta. Ahora podemos escucharla.
La nota se puede leer acá: http://www.indiehoy.com/entrevistas/pol-nada-canto-universal-al-lado-del-rio-parana/

LatFem: 10 músicas y 5 series que te ponen feminista

Escribí dos notas para LatFem.org sobre cultural feminista:
Argentina Indie
AHORA QUE SÍ NOS ESCUCHAN
Algunas tienen letras feministas, otras no, algunas son bandas de chicas, otras bandas mixtas y solistas de todos los estilos: las chicas piden pista y encontraron su lugar en este Top 10 caprichoso. Las diez artistas argentinas de la escena indie que recomendamos para escuchar.
Continuar leyendo acá: http://latfem.org/global/ahora-que-si-nos-escuchan?ref=latfem

Imperialismo cultural
5 SERIES QUE TE PONEN FEMINISTA
Las series de TV que se ven por Internet se volvieron tan expansivas como intensas. Cuánto le debe el feminismo del 99% a ellas es algo que ningún estudio de mass media podrá comprobar. Sin embargo, a quién le importa, lo cierto es que estas 5 series que recomendamos te ponen feminista por un buen rato.
Continuar leyendo acá: http://latfem.org/global/5-series-que-te-ponen-feminista?ref=latfem?ref=latfem

4 de enero de 2017

Nota Brando: ¿Qué porno ven las mujeres?

El 71% de las mujeres que tienen acceso a internet miran porno. ¿Qué tipo de porno consumen? La teoría de que la mujer necesita más narración y belleza se cae a pedazos no bien se empieza a preguntar, en voz baja, qué es lo que más las estimula. Crónica de una búsqueda sexual y del tabú frente a la masturbación femenina. 


Por Romina Zanellato. Ilustración RNDR 
Alguien pronuncia la palabra porno y las diapositivas mentales proyectan a falsas Pamela Anderson con pechos de silicona, cabelleras siempre rubias platinadas, depilación total, penes erectos y gigantes, nombres de estrellas como Rocco Siffredi, y unos 90 que quedaron incrustados en el imaginario sexual. Si se relaciona a la mujer y al porno, tal vez alguien diga que más que una penetración lo que una mujer quiere ver es la seducción, la narración de una conquista que desencadene en una escena caliente que la cámara no enfoca pero que la mente se imagina perfecta. Cuando se habla de porno entre mujeres, generalmente, se tarda en decir que sí, que se ve, pero es cuestión de conversar un momento para entender rápidamente que hay tantos consumos de pornografía como mujeres, tanta sexualidad como personas, tantos deseos como momentos. Entonces, ¿existe el porno para mujeres? ¿Todas miramos lo mismo? La respuesta se construye preguntando. G. tiene 35 años, es empleada municipal. "Yo miro. Me gusta. Lo veo sola, para masturbarme. No sé muy bien dónde buscar, así que pongo en Google «película porno» y algo aparece. No las bajo, las veo online y borro el historial de navegación para que mi marido no se dé cuenta. Me gusta que tengan una historia. A veces, miro de lesbianas y también de chicos gays, muy de vez en cuando miro porno heterosexual. Me gusta que me vaya mostrando la secuencia de a poco. Por ahí estoy 20 minutos, dos o tres pajas y ya". La magia de internet es que todo lo que se te ocurra imaginar ya está ahí. Siempre hay alguien que lo hizo antes y lo subió a la web en algún lugar del mundo, sobre todo en opciones triple X. Para las mujeres, el problema muchas veces está en cómo encontrar el porno que desea ver porque, a diferencia de los hombres, el consumo de pornografía en solitario y con el fin de masturbarse suele comenzar mucho después de la iniciación sexual. Cuando el terreno del propio deseo ya fue conquistado, y cuando los tabúes son superados. El Observatorio de Internet en Argentina (www.inter.net.ar) dice que el 71% de las mujeres consumen porno. La mayoría de esas mujeres lo hacen desde su teléfono, en soledad, muchas veces por la mañana y con frecuencia variable. El consumo es diferente al de los hombres, pero hay algo certero: la búsqueda de la palabra "porno" en Argentina creció en los últimos dos años el 45%. Hay dos o tres sitios que concentran la mayoría de visitas en el mundo. Pornhub, RedTube y la argentina Poringa! están entre las plataformas líderes. Este es el porno que denominaremos "mainstream". Sin embargo, existe otro circuito de pornografía. En una conversación de chicas con intereses artísticos seguro que alguien va a mencionar Tumblr o Vimeo. Sea el blog o el video, se está a un clic de un timeline de belleza, fantasía y erotismo: una pared con una decena de acuarelas que retratan distintos tipos de clítoris, una foto de tonos pasteles donde una chica se levanta la falda y se ve una bombacha de algodón blanco con un bordado: "ask first", una selfie de un chico desnudo en su habitación con su pene erecto, un GIF que repite una secuencia de tres fotos en blanco y negro donde un hombre le hace sexo oral a una mujer: él acostado, ella en cuclillas sobre su boca, muchas fotos de mujeres acabando, primeros planos de vaginas, más primeros planos, penetraciones, besos, pieles con tatuajes, cuerpos naturales, imperfectos, videos cortos de sexo amateur, audios. Un tumblr, por ejemplo, porn4ladies.tumblr.com, uno de miles. 
El 71% de las mujeres que tienen acceso a internet miran porno. ¿Qué tipo de porno consumen? La teoría de que la mujer necesita más narración y belleza se cae a pedazos no bien se empieza a preguntar, en voz baja, qué es lo que más las estimula. Crónica de una búsqueda sexual y del tabú frente a la masturbación femenina.
  • RNDR

Soportes de placer 
Tumblr es una plataforma de microblogging que permite a sus usuarios publicar textos, imágenes, videos, enlaces, citas, audio y, sobre todo, GIF, en un formato de timeline que no promueve la discusión como otras redes. Es muy usado en ambientes virtuales como la poesía, la fotografía, la ilustración, y también en el contenido XXX. Muchas veces, la puerta de entrada a encontrar un porno diferente a la imagen de Pamela Anderson es Tumblr. M. tiene 29 años, trabaja en prensa institucional. "Empecé a mirar porno a los 21, cuando tuve independencia tecnológica. Es decir, cuando tuve mi primera computadora individual. Miro porno y para mí es muy fácil, se reduce a un sitio:2hotworld.tumblr.com. El GIF tiene algo que funciona perfecto para la masturbación y es la repetición hasta el infinito de un fragmento de una escena. Me gusta ver gay, de chicas, y sobre todo GIF de mujeres recibiendo sexo oral. La foto estática también me sirve. Creo que el porno tradicional no me calienta lo suficiente, el erotismo me funciona mejor". El GIF es el eterno presente. No existe la incomodidad del antes o el después del coito. Es la fragmentación en su máxima expresión. Sin audio. Y es, también, un formato muy simple de hacer: tres fotos o frames en secuencia y repetidas hasta el infinito. Ahí, donde fotógrafos muestran sus primeros trabajos, donde no existe la censura como ocurre en otras redes sociales, las mujeres son las creadoras del porno que quieren ver, el amateur y el "bello". Es lindo, sí, pero la penetración está en primer plano y repetida sin parar, sin necesidad de tocar nada, en silencio, en el teléfono. Y eso, tal vez, lo explícito como mantra, sea el primer paradigma que se derrumba. S. tiene 33 años, es ilustradora. "Yo miro porno de hombres, solo de hombres, homosexuales. No sé por qué, es algo raro, me lo he preguntado y creo que tiene que ver con eso de que el porno heterosexual está hecho para hombres. Como que la mujer siempre está en un papel raro que a los hombres los excita y que por lo menos a mí no. En cambio, en el porno de hombres gays ese papel no existe. Supongo que de alguna manera me siento más reflejada en ese contenido que en el porno heterosexual. Incluso creo que el porno lésbico está hecho para cumplir las fantasías del hombre. No hay espacio para las nuestras". K. tiene 28 años, estudia cine. "Sí, yo pienso lo mismo. Yo soy lesbiana y no miro porno porque está hecho para la fantasía del hombre, o incluso de las fantasías masculinas que ahora son apropiadas por las mujeres heterosexuales. No es así como tenemos sexo nosotras". M. tiene 32 años, es docente. "Yo soy bisexual y miro generalmente de hombres también. Los cuerpos son más suaves que en el porno heterosexual y están en una situación más placentera para los dos. Igual hay de todo, es cuestión de investigar". Daniela Pasik es periodista, coautora del libro Porno nuestro (Editorial Marea) junto a Alejandra Cukar; ella sostiene que decir que hay una mirada femenina del porno es peligroso, porque se cae en el prejuicio de que ese porno debe ser suave, lindo, sin penetración, sin morbo, sin fuerza. "El porno busca calentar, lo haga un hombre o una mujer. Y el espectador de porno, sea hombre o mujer, quiere calentarse. Y si es posible acabar. La cuestión debería centrarse más en qué calienta. Y la diferencia, tal vez, la trazaría en que hay mucho porno machista". 
Superficies del gozo 
Existe una corriente del porno que se denomina feminista o ético. ¿De qué se trata? De contenido donde el gozo de la mujer es un punto central, donde el foco de satisfacción está puesto en todas las personas que participan del acto sexual y no solo en la de los hombres. Hay grandes exponentes en el mundo como las directoras Erika Lust, Anna Span o Petra Joy o la actriz Amarna Miller. En Argentina, la industria profesional prácticamente no existe, de ningún tipo. "Se puede ver que es un porno distinto del que se masificó y del que la gente tiene como imaginario popular en sus cabezas: se le da más importancia a la estética, a la historia o al concepto", dice María Riot desde Estados Unidos. La actriz XXX argentina, radicada en Barcelona hace unos años, ya trabajó con Erika Lust o con productoras de alt porn como A Four Chambered. Ella relaciona este tipo de producciones con las que la industria realizaba muchos años antes de la década del 90, cuando se popularizó, época en la que quienes filmaban eran cineastas, artistas, actrices y no empresarios, hombres que pensaban en su deseo y en la venta. De esas producciones de los 60 y los 70 nace el porno que hoy se llama feminista o ético; en cambio, el de los 90 es un porno instalado en la imaginación de todos, donde el disfrute es masculino (no suele salir en los planos el rostro del hombre, la cámara suele estar en sus ojos, el pene es una herramienta) y el punto de vista de la mujer está puesto en cumplir el objetivo de satisfacción masculina (es la única filmada, es la penetrada, no recibe sexo oral, no acaba, no filma). La mujer no solo como objeto de placer, sino como generadora de placer. En el capítulo sobre pornografía del podcast Pernocte POSTA, la conductora Paula Giménez se encontró con una dificultad a la hora de sumar experiencias de producción argentina. "Quise darle una mirada feminista, pero me resultó muy difícil porque la industria argentina es muy dura. No tiene en cuenta a la mujer. Si alguien quiere buscar porno con cuerpos más reales, historias que tengan más sentido y planos no tan de ginecólogo puede encontrarlo, pero son realizados en otros países, no acá. Y, en general, son mujeres las que lo hacen". Todo parece indicar, de todas maneras, que la industria argentina de pornografía ya no existe. Sin embargo, cada vez hay más producción de posporno o amateur, como es el caso de Gloria Parque con su productora Gardelhat o los nombres que se destacan en la comunidad Poringa! como generadores de videos. Mala luz, escenografías cutres, encuadres extraños, personas que no saben nada de cine, ni les interesa, se graban en sus casas teniendo sexo y lo suben a una plataforma digital para que otros comenten y gocen junto a ellos. La empatía se genera por cercanía, por posibilidad. L. tiene 35 años, es diseñadora gráfica. "Hace 10 años que trabajo haciendo los graphs para un canal de televisión de contenido explícito. No hay nada que no haya visto. Y sí, cuando me quiero masturbar miro pornografía, es algo que hago de manera frecuente. Sí, me doy cuenta de que al tener tantos años mirando porno, necesito encontrar cosas mucho más específicas para calentarme. Ahora, en el último tiempo, me gusta un tipo de porno japonés. Creo que las mujeres tienen menos experiencia en la búsqueda, entonces no saben del mundo inmenso que es". 
La paja en el número 
El sitio Pornhub en julio del año pasado publicó su segundo informe de consumo mundial de porno por mujeres que se llamó "What women want". Ahí se observó que las argentinas estaban cuartas en el ranking mundial de consumo de sexo online, aunque los dos primeros y los dos segundos se igualaban en porcentaje: el 30% de los clics hechos en nuestro país eran de usuarios registrados como mujeres. La edad media de esas mujeres era de 35 años. Y, además, miraban en promedio un minuto más que los hombres.(1) Este tipo de páginas tiene su material dividido por categorías. Según el estudio, las que más buscan las mujeres son en este orden: lesbiana, gay masculino, "big dick", adolescente y trío. También se puede buscar por palabras claves, y las que más buscaron durante 2015 las mujeres en Pornbub y en RedTube fueron: lesbiana, trío, squirt (eyaculación femenina) y sexo oral a la mujer, entre otras. El caso de Poringa! es especial porque es una comunidad donde son los propios usuarios los que suben el contenido exclusivo XXX 1. 

2 de enero de 2017

Nota Brando - Superficies de placer: qué porno miran ellas


http://www.lanacion.com.ar/1972104-que-porno-ven-las-mujeres

Nota IndieHoy: Mariano di Césare, el creador perpetuo


La palabra nace con el pensamiento pero ¿qué produce el pensamiento? ¿Un sentimiento, una sensación, un hecho, un acto? Si pensar es poner en palabras algo que afecta el interior de cada uno, ¿hacer una canción, un poema, un video, unir unos acordes es como pensar? Mariano di Césare habla, se cuestiona y resiste ese recorrido como un ping pong entre las profundidades, el lenguaje y la transformación que implica ese ida y vuelta. No sale ileso después de cada movimiento.

Basta con observarlo mutar en sus proyectos musicales, recibir sus ideas en textos, imágenes en secuencias, canciones, conversar con él en un saludo, un cruce, una cerveza o una virtualidad. Todo lo que hace está impulsado por una construcción obsesiva que gira en torno a la palabra adecuada, inmortalizada, en la evolución del pensamiento de un hombre.

Sobre la calle Bolívar, en San Telmo, el tráfico hace alarde de sus sonidos a pocos metros de una cerveza.

En la garganta la cerveza está fría mientras el calor del bajo porteño está pegado a todo en este bar. Hace pocos días Mariano publicó un microdisco que se llama Un instante maravilloso, una vuelta rápida por cuatro escenas: la pareja, el movimiento, el silencio y lo espontáneo o trabajoso de la felicidad. Antes de eso publicó un EP de cuatro canciones grabadas en vivo con El Príncipe Idiota, se llama Novedades. Mientras tanto, Mi Amigo Invencible tocó y tocó por todo el país, se asentó como una banda capaz de corromper el límite de una escena, incluir “a los de afuera”. Pero todos esos datos se conocen a simple avistaje de Facebook, y lo que vinimos a retratar es a la persona.

En malla y remera, combatiendo la solemnidad, Mariano no puede evitar tener ciertas discusiones consigo mismo sobre la simplicidad que quiere transmitir y la complejidad de sus pensamientos. La tregua se presenta como intercambio de ideas con otros pares. No lo sé, pero puedo imaginar que prefiere una charla de atardecer que exponer su obra en el formato que sea. La realización es algo que le sale fácil, sabe que sólo necesita sentarse a trabajar. En cambio, la discusión, la alimentación de las ideas, requiere de una claridad enriquecida por un otro.

“Voy dejando el cuerpo en cada palabra”, canta Mariano en el microdisco. Y lo aclara después: “Me lo tomo muy en serio. No quiero perder el tiempo diciendo algo que no es exactamente mi verdad, lo que pienso”.

¿Qué rol ocupa la duda, entonces? Piensa, luego dice, luego reformula, y termina en una risa. Conclusión: la imposibilidad lo obliga. Siempre resiste las ideas, sobre todo las suyas. La experiencia le enseñó: hay que trabajar. Trabajar es avanzar, es aclarar.


Foto: Dafna Szleifer

En lo que escribe Mariano hay referencias cruzadas a la literatura y el cine. Coquetea con la escritura, va de manera intermitente a talleres literarios, lee, produce y dirige piezas audiovisuales, tiene una productora. Está Fiódor Dostoyevski y Michel Houellebecq como nombre de alguno de esos proyectos, pero duda y explica, tal vez por lo provinciano, que le parece un bodrio el vínculo de la literatura con la música, que prefiere rechazar lo intelectual. Sin embargo esas dos prosas, tan densas, tan sobrecargadas de significantes, se le enredan entre lo que disfruta, lo que sufre y lo que idea.

Y ahí donde él dice terminar, en realidad, es un camino controlado. En Mi Amigo Invencible compone con Mariano Castro, también cantante de la banda, sobre un imaginario más cerrado, con posibilidades ficcionales que se ajustan a las identidades de los seis miembros. Una palabra se une a otra, escrita de a dos, como un cadáver exquisito consciente.

Sin embargo, cuando es él el único que canta, cuando él crea otros proyectos para sacar lo que en el grupo no puede, las palabras se convierten en un cuaderno de intimidades, en un diario personal, en el mundo interior. ¿Qué pasa con eso? La exposición es altísima. Y le da miedo. Pero se salva con el control de la forma de la canción. Es ahí, dirigiendo el proyecto, pensándolo hasta que le cierre, en su estética personal, donde él encuentra su escudo.


Foto: Dafna Szleifer


¿Qué te obsesiona?


No sé si es lo que más me obsesiona pero es lo más recurrente, lo que me da más herramientas para crear, y es la pareja, el amor. Siempre una decisión te deja afuera de otra, y tengo discos enteros hechos por esos deseos.

¿Qué dolor es el que sobrevivís con la música?

Creo que la búsqueda total de la libertad. Es lo que más persigo, en todo sentido, mía, de mi pareja y de todos. La libertad, además, es algo en constante movimiento y que perderla es mi miedo más grande. Yo trabajo freelance y eso no lo voy a cambiar nunca. Pase lo que pase, siempre veré formas de trabajo libre. Después hay otros temas más pequeños (que en realidad son gigantes) que me convocan. El silencio y la imposibilidad de un instante maravilloso, realmente maravilloso, por ejemplo. La concepción del silencio en la música me tiene loco y es lo que más difícil encuentro de plasmar.

Sos muy consciente del hecho artístico. ¿Sentís una responsabilidad?

No, sólo sobre mí mismo. La responsabilidad es primero conmigo, si después a otro le pasa algo, mejor. Es una necesidad personal, no lo veo como un acto de generosidad. Eso del arte para sanar o para modificar la percepción se lo dejo a mis ídolos, que ellos sí lo hicieron conmigo. Pero yo no quiero intentar eso porque no tengo las herramientas políticas para hacerlo. Es más una necesidad visceral.
 
Cuando habla sobre Mi Amigo Invencible dice que lo que él más quisiera es convertir la banda en lo más popular posible. Sí, reconoce que hay algo de eso por el hecho de ser un grupo de personas muy diferentes y que en la creación colectiva surge algo de ese orden, pero sueña con ser más accesible aún, llegar a más personas.

Lo otro, sus proyectos personales, los relaciona con el interior de su cuerpo, con su profundidad, y es algo que no puede evitar.

“Sueño con cosas posibles, que sé que puedo hacer”, dice, cuando habla del futuro, de las relaciones, del crecer. Entre esas cosas hay montañas, grabaciones, y la permanencia de los vínculos. Rasgo clave para entender a este hombre que hace diez años toca con las mismas personas que conoce hace muchos más.

En 2017, Mariano piensa entrar en el estudio, otra vez, con Mi Amigo Invencible de la mano de Shaman Herrera. “Mi plan es disfrutar al máximo, lo de siempre y todo lo nuevo que se viene”, afirma, bebe y sonríe.


La nota acá: http://www.indiehoy.com/entrevistas/mariano-di-cesare-creador-perpetuo/

2 de noviembre de 2016

Nominada Premios Estímulo 2016 - TEA


Fui nominada a los Premios Estímulo 2016 de Tea & Deportea por mi tarea periodística en Revistas por Brando. http://www.teaydeportea.edu.ar/premios-estimulo-y-menciones-de-honor-2016/
Los nominados fuimos:

Tarea periodística en Revistas

Romina Zanellato (Brando)
Emilio Zavaley (Rolling Stone)
Lucila Lopardo (Apertura)
Juan Ignacio Babino (Radar)
Juan Diego Brodersen (Brando)
Emilia Erbetta (Brando)
Franco Ciancaglini (Revista MU)
Juan Bautista Torres López (Noticias)
Franco Mizrahi (Veintitrés)
Manuel Buscalia (Mavirock y Billboard Argentina)

Y ganó mi queridísima amiga Emilia Erbetta

8 de octubre de 2016

La Agenda: Yo amo internet

Este romance empezó en la habitación de mi hermano. Entre sus zapatillas gigantes de Michael Jordan, pelotas de básquet y posters de Guess y Carola del Bianco estaba la computadora de escritorio que era su máximo tesoro. Después de muchas peleas entre nosotros, y con mi vieja como mediadora, logré que me prestara la computadora mientras él no estaba. Como nos llevamos seis años, algunas noches él andaba vagueando por las calles y yo tenía 13 púberes años que aprovechaba para conocer mi primer amor: el dial up.

Al son del ruidoso ventilador interno del CPU y el calor que me incineraba la pierna derecha, me conectaba a internet cada vez que podía mediante la línea de teléfono fijo. Parece la prehistoria pero sólo fue hace 19 años. No sabía muy bien qué hacer en internet pero sentía una gran atracción por la pantalla de fondo negro y la luz de letras blancas que iban apareciendo y recién ahí, cuando el DOS le hacía paso a Windows, el color se volvía azul.

Investigué en el buscador de Yahoo! (RIP) cómo tenía que hacer para chatear en una sala de MiRC y entré por primera vez al canal #Argentina. Fui a ese porque en el de #Neuquén, provincia en la que vivía, no había prácticamente nadie. El chat era una pantalla total donde iban apareciendo frases que distintos usuarios iban publicando, todos con nicks relacionados al físico o las bandas que les gustaban. Era casi imposible seguir una conversación porque eran tantas personas que no se entendía nada. Había mucha gente que entraba todos los días y estaba horas. La forma de chatear en privado era doble click en el nick, entonces la clave era tener un seudónimo sobresaliente. Yo estaba descubriendo a John Frusciante, como el hombre más hermoso de mi mundo y el destinatario de mis suspiros rockeros. Mi nick, entonces, era LaFrusciancita13. Había tres claves ahí: la edad, el género y el gusto musical. En esa época había menos información, quienes lo entendían eran pocos, cosa que me daba jerarquía en el canal.

Dos años después, a los 15, empecé a usar ICQ. El chat de la florcita verde además de hacer un sonido hermoso cada vez que recibías un mensaje tenía el gran don de poder ver a los usuarios que estaban en la misma ciudad que vos. Ahí conocí a Matías, un chico cinco años más grande que vivía a 15 cuadras de mi casa. Durante un año entero chateábamos todas las noches durante dos horas. Para ese entonces mis papás llevaron la computadora al comedor para que sea más equitativo el uso de internet. Además de eso, yo tenía amigas por carta en todo el país a las cuales llegaba por mensajes tipo clasificados en la revista Billiken y con las cuales nos enviábamos fotos de los Red Hot Chili Peppers y los Backstreet Boys. A ellas les contaba que Matías era mi cybernovio. A ellas nunca las busqué en internet.

La vida que llevo la puedo hacer en gran medida gracias a internet. Todos los proyectos, mi trabajo, el podcast https://soundcloud.com/loscartografos, muchos de mis amigos, algunas parejas, las ciudades remotas que conozco vía Street View, y otra vez: la música, los libros, las películas. Todo eso es gracias a internet. Pero no a todos le pasó lo mismo y no para todos es tan natural y asombroso.

El 18 de mayo del 2015, un día después de que se estrenó el último episodio de Mad Men subí a Facebook una foto de Peggy Olson, el personaje femenino que acompañó a Don Draper durante siete temporadas. Mi papá comentó la foto haciendo notar su confusión, ¿por qué alguien que se llamaba igual que su hija subía una foto de alguien que no era su hija? Estaba sorprendido. Lo tuve que llamar y explicarle que la cuenta era mía y que yo había subido una imagen de algo que me interesaba. Si para las personas de 60 años internet es casi de manera exclusiva Facebook, y Facebook es algo incomprensible pero a la vez adictivo, ¿cómo es para los que nacieron en los ’90? ¿Cómo viven la realidad/virtualidad aquellos “nativos digitales”? ¿Internet es tan importante para todos por igual? Esa curiosidad me surgió hablando con alguien en Twitter hace unos meses: cada cual tiene una historia personal sobre su vínculo con la red y cómo cambió la forma de relacionarse entre las personas. Entonces hice un cuestionario rápido de 8 preguntas, se las mandé a varios amigos de distintas edades y con las primeras respuestas armé un blog sobre internet. Se llama “Amo internet” http://amointernet.tumblr.com/ y ya tiene 80 cuestionarios online.


La web, como tal, nació el 23 de agosto de 1991. Ese fue el día que cualquier usuario pudo acceder a la primera página de la World Wide Web (WWW). La diseñó un tal Tim Berners-Lee, de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) en Suiza. En su origen, ese canal era sólo para comunicarse internamente con sus compañeros de trabajo con acceso de usuario de CERN.

Al poco tiempo permitió que cualquiera pudiera ingresar a la URL de esa primera página web. De hecho, en su vigésimo aniversario se restauró la página tal como estaba y se la puede ver en http://info.cern.ch/hypertext/WWW/TheProject.html

Ese día, el 23 de agosto de 1991, (hace 25 años) se lo marcó como el Día del Internauta. En abril de 1993, CERN anunció su decisión de que el código base de la Web sería gratis y libre de regalías a perpetuidad.

Una noche de aquel 1997, Matías me contó que había ido a hacer un trámite al centro de Neuquén e hizo referencia a un lugar que quedaba muy cerca de mi casa. Al pasar le dije que yo vivía por ahí y la conversación siguió su curso. A la noche siguiente sonó el teléfono fijo, atendió mi papá, era Matías, había buscado en la guía telefónica todos los Zanellato que vivían cerca y me encontró. Me enojé tanto por el hecho de que haya roto ese código de realidad/virtualidad que dejé de chatear en ICQ. No le hablé más.

Para mí, que durante la adolescencia me costó interactuar con la gente en el plano de la realidad, que no conocía a nadie con intereses similares a los míos, internet fue la salvación. Un refugio y un canal para dejarme conocer a través de las palabras, para descubrir un montón de cosas que me recomendaban personas que no conocía en carne y hueso pero que igual me compartían links desde cualquier parte del mundo sólo para que yo sea un poco más feliz. Internet fue mi educación formal y también la sentimental.


Puedo dividir las experiencias de internet en tres grandes grupos de personas: las generaciones post 40 años, aquellos que nacimos en la década del 80 y los que nacieron después de los 90. En general, los nativos digitales no le dan tanta importancia a internet porque nacieron con esa herramienta; no logran entender del todo el potencial de información y curiosidad que hay ahí. Los de 30 la amamos, aún aquellos que no están conectados todo el tiempo en todas las redes sociales. Los mayores de 40 se dividen entre la entrega absoluta a su poder de seducción y los escépticos, reservados, los que piensan que la realidad nada tiene de virtual.

En estos 80 cuestionarios encontré cinco personas que recordaban de memoria su número de identificación de ICQ de ocho cifras, gente que sabe qué fue lo que buscó por primera vez en internet, mucha gente que empezó a chatear en los foros de discusión de Harry Potter, tantos otros a los cuales les robaron la identidad en la virtualidad y plagiaron sus trabajos.

También, muchos momentos memorables que existieron gracias a la red, como lo que le pasó a Santiago. Que me lo contó así: “en una ocasión participé de una videoconferencia de Skype de pre-filmación, en inglés, desde el locutorio de un supermercado del conurbano”. O la anécdota de Lucas: “un amigo dejó un comentario en un post mío diciendo que le había gustado un chico que repartía volantes en un recital, el pibe lo leyó y tuvieron una cita que terminó en una noche de pasión“. O a Malena, que en un cyber de San Cristóbal en 2005 le cortó por Skype a un novio italiano que tenía, mientras él estaba trabajando en Yemen. “Fue terrible porque ese día me llevó flores y me las puso delante de la cámara”, dijo en el blog.

Todos tenemos un romance con internet. El mío empezó en 1997 y dura hasta hoy.

La nota: acá: http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/151287295940/yo-amo-internet
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ROMINA ZANELLATO

Romina Zanellato es periodista y escritora. Colabora en medios como Brando e Inrockuptibles. Cursó la Maestría en Escritura Creativa de la UNTreF y es parte del podcast Los Cartógrafos. En Twitter es @romizanellato.

1 de septiembre de 2016

Nota Brando - Tras los pasos de César Aira

Tras los pasos de César Aira

Una periodista se obsesiona con la figura del autor más prolífico y misterioso de la literatura local y se propone descubrir qué hay detrás del mito construido alrededor de un escritor que suena en las apuestas como candidato al Premio Nobel, que tiene publicados 90 libros y sigue agotando ediciones, que hace tiempo se retiró de los circuitos oficiales pero se pasea por las ferias independientes, y que a pesar de no dar notas a los medios nacionales, es una presencia constante. 
Por Romina Zanellato 
Feria del Libro 2012. Frente a mí estaban las tres versiones de la tapa de El mármol, el libro de César Aira editado por La Bestia Equilátera. ¿Llegó el momento de leer a Aira? Elegí la tapa de las caricaturas y me volví a casa con cierta resistencia. En la contratapa se leía: "A falta de cambio, el cajero de un supermercado chino le ofrece al protagonista de esta novela que elija entre un montón de naderías. Resignado, el hombre manotea al azar unas pilas chinas, un ojo de goma con luz, una tabla de proteínas, una hebilla dorada, una cucharita lupa, un anillo de plástico y una cámara fotográfica del tamaño de un dado. Ignora que al salir lo espera una aventura, y que a esos objetos que cree inútiles podrá darles una función insólita en cada capítulo de sus andanzas". Tenía un prejuicio fundado en cosas azarosas que había escuchado sobre sus novelas y el recuerdo de algunas contratapas delirantes como esta. ¿El hombre escribe fábulas? La literatura argentina, la alta y buena literatura bien aprendida por la cultura, es cosa seria, dicen, y Aira parecía que se dedicaba a contar historias surrealistas, ridículas. Las tramas eran absurdas y El mármol, en un principio, me confirmó todo eso que había elaborado sin mucha conciencia. 
Lo padecí. Mientras avanzaba en su lectura viví una ansiedad insoportable, la narración tenía una velocidad tal que parecía que estaba siendo escrita al mismo tiempo en que la leía. Nunca había sentido ese vértigo antes. Cada vez que entraba a un supermercado chino reconocía una descripción de Aira sobre algo que no había notado antes, cada vez que el cajero me daba el vuelto en chucherías esperaba que fueran llaves, pequeños tesoros capaces de destrabar mis problemas cotidianos. Fueron meses reviviendo El mármol entre las góndolas del chino hasta que entendí, ¡qué libro más fantástico! Lo volví a leer, esta vez deslumbrada por su poder, y me compré otros. La sección Aira de mi biblioteca creció considerablemente, con sus tramas imprevistas y fantásticas. Podía ir de Yo era una niña de siete años, donde la narradora es una niña que vive con su padre, el rey, y sus dos sirvientes, hasta Varamo, donde cuenta un día en la historia de un panameño que escribe un poema que cambia la historia de la literatura, o sumergirme en La guerra de los gimnasios, con contratapa de Fabián Casas en la que dice: "Aira -a pesar de hacernos reír a granel- es el escritor argentino más serio que existe. Nadie cree con tanta convicción como él en el poder de la escritura. Y tiene razón [...]. Esa electricidad que produce el amor, pero que también logran los hábiles fabuladores, forma parte esencial de la prosa aireana". 
De sus libros pasé a preguntarme por él, y la periodista que hay en mí superó a la lectora. Quise saber quién era, qué pensaba sobre determinados temas sociales, artísticos, coyunturales. No encontré nada reciente. Las fotos que me daba Google eran bastante viejas. Su mito me hizo acordar al J. D. Salinger o Thomas Pynchon, escritores recluidos que eligieron convertirse en nombres sin cara pública. Un punto más a la curiosidad. Me propuse, entonces, investigar al escritor que en 2015 fue nominado al Man Booker Award -premio inglés de 60.000 libras que se disputa entre los 10 mejores escritores del mundo-, que está entre las apuestas a ganar el Premio Nobel, que tiene más de 90 libros editados y al que Patti Smith cita como uno de sus favoritos. Vivir al mismo tiempo que un clásico es muy difícil, que se lo reconozca como clásico mientras vive es casi imposible, que esté tan cerca es una tentación que no pude contener. 
El universo Aira
Wikipedia dice que nació en Coronel Pringles el 23 de febrero de 1949 y que al cumplir los 18 años se mudó a Buenos Aires, al barrio de Flores, en el cual aún vive. Durante los primeros dos años fingió estudiar Derecho, después se puso a escribir. Está casado con la poeta Liliana Ponce y tiene dos hijos. Como el mundo virtual no ofrecía nada más, acudí a libreros y editores, y hubo unanimidad en el diagnóstico: lo que hay de Aira se vende. En una librería conviven novelas de $300 con algunas ediciones de $40, editoriales multinacionales con cartoneras. ¿Y él?: "Es un tipo normal", me respondía el coro. 
En el medio de mi pesquisa me crucé con una novela de Ariel Idez que se llama La última de César Aira, en la que el escritor es el personaje principal, el malvado que quiere destruir la literatura argentina. Alguien más está obsesionado con Aira, pensé. La novela es un disparate aireano que plantea una posibilidad certera: su maquinaria semántica, su superproducción, no solo puede acabar con él mismo sino también con la literatura argentina actual. "Qué bodrio", me decían mis amigas cada vez que daba vueltas sobre el asunto. ¿Nadie se da cuenta o yo llegué muy tarde? 
Descubrí en YouTube algunas entrevistas que le hicieron hace algunos años, disertaciones y también notas para revistas estadounidenses como BOMB. Supe que todas las mañanas va a un café de Flores para escribir a mano una o dos páginas diarias. Usa cuadernos de papel liso, sin renglones ni cuadriculado, con espiral, que compra en la papelera Wussmann. Escribe con una lapicera Montblanc de tinta negra. Todo lo compra siempre en el mismo lugar, se lo guardan para él. Es un hombre metódico y de rutina. Le dijo a María Moreno, escritora que lo entrevistó, que esa exacta combinación de la tinta y el papel le asegura un buen ritmo de escritura, corre bien por la hoja, no la mancha, fluye sin entorpecer la imaginación. Antes del mediodía vuelve a su casa, pasa a la computadora lo que escribió, se deshace del papel, de las huellas de su proceso creativo. 
Adivino que es obsesivo, ordenado, que se toma muy en serio el acto de imaginar. Descubrí que no le interesa la psicología de los personajes como en las novelas clásicas, que le gustan los policiales, el cómic, que lee algunas cosas nuevas pero que, en general, no las comenta. Averigüé que su grupo de amigos más cercano son escritores. Él los nombra: su amigo de la infancia Arturo Carrera, Tamara Kamenszain, Sergio Bizzio, Alberto Laiseca, Ricardo Strafacce. Lo fue también Rodolfo Fogwill. Hay otros más jóvenes, con ellos anda por esos lugares donde me lo nombraban como habitué: Pablo Katchadjian, Francisco Garamona, Damián Ríos, entre otros. Le gusta la tertulia literaria, aparecer en la feria de editoriales independientes La Sensación y en la librería La Internacional, en el café Varela Varelita, pero no en los eventos del circuito formal o mediático de la literatura. 
Un día recibí un mail de una amiga ilustradora donde me contaba un suceso que entendí como el contagio de mi obsesión. "Estaba en Varela Varelita y vi a César Aira en la mesa de al lado. Cuando se estaba yendo se acercó y me dijo que siempre me miraba dibujar, que me veía muy concentrada y me felicitó. Antes de irse saludó al mozo y el mozo le dijo: «Chau, Oscar». No era él". No descartamos la posibilidad de que el mozo le hubiera cambiado el nombre para jugar con su mito. 
Podría haber sido, porque está interesado en el arte. En el sello Blatt & Ríos editan todos los años al menos una novelita de él, la última que leí es Artforum, un compendio de relatos que él denominó autobiográficos -esto lo dice en una nota española-, sobre su obsesión con esta revista de arte moderno, de distribución casi inaccesible en el país. El fetiche me pareció un gesto, una pista. 
En la librería La Internacional hay una parte de la biblioteca solo de textos de Aira. En las paredes del salón del fondo hay una colección personal de arte de Francisco Garamona, su dueño y editor de Mansalva. Mientras maquetaba un futuro libro de la editorial, me señaló sin mirarme tres cuadros pequeños de colores estridentes que había sobre la pared. "Los pintó César", me dijo. Parece que no hay más que esos tres y no están a la venta. Después encontré una nota en la que dice que lo que de verdad le hubiera gustado hacer es dibujar, pero no tiene el don, que él cuando se deja llevar por la trama siente que está pintando un cuadro. Tan cerca, además, a la poesía. 
Damián Ríos, uno de sus editores, me comentó que a Aira le gusta tener una relación cercana con quienes lo editan, sentir confianza y aportar al catálogo. El texto se entrega cerrado y son pocos quienes se animan a hacerle comentarios, Ríos es uno de ellos. "A veces lo que parece un error es una genialidad, pero también puede ser un error, siempre hay que preguntar". Aira está al tanto de todo el proceso, aprueba las tapas, los materiales, pero no interfiere. Cada libro de él que imprimen lo venden. Aira tiene un séquito de fans que compra todo lo que haya. En Mercado Libre hay primeras ediciones de novelitas que se venden a $1.000: es material para coleccionistas. 
Las piezas más preciosas en la biblioteca son las traducciones. En la mía tengo una edición de El mármol en italiano, publicada por Ediciones Sur, de tapa dura forrada en tela turquesa, impresa con serigrafía. Una belleza bastante inútil porque no sé leer en italiano. Tengo otros ejemplares de otros idiomas que les fui pidiendo a todos los que viajaban al extranjero. Mi hermano me trajo The Musical Brain, su libro de relatos que editó New Direction Books y que The New York Times eligió entre las mejores 15 tapas de 2015. Es un holograma con una mano que se mueve y prende una chispa con el dedo índice. 
La construcción del mito
Como un fantasma escritor, Aira está en todos los catálogos, desde las editoriales más chicas hasta las grandes como Planeta o Penguin Random House. En una cena de editores me enteré de que con esta última corporación edita directamente desde España, donde hace poco se inauguró la Biblioteca César Aira. "No pasa por acá, ni nos enteramos", me dijeron. En el caso de Emecé (sello perteneciente al Grupo Planeta) tiene su propia colección, que edita Mercedes Güiraldes, con quien trabaja hace décadas. 
En general, los escritores no publican del modo en que él lo hace -en varias editoriales a la vez-, probablemente porque su producción es tal que ninguna casa podría sacar cinco novelas al año. "Es difícil decir si hay o no estrategia detrás de esa manera particular de Aira de publicar. Creo que forma parte de una estética y de una ética de autor. Es un indudable gesto de libertad artística e independencia personal y es indisoluble de su forma de concebir la literatura. Pero esa forma tiene su eficacia. Sin prisa y sin pausa, Aira creó una obra impresionante, rupturista y clásica a la vez, quizás la más original de la literatura argentina desde Borges", definió Güiraldes. 
Una vez leí una nota en la que se teorizaba acerca de que un escritor debe ser un hombre-enciclopedia, saber de todo para poder escribir sobre todas las cosas. Lo llamaba "el hombre universal". Pienso que Aira escribe de manera fragmentaria una serie de textos que publica de manera constante y que conforman una obra total, un gran libro por completar. No hay novelitas aisladas, hay una continuidad que las une en un proyecto enciclopédico y también en un lenguaje propio. ¿Cuánto de su mito personal no fue también una creación propia? ¿Cuándo se termina el libro? 
Antes, cuando sí daba notas, Aira causaba bastante revuelo. En 2004, le hicieron una entrevista en Clarín donde dijo que "el mejor Cortázar es un mal Borges"; ahí, también dijo que Manuel Puig, Alejandra Pizarnik y Osvaldo Lamborghini eran sus referentes como escritores, modelos de vida y actitud. Aunque hizo la salvedad de que no necesariamente los modelos de vida actúan en uno como ejemplos. Después del escándalo que se generó a raíz de su opinión no habló más con la prensa. Su amigo Ricardo Strafacce dice que le da pudor aparecer en los medios dando un juicio muy categórico porque no se toma en serio a sí mismo, cree que el escritor habla en su obra. En las notas que dio en otros países también tiró frases polémicas, pero ya sin ofender a nadie. "Soy de los raros escritores a los que les gusta escribir realmente", dijo en una entrevista que le hizo el escritor danés Peter Adolphsen en el Louisiana Literature Festival en 2012. "Hay muchos escritores que quieren seguir siéndolo por los beneficios sociales que trae, entonces cada 10 años hacen el esfuerzo por seguir manteniendo el carnet y hacen el sacrificio de escribir un libro". 
"¿Podríamos soportar una verbosidad tan demencial, alguien que además de publicar cuatro o cinco libros por año esté hablando en todos los suplementos y las revistas?", me preguntó Mauro Libertella, periodista y escritor. Lo fui a buscar porque alguien me dijo que él había leído todo lo publicado de Aira. Son pocos lectores los que pueden cargar ese título. Me lo negó en el primer acercamiento, solo leyó alrededor de 20 de sus libros publicados, no es más que una mínima parte. Libertella hace poco editó un libro de entrevistas a los grandes escritores latinoamericanos para la editorial chilena de la Universidad Diego Portales; Aira se negó a participar. 
"Me parece que no podríamos soportarlo. Es su literatura lo que lo puso en el lugar en el que está, cualquiera que sea ese lugar. Él se movió bien e hizo el trabajo largo, el de fondo: buscó antes la institución literaria que el mercado. Entonces nos llegó antes la idea de que Aira era un escritor importante que la proliferación total de sus libros, que sucedió hace unos 10 años, cuando todas las editoriales, nuevas o antiguas, querían publicarlo. Durante los 80, Aira intervenía fuerte en el debate literario, publicaba en revistas y se metía en quilombos. Esos fueron sus años de verdadera construcción profunda. Lo que estamos viendo ahora, me parece, es la estela que dejó ese trabajo verdaderamente intenso de años". De a poco, empecé a creer que su silencio podía ser leído como una estrategia muy inteligente. Sus juicios, evidentemente, son categóricos porque su archivo así lo demuestra. Se mueve en un círculo amistoso al cual le es fiel y respalda. También expulsa con determinación a muchos otros. 
En el medio de mi búsqueda por saber quién es Aira, escuché que iba a disertar en el Museo del Libro y de la Lengua a favor de su amigo Pablo Katchadjian, escritor que aún enfrenta un juicio por plagio por parte de María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges. Fue la única aparición pública que supe de él en los últimos años. Fui emocionada por poder verlo, escucharlo y, tal vez, tener la posibilidad de hacerle varias preguntas que tenía pensadas. Me senté en el piso frente a él y lo grabé mientras hablaba de la invención: "Antes me llenaba la boca diciendo que lo que hacía era experimental. Desde que escuché una frase de William Burroughs no lo digo más. La frase dice que una escritura experimental es un experimento que salió mal, si el experimento salió bien es un clásico. Yo, a su vez, creo que no hay ningún clásico que no haya sido antes un experimento". Se oyeron risas en el auditorio, las oigo hoy en mi casa al escuchar la grabación. Y recuerdo cómo se fue rápido por la puerta lateral, y así se escapó mi primera oportunidad real de hablar con él. 
Su permanencia
Hay algo emocionante en la forma en que construye sus narraciones. Cada uno de sus libros, esas pequeñas novelitas de 100 páginas, contiene un universo diseñado a escala, creado en el momento en que lo escribe. Aira es un amo de las palabras, a las que amasa con destreza para crear imágenes poderosas y verosímiles. Su talento es tal que mientras plantea una secuencia narrativa surrealista, se las arregla para bajar línea y expresar su postura crítica sobre algunos temas de una manera casi imperceptible. 
La crítica literaria le dedicó su atención. Algunos lo califican de escritor de derecha por concentrarse en hacer cuentos de hadas dadaístas en vez de la literatura de denuncia social que tomó fuerza en los 90. Le pregunté a Hernán Vanoli, editor de Momofuku y crítico: "Hay una suerte de neopopulismo experiencial que se opone a Aira porque Aira simplemente tiene cierta relevancia intelectual. No es tan fácil, no canta una que sabemos todos, no codifica la experiencia social como una revista de cultura juvenil, y bueno, esa impugnación me parece lamentable". Me dijo, también, que para él era un autor fundamental del siglo XX, pero no dejó de señalar que eso es el siglo pasado. 
Yo, al final, intenté hacer como Aira cuando empieza a leer un autor nuevo, me metí de lleno en su obra y en saciar mi curiosidad. A medida que pasó el tiempo, los libros se apilaron en mi biblioteca, la pasión cedió frente al respeto y mi interés giró a otra cosa. Sin embargo, llegó el día en que, caminando por Paraguay, al llegar a Scalabrini Ortiz lo vi. Estaba fumando un pucho con el escritor y abogado Ricardo Strafacce en la vereda del Varela Varelita. Fue un segundo en que mis ojos se cruzaron con los de él, recibí una descarga de energía desde mi interior, bajé la vista y crucé la avenida, escapándome, perdiendo así la última oportunidad de decirle a César que él se había convertido en mi clásico.