Jóvenes no binaries: Cómo es vivir sin género en Argentina
¿Se puede rechazar el género que se te impone al nacer y no tener que elegir entre uno u otro?
Hombre-Mujer. La sociedad impulsa que todos estemos entre esos dos polos del género. Pero hay una nueva generación de jóvenes en Argentina que se identifica y milita el derecho a no entrar en esa categoría. ¿Se puede rechazar el género que se te impone al nacer y no tener que elegir entre uno u otro?. Cada vez hay más personas que se salen de los roles hombre/mujer o, en su alternativa, mujer trans/varón trans, y se identifican como no binaries. Eligen dos pronombres, el neutro con la e (elle) y uno más, que puede ser ella o él. La militancia por visibilizar esta nueva identidad se basa en la propia experiencia de cada une: en Internet encontraron el término, y con eso su propia libertad.
Dentro del espectro no binarie hay algunas definiciones: agénero (no sentirse de ninguno), género fluido (fluir desde uno al otro), demi-chico o demi-chica (que es identificarse parcialmente con uno). Edith Martín pediatra con formación en sexología y concurrente al Grupo de Atención a Personas Trans (GAPET) del Hospital Durand de Buenos Aires dice que el punto de inflexión del nuevo paradigma es que la identidad la define la persona y no las circunstancias médicas o legales. “Una persona no binarie es aquella que se resiste y reivindica el derecho de no encajar en el binario hombre-mujer. En general se lo ubica en el espectro trans porque implica una sublevación o una subversión frente a las normas de género, pero se diferencian de otras personas trans que sí se encasillan como binarias".
VICE habló con seis jóvenes no binaries para que nos cuenten cómo es su vida y cómo fue su experiencia de reconocimiento en otro género.
Paz Ferreyra (el nombre detrás de ese fenómeno llamado Miss Bolivia) se considera comunicadora antes que música, y a través de esa identidad explora los soportes disponibles para darle volumen a su voz. Ella, que es psicóloga y trabajó con las familias de las víctimas de Cromañón desde la noche de la tragedia, es la misma mujer que en 2011 se animó a cantar y grabar un primer disco, Alhaja. Es, también, la profesora de yoga, y la que hizo su propio vino para comercializar en sus shows a un precio popular “para que tomen un vino rico, y amor por el pico”. Es la vestuarista de su banda y la creativa que diseña para su propia marca de ropa. Además, es una especie de predicadora feminista que hace mover el culo a su público, desde el motoquero de campera de cuero hasta la niña acompañada por su familia. Con la explosión que significó Miau (2014), su segundo disco, Miss Bolivia se apropió de todas sus posibilidades y las hizo realidad. Ahora acaba de editar su primer libro, Ni cabida. Cómo sobrevivir a la gilada, en el que conviven textos íntimos con algunas de sus máximas. Desde China, donde está de viaje con su marido Emmanuel Taub, habló sobre este nuevo proyecto, uno más en la lista de una mujer incansable que se sigue reinventando.
Romina Zanellato publicó su primera novela a través de una editorial que edita sólo mujeres. En diálogo con “Río Negro”, contó detalles del texto que mezcla ficción con su propia realidad.
“La historia es básicamente la de una chica que es de Neuquén, que vive en Buenos Aires y que viaja a Concepción del Uruguay, con las cartas de sus abuelos cuando eran chicos, un poco a recomponer su historia personal y a preguntarse sobre sus mandatos y sobre su familia, sobre la familia que ella quiere construir, sobre su situación. Es una reconstrucción de la memoria”, contó sobre Romina Zanellato en diálogo con “Río Negro” sobre “Entre dos ríos”, su primera novela.
El libro de la periodista y escritora neuquina radicada en Buenos Aires se podrá conseguir en las próximas semanas en las librerías de la ciudad.
Antes, Romina le contó a este medio detalles del texto y de su acercamiento a los textos literarios.
P- ¿Es una novela autobiográfica?
R- No, es una novela ficcional que tiene algunas estructuras autobiográficas, pero es ficcionada. La novela está parada desde la literatura del yo, en una primera persona, está enmarcada en un proyecto editorial de escritura autobiográficas de mujeres. Entonces tiene algo autobiográfico, pero está muy ficcionada. Los personajes no son reales, pero si mucho de la línea es mi historia: yo soy de Neuquén, vivo en Buenos Aires, mis abuelos son de Concepción del Uruguay, y las cartas que están dentro de la novela si pertenecen a mi familia, aunque no son de mis abuelos. Entonces como que tomé algunas herramientas del espacio para contar otra historia.
P- ¿Cuáles son los “dos ríos” de los que habla la novela?
R- Es un juego entre Entre Ríos, el río Uruguay y el Paraná, y nuestros ríos, el Neuquén y el Limay. El texto viaja mucho en el tiempo, es fragmentado y no sigue una línea de tiempo cronológica, entonces va y viene en los lugares y los momentos de la vida de esta narradora, y muchos de esos momentos están ligados al agua y a los distintos ríos.
P- ¿Cómo surgió este libro?
R- La novela en principio nació como un trabajo de una maestría que yo estaba haciendo que es la maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Tres de Febrero. En principio era un trabajo de no ficción, autobiográfico y real, esa fue la primera versión del texto, la entregué y fue parte de mi tesis. Y después con el tiempo lo fui trabajando y reescribiendo muchas veces y fui ficcionando la historia.
Un robot de madera, de fibro fácil, apenas más grande que una caja de zapatos, es un dispositivo para enseñarle a los niños de entre 3 a 9 años los primeros conceptos de programación. Cuboide, se llama, y obtuvo esta semana una mención de honor de la NASA en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería Intel-ISEF, que se realizó en Pittsburgh, Estados Unidos.
Nació con un objetivo social: fomentar el pensamiento lógico, creativo y estratégico en los niños, de la misma manera que se utiliza para programar, pero sin necesidad de que estén frente a una computadora. En lugar de fomentar el consumo de nuevas tecnologías, el robot pretende interesar a los niños en crearla.
Como es de madera, no tiene pantallas y funciona cuando los niños activan determinados mecanismos de movimiento al introducir en la “caja” una ficha de cartón. Por ejemplo, si quiere cambiar el color de los ojos del robot tiene que introducir determinada ficha, si quiere hacerlo girar 360 grados tiene que meterle cuatro fichas de movimiento porque cada una lo hace girar 90 °. “Cada una significa un bucle o un condicional, que son acciones que el robot hace con una lógica secuencial de programación”, dice Matías Apablaza, uno de sus creadores. Cuboide es expandible mediante módulos muy fáciles de conectar, lo cual disminuye el costo.
Robot Cuboide hecho por alumnos argentinos de Neuquén, premiados en la NASA
El robot nació como un proyecto escolar de tres estudiantes neuquinos, Matías Apablaza, Ilan Goyochea y Matías Muñoz, en su último año de secundario en el Instituto Tecnológico del Comahue (ITC). Lo presentaron en ferias provinciales, nacionales y lo siguieron desarrollando cuando egresaron del colegio. Quedó seleccionado para la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería Intel-ISEF y fue el único proyecto educativo en representación de la Argentina.
Los felices creadores de Cuboide. De Neuquén para el mundo.
“Queríamos hacer algo útil, para que los chicos aprendieran a pensar sin una pantalla enfrente, por eso Cuboide no daña los ojos de los niños”, dice Apablaza. Por teléfono desde un hotel en Buenos Aires, antes de volverse a Neuquén donde está estudiando Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional del Comahue, Muñoz dijo que están haciendo un prototipo de bajo costo, para que sea accesible. “Estamos probando una forma de hacer más barato, porque ahora tiene un costo de 100 dólares, que igual es económico en comparación con otros proyectos similares “.
Están tramitando el derecho de autor, pensando cómo mejorarlo para lograr un prototipo estable y, cuando lo consideren terminado, van a liberar el código para que cualquiera lo pueda hacer en las escuelas. Durante el desarrollo, lo probaron con niños de entre 3 y 9 años para ver cómo reaccionaban a la lógica de Cuboide. Constataron que los chicos que jugaron con el robot tuvieron una mejora del 52% en su razonamiento creativo y secuencial.
El juicio al cantante de El Otro Yo, Cristian Aldana, comienza el martes 22 de mayo. El músico está detenido con prisión preventiva en Marcos Paz desde el 22 de diciembre de 2016, procesado por el delito de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete oportunidades.
En la causa, que tiene el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°25 de la Ciudad de Buenos Aires, siete mujeres son las que lo acusan, pero hay por lo menos cuatro más que van a aportar sus testimonios.
Ya están fijadas las dos primeras audiencias, el 22 y 24 de mayo, y se prevé que, por la cantidad de testimonios, se convoque a más reuniones. Los jueces que actuarán son Rodolfo Bustos Lambert, Ana Dieta de Herrero y Rodolfo Goerner. El músico, por los cargos que le imputan, puede recibir una pena de hasta 20 años de cárcel. El fiscal Guillermo Pérez La Fuente trabajará con la colaboración de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), organismo que recibió las denuncias e hizo la investigación preliminar.
Los casos de las denunciantes muestran un patrón de conducta por parte de Cristian Aldana: todas eran sus fans, cuando empezaron a estar con él tenían entre 13 y 16 años, la mayoría no tenía experiencia sexual y tenían una situación familiar crítica, querían ser músicas y las contactaba a través del blog de El Otro Yo. En conversación con Rolling Stone, algunas de ellas contaron su experiencia. C. dijo que el primer contacto fue en ese chat, lo primero que su ídolo le dijo fue: "¿Sos virgen? Pasame tu teléfono". Otra situación que se repite es que varias de ellas fueron abusadas antes de la relación con Aldana, por parte de familiares. Según el relato de C., a él eso lo excitó y le dijo: "eso te pasó porque sos re puta".
Los casos de abuso relatados ocurrieron en distintos momentos de la historia de El Otro Yo, entre 1999 y 2010, siempre en las oficinas del sello discográfico de la banda, Besótico, y muchas de las chicas no se conocían entre sí. En abril de 2016, ante la denuncia pública de violación que una chica publicó contra Miguel del Pópolo, cantante de La Ola Que Quería Ser Chau, en las redes, y ante el sinfín de mensajes condenatorios de los fans, Aldana hizo un descargo en su Facebook respaldando a las víctimas. Su mensaje de "apoyo" resonó tanto que comenzaron a publicarse testimonios en su contra. Al poco tiempo, tres de las víctimas hicieron un video donde relataron a cámara las violencias que sufrieron por parte del cantante. A partir de ahí, se unieron, subieron su testimonio a las redes, recibieron más casos y se acercaron a UFEM para denunciar.
Las abogadas realizaron la investigación preliminar y denunciaron. A partir de ahí el caso fue a Primera Instancia, al Juzgado de Instrucción N°17 y ahora al TOC N°25 para el debate. En enero de 2017, Aldana mantuvo una conversación por correspondencia con Rolling Stone desde la cárcel, donde dijo que "no existieron tales encuentros, individuales ni grupales. Ni siquiera tengo conocimiento personal con las denunciantes, más allá de que ellas, como seguidoras de EOY, hayan ido a los shows".
Sin embargo, cuando su abogado pidió la excarcelación hasta el juicio fue denegada por la Sala de Feria "A" de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, que en su resolución dijo que, para cometer los delitos, se valió "de la admiración que generaba en sus víctimas debido a su actividad como integrante de una banda musical de la cual aquellas eran seguidoras", y que se tornaba necesario evitar el riesgo de entorpecimiento por eventual intimidación a las mujeres, testigos y posibles víctimas de Aldana.
Cristian Aldana entró esposado a la primera audiencia del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°25 de la Ciudad de Buenos Aires y caminó frente a seis de las siete mujeres que lo denunciaron por abuso sexual gravemente ultrajante con acceso carnal y corrupción de menores. Sentadas en una hilera de butacas de frente a los jueces, ellas estaban abrazadas, con actitud firme, mientras el silencio en la sala era total.
Aldana se sentó al lado de sus dos abogados, Rodolfo Patiño y Silvina Parodi. De remera de los Ramones blanca y saco negro, cruzó miradas con una de las denunciantes que estaban a su derecha y después colocó la vista siempre para adelante, con la mirada perdida. No hizo ningún gesto. Frente él estaban todos los abogados querellantes: Sofia Lanzilotta y Esteban Galli del Programa de Asistencia y Patrocinio Jurídico a víctimas de delitos de la Defensoría General de la Nación, en representación de seis de las denunciantes; Gabriela Conver, abogada particular de una de ellas; el fiscal Guillermo Pérez La Fuente, y Gabriela Solari de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM).
La secretaria del TOC comenzó a leer el requerimiento de elevación de juicio y nombró las situaciones aberrantes que las siete mujeres denunciaron haber vivido con el cantante de El Otro Yo entre 1999 y 2010, cuando ellas tenían entre 13 y 18 años. Una de las chicas, A., se quebró en el medio de la lectura de las imputaciones y tuvo que salir de la audiencia por un rato, antes de prestar testimonio.
La última vez que A. vio a Aldana fue en 2016 cuando apareció disfrazado de monja en la marcha 'Ya no nos callamos más' en el Obelisco. La habían organizado un grupo de chicas a raíz de las denuncias públicas al músico y al cantante de La Ola Que Quería Ser Chau, Miguel Del Pópolo, en contra los abusos sexuales en el ámbito del rock. Esa vez el líder de El Otro Yo fue con una guitarra a cantar "el amor disipa al odio".
Hoy, Aldana bajó de una camioneta del Servicio Penitenciario Federal e ingresó a los tribunales de la calle Paraguay 1536 dos horas más tarde de lo previsto, después de recorrer 61 kilómetros desde el Penal de Marcos Paz, donde está detenido desde el 22 de diciembre de 2016 con prisión preventiva-. La Policía lo escoltó mientras le gritaban "violador" y "pedófilo".
La audiencia debía comenzar a las 10 pero no lo hizo hasta las 13. En la espera, los abogados del músico fueron al mostrador del Tribunal con diez testigos, aunque no estaban citados a declarar, entre ellos la mujer y la hermana del acusado, la bajista de El Otro Yo María Fernanda Aldana.
En la lectura del requerimiento del juicio, el fiscal argumentó manipulación, intimación y violencia por parte de Aldana en las relaciones que tuvo con las siete chicas. "Aprovechando la adoración de sus seguidoras y su inmadurez sexual mantuvo relaciones sexuales ejerciendo violencia psíquica y física a las menores. Dirigía los actos sexuales donde las obligaba a tener relaciones entre ellas y actos en conjunto, las obligaba colocándoles utensilios de cocina en la vagina o ano frente al resto de los participantes, así como orinó y defecó sobre una de las menores, siendo todos actos perpetrados para demostrar su predominio y de esta forma intimidar a las damnificadas, a quienes le hizo creer que tenían una relación especial y que el resto de la sociedad no entendería y por eso les pedía que guardaran el secreto", leyó la secretaria del TOC. A su vez, se le imputa que haya corrompido el normal desarrollo sexual de las víctimas. La querella le sumó un agravante más a su imputación: por haberle causado grave daño en la salud física y mental a las denunciantes.
Aldana no testificó, aunque dijo que tenía muchas ganas de hablar, pero por consejo de su abogado no lo iba a hacer. Por eso leyeron la declaración que había dado cuando ordenaron su detención, donde niega los hechos. En la primera audiencia declararon cuatro de las denunciantes, tres de ellas solicitaron que no sea público y hacerlo sin tener a Aldana a tan corta distancia. Una de ellas no estuvo presente porque vive en el exterior.
El jueves continuará la audiencia con más declaraciones de las denunciantes y se prevé un proceso largo, ya que hay más de 100 testigos en la causa. Los jueces que actuarán son Rodolfo Bustos Lambert, Ana Dieta de Herrero y Rodolfo Goerner. El músico, por los cargos que le imputan, puede recibir una pena de hasta 20 años de cárcel.
Juicio a Cristian Aldana: la defensa intentó desacreditar a las víctimas
En la segunda audiencia pública, los abogados del músico dejaron asentada su estrategia: cuestionar la salud mental de las denunciantes y sugerir un boicot
En la segunda audiencia del juicio a Cristian Aldana por abuso sexualgravemente ultrajante con acceso carnal y corrupción de menores, quedó asentada la estrategia de la defensa del cantante de El Otro Yo: sus abogados pretenden poner en duda la salud mental de las denunciantes y generar la sospecha de un boicot en contra del músico.
En la primera jornada se leyeron los cargos y la elevación a juicio. Estaban citadas a declarar tres de las siete denunciantes, pero la declaración de la primera, A., duró más de cinco horas y se llamó a un cuarto intermedio ya de noche. Hoy se retomó desde las 10:30, con las preguntas de la defensa a la mujer que declaró haber sido violada desde los 14 años y sometida a vejaciones de todo tipo.
Ella fue la única de las denunciantes que permitió que su declaración fuera pública y hoy recibió las preguntas del defensor de Aldana, Rodolfo Patiño, quien dijo: "Creemos que la testigo fabula. No es una calificación, es una conducta", ante lo cual el presidente del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°25 de la Ciudad de Buenos Aires, Rodolfo Bustos Lambert, tuvo que interrumpirlo para que no valorara a la declarante.
La defensa pretendía obtener información sobre la madre, madrina y hermana de la denunciante, a quienes ella había mencionado en su relato. "Establecer la actitud mental de la testigo es un objetivo claro, lícito y pertinente", dijo el abogado, quien calificó la declaración del martes como un "frondoso relato al que nos sometió con cantidad de contradicciones e incoherencias". El tribunal tuvo que hacer un cuarto intermedio con las partes para retomar el debido proceso.
Mientras su abogado discutía con el fiscal y el juez, Aldana parecía un poco más inquieto, aunque menos rígido que en la primera audiencia. Esta vez de camisa blanca y campera beige, hizo gestos de afirmación cuando Patiño hacía alguna pregunta a la denunciante. Llegó antes de las 8 de la mañana al Tribunal y estuvo acompañado por su esposa, a quien besó en la sala de audiencias.
El objetivo parece ser ampliar la base probatoria con testimonios del círculo de amigos de la época en la que fueron pareja con la denunciante, cuando A. tenía 14 años (ahora ella tiene 28 y él, 47). "Nos refiere historias que solo están en su conocimiento y cuando pretendemos corroborar ese conocimiento, ya sea de los hechos o de las particularidades de los relatos que hacen a la verosimilitud de esta denuncia, solo contamos con su relato. Casualmente no tiene padre, madre, no tiene hermana, parece extraída de una historieta porque ella está en su personaje", dijo Patiño.
Entre las preguntas de la defensa estuvieron: quién fue el médico que le diagnosticó hepatitis B, que ella adjudicó haberse contagiado de Aldana; dónde hizo la denuncia y cuántas veces vio a las otras denunciantes, además de pedir detalle de las reuniones; le preguntó por el consentimiento de la primera relación sexual, a lo que ella le contestó: "Tenía 14 años, él era mi ídolo, sí hubo consentimiento de ir con él al hotel pero no cuando me violó fuera del baño, y grité, cuando vio mi dolor"; le preguntaron por los abusos previos que vivió a los 4 y 9 años por parte de un primo, a lo que ella comentó que Aldana, cuando tenían relaciones sexuales, le pedía que lo nombrara como el familiar, que le dijera su nombre, "para liberarme de lo que mi primo me había hecho".
Para la querella, la declaración de A. se sostiene con lo que relató en las distintas instancias y, aunque tuvo momentos de llanto y otros de bronca, dio un testimonio sólido. Aldana reconoce el vínculo de pareja que tuvo con ella, pero rechaza los cargos y niega todo lo que se le imputa en relación con las otras seis mujeres.
La audiencia continuará el martes 5 de junio, sin público, sin prensa y sin que Aldana pueda ver a las próximas mujeres que declararán, tal como lo solicitaron ellas por el tenor de las acusaciones.
Matate, amor y Presente: la maternidad al teatro
Dos obras teatrales basadas en libros de autoras argentinas jóvenes abordan la maternidad como experiencia salvaje: Matate, amor, con la genial Érica Rivas dirigida por Marilú Marini, y Presente, encarnada por Laura Paredes y dirigida por Bárbara Molinari.
"A una mujer/ si alguna vez se hace madre, /o no/ en las puntas de los dedos/ tienen que crecerle garras.” Laura Paredes canta el poema de Marina Yuszczuk frente a un pequeño público en un escenario despojado donde interpreta Presente, la adaptación de Bárbara Molinari basada en el libro Madre soltera. Una mujer con un vestido camisero verde seco, lista para enfrentar el encierro de la maternidad, con las mamas como alimento y el sexo inquieto, deseante. Laura Paredes encarna a una actriz en la soledad del aislamiento emocional que implica tener un bebé. No está loca, aunque por momentos lo parezca, aunque el estado animal que la posee la sorprenda a ella misma y al público, que se ríe nervioso por lo bajo. Desde afuera de la ventana, la luz de la luna la convierte en una loba que amamanta y se mira al espejo, desconociéndose y reconociéndose en simultáneo.
En otro teatro de la ciudad, Érica Rivas está de pie en un escenario más amplio: tiene el pelo batido y lleva un vestido plateado de fiesta. Está retorcida, su cuerpo se desplaza por un bosque iluminado y gira el pecho para hacerle la mirada del ciervo al público. Una ceja bien arriba y la otra abajo, la mandíbula un poco sacada. Desde la tribuna se ríen a carcajadas con la imitación. El ciervo de mirada amarilla y cuernos como garfios enamora a esa mujer extranjera que está atrapada en una vida familiar de marido y bebé en lo profundo de la naturaleza. El ciervo se le aparece cuando su instinto se descontrola. Cuando se transforma y hay en ella un hambre voraz. ¿Está loca? Matate, amor es la obra teatral basada en la potente novela de Ariana Harwicz con dirección de Marilú Marini y adaptación dramatúrgica de ellas dos junto a la protagonista.
“Más allá del tema, lo que me interesó fue el estilo de Ariana. Sí, me motiva la maternidad poco edulcorada, lo eterno y abismal del amor, pero sobre todo me moviliza su estilo.” (Érica Rivas)
¿Qué transformaciones implica “ser madre”? Parece que es el tema del que siempre se estuvo hablando en el fondo de la conversación social y que la nueva ola de feminismo trajo otra vez a escena con todas sus aristas y pliegues ocultos, dentro del entramado mayor que implica “ser mujer”. Estas obras presentan maternidades en tensión con la felicidad, con los mandatos y la realización femenina. Son obras animales. La experiencia de estas mujeres es extrema. La voz poética en los textos, tanto en Matate, amor (editada primero por Paradiso y ahora en Mardulce) como en Madre soltera (Mansalva), moviliza los espacios preconcebidos para las madres: son mujeres que disfrutan y sufren, se cuestionan ese nuevo rol.
El aislamiento, el desconcierto, el amor y la soledad que experimenta cada madre en el puerperio toma la forma de un monólogo. Es la presencia de los otros (sin cuerpo, narrada por ellas mismas, o por una voz) y es también un espacio casi vacío la decisión de una puesta en escena despojada en ambas obras aumenta la tensión del texto e impulsa las brillantes actuaciones de Érica Rivas y Laura Paredes.
“Leí el libro estando embarazada, lo leí compulsivamente”, dice Bárbara Molinari, directora de Presente. “Alguien puso en palabras algo que era muy nebuloso, que me era muy difícil escribir, nombrar, algo de ese estado de crudeza y amor. Pasaron unos meses del nacimiento de mi hija y me vino la idea de hacerlo obra. Empecé a escuchar en esa voz un monólogo, lo que en general no decimos las madres. Laura Paredes había sido mamá hacía muy poco, su bebé tenía meses cuando empezamos a ensayar. En la primera lectura no podía parar de llorar”, cuenta sobre el proceso creativo.
Presente
El pasaje del libro Madre soltera a la obra Presente hizo particular hincapié en la apropiación del texto, del yo poeta al yo actriz, porque la adaptación fue casi nula, el texto es muy fiel al original. Algunos poemas son interpretados como canciones, pero en general respetan el humor y la ironía que les impuso Marina Yuszczuk. La poeta y editora fue a los ensayos y a varias funciones, trabajó con ellas en el tono que hace de la obra algo visceral, ese matiz por el cual la protagonista vive un momento intenso, casi animal, pero sin volverse literalmente loca. “Teníamos que tener ese cuidado y creo que lo logramos. Toda la obra pasa por el cuerpo de Laura”, dice la directora.
En cambio, en Matate, amor, la novela es el devenir caótico y embriagante de una mujer hacia la locura. La angustia que implica no ser la que solía ser, la propia del mundo marital, la presencia del animal que se apodera de ella, que la desespera y la llena de sed sexual voraz, desenfrenada, la llevan irremediablemente a un estado fuera de sí.
La adaptación del texto tuvo varias etapas y sigue en movimiento continuo. Érica Rivas dice que incluso con la obra estrenada siguen cambiando cosas con Marilú Marini. Al principio fue Ariana Harwicz la que hizo una selección del texto para la obra, una columna vertebral que luego la actriz y directora redujeron, comprimieron: hicieron cortes bonsái para pulir y dejar lo que fuera más al hueso de la acción. “Intentamos no transgredir la poética de Ariana”, dice Érica, que es fanática de su escritura. La escenografía de bosque y la proyección digital sobre el fondo del escenario enrarecen aún más su actuación. Es Érica la que se narra a sí misma lo que le sucedió, se lo cuenta al público y tiene la ayuda de los técnicos que le habilitan sonidos y música. Es la narradora y es la protagonista. Se mueve de un rol a otro y la gente se ríe a carcajadas, se ríe tensa, calla, llora… “El texto es tan mordaz y ácido que en el momento en que te reís te da un sablazo”, dice la actriz, declarándose enamorada de la novela original “tan grande y tan viva”. Hay algo del estilo narrativo, donde centrifuga la historia hacia lo profundo de lo turbio, que atrapa y también expulsa por igual. “Más allá del tema, lo que me interesó fue el estilo de Ariana. Sí, me motiva la maternidad poco edulcorada, lo eterno y abismal del amor, pero sobre todo me moviliza su estilo”.
Esto, como todas las notas de #Apuntes, es una columna de opinión. Es decir, esto es lo que yo, Romina Zanellato, pienso sobre lo que está pasando con las denuncias y los escraches en el rock. ¿Y quién soy yo? Soy mujer, soy periodista, soy militante feminista, escucho rock.
Una mujer se grabó mirando a la cámara y contó que José Miguel del Pópolo, el cantante de La Ola Que Quería Ser Chau, la violó. La contactaron dos mujeres más a partir de ese testimonio que rápidamente se replicó por las redes sociales. Eso culminó en una denuncia y que él esté procesado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal reiterado en tres oportunidades. Cuando pasó esto, el cantante de El Otro Yo, Cristian Aldana, salió públicamente a defender a Del Pópolo y muchas mujeres le respondieron en su publicación de Facebook lo que él había hecho a lo largo de los años. Eso que se sabía y nadie decía. Cientos de mensajes. Quiso cerrar sus cuentas, borrar todo. Ya era tarde. Esas mujeres contaron sus experiencias y las subieron al blog Ya No Nos Callamos Más, se juntaron y lo denunciaron. También filmaron sus testimonios. Aldana está detenido con prisión preventiva y procesado por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete oportunidades. Su juicio empezará el 22 de mayo.
Esto cambió el rock argentino para siempre. Y lo que pasó a partir de ahí es una discusión y una relectura de la vida de cada quien, en conjunto y personal. Pocas veces en la historia la revisión es así, tan abarcativa. Los últimos cinco años cambiaron la escena local gracias a la nueva ola del feminismo. Lo que está permitido en la sociedad responde a nuevos patrones, a los anteojos violetas, a la decontrucción de muchos. Están los que ahora ven a través de estos anteojos y repiensan en clave feminista su vida pasada, presente y futura, y están los que niegan todo, los que siguen viviendo en machitolandia. Aquellxs que siguen culpando a las minas de tener la pollera muy corta o de haber tomado de más en una noche de rock o aquellxs que siguen creyendo que porque una piba tomó de más la pueden violar sin que haya consecuencias.
Mientras todo esto va pasando, las pibas se juntaron. Ya lo dijimos, cuando muchas mujeres hablan de aquello que callaron durante años, el patriarcado se quiebra, hay una victoria en eso, está más cerca la gran caída. Sin embargo, ¿el feminismo es un dogma? No, el feminismo es una postura política que pretende igualdad de derechos entre el hombre, la mujer y las identidades disidentes. Persigue la justicia social. No es un tribunal en sí mismo. ¿Y quiénes son el feminismo? En principio es un plural, en segundo término, hay tantos como agrupaciones, como personas, como momentos de la vida de cada unx. Nadie y todxs lo somos.
Las denuncias anónimas se extienden por internet. Tal es un violador, tal me abusó, tal es un violento. Y corre también la postura de siempre con las pibas, siempre creerle a la víctima, nunca cuestionarla, siempre activar el linchamiento público automático. ¿Eso es el feminismo? La idea de no cuestionar, no preguntar y de perseguir la justicia por mano propia parece retrógrado. Dejame cuestionarlo. No es que creo que no haya que contarlo, sino que creo que el mecanismo ya debe reverse. Aún cuando parece que todos los tipos son o fueron abusadores, aun cuando todas las mujeres fuimos violentadas.
Sé que está mal visto decir esto. Y entiendo también que, de una denuncia en particular, anónima, en un blog o en Twitter o en un posteo de Facebook, se unen más y más testimonios que arman un patrón de conducta de un hombre. Eso, a las mujeres, nos puede servir como una alerta. En ese mundo del éter, también, se encuentran en esos relatos que hubo delito, y que hay persecución penal posible. Pero eso es en las mínimas.
Sin embargo, también hay un riesgo enorme de que se use este método para denigrar a una persona, para cagarle la vida a alguien. ¿Por qué no se puede decir esto? ¿Por qué no se puede preguntar, cuestionar sobre una denuncia anónima? Si eso no significa que yo no le crea a una víctima, simplemente necesito más información. Y sí, la justicia es patriarcal, pero dentro de la justicia también están los organismos que acompañan a las víctimas. Entonces, ¿por qué no se puede cuestionar el método? Existe el riesgo de la noticia falsa y existe la posibilidad de que se apropien del escrache feminista en la persecución de otros objetivos.
Como medio nos discutimos esto. ¿Tenemos que levantar como verdad cada denuncia anónima que encontramos o esperamos a que de eso haya más testimonios, a encontrar personas de carne y hueso a quienes hacer unas preguntas, o esperamos a que haya una denuncia penal?
La semana pasada, a raíz de una de las denuncias publicadas en Ya no nos callamos más me reuní con un grupo de chicas que sufrieron violencia física y sexual por parte de un músico. Sí, se unieron a raíz de la publicación de una de ellas y juntas pudieron tejer una historia que las unía, como una continuidad. Eso fue muy sanador para ellas. Y creo que es eso lo que debemos perseguir: una sororidad real. También un procedimiento con las garantías debidas. Porque somos garantistas, estamos en contra de la pena de muerte, todos somos inocentes hasta que se compruebe el delito, un acusado tiene el derecho a defenderse. ¿O no? ¿O buscamos el punitivismo? Existe el riesgo de la venganza, y me surge esta pregunta, a la cual no sé la respuesta pero hay que hacerla: ¿el escrache otorga una sanación real a la víctima o la expone?
Necesitaba hablar de esto y me junté con Ileana Arduino, abogada feminista. Ella me dice que el escrache no emancipa, no construye nada. Y que el método tal vez pueda ser otro para lograr esto que buscamos, la justicia. “¿Es el escrache la única posibilidad de correrse del lugar de víctima en el que nos coloca la toma de conciencia sobre violencias? Se estandarizan muchas violencias bajo la idea del delito de abuso o violación, igualándolas”, me dijo. Ile es integrante de Inecip (Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales) y maestra de la Beca Cosecha Roja.
Hay un riesgo, y son las causas por injurias. Ahora los hombres están ganando muchos de estos juicios porque las “denuncias” públicas confunden ciertos términos, acusan sin haber denunciado en la justicia, y algunas acusaciones se publican sin poder soportar una instancia judicial. “Una cosa es denunciar a un tipo que te caga a trompadas y otra cosa es plantear situaciones abusivas que no son delito. ¿Qué es delito? Que se ponga denso es abusivo pero no es delito. Una violación es un delito, que te amenacen con publicar fotos tuyas íntimas es delito, que las publiquen también, que te peguen es delito, un pibe que tiene problemas emocionales para sostener una relación sana y adulta, emocionalmente desatento, puede ser vivido como una agresión, pero no es delito. En redes uno puede decir cualquier cosa, uno puede relatar una relación abusiva, pero ¿qué se construye con eso? ¿qué se persigue? ¿nos coloca en mejor posición para sustraernos de esas violencias o nos pone a merced del cambio que depende de los otros?”, pregunta Ile.
Esto es lo que pienso y lo que me pregunto yo también. No tengo grandes certezas o la bola de cristal o una solución. Pero siento una disconformidad y tengo el lugar para expresarlo. No sé qué es lo que hay que hacer. Por un lado es un mecanismo útil para unirse, ir a la justicia y encauzar una situación de violencia por esos carriles, por el otro hay una gran confusión y todo parece estar en la misma balanza de la violación.
Marina Mariasch, escritora y académica feminista escribió en Anfibia: “Conductas hasta hace poco naturalizadas ya no se soportan más. Estamos hartas. Un efecto dominó combinado con un efecto mariposa: mujeres famosas y anónimas que a través de la red -las redes sociales, las redes de mujeres- se animan a hablar, animan a otras, y con ese movimiento provocan un huracán. Es el fin del mundo tal como lo conocíamos”. Sí, todo cambió, ¿pero cuánto de la persecución retrospectiva puesta en público vale la pena hacer? Es ella la que me contesta: “Está claro que no buscamos la solución punitivista, buscamos un cambio cultural radical a través de la educación. Y está claro, también, que un feminismo que lucha por la libertad sexual y de los cuerpos no va de la mano con la censura”.
Es decir, sí, ya no nos callamos más, sin ningún tipo de duda. Ya no nos callamos más. ¡Y qué valor tiene y tuvo ese espacio, ese blog en esta historia! A Ariell Carolina, que lo coordinó durante años y a la actual administración anónima, ese espacio debe reconocerse como de vital importancia. Pero espero que llegue el momento donde haya quedado atrás, donde podamos hablar de una manera donde la mujer esté más protegida. Esa red de mujeres que sostiene Marina es una red real. Hay que hablar, hay que alertarnos, hay que hacerlo en persona, mujer con mujer, hablar con las ex novias, hablar con las amantes, hablar con las amigas. Juntarse, organizarse, denunciar. Sin miedo, con responsabilidad. Es nuestro tiempo.