31 de mayo de 2011

La revolución española en primera persona

Barcelona, Catalunya, España > En el 2001 tenía 17 años. Recuerdo la incertidumbre, el miedo, las cacerolas golpeándose una con otras en todas las calles del país. La plaza de Mayo llena, el helicóptero.

También me acuerdo del señor de nacionalidad china llorando en la televisión cuando la gente le saqueaba su supermercado, muchos de ellos desesperados por comer.

Jamás me podré olvidar que en mi ciudad la clase media salió a defender el supermercado del alto, en un abrazo solidario, e impidió que lo saqueen.

Sobre todo, había como un estado anímico general, que unió a todos los que vivíamos en esa Argentina. Había desolación, hastío, indignación, temor y tal vez un poco de esperanza.

En España no es así. Cuando voy a plaza Catalunya, corazón de Barcelona, el panorama es muy distinto. La acampada que comenzó en Madrid el 15 de mayo y las sucesivas en el resto del país son una expresión de deseo. Los cientos de jóvenes que se movilizan son una minoría sobresaliente, que ya estaba politizada. Los adultos que los acompañan son un puñado de nostálgicos de izquierda y algunos estafados por el sistema bancario.

Si bien la #spanishrevolution y la #acampadabcn (en Twitter) están sacudiendo a la dormida sociedad española, todavía no despertó el interés de una mayoría representativa y el objetivo de la movilización no es claro ni siquiera para ellos mismos.

Sin menospreciar lo que está revolucionando una sociedad, las situaciones de argentina y la española no son comparables más que en el uso de la cacerola como un método válido de protesta.

Testimonios

Las acampadas no tienen una organización política que las sustente. Las decisiones se toman en las asambleas constantes que se realizan en las plazas de las distintas ciudades involucradas. En Barcelona hay comisiones varias que se organizan entre sí. Hay un grupo base de unos 150 chicos que están viviendo en la plaza, el gran sustento de la movilización es la gente que acude todos los días a las 21 a hacer sonar las cacerolas.

En la comisión de infraestructura está Pamela, de 25 años, una italiana que vive hace varios años en Barcelona, miembro de los grupos antisistemas que tomaron el antiguo Banco de España meses atrás. Cuando le pregunto qué es lo que esperan que surja de esta acampada me dice sólo esperan una toma de conciencia.

“El fin de esto no lo sabemos, no proponemos políticas ni nada electoral, es sólo una medida de manifestación para tomar conciencia. Lo que nos está saliendo es despertar a la gente del letargo”, me comentó el jueves por la tarde, horas antes que los Mossos de Esquadra, la policía de Catalunya, los desalojara.

En la capital catalana la crisis es de lo único que se habla, los receptores de todas las broncas son los bancos y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE). Sin embargo, para una argentina o cualquier latinoamericano, en las calles españolas no se respira aire de recesión.

Gemma, una catalana de 24 años que atiende en la comisión de comunicación de la acampada de Barcelona todavía no se tocó fondo. “Creo que quedan tres años más de bajada y estaría bueno que cuando llegase lo peor estemos organizados”.

Esta joven antropóloga y docente, considera que la gente no está saliendo a la calle en masa porque todavía hay trabajo: “todavía tenemos cosas que perder como para arriesgarnos a salir a luchar”. Y es ahí donde ella ve la diferencia con la historia argentina, la crisis en España no golpeó a todos por igual, no fue con la misma fuerza.

Revolución

“Los que estamos aquí en la plaza no estamos todos bajo una misma ideología sino que estamos de acuerdo que lo que está pasando está mal”, me contaba Pamela mientras colgaba en la entrada de la plaza un cartel en cartón que decía: “Si no eres parte de la solución eres parte del problema”.

Para Alejandro, otro joven estudiante de 24 años el camino que sigue es llevar la acampada a los barrios, continuar con la organización en distintos ámbitos, más cerca de la gente, para que se transforme en una propuesta a futuro.

“La gente está muy descontenta con esta democracia, queremos que nuestro voto valga”, me decía desde atrás de un escritorio improvisado con cajas y cartones. Detrás de él, bajo toldos y lonas, un equipo de comunicación trabajaba con sus computadoras portátiles en el seguimiento de las repercusiones de la prensa en el mundo y de lo que ocurre en Twitter.

A simple vista, los resultados de las elecciones del domingo pasado, donde el PP, fuerza liderada por Rajoy, de una potente derecha neoliberal, arrasó con el socialismo del PSOE de Zapatero, no pareció afectarles en nada.

“Nosotros el juego a la derecha no se lo hacemos. ¿Cómo podríamos si Zapatero ha tomado medidas que son tan de derechas como los otros? Queremos que cambie el juego no los actores. Tiene que terminar el bipartidismo”, agregó Alejandro.

Un rato antes, Gemma, que tiene el pelo la mitad fucsia y la otra morocha, me dice con cautela que en su opinión personal esto no es lo que se cree. “Pienso que no es momento de una revolución, pero que sí es de organizarse, ir a los barrios. Esto es una carrera de fondo, no de velocidad, esto recién comienza”, agregó.

El viernes, con la excusa del partido de fútbol y los desmanes que puede generar la final de la Champions League, la policía de Catalunya desalojó la plaza luego de que los acampantes se resistieran de manera pacífica. La primer gran prueba ya la pasaron, las elecciones, ahora viene la peor, el tiempo.


Orígenes distintos.

En Argentina fue el corralito, la inflación constante, el despido masivo de trabajadores, el cierre de fábricas, la especulación, la inestabilidad política. En la España donde el 40% de los menos de 35% está desocupado fue Islandia la chispa que generó la protesta.

La isla de 300.000 mil habitantes, una de las economías más estables del mundo, sufrió una revolución colosal que inspiró a los jóvenes españoles. Meses atrás en Islandia, la gente salió a la calle, hizo un cacerolazo y obligó a dimitir a todo el gobierno. Como si fuera poco con eso, convocó a un referéndum que dio con la nacionalización de los bancos y la decisión de no pagarle la deuda de estos banqueros a Gran Bretaña y Holanda. En este “que se vayan todos” también se creó una asamblea popular para reescribir la constitución.

A partir de ahí, los españoles tomaron la decisión de pedir lo mismo, luego de que los bancos hipotequen el futuro de una generación.

23 de mayo de 2011

La revolución del sol

La última semana es España se vivió con una fuerte intensidad y expectativas. Una revolución estaba en puerta, unas elecciones municipales y autonómicas también, como una introducción de lo que vendrá para las presidenciales.

Comenzó en Madrid y la chispa se prendió en las otras grandes ciudades: Barcelona, Valencia, Sevilla, etc. Los jóvenes salieron a la calle a mostrar su indignación por el sistema que los condujo a que uno de cada tres menores de 30 años esté sin trabajo y, entre los que no alcanzan a los 25, casi la mitad.

El origen de estas acampadas que mantienen los españoles hace una semana surgió por Islandia. Esa pequeña y fría isla de 300.000 mil habitantes, una de las economías más estables del mundo, sufrió una revolución colosal y nadie se enteró. La gente salió a la calle, hizo un cacerolazo a la islandesa y obligó a dimitir a todo el gobierno. Como si fuera poco con eso, convocó a un referéndum que dio con la nacionalización de los bancos y la decisión de no pagarle la deuda de estos banqueros a Gran Bretaña y Holanda. En este “que se vayan todos” también se creó una asamblea popular para reescribir la constitución.

Los jóvenes españoles se enteraron de esto. En este país donde la crisis les caló profundo en el autoestima y los durmió en un letargo político-social desesperante, el ejemplo de Islandia hizo despertar a algunos. Ese puñado de despiertos fueron a la plaza Puerta del Sol en Madrid y acamparon por unos días, la policía los desalojó y metió en cana a 19, porque en España hay que pedir permiso a la Justicia para manifestarse ¿¡!?. Ajá, como siempre esas cosas le salen mal a los azules. Mucha más gente fue al día siguiente a ver de qué se trataba la acampada.

En España la gente está demasiado endeudada. Los bancos dieron créditos a todos aquellos que lo pidieron. La gente se compró pisos sin tener ahorros y con créditos a tasa insignificante. La recesión los dejó a todos sin trabajo y con una hipoteca que sus nietos van a terminar de pagar. Los bancos que inflaron el globo y lo hicieron estallar siguen vivitos y culiándose a todos. ¿Les suena?

Así que los irreverentes de Islandia decidieron no pagarle a Gran Bretaña y Holanda. Vaya autoridad la de ese pueblo que tomó el toro por las astas. Y así… cientos y miles de jóvenes salieron a las plazas españolas a pedir más democracia.

El problema principal de esta #spanishrevolution es la falta de lemas, de organización política real, porque no tienen la legitimidad plural para crear un estado anárquico, por lo que se hace necesario que su propuesta deba ingresar al sistema.

Las pancartas son claras: los banqueros le arruinaron la vida a la sociedad y ésta callada se deja abusar. El gobierno toma decisiones en contra de la sociedad. Votar cada 4 años no es una participación democrática real. Exigieron referéndums. Piden por la paz en el mundo. Por políticos menos nefastos.

A mi entender son consignas muy naif pero más que válidas. Una revolución de estas características debe tener un motor político, una organización, un partido, un movimiento que surja desde su seno y que se vea representado en el sistema. Todos esos chicos, miles, que salieron a las plazas, no se ven identificados por nadie. Son ellos los que deben dar el salto. Son ellos los que tienen que generar una propuesta real, salir del utopismo de que el mundo debe cambiar solo y hacer el cambio por sí mismo.

El riesgo que se generó con esto fue que en las elecciones del domingo la extrema derecha ganara en cada municipio de España y que los socialistas perdieran como en la guerra, por un sistema y una crisis que no generaron.

Entonces digo... la revolución tiene que tener un sentido fuerte, una consonancia real con un proyecto, sino lo único que hace es dejarle servida la mesa a la derecha más repugnante. El remedio es peor que la enfermedad, muchachos.

En Barcelona la plaza se vivió como un grupo de auto-ayuda para hacer catarsis. Había mucha gente pero no la suficiente, muchos iban a ver de qué se trataba pero sin participar. Hubo debates multitudinarios donde cada persona contó su realidad y sus deseos. La plaza estaba organizada en tres sub plazas para debatir los temas centrales. El motor fueron los jóvenes que están politizados en las universidades, que son pocos. Los adultos de izquierda también se asomaron a ver cómo estaban los de #acampadabcn. El domingo había un par de abuelos gritando por su hipoteca, puteando a los bancos, a la derecha y a maría santísima. Sin embargo, la playas estuvieron llena de chicos que lo único que les interesa es comprarse ropa e ir a bailar a la discoteca. La “gente bien” se quedó en casa mirando fútbol. El reclamo no llegó a la vasta –y clasista- clase media española.

Todos esos chicos en la plaza no deben haber ido a votar. Se quedaron haciendo una revolución de amor como Yoko y John, en la cama, con la guitarrita, en la plaza. Es una lástima pensar que el mundo es mucho más perverso y que un poco de valentía y de amor no pueden ni hacerle cosquillas en los pies al sistema.

Los españoles tienen que dejar de discutirse como enemigos retenidos por la fuerza en un mismo Estado y comenzar a luchar, todos juntos, para cambiarlo de verdad. Porque algo que está claro es que la derecha no les va a dar ningún referéndum para dejar al pueblo participar de las decisiones.

Los chicos dicen que se quedarán en la plaza hasta que el sistema cambie. ¿Pasará esto algún día?

22 de abril de 2011

Baja conexión

Ahí, en el desierto, en el medio de la nada, no hay señal de celular, no hay radio, no hay electricidad para enchufar nada, no hay blogs, ni twitter, ni facebbok.
Estando acá donde estoy, en el medio de la civilización del primer mundo, en el viejo continente, no existe ni el sueño ni la fantasía de un desierto así.
En Túnez un blogger fue la mecha que prendió a muchas sociedades árabes para iniciar la revolución, la liberación, la guerra, la lucha. Un blogger. Ahí donde los medios hablan con una voz diferente a la de la gente, internet hizo lo suyo. Dicen que Twitter y Facebook ayudaron. ¿Qué pasa en el desierto?
Esta foto es en la Ruta Nacional N°40 entre Las Lajas y Chos Malal, que son 150 kilómetros de eso mismo que se ve ahí: tierra y aire. Lo único que suena es producido por el viento y los bichos. No pasa nada. Hay opresión, hay lejanía, hay desidia, hay olvido. Ahí no hay twitter, ahí no hay miles de personas, ahí no va la TV y casi no llega el diario. ¿Quién se acuerda de ellos?

5 de febrero de 2011

Latinoamérica

Desde los ’80 y’90 que no ocurre algo así. Sólo lo había conseguido Soda Stereo. Tal vez podemos agregar a Los Fabulosos Cadillacs, pero en menor medida. Después, un poquito más acá en el tiempo, los inmensos Café Tacuba se acercaron bastante pero siempre como una banda alternativa.

Entonces sí, me convenzo a mí misma, desde Soda Stereo que no hay una banda latinoamericana. Que recorra punta a punta nuestro continente y que sea igual de celebrado por cada uno de los países de habla hispana, tan distintos entre sí, tan castigados de igual manera.

Pero la historia nos sorprende, hoy, décadas después, los dos puertorriqueños irreverentes de Calle 13 están conquistando la latinidad a fuerza de viajes constantes, recitales en los lugares más remotos –como General Roca- y una traslación de esos sonidos que encontraron en su camino en cada uno de sus discos.

Sin embargo, no sólo es la popularidad. Calle 13 está logrando lo que nadie más pudo realizar: representar y plasmar una situación social en toda América Latina, un sentimiento político de las nuevas generaciones que acompañan a estos impulsos de cambio, a estos proyectos presidenciales, a esta nueva izquierda.

para seguir leyendo clickeá acá
y si querés leer otra más, podés entrar en este otro link

Barcelona

Hice el diseño, las fotos y el texto. Voy aprendiendo de a poco pero con maña.



31 de enero de 2011

Escondido

Yo no lo sabía. Lo cual no significa que si lo hubiera sabido la realidad pueda ser diferente. Yo no lo sabía, pero sí lo sabían los gobiernos europeos, los árabes, los asiáticos, el imperio, los organismos internacionales, los medios de comunicación.
Yo ahora lo sé y no lo voy a olvidar. Fueron esas miles de personas que se movilizaron hasta la plaza de la Liberación, en El Cairo, Egipto, las que me enseñaron que sufrían hace 30 años un regímen de estas características autoritarias, esta dictadura asfixiante que casi los deja sin conocimiento.
Hosni Muburak no quiere soltar el mango del trono, su imperio lo está derrocando pero él hace caso omiso a la sangre derramada en las calles, a los gritos, al fuego, a la fuerza del hartazgo. ¿Por qué? ¿Cómo puede ser que tenga aún poder para resistir?
Desde este lugar tan lejano, de conocimiento y de geografía, sólo puedo señalar un par de motivos que surgen de mis pensamientos. El viernes, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró que "Mubarak no es un dictador". Mientras tanto, la secretaria de Estado, Hilary Clinton, hizo comentarios muy tímidos sobre la situación que se vive en Egipto y señaló que Mubarak y su mujero son amigos íntimos de su matrimonio. A todo esto, el presidente Barak Obama no hizo declaraciones importantes sobre el tema, todo muy tibio, dijo que deberían producirse algunos cambios que la sociedad reclama.
Ningún país de Occidente le pidió a Mubarak que renuncie, que deje el puesto a un gobierno de transición y que llamen a elecciones pronto. La razón es simple, temen que el pueblo vote a un gobierno anti occidental, fundamentalista, que insite al terrorismo y al nacionalismo. Que el pueblo elija un gobierno al cual no puedan comprar, controlar y que sea una amenaza.
La historia demuestra que Egipto fue el primer país de Medio Oriente que firmó la paz con Israel y, después de éste, es la nación que más dinero recibe por parte de Estados Unidos para el presupuesto militar. Con ese "subsidio" se compra la paz en la zona, se compra la libre explotación de los recursos naturales, se compra a Mubarak, se financia la dictadura, se abastece la corrupción y se justifica el abuso a la sociedad.

El futuro
Los medios internacionales coincidieron que el Ejército es el único capaz de solucionar la situación: hacerle torcer el brazo al terco de Mubarak o matar al resto de los manifestantes que está en la calle. Sin embargo, el Ejército parece dormido; está negociando en silencio, coquetea con la gente, coquetea con Mubarak. ¿Qué está en juego? ¿Las bases jóvenes del Ejército no apoyan a los altos mandos que son tan cercanos al tirano?
Sin embargo, esta especulación por parte de los uniformados no hace más que acrecentar el miedo. ¿Cómo podrá ser mejor, más transparente y democrático, un gobierno futuro que tenga como principal soporte de legitimidad un Ejército que negocia desde las sombras? No sólo deja pasar los días para tomar postura, también deja que los grupos organizados saqueen el país y, al mismo tiempo, fraterniza con los manifestantes. Es el Ejército el responsable de las más de 150 muertes, del caos en las calles y la creciente inseguridad que sufren los egipcios, pero no es el responsable de lo que ocurre, es sólo un actor más.
A Egipto le urgen las decisiones. Sin embargo, no creo que el único camino -y mucho menos el mejor- sea que el Ejército tome las riendas del país. El silencio de la comunidad internacional es la principal causa de que Egipto viva estas jornadas de calvario. La Unión Europa y Estados Unidos son los responsables de esas muertes. Y la evidencia no es más que el único país que tomó una postura fue Israel, el cual apoyó el gobierno de Mubarak.
Meses atrás, cuando la policía ecuatoriana intentó un golpe de estado al gobierno de Rafael Correa la salvación para esa democracia vino de la tenacidad de su presidente y de la inmediata reacción que tuvieron todos los países de Latinoamérica a través de la Unasur.
Tal vez el primer mundo se deba una seria autocrítica, responsabilizarse de sus silencios y sus acciones.
Foto de Chris Hondros

9 de enero de 2011

je t'aime

aeropuerto internacional

Delay

Philipe mira el tablero de arribos mientras acaricia tu barbilla. Se da cuenta que la barba la tiene demasiado desprolija. Apunta en su mente que si encuentra alguna tijera más tarde debería recortar su vello.

En el piso, su bolso de viaje, de esos de gimnasia, es azul y está bastante vacío. Eso se nota a simple vista. Sin embargo, Philipe lo cuida como si fuera oro.

Comprende que su vuelo está demorado y se decide a buscar un asiento para pasar la noche. Debe esperar 6 horas de demora porque el avión que proviene de Oslo no salió debido al mal clima. Está todo nevado.

El frío polar entra por las puertas giratorias del aeropuerto de Charles de Gaulle. Ahí, en la segunda planta, las puertas están a pocos metros de la calle y el frío es imposible de frenar. “En este primer mundo no encienden la calefacción”, piensa nervioso.

Busca dentro de su parca la bolsa con el tabaco. Se arma un cigarro pero no piensa salir a fumarlo. “Total… que hay sólo una docena de personas para este aeropuerto gigante y vacío”, piensa.

Se sienta en la hilera de sillas que dan la espalda a dos jóvenes que duermen incómodas en los bancos congelados. Se prende el pucho mientras recuerda una canción que le cantaba a su hija Malena cuando era pequeña, mientras jugaba con su muñeca en la bañera. Esa canción le recordó el aroma a bebé: “Cuánto lo extraño. ¿Qué estará haciendo mi dulce nena en este momento?”, se pregunta nostálgico.

Nota mental

“Pss. No te puedo creer que este loco demente se haya sentado justo al lado de nosotras. Yo me voy a buscar un lugar más solitario. Apesta este pobre hombre. ¿Cómo puede ser que simule esperar un avión? No logro entender por qué no lo sacan de acá si los tres policías pasaron hace un rato y el perro lo olfateó. Saben que está acá pero lo dejan. ¿Acaso no estoy en Francia? ¿Cómo puede ser que no hagan refugios de noche? Aunque sea podría disimular y fumar afuera, aunque sea para disimular que es normal”.

Alivio

“Uy, se despertó una de las chicas. Esta me va a decir algo sobre el cigarro. Mirá que es grande este aeropuerto. Piba si te molesta andate a otro lado”, piensa Philippe.

A pesar de su arrogante pensamiento le sonríe a la morena despeinada con cara de fiera enojada. La saluda en francés, le pregunta adónde va. Piensa que tal vez con su simpatía la puede conquistar y hacerse de una nueva amiga.

Ella parece que le ladró algo en español o en italiano. No supo definirlo. Sólo le dio una pitada más al pucho y la vió levantarse para caminar el largo corredor del ala F de la segunda terminal del Charles de Gaulle.

El frío recrudeció, ya falta menos para que amanezca, así que sacó de su bolso una manta vieja que se colocó sobre las piernas. Se sacó las zapatos y se puso un segundo par de calcetines, esta vez de lana. Intentó recostarse en esos incómodos sillones.

En eso llega un nuevo pasajero que se sienta en la hilera de enfrente que estaba libre. Lo mira y le pregunta cuánto tiempo tiene que esperar. Hablan sobre el frío. Le dice que hay poca gente, lo vacío que está el aeropuerto que imaginaba tan transitado. “Recién habían dos chicas acá, una se despertó y se llevó a la otra a recorrer el aeropuerto. Tenían olor a mi hija Malena. Ojalá pueda embarcar rápido así puedo llegar a darle un baño”, le cuenta Philippe.

Conversan un rato más hasta que el visitante decide ir al baño y Philippe se duerme en la espera.

La vida abstracta

“Puta madre, faltan 5 horas. No sé qué mierda voy a hacer. Después de descubrir a este loco fumador no voy a poder dormirme, ya lo sé. ¿Este de acá será viajero de verdad o un impostor? No entiendo cómo puede haber tantos vagabundos viviendo acá adentro. Ay! Mirá, este tiene hasta una bolsa de dormir! Es insólito.

Allá veo un grupo de chicas, dudo que sean homeless. A ver, me voy a acercar. Ajá, hablan italiano, tienen ropa de marca, son turistas. No sé por qué me miran. Que estoy vestida espantosa pero no soy una loca como todos los de acá. ¡Dejen de mirarme! Yo me quedo acá. Prefiero la hostilidad de gente normal que la locura de esos que creen que esperan un avión”.

16 de diciembre de 2010

El futuro

El gran temeroso y amenazante futuro. Mierda, ¡qué muñeco jodido que nos tocó! Desde este lado de la conciencia, la del periodismo, que exista Javier Bauluz es una luz tímida en el horizonte, para usar una usada analogía marítima.
Pocos días atrás, en Madrid, Bauluz organizó una debate con otros periodistas sobre el futuro de la profesión luego de la filtración de Wikileaks. Se puede leer en este link http://goo.gl/BcTQU, que está dentro de su imperdible periódico online PeriodismoHumano.
Allí, Bauluz afirmó que la el trabajo de la ONG que dió a conocer los cables secretos de la Secretaría de Estado yanqui representa una verguenza para los grandes diarios del mundo, que son los que deberían haber hecho el trabajo sucio de la investigación.
Ahí saltaron algunos periodistas del panel donde explicaron que la realidad laboral es otra. Que el periodista siempre accedió a la información inaccesible para el común de los mortales a través de la fuente; y que el valor del escriba es la selección, jerarquización y, por qué no, la traducción de los documentos.
Como periodista que soy reconozco que es difícil plantarse en una de las dos veredas cuando la profesión es ambas cosas, cuando la labor cotidiana es buscar la información de primera mano y también elaborar una pieza que intente explicar -y darle- la relevancia que ciertos folios, números, datos o cables esconden dentro de su formalismo.

Que desde el otro costado de mi conciencia, la de ciudadana, celebro con entusiasmo la existencia de gente como Bauluz que lleva adelante una agenda paralela, con una documentación de la realidad que también es arbitraria y selectiva. Me encanta. ¡Hurra!
Considero que para nuestras débiles democracias es de vital importancia que proyectos como Wikileaks y PerodiosmoHumano se reproduzcan por el globo. Y mirá, que no importa que no tengan el foco de luz de la tv en la cara, lo importante trasciende lo obsceno de la exposición mediática.
Que existan medios masivos de comunicación, gigantes que mastican discursos impropios y se los escupen a los oídos/ojos desprevenidos, no supone más que un obstaculo débil al intelecto. Ahí, en cada propietario e inquilino de una mente, se debe hacer el ejercicio cotidiano de entender la razón de cada mensaje.
No celebro la maquinaria perversa de la manipulación de la comunicación, celebro que existan las voces en alto. Los grupos mass media sólo impulsan la acción. La gente dormida no mira con atención la televisión, no cree en un papel que nadie firmó. La siesta se termina cuando se descubre la honestidad en el rulito de la letra escrita, más allá del soporte...

9 de diciembre de 2010

familia sagrada

sueño

Nada es fácil cuando estás del otro lado del mundo y se está terminando la porción de criollitas que racionalizáste para hoy, en un cronograma escueto para que no se te agote rápido la dosis de argentinidad. En la primera o segunda crisis desde mi llegada, el humor va cambiando de manera frecuente, la taquicardia acompaña el andar. Hoy descubrí un lugar alucinante que mañana voy a fotografiar, pero mi único deseo es volar hasta casa, dormir allá y volver mañana, para volver a comenzar...

18 de noviembre de 2010

good day sunshine

En el sillón de mi nueva casa, tomando sola un mate lavado y conversando con un español que no es catalán, hablamos sobre América Latina y nuestras enormes potencialidades para impulsarnos en este mundo. "Ayer se murió el cabrón de Massera", me dice. sí, ya lo sé, ya festejé, pero cabrón le queda chico.

Acá, decir "me cago en tus muertos" es el peor insulto que se le puede decir a una persona. ¿cómo te vas a cagar en la familia muerta? es terrible desde donde lo mires. Este cabrón se cagó en los muertos de un país entero y se murió con los honores de la vida libre y ordinaria.

Sin querer hablar sobre la dictadura, que mucho hay para decir y mucho ya fue dicho de mejor manera, sólo quería reflexionar sobre la moral y la gracia de la inteligencia. Que menos mal que hay tanta gente de este lado, crispada. Tantas luces prendidas para dejar en evidencia las peores miserias de los grupos de poder.

Desde acá, me dio verguenza cómo trataron el tema los diarios argentinos, qué decir de La Nación, de Clarín y ahí donde yo trabajo, el inombrable. Patético. Pero mierda, el patetismo es aceptable al lado de la perversidad de una editorial como esta

http://goo.gl/kMIhE . Shame on you, dicen los gringos. verguenza debería darte, hijo de puta.

Si bien lo potencia, todavía no me alcanza para convencerme de que la batalla se tiene que dar desde la trinchera de un teclado. Que somos un puñado de peones intentando convencer a un desinteresado gigante, a un irresponsable social, a un poder. ¿vale la pena embarrarse, enfermarse, ceder vida para librar la batalla que todos los días se pierde?

12 de octubre de 2010

Paren al mundo que me bajo acá

Todo se detuvo. La expectativa, la ansiedad y los deseos de un mundo, o mi mundo, están atentos y latentes a ese punto de La Mina San José.
Ojalá pase el milagro más grande que se puede pedir, que los 33 salgan sanos y salvos.
Sólo pensar en el calvario que deben haber vivido en ese encierro, sepultados vivos, en la oscuridad, sin alimento, sin ver el mundo. Es terrible.
Mis más preciados compañeros viajaron a cubrir la nota del año. Aquí les dejo sus trabajos perfectos. Cristian escribe y Fabían fotografía.
Además, les recomiendo la lectura en El País.

24 de septiembre de 2010

más corrupción

acá
acá
acá

19 de septiembre de 2010

Bajar de peso.

La primavera no sólo es amor y viento. También trae una obsesión por el cuerpo ni bien llegan los primeros días de calor. Es que la cuenta regresiva para usar la bikini y las mallas es cada vez menor y los 10 kilos acumulados por el invierno empiezan a pesar.
Muchos, en su afán por adelgazar rápidamente deciden comenzar rigurosas dietas de bajas calorías o realizar exigentes rutinas de ejercicio físico. Así, durante septiembre y octubre los consultorios de los nutricionistas se llenan de gente y los gimnasios están en pleno furor.
Sin embargo, los especialistas aseguran que si esas medidas no se toman de manera cauta y constantes en el tiempo los resultados pueden ser perjudiciales para la salud.


La clásica nota dominguera de Sociedad.