Hernán Vanoli es escritor y editor de Momofuku. Esta es la entrevista que le hice
para escribir la nota de Buscando a César Aira para la revista Brando.
Hernan Vanoli sobre César Aira:
En principio me gustaría saber si
sos un lector de Aira y si te gusta.
Fui lector de Aira, hasta que digamos
"entendí su proyecto". Lo disfruté y valoré, en las diferentes vetas
que tiene su escritura, tanto en los diferentes registros -ensayo o novela-
como dentro de su novelística. Soy admirador de su imaginación y de su persistencia,
pero no soy un fanático. Sin embargo, cada vez que veo un libro suyo me veo
tentado a leerlo. Hace unos días, en una feria, ví que la editorial Blatt y
Ríos vendía "Artforum", lo pensé dos minutos y ya lo habían
vendido.
¿Qué pensás de su obra?
Creo que es un escritor fundamental
para pensar la literatura argentina de la última parte del siglo XX. Junto con
Fogwill y con Piglia, y quizás Marcelo Cohen, a mi entender, son tres
referencias que cualquier escritor que trabaje desde nuestro país debe tener en
cuenta. Creo que su obra es múltiple, y que ambiciona un destino para la
literatura. No son muchos los autores sobre los que se pueda decir eso, Aira en
sí mismo es un universo, un procedimiento, y una fábula sobre la relación entre
el sistema de distribución de la lengua y el sistema de existencia de
los objetos. Sus libros fueron hechos para ser leídos en bloque, como un
proyecto artístico ambicioso, de vanguardia y de pos-vanguardia al mismo
tiempo, es decir, como una síntesis entre los derroteros que puede asumir el
arte en nuestra era. Pero también hay algunos que son notables por sí mismo, no
voy a descubrir yo por ejemplo a "Ema, la cautiva"; lo que al mismo
tiempo significa que si se toma cada libro es un autor muy desparejo.
Finalmente, y a mi juicio, es un escritor del siglo pasado. Escribir ficción
quizás sea una tarea del siglo pasado, pero siento que el dispositivo de
enunciación creado por Aira, que es singular, maravilloso, que es una fábrica
de mundos y una apuesta por el poder de singularización de la experiencia a
través de la imaginación puesta a trabajar desde el interior de la lengua y los
protocolos de la cultura, ya no tiene tanto para aportar teniendo en cuenta el
actual desarrollo de la cultura y de lo político.
¿Cómo creés que impactó la obra de
Aira a tu generación (que es la inmediata después de la suya) y a la de los
escritores en formación ahora mismo?
No estoy seguro de a qué generación
pertenezco, pero creo que hubo múltiples posturas. Están quienes eligieron
venerarlo, en algunos casos extremar su propuesta, en otros homenajearlo,
están quienes eligieron tenerlo en cuenta pero asumir derroteros
diferentes sin por eso negar su notable influencia, y están quienes
eligieron negarlo. Yo me siento en el segundo grupo. A los escritores en
formación el proyecto de Aira les genera preguntas, y creo que eso siempre es
algo bueno.
Mi hipótesis a trabajar en la nota
es que una vez que se lo conoce no se puede ser indiferente a él, se lo ama o
se lo odia. ¿Por qué creés que su obra (o su personaje) despierta estas
pasiones en la literatura argentina?
Es que la potencia de la obra de Aira
en parte radica porque choca contra el sistema de expectativas de los lectores.
Entonces aquellos que sólo esperan realismo, trama, desarrollo de psicología de
los personajes, cierta solemnidad más bien ligara a la crónica o al periodismo,
o productos de género bien elaborados lo rechazan. Por otra parte, los que le
piden a la literatura libertad, sofisticación intelectual, liviandad, alegría,
ironía, ambigüedad, lo aman. Para mí, la literatura de Aira es un género en sí
mismo, y eso lo convierte en una suerte de clásico, Aira es en un punto nuestro
Borges, y es hijo de Borges, con todo lo bueno y lo malo que
eso significa. La disputa por Aira es una manera de tramitar la disputa
entre poéticas realistas y poéticas antirrealistas. Claro que yo entiendo
que esa discusión está caduca, pero ese es otro tema.
Por qué creés que hay una
corriente de escritores que escriben como una reacción ante el estilo Aira.
¿Qué rasgo de su literatura es a la que se opone?
Por un lado está Fabián Casas, que
tiene un texto muy conocido donde dice que "Aira nos cagó" y lo opone
a la figura de Cortázar, comprometido, poético, politizado, con cosas para
decir sobre lo social o en realidad sobre la sociedad. Creo que hay un
momento de verdad en la crítica que le hace Casas en torno a su frivolidad, a
cierta falta de espesor, a su perseverancia en cierta manera retorcida de
conceptualismo que Aira representa. Claro que si uno después ve el tipo de
intervenciones de Casas, bueno, quizás se queda con Aira. Después, hay otra
crítica de una generación más joven, una acusación de frivolidad y de sintonía
con cierta superficialidad del noventismo en nuestro país. Esta tiene dos
partes. De un lado, hay un ensayo notable de Diego Vecino que contrapone la
figura de Aira a la de Ricky Espinosa, el cantante de Flema, como dos casos
extremos de responder a la cultura dominante de los noventas desde el arte. Ahí
Ricky sería un artista punk y Aira un artista cómodo cuya obra entra en
sintonía con cierta necesidad social de que el arte no incomode sino que
"abra mundos" para que mientras tanto las fuerzas del mercado hagan
lo que quieran. Ahí también siento que hay un momento de verdad, aunque también
es cierto que en el fondo Aira concibe a la literatura como un principio
creador de protocolos de lectura, algo que el punk nunca pudo hacer porque se
quedó siempre en una fase infantil y nihilista. Pero también en forma reciente
hay un pedido de politización o de profundidad hacia Aira que viene desde un
lugar muchísimo más superficial, una suerte de neopopulismo experiencial
que se opone a Aira porque Aira simplemente tiene cierta relevancia
intelectual, "no es tan fácil", no canta una que sabemos todos, no
codifica la experiencia social como una revista de cultura juvenil, y bueno,
esa impugnación la verdad que me parece lamentable.
La escritura de Aira es veloz, su
política de publicación es casi frenética, sus temáticas fantásticas están
desligadas a cierta literatura "social" o "política" que él
rechaza. Rompió con una postura más solemne del escritor argentino. Si es que
compartís esto, ¿cómo creés que afecta a la literatura argentina?
Si rompió con la solemnidad creo que
la afecta de modo positivo. Si generó la fantasía de que escribir es un
acto rápido y desordenado donde lo más importante es publicar materiales de
baja calidad -no todos los rentistas son Flaubert- la influencia me parece
nefasta. La verdad es que no lo sé; pero estoy seguro de que su planteo es de
un siglo diferente al que me toca vivir.
¿Cómo se puede escribir después de
Aira?
Personalmente no me preocupa. Creo
que Aira es un gran escritor, único, autoexigente, prolífico, totalizador, una
suerte de genio. Creo que eso puede ser inspirador, pero por supuesto que la
literatura no termina ahí ni mucho menos. Si me preguntases cómo se puede
escribir después de Thomas Pynchon sería un problema, pero después de Aira se
puede escribir de mil maneras.
Por último,
¿por qué creés que le va tan bien en el extranjero cuando en Argentina es casi
un desconocido fuera del mundillo literario?
Creo que el reconocimiento
internacional es merecido, pero que también da la pauta de que se trata de
un autor complaciente. El sistema literario mundial está muy jerarquizado, y de
América Latina sólo se pide exotismo, irracionalidad, melancolía, quizás
vanguardismo juguetón; los países centrales quieren la gran tradición para
ellos, y ahí está Junot Díaz para hacer el papel de buen salvaje; o los
desaparecidólogos para ayudar a que los poderosos se sientan bien tocando temas
humanitarios y de denuncia. Nosotros nos creemos eso y por eso se acostumbra a
que en gran medida se escriban copias poco felices de John Cheever o libritos
que parecen folletos de pizzería. Sin embargo, también hay cosas nuevas que
pueden generar la ilusión de que eso está cambiando.
Es cierto lo del procedimentalismo y lo del siglo pasado, pero también yo valoro el lugar de la imaginación en lo que Aira cuenta. Creo que valoro más eso que las otras dos cosas; por eso lo prefiero antes que a Casas y a todos los que sostienen poéticas realistas (incluso los del siglo XIX), salvo quizás a Fogwill. Lo que yo creo es que el dispositivo de Aira es anterior a internet, por un lado, que todo su proyecto se basa en una circulación -diría que anticipa- la circulación poco monetarizada de los textos, que es propia de internet. Eso es también un mérito. Ahora bien, para seguir escribiendo, me parece que montarse en eso que inventó Aira hoy no es tan productivo. A mí me interesa más mirar lo que hacen otros escritores que incorporan la cuestión de la palabra hecha imagen, los hipervínculos, la saturación de información, contactos y vigilancia, desde otros lugares en un punto más tradicionales pero en otro punto más novedosa. Y no puedo dejar de comparar, por ejemplo, a Aira con Thomas Pynchon. Pynchon es muy Aireano en un punto, pero en otro escribe sobre los grandes problemas de la modernidad y de la posmodernidad, la política y la historia, y desde un lugar súper complejo y no tan liviano. En esa línea, me gusta mucho Mark Z. Danielewski, que está en un plan similar pero mucho más moderno. Me parece que su proyecto es propio de un país muy subordinado, y creo que si Argentina quiere crecer tiene que pensarse, al menos desde sus escritores, como una superpotencia, no en el sentido de como un país capitalista confortable sino en el sentido en el de un país con altas exigencias estéticas y una impugnación fuerte a la modernidad, no regresiva sino para adelante.