2 de abril de 2016

Nota para Brando - Buscando a César Aira - Proceso creativo



Hernán Vanoli es escritor y editor de Momofuku. Esta es la entrevista que le hice para escribir la nota de Buscando a César Aira para la revista Brando.

Hernan Vanoli sobre César Aira:

En principio me gustaría saber si sos un lector de Aira y si te gusta.
Fui lector de Aira, hasta que digamos "entendí su proyecto". Lo disfruté y valoré, en las diferentes vetas que tiene su escritura, tanto en los diferentes registros -ensayo o novela- como dentro de su novelística. Soy admirador de su imaginación y de su persistencia, pero no soy un fanático. Sin embargo, cada vez que veo un libro suyo me veo tentado a leerlo. Hace unos días, en una feria, ví que la editorial Blatt y Ríos vendía "Artforum", lo pensé dos minutos y ya lo habían vendido. 


¿Qué pensás de su obra?
Creo que es un escritor fundamental para pensar la literatura argentina de la última parte del siglo XX. Junto con Fogwill y con Piglia, y quizás Marcelo Cohen, a mi entender, son tres referencias que cualquier escritor que trabaje desde nuestro país debe tener en cuenta. Creo que su obra es múltiple, y que ambiciona un destino para la literatura. No son muchos los autores sobre los que se pueda decir eso, Aira en sí mismo es un universo, un procedimiento, y una fábula sobre la relación entre el sistema de distribución de la lengua y el sistema de existencia de los objetos. Sus libros fueron hechos para ser leídos en bloque, como un proyecto artístico ambicioso, de vanguardia y de pos-vanguardia al mismo tiempo, es decir, como una síntesis entre los derroteros que puede asumir el arte en nuestra era. Pero también hay algunos que son notables por sí mismo, no voy a descubrir yo por ejemplo a "Ema, la cautiva"; lo que al mismo tiempo significa que si se toma cada libro es un autor muy desparejo. Finalmente, y a mi juicio, es un escritor del siglo pasado. Escribir ficción quizás sea una tarea del siglo pasado, pero siento que el dispositivo de enunciación creado por Aira, que es singular, maravilloso, que es una fábrica de mundos y una apuesta por el poder de singularización de la experiencia a través de la imaginación puesta a trabajar desde el interior de la lengua y los protocolos de la cultura, ya no tiene tanto para aportar teniendo en cuenta el actual desarrollo de la cultura y de lo político. 


¿Cómo creés que impactó la obra de Aira a tu generación (que es la inmediata después de la suya) y a la de los escritores en formación ahora mismo?
No estoy seguro de a qué generación pertenezco, pero creo que hubo múltiples posturas. Están quienes eligieron venerarlo, en algunos casos extremar su propuesta, en otros homenajearlo, están quienes eligieron tenerlo en cuenta pero asumir derroteros diferentes sin por eso negar su notable influencia, y están quienes eligieron negarlo. Yo me siento en el segundo grupo. A los escritores en formación el proyecto de Aira les genera preguntas, y creo que eso siempre es algo bueno. 


Mi hipótesis a trabajar en la nota es que una vez que se lo conoce no se puede ser indiferente a él, se lo ama o se lo odia. ¿Por qué creés que su obra (o su personaje) despierta estas pasiones en la literatura argentina? 
Es que la potencia de la obra de Aira en parte radica porque choca contra el sistema de expectativas de los lectores. Entonces aquellos que sólo esperan realismo, trama, desarrollo de psicología de los personajes, cierta solemnidad más bien ligara a la crónica o al periodismo, o productos de género bien elaborados lo rechazan. Por otra parte, los que le piden a la literatura libertad, sofisticación intelectual, liviandad, alegría, ironía, ambigüedad, lo aman. Para mí, la literatura de Aira es un género en sí mismo, y eso lo convierte en una suerte de clásico, Aira es en un punto nuestro Borges, y es hijo de Borges, con todo lo bueno y lo malo que eso significa. La disputa por Aira es una manera de tramitar la disputa entre poéticas realistas y poéticas antirrealistas. Claro que yo entiendo que esa discusión está caduca, pero ese es otro tema. 


Por qué creés que hay una corriente de escritores que escriben como una reacción ante el estilo Aira. ¿Qué rasgo de su literatura es a la que se opone?
Por un lado está Fabián Casas, que tiene un texto muy conocido donde dice que "Aira nos cagó" y lo opone a la figura de Cortázar, comprometido, poético, politizado, con cosas para decir sobre lo social o en realidad sobre la sociedad. Creo que hay un momento de verdad en la crítica que le hace Casas en torno a su frivolidad, a cierta falta de espesor, a su perseverancia en cierta manera retorcida de conceptualismo que Aira representa. Claro que si uno después ve el tipo de intervenciones de Casas, bueno, quizás se queda con Aira. Después, hay otra crítica de una generación más joven, una acusación de frivolidad y de sintonía con cierta superficialidad del noventismo en nuestro país. Esta tiene dos partes. De un lado, hay un ensayo notable de Diego Vecino que contrapone la figura de Aira a la de Ricky Espinosa, el cantante de Flema, como dos casos extremos de responder a la cultura dominante de los noventas desde el arte. Ahí Ricky sería un artista punk y Aira un artista cómodo cuya obra entra en sintonía con cierta necesidad social de que el arte no incomode sino que "abra mundos" para que mientras tanto las fuerzas del mercado hagan lo que quieran. Ahí también siento que hay un momento de verdad, aunque también es cierto que en el fondo Aira concibe a la literatura como un principio creador de protocolos de lectura, algo que el punk nunca pudo hacer porque se quedó siempre en una fase infantil y nihilista. Pero también en forma reciente hay un pedido de politización o de profundidad hacia Aira que viene desde un lugar muchísimo más superficial, una suerte de neopopulismo experiencial que se opone a Aira porque Aira simplemente tiene cierta relevancia intelectual, "no es tan fácil", no canta una que sabemos todos, no codifica la experiencia social como una revista de cultura juvenil, y bueno, esa impugnación la verdad que me parece lamentable. 


La escritura de Aira es veloz, su política de publicación es casi frenética, sus temáticas fantásticas están desligadas a cierta literatura "social" o "política" que él rechaza. Rompió con una postura más solemne del escritor argentino. Si es que compartís esto, ¿cómo creés que afecta a la literatura argentina?
Si rompió con la solemnidad creo que la afecta de modo positivo. Si generó la fantasía de que escribir es un acto rápido y desordenado donde lo más importante es publicar materiales de baja calidad -no todos los rentistas son Flaubert- la influencia me parece nefasta. La verdad es que no lo sé; pero estoy seguro de que su planteo es de un siglo diferente al que me toca vivir. 

¿Cómo se puede escribir después de Aira?
Personalmente no me preocupa. Creo que Aira es un gran escritor, único, autoexigente, prolífico, totalizador, una suerte de genio. Creo que eso puede ser inspirador, pero por supuesto que la literatura no termina ahí ni mucho menos. Si me preguntases cómo se puede escribir después de Thomas Pynchon sería un problema, pero después de Aira se puede escribir de mil maneras. 

Por último, ¿por qué creés que le va tan bien en el extranjero cuando en Argentina es casi un desconocido fuera del mundillo literario?
Creo que el reconocimiento internacional es merecido, pero que también da la pauta de que se trata de un autor complaciente. El sistema literario mundial está muy jerarquizado, y de América Latina sólo se pide exotismo, irracionalidad, melancolía, quizás vanguardismo juguetón; los países centrales quieren la gran tradición para ellos, y ahí está Junot Díaz para hacer el papel de buen salvaje; o los desaparecidólogos para ayudar a que los poderosos se sientan bien tocando temas humanitarios y de denuncia. Nosotros nos creemos eso y por eso se acostumbra a que en gran medida se escriban copias poco felices de John Cheever o libritos que parecen folletos de pizzería. Sin embargo, también hay cosas nuevas que pueden generar la ilusión de que eso está cambiando. 

Bonus de Hernán:
Es cierto lo del procedimentalismo y lo del siglo pasado, pero también yo valoro el lugar de la imaginación en lo que Aira cuenta. Creo que valoro más eso que las otras dos cosas; por eso lo prefiero antes que a Casas y a todos los que sostienen poéticas realistas (incluso los del siglo XIX), salvo quizás a Fogwill. Lo que yo creo es que el dispositivo de Aira es anterior a internet, por un lado, que todo su proyecto se basa en una circulación -diría que anticipa- la circulación poco monetarizada de los textos, que es propia de internet. Eso es también un mérito. Ahora bien, para seguir escribiendo, me parece que montarse en eso que inventó Aira hoy no es tan productivo. A mí me interesa más mirar lo que hacen otros escritores que incorporan la cuestión de la palabra hecha imagen, los hipervínculos, la saturación de información, contactos y vigilancia, desde otros lugares en un punto más tradicionales pero en otro punto más novedosa. Y no puedo dejar de comparar, por ejemplo, a Aira con Thomas Pynchon. Pynchon es muy Aireano en un punto, pero en otro escribe sobre los grandes problemas de la modernidad y de la posmodernidad, la política y la historia, y desde un lugar súper complejo y no tan liviano. En esa línea, me gusta mucho Mark Z. Danielewski, que está en un plan similar pero mucho más moderno. Me parece que su proyecto es propio de un país muy subordinado, y creo que si Argentina quiere crecer tiene que pensarse, al menos desde sus escritores, como una superpotencia, no en el sentido de como un país capitalista confortable sino en el sentido en el de un país con altas exigencias estéticas y una impugnación fuerte a la modernidad, no regresiva sino para adelante.