25 de abril de 2018

Indie Hoy - #Apuntes La lucha es hoy #09 – Discutamos los escraches, discutamos a los tipos

Esto, como todas las notas de #Apuntes, es una columna de opinión. Es decir, esto es lo que yo, Romina Zanellato, pienso sobre lo que está pasando con las denuncias y los escraches en el rock. ¿Y quién soy yo? Soy mujer, soy periodista, soy militante feminista, escucho rock.
Una mujer se grabó mirando a la cámara y contó que José Miguel del Pópolo, el cantante de La Ola Que Quería Ser Chau, la violó. La contactaron dos mujeres más a partir de ese testimonio que rápidamente se replicó por las redes sociales. Eso culminó en una denuncia y que él esté procesado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal reiterado en tres oportunidades. Cuando pasó esto, el cantante de El Otro YoCristian Aldana, salió públicamente a defender a Del Pópolo y muchas mujeres le respondieron en su publicación de Facebook lo que él había hecho a lo largo de los años. Eso que se sabía y nadie decía. Cientos de mensajes. Quiso cerrar sus cuentas, borrar todo. Ya era tarde. Esas mujeres contaron sus experiencias y las subieron al blog Ya No Nos Callamos Más, se juntaron y lo denunciaron. También filmaron sus testimoniosAldana está detenido con prisión preventiva y procesado por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete oportunidades. Su juicio empezará el 22 de mayo.
Esto cambió el rock argentino para siempre. Y lo que pasó a partir de ahí es una discusión y una relectura de la vida de cada quien, en conjunto y personal. Pocas veces en la historia la revisión es así, tan abarcativa. Los últimos cinco años cambiaron la escena local gracias a la nueva ola del feminismo. Lo que está permitido en la sociedad responde a nuevos patrones, a los anteojos violetas, a la decontrucción de muchos. Están los que ahora ven a través de estos anteojos y repiensan en clave feminista su vida pasada, presente y futura, y están los que niegan todo, los que siguen viviendo en machitolandia. Aquellxs que siguen culpando a las minas de tener la pollera muy corta o de haber tomado de más en una noche de rock o aquellxs que siguen creyendo que porque una piba tomó de más la pueden violar sin que haya consecuencias.
Mientras todo esto va pasando, las pibas se juntaron. Ya lo dijimos, cuando muchas mujeres hablan de aquello que callaron durante años, el patriarcado se quiebra, hay una victoria en eso, está más cerca la gran caída. Sin embargo, ¿el feminismo es un dogma? No, el feminismo es una postura política que pretende igualdad de derechos entre el hombre, la mujer y las identidades disidentes. Persigue la justicia social. No es un tribunal en sí mismo. ¿Y quiénes son el feminismo? En principio es un plural, en segundo término, hay tantos como agrupaciones, como personas, como momentos de la vida de cada unx. Nadie y todxs lo somos.
Y entre aquel momento donde comenzó el quebramiento del glaciar banda de rock al ahora, donde todos, hasta los progres más simpáticos de Pez están públicamente expuestos como abusadores, están los escraches.
Las denuncias anónimas se extienden por internet. Tal es un violador, tal me abusó, tal es un violento. Y corre también la postura de siempre con las pibas, siempre creerle a la víctima, nunca cuestionarla, siempre activar el linchamiento público automático. ¿Eso es el feminismo? La idea de no cuestionar, no preguntar y de perseguir la justicia por mano propia parece retrógrado. Dejame cuestionarlo. No es que creo que no haya que contarlo, sino que creo que el mecanismo ya debe reverse. Aún cuando parece que todos los tipos son o fueron abusadores, aun cuando todas las mujeres fuimos violentadas.
Sé que está mal visto decir esto. Y entiendo también que, de una denuncia en particular, anónima, en un blog o en Twitter o en un posteo de Facebook, se unen más y más testimonios que arman un patrón de conducta de un hombre. Eso, a las mujeres, nos puede servir como una alerta. En ese mundo del éter, también, se encuentran en esos relatos que hubo delito, y que hay persecución penal posible. Pero eso es en las mínimas.
Sin embargo, también hay un riesgo enorme de que se use este método para denigrar a una persona, para cagarle la vida a alguien. ¿Por qué no se puede decir esto? ¿Por qué no se puede preguntar, cuestionar sobre una denuncia anónima? Si eso no significa que yo no le crea a una víctima, simplemente necesito más información. Y sí, la justicia es patriarcal, pero dentro de la justicia también están los organismos que acompañan a las víctimas. Entonces, ¿por qué no se puede cuestionar el método? Existe el riesgo de la noticia falsa y existe la posibilidad de que se apropien del escrache feminista en la persecución de otros objetivos.
Como medio nos discutimos esto. ¿Tenemos que levantar como verdad cada denuncia anónima que encontramos o esperamos a que de eso haya más testimonios, a encontrar personas de carne y hueso a quienes hacer unas preguntas, o esperamos a que haya una denuncia penal?
La semana pasada, a raíz de una de las denuncias publicadas en Ya no nos callamos más me reuní con un grupo de chicas que sufrieron violencia física y sexual por parte de un músico. Sí, se unieron a raíz de la publicación de una de ellas y juntas pudieron tejer una historia que las unía, como una continuidad. Eso fue muy sanador para ellas. Y creo que es eso lo que debemos perseguir: una sororidad real. También un procedimiento con las garantías debidas. Porque somos garantistas, estamos en contra de la pena de muerte, todos somos inocentes hasta que se compruebe el delito, un acusado tiene el derecho a defenderse. ¿O no? ¿O buscamos el punitivismo? Existe el riesgo de la venganza, y me surge esta pregunta, a la cual no sé la respuesta pero hay que hacerla: ¿el escrache otorga una sanación real a la víctima o la expone?
Necesitaba hablar de esto y me junté con Ileana Arduino, abogada feminista. Ella me dice que el escrache no emancipa, no construye nada. Y que el método tal vez pueda ser otro para lograr esto que buscamos, la justicia. “¿Es el escrache la única posibilidad de correrse del lugar de víctima en el que nos coloca la toma de conciencia sobre violencias? Se estandarizan muchas violencias bajo la idea del delito de abuso o violación, igualándolas”, me dijo. Ile es integrante de Inecip (Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales) y maestra de la Beca Cosecha Roja.
Hay un riesgo, y son las causas por injurias. Ahora los hombres están ganando muchos de estos juicios porque las “denuncias” públicas confunden ciertos términos, acusan sin haber denunciado en la justicia, y algunas acusaciones se publican sin poder soportar una instancia judicial. “Una cosa es denunciar a un tipo que te caga a trompadas y otra cosa es plantear situaciones abusivas que no son delito. ¿Qué es delito? Que se ponga denso es abusivo pero no es delito. Una violación es un delito, que te amenacen con publicar fotos tuyas íntimas es delito, que las publiquen también, que te peguen es delito, un pibe que tiene problemas emocionales para sostener una relación sana y adulta, emocionalmente desatento, puede ser vivido como una agresión, pero no es delito. En redes uno puede decir cualquier cosa, uno puede relatar una relación abusiva, pero ¿qué se construye con eso? ¿qué se persigue? ¿nos coloca en mejor posición para sustraernos de esas violencias o nos pone a merced del cambio que depende de los otros?”, pregunta Ile.
Esto es lo que pienso y lo que me pregunto yo también. No tengo grandes certezas o la bola de cristal o una solución. Pero siento una disconformidad y tengo el lugar para expresarlo. No sé qué es lo que hay que hacer. Por un lado es un mecanismo útil para unirse, ir a la justicia y encauzar una situación de violencia por esos carriles, por el otro hay una gran confusión y todo parece estar en la misma balanza de la violación.
Marina Mariasch, escritora y académica feminista escribió en Anfibia: “Conductas hasta hace poco naturalizadas ya no se soportan más. Estamos hartas. Un efecto dominó combinado con un efecto mariposa: mujeres famosas y anónimas que a través de la red -las redes sociales, las redes de mujeres- se animan a hablar, animan a otras, y con ese movimiento provocan un huracán. Es el fin del mundo tal como lo conocíamos”. Sí, todo cambió, ¿pero cuánto de la persecución retrospectiva puesta en público vale la pena hacer? Es ella la que me contesta: “Está claro que no buscamos la solución punitivista, buscamos un cambio cultural radical a través de la educación. Y está claro, también, que un feminismo que lucha por la libertad sexual y de los cuerpos no va de la mano con la censura”.
Es decir, sí, ya no nos callamos más, sin ningún tipo de duda. Ya no nos callamos más. ¡Y qué valor tiene y tuvo ese espacio, ese blog en esta historia! A Ariell Carolina, que lo coordinó durante años y a la actual administración anónima, ese espacio debe reconocerse como de vital importancia. Pero espero que llegue el momento donde haya quedado atrás, donde podamos hablar de una manera donde la mujer esté más protegida. Esa red de mujeres que sostiene Marina es una red real. Hay que hablar, hay que alertarnos, hay que hacerlo en persona, mujer con mujer, hablar con las ex novias, hablar con las amantes, hablar con las amigas. Juntarse, organizarse, denunciar. Sin miedo, con responsabilidad. Es nuestro tiempo.

Nota: http://www.indiehoy.com/apuntes/la-lucha-es-hoy-09-discutamos-los-escraches-discutamos-a-los-tipos/

20 de abril de 2018

Rolling Stones - Por qué el K-Pop llena el Luna Park

Por qué el K-Pop llena el Luna Park

Super Junior, una de las bandas pioneras del pop surcoreano, se presenta este viernes en el Palacio de los Deportes porteño


Como una fiebre que viene directo desde el cambio de milenio pero con altísimos niveles de excentricidad, el K-Pop fue ganando fanáticos en Asia, Europa y América, hasta llegar a Argentina. La escena en el país es tan grande que se hace un concurso anual de bandas homenaje y ahora, el 20 de abril, se presenta por segunda vez (y ya está casi agotado) en el Luna Park una de las bandas pioneras del género de pop surcoreano, Super Junior. De traje, moñito y zapatillas, este grupo de ¡doce! chicos hace arriba del escenario lo que parece no fallar jamás: baila y canta con simetría oriental, sonido pop y un look casi flogger de principios de siglo.
Si las canciones de K-Pop estuvieran cantadas en inglés serían exactamente iguales a los hits de la radio. Lo que le da ese plus de identidad son las coreografías -algunas son fáciles de aprender- y los videos son grandes producciones de estética futurista. Si bien hay solistas, el verdadero yeite está en las boy-girlbands. Una mezcla de la mejor Britney Spears, en traje engomado rojo sobre escenografía lunar haciendo "Oops!... I Did it Again", con los Backstreet Boys disfrazados como piratas y en la coreografía imitadora de "Thriller" en "Everybody". En el K-Pop el video es tan importante como la música, y las millones de reproducciones en YouTube de bandas surcoreanas como BTS o Twice supera ampliamente a la que tienen estos superclásicos del pop.
La banda más popular es BTS. En septiembre pasado subieron a YouTube el video de la canción "DNA" que ya tiene 316 millones de visualizaciones. No son One Hit Wonder: tienen por lo menos seis videos con más de 200 millones de vistas. Estos siete chicos fueron formados por una gran empresa: Big Hit Entertainment. Cada banda es armada, entrenada y reclutada por corporaciones musicales coreanas y cada una le imprime un carácter a su artista, funcionan como un "sello de autor".
En junio de este año se hará la novena edición del Concurso KPOP Latinoamérica en el Konex. Desde 2010, un jurado que elige los mejores grupos o solista en la categoría baile y canto. El casting online para elegir a los participantes terminó el 8 de abril. En la última edición, la sala del Konex estuvo agotada y quedó gente afuera.

GUÍA BÁSICA DE K-POP EN 5 VIDEOS

Se puede seguir leyendo acá: http://www.rollingstone.com.ar/2126703-por-que-el-k-pop-llena-el-luna-park

16 de abril de 2018

La Nación: Un torneo de fútbol 5 para gays ya cuenta con 300 jugadores

Debajo de la autopista, un club de Boedo es la sede de la segunda fecha de un torneo de fútbol 5. Camisetas fucsias, negras, violetas, marrones, amarillas se mueven sobre el cemento. En las mesas que hay detrás de las redes que dividen las canchas, hay familias, chicos que corren, hombres que se preparan, chicas que estiran para entrar a jugar.
Hay que afinar la mirada para descubrir un brazalete con las tiras de colores o una camiseta de arquero con una franja de arco iris que representa a la comunidad LGTB. "Lo primero que tuvimos que derribar es el propio prejuicio de que el fútbol es algo solo de heterosexuales", dice Ariel Velázquez, presidente de Gays Apasionados Por El Fútbol (GAPEF), un torneo que tiene ocho años, 300 participantes y 20 equipos en dos categorías, A y B.
En el fútbol profesional persiste la discriminación. Si se corre el rumor de que un jugador profesional es gay, su carrera corre peligro. Ya pasó: hace pocos años la hinchada de Rosario Central desplegó una bandera donde le adjudicaba un romance a dos jugadores de Newell's. Recibieron tanto acoso y violencia por parte de los hinchas que ambos jugadores dejaron el club y sus carreras se perjudicaron.
Hoy no hay ningún jugador que haya hablado de su homosexualidad en ninguna liga profesional del mundo y eso se traduce en hinchadas con cánticos homofóbicos, y la exclusión de los jugadores gays de los clubes tradicionales. "En 2010, cuando empezamos con GAPEF, nos costó encontrar 9 personas para jugar a la pelota. Después se fueron sumando amigos de amigos y ahora somos una organización que, además de fútbol, tiene vóley y paddle", cuenta Velázquez.
En las canchas retumba el sonido de la pelota y las frenadas de los botines, la luz de la tarde se mete por los costados y de los cientos de autos que pasan por arriba no hay ni noticias, sí el estruendo grave de un gol de chilena que se grita con pasión. "Tengo muchos pibes gays pero también hay heterosexuales en el equipo, vienen por el fútbol, acá puede haber bronca durante el partido pero nunca sale de ahí, juegan limpio y en el barrio los chicos lo valoran". Andrés Venega es el DT de Leones, un equipo donde la mayoría son gays y hay dos parejas.
Hace seis años que entrena a grupos de esta liga y dice que, en realidad, lo más difícil fue enseñarles a jugar, a pensar el deporte como táctica, porque no son hombres con formación en el fútbol desde chicos. Asegura que han evolucionaron tanto que podrían ser profesionales, aunque la edad promedio pise los 30 años. "La sexualidad de cada uno sólo importa en su intimidad, acá sólo cuenta el fútbol para mí", dice "el entrenador paki (hétero)", como le dicen sus jugadores.
Entre las piernas que se estiran y precalientan antes de ingresar hay un tatuaje en una pantorrilla musculosa y depilada: dos dogos enfrentándose. De remera negra y con la franja multicolor atravesándoles el pecho, Los Dogos salen a jugar en la cancha número dos. Es el primer equipo de fútbol gay del país, con más de 20 años de competencia, y juegan en varios torneos. Uno de ellos pide que no se mencione su nombre porque en el trabajo aún no pudo contar su identidad sexual. ¿Por qué hacer un torneo propio?, ¿por qué no intentar integrarse con equipos heterosexuales? "Porque acá somos pares, nos sentimos más cómodos, hablamos de otras cosas. Todos queremos que sea distinto, pero en los clubes profesionales nos siguen hostigando por ser gays".
Los Dogos empezaron a jugar mucho antes de que existiera este torneo. Nació poco después de que Daniel Passarella (entonces entrenador de la Selección) dijera que no aceptaría homosexuales en su equipo. Carlos Jáuregui, legendario activista LGBT del país, salió a contestarle que ya había jugadores en todas las categorías, aunque no lo dijeran y él no lo supiera. Dos años después, y por una convocatoria en una revista, nació la asociación Deportistas Argentinos Gays (DAG), que ya está disuelta pero quedaron Los Dogos, uno de los equipos fundantes, ganadores de campeonatos nacionales e internacionales.
Los primeros años de GAPEF fueron más inclusivos aún. Hubo varias chicas que jugaron en equipos mixtos y también participó Celeste, una chica trans. "El deporte diverso se está expandiendo a todas las disciplinas", dice Walter Brizuela, arquero del equipo Lobos. Todos los años participan del Torneo Nacional por la Inclusión, que se hace desde el 2015 y este año será en Córdoba con nuevas disciplinas: fútbol 5 y de 11, rugby, paddle, básquet, tenis, vóley y hockey. Hay mucha organización y poco apoyo de privados o gobiernos para armar estos encuentros donde participan mil personas en un fin de semana.
Debajo de la autopista el torneo de la categoría A tiene 11 fechas, más las 4 de playoffs. Facundo R. Soto es periodista y escritor. Uno de sus libros es Juego de chicos, inspirado en sus partidos en GAPEF. "Hay una realidad: no somos iguales. Los gays cargamos con años de discriminación encima y acá encontramos un lugar de pertenencia. Estamos juntos, estamos en manada y nos sentimos más fuertes. Nos une el fútbol, pero también nuestra sexualidad", dice.
Habla con un compañero y se escucha un "hola, amiga", es otro jugador que llega, con botines, medias altas y el traje de futbolista. Como dice Soto, hay lugar para todos en GAPEF, desde estéticas rosas hasta los osos de barba. Nadie habla de otra cosa que no sea fútbol, la concentración por la competencia gana los espacios de la previa de cada partido. La liga es competitiva y eso se respira en el ambiente.

Clarín - Aplicaciones feministas