23 de mayo de 2014

#SellosIndependientes: Volante Discos, fetiche musical para LosInrocks

Conocé Volante Discos, un sello independiente que surgió en Córdoba, edita en cassette y toca la tecla sensible de románticos y/o fetichistas. / Por Romina Zanellato


Wikipedia dice que fetichismo es la devoción hacia los objetos materiales, esos que se consideran mágicos. Juan Morán, el fundador de Volante Discos, es el artesano del mito y el protector del preciado cassette. Desde Córdoba, hace un trabajo de hormiga: busca un disco especial entre la oferta digital, habla con la banda, copia el disco a unos cuantos cassettes, hace el arte especial para la edición con Paola Barengo y lo lanza al mundo. ¿Alguien escucha en cassette? Sí, los románticos, los fetichistas, los amantes.
Volante Discos es joven, tiene sólo dos años pero en su bandcamp hay dieciocho discos imperdibles que se pueden rebobinar con una Bic y guardar en el bolsillo de la campera de jean. Y es ese el principio de todo: música que se pueda tocar, tener, guardar, coleccionar, atesorar. “Elegimos el cassette porque queríamos distribuir los proyectos del sello de manera tangible. Nos encantaría poder hacer vinilos pero en el país es casi imposible lograrlo; además el costo es muy superior. Lo mismo sucede con los CDs: los costos son más altos y las cantidades muy superiores”, cuenta Juan.
La tirada de cada disco de Volante es de cincuenta cassettes, hechos de manera artesanal por Juan y Paola, cada uno con su rol. Una vez que hicieron el contacto con la banda, deciden hacer una primera edición, y los pasos a seguir son: pedir los cassettes nuevos con la longitud de la cinta en relación a la duración del disco; hacer las copias del disco a cinta a través de una deck Tascam donde graban a tiempo real (cada grabación dura lo que dura su reproducción) desde un master digital a la deck; el diseño y/o rediseño del arte de tapa de cada edición, el armado y empaquetado final de cada uno y, por último, la distribución.
La dedicación del momento de la grabación está centrada en potenciar “el color de la cinta”, como dice Juan, que también se acompaña con el proceso que hace Paola de adaptar la pieza gráfica al estuche del cassette o crearla desde cero para esta edición especial. “En muchas oportunidades les agregamos algún tipo de valor adicional, como un sticker, un insert o una funda, como para hacerlos únicos”, dice Juan.
La distribución es a través de pedidos por mail. También se pueden conseguir en ferias de ediciones independientes y en algunos locales o disquerías del país que fomentan la distribución federal de artistas y sellos independientes.
¿Cómo es la música tangible de Volante Discos? Tal vez el primer adjetivo que se le pude atribuir al sello sea el de “federal”, y el segundo es “diversidad”. Lo editado pertenece a bandas de Catamarca (Panamá), Córdoba (Las Hijas de Israel, Los Pencales, Fante), Jujuy (Los Cocaleros) y algunas joyas extranjeras como los chilenos Fármacos, Nueva Costa y The Holydrug Couple o Tropical Popsicle (Estados Unidos).
Si bien esto arrancó hace poco y viene creciendo a pasos agigantados, hay bandas que se interesan en el sello y me mandan sus propuestas, pero la mayoría de las veces son bandas seleccionadas por mi gusto personal, sin caer en géneros o estilos. Todas juntas forman un amplio espectro musical y eso define el estilo o espíritu de Volante Discos”, cierra.

Nota para Los Inrocks, acá.

12 de mayo de 2014

#EditorialesIndependientes para LosInrocks: Tenemos las máquinas

 


Julieta Mortati llegó de Berlín –donde vivió durante un tiempo– y al día siguiente estaba en el taller de escritura de Santiago Llach. Volvió con ganas. Y todo ese impulso para escribir y contar derivó en otra cosa: descubrió su literatura. Y no hablamos de la que ella escribe sino la que disfruta, la que gusta leer y oír.

“De pronto estaba ahí, escuchando textos que me parecían buenísimos, con una voz actual, con cosas para contar, de gente que después se convirtió en amiga. Pensé que tenía que hacer algo con todo eso, que no podía quedar ahí en la escucha de taller, y me dije ‘tengo que publicarlos’. Hablé con mi papá que tiene una imprenta, y empecé a trabajar con dos amigas: Ana Carucci, que es ilustradora, y Lara Melamet, que es diseñadora”, cuenta Julieta.

La literatura se encuentra y, según ella, cada cual lo logra en distintos lugares. El ámbito del taller literario –tan vapuleado por algunos– es el que le tocó. ¿Por qué? ¿Qué hay ahí? Una incesante producción de textos de gente que se dedica a escribir y de gente que tiene una profesión completamente desligada de las artes. Ahí también se genera algo que Julieta rescata: lo colectivo. Un texto, cuando se da por finalizado, pasó por la opinión de todos los talleristas, por la intervención del compañero y del guía. “Es un gusto y una decisión de que la literatura sea esto, que no sé qué es”.


Julieta explica así su catálogo, que incluye libros en su amplia mayoría engendrados en estos talleres o en los ciclos de lectura y música FestiTé, que organizó. Y si bien convocó a otros escritores para editar, no sabe por qué terminó descartando esos textos que no tenían el ritmo, la cadencia de aquellos que compartían el combustible del taller. “Igual intento no sucumbir ante el amiguismo. Pero creo que en un principio la literatura que uno genera está hecha para ser leída ante los amigos, es para ellos, aunque la construcción sea íntima”. Y el ámbito, el vehículo, para contactarse es el taller.

En 2012 se lanzó Tenemos las máquinas, y el sello empezó editando dos nouvelles de Martín Wilson (El que no salta es un inglés) y de Damián Tullio (Algo que nunca le conté a nadie). Después se sumó Tálata Rodríguez con Primera línea de fuego y se editaron los dos tomos de la colección Las Naves, una suerte de publicación temática sobre cine en español e inglés en el que los cineastas dialogan con la crítica y el espectador. Pronto saldrá el tercero número, titulado Lecciones de cine. También está por editar un libro de Alfredo Jaramillo, un escritor neuquino que tiene publicados varios libros de poesía.

“Estoy pensando en hacer una nueva colección de libros temáticos ilustrados. Cortitos, de 60 páginas, sobre biología, gastronomía o manuscritos de cosas que no sean la literatura que leemos habitualmente. Los autores se la pasan leyendo narrativa y hay que nutrirse de otras cosas, de otros ámbitos. Me interesa abrir el campo”, relata Julieta.

Su modo de trabajo parte siempre desde una idea madre y luego busca armar un equipo de trabajo para cada edición. Así, cada libro lleva meses de trabajo de edición, de diseño, de armado, como por ejemplo las dos antologías que presentaron semanas atrás: Felices juntos, de narrativa argentina, y El mezcladito, de poesía actual de América Latina. En cada tomo participaron alrededor de treinta autores nuevos y la curaduría fue compartida con María Bernadello, Johanna Braña, Magalí Etchebarne y Flor Monfort.

Con un capital mínimo y los escritos elegidos, las primeras tiradas fueron apareciendo y volvieron todo el proyecto realidad. Es Julieta la que distribuye los libros con un carrito por algunas librerías de la ciudad. Es ella la que sostiene el sueño y la que afirma, convencida, que el libro está más vivo que nunca.