8 de febrero de 2018

La Cosa Cine: Bruno Motoneta - febrero 2018


7 de febrero de 2018

Ohlalá: sección Maker: "Fusionamos nuestro negocio"


Link: http://www.revistaohlala.com/2091256-consejos-para-asociarte-con-una-amiga

Rolling Stone: El Growler se impone como envase de birra


Ohlala: Sección Creativa



UNO: 5 raperas argentinas que la rompen y tenés que escuchar


La escena de la música urbana o el hip hop en Argentina no para de crecer y de cambiar 🤘

El rap parece ser el futuro y las mujeres están en cada género, abriéndose el camino a fuerza de trabajo, rima y flow 💪

En los 90 empezó Actitud María Marta y dejó el camino abierto: las mujeres rapean. Ahora, el colectivo Malas Lenguas sacó un disco que se llama “Rap sin género”.

Hay raperas que trabajan su estilo más old school como Irina Do Om, está La Joaqui, aquella rubia que llegó a la Batalla de los Gallos en 2014 y 2015 con la improvisación y ahora estalla YouTube con sus videos más trap, y está Tink, que partició en 2016 en la versión argentina de la competencia de freestyle más importante del mundo.

Para que no te pierdas más lo que pasa en el género, UNO hizo un top 5 de las raperas y traperas que tenés que escuchar.

Cazzu

Cazzu tiene casi 2 millones de plays en el video Killa y 100 mil followers en Instagram. Su estilo es el trap. “Siempre digo que yo soy cantante y rapeo como artilugio, porque sé cómo hacerlo; pero no improvisado, sino escrito”, nos dice.

La jujeña trata de ocupar espacios vacíos en la música argentina, le interesa el reggaetón, usa el rap, y hace trap. La escena la convierte a su favor. “El mensaje es siempre la reivindicación de la mujer, hacer las paces entre todos. Mi método es hacer estos géneros tal cual como los haría un hombre, pero desde la postura de una mujer”. Y hace el ejemplo: el que está con diez chicas es un capo, si una chica está con diez hombres también tiene que ser valorada de la misma manera. Es como una gangsta feminista 💪

Dakillah

Modelo 2000, Dakillah se acercó al rap por primera vez en 2012 cuando conoció unos chicos en una plaza que rimaban. Empezó a juntarse con ellos, de tanto escucharlos y practicar, le empezó a salir. “Ahí mostré las canciones por primera vez porque rapear en una plaza ya es regalar el momento a que cualquiera que pase se frene a escuchar”, nos cuenta.

Su video NumberOne tiene 3 millones y medio de reproducciones. En la escena trap los videos son más importantes que las grabaciones. La imagen y la estética es casi tan importante como la música. En Instagram tiene 200 mil followers.

Sobre el rol de la mujer en la escena rapera, Dakillah dice: “El espacio para las mujeres es el mismo que el de los hombres. Siempre y cuando le pongas la misma garra que el otro, que practiques, que pongas presencia en todos lados, ya es ese el espacio que tenés”.

Kris Alaniz

Kris Alaniz es una MC y beatmaker que nació en Buenos Aires pero vivió en Catamarca, Salta, Tucumán y Córdoba hasta llegar a La Plata. Tiene dos discos Conexión natural (2013) y Vagabunda Original (2017). Además, es la productora de Malas Lenguas, el primer compilado de rap argentino con 17 mujeres haciendo rap. Es una gran rapera con una carrera y estilo más clásico al hip hop original. Vale la pena escucharla acá

¥OHA

“Tú me estás mirando como un trofeo / Pero soy la venus Diosa de museo / Este es mi cuerpo y hago lo que quiero / Yo soy la Jalea que buscaba Homero”, canta Johanna Braña. En el video se la ve a ella delante de su crew en el barrio San Cristóbal. Con una lírica de conciencia, sin prejuicio y contra el machismo. ¥OHA le dijo a UNO: “Siempre me llamó y me convocó la lírica del rap, eso de poder decir y deschavar, de poner en palabras cosas que por lo general no se dicen y que tienen que ver con lo social y una realidad que no es la más fácil de vivir”. Con su impronta feminista, Johanna hace muy poco empezó a hacer su música y ya se presentó en varias fiestas de la ciudad, y tienen tres videos. Jalea es el hit 🎤

Valessa

Valessa es de Isidro Casanova, de chica siempre cantó y tomó clases pero en la adolescencia lo dejó. Después de cortar una relación, a los 18 años, empezó a escribir de vuelta sus primeras letras que fueron rap. Ella se define como una cantante que rapea y en su música hay hip hop, soul y funk. “En todos los géneros de música hay muchos hombres, dependés de los productores. Recién ahora se nos están abriendo las puertas porque las mujeres que estamos en esta escena somos comprometidas y nunca bajamos los brazos”, dice Valessa.


Link: https://w.uno.com.ar/musica/5-raperas-argentinas-que-la-rompen-y-tenes-que-escuchar-12262017_SJMIvfNx7f

Revista Brando: Cambio climático: qué descubrieron nuestros científicos



Se desprende un iceberg de la antártida del tamaño de algún país europeo. Se publican informes en el que científicos dicen que en menos de 100 años el mundo va a ser agua y desierto. El invierno es una sucesión de lluvias tropicales y efímeras olas polares. Donald Trump dice que el cambio climático es una estafa. El presidente de Francia le contesta con un troleo de su campaña: "Make the earth great again". La comunidad científica se escandaliza con el portazo de Estados Unidos al Acuerdo de París. La ONU intenta que todos sus países miembros -menos Nicaragua y Siria- trabajen unidos en el compromiso de revertir lo posible y adaptarse a lo ya irreversible del cambio climático. Mientras tanto, acá, en Argentina, hay equipos coordinados entre las universidades nacionales, el INTA, y el Conicet que estudian los gases de efecto invernadero que emite una vaca, una planta de maíz, de soja, un bosque en la cordillera, una persona en sus consumos cotidianos, la basura.

Aunque Argentina tiene una influencia casi anecdótica en el panorama mundial -emite el 0,08% de los gases de efecto invernadero del mundo-, cada país de la ONU se comprometió a tomar medidas para reducir la emisión de gases y aplicar políticas para remediar los daños ya ocasionados en el ambiente. El acta que la Argentina firmó en el Acuerdo de París, y luego ratificó por ley, es para evitar que aumente más de dos grados la temperatura media global en relación con la era preindustrial. Si bien Estados Unidos y China, juntos, emiten el 40% de los gases de efecto invernadero que generan el aumento de la temperatura sobre la Tierra, se espera que todos los países sostengan el compromiso por igual.

Los datos duros son que el 0,08% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) emitidos por Argentina se divide de la siguiente manera: el 53% proviene del sector de energía, el 39% lo emite el sector de agricultura, ganadería y otros usos de la tierra, el 4% los usos de producto y procesos industriales y el 4% restante de los gases liberados a la atmósfera provienen de los residuos.

El 53% del sector de energía está compuesto casi en partes iguales por tres subsectores: la producción de electricidad, combustible, refinación del petróleo; el transporte terrestre por carretera; y el uso de la energía en las casas, en las industrias, en los comercios, entre otros. De acá queda claro algo: el consumo de energía en el hogar es altísimo y la huella de carbono individual colabora de manera sobresaliente en la emisión de los gases.

El dato sobresaliente, sin embargo, es el 39% del sector agroganadero. Los números revelan que la matriz productiva del país, es decir, las vacas o una plantación de maíz o soja, contamina en porcentajes similares al sector energético. El sector más contaminante está en la ganadería con el 20,7%, mayormente con metano, dióxido de carbono y óxido de nitrógeno, casi en partes iguales. Estos números son los que presentó el país ante la ONU en el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero 2017.

Si lo obvio es que el transporte, la industria química y la obtención de energía es lo que más libera gases a la atmósfera, que las vacas, el maíz y la tierra le compitan de cerca es un dato que puede sorprender a novatos en el tema pero no a la comunidad científica argentina. Porque hay recursos académicos para estudiarlo y propuestas para mitigarlo: en eso están muchos hombres y mujeres en los pasillos de las universidades locales.

Amigarse con el óxido nitroso
No bien pasás el molinete de ingreso al predio de la Facultad de Agronomía por avenida de los Constituyentes, entrás como en una cápsula espacio-temporal en el corazón de la Capital Federal. Si no fuera porque la línea de trenes Urquiza la atraviesa de punta a punta -y reproduce el típico ruido de ciudad- es posible creer que se está en el campo en alguna localidad de la provincia de Buenos Aires.

Entre árboles altísimos y predios de pastizales está el edificio del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (Ifeva), donde trabaja el doctor en Ciencias agropecuarias, Gervasio Piñeiro. Desde su oficina, que da al patio de un jardín de infantes, explica que su equipo de investigación trabaja en diseñar sistemas agropecuarios sustentables con el menor impacto posible o con efectos positivos en el ambiente sobre la base de un balance de los servicios ecosistémicos en cada caso.

"Hoy nadie le paga al productor por evitar la emisión de gases de efecto invernadero. Entonces no hace nada, ni lo piensa. Nosotros, acá, planeamos estrategias que mejoren los servicios ecosistémicos para todos", dice. Y el ejemplo en lo que están trabajando es contundente: hicieron una red de medición de óxido nitroso en campos de cultivo de soja lindantes a suelos vírgenes en varias localidades, desde Balcarce hasta Salta. Ahí se detectó que los cultivos emiten más óxido nitroso que los sistemas naturales y que tienen dos picos de emisión: cuando se está por cosechar y en la primavera, cuando está recién sembrado. "El resto del tiempo la soja emite igual que un pastizal".

La propuesta de su equipo de investigación es que se plante un cultivo de servicio antes de que se coseche la soja. Es decir, antes de que se muera la soja, que un "yuyo" capte el óxido nitroso y lo mantenga en el suelo para que le aumente la materia orgánica de la tierra. ¿Por qué es bueno capturarlo? Porque el nitrógeno es abono. "Es muy caro fertilizar, al productor no le conviene perderlo. La forma de hacerlo sería poner plantas de servicio para que tomen los óxidos de nitrógeno y alimenten la tierra. A ellos les conviene capturarlo porque si lo pierden después lo tienen que comprar y reponer mediante fertilizantes. Entonces les recomendamos a los productores que siembren cultivos de servicio: para disminuir la emisión de gases, para aumentar la materia orgánica y también para que baje la napa y no se les inunde el campo".

Esto ya lo están implementando con algunos productores y asociaciones. En la teoría está demostrado que de esta forma se libera menos óxido nitroso a la atmósfera, por lo que se genera menos efecto invernadero. Pero ahora, el productor necesita más que ese motivo para implementarlo, por ejemplo, incentivos estatales para desarrollarlo o certificaciones comerciales de que ese producto es responsable con la emisión de gases.

Si eso no se da, como mínimo necesita que le cueste lo mismo porque no va a cambiar su forma de trabajar si no obtiene un rédito económico de eso. "Si producimos un sistema que funciona bárbaro, pero la semilla del cultivo de servicio vale US$ 130, el productor no la va a aplicar porque no le sirve. Entonces ahí, con ellos, sabemos que la semilla que necesitan tiene que valer US$ 30. Entonces tenemos que hacer los experimentos en los campos, reunirnos con los productores, analizar el desempeño de lo propuesto, y también ir a la semilleras, trabajar con las empresas para producir un producto que se pueda vender a ese precio", señala Piñeiro.

En la misma línea, desde el Instituto de Clima y Agua, la doctora Gabriela Posse lidera una investigación sobre la medición de los gases en relación con los distintos fertilizantes que se usan en la tierra. En los principales cultivos donde se hacen los experimentos es en maíz y en trigo. Ahí miden la pérdida de amonio y óxido nitroso cuando se compara un fertilizante alternativo con uno comercial. En la llanura pampeana se investiga soja, maíz y trigo; en el norte, la caña de azúcar.

Si bien trabaja en un organismo diferente del de Piñeiro, la científica articula con él algunas de sus investigaciones y llega a conclusiones similares: "Hay que hacer rotaciones en los campos. Cada productor hace lo que quiere y esas cosas no contribuyen a capturar gases. El suelo tiene mucha capacidad para capturar, pero hay que manejarlo bien para que ocurra". Con su equipo está estudiando para detectar inhibidores de volatización que protejan el nitrógeno con el objetivo de que no se pierda.

La comida de la vaca
Del total de la torta de emisiones de gases de efecto invernadero producidos en el país, el porcentaje más alto se lo llevan las vacas. La singularidad es que el ganado tiene una elevada calidad contaminante porque libera metano a la atmósfera. Mientras que las otras actividades suelen colaborar con gases nitrosos o de carbono.

El doctor en Física e investigador del Conicet, José Ignacio Gere, es uno de los pocos que se especializa en la medición del metano que liberan las vacas en su proceso digestivo. Cuando los rumiantes digieren la celulosa de las pasturas utilizan bacterias y protozoarios que dan como resultado carbono, metano, calor y otros ácidos grasos. En la mezcla de gases del rumen, el dióxido de carbono participa con el 65% y el metano con el 27% aproximadamente. El problema es que una molécula de metano tiene una potencialidad contaminante 20 veces superior a la de dióxido de carbono, con lo cual el impacto es más significativo.

Una vaca con 500 kg de peso puede producir entre 200-450 litros de metano por día. En Argentina, en 2016, se supo que había un stock de 53 millones de cabezas de ganado bovino. Las cuentas ganan ceros rápidamente.

Desde la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Geré está creando mejoras metodológicas para la medición de la contaminación vacuna: lamentablemente la falta de datos, y sus costos, suelen dificultar su trabajo. Mientras tanto en el campo, en su experimentación, descubrió que se puede reducir el 20% de la emisión de metano de una vaca. ¿Cómo? Si se alimenta con pasturas de alta calidad. El metano liberado por la vaca es una pérdida para ella, es una fracción de energía que el animal no pudo aprovechar. Para esto, Gere trabajó con científicos del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay: compararon cuánto metano emitió una vaca si comía pastura de baja calidad o de alta calidad, y los resultados, que aún no fueron publicados en las revistas científicas, demostraron que la emisión de metano fue un 14% inferior en aquellos animales que consumieron la pastura de alta calidad. "Está testeado que hay pasturas con mayor digestibilidad, y que cuando la vaca come eso emite menos metano. Si tiene mucha fibra es menos digerible para el animal", dice Gere,

Resta comprobar si esto, además, se traduce en una mejora productiva de leche o en carne de mejor calidad. Esto sería clave para la aplicación de estas estrategias por parte de los productores porque brindaría ganancia en su producto. El científico señala lo mismo que sus colegas: para que las propuestas sean llevadas a cabo con éxito tiene que haber cooperación entre la academia científica, los productores, el mercado y el Estado.

No tapar el bosque
Para llegar a la oficina de Amy Austin en Agronomía hay que atravesar varios pasillos y doblar en algunos laberintos. Rodeada de carpetas, la doctora en Biología habla con su castellano enrevesado, a pesar de los 20 años que hace que vive acá. Es estadounidense y en 2015 ganó el premio de L'Oréal Por las Mujeres en la Ciencia por sus investigaciones en la Patagonia sobre la interacción de las plantas y el suelo en el ciclo del carbono del bosque.

Su premisa, a pesar de ser sencilla, no se la había planteado nadie con tanto rigor: ¿plantar bosques donde no los hay naturalmente ayuda al ambiente? ¿Se puede hacer en todos lados, con cualquier especie?

Amy parte de la base de que nadie quiere reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, entonces la idea de plantar un bosque -porque un árbol fija el carbono, lo secuestra y lo captura para que no esté en la atmósfera- resulta atractiva. Ella estudió casos de plantaciones de pinos Ponderosa en la localidad neuquina de Meliquina, para determinar si la modificación de ese ambiente natural y la plantación de una especie extranjera daban un balance positivo de carbono.

Lo que obtuvo es que los bosques jóvenes efectivamente secuestran carbono, pero muchas veces para que una plantación crezca en un espacio no natural para la especie, se aplican una serie de medidas potencialmente contaminantes como llevar riego, fertilizantes, adaptar el terreno. "Cuando hacés la cuenta de la energía que requiere, el balance no es tan positivo".

Además, hay otros problemas que deben tenerse en cuenta: cuando los árboles se hacen adultos, el bosque ya no secuestra la misma cantidad de carbono, y el riesgo de incendio en la montaña es latente, si se prende fuego se libera todo el carbono. Y si plantás un bosque en un lugar de nieve, o la especie es oscura, la reflexión de luminosidad a la atmósfera también cambia la temperatura. El resultado es que hay que proteger los ecosistemas naturales o, si se plantan bosques en zonas de pastizales o estepa, valorar todo lo que implica llevarlo a cabo.

"La Patagonia tiene un contraste de lugares vírgenes, ideales para investigar, y otros con impacto de contaminación muy grande para la poca gente que hay -dice Amy-. Si comparás la estepa con un bosque plantado de pino es tremenda la diferencia. El impacto no es tanto entre un bosque nativo y un bosque plantado, sino cuando convertís un sistema que es pastizal o matorral en la plantación de un bosque de pino. Ahí es enorme la transformación del ambiente".

Por qué Donald no tiene razón
La comunidad científica y la diplomacia internacional dieron por terminada la discusión sobre la existencia del cambio climático hace unos años y ya estaban debatiendo las posibles soluciones cuando Donald Trump pegó el portazo al Acuerdo de París.

Los motivos que dio para su decisión fueron los que pusieron al desnudo sus verdaderas razones: salvar al mundo implica perder dinero y la potencia mundial no está dispuesta a hacerlo. En el ring está el sistema de producción capitalista versus el medio ambiente.

Hagamos un rewind en el casete: en 2017, la historia política y diplomática sobre el cambio climático tuvo un punto de quiebre. El 1° de junio pasado, Trump anunció la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, lo que no solo rompió con un acuerdo internacional inaudito en la historia universal, sino que abonó la teoría negacionista sobre el calentamiento global. El retroceso político y social que significa este anuncio trajo como coletazo una rápida reacción de Francia, donde el recién electo Emmanuel Macron invitó a todos los investigadores estadounidenses a continuar sus trabajos en Europa: "Van a encontrar aquí una segunda patria".

La comunidad científica del mundo se alborotó. En principio porque si hace dos años 195 países miembros de las Naciones Unidas firmaron un marco de cooperación internacional para limitar el aumento de la temperatura media mundial y limitar el cambio climático, la existencia del cambio climático, su gravedad y la responsabilidad humana parecen una polémica saldada. Algo que quedó demostrado cuando ningún otro país se sumó a la falsa retirada de Trump.

El argumento del presidente de Estados Unidos es que el Acuerdo de París debilita la economía norteamericana y les da ventajas a China o la India. Que decidió retirar a su país del acuerdo para defender a los trabajadores de Youngstown, Detroit y Pittsburgh. Que nadie lo votó en Francia.

El Acuerdo de París no es vinculante. El compromiso de todos los firmantes es fortalecer la respuesta global a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento de la temperatura media mundial por debajo de dos grados centígrados con respecto de los niveles preindustriales. Para eso, cada país presentó sus compromisos y sus aportes. Argentina también lo hizo y ratificó sus objetivos para llegar a 2020 con una temperatura mundial por debajo de 1,5 grados.

En su momento, Barack Obama presentó compromisos moderados. Ofreció reducir las emisiones entre un 26% y 28% para 2025 respecto de los niveles de 2005. Las medidas que implementó ya fueron frenadas por Trump.

¿Cuál es la situación del mundo? En marzo, The New York Times afirmó que China consume la misma cantidad de carbón que el resto del mundo en conjunto. La quema de carbón, esencial para las industrias de energía, acero y cemento en el país, genera enormes cantidades de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero.

Lo cierto es que Estados Unidos y China, juntos, emiten el 40% de los gases de efecto invernadero que generan el aumento de la temperatura sobre la Tierra.

La discusión es que Trump no pretende disminuir el uso de carbono en la industria energética, porque eso implicaría debilitarse económicamente ante China, que está creciendo a grandes pasos -y emitiendo enormes cantidades de gases-. Sin embargo, los países en vías de desarrollo plantean que es tiempo de que Estados Unidos, el histórico contaminante del mundo, tome las riendas para cambiar su sistema a energías sustentables.

Lo que se discute de fondo es el sistema de producción y organización capitalista mundial. La obtención de energía casi de manera exclusiva y dependiente de los restos fósiles, la obtención de alimentos mediante violentos (para el ambiente) sistemas agrícolas y ganaderos y, por último, el uso de los residuos.

En el medio de todo eso, ¿cuán rápido se calienta el mundo y cuán rápido crecen los mares? El 10 de julio pasado un bloque de hielo de 5.800 kilómetros cuadrados se desprendió de la Antártida, que se reduce en tamaño cada vez más rápido. En 2013, China vivió una crisis de contaminación atmosférica por la cual limitó el uso del carbón en los tres mayores centros de población del país y planea plantar un cordón verde para limpiar el aire. Las tormentas son cada vez más fuertes y más frecuentes, lo mismo que las sequías, más intensas y más extensas. La mitad de la población mundial vive a 80 kilómetros de alguna costa. El informe más reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Estados Unidos proyectó un aumento global del nivel del mar entre menos de 30 centímetros y casi un metro para 2100.

Mientras más se investiga, más apocalíptico parece todo. En las publicaciones prestigiosas del mundo como la New York Mag o The Atlantic, hay un debate sobre si el planeta está condenado a una distopía a lo Mad Max o hay posibilidades de remediar el impacto. En ambos casos se concluye que la gente no está alarmada lo suficiente en relación con el cambio climático.

Pero ¿existe una solución? No parece que hubiera una única manera y que, más bien, la forma de enfrentar esto sería sobre la base de tres ejes: mitigación de los gases de efecto invernadero, generar planes de adaptación para los cambios irreversibles -como mayores inundaciones o lluvias- y estimular la resiliencia de los ecosistemas -que logren resistir una modificación natural para volver a su estadio natural-.

La forma para llevar a cabo esas tres acciones está clarísima: mediante acuerdos internacionales de cooperación como, por ejemplo, el Acuerdo de París. Pero ¿qué pasa si el líder mundial, y segundo en emisión de efecto invernadero, se va y rompe su compromiso?

Link: http://www.lanacion.com.ar/2100814-cambio-climatico-que-descubrieron-nuestros-cientificos

Indie Hoy: Entrevista a Simón Poxyram

Simón Poxyran: “El nuevo disco de Perras on the Beach sale en marzo”



Doce meses pasaron desde que todos escuchamos por primera vez un comentario sobre Perras on the Beach y apareció el carisma de Simón Poxyran en la escena. Esa vez fue sobre el escándalo en El Primer Color, festival de San Martín de los Andes donde la banda hizo enojar a algunos vecinos pacatos. La ola de rumores y versiones llegó a todos lados del país: hay una banda de pendejos de Mendoza que te hace sentir adolescente de nuevo, que escupe un poco de la vida real a los viejos de mierda. Los rumores llegaron a Yumber Vera Rojas, programador de los Martes Indiefuertes de Niceto Club y ahí nomás armó varios Manso Indie para traer la frescura cuyana al cemento aburrido de Buenos Aires. Se sacudió el avispero. Están los que aman y están los que odian.

Un disco de banda y uno solista después, Simón Saieg, encara un 2018 con una exposición enorme y una apuesta que decidió redoblar. Antes de tocar en el Festival Bue y recién llegado de Mendoza, Simón habló con Indie Hoy sobre su año.

Empezaste el 2017 de una manera muy especial. ¿Cómo fue esa primera gira?
Demencial. Fue una gira que debería haber salido bien pero salió todo mal. El plan no era tan loco, tres bandas que compartían gente, íbamos en caravana de tres autos desde Mendoza a Bariloche. Apenas salimos Tuti, la mamá de Bruno y mánager de Usted Señalamelo, chocó el auto de un comisario. Podía haber chocado uno de los pibes pero no, chocó ella. Una multa enorme, volvimos a Mendoza a hacer una fecha para recaudar fondos y pagar la multa. Todo empezó así, mal. Pasaron cosas muy raras, muy Twin Peaks, mi guitarra se rompió sola, ¡hubo hasta fantasmas! Ahí el sur tiene una energía muy rara, y llegamos a San Martín de los Andes y me la vi venir. “Acá va a pasar algo”, me dije. Y así fue.

Es una comunidad muy conservadora.
Sí, todos nos miraban como diciendo quiénes son estos pibes y nosotros veníamos con toda la energía de “vamos a fundir todooo” y ¡pum! contra una pared nos la dimos. El primer festival donde íbamos a tocar y me la di.

Pero también fue un impulso para ustedes.
El impulso ya lo teníamos, fue más para los otros hacia nosotros. Pero ya estaba pasando, tarde o temprano iban a prestarnos atención porque se estaba generando.

¿Y qué te pasó a vos con esa reacción conservadora?
Todo mal, quedé mambeado un par de días. Fue la primera fecha de la gira, no es que la terminamos y explotó cuando llegamos a Mendoza, ahí mismo se pudrió todo. En el momento se armó el quilombo. Había mucha gente involucrada, amigos, y yo sentía que lo había arruinado. Porque reconozco que me mandé una cagada. Estaba muy borracho, me chupó un huevo todo y a partir de ahí me ubiqué. A partir de ahí empecé a pensar cómo me porto en el escenario. Fue todo muy rápido. Decí que pasó ahí y no en un lugar más grande si no me comían vivo. Ahora cuando digo algo bardeando a la Municipalidad o hablando del porro o lo que sea, lo digo por algo y lo disfruto. Antes lo decía porque sí.

Había muchos amigos y periodistas que replicaron lo que pasó ahí. Desde Buenos Aires empezaron a prestarte atención a vos y a Perras on the Beach a partir de ese día. ¿Cómo te afectó?
A mí no me afectó tanto que me dieran más o menos bola, pero sí me despertó un toque. Tenés un micrófono, fijate qué decís. Me di cuenta que cuando estás en un escenario hay un montón de gente que quiere escuchar algo y yo no estaba pensando en nada de verdad. Había salido de una cagada familiar muy grande, en la que lo había pasado muy mal, y la energía era muy punk rock en el recital, escupiendo, cada vez que tenía un problema necesitaba tocar para sacármelo de encima.

Entendiste la responsabilidad.
Eso. Sí. Y en realidad fue culpa de un vecino, que vive al lado de mi casa, un señor de barba, re hippie, vino muy serio y me dijo “Simón, hiciste muy bien. Estás haciendo política, y lo que decís es más sincero que lo que dicen muchos” y yo estaba saliendo del malflash de ese show y ahí dije sí, voy a hacer canciones que tengan más sentido. A partir de ahí hice mi disco solista y muchas canciones más que si bien tienen quilombo, hay más de esto.

Lo que uno dice se enmarca en un momento social determinado. Hay que hacerse cargo de eso.
Totalmente. El año pasado ni siquiera me comunicaba, si me hacían una entrevista mentía, decía boludeces, ahora me empecé a rescatar en lo que me pasa de verdad y lo que quiero decir y transmitir. Nosotros somos muy pendejos y estamos creciendo. Yo tengo 20 años, pero Bruno tiene 17. Ahora es un momento clave, tal vez el año que viene esté diferente, más calmo en cuanto a lo que estemos diciendo, porque todo va cambiando y estamos creciendo mientras pasa todo esto.

¿Cuáles son los temas que te interesan discutir desde ese lugar de poder que tenés? ¿Y cómo te afecta la vida social-política de este momento del país, siendo tan joven, que no viviste las grandes crisis de Argentina?
Las canciones que estoy haciendo ahora tienen un rumbo más definido, son más oscuras porque la realidad está más oscura, hay un montón de cagadas en todos lados. Pero tampoco dejé de hablar de las cosas lindas, porque yo soy una persona feliz que ríe, aunque sí me afecta lo que pasa. Igual me parece una mansa paja cuando el rock se mezcla en la política. Yo estoy desconectado de lo política de lo partidario.

Varias veces dijiste que Perras on the Beach era música de joda.
Sí, cuando nació era eso. Era una banda de amigos, ahora lo sigue siendo pero todo es más grande. Está evolucionado, pero sigue siendo una banda de amigos. No buscábamos nada, sólo subir nuestra música a internet. La fiesta está porque somos nosotros. El disco que va a salir en marzo tiene canciones más reales, más adelantadas en relación a lo que creemos que va pasar. Pero es la visión de nosotros que tenemos 20 años, ni más ni menos que eso.


*

Mendoza se levanta como el oasis dentro del indie, después de que la escena que nació en La Plata esté consolidada, la renovación llegó del lado de la montaña. Sin sellos, sin organización, el grupo de bandas que son amigos parece que está vinculado directamente a la geografía que los vio crecer y a cierta libertad que te da el margen del país. Donde no se esperaba que naciera nada más que vino, pasó algo que está sonando entre los más jóvenes de la escena.

¿Cómo es ser adolescente en Mendoza?
Está bueno, y crecer allá también, las calles de tierra, las montañas. Eso sí, es medio burbuja. Cuando vine me choqué con la realidad, acá salís a la calle y en una cuadra ves a cinco personas pidiendo plata. Acá – Buenos Aires- te obliga a pensar si hacés las cosas bien.

¿Cómo creés que podría haber sido Simón Poxyram si no hubieses salido de tu provincia?
Trato de no pensar en eso porque es una trampa. Igual lo hago. Mendoza es un lugar muy zarpado, depende de con quién te juntás y cómo te criaron, nosotros tenemos padres muy abiertos, vinculados al arte.

Después de esa gira patagónica, tocaron en Cosquín Rock y fueron al Manso Indie en Niceto Club el 4 de abril, ese día tocaste con Perras on the Beach, y después solo con la guitarra cantaste una canción sobre los miedos que te daban venir a Buenos Aires. ¿Ante qué te enfrentaste? Porque todo te pasó muy rápido, apenas unos meses.
De hecho la primera vez que vine a Buenos Aires fue el año anterior y nadie ni bola, vine a ver a Tame Impala. Mi mamá no me dejaba porque me iba muy mal en el colegio, pero junté la plata y no me pudo decir que no. Esa canción que decís se llama “Capital“, que la escribí una semana antes de ese show. Me choqué un toque contra el mundo, porque me pasó acá que me empecé a dar cuenta de la gente falsa, que te absorben y te demandan. Pensé ¿qué es todo esto? Porque tenía reuniones que no terminaban en nada, que me daba cuenta que no era por amor al arte lo que me estaba pasando en ese momento. Ahí compuse “Capital“, tocamos en Niceto, y decidimos usar esa plata del recital para hacer nuestra gira autogestionada. Ahí me empecé a querer con Buenos Aires, se me acercó gente buena, que me cuidan hasta hoy. Se formó como una familia para mí, siempre que vengo veo a la misma gente. Esa bola que nos empezaron a dar acá llegó a Mendoza después. Allá decían mucho “ahhh el faso, Pity Álvarez”, se quedaban con lo simple porque es difícil llegar a la música real de una banda si hay mucho barullo alrededor.

Entonces en ese momento tomaste determinadas decisiones sobre cómo querías que fuera tu carrera si decidiste autogestionar tu gira, tu música, en ese momento en que tenías tanta atención sobre vos.
Yo tengo algunos amigos más grandes, los chicos de Las Cosas que Pasan, Tito, que tienen 30 años, son más grandes. Esa gira la organizaron ellos, estábamos con Luca Bocci, y estuvo re bueno. Después de eso me di cuenta que no lo podía hacer yo, que necesitaba un manager, porque me iban a comer vivo. Me junté sólo con Facu (Cruz) y le dimos para adelante, todo lo que pasó después de eso fue gracias a él, porque estar ahí hablando de plata es re turbio. Los músicos tienen que pensar en la música y nada más.

¿Cómo fue para vos el pase de la montaña a la ciudad desde el ánimo, porque el contexto te determina como persona? ¿Cómo lo vivís?
Estoy todavía en el mood de Mendoza. Yo no estoy enamorado de Buenos Aires, me enoja esta ciudad, estoy tres semanas y me empiezo a pelear con la gente, me pongo mala onda, me chupa algo, me tengo que ir. Pero entendí que es parte, que voy a tener que amigarme con la ciudad y conmigo, que por algo me pasa esto, y que hay que venir acá.

Hay una particularidad en Mendoza y es que en general las bandas más conocidas están formadas por hombres, sin mujeres, y esto se da también en un momento donde la concepción de “estrella” y de fan está puesta en discusión por las mujeres. ¿Qué pensás en relación a esto, ahora que tenés un número de seguidores importante?
Pienso que el machismo es una cagada, que la mayoría de las bandas del pasado -que muchas me gustan- tienen una manera de pensar en relación a las mujeres que es una cagada. A mí me criaron pensando que somos todos iguales.

¿Pero por qué crees que hay tan pocas mujeres?
En Mendoza hay un montón de amigas con nosotros tocando, casi 50/50, pero no sé porqué recién ahora están formando sus bandas. Tengo amigas que tienen cosas grabadas que son increíbles y les digo que las muestren, que quiero ir por la calle escuchándolas en el celular, pero no se animan. Entiendo que por ahí para las mujeres es más difícil, aunque ahora se piense mejor. Todavía re está ese estereotipo de tener una banda para tener minas o tener plata. Tener minas. Suena terrible. Mansa bronca porque es estúpido pensarlo así. No sé qué decirte de porqué somos tantos vagos, sé que hay mujeres, Bocci tenía una baterista mujer, pero no sé por qué pasa esto. Sí hay en Mendoza cantautoras, pero no sé porqué no hay mujeres en nuestro grupo.

Entre los mendocinos se da algo que ocurría al principio de la movida en La Plata, que tan bien demostró Laptra, de que la música es una red de amistades donde el público muchas veces también es el artista y a la inversa. ¿Cómo concebís las relaciones y el vínculo con la música?
Creo que la amistad tiene que ir primero. Porque yo soy así, escucho una banda y quiero conocerlos para ver si son copados, si pensamos lo mismo, si podemos charlar.

No separás autor de obra.
No sé, me di cuenta que no me gusta que no me gusten las cosas. Soy re abierto, me gusta todo. El otro día conocí a Guli, que tiene un proyecto que está buenísimo, y lo conocí porque le escribí y le dije “che me encanta lo que hacés” y me dijo venite a mi casa. El chabón flasheó porque nos hicimos amigos de un día para el otro. Para mí no es algo que pasa en Mendoza, llama la atención que nosotros seamos todos amigos, pero es lo normal, y eso pasa en todos lados. Antes las bandas competían, quién llevaba más gente, quién llevaba más minitas, que es una estupidez.

En algunos lugares esas escenas se aglutinan en relación a un sello, ustedes no.
Es que eso se vuelve medio secta a veces, nosotros somos siempre los mismos. Toca una banda de cumbia y una de rock y siempre somos los mismos de público y de músicos. Se chocan un montón de mundos todo el tiempo en Mendoza.

En tus letras hay un afán de contar la vida de la manera más simple posible, casi de documental.
Soy un poco barrial, son canciones como historias bien contadas.

Las escucho y me imagino un videoclip. La pregunta es: ¿qué es lo que te obsesiona narrar?
Creo que hablo de todo, pero también hay algunas cosas muy marcadas porque yo estoy hablando de eso todo el tiempo. No sé cómo explicarlo. Si yo hiciera una película tendría los mismos condimentos que aplico a la música. Sería el mismo estilo. La amistad, la familia y el amor estarán siempre. Después hay cosas como el porro -que la gente se agarra mucho de eso- pero es que si yo digo porro es como cualquier otra cosa, como si hablara de cualquier palabra, de Alf o lo que sea. Es una palabra más y se malentiende eso.

¿Qué va a pasar con Simón Poxyran?
Lo que me di cuenta tocando es que no es una banda, es como un trabajo práctico muy largo, de muchas partes, que no sé si lo voy a terminar. Más que nada es una vía de descarga de lo que es muy personal. Si fueran dos equipos de fútbol estoy mucho más en Perras on the Beach. No le voy a dar mucha manija al proyecto de Simón Poxyran porque no me gusta tocar solo y no me gusta relacionarme de esa forma con el proyecto, eso de que los músicos son tus músicos y la gente te está yendo a ver a vos solo. No sé qué va a pasar, tal vez haga un disco que me guste demasiado pero no me relacione bien con el vivo de ese disco.

¿Y cuál es el futuro cercano de Perras on the Beach?
Estamos en el mejor proceso posible. Lo vamos a grabar en la primera semana de enero, lo vamos a grabar nosotros en Fader, el estudio de la familia de Luca y Bruno, producido por Usted Señálemelo. Los temas ya están re cocinados en los ensayos, así que no habrá demos, vamos a entrar a grabar sin maquetas, lo más rápido que se pueda, aprovechar el fuego prendido con todos los amigos que estén. Lo vamos a mezclar y masterizar bien y vamos a sacarlo en marzo para girar. Antes no había la expectativa que hay ahora, eso es lo que cambió.

¿Cómo te pega eso?
Es un fuego que nos alimenta. Todos me decían “loco sacá un tema ya” y yo pensaba listo lo grabo con el teléfono y lo subo ya ya ya, pero ahora entendí que no. Ahora hay que hacerlo mejor. Obvio el disco es muy distinto al otro, todavía no existe el disco, pero cuando esté imagino que ahí va a ser una ansiedad total.

¿Diferente cómo?
Hay muchas más opiniones de nosotros mismos. Son canciones más serias. El disco anterior fue más tal cual yo me lo imaginaba, ahora llegué con las canciones y empezamos a funcionar como una banda. Antes no podíamos ensayar tanto porque los chicos tenían una responsabilidad con Usted Señálemelo, lo era para mí también. Ahí fue cuando entendimos que ellos tenían que enfocarse en ese proyecto y nosotros hicimos otra formación para Perras on the Beach. Ahí empezamos a funcionar como banda. Cada uno tiene su momento, yo estoy abierto a que hagan lo que quieran. La banda es mía y es de todos, hay gente que se sabe mejor que yo mis propias canciones, así que la banda es de la banda. Estamos evolucionados.

Foto: Matias Casal

Almagro Revista: María Luque: “Cuando veo una obra de otro y está muy perfecta creo que le falta encanto”


Sus dibujos son planos torcidos, donde las paredes tienen colores inusuales y siempre hay gatos o cafés. Se nota el trazo del lápiz o del marcador, el borrón de la letra en una viñeta. María Luque es la ilustradora rosarina que hace muy poco ganó el Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas por su libro Casa Transparente, que lo presentó en la Feria de Guadalajara. A poco de cumplirse un año de su primera publicación, el libro La Mano del Pintor, y de colaborar asiduamente con Lenny, el newsletter de Lena Dunham, habla sobre su técnica, el renacimiento de la ilustración y sus primeros trabajos como pintora.
-¿Cuál fue tu primera aproximación al dibujo?
-Empecé a dibujar como cualquier niño. Tengo el recuerdo de haber estado mucho más entusiasmada que mis amigos. Me di cuenta el momento en que ellos fueron perdiendo el interés -que es más o menos cuando te empiezan a gustar los chicos- y ya no era un plan sentarse a inventar algo con el dibujo. Yo sentía que eso a mí me seguía gustando. Entonces cuando terminé el colegio pensé que era una buena idea estudiar Bellas Artes, aunque no sabía qué era, ni qué iba a hacer. Tuve mucha suerte de que mi familia, si bien supongo que secretamente estaban muy preocupados, jamás me dijeron que me iba a morir de hambre si seguía esa carrera. Confiaron en que algo me iba a inventar.
-¿Tenés familiares artistas?
-No. A mi papá le gusta mucho la música, íbamos a museos cuando era chica, pero ninguno dibuja ni nada artístico. Es medio un misterio de dónde viene en mí.
-¿Empezaste con el dibujo en Bellas Artes o probaste otras técnicas?
-Sí, en ese momento pintaba con acrílico. Era muy diferente, no tiene nada de relación con lo que hago ahora. Si pintaba una superficie de un color, quería que fuera liso total, con un método medio delirante de muchas capas de pintura muy finitas, una cosa que llevaba mucho tiempo y no tenía sentido. Yo quería que pareciera hecho por una máquina. Nada que ver con lo que hago ahora.
-¿Pintabas cuadros grandes? ¿Abstractos o cómo eran?
-Sí, eran de un metro por un metro, con animales también, como ahora. En ese momento tenía con unos amigos un espacio de arte en una casa enorme, muy antigua de Rosario. Ahí cada uno tenía su taller y había lugar para dar clases y hacer muestras. Era un momento donde habían cerrado muchos espacios de arte y nos empezó a ir súper bien, teníamos muestras casi todos los meses de otros artistas. El segundo año hizo una individual Daniel García, no lo podíamos creer.
-¿Con quiénes hacías eso?
-Con cuatro amigos de la facultad, teníamos 23 años. Éramos muy chicos, hasta fuimos a ArteBA. Nos llamábamos Cordón Plateado, éramos un poco místicos en ese momento.
-¿Usaste el color plateado alguna vez?
-No, creo que nunca.
-¿En esa época qué paleta usabas?
-Creo que es lo único que se mantuvo, mi paleta es muy colorida, pero en general cada color tiene mucho blanco, están como desaturados. No siempre igual, hay algunos que me gustan bien saturados como el bermellón –mi favorito- o el amarillo.
-Eso depende del material que uses, ¿o no?
-Sí, si uso fibrón quedan diferente. Uso acuarelas, lápices y ahora uso mucho las témperas.

“No hay mucha corrección en general en mis dibujos. El momento en que me entregué a eso fue en Brasil, donde avancé muchísimo, cada semana era un cambio total, veía los dibujos que había hecho la semana anterior y decía ‘oh, mirá cómo avancé’ y los había hecho días antes. Fue algo de esa sobredosis de dibujo, de estar sin internet, que fue lo que lo logró”


-Siempre que pienso en tu obra veo que usas elementos que son con los que uno empieza a dibujar de niña, en la escuela, lápices de colores, marcadores, crayón.
-Sí, son los materiales que más me gustan. Claro que busco que no sean escolares, que sean de mejor calidad, pero es lo mismo.
-¿Y en esos primeros cuadros había una historia, algo narrativo como usás ahora?
-Sí. Un poco. No quiero ni acordarme que me da vergüenza. Hace poco me pasó algo muy gracioso con eso. Mis papás se mudaron de la casa donde vivimos toda la vida, entonces mi mamá me llamó y me pidió que por favor vaya a Rosario a ver qué hacía con todo eso que quedaba ahí, porque ella no se animaba a sacarlo. Llegué y quise tirar todo, salvo dos o tres cosas.
-¡¿Tiraste todas tus pinturas?!
-Sí. Fui con mi mamá a buscar dónde deshacerme de todo porque me daba cosa que alguien lo vea, así que encontramos un contenedor en una cuadra medio secreta, que no tiene salida, tiramos todo ahí y nos fuimos. Al otro día, un chico dibujante de Rosario que conozco encontró todo eso, le sacó fotos, la subió a Facebook y me etiquetó. Todo mal me salió.
-¡¿Y qué hiciste?!
-Nada, le mandé un emoji de carita feliz. Pero me dio una bronca, todo el plan me salió al revés. Igual había muchas telas que estaban todas rotas, no tienen valor. No tenían firma, pero me reconoció.

-¿Y cómo fue el paso de la pintura al dibujo?
-De esos cuatro que éramos Cordón Plateado, una chica se fue, el otro era mi novio, y ese proyecto se disolvió cuando terminó mi relación. Yo me aparté mucho de ese circuito, no quería saber nada. Yo había hecho todo con ellos, con la contención de ese grupo, nos mostrábamos todo. Entonces me puse a hacer cualquier otra cosa, no pinté más. Me puse a trabajar en una agencia de publicidad, en edición de video. A los dos años de estar ahí me dieron ganas de hacer otras cosas. Se me había ocurrido que tenía que ser en una residencia, que no podía sola. Entonces me enteré de una en España y apliqué y quedé. Era rarísima, una residencia de 100 personas, en una ciudad cultural de Galicia, conviviendo durante una semana. No era de obra, era de reflexión. Y volví muy cebada, dibujando en las hojas.
-Esas residencias te permiten ver formas de trabajar que uno no se imagina que existen o a valorar como obra lo que estás haciendo como pasatiempo, ¿no?
-Sí, exactamente. Había un montón de gente en etapas muy distintas. Algunos con las carreras muy armadas y otros que estábamos viendo qué onda. Ahí me cambió todo, me quedaba dibujando a la noche, y empecé a tomarlo más en serio. En ese momento conocí a Power Paola, que estaba viviendo en Rosario y nos juntábamos a dibujar, con Feli y otros dibujantes. Para mí eso fue muy importante. Ahí empecé a hacer las Merienda Dibujo.
-¿Qué es Merienda Dibujos?
-Me juntaba a tomar un café con otro dibujante y subía las fotos a un blog: http://meriendadibujo.blogspot.com.ar/ Me ayudaron un montón a juntar valor para ver qué hacía con todo eso que estaba dibujando.
-Esos proyectos tienen la virtud de dispararte posibilidades, aunque parezcan inútiles en un principio.
-Sí, completamente inútiles. Lo mismo me pasó con los fanzines, no sabía ni lo que eran, pero me puse a hacerlos y fueron muy importantes al final. En esas meriendas, Power Paola me contó de una residencia en Brasil, en una hacienda cafetera de fines del siglo XIX, eran 13 residentes durante un mes. Ella me insistió para que me anote y al final quedamos las dos seleccionadas. Había artistas de otras disciplinas también, entre los dibujantes había un alemán, una brasileña, todos un poquito más grandes que yo, todos trabajando de sus proyectos, viviendo de lo suyo. Me acuerdo estar esas tardes hablando de eso. Llegué a Rosario y renuncié a la agencia de publicidad.
-¿Fue lanzarte al freelancismo?
-Fue difícil pero también sé que si no lo hubiera hecho, no hubiera pasado todo esto. Ahí empecé a cuidar casas, tenía unos amigos que se iban de viaje todo el verano y yo me quedaba en su casa, después otros, y así fui pasando de una casa a la otra.
-¿En el medio volvías a lo de tus viejos?
-Sí, hubo varios momentos en que volví. Ellos por suerte no desarmaron mi habitación de adolescente y siempre pude volver, son unos genios. Pero fueron como dos años yendo de casa en casa.
-Una vida de nómade moderno.
-Sí, achiqué todo a lo mínimo, no me compraba libros, ni nada en realidad. En el medio de eso tuve una muestra en Santiago de Chile y otra en Lima, decidí perder el pasaje de vuelta y me quedé en Perú cuatro meses, fui a Colombia, Ecuador. Ahí me decidí del todo que este era el camino. Porque fui a muchas ferias, daba talleres, hacía fanzines, los vendía, y empecé a tener más pedidos de trabajo de ilustración.
-¿Cómo fue el movimiento a Buenos Aires de manera definitiva?
-Venía de manera intermitente y me quedaba varios días. Me daba cuenta de que cuando venía a Buenos Aires tenía más trabajo, como nos pasa a todos. Ese año tenía una muestra individual en la Galería Mar Dulce y se me ocurrió que iba a ser muy pesado enmarcar en Rosario y traerlo para acá, ¡así que decidí venirme a vivir y enmarcar acá! Un pensamiento bastante raro ahora que lo pienso, pero así fue. Al principio me alquilé una habitación por tres meses, después por un año, después otro año más. Y acá estoy.
-Tus dibujos son autoreferenciales, en general hay un personaje que sos vos y un contexto real o imaginario. ¿Cómo pasaste del dibujo aislado a crear una narración larga? 
-Cuando hice el viaje largo por Centroamérica estuve en el Festival Entreviñetas, en Colombia. Yo hacía fanzines y cosas cortitas, pero nunca me había animado a hacer algo más largo. Volví de ese viaje re cebada, cuando vi que todos tenían libros. ¡Me tenía que animar! Se me había ocurrido la historia con Cándido López, porque me había presentado a una residencia en Paraguay, por el aniversario de la guerra, donde iba un argentino, un uruguayo, un brasileño y un paraguayo para recorrer los campos de batalla y redimir ciertas heridas. Me presenté con la idea del libro, La Mano del Pintor. No quedé. Me moría de ganas, pero no quedé. Pensé que era la única oportunidad para hacerlo, pero después cuando volví de Colombia dije es ahora.

“Tuve una muestra en Santiago de Chile y otra en Lima, decidí perder el pasaje de vuelta y me quedé en Perú cuatro meses, fui a Colombia, Ecuador. Ahí me decidí del todo que este era el camino. Porque fui a muchas ferias, daba talleres, hacía fanzines, los vendía, y empecé a tener más pedidos de trabajo de ilustración”


-¿Cómo fue ese proceso? Porque es un libro muy largo y elaborado.
-Me daba mucho miedo, yo no sabía ni cómo hacer un globo de texto. En ese momento conocí a José Sainz, que me vino a comprar un fanzine a una feria, y le conté que estaba pensando hacer esto y me dio el mejor consejo posible: “María, de arriba a abajo, de izquierda a derecha, empezá a contar esa historia”. Y eso me ayudó. Después se transformó en el editor del libro.
-¿Hiciste la estructura o te dejaste llevar como hacés con los dibujos?
-Me tomé cuatro meses para investigar y sí me hice una estructura de capítulos y temas, como si fueran fanzines. Traté de pensarlo en esa forma y fui arrancando. Terminaba cada capítulo y se lo mostraba a José. Me parece muy divertido ese momento, porque en el primer capítulo yo iba con Cándido caminando por la calle y si me quería sentar en un banco le preguntaba con globo de texto: “¿Nos sentamos en el banco, Cándido?”. Después me di cuenta que no tenía que pedir permiso, que teníamos que sentarnos nada más. No hacía falta mostrar cada momento. De eso me fui dando cuenta mientras lo hacía.
-En tu obra sos muy figurativa, los personajes son muy expresivos, tienen muchos detalles, pero en general los espacios son casi dadaístas.
-Sí, es que yo entiendo la perspectiva, me la enseñaron, pero en realidad no la entiendo. Me tengo que esforzar mucho para que me salga de manera correcta. No entiendo muy bien los planos del espacio, tengo una mente medio medieval, egipcia. La profundidad de campo la pierdo. Por ahí cuando veo una obra de otro y está muy perfecta creo que le falta encanto.
-Tomaste el error como atributo, como marca personal.
-Sí, es que dejé de forzarme para que fuera perfecto. No podía, no me salía.
-Es un momento bisagra para los artistas cuando entienden que eso es el estilo propio.
-Es un aprendizaje duro porque si no es sufrimiento, es como cuando quería pintar como una máquina. Yo la pasaba mal.
-Hay una decisión tuya de que se note el trazo humano, no hay corrección de color posterior al dibujo. ¿Por qué?
-No, no la hay, no hay mucha corrección en general. El momento en que me entregué a eso fue en Brasil, donde avancé muchísimo, cada semana era un cambio total, veía los dibujos que había hecho la semana anterior y decía ‘oh, mirá cómo avancé’ y los había hecho días antes. Fue algo de esa sobredosis de dibujo, de estar sin internet, que fue lo que lo logró.
-Dibujabas todo el tiempo, ¿eso mermó?
-Sí, siento que hay un borde medio frágil de locura del cual me tengo que preservar. Hubo un tiempo en que necesitaba esa voracidad al dibujar porque estaba practicando mi estilo.
-Hay algo de documentar tu vida en tus dibujos, que se encuadra con producciones artísticas de mujeres de otras disciplinas, escritura, teatro, poesía, música, donde se están contando a sí mismas, ¿lo pensás en estos términos?
-No porque son cosas que las fui aprendiendo con el tiempo. Yo no sabía que era feminista, lo aprendí. Sí en la adolescencia pensaba algunas cosas, pero no tenía idea que se encuadraban en algo. Pero sí me di cuenta que a mí me dieron ganas de dibujar y de contar historias cuando leía las de otras mujeres. Esa fue la influencia más importante que tuve, cuando entendí que no sólo se podía dibujar superhéroes o los prejuicios que yo tenía con la historieta. Cuando leí a otras mujeres me dieron ganas de contar lo que me pasaba.
-El café adónde vas a dibujar, Varela Varelita, parece una cofradía de dibujantas.
-Esto ya ocurría antes de que yo viniera. La primera vez que vine fue invitada por una dibujante. Es muy importante venir acá porque estamos dibujando solas todo el día, necesitaba charlar y ver cómo resuelven los otros. Todo el tiempo van surgiendo cosas nuevas en el dibujo.
-Hay algunas series en tu trabajo. Al principio unos dibujos más pasteles, en La Mano del Pintor están más saturados, después hay una serie en los museos donde reinterpretaste a los pintores que te gustan, y ahora estás mostrando esa serie de dibujos en las habitaciones donde las paredes son negras –la primera vez que veo ese color en vos- con escenas de sexo y gatos. ¿Cómo surgen esos cambios?
-No sé muy bien. A veces creo que tiene que ver con los materiales. El negro apareció cuando empecé a usar témperas. También tiene que ver con algo que haya visto y me quedó como un germen.
-Esa serie de las habitaciones es singular, en la vida las paredes no son negras por lo general, y en tu obra no es un color que aparezca.
-No me doy cuenta de todo esto hasta que alguien me lo señala. Por ahí me doy cuenta después.
-¿Es decir que te dejás actuar a vos misma y después reflexionás sobre lo que hiciste?
-Me cuesta pensar en eso, me sale más producir. A lo mejor después de un tiempo veo las relaciones, que por ahí son obvias, pero a mí me cuesta verlas. Me gusta que así sea, si me pongo a reflexionar mientras hago me quedo en eso, y siento que no avanzo.
-¿En qué estás trabajando ahora?
-En un libro que no es novela, son historias cortas sobre pintores que va a publicar en 2018 Editorial Sigilo. Entre una y cuatro páginas, con historias de los pintores que a mí me gustan. Estoy leyendo biografías, intentando buscar detalles que me llamen la atención. Lo empecé con la idea de hacer un fanzine en risografía, por eso lo hice en dos colores, rojo y azul. Cuando llegué a las 16 páginas me di cuenta que eran historias cortas pero muy adictivas, que podían ser libro. Estoy súper divertida con esto. Para mí es un desafío enorme intentar concentrar toda la historia en una escena.

“Yo no sabía que era feminista, lo aprendí”


-¿Qué pasa en Rosario que hay tantos dibujantes?
-Creo que es un semillero de dibujantes, artistas plásticos. Hay una generación previa, como la de Max Cachimba, que fueron los responsables de que tanta gente de mi edad se pusiera a dibujar, ellos lo propiciaron. Hay mucha efervescencia, mucha gente haciendo cosas. Creo que en eso también tiene buena culpa la aparición de figuras como José Sainz, que están arengando, atentos, para proponerle a esa gente que se inicia a hacer más historietas.
-Es una escena donde la producción sigue aferrada al papel. Ni siquiera los escritores trabajan hoy únicamente para publicar en papel.
-Sí, hay una fascinación con el papel como el mejor soporte, que creo que nunca va a terminar. Hay gente haciendo web comic, pero sigue habiendo muchas revistas y publicaciones en papel.
-Cuando presentaste La Mano del pintor como un proyecto en idea.me tuviste una repercusión enorme. ¿Cómo fue el proceso de Casa Transparente, tu próximo libro?
-Casa Transparente lo escribí justo después de La Mano del Pintor. Los tiempos se extienden mucho. El libro de Cándido lo terminé en 2015, inmediatamente me puse a hacer este. Cuando me vine a vivir a Buenos Aires estaba terminando Casa Transparente, hace dos años. Lo tenía terminado y guardado. Trataba de las casas que yo había cuidado durante esos años en Rosario. Y cuando vi esta convocatoria sobre ciudades iberoamericanas, y este libro tenía varias ciudades, aproveché la ocasión y lo saqué. Había algunas cosas que no me gustaban mucho, ahí lo trabajé de nuevo, le cambié el final, saqué algunas cosas, agregué otras. Lo mandé y ganó.
-¿Cuál es el premio?
-La edición y unos euros, que todavía no me pagaron, pero voy a aprovechar para mudarme sola por primera vez. Porque tenía muchas ganas de alquilar, pero no tengo nada, ni un tenedor, así que esto es un impulso y una emoción.
-¿Hubo presentación?
Sí, en la Feria de Guadalajara. Quedé agotada, pero estuvo buenísimo. Pronto será en Buenos Aires.

Link: http://almagrorevista.com.ar/maria-luque-cuando-veo-una-obra-esta-perfecta-creo-le-falta-encanto/

LatFem: La poesía como restauración de una voz propia


En el ensayo poético El otro lado de las cosas que escribió Natalia Romero (Blatt&Ríos, 2017)  hay una discusión sobre el feminismo, la escritura como método de emancipación y la poética -esta vez, pero aplicable a todxs- de Diana Bellessi.

Romero comienza la narración de su tesis con una experiencia personal. Cuenta cómo fue su acercamiento a la poesía: de chica, en Bahía Blanca, dibujaba, pero la representación le quedaba chica, corta, y empezó a pintar con óleo y acrílico donde la forma de la imagen que quería transmitir se asemejaba a la forma en tanto abstracción. Antes o después de eso pasó a las palabras. Ahí, en la poesía, Natalia se enfrentó a la mujer que debía ser dentro suyo. La mató. Y encontró a un hombre, también, más fuerte, más difícil de asesinar. Lo corrió con la escritura, única forma más fuerte que los géneros impuestos en la cultura, capaz de correr con honestidad esa dualidad que nos enseñan.

Dice: “La escritura fue y sigue siendo la única manera de llegar a mi hondura, a mi intimidad. En ese encuentro hay un pasaje que tiene que ver con lo que no se controla. Con lo sorprendente. Lo desprendido, lo libre”.

Y va detrás de eso en una búsqueda teórica que empieza por la necesidad de narrarse como mujer de la que habló Simone de Beauvoir en La mujer rota y atraviesa a Helene Cixous con su escribir es devenir mujer. ¿Por qué la mujer se escribe?, se pregunta Natalia, y se contesta: “porque la mujer tuvo (y aún tiene) que narrarse para existir”.

En esta mujer que escribe, que se escribe, hay un descubrimiento de lo propio y de lo otro. Lo que fue impuesto, lo asesinado, lo que uno es. La palabra y la escritura como restauración de lo que fue quitado en la historia de la mujer. El varón, el macho, monopolizó los sentidos y los roles.  “Esa mujer que escribe es una mujer que se apropia de su cuerpo, es una mujer que nace”, dice, como acto de reconocimiento hacia afuera y hacia adentro, de lo público y lo íntimo, de la poesía como política.

“La literatura femenina forma parte de un acto de reunión”, señala Romero, y pienso en que la literatura femenina es una forma de hacer política. Leernos, pensarnos, discutirnos, como forma de ampliar nuestras libertades, de reconocer todas las historias disidentes a esa dualidad de género, a las múltiples formas de intimidad. Recordé el ensayo de Marina Yuszczuk publicado en La Agenda hace poco, ahí ella habla de la red de mujeres que publica y escribe literatura femenina. Discute si hay o no un sello que unifique y sí afirma que somos las mujeres las que nos presentamos al mundo como escritoras, linkeándonos unas con otras, en afán de visibilizarnos. Pero también habla de la singularidad de un texto de autora: “el cuerpo de las mujeres aparece narrado de una manera que ningún varón podría practicar, así como ciertas experiencias que están atravesadas por el género. Y no necesariamente la pareja o la maternidad, sino incluso modos de leer, de relacionarse con la literatura misma, con la ficción”.

Si las lecturas son marcas de libertad, como dice Natalia Romero en su libro El otro lado de las cosas, una mujer que escribe se recupera a sí misma y a su libertad. Entonces estudia la obra de Diana Bellessi, quien mostró las marcas de subjetividad recuperada mediante la poesía: el exilio, el lesbianismo, el hombre que hay dentro de una. Ella, que fue activista feminista, hoy prefiere romper los moldes desde la vida cotidiana. Bellessi dice: “Hay que desmontarlo todo. ¿Cómo lo desmontamos? ¿Desde la teoría de género? No, prefiero desmontarlo desde la poesía”. Pero es ella también la que se refiere a la poesía como “la revuelta descomunal del habla íntima”. Y si el feminismo instala una nueva forma de autopercepción y de vinculación con los otros, en la vida cotidiana que es política y en la escritura mediante la experiencia individual, está la experiencia colectiva. Leyendo, escribiendo, viviendo, está el mapa de recuperación de lo que se nos fue quitado.

Link: http://latfem.org/restaurar-la-poesia-como-restauracion-de-una-voz-propia/