28 de abril de 2015

Nuevo proyecto: Los Cartógrafos

Entrevista a nosotros mismos



¿Qué es Los Cartógrafos?
Los Cartógrafos es un podcast. 
¿Qué es un podcast?
Un podcast es una pieza sonora colgada en internet.
¿Sobre qué será el podcast?
El podcast será un experimento que se nos ocurrió un día tomando mates los tres, dándole vueltas a unas ideas. Queríamos hacer algo que mezcle el cine, la música y la literatura. Queríamos algo que demuestre (como un telón abriéndose) lo que ocurre en el país, la producción artística que está ahí afuera (adentro) de nosotros mismos. 
¿Cómo será cada episodio?
Será un trinomio compuesto por tres artes al servicio de la creación.
¿Cada cuánto lo van a colgar?
Será una publicación cada 15 días a partir de… MI TE RIO.
Para saber más: http://loscartografos.tumblr.com/

Crónica para @BlogAlaska - Expedición antártica: Islas Malvinas

Expedición antártica: Islas Malvinas

Terminé de rendir mi último final y mi mamá me dijo: ¿Querés venir conmigo a un crucero al fin del mundo? Le dije que sí. El regalo más hermoso que me hicieron salía del puerto de Buenos Aires, tocaba tierra en Montevideo al día siguiente, y tenía dos días de navegación para llegar al punto más importante de la travesía: las Islas Malvinas.

Todo era muy extraño arriba del barco. Mi vieja es fanática de los cruceros y yo ya había viajado en uno o en dos, pero este era diferente a los que había conocido. El barco tenía una magnitud enorme, como un edificio acostado con un laberinto de lujo por adentro. Los turistas no tenían ánimo de reviente y carnaval carioca, eran señores mayores, nórdicos en su mayoría, muy finos y elegantes. Nosotras habíamos pescado una promoción de la línea Princess Cruises para atraer viajeros sudamericanos y parecíamos eso: sudacas de safari por nuestro mar. No importaba, la experiencia valía la pena.

Montevideo me impactó. Su personalidad, detenida en los ’80 me daba la sensación de estar en un set de filmación todo el tiempo. Era una cinta en cámara lenta que pasan en el canal Volver, todos los colores eran pasteles, a pesar del sol vertical sobre nosotras. La rambla infinita hacia el mar, el final de todo lo bonaerense. Tan cerca, tan diferente.

Navegar dos días y dos noches es agotador. El piso se mueve, lo que comés se revuelve, lo inmenso del barco se empequeñece hasta llegar al ridículo cada vez que vas a proa y mirás el horizonte estático, siempre en el mismo lugar. ¿Estamos yendo de verdad hacia un pedazo de tierra o es todo un holograma? ¿Nos movemos o estamos quietos? Hay una estela de agua que confirma lo primero, hay un entorno que confirma lo segundo.

Lo peor es la mente. Uno nunca tiene tanto tiempo para pensar como en altamar. Me había llevado dos libros, una novela que no recuerdo y Siddharta, de Hermann Hesse, acorde a mi tierna juventud. También me llevé un diario íntimo que ahora no sé dónde está, y una cámara con fotos que perdí. Desde Montevideo a las Islas Malvinas no sólo se desciende en el mapa, también en temperatura. Pasamos del verano rioplatense al invierno antártico. También pasó algo en el alma, en el interior. Ojalá hubiera tenido más años para poder entenderlo, ahora lo comprendo mejor con la distancia, aún joven, aún romántica.

Mi mamá no pudo dormir la noche anterior. Habíamos hecho un plan: el barco anclaba a las 6 am y la primera barca descendía a las 7 am. Pusimos el despertador a las 6.30 para desayunar y bajar rápido. Habíamos averiguado con el único latinoamericano de la tripulación, un mozo uruguayo, que había sólo 10 taxis en la isla que nos podían llevar al cementerio de nuestros soldados.

El crucero ancló en una bahía frente al Puerto Argentino (o Standley) y unos barquitos más pequeños nos llevaban hasta el muelle del pueblo. El diminutivo sólo es a comparación porque en esas barcas entran 100 personas. Mientras nos acercábamos, el viento de mar nos abofeteó la cara. Estábamos en el más crudo invierno que conocí, en un 16 de febrero de 2007.

Lo que se veía mientras el bote se movía y se acercaba era un pueblo pequeño, de cuatro o cinco manzanas, con casas de ladrillo a la vista y techos de colores rojos, azules o verdes, y un cartel inmenso, apoyado sobre la tierra, que decía WELCOME TO THE FALKLAND ISLANDS. Se nos helaba la sangre.

Mi hermana era muy chica en ese momento y fue arduo levantarla tan de madrugada. Estábamos en tierra a las 7.30 am y no quedaba ni la sombra de un taxi disponible. De los 3.000 pasajeros que habían en ese barco, más los 1.500 tripulantes, con que 50 bajaran antes que nosotros, estábamos sonadas. Y así fue. El puñado de argentinos había hecho el mismo plan que nosotros y nos ganaron de mano.

No nos quedó otra que pasear por el pueblo. El viento venía directo desde uno no sabe dónde, porque no hay nada alrededor, y en la mente nunca se va la imagen del punto al lado del otro punto y todo el mar alrededor. Estábamos en una isla, muy cerca de la Antártida.

Guantes, bufanda, campera, botas y la camiseta de Argentina abajo: salimos a pasear. Recorrimos rápidamente esas pocas cuadras de pueblo con una roca dura e indigerible en nuestras panzas. Las casas eran inglesas, la gente hablaba en inglés, no había vestigios de argentinismos: era territorio extranjero.

Al final de la rambla de la bahía, que se llamaba Thatcher Drive, había bastante gente sacándose fotos en un monumento. Fuimos a ver de qué se trataba y decía: “In memory of those who liberated us” y un listado de nombres ingleses alrededor del mausoleo. La piedra se fosilizaba en nuestra panza. En frente, en la escasa entrada de agua, un barco abandonado hundía el pasado y lo congelaba frente a todos.

Volvimos al puerto y entramos a Turismo. Ahí nos contaron –en inglés- que había un tour pronto a la pingüinera que estaba del otro lado de la isla. Decidimos ir. Recorrimos la estepa por una hora en un mini colectivo junto a otros viejos anglosajones y llegamos a una playa de arenas blancas y cientos de pingüinos. El espectáculo natural era impresionante. Las nubes parecían erupcionar una detrás de la otra, salidas de un cuadro apocalíptico. Los pingüinos caminaban por todos lados, con ese andar tan chistoso a los Chaplin, el ingrediente ridículo a una situación fuera de serie, fuera de vida.

Nos alejamos de la playa principal por un circuito bien delimitado para el turista para ver otros sectores de la pingüinera. En la estepa habían caños oxidados y cosas metálicas que no sabíamos qué eran, hasta que un cartel nos señaló –en inglés- que no saliéramos del camino porque podían quedar minas activadas de la guerra con Argentina en 1983. Un refugio de cemento con un cañón apuntando hacia el mar fue lo que necesitamos para volver, adoloridas y en silencio, hacia el micro, hacia el barquito, hacia el crucero. El resto de las horas que quedaban en tierra las dedicamos a tomar el té y mirar, bien a lo lejos, algo que todavía no logro divisar bien qué es.

“Poco a poco fue floreciendo y durando en Siddhartha la idea, la noción de lo que realmente era la sabiduría, el objetivo final de su larga búsqueda. No era otra cosa que una disponibilidad del alma (…)”.

Texto: Romina Zanellato — @romizanellato

Link a la nota: https://medium.com/@BlogAlaska/expedici%C3%B3n-ant%C3%A1rtica-islas-malvinas-71c821200765

LosInrocks - #SellosIndependientes: Lofi Records y BYM Recodrs


“¿Para qué pagar por hacer algo que podemos hacer nosotros?”. Con esa pregunta autogestiva nació Lo-fi Records, sello cordobés que prefirió grabar a su primera banda, Ultrasuave, de manera casera y no pagar más un estudio de grabación. “A partir de ese entonces, y aún ahora, el objetivo es editar música casi a como dé lugar, pero sobre todo con convicción”, explica el director Caleb Martínez.
Lo-Fi Records cuenta con un catálogo de bandas experimentales comprometidas con la honestidad del formato canción, de sonidos que se enmarcan en estilos como dream pop, shoegaze y kraut rock. En el sello se pueden escuchar los discos deFonez, Ultrasuave, Tres D, Martínez, Clochard, Blasto Fluss y MCTP. Además, ya editaron cinco compilados con bandas  propias y de sellos amigos como Vagina Records o Volante Records.
El origen de Lo-fi Records se remonta al año 95, cuando los tres Ultrasuave entraron al estudio, pagaron y se fueron con la decisión de no hacerlo más de esa forma. “Fueron a grabar uno de sus primeros cassettes a un estudio profesional y ahí se dieron cuenta de que no estaban ni cerca del sonido que buscaban”, cuenta Caleb, quien heredó el sello a medida que los chicos de la banda fueron creciendo en edad y enfocándose cada vez más en grabar.
Caleb recuerda que uno de los Ultrasuave dijo algo que marcó el futuro del sello, toda una declaración de principios: “Estábamos tan convencidos de lo que hacíamos que si venían los de Creation Records o Sub Pop a ofrecernos algo les íbamos a decir que no”. A partir de ahí, cada banda que se sumó a Lo-fi y que grabó bajo su sello fue con la convicción de hacer las cosas de una manera personal y única.
Ultrasuave fue la primera banda del catálogo; después se recaudó dinero para editarBlasto Fluss  (“Un EP lleno de máquinas, ruidos y cosas que poco tenían que ver con el primer disco del sello”), y luego se fue dando una selección natural de bandas que se iban acercando y que tenían un sonido que dialogaba con el catálogo. “Nos interesa esa cuestión del verdadero espíritu independiente que poco y nada tiene que ver con esa triste y agotada etiqueta llamada Indie”, sostiene Caleb. Y luego, sentencia que en las bandas de Lo-fi Records “hay una honestidad que no he visto en casi ninguna de las otras bandas de Córdoba, que están más preocupados por detalles profesionales, olvidándose que al final solo te quedan las canciones, y eso es lo que más importa”.
Los discos de Lo-fi Records se editan de manera física en CD y digital, se consiguen en ferias independientes, algunas tiendas y en su bandcamp, donde se puede escuchar todo el catálogo.

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Skype emula el tono de llamada y envía una conexión trasandina que recibe Juan Pablo Rodríguez desde Santiago de Chile. “Muy bien acá, llegó el otoño y refrescó, muy puntual”, dice uno de los cuatro miembros del sello BYM Records, en sintonía meteorológica perfecta de un lado y del otro de la cordillera.
BYM Records es una máquina compuesta por pequeñas piezas artesanales, puestas una por una con amor, dedicación y una fuerte convicción personal que arman un engranaje de música psicodélica, rock, punk y garage que llegó a todo el mundo.
Somos pocos y, como hacemos las cosas de acuerdo a lo que pensamos, a veces el crecimiento es lento pero sostenido”, dice Juan Pablo, integrante de la bandaFÖLLAKZOID, una de las pioneras del sello.
La historia de BYM se remonta a 2007, cuando los integrantes de cinco bandas se conocieron en el único bar que pasaba la música que ellos escuchaban y hacían. Con el objetivo de ahorrar energía en un trabajo grupal y poder impulsarse mejor entre todos nació BYM Records, como un colectivo de bandas. Las primeras ediciones deVuélvete loca y FÖLLAKZOID salieron en 2009 y de a poco se fueron sumando más músicos que compartían una visión: “Creemos en que hay que salir a la calle, dejar un rato la computadora; creemos en el DIY pero a lo grande”.
La marca del sello parece ser la convicción y la perseverancia en el objetivo compartido. No hay atajos posibles. Hay una única forma de lograr la “internacionalidad” que quieren: con trabajo.
Todo partió como un inconformismo de las cosas que se hacían en Chile. Nuestro primer objetivo fue llamar la atención dentro del país, darle cabida a una escena que no tenía representación en ningún lugar, no nos trataban bien, no había espacio. Y luego vino el objetivo de que todo el mundo conozca la verdad que hay en uno y en su país. Uno tiene la confianza de que lo que está haciendo es lo correcto; ahora queremos internacionalizar el sello lo más posible. Creemos que lo estamos logrando, si es que no  lo estamos haciendo ya”, cuenta Juan Pablo.
En Chile reina el pop en la escena independiente y se los conoce en el extranjero por artistas como Javiera Mena, Gepe, etc. Pero BYM quieren hacer las cosas diferente, no dejarse llevar por lo que denominan relaciones laborales perversas. “Nosotros no pretendemos llegar a la prensa para vender algo porque consideramos que la música no es un producto, no es algo que se tenga que vender. La música está ahí, si la querés encontrar la vas a buscar. Queremos dar a conocer lo que estamos haciendo, pero desde la honestidad del rock, de hacer lo que uno sabe y ama hacer. Nuestra parte es poner la música ahí, al alcance. Salir a venderla es antinatural”, dice.
Sin embargo, cada vez tienen más repercusión en los Estados Unidos y en Europa, donde Juan Pablo ve que algunos periodistas se acercan y se comunican con ellos interesados en el contenido, en la música.
El catálogo de BYM tiene bandas que le escapan a la clasificación fácil. Entre ellas está la argentina Nairobi y la chilena The Ganjas, que vino a Buenos Aires en varias oportunidades. “Lo ideal es escuchar algo que nunca escuché antes en mi vida –cosa que no suele ocurrir. Después buscamos que las bandas tengan un sonido particular, que no caigan en lugares comunes; que sean atrevidos, mantengan la concordancia con el sello, una forma de tocar particular, que haya un riesgo en la propuesta”.
Algo que ayudó a la internacionalización es una decisión que tomó Nes, el ingeniero del sonido del sello, que a partir de 2010-2011 quiso hacer todos los discos en vinilo, antes del boom que se dio del formato en el mundo. Para eso importó una máquina a Chile y empezaron a hacerlos ahí.
Tanto en los Estados Unidos, Europa o en Chile funciona igual. Nosotros vamos y tocamos, la gente se acerca porque sabe que tenemos un sello, se interesa por la música y nos pide trabajar juntos en pequeñas escalas, después va creciendo poco a poco. Es como ir a llevar tus discos a una disquería de la ciudad, pero se lo mandamos a un agente de otro país. Es eso pero en una escala mundial”, concluye.
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