Publicada el 9/11: https://latfem.org/shirley-manson-en-la-argentina-romper-el-sistema-binario-es-la-jugada-mas-inteligente-que-podemos-hacer-como-sociedad/
El teatro estaba lleno de “rarxs”. La sala catalana de San Telmo tenía todas las butacas y palcos ocupados por mujeres, lesbianas, trans, gordas, negras, marrones, a pie, en silla de rueda, y unos pocos fans de remera negra. El telón bordó y las luces tenues del Espacio Xirgu Untref preparaban la emoción que se vendría. “¿Cuándo sintieron por primera vez que las estaban pasando por alto solo por ser mujer?”, preguntó Barbi Recanati. El fuego ya estaba encendido. Shirley Manson, esa que en 2001 vimos mear de parada en el video Androgyny de su banda Garbage, agarró el micrófono con decisión: “Lo primero que se me viene a la cabeza es como un fuego, porque yo siempre fui una líder poderosa de mi banda”. Apasionada, comenzó el relato de algo que le pasó hace unos años con un tono entre gracioso y enfurecido. Shirley le había dado instrucciones específicas al abogado de su banda, y éste, en lugar de hacer lo que le pidió, fue a consultarlo con el resto de los músicos varones. “Cuando me vinieron a contar me pareció raro, tardé unos minutos en darme cuenta lo que había pasado, y dije fuck him, I want him out, lo quiero afuera, y mis compañeros dijeron: bien”.
En el escenario estaba la música Barbi Recanati como moderadora de la charla final del Goza Tour, un ciclo de conversaciones que durante todo el año giró por las provincias con invitadas especiales (Miss Bolivia, Susy Shock, Marilina Bertoldi, Pat Pietrafesa, Lula Bertoldi, Natalia Perelman, Mariana Paraway, Florencia Mazzone y la periodista de LatFem Romina Zanellato) organizado por el British Council, Futurock y el sello feminista Goza Records para debatir la situación de las mujeres, lesbianas, trans, no binaries en la industria de la música. El cierre ocurrió el jueves a la tarde y tuvo dos invitadas de lujo, la escocesa Shirley Manson, líder de Garbage, y la música chilena Francisca Valenzuela, motor del festival y plataforma feminista Ruidosa.
“Hay algo subversivo en apropiarse de tu propio proyecto. Me costó mucho empoderarme de mi deseo, de no sentir vergüenza o culpa de ser ambiciosa, y dejar de delegar la inteligencia de mi proyecto en otros”, dijo Valenzuela. Antes de empezar la charla, tocó unas canciones en el piano con sus coristas, y contó que ahora su equipo de trabajo está compuesto por mujeres y miembrxs de la comunidad LGTBIQ+. Al principio, acataba las formas del mercado, las imposiciones de los sellos, el maltrato patriarcal de la industria, hasta que entendió que podía hacerlo de otra manera, hasta que en una entrega de premios se fue a un rincón y encontró a otras colegas en la misma incomodidad. Al volver a su casa esa noche de premiación, Francisca decidió hacer Ruidosa, un festival chileno que tiene el objetivo de visibilizar a las músicas y les musiques que no llegan a los grandes escenarios, y que también tuvo sus versiones en México y Los Ángeles. “Tuvimos que hacer el relevamiento de la participación de mujeres en los carteles de los festivales para callar a aquellos que siempre tienen un pero ante nuestros reclamos. El dato mata la opinión, el número es el argumento”, dijo.
La discusión, sobre el escenario, viró hacia la ley de cupo para asegurar un 30% de músicas en los escenarios de los festivales, proyecto que tiene media sanción en el Congreso. Shirley, con su pelo naranja y su media cabeza rapada, no dudó. “Cuando era joven estaba en contra de la discriminación positiva, creía que la ley no modificaba la cultura, pero ahora creo que no se puede confiar en el corazón y la buena voluntad de los empresarios de la industria. Ya quedó demostrado que son corazones corruptos. Así que sí, dame el maldito cupo que me corresponde”, y su carcajada, estruendosa, rebotó por la sala, por lxs espectadorxs, contagiosa, productora de más risas, más eco.
Íntima y poderosa
El viernes por la mañana Shirley llegó con su marido a la casa de Barbi Recanati en Colegiales. Un pequeño grupo de periodistas de música la esperaba para una entrevista íntima en la sala de estudio de Goza Records. De camisa blanca y pañuelo rojo con lunares, la escocesa transmitía curiosidad, empatía y poder. El día anterior había hablado sobre abusos, sobre lo hardcore bitches que ella y sus colegas tuvieron que ser en los ’90 para sobrevivir en la escena, y aún le resonaban las preguntas del público, lo poderoso que fue el encuentro para ella. Ahí, rodeada de periodistas precarizadas y discriminadas en sus propias redacciones, Shirley empezó haciendo las preguntas. “Pero, ¿cómo puede ser que no puedan escribir sobre rock? ¿por qué eligen siempre a redactores varones?”. La catarsis comenzó y ella escuchaba azorada cómo los editores de los grandes medios dieron excusas y vueltas ante el único requerimiento que pidió Barbi Recanati: las notas las escriben periodistas mujeres. El espacio lo hacemos entre nosotras, de manera colectiva, fue el resumen.
Y el interés de Shirley por Argentina empezó así: La primera vez que vino la entrevistó la periodista de MTV Mikki Lusardi y pegaron onda. Ella le contó sobre el movimiento #NiUnaMenos y empezó a prestar atención. “Las empecé a seguir en Instagram y me mantenía informada por ahí”, dice. La segunda vez que vino, en 2016, “las chicas muy jovencitas me ponían un pañuelo verde con una insignia blanca en la mano y yo no sabía qué era, empecé a averiguar”, cuenta. Desde la cuenta de Twitter de su banda, Garbage, se pronunció en varias ocasiones como compañera de la lucha feminista argentina.
En los días que estuvo en Buenos Aires, Shirley entró a varias iglesias de la ciudad, y quedó flasheada con la pasión de lxs creyentes que vio. “Fue muy intenso ver a estas personas persignarse en el estrado, y por eso creo que es tan importante el pañuelo verde y la luchan que llevan adelante, porque están luchando contra algo muy poderoso, con mujeres que creen que abortar las convertirá en el diablo”.
Si bien dijo que no se considera una activista porque no dedica su vida entera a la causa, a lo largo de la entrevista habló sobre las mujeres iraníes, las brasileñas, las francesas, las comunidades trans de su país de adopción, Estados Unidos, y de su tierra natal, Escocia.
Lo que aprendió y lo que dice en cada respuesta habla de un feminismo transversal y no especista: “Tenemos que hablar con todas, con mujeres negras, marrones, indígenas, en sillas de rueda, trans, no binaries, con todes. Si sólo nos centramos en las luchas de las mujeres blancas el feminismo no va a avanzar, tenemos que pensar en todas, y eso se hace hablando y conociéndonos”, resaltó.
Glitter, Rihanna y Evita
“Me hago lesbiana por Rihanna”, dijo, y explotó la carcajada. “Quién no”, “quiero esa risa de ringtone”, se escuchó por lo bajo. En el estudio de Goza Records, Shirley Manson hablaba con la custodia de una gran fotografía de Patti Smith y un pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la pared. “Para mí Rihanna es una gran modelo a seguir, la amo. Lizzo también es excelente, nunca hubiera podido funcionar en mi tiempo. Igual que Billie Ellish, convoca de una manera increíble a les jóvenes. Ahora hay otras formas de ser mujer y de ser exitosa”, dice.
“Fuiste a comer al Museo Evita y subiste una foto con un mural de Evita, ¿qué te convoca de su figura?”, pregunta la periodista Paz Azcárate, y Shirley empieza con su anécdota: “Cuando era chiquita, en los ’70, el musical de Evita de Andrew Lloyd Webber pegó mucho en Escocia, y lo canté en el coro de la escuela, lo toqué con violín y piano. Mis maestras me contaron su historia y, aún sin saberme feminista, me encendió su vida. Toda mujer poderosa me interesa. Sus discursos me conmueven”. La periodista Catalina Greloni Pierri le recordó que tocó No llores por mí Argentina en su último show que dio con Garbage en el Luna Park. Las risas explotaron de nuevo y Shirley pidió disculpas por eso. “Me dijeron que soy peronista pero que aún no lo sabía, y les creo”, confesó.
Hermosa e imponente, Shirley contó que muchas veces le ofrecieron hacer fotos desnuda o sexy y que ella prefirió mostrarse rara y feroz. “Siempre entendí el poder del cuerpo de la mujer”, dice, y ahora se ríe de sus arrugas, de las veces que a los 30 le dijeron que era muy grande para liderar una banda porque ya no era fuckable, o cogible. La imagen agresiva y masculinizada de sí misma siempre le interesó, y está en sus canciones desde el primer día. Siempre supe que era heterosexual, pero me fui dando cuenta con los años que me identifico con lo no binario. Romper el sistema varón-mujer es la jugada más inteligente que podemos hacer como sociedad, y hay que mirar a la comunidad LGTBIQ+ para aprender de elles”.
Hubo aplausos, risas, foto grupal, individual, medialunas y café negro para ella. El domingo se va a Chile, a tener la misma charla con Barbi Recanati y Francisca Valenzuela del otro lado de la cordillera, donde el fuego está prendido.
10 de noviembre de 2019
Infobae: Brenda Mato y la historia detrás de su "activismo gordo”: “Me mandaron a hacer la primera dieta a los 9 meses de vida”
Brenda Mato y la historia detrás de su "activismo gordo”: “Me mandaron a hacer la primera dieta a los 9 meses de vida”
Publicada el 3 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/03/brenda-mato-y-la-historia-detras-de-su-activismo-gordo-me-mandaron-a-hacer-la-primera-dieta-a-los-9-meses-de-vida/
“Me mandaron a hacer la primera dieta a los 9 meses de vida", dice Brenda Mato, modelo de talles grandes. “La pediatra le dijo a mi mamá que estaba excedida de peso y que tenía que restringirme alimento. Hacía tres meses que no me alimentaba con otra cosa que no fuera leche”. La anécdota le causa gracia hoy, 29 años después, pero fue la primera de muchas situaciones donde su peso determinó su vida.
Brenda tiene un cutis de porcelana y una boca chiquita como un bombón rojo, su cuerpo tiene las curvas de un reloj de arena exuberante, desborda en eso que la industria del modelaje y en la sociedad se plantea como pecado capital. En su cuenta de Instagram, con casi 50 mil seguidores, se la ve en bombacha y corpiño, en bikinis, posando un jean y un blazer en la ciudad, comiendo un sándwich vegetariano de milanesa.
Cada uno de sus posteos es un motivo para hablar de su activismo gordo -el movimiento que reivindica los cuerpos grandes, tanto como objeto de deseo como deseantes, para quitarles la etiqueta de “cuerpo enfermo sólo por ser gordo”-, y del movimiento “body positive” -que busca la aceptación positiva de todos los cuerpos-. La semana pasada Brenda fue a Incorrectas, el programa de TV de Moria Casán y sufrió, una vez más, lo que se conoce como gordofobia. El debate en las redes estalló. ¿Cuando una persona flaca se muestra comiendo un sándwich de milanesa se la acusa de lo mismo que a una gorda?
“No, hace seis años que soy vegetariana y estaba emocionada porque encontré un lugar que hacía sándwiches de milanesa espectaculares. Estaba feliz. Porque subí una foto a Instagram la gente enseguida me acusa de que esa sea mi alimentación cotidiana. ¡Y no! Después están los que me preguntan cómo puede ser que sea gorda siendo vegetariana. Estoy harta. Ya no le doy explicaciones a nadie, menos a desconocidos por Internet”, dice a Infobae.
La gordura viene por el lado de su mamá. Es una cuestión genética, tienen las mismas curvas exuberantes. De niña recuerda haber sido consciente de que su cuerpo era más grande que el de las otras chicas, pero no la pasó mal porque su familia no fue restrictiva con ella. “Jamás me hablaron de manera negativa sobre mi cuerpo y si yo quería una golosina no me decían que no porque fuera gorda”, cuenta. “El recuerdo más feo de esa época fue a los 6 o 7 años, me quería disfrazar de Sailor Moon, mi dibujito preferido, mi ídola, y el talle 12 me quedaba chico. Me compraron el más grande que había pero sólo lo podía usar en casa porque me quedaba corto”.
La adolescencia fue el momento más oscuro y doloroso para ella. Pasó por tantas nutricionistas que perdió la cuenta, siempre le pasaba lo mismo: sacaban del cajón una hoja con un plan de comidas que ya tenían hecho. No tenían en cuenta su vida, sus emociones, su rutina. Sin embargo, bajó mucho de peso y estaba delgadísima. “Pero en el colegio el título de gorda ya me lo había ganado y era muy difícil salir de ahí”.
Cuando se desarrolló el cuerpo fue una explosión de crecimiento y hormonas que le parecían incontrolables. El primer corpiño que se compró, de adolescente, fue talle 90. “Lo que me pasaba es que, por mi contextura, nunca iba a poder ser considerada delgada, incluso siendo lo más delgada posible para mi cuerpo. Yo tenía un cuerpo distinto al de la mayoría. Es una locura ese nivel de confusión que te generan los estereotipos, los mandatos culturales. Nunca llegás a ser lo suficiente delgada”.
La culpa, el castigo y el odio sobre el propio cuerpo durante la adolescencia es un relato que se repite entre las mujeres, tengan la talla que tengan. Pero, ¿son responsables de su propio peso?
“Es muy difícil explicar la obesidad. No es cierto que la persona que come mucho es obesa y la que come poco es delgada. La obesidad es un gran enigma para la medicina. Es, en gran medida, un tema en el que confluyen la genética y las experiencias alimentarias de los primeros años de vida”, explica a Infobae el Dr. Carlos Tajer, cardiólogo, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital El Cruce y expresidente de la Sociedad Argentina de Cardiología.
Si bien la obesidad es, efectivamente, un factor riesgo para enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, las cardiovasculares, “hay obesos metabólicamente sanos, que no tienen ninguno de estos cuadros”, sigue. En su investigación sobre “La obesidad y sus paradojas”, Tajer señaló que una parte de estas enfermedades se pueden prevenir fácilmente (reduciendo la sal y tomando una pastilla por día para la hipertensión, por ejemplo) y los riesgos se controlan.
Sin embargo, el yugo cultural es enorme. “Estar delgado es una especie de ideología. Si bien la gordura está distribuida en toda la población, las clases altas tienen particular preocupación por evitarla porque el modelo de exigencia corporal es muy alto", sostiene el cardiólogo.
“Si uno mira el tema desde el punto de vista social se ve que las poblaciones están aumentando de peso, es un fenómeno cultural muy fuerte. En la Encuesta de Factores de Riesgo del INDEC se ve un aumento año a año (evidenció que el 66% de los individuos tuvo exceso de peso en 2018, cuando en 2005 no llegó al 50%) . No es algo individual, es algo que ocurre en Occidente. Es un tema de política general y estamos todos de acuerdo en revertir este fenómeno. Ahora, desde el punto de vista individual es cultural, responde más a prejuicios que a algo medicinal”.
El modelaje
Después de esa época oscura de la adolescencia, Brenda Mato decidió que tenía que vivir de la mejor manera posible, así que retomó lo que más le gustaba desde chica: bailar y actuar. Al poco tiempo, en 2012, una amiga suya buscaba “una chica normal” para hacer unas fotos de su marca de ropa. Quería cuerpos cotidianos.
La llamó y Brenda le dijo que sí. “Me pagó 300 pesos, me acuerdo, era un montón”, cuenta. “Nunca fue mi sueño ser modelo, ni se me ocurrió”. Ahí comenzó una carrera que no paró nunca. Se hizo una página en Facebook, abrió una cuenta en Instagram para mostrar los trabajos que le salían y empezó a recibir mensajes de gente que se sentía identificada con su cuerpo.
Cuando la ONG AnyBody buscaba una vocera para hacer una campaña para que Facebook eliminara las etiquetas “me siento gorda” y “me siento fea” se postuló y la eligieron porque mostró una postura positiva sobre sí misma. “Ahí me llegó toda la parte teórica del movimiento gordo. Me puse en contacto con el taller Hacer la Vista Gorda, con los activistas Nicolás Cuello y Laura Contrera, de quienes aprendí mucho. Yo no buscaba ser activista, tampoco modelo, fue lo que me pasó”. Ayer, además, Brenda ganó un concurso de Avon en Latinoamérica para ir a conocer Nueva York con cuatro instagramers más.
El activismo gordo va ganando espacio dentro de los feminismos. En el Encuentro Nacional de Mujeres del año pasado, en Trelew, se hizo el primer taller de “Activismo gordx". Este año, en La Plata, se repetirá y se sumará otro más: “Mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales, no binares y la relación con sus cuerpos”.
Ahí se discutirán las relaciones entre la gordura, la alimentación y la pobreza, la Ley de Talles y la patologización de los cuerpos gordos. El ENM será el fin de semana largo (arranca el 12, termina el 14) y, por la cercanía y el momento histórico, se espera que sea masivo: irán, al menos, 200.000 personas.
En su Instagram hay cientos de mensajes privados y algunos posteos tienen 500 comentarios. Intenta contestarlos todos y dedicarle su tiempo a responder bien. “Las redes son lindas pero es agotador. Hay gente que sin conocerme me confía cosas muy íntimas, me mandan mensajes para desahogarse y abrir su corazón. Me dicen que gracias a leerme pueden mirar su cuerpo de otra manera, o que les hubiera gustado que, cuando eran jóvenes, hubieran existido mujeres como yo para verse reflejadas. Yo también hubiera querido que alguien me dijera que el sistema hace que odies tu cuerpo porque después va a lucrar con ese odio”, termina.
Para ella, mucha gente confunde la salud con lo saludable, y le exige a las personas que sean de determinada manera. “¿Y qué pasa si yo no fuera sana? ¿No debería mostrar mi cuerpo si tuviera colesterol?”, se pregunta. La gente que la cuestiona le exige “responsabilidad”, le dice que “los extremos son malos”: para el activismo gordo, esos comentarios se usan para esconder la forma de discriminación llamada gordofobia.
Después, se despide: “Lo que pasa con los cuerpos gordos es que muchos creen que es una enfermedad que nos autogeneramos. Me dicen: ‘vos sos gorda porque vos querés, porque no hacés lo suficiente para no serlo, es tu culpa’. Esas máximas son muy dañinas".
Publicada el 3 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/03/brenda-mato-y-la-historia-detras-de-su-activismo-gordo-me-mandaron-a-hacer-la-primera-dieta-a-los-9-meses-de-vida/
“Me mandaron a hacer la primera dieta a los 9 meses de vida", dice Brenda Mato, modelo de talles grandes. “La pediatra le dijo a mi mamá que estaba excedida de peso y que tenía que restringirme alimento. Hacía tres meses que no me alimentaba con otra cosa que no fuera leche”. La anécdota le causa gracia hoy, 29 años después, pero fue la primera de muchas situaciones donde su peso determinó su vida.
Brenda tiene un cutis de porcelana y una boca chiquita como un bombón rojo, su cuerpo tiene las curvas de un reloj de arena exuberante, desborda en eso que la industria del modelaje y en la sociedad se plantea como pecado capital. En su cuenta de Instagram, con casi 50 mil seguidores, se la ve en bombacha y corpiño, en bikinis, posando un jean y un blazer en la ciudad, comiendo un sándwich vegetariano de milanesa.
Cada uno de sus posteos es un motivo para hablar de su activismo gordo -el movimiento que reivindica los cuerpos grandes, tanto como objeto de deseo como deseantes, para quitarles la etiqueta de “cuerpo enfermo sólo por ser gordo”-, y del movimiento “body positive” -que busca la aceptación positiva de todos los cuerpos-. La semana pasada Brenda fue a Incorrectas, el programa de TV de Moria Casán y sufrió, una vez más, lo que se conoce como gordofobia. El debate en las redes estalló. ¿Cuando una persona flaca se muestra comiendo un sándwich de milanesa se la acusa de lo mismo que a una gorda?
“No, hace seis años que soy vegetariana y estaba emocionada porque encontré un lugar que hacía sándwiches de milanesa espectaculares. Estaba feliz. Porque subí una foto a Instagram la gente enseguida me acusa de que esa sea mi alimentación cotidiana. ¡Y no! Después están los que me preguntan cómo puede ser que sea gorda siendo vegetariana. Estoy harta. Ya no le doy explicaciones a nadie, menos a desconocidos por Internet”, dice a Infobae.
La gordura viene por el lado de su mamá. Es una cuestión genética, tienen las mismas curvas exuberantes. De niña recuerda haber sido consciente de que su cuerpo era más grande que el de las otras chicas, pero no la pasó mal porque su familia no fue restrictiva con ella. “Jamás me hablaron de manera negativa sobre mi cuerpo y si yo quería una golosina no me decían que no porque fuera gorda”, cuenta. “El recuerdo más feo de esa época fue a los 6 o 7 años, me quería disfrazar de Sailor Moon, mi dibujito preferido, mi ídola, y el talle 12 me quedaba chico. Me compraron el más grande que había pero sólo lo podía usar en casa porque me quedaba corto”.
La adolescencia fue el momento más oscuro y doloroso para ella. Pasó por tantas nutricionistas que perdió la cuenta, siempre le pasaba lo mismo: sacaban del cajón una hoja con un plan de comidas que ya tenían hecho. No tenían en cuenta su vida, sus emociones, su rutina. Sin embargo, bajó mucho de peso y estaba delgadísima. “Pero en el colegio el título de gorda ya me lo había ganado y era muy difícil salir de ahí”.
Cuando se desarrolló el cuerpo fue una explosión de crecimiento y hormonas que le parecían incontrolables. El primer corpiño que se compró, de adolescente, fue talle 90. “Lo que me pasaba es que, por mi contextura, nunca iba a poder ser considerada delgada, incluso siendo lo más delgada posible para mi cuerpo. Yo tenía un cuerpo distinto al de la mayoría. Es una locura ese nivel de confusión que te generan los estereotipos, los mandatos culturales. Nunca llegás a ser lo suficiente delgada”.
La culpa, el castigo y el odio sobre el propio cuerpo durante la adolescencia es un relato que se repite entre las mujeres, tengan la talla que tengan. Pero, ¿son responsables de su propio peso?
“Es muy difícil explicar la obesidad. No es cierto que la persona que come mucho es obesa y la que come poco es delgada. La obesidad es un gran enigma para la medicina. Es, en gran medida, un tema en el que confluyen la genética y las experiencias alimentarias de los primeros años de vida”, explica a Infobae el Dr. Carlos Tajer, cardiólogo, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital El Cruce y expresidente de la Sociedad Argentina de Cardiología.
Si bien la obesidad es, efectivamente, un factor riesgo para enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, las cardiovasculares, “hay obesos metabólicamente sanos, que no tienen ninguno de estos cuadros”, sigue. En su investigación sobre “La obesidad y sus paradojas”, Tajer señaló que una parte de estas enfermedades se pueden prevenir fácilmente (reduciendo la sal y tomando una pastilla por día para la hipertensión, por ejemplo) y los riesgos se controlan.
Sin embargo, el yugo cultural es enorme. “Estar delgado es una especie de ideología. Si bien la gordura está distribuida en toda la población, las clases altas tienen particular preocupación por evitarla porque el modelo de exigencia corporal es muy alto", sostiene el cardiólogo.
“Si uno mira el tema desde el punto de vista social se ve que las poblaciones están aumentando de peso, es un fenómeno cultural muy fuerte. En la Encuesta de Factores de Riesgo del INDEC se ve un aumento año a año (evidenció que el 66% de los individuos tuvo exceso de peso en 2018, cuando en 2005 no llegó al 50%) . No es algo individual, es algo que ocurre en Occidente. Es un tema de política general y estamos todos de acuerdo en revertir este fenómeno. Ahora, desde el punto de vista individual es cultural, responde más a prejuicios que a algo medicinal”.
El modelaje
Después de esa época oscura de la adolescencia, Brenda Mato decidió que tenía que vivir de la mejor manera posible, así que retomó lo que más le gustaba desde chica: bailar y actuar. Al poco tiempo, en 2012, una amiga suya buscaba “una chica normal” para hacer unas fotos de su marca de ropa. Quería cuerpos cotidianos.
La llamó y Brenda le dijo que sí. “Me pagó 300 pesos, me acuerdo, era un montón”, cuenta. “Nunca fue mi sueño ser modelo, ni se me ocurrió”. Ahí comenzó una carrera que no paró nunca. Se hizo una página en Facebook, abrió una cuenta en Instagram para mostrar los trabajos que le salían y empezó a recibir mensajes de gente que se sentía identificada con su cuerpo.
Cuando la ONG AnyBody buscaba una vocera para hacer una campaña para que Facebook eliminara las etiquetas “me siento gorda” y “me siento fea” se postuló y la eligieron porque mostró una postura positiva sobre sí misma. “Ahí me llegó toda la parte teórica del movimiento gordo. Me puse en contacto con el taller Hacer la Vista Gorda, con los activistas Nicolás Cuello y Laura Contrera, de quienes aprendí mucho. Yo no buscaba ser activista, tampoco modelo, fue lo que me pasó”. Ayer, además, Brenda ganó un concurso de Avon en Latinoamérica para ir a conocer Nueva York con cuatro instagramers más.
El activismo gordo va ganando espacio dentro de los feminismos. En el Encuentro Nacional de Mujeres del año pasado, en Trelew, se hizo el primer taller de “Activismo gordx". Este año, en La Plata, se repetirá y se sumará otro más: “Mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales, no binares y la relación con sus cuerpos”.
Ahí se discutirán las relaciones entre la gordura, la alimentación y la pobreza, la Ley de Talles y la patologización de los cuerpos gordos. El ENM será el fin de semana largo (arranca el 12, termina el 14) y, por la cercanía y el momento histórico, se espera que sea masivo: irán, al menos, 200.000 personas.
En su Instagram hay cientos de mensajes privados y algunos posteos tienen 500 comentarios. Intenta contestarlos todos y dedicarle su tiempo a responder bien. “Las redes son lindas pero es agotador. Hay gente que sin conocerme me confía cosas muy íntimas, me mandan mensajes para desahogarse y abrir su corazón. Me dicen que gracias a leerme pueden mirar su cuerpo de otra manera, o que les hubiera gustado que, cuando eran jóvenes, hubieran existido mujeres como yo para verse reflejadas. Yo también hubiera querido que alguien me dijera que el sistema hace que odies tu cuerpo porque después va a lucrar con ese odio”, termina.
Para ella, mucha gente confunde la salud con lo saludable, y le exige a las personas que sean de determinada manera. “¿Y qué pasa si yo no fuera sana? ¿No debería mostrar mi cuerpo si tuviera colesterol?”, se pregunta. La gente que la cuestiona le exige “responsabilidad”, le dice que “los extremos son malos”: para el activismo gordo, esos comentarios se usan para esconder la forma de discriminación llamada gordofobia.
Después, se despide: “Lo que pasa con los cuerpos gordos es que muchos creen que es una enfermedad que nos autogeneramos. Me dicen: ‘vos sos gorda porque vos querés, porque no hacés lo suficiente para no serlo, es tu culpa’. Esas máximas son muy dañinas".
Infobae: Niñas, no madres: denunciarán al Estado argentino en Washington por “obligar a las niñas abusadas a parir”
Niñas, no madres: denunciarán al Estado argentino en Washington por “obligar a las niñas abusadas a parir”
Publicada el 25 de septiembre en Infobae: https://www.infobae.com/sociedad/2019/09/25/ninas-no-madres-denunciaran-al-estado-argentino-en-washington-por-obligar-a-las-ninas-abusadas-a-parir/
Las cifras no bajan. En el país, por año, cerca de 2.500 niñas menores de 15 años llegan a los hospitales a parir. Las provincias con más alto índice de embarazo infantil son Tucumán, Salta, Misiones y Santiago del Estero. Se estima que el 80% de esos embarazos son producto de violencia sexual, la mayoría de los cuales ocurre en el ámbito intrafamiliar o en círculos cercanos a las víctimas. A pesar de que está próximo a cumplirse el centenario del artículo 86 del Código Penal argentino -que permite el aborto legal por tres motivos, uno de ellos la violación-, hay varias provincias que impiden que las niñas víctimas de violencia sexual puedan acceder a ese derecho.
“Obligarlas a parir, forzar su maternidad cuando ellas expresan lo contrario, eso es una tortura para nosotras. Hablamos de niñas de 11 o 12 años”, dice a Infobae Nora Pulido, coordinadora del Colectivo de Derechos de Infancia y Adolescencia, una coalición de organizaciones de todo el país que se encarga del seguimiento de la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño en la Argentina.
Ella es una de las tres mujeres que viajarán a Washington, Estados Unidos, a la audiencia temática del 27 de septiembre de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para denunciar los obstáculos que enfrentan las niñas y las adolescentes embarazadas producto de una violación para acceder a un aborto, derecho que fue ratificado por la Corte Suprema de la Nación en el fallo FAL en 2012. Pulido irá junto a Fernanda Marchese, directora ejecutiva de ANDHES (Abogados y abogadas del Noroeste argentino en derechos humanos y estudios sociales) y Celia Debono, coordinadora nacional de CLADEM (Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer).
Juntas, además de denunciar ante la CIDH la situación de Argentina, pedirán una audiencia regional porque detectan similares violaciones a los derechos de las niñas en los países de Latinoamérica y el Caribe. “Ya es un logro que la CIDH haya tomado el tema, muestra una preocupación de su parte”, dice a Infobae Fernanda Marchese, recién llegada de Tucumán y pronta a viajar a Washington.
Como el Estado argentino adhirió a los tratados internacionales con calidad constitucional, presentarse ante la CIDH y denunciar que los derechos de las niñas vulneradas no se cumplen puede generar una presión diplomática sobre el país. El rol de la CIDH es dar un seguimiento para que se cumplan los derechos asumidos, y en caso de que eso no ocurra, puede recomendar ciertas medidas para darle cumplimiento. Para ejemplificar la situación argentina, las organizaciones presentarán un caso testigo.
Lucía, el caso testigo
Lucía, la nena de 11 años que fue violada por el novio de su abuela en Tucumán y a quien el Estado provincial intentó por todos los medios negarle el acceso a su derecho al aborto, será ese caso. Lucía llegó al hospital el 11 de febrero de 2019 junto a su mamá, también víctima de violencia de género, repitiendo lo que nadie quería oír: “Quiero que me saquen de adentro lo que me puso el viejo”.
A la mamá le dijeron que la hija se le iba a morir si le practicaban un aborto y que ella iba a ser la responsable, le regalaron una tablet, le prometieron una casa nueva, le ocultaron información, todo para que protegiera a esas “dos vidas”, pero la nena pedía a gritos otra cosa. Ningún médico quiso hacerse cargo.
Lo que denunciarán es que las provincias argentinas, escudándose en el federalismo, no aplican el Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), elaborado en 2012 por el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable del entonces Ministerio de Salud de la Nación.
Es que Tucumán es la única provincia del país que no está adherida a la a la Ley nacional N° 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable. Si bien es una ley nacional, cada provincia tienen la potestad de adherir o no hacerlo, sin embargo, parte de lo que denuncian es que Tucumán no cumple lo dictado por la Corte Suprema, el Código Penal y los tratados internacionales que tienen mayor jerarquía legal.
Al ver que pasaban los días y nadie intervenía ni ayudaba a su hija de 11 años, la mamá de Lucía, desesperada, le pidió a una familiar que buscara “a las de los pañuelos verdes” y fue así como llegó a las activistas feministas y a las organizaciones Andhes y Cladem, que la patrocinaron.
Unas horas después de eso, Cecilia Ousset y José Gijena, una pareja de ginecólogos, intervinieron a Lucía y le realizaron una microcesárea en un quirófano vacío, porque todos los agentes de salud se proclamaron objetores de conciencia. Como la bebé se murió pocos días después, un grupo de abogados y abogadas de Tucumán denunciaron por homicidio a los médicos.
Lucía, que no se llama Lucía y a quien se le puso ese nombre para proteger su identidad y privacidad, está sana, aunque nunca será la misma niña que antes. Tuvo que cambiarse de escuela y todavía no pudo volver a su pequeño pueblo, de menos de 500 habitantes, porque el arzobispo de Tucumán Carlos Sánchez violó su anonimato y llamó a todos los fieles de la provincia a rezar por ella, con nombre y apellido.
“El caso tucumano es un caso testigo de falta de derecho. Si es el Estado nacional quien adhiere entonces es él quien debe garantizar el acceso al derecho a las niñas. El federalismo no puede ser un justificativo para vulnerar ese derecho. Queremos que la CIDH mire más allá de Buenos Aires, y que diga que es el Estado argentino el garante de los derechos de las niñas”, manifiesta Marchese.
Para qué puede servir
El objetivo es que si la CIDH se pronuncia con una serie de recomendaciones para Argentina, esto se traduzca en políticas públicas que generen acciones concretas en las provincias donde los derechos de las niñas están más vulnerados, que haya inversión concreta para reactivar el desfinanciado Plan Nacional de Prevención y Reducción del Embarazo no Intencional en la Adolescencia (ENIA) y la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en todas las escuelas.
“El Estado es responsable de generar igualdad en toda la ciudadanía, que no sea basada en la discriminación”, añade Florencia Vallino, abogada de la familia de Lucía. Aún no elevaron a la CIDH una petición individual donde se denuncie este caso porque quieren agotar todas las instancias locales antes. El abusador de la nena está en prisión preventiva y falta para su juicio. Aún está corriendo el caso de los médicos que hicieron el procedimiento y, por otro lado, una causa en el fuero de Familia.
“Este caso tomó una notoriedad pública porque hubo un movimiento de mujeres que ayudó a que se visibilizara, pero la pregunta es ¿cuántas otras Lucías hay en el resto de las provincias viviendo situaciones que consideramos tortura? Niñas menores de 15, con 11 o 12 años, víctimas de violencia sexual y obligadas a parir”, se pregunta Nora Pulido.
Durante 2017 hubo 2.493 bebés nacidos de niñas menores de 15 años en el país, según la Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS) de la Secretaría de Gobierno en Salud. Además, 91.586 adolescentes de entre 15 y 19 años tuvieron un parto en el país.
Sólo 12 provincias poseen un protocolo de acción para dar cumplimiento a los abortos por las tres causales contempladas en la ley, y luego ratificadas por la Corte Suprema en el fallo FAL (donde insiste en que no es necesario denunciar para acceder a la intervención). Otras 6 provincias tienen guías con más exigencias que las que demanda la ley y otras 6 provincias no cuentan con ninguna normativa: Catamarca, Corrientes, Formosa, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán.
Publicada el 25 de septiembre en Infobae: https://www.infobae.com/sociedad/2019/09/25/ninas-no-madres-denunciaran-al-estado-argentino-en-washington-por-obligar-a-las-ninas-abusadas-a-parir/
Las cifras no bajan. En el país, por año, cerca de 2.500 niñas menores de 15 años llegan a los hospitales a parir. Las provincias con más alto índice de embarazo infantil son Tucumán, Salta, Misiones y Santiago del Estero. Se estima que el 80% de esos embarazos son producto de violencia sexual, la mayoría de los cuales ocurre en el ámbito intrafamiliar o en círculos cercanos a las víctimas. A pesar de que está próximo a cumplirse el centenario del artículo 86 del Código Penal argentino -que permite el aborto legal por tres motivos, uno de ellos la violación-, hay varias provincias que impiden que las niñas víctimas de violencia sexual puedan acceder a ese derecho.
“Obligarlas a parir, forzar su maternidad cuando ellas expresan lo contrario, eso es una tortura para nosotras. Hablamos de niñas de 11 o 12 años”, dice a Infobae Nora Pulido, coordinadora del Colectivo de Derechos de Infancia y Adolescencia, una coalición de organizaciones de todo el país que se encarga del seguimiento de la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño en la Argentina.
Ella es una de las tres mujeres que viajarán a Washington, Estados Unidos, a la audiencia temática del 27 de septiembre de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para denunciar los obstáculos que enfrentan las niñas y las adolescentes embarazadas producto de una violación para acceder a un aborto, derecho que fue ratificado por la Corte Suprema de la Nación en el fallo FAL en 2012. Pulido irá junto a Fernanda Marchese, directora ejecutiva de ANDHES (Abogados y abogadas del Noroeste argentino en derechos humanos y estudios sociales) y Celia Debono, coordinadora nacional de CLADEM (Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer).
Juntas, además de denunciar ante la CIDH la situación de Argentina, pedirán una audiencia regional porque detectan similares violaciones a los derechos de las niñas en los países de Latinoamérica y el Caribe. “Ya es un logro que la CIDH haya tomado el tema, muestra una preocupación de su parte”, dice a Infobae Fernanda Marchese, recién llegada de Tucumán y pronta a viajar a Washington.
Como el Estado argentino adhirió a los tratados internacionales con calidad constitucional, presentarse ante la CIDH y denunciar que los derechos de las niñas vulneradas no se cumplen puede generar una presión diplomática sobre el país. El rol de la CIDH es dar un seguimiento para que se cumplan los derechos asumidos, y en caso de que eso no ocurra, puede recomendar ciertas medidas para darle cumplimiento. Para ejemplificar la situación argentina, las organizaciones presentarán un caso testigo.
Lucía, el caso testigo
Lucía, la nena de 11 años que fue violada por el novio de su abuela en Tucumán y a quien el Estado provincial intentó por todos los medios negarle el acceso a su derecho al aborto, será ese caso. Lucía llegó al hospital el 11 de febrero de 2019 junto a su mamá, también víctima de violencia de género, repitiendo lo que nadie quería oír: “Quiero que me saquen de adentro lo que me puso el viejo”.
A la mamá le dijeron que la hija se le iba a morir si le practicaban un aborto y que ella iba a ser la responsable, le regalaron una tablet, le prometieron una casa nueva, le ocultaron información, todo para que protegiera a esas “dos vidas”, pero la nena pedía a gritos otra cosa. Ningún médico quiso hacerse cargo.
Lo que denunciarán es que las provincias argentinas, escudándose en el federalismo, no aplican el Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), elaborado en 2012 por el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable del entonces Ministerio de Salud de la Nación.
Es que Tucumán es la única provincia del país que no está adherida a la a la Ley nacional N° 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable. Si bien es una ley nacional, cada provincia tienen la potestad de adherir o no hacerlo, sin embargo, parte de lo que denuncian es que Tucumán no cumple lo dictado por la Corte Suprema, el Código Penal y los tratados internacionales que tienen mayor jerarquía legal.
Al ver que pasaban los días y nadie intervenía ni ayudaba a su hija de 11 años, la mamá de Lucía, desesperada, le pidió a una familiar que buscara “a las de los pañuelos verdes” y fue así como llegó a las activistas feministas y a las organizaciones Andhes y Cladem, que la patrocinaron.
Unas horas después de eso, Cecilia Ousset y José Gijena, una pareja de ginecólogos, intervinieron a Lucía y le realizaron una microcesárea en un quirófano vacío, porque todos los agentes de salud se proclamaron objetores de conciencia. Como la bebé se murió pocos días después, un grupo de abogados y abogadas de Tucumán denunciaron por homicidio a los médicos.
Lucía, que no se llama Lucía y a quien se le puso ese nombre para proteger su identidad y privacidad, está sana, aunque nunca será la misma niña que antes. Tuvo que cambiarse de escuela y todavía no pudo volver a su pequeño pueblo, de menos de 500 habitantes, porque el arzobispo de Tucumán Carlos Sánchez violó su anonimato y llamó a todos los fieles de la provincia a rezar por ella, con nombre y apellido.
“El caso tucumano es un caso testigo de falta de derecho. Si es el Estado nacional quien adhiere entonces es él quien debe garantizar el acceso al derecho a las niñas. El federalismo no puede ser un justificativo para vulnerar ese derecho. Queremos que la CIDH mire más allá de Buenos Aires, y que diga que es el Estado argentino el garante de los derechos de las niñas”, manifiesta Marchese.
Para qué puede servir
El objetivo es que si la CIDH se pronuncia con una serie de recomendaciones para Argentina, esto se traduzca en políticas públicas que generen acciones concretas en las provincias donde los derechos de las niñas están más vulnerados, que haya inversión concreta para reactivar el desfinanciado Plan Nacional de Prevención y Reducción del Embarazo no Intencional en la Adolescencia (ENIA) y la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en todas las escuelas.
“El Estado es responsable de generar igualdad en toda la ciudadanía, que no sea basada en la discriminación”, añade Florencia Vallino, abogada de la familia de Lucía. Aún no elevaron a la CIDH una petición individual donde se denuncie este caso porque quieren agotar todas las instancias locales antes. El abusador de la nena está en prisión preventiva y falta para su juicio. Aún está corriendo el caso de los médicos que hicieron el procedimiento y, por otro lado, una causa en el fuero de Familia.
“Este caso tomó una notoriedad pública porque hubo un movimiento de mujeres que ayudó a que se visibilizara, pero la pregunta es ¿cuántas otras Lucías hay en el resto de las provincias viviendo situaciones que consideramos tortura? Niñas menores de 15, con 11 o 12 años, víctimas de violencia sexual y obligadas a parir”, se pregunta Nora Pulido.
Durante 2017 hubo 2.493 bebés nacidos de niñas menores de 15 años en el país, según la Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS) de la Secretaría de Gobierno en Salud. Además, 91.586 adolescentes de entre 15 y 19 años tuvieron un parto en el país.
Sólo 12 provincias poseen un protocolo de acción para dar cumplimiento a los abortos por las tres causales contempladas en la ley, y luego ratificadas por la Corte Suprema en el fallo FAL (donde insiste en que no es necesario denunciar para acceder a la intervención). Otras 6 provincias tienen guías con más exigencias que las que demanda la ley y otras 6 provincias no cuentan con ninguna normativa: Catamarca, Corrientes, Formosa, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán.
Inbobae: Encuentro Nacional de Mujeres 2019
Foto: María Paula Avila
Encuentro Nacional de Mujeres: “tetazo” frente a la Catedral de La Plata por la separación de la Iglesia del Estado
Publicada el 13 de octubre. https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/13/mujeres-realizaron-un-tetazo-frente-a-la-catedral-de-la-plata-para-reclamar-por-la-separacion-de-la-iglesia-del-estado/
“Basta de matarnos”: el reclamo de la marcha de travestis y trans con sus dos “santas” a la cabeza
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/basta-de-matarnos-el-reclamo-de-la-marcha-de-travestis-y-trans-con-sus-dos-santas-a-la-cabeza/
La Plata, copada por los feminismos: emoción y un cierre con una marcha multitudinaria
Publicada el 13 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/14/la-plata-copada-por-los-feminismos-emocion-y-un-cierre-con-una-marcha-multitudinaria/
Arrancó el 34° Encuentro de Mujeres en La Plata: pese al diluvio, se espera un récord histórico de participantes
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/arranco-el-34-encuentro-nacional-de-mujeres-pese-al-diluvio-se-espera-un-record-historico-de-participantes/
“Soy una mujer intersexual”: un silencio que se rompe y un tema que llega por primera vez al Encuentro Nacional de Mujeres
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/soy-una-mujer-intersexual-un-silencio-que-se-rompe-y-un-tema-que-llega-por-primera-vez-al-encuentro-nacional-de-mujeres/
Encuentro Nacional de Mujeres: “tetazo” frente a la Catedral de La Plata por la separación de la Iglesia del Estado
Publicada el 13 de octubre. https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/13/mujeres-realizaron-un-tetazo-frente-a-la-catedral-de-la-plata-para-reclamar-por-la-separacion-de-la-iglesia-del-estado/
“Basta de matarnos”: el reclamo de la marcha de travestis y trans con sus dos “santas” a la cabeza
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La Plata, copada por los feminismos: emoción y un cierre con una marcha multitudinaria
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Arrancó el 34° Encuentro de Mujeres en La Plata: pese al diluvio, se espera un récord histórico de participantes
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/arranco-el-34-encuentro-nacional-de-mujeres-pese-al-diluvio-se-espera-un-record-historico-de-participantes/
“Soy una mujer intersexual”: un silencio que se rompe y un tema que llega por primera vez al Encuentro Nacional de Mujeres
Publicada el 12 de octubre: https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/soy-una-mujer-intersexual-un-silencio-que-se-rompe-y-un-tema-que-llega-por-primera-vez-al-encuentro-nacional-de-mujeres/
Infobae: "Soy una mujer intersexual"
Publicada el 12 de octubre en Infobae:
https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/soy-una-mujer-intersexual-un-silencio-que-se-rompe-y-un-tema-que-llega-por-primera-vez-al-encuentro-nacional-de-mujeres/
“A los 7 años lo pregunté por primera vez. Mirando mi cuerpo me di cuenta de que era distinto al de los demás”, así empieza su relato Valeria Silva. “Le pregunté a mi mamá qué me pasaba, y ella me dijo que era hermafrodita (así se le decía en aquella época), que era muy probable que no pudiera ser madre de grande. Y que no tenía que decírselo a nadie para que no me discriminaran”.
Valeria nació en Bariloche hace casi 30 años. Es la octava de nueve hijos de una familia obrera. Cuando ella nació, los médicos no pudieron cumplir el protocolo de asignación de sexo que se aplica para anotar a un bebé como mujer o varón. “Como mi cuerpo era distinto, los médicos le plantearon a mis padres que había que corregirlo porque mi genitalidad no se correspondía con los parámetros que se establecen como ‘normales'", dice a Infobae.
Cuando una persona intersex como Valeria dice la palabra “corregir” se refiere a mutilar, a adecuar los genitales para que luzcan “normales” o a completar “lo que falta”. Los médicos modifican los genitales que no saben diferenciar si son muy chicos “para ser penes” o “muy grandes para ser clítoris”. Una persona intersexual puede tener distintas variantes en su cuerpo, como tener vulva y vagina pero no tener útero y ovarios. En el sistema médico tradicional se le asigna un sexo mediante una cirugía al cuerpo de una persona -en este caso un bebé que no puede dar su consentimiento, ni autopercibirse como varón o mujer-, sólo para adecuarlo a los cuerpos aceptados como varón y mujer.
Valeria está viajando desde Bariloche hacia La Plata y planea llegar hoy al 34° Encuentro Nacional de Mujeres (aunque ella está en el sector que pide que se cambie el nombre a Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias), donde se realizará por primera vez en la historia un taller sobre las personas intersexuales. Ella, después de un largo camino personal, se define como una mujer intersexual y una mujer mapuche. “Esa es mi identidad”, dice orgullosa.
Su historia es la de un cuerpo en libertad, y por eso lo cuenta. Pocas personas intersexuales corrieron con la misma suerte de Valeria. “Cuando el doctor se lo dijo a mi mamá al principio se asustó, la asustaron, era algo nuevo para ella”. Valeria fue criada en los barrios altos de Bariloche, en la zona más humilde de la ciudad, lejana al lago Nahuel Huapi. Sus padres se conocieron trabajando, los dos se mudaron jóvenes desde los parajes de la zona en busca de una actividad más rentable que la cría de cordero y chivo.
“Los médicos le insistían a mi mamá que tenían que operarme en los primeros años de vida para que no me queden recuerdos, pero ella y mi papá veían que yo no tenía problemas, que podía jugar, correr, ir al baño, y que no estaba en peligro mi vida. Entonces decidieron criarme como Valeria, y que si de grande yo quería cambiarme el nombre o reconocerme de otra manera ellos me iban a acompañar. Fue una decisión muy sabia, y creo que fue el mayor gesto de cariño y amor que recibí de su parte”, relata.
Valeria es empleada estatal de la provincia de Río Negro y activista mapuche. Y tiene, como tantas otras personas, una diversidad corporal. “La intersexualidad no es una identidad de género. El género es una construcción social y personal, cualquiera puede definirse como no binarie o trans y desde ahí performatear (modificar) su cuerpo, pero lo nuestro es una diversidad corporal, no lo elegimos, es lo que nos toca al nacer y es lo que nos dicen que está mal. El sistema médico nos obliga a modificarnos para ser como un varón o una mujer deben ser”, explica.
Según la Organización Mundial de la Salud, el 1,7% de la población no entra dentro de las categorías biológicas del binarismo celeste-rosa de las salas de neonatología. Pero no todas las corporalidades tienen la misma apariencia. Mauro Cabral, histórico militante del movimiento, explicó a Infobae que hay 40 formas de ser intersexual.
“Lo que hay en común es que tenemos una manifestación corporal distinta a la común”, dice. Y eso puede variar en la fisionomía de los genitales (un clítoris de más de cuatro centímetros se escapa de la norma), en una variación cromosomática (poseer cromosomas XXY), ser gónada (una diferencia en los órganos internos, como no tener útero) o tener ovotestis (que son ovarios y testículos en el mismo órgano). La intersexualidad no es una identidad de género y no determina ni la identidad ni la orientación sexual de una persona.
“Lo que quiere el movimiento intersexual es poner límite a las mutilaciones genitales sin autorización en contextos hospitalarios”, agrega Cabral, quien no podrá ir al taller del Encuentro Nacional de Mujeres por ser varón intersex, pero está entusiasmado por el encuentro de tantas mujeres que van a compartir sus historias.
Romper el silencio es una parte fundamental de su lucha. “El problema es que muchas personas intersex no sabemos qué intervenciones nos hicieron de bebés, porque estas cosas no se guardan en las historias clínicas, y es muy difícil recuperar lo que nos hicieron”, dice. El secreto es parte del tratamiento clínico. Para revertirlo presentaron ante el Congreso un proyecto de Ley de Protección Integral de las Características Sexuales para que el Estado, entre otras medidas, forme una comisión de la verdad con el fin de saber cuántas intervenciones hubo y de qué tipo.
El despertar
Valeria reconoce el privilegio de no haber sido mutilada. “Durante muchos años tomé el mandato del silencio que me impusieron los médicos porque fue como una protección, porque el sistema no está diseñado para personas intersexuales”. Pero a medida que iba leyendo historias de vidas distintas a las suyas decidió convertirse en activista, mostrar otra historia, desde su cuerpo libre.
“La primera vez que escuché la palabra fue a los 20 cuando fui a un médico que me lo dijo muy claro: esto que tenés vos se llama intersexualidad”, cuenta. El doctor le preguntó si quería hacerse una cirugía para adecuar su cuerpo porque ella se percibía como mujer, aunque sus genitales fueran diferentes. “Sentía que estaba incompleta y entré en ese mundo patologizante de querer corregir mi cuerpo, mis genitales”.
Como fue previo a la Ley de Identidad de Género -que facilitó los procesos- tuvo que hacerse una serie de pruebas psicológicas y psíquicas antes de la intervención, que no llegó a hacerse. “Con el tiempo pude tomar conciencia de que mi cuerpo no estaba mal, que no era yo el problema, y empecé a cuestionarme por qué tenía que adecuarme a un sistema binario”.
Su búsqueda personal en cuanto a su disidencia corporal también estuvo atravesada por su identidad originaria. En la ciudad, muchas personas pierden el vínculo con la cosmovisión mapuche, pero a medida que se fue reconociendo como tal se alejó de los médicos tradicionales y se acercó a un machi -una autoridad reconocida de la salud y la espiritualidad mapuche-. “Desde ese momento empecé a percibir mi cuerpo de manera más amigable, a quererme, y a darme cuenta de que había zafado de esas intervenciones que causaron tanto dolor en los testimonios que leía en Internet. Yo tenía un cuerpo libre de mutilaciones, tenía que valorarlo”.
Hoy en el taller N°21 las personas intersexualas hablarán sobre la medicalización de sus cuerpos, el sector de la salud y los cuerpos intersexuales, la autonomía y los derechos de cada una. Y lo que más les importa: establecer estrategias para detener las cirugías correctivas en la infancia.
Otros talleres que se realizarán por primera vez son: “Mujeres adultas mayores”, “Cuestionando la monogamia”, “Cuerpes menstruantes” y “Masculinidades Trans” y “Masculinidades No Binarias”, sólo por nombrar algunos del centenar de micro encuentros temáticos que se realizarán desde hoy hasta el lunes en La Plata.
https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/12/soy-una-mujer-intersexual-un-silencio-que-se-rompe-y-un-tema-que-llega-por-primera-vez-al-encuentro-nacional-de-mujeres/
“A los 7 años lo pregunté por primera vez. Mirando mi cuerpo me di cuenta de que era distinto al de los demás”, así empieza su relato Valeria Silva. “Le pregunté a mi mamá qué me pasaba, y ella me dijo que era hermafrodita (así se le decía en aquella época), que era muy probable que no pudiera ser madre de grande. Y que no tenía que decírselo a nadie para que no me discriminaran”.
Valeria nació en Bariloche hace casi 30 años. Es la octava de nueve hijos de una familia obrera. Cuando ella nació, los médicos no pudieron cumplir el protocolo de asignación de sexo que se aplica para anotar a un bebé como mujer o varón. “Como mi cuerpo era distinto, los médicos le plantearon a mis padres que había que corregirlo porque mi genitalidad no se correspondía con los parámetros que se establecen como ‘normales'", dice a Infobae.
Cuando una persona intersex como Valeria dice la palabra “corregir” se refiere a mutilar, a adecuar los genitales para que luzcan “normales” o a completar “lo que falta”. Los médicos modifican los genitales que no saben diferenciar si son muy chicos “para ser penes” o “muy grandes para ser clítoris”. Una persona intersexual puede tener distintas variantes en su cuerpo, como tener vulva y vagina pero no tener útero y ovarios. En el sistema médico tradicional se le asigna un sexo mediante una cirugía al cuerpo de una persona -en este caso un bebé que no puede dar su consentimiento, ni autopercibirse como varón o mujer-, sólo para adecuarlo a los cuerpos aceptados como varón y mujer.
Valeria está viajando desde Bariloche hacia La Plata y planea llegar hoy al 34° Encuentro Nacional de Mujeres (aunque ella está en el sector que pide que se cambie el nombre a Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias), donde se realizará por primera vez en la historia un taller sobre las personas intersexuales. Ella, después de un largo camino personal, se define como una mujer intersexual y una mujer mapuche. “Esa es mi identidad”, dice orgullosa.
Su historia es la de un cuerpo en libertad, y por eso lo cuenta. Pocas personas intersexuales corrieron con la misma suerte de Valeria. “Cuando el doctor se lo dijo a mi mamá al principio se asustó, la asustaron, era algo nuevo para ella”. Valeria fue criada en los barrios altos de Bariloche, en la zona más humilde de la ciudad, lejana al lago Nahuel Huapi. Sus padres se conocieron trabajando, los dos se mudaron jóvenes desde los parajes de la zona en busca de una actividad más rentable que la cría de cordero y chivo.
“Los médicos le insistían a mi mamá que tenían que operarme en los primeros años de vida para que no me queden recuerdos, pero ella y mi papá veían que yo no tenía problemas, que podía jugar, correr, ir al baño, y que no estaba en peligro mi vida. Entonces decidieron criarme como Valeria, y que si de grande yo quería cambiarme el nombre o reconocerme de otra manera ellos me iban a acompañar. Fue una decisión muy sabia, y creo que fue el mayor gesto de cariño y amor que recibí de su parte”, relata.
Valeria es empleada estatal de la provincia de Río Negro y activista mapuche. Y tiene, como tantas otras personas, una diversidad corporal. “La intersexualidad no es una identidad de género. El género es una construcción social y personal, cualquiera puede definirse como no binarie o trans y desde ahí performatear (modificar) su cuerpo, pero lo nuestro es una diversidad corporal, no lo elegimos, es lo que nos toca al nacer y es lo que nos dicen que está mal. El sistema médico nos obliga a modificarnos para ser como un varón o una mujer deben ser”, explica.
Según la Organización Mundial de la Salud, el 1,7% de la población no entra dentro de las categorías biológicas del binarismo celeste-rosa de las salas de neonatología. Pero no todas las corporalidades tienen la misma apariencia. Mauro Cabral, histórico militante del movimiento, explicó a Infobae que hay 40 formas de ser intersexual.
“Lo que hay en común es que tenemos una manifestación corporal distinta a la común”, dice. Y eso puede variar en la fisionomía de los genitales (un clítoris de más de cuatro centímetros se escapa de la norma), en una variación cromosomática (poseer cromosomas XXY), ser gónada (una diferencia en los órganos internos, como no tener útero) o tener ovotestis (que son ovarios y testículos en el mismo órgano). La intersexualidad no es una identidad de género y no determina ni la identidad ni la orientación sexual de una persona.
“Lo que quiere el movimiento intersexual es poner límite a las mutilaciones genitales sin autorización en contextos hospitalarios”, agrega Cabral, quien no podrá ir al taller del Encuentro Nacional de Mujeres por ser varón intersex, pero está entusiasmado por el encuentro de tantas mujeres que van a compartir sus historias.
Romper el silencio es una parte fundamental de su lucha. “El problema es que muchas personas intersex no sabemos qué intervenciones nos hicieron de bebés, porque estas cosas no se guardan en las historias clínicas, y es muy difícil recuperar lo que nos hicieron”, dice. El secreto es parte del tratamiento clínico. Para revertirlo presentaron ante el Congreso un proyecto de Ley de Protección Integral de las Características Sexuales para que el Estado, entre otras medidas, forme una comisión de la verdad con el fin de saber cuántas intervenciones hubo y de qué tipo.
El despertar
Valeria reconoce el privilegio de no haber sido mutilada. “Durante muchos años tomé el mandato del silencio que me impusieron los médicos porque fue como una protección, porque el sistema no está diseñado para personas intersexuales”. Pero a medida que iba leyendo historias de vidas distintas a las suyas decidió convertirse en activista, mostrar otra historia, desde su cuerpo libre.
“La primera vez que escuché la palabra fue a los 20 cuando fui a un médico que me lo dijo muy claro: esto que tenés vos se llama intersexualidad”, cuenta. El doctor le preguntó si quería hacerse una cirugía para adecuar su cuerpo porque ella se percibía como mujer, aunque sus genitales fueran diferentes. “Sentía que estaba incompleta y entré en ese mundo patologizante de querer corregir mi cuerpo, mis genitales”.
Como fue previo a la Ley de Identidad de Género -que facilitó los procesos- tuvo que hacerse una serie de pruebas psicológicas y psíquicas antes de la intervención, que no llegó a hacerse. “Con el tiempo pude tomar conciencia de que mi cuerpo no estaba mal, que no era yo el problema, y empecé a cuestionarme por qué tenía que adecuarme a un sistema binario”.
Su búsqueda personal en cuanto a su disidencia corporal también estuvo atravesada por su identidad originaria. En la ciudad, muchas personas pierden el vínculo con la cosmovisión mapuche, pero a medida que se fue reconociendo como tal se alejó de los médicos tradicionales y se acercó a un machi -una autoridad reconocida de la salud y la espiritualidad mapuche-. “Desde ese momento empecé a percibir mi cuerpo de manera más amigable, a quererme, y a darme cuenta de que había zafado de esas intervenciones que causaron tanto dolor en los testimonios que leía en Internet. Yo tenía un cuerpo libre de mutilaciones, tenía que valorarlo”.
Hoy en el taller N°21 las personas intersexualas hablarán sobre la medicalización de sus cuerpos, el sector de la salud y los cuerpos intersexuales, la autonomía y los derechos de cada una. Y lo que más les importa: establecer estrategias para detener las cirugías correctivas en la infancia.
Otros talleres que se realizarán por primera vez son: “Mujeres adultas mayores”, “Cuestionando la monogamia”, “Cuerpes menstruantes” y “Masculinidades Trans” y “Masculinidades No Binarias”, sólo por nombrar algunos del centenar de micro encuentros temáticos que se realizarán desde hoy hasta el lunes en La Plata.
Rolling Stone: Cristian Aldana fue condenado a 22 años de prisión por corrupción de menores
Publicada el 12 de julio de 2019. https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/cristian-aldana-culpable-condena-abuso-sexual-menores-nid2267166
La Justicia acaba de determinar que Cristian Aldana es culpable de los cargos de corrupción de menores que se le imputan y fue condenado con una pena de 22 años de cárcel. Después de un juicio que duró más de un año, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 25 validó el testimonio de las siete mujeres que denunciaron al músico por las vejaciones que recibieron durante sus adolescencias. No lo condenaron por abuso sexual. "No soy culpable, no soy un violador, ni un abusador ni un violento", dijo Aldana hoy en sus últimas palabras antes del veredicto. Mientras tanto, las querellantes se abrazaban con sus familias y amigos.
Aldana fue condenado por cuatro de los siete casos denunciados, ya que los jueces Gustavo Goerner y Rodolfo Bustos Lambert consideraron que dos estaban prescriptos, mientras que el restante había sido desestimado por el fiscal. La jueza Ana Dieta de Herrero votó en disidencia con la condena de 22 años (que contempla los abusos sexuales dentro de la figura de corrupción de menores), y pidió 35 años.
Después de un extenso juicio, interrumpido en varias oportunidades por la estrategia de defensa de los sucesivos abogados de Cristian Aldana , se les dio oportunidad a las partes para dar las últimas palabras antes del veredicto. La sentencia con los motivos de su condena serán conocidos el 6 de septiembre.
"Estoy convencido de que antes de que comenzara el juicio ya estaba condenado porque soy un condenado mediático", dijo en sus palabras finales. Como en todo el juicio, de traje negro, zapatillas y camisa blanca, Aldana sostuvo su cartel de "Sin defensa no hay juicio" y dijo: "soy un trofeo de guerra, ser un músico del rock independiente con una clara solidaridad política con la música y las bandas me convierte en un trofeo de guerra".
El juicio es un hecho histórico para el rock argentino: por primera vez, un músico es condenado a prisión por denuncias de abuso sexual de parte de sus fans. Los relatos fueron públicos primero desde un video que se convirtió viral en 2016 donde tres de las denunciantes contaron a cámara lo que vivieron; luego por testimonios que se publicaron en la web #YaNoNosCallamosMás y, después de un extenso recorrido judicial en el que las mujeres tuvieron que relatar las vejaciones a las que habían sido sometidas, llegó la sentencia judicial. "Que esta sentencia sea una puerta abierta para todes quienes sufrieron abuso sexual en la infancia, en la adolescencia o violencia de género no tengan miedo de hablar", dijo Ariell Carolina, una de las denunciantes que decidió hacer público su relato. A la audiencia también asistieron las músicas Paula Maffía, María Pien e Ignacia, en apoyo a las víctimas.
El fiscal Guillermo Pérez de la Fuente, en colaboración con la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) y la Dirección General de Orientación, Acompañamiento y Protección a las Víctimas (DOVIC), había pedido 35 años de prisión, mientras que las querellas habían solicitado 40 y 20 años. El jueves 4, en los alegatos de la defensa, los abogados públicos que le tocaron al músico -luego de la renuncia de dos privados- pidieron su absolución y la nulidad del juicio. Los defensores Fernando Robbio y Cecilia Durand le solicitaron al tribunal la nulidad de una de las querellas porque eran "indeterminados los hechos de acusación", y pidieron la absolución por otros dos casos ya que el plazo legal estaba vencido para acusarlo por esos delitos; los consideraban prescriptos. Los abogados pidieron además que, si Aldana era hallado culpable, se contemplara la pena mínima posible, argumentando que el músico tiene 48 años y que cualquier otra pena sería virtualmente una cadena perpetua.
En sus palabras finales, Aldana también leyó un fragmento de la Biblia, agradeció a los jueces y pidió perdón por si les causó dolor de cabeza a los involucrados en el juicio: "Yo me considero una persona de bien y quiero dormir en paz, yo estoy defendiendo mi verdad. Si no hago todo esto ya tendría que estar ahorcado en mi celda". El músico pidió no estar presente en la lectura de veredicto que comenzó a las 15:30.
Las situaciones aberrantes que las siete mujeres denunciaron haber vivido con el cantante de El Otro Yo datan de entre 1999 y 2010, cuando ellas tenían entre 13 y 18 años, y todas corresponden a un mismo patrón de conducta: carecían de experiencia sexoafectiva con un varón, eran muy fans de la banda, atravesaban alguna situación crítica en su familia, y tenían el deseo de ser músicas.
Aldana pasó la noche en la celda de los tribunales de la calle Paraguay 1536, donde se llevó a cabo el juicio durante más de un año. El músico está preso desde el 22 de diciembre de 2016 en Marcos Paz, y es muy probable que apele la sentencia de este juicio histórico.
La Justicia acaba de determinar que Cristian Aldana es culpable de los cargos de corrupción de menores que se le imputan y fue condenado con una pena de 22 años de cárcel. Después de un juicio que duró más de un año, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 25 validó el testimonio de las siete mujeres que denunciaron al músico por las vejaciones que recibieron durante sus adolescencias. No lo condenaron por abuso sexual. "No soy culpable, no soy un violador, ni un abusador ni un violento", dijo Aldana hoy en sus últimas palabras antes del veredicto. Mientras tanto, las querellantes se abrazaban con sus familias y amigos.
Aldana fue condenado por cuatro de los siete casos denunciados, ya que los jueces Gustavo Goerner y Rodolfo Bustos Lambert consideraron que dos estaban prescriptos, mientras que el restante había sido desestimado por el fiscal. La jueza Ana Dieta de Herrero votó en disidencia con la condena de 22 años (que contempla los abusos sexuales dentro de la figura de corrupción de menores), y pidió 35 años.
Después de un extenso juicio, interrumpido en varias oportunidades por la estrategia de defensa de los sucesivos abogados de Cristian Aldana , se les dio oportunidad a las partes para dar las últimas palabras antes del veredicto. La sentencia con los motivos de su condena serán conocidos el 6 de septiembre.
"Estoy convencido de que antes de que comenzara el juicio ya estaba condenado porque soy un condenado mediático", dijo en sus palabras finales. Como en todo el juicio, de traje negro, zapatillas y camisa blanca, Aldana sostuvo su cartel de "Sin defensa no hay juicio" y dijo: "soy un trofeo de guerra, ser un músico del rock independiente con una clara solidaridad política con la música y las bandas me convierte en un trofeo de guerra".
El juicio es un hecho histórico para el rock argentino: por primera vez, un músico es condenado a prisión por denuncias de abuso sexual de parte de sus fans. Los relatos fueron públicos primero desde un video que se convirtió viral en 2016 donde tres de las denunciantes contaron a cámara lo que vivieron; luego por testimonios que se publicaron en la web #YaNoNosCallamosMás y, después de un extenso recorrido judicial en el que las mujeres tuvieron que relatar las vejaciones a las que habían sido sometidas, llegó la sentencia judicial. "Que esta sentencia sea una puerta abierta para todes quienes sufrieron abuso sexual en la infancia, en la adolescencia o violencia de género no tengan miedo de hablar", dijo Ariell Carolina, una de las denunciantes que decidió hacer público su relato. A la audiencia también asistieron las músicas Paula Maffía, María Pien e Ignacia, en apoyo a las víctimas.
El fiscal Guillermo Pérez de la Fuente, en colaboración con la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) y la Dirección General de Orientación, Acompañamiento y Protección a las Víctimas (DOVIC), había pedido 35 años de prisión, mientras que las querellas habían solicitado 40 y 20 años. El jueves 4, en los alegatos de la defensa, los abogados públicos que le tocaron al músico -luego de la renuncia de dos privados- pidieron su absolución y la nulidad del juicio. Los defensores Fernando Robbio y Cecilia Durand le solicitaron al tribunal la nulidad de una de las querellas porque eran "indeterminados los hechos de acusación", y pidieron la absolución por otros dos casos ya que el plazo legal estaba vencido para acusarlo por esos delitos; los consideraban prescriptos. Los abogados pidieron además que, si Aldana era hallado culpable, se contemplara la pena mínima posible, argumentando que el músico tiene 48 años y que cualquier otra pena sería virtualmente una cadena perpetua.
En sus palabras finales, Aldana también leyó un fragmento de la Biblia, agradeció a los jueces y pidió perdón por si les causó dolor de cabeza a los involucrados en el juicio: "Yo me considero una persona de bien y quiero dormir en paz, yo estoy defendiendo mi verdad. Si no hago todo esto ya tendría que estar ahorcado en mi celda". El músico pidió no estar presente en la lectura de veredicto que comenzó a las 15:30.
Las situaciones aberrantes que las siete mujeres denunciaron haber vivido con el cantante de El Otro Yo datan de entre 1999 y 2010, cuando ellas tenían entre 13 y 18 años, y todas corresponden a un mismo patrón de conducta: carecían de experiencia sexoafectiva con un varón, eran muy fans de la banda, atravesaban alguna situación crítica en su familia, y tenían el deseo de ser músicas.
Aldana pasó la noche en la celda de los tribunales de la calle Paraguay 1536, donde se llevó a cabo el juicio durante más de un año. El músico está preso desde el 22 de diciembre de 2016 en Marcos Paz, y es muy probable que apele la sentencia de este juicio histórico.
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