27 de marzo de 2007

noche reggea en neuquen

Era un día especial, el 24 de marzo es una fecha fuerte, y más para realizar un recital al mismo tiempo que en el centro de Neuquén se llevaba a cabo la multitudinaria marcha, en conmemoración de los 31 años del inicio de la dictadura militar más sangrienta de la Argentina.
Pero el ciclo de festivales “Personal en vivo” llegó ese sábado para llenar de reggea la ciudad, y así lo hizo con los locales Another Freak, la ex Bandana Virginia Da Cunha , Mimi Maura y el cierre a cargo de Los Cafres.
El gimnasio del Ruca Che estaba en un clima de fiesta, a pesar de que las gradas estaban casi vacías y el campo sin colmar su capacidad, la gente bailaba y cantaba cómodamente, en un espacio oscuro, con mucho calor en una noche atípica otoñal.
A las 22 horas subieron al escenario Mimi Maura, con la puertorriqueña Mimi Acevedo como voz principal, y su marido, el fabuloso cadillac Sergio Rotman como saxofonista y animador oficial de la noche Personal. A pesar de que faltaba el otro cadillac de la banda, el baterista, y uno de los trompetistas, la banda se las arregló para calentar el ambiente del Ruca Che, y deslumbrar a los que desconocían la profunda voz de Mimi.
Tocaron temas de sus cuatro discos, y el hit indiscutible de la banda: “yo no lloro más”. Es que Mimi Maura no es una banda muy conocida en el circuito comercial, pero es muy respetada por sus extraordinario elementos que la componen, como son: dos Cadillacs, dos Cienfuegos, un Dancing Mood, la sensual Mimí y su increíble voz, que vuelve cualquier bolero, ska, reggea o rock steady en la mayor expresion de la belleza roja de la pasión.
Como regalo maravilloso a los neuquinos, ella presentó uno de los temas del medio de su set de la siguiente manera: “ahora voy a cantar un tema que escribió mi marido (por Rotman) hace mucho tiempo atrás, probablemente ustedes lo sepan mejor que yo”, y así, empezó a sonar el clásico del rock argentino “siquiendo la luna” de LFC.
A pesar de que el público pidió que volvieran después de haber terminado su lista de temas, no lo hicieron, pero sí llegaron Los Cafres para terminar de coronar una noche tan especial.
Guillermo Bonetto provocó con su dulce voz el movimiento de caderas de todas las personas en el estadio, es que nadie se pudo resistir a no bailar al ritmo de la banda más popular del reggea argentino.
Los cafres tocaron una hora y media, y pasearon al publico por sus temas más conocidos y por algunos de su exitoso último disco “Quién da mas?”. La gente bailaba y seguía a Bonetto por todas sus melodías, el ambiente era de comunión y tranquilidad, hasta que Guillermo empezó a preguntar qué era lo que se celebraba en este feriado nacional, lo que ocacionó canticos del público en repudio de los militares, al cual toda la banda se sumó.
A las 12.30 cuando terminó el recital, la gente no tenía pensado irse, ni dejar de aplaudir, pidieron tanto por Los Cafres, que volvieron a salir dos veces más, cantando hits como “si el amor se cae”, “aire” y el dulce “una vela”.

20 de marzo de 2007

Una aventura inolvidable en mochilas

Nadia, 18 años, estudiante de arte

“Al principio la idea era irnos como en un viaje de egresados, todo mi grupo de amigos, algunos del curso y otros del barrio, pero no nos pusimos de acuerdo, así que me fui con tres amigas de mochileras a El Bolsón.
Queríamos hacer el camino de los Siete Lagos, pero no nos alcanzaba el presupuesto, dos de las chicas llevaban sólo 200 pesos por los diez días que nos íbamos a quedar.
Mi papá nos llevó en la camioneta, desde nuestras casas en Neuquén hasta el camping cerca del centro del Bolsón, era como una chacra, muy familiero. Llegamos el 8 de marzo y nos quedamos en ese lugar por dos noches, después decidimos buscar otro lugar mas barato, porque cada día salía $10 por persona, sin comida, y al ser para familias no habían chicos de nuestra edad, además a la medianoche tenías que irte a dormir porque no se permitían ruidos.
El tercer día fue todo una aventura, quisimos hacer una excursión hasta “El Cajón Azul”, que es una caminata de 15 kilómetros en subida por la montaña hasta llegar a una especie de mirador en la cumbre donde se ve el nacimiento del río Azul, pero nunca llegamos hasta ahí. En la caminata llevábamos todas nuestras cosas en las mochilas, pesaba una tonelada, encima yo llevaba la carpa además de toda mi ropa y la bolsa de dormir; la subida era tan pronunciada y tan dura que teníamos que parar a descansar cada quince minutos.
El día estaba hermoso, un sol radiante que nos pegaba en la nuca y nos cansaba cada vez más, el camino era muy difícil, y en un momento tuvimos que cruzar un puente flotante muy alto sobre el río. El puente estaba todo destruido, le faltaban maderitas, y se movía muchísimo cuando alguien pasaba, encima antes de cruzarlo había un cartel que decía que nos teníamos que desabrochar las mochilas, porque si nos caíamos era una posibilidad más de vivir. Ese cartel me asustó mucho, pero al final, después de llorar un rato, lo crucé; temblando pero lo crucé.
Al final nunca llegamos al Cajón Azul, paramos tantas veces a descansar que tardamos demasiado, y nos dijeron que nos quedaba como 45 minutos más de caminata, y nosotras, no dábamos más, así que nos quedamos en un refugio a la mitad de la montaña para pasar la noche y seguir la caminata al día siguiente.
Amaneció con una lluvia torrencial, por eso tuvimos que bajar los diez kilómetros que subimos el día anterior, a pie. Todas empapadas y embarradas nos íbamos tropezando y haciendo malabares para no caernos a los arroyitos de tierra que se armaban en el suelo, de todas maneras llegamos al refugio de abajo completamente mojadas, yo no tenía nada en la mochila que no estuviera bañado, no tenía ropa seca, eso fue desmoralizante, tenía frío y estaba afligida por la situación.
Por suerte en el refugio había agua caliente, muchos colchones, muchos chicos de nuestra edad, una chimenea, y mucha buena onda. Nos hicimos amigas de una pareja de Capital y la chica me prestó una remera seca, así que me puse cerca del fuego y se me secó el pantalón y alguna de mis cosas. A la noche, después de comer, se armó una guitarreada popular adentro del refugio y nos quedamos casi toda la noche cantando canciones clásicas del rock nacional, y claro, tomando cerveza artesanal, que estaba exquisita.
Al otro día volvimos al Bolsón, y encontramos una casa de familia donde te prestaban el patio para poner la carpa, o en el living, o en la porción de casa que puedas encontrar vacía, para poder “acampar”. Ahí nos cobraban 3 pesos la noche y uno por el uso de la ducha caliente. Esa casa era un descontrol, había como 40 personas de todas partes del mundo, además del dueño, su señora, y su hija embaraza que vivía con su marido y su nena de un año.
Los pibes invadían la casa, todos usaban todo, se levantaban a cualquier hora y ya todos se prendían el porro delante de la nenita de un año. El baño estaba siempre inundado y sucio, todos hacían lo que querían ahí. El dueño una vez cada tanto volvía a la noche borracho y nos insultaba a todos, pero como era lo más barato que encontramos y quedaba cerca del centro, nos quedamos en esa casa por el resto del viaje.
Lamentablemente la mayor parte de los días nos llovió, y lo único que podíamos hacer era quedarnos en la casa con algunos chicos, o ir a pasear al centro. La feria artesanal no era muy linda, pero había un par de cosas interesantes, sobre todo los sándwiches de milanesa completa que nos vendían por tres pesos, esa fue la base de nuestra alimentación.
El mejor día fue una tarde soleada que nos fuimos al lago Puelo a tomar sol y mates a la playa. Para la ida nos tomamos un colectivo, porque quedaba como a diez kilómetros del centro, pero a la vuelta hicimos dedo. La gente del Bolsón es súper amable, todos te levantaban, hasta los abuelos; personas que nunca pensás que te va a aceptar, paraban y nos llevaban gratis.
Nos volvimos a Neuquén en colectivo el 28 de marzo, ya sin un mango ninguna, y con todas las intenciones de volver para quedarnos, el viaje fue maravilloso, el Bolsón es hermoso, es para quedarse a vivir, es paz.”

Trabajo Practico de Entrevista. La idea era entrevistar a alguien que haya viajado y contarlo como un texto en primera persona, sin que esté la presencia del entrevistador. Fecha: 28 de abril del 2006

100% pasión Palermitana

Un shopping en el borde geográfico entre Barrio Norte y Palermo iba a provocar, sin dudas, pasión entre las mujeres de clase media-alta que viven en la zona; un éxito asegurado. Y así fue. El Alto Palermo Shopping cumplió 15 años en el barrio y lo celebró con todo: descuentos a sus clientes, regalos por compras grandes y lo más top de todo: luces en el techo, iluminando el cielo en círculos, a lo Hollywood.
El Alto Palermo realzó toda una zona que estaba en decadencia, era una calle de tránsito y con negocios chicos y en su mayoría de artículos importados. Gracias a las marcas que el Shopping reunió, logró que las calles aledañas también estén pobladas de tiendas de alto nivel, subiendo el estándar de este rincón del barrio.
No sólo las tiendas comenzaron a crecer en nivel, sino también las viviendas. Las inmobiliarias comenzaron a trabajar cada vez más cerca de la zona del shopping, y la demanda de departamentos superó la oferta, y por lo tanto la suba de los precios. Así comenzó la competencia entre empresas constructoras para ver quien hacía la mayor cantidad de edificios, las torres más altas y las más caras.
En la manzana de enfrente del Alto Palermo, sobre la calle Güemes, están haciendo un edificio de grandes proporciones, con lujos como pileta, gimnasio y salón de fiestas. Esto hace que la gente que transita la zona sea de mayor poder adquisitivo, consumidora de productos de mejor calidad y de precios más caros.
A una cuadra de esto se encuentra el boulevard de la calle Charcas, donde los edificios ultra modernos rodean la plaza “sensible” cuidada por sus propios vecinos. Al caminar por su parte peatonal, llena de cafés y restaurantes fashion, se encuentra el espíritu exacto del palermitano original: esa persona que se acuesta en la silla del café a tomar sol, a lo lagarto toda la tarde, con ropa deportiva de la mejor marca, el perro golden retriever acostado a lo modelo canino en el asfalto, y el dulce sueño en sus ojos, ese que piensa que en lugar de estar rodeada de taxis porteños, repartidores de supermercados, y cartoneros, está en Miami Beach tomando un daikiri frente a la playa, con un cubano sensual atendiendo el bar y el sonido de la salsa en el fondo.

Trabajo Práctico para Práctica Periodística 5. Tema: El barrio. Fecha: 23 de septiembre del 2005

19 de marzo de 2007

Capítulo 1.

El otoño hizo su arribo triunfal y tardío a un Mayo que parecía demasiado primaveral. Desde el segundo piso se pueden ver las hojas amarillas de los grandes árboles de la esquina Arenales y Araos. A través de sus grandes ventanales que ocupan dos de las cuatro paredes del gran gimnasio, se observa como una elegante señora se baja de un viejo taxi y con mucho esfuerzo logra entrar al edificio en que me encuentro.
A los cinco minutos llega Delfina al salón de las maquinas de musculación, rezongándole a un hombre que está trotando en la primera de las maquinas, ésa que a ella mas le gusta, por que presuntamente va más despacio que el resto de las cintas. Cuelga su bastón en la ventana que da a la calle Arenales y al no recibir la respuesta que desea, va hacia la segunda maquina, esa que está al lado de la mía. Sin parar de quejarse por la ‘usurpación’ de su cinta, por el señor corredor, me saluda con una sonrisa arrugada.
Delfina es una señora menuda de cabellos finos y claros, con gruesas capaz de maquillaje que tratan de tapar las manchas en la piel que sus 76 años no pueden ocultar. Hace gimnasia de lunes a sábados, siempre al mediodía, porque le gusta dormir hasta tarde en la mañana. El doctor la obligó a hacerlo, así pude bajar de peso, por que aumentó veinte kilos desde que su marido Enrique murió. También sigue una dieta estricta, de la cual no puede salirse. Defina va a pesarse todos los miércoles en el doctor. Al día siguiente, llega al gimnasio y cuenta a todos el resultado de su semana fatal de no comer nada de lo que le gusta. Casi siempre llega con buenos resultados, y más en estos días en que le están permitiendo comer más cosas, porque se acerca al peso deseado. Delfina está feliz por eso.
Desde sus pasos lentos en la cinta vecina a la mía, Delfina me observa sonriente. Me cuenta que odia hacer gimnasia, odia los pantalones de gimnasia, y más aún las zapatillas. Entre palabras cordiales, yo le cuento mis deseos de escribir sobre su vida, ya que me resulta una persona muy interesante. Ella se ríe a carcajadas. “Pero si mi vida no tiene nada de interesante, tuve una vida simple y hermosa.” Sus ojos pícaros me demuestran lo contrario, y persisto con la idea, ella termina accediendo, le gustó la idea de que le prestaran atención.
Determinamos la cita para el sábado 21 a las seis de la tarde. Yo debía ir hasta su casa de Barrio Norte a tomar un café y charlar sobre los momentos más importantes en su vida. Al llegar a la casa, Delfina me muestra las fotos de sus amados nietos. Juan y José en sus diferentes edades. También las fotos del casamiento de sus hijos Sara y Julio con sus respectivas parejas, y sobre todo, las fotos del día de su boda con Enrique.
Al abrir la puerta de su casa, lo primero que veo es un pasillo largo que lleva directo al living de la casa. Antes de llegar a él, se encuentra la cocina, muy chiquita y alargada, bien separada del resto de la casa, está casi escondida. Delfina es pésima cocinera, dice que no sabe hacer nada. “Los días en que no está Soledad, soy una terrible anfitriona”, Soledad es la chica que la ayuda con la limpieza y la cocina.
Al seguir por el pasillo hay un recibidor lleno de espejos, de sus laterales salen dos siluetas de hierro que funcionan como perchero. Me invita a dejar mis pertenencias ahí, y prosigue mostrándome el resto de su casa, el living tiene contra una pared un sillón color marrón claro, de tres cuerpos. Frente a él, está una mesa de algarrobo muy antigua, con patas talladas bien gruesas con formas de hojas y flores. A cada extremo de la mesa se encuentran dos sillas, también antiguas y talladas, tienen almohadones del mismo color que el sillón. Al extremo de la mesa, hay un gran ventanal, con balcón que da a la calle Cerviño, lleno de plantas con flores rojas y Alegrías del Hogar. En la pared opuesta hay un modular con siete portarretratos.
Delfina se sienta en la punta del sillón y me dice que después me muestra las otras dos habitaciones, me siento en la otra punta y empezamos a hablar sobre su difunto marido, Enrique. En su habitual ritmo parsimonioso, Delfina me trae la foto de su casamiento, me muestra que Enrique “no era justamente lo que se llama un hombre buen mozo”, pero que a ella la conquistó por su maravillosa mente.
Enrique era dos años menor que ella, y el 8 de julio se van a cumplir catorce años de su muerte. Cuando Delfina habla sobre él, su voz fuerte empieza a quebrajarse, los ojos se achican y la sensación de que sus ojos turquesas comienzan a vidriarse, incomoda al espíritu. Es raro ver que una mujer tan fuerte de carácter, que comunica tanta seguridad e independencia, se sienta tan dolida y vencida ante un hecho trágico que le sucedió catorce años atrás.
“Este dolor lo debía sentir él. Esto no se suponía que fuera así. Yo me debía morir antes. Él me lo prometió. Él siempre me decía que se iba a morir después que yo, por que en su familia eran todos longevos. ¿Y ahora dónde me meto la longevidad de ellos?” decía desde la punta de su sillón, mientras una lagrima impertinente se asomaba por sus finos ojos.

Trabajo Practico de Fuentes: Biografía a una persona desconocida. Maravilloso profesor: E. Schmidt. Fecha: 2005.

crónica de un paro docente

"Paro docente del 3 y 4 de Mayo: Se comunica a los alumnos que respecto a la medida mencionada esta dependencia NO DISPONDRÀ DE NINGÙN TIPO DE INFORMACIÒN SOBRE ADHESIONES O NO A LA MISMA, NI EN ESTA VENTANILLA NI TELEFONICAMENTE. Por favor ¡NO INSISTA!"


El pronóstico meteorológico anunciaba lluvias fuertes para el miércoles 4. Los vientos húmedos precedentes a las precipitaciones, golpeaba las paredes de los 'gigantes' de Sociales.
Un arrugado y canoso señor sostenía con su débil cuerpo el marco de la puerta de entrada. Sus manos no paraban de repartir volantes sobre cursos de psicología a diestra y siniestra, sin discriminar la cantidad de veces que entregaba a la misma persona.
Al alzar la vista en la puerta, caen sobre uno, lo que se figura una infinidad de banderas, panfletos, carteles y demás propagandas políticas sobre partidos, o denuncias sociales o sobre el centro de estudiantes.
A la izquierda de este pasillo principal, se ven a dos chicos, militantes de OKTUBRE, pintando sobre afiches rojos, las consignas y la dirección de la asamblea estudiantil a realizarse el día siguiente en la sede de Ramos Mejía al 400.
Cruzando el primer pasillo, se ven las escaleras "caracol", recubiertas de afiches más pequeños, sobre actividades culturales y políticas. Al paso de cada escalón, el aroma a humedad, empieza a incrementar su protagonismo en el ambiente.
El primer piso es un desierto. La vasta longitud de su pasillo central brilla en la ausencia de alumnos que la recorran. Cada una de sus puertas da a un aula llena de bancos viejos y vacíos. Un par de afiches en cada una de sus paredes y un llamativo e irónico estencil verde con la leyenda: "no ensuciar las paredes... con ideologías", acompañada del dibujo de dos ratas enfrentadas cara a cara, decoran las aulas de Marcelo T. y Uriburu.
Al extremo del corredor central, hay un aula pequeña con un profesor y cinco o seis estudiantes. Parece una reunión informal, la puerta está abierta y ellos reunidos en circulo.
El segundo piso es igual al primero, y al tercer y al cuarto. Una inagotable cantidad de afiches en esas paredes que cada vez se sienten más encima de uno. Un par de chicos solitarios las transitan cada tanto, pero ninguno sabe de la posibilidad de que se dicten clases.
De vuelta en el pasillo principal del primer piso, nos encontramos con un chico, alto, muy flaco, pelo largo, una pequeña barba que deja entrever cierta desprolijidad. Se llama Mariano y nos cuenta que hay paro nacional universitario sin asistencia al lugar de trabajo, organizado por la AGD (asociación gremial docente) de la UBA y el CONADU histórico. Piden un aumento de sueldo y la adhesión en la sede de Uriburu es casi total: "hay que ser demasiado oficialista para dar clases".
Mariano nos guía hasta la sala de profesores, así podemos averiguar si algún docente está dando clases, pero un petulante cartel sobresale del resto, y preferimos no insistir.


Trabajo Práctico para Periodismo Político del 2005. Tema: narrar un espacio público.