29 de junio de 2019

Latfem: Cazzu: rímel, labial, perfume y una calculadora

La historia de la jefa del trap y su feminismo. De cómo enfrenta a lxs haters y se posiciona a favor del trabajo sexual. Romina Zanellato analiza su derecho a bebotear y hacer guita.
Cazzu: rímel, labial, perfume y una calculadora




Cazzu está en el asiento de conductora. Se escuchan las balizas, está esperando a una amiga. También se escucha una canción de reggaetón. Cazzu saca el teléfono y le graba lo que está escuchando a su amiga que entra y se sienta de acompañante. Cazzu gira la cámara hacia adelante, va a manejar, y se ve, rápido en el paneo, los cuatro círculos entrelazados en la tapa del volante: el logo de Audi. Una storie de Instagram. Una storie que deben haber visto las 3 millones de personas que la siguen. Un auto que, tal vez, costó cerca de esos millones de pesos.

Ella habla poco en los medios, pero su historia la contó: se llama Julieta Emilia Cazzuchelli, nació en Fraile Pintado, Jujuy, el 16 de diciembre de 1993. Es la hermana mayor de tres hermanxs. De padres musicales y folclóricos, ella y su hermanx Flo tenían condiciones de cantantes. Juntas se fueron a vivir a San Miguel de Tucumán para estudiar. Se metió en cine y armó sus bandas. Cazzu dirigió algunos de sus primeros videos de los grupos de cumbia que tuvo, el último bajo el nombre de Juli K. Mientras ella ganaba nombre como cumbiera, siempre emo, siempre con look noventera, su hermane, Flo Cazzuchelli, se fue convirtiendo en une DJ de Tucumán que habita la movida autogestiva, feminista y queer. Pero le Dios del éxito musical habita en Buenos Aires y Cazzu armó su bolso cuando su proyecto Juli K estaba tomando vuelo. Empezó a trabajar con una reconocida banda de cumbia que ella no quiere nombrar, viajó por Europa con ellos, y se desencantó del desprecio que mostraban por lo que hacían. Volvió en crisis. Y de esa crisis nació su trap.

126 millones de visualizaciones después en su canal de YouTube, y tantos millones más en las canciones donde colabora con un featuring a otros artistas, Cazzu sabe que el trap se puede agotar pronto. Y ella es cantante. Tiene visión, ideales y equipo. No está sola, aunque lo parece. Es la única mujer en el cartel del Buenos Aires Trap, el festival que se hizo el 23 de febrero en el Hipódromo de Palermo. No es un dato menor, fue la coronación del género como suceso indiscutido en la música argentina. Y ella lideraba el cartel. Es nuestra QueenC, la jefa de la movida, ahí, rodeada de tipos, de gangstas argentinos del flow. ¿Por qué es la única que está ahí? ¿No hay más mujeres que trapeen? Sí, hay, pero con otra onda, hablan de cómo rivalizar para buscarse tipos, incluso algunas son antiderechos, y nada tienen que ver con su idea de mujer.

“Págame, págame, págame, que este culo se lo merece”, bebotea en el video-hit de Khea, Loca, esa canción que jamás pudimos dejar de cantar, la que tiene 382 millones de reproducciones en YouTube y parece que no tiene techo de audiencia. Ahí, vestida de rosa bebé, Cazzu marca la línea de lo que será su lucha: en el capitalismo salvaje las mujeres queremos trabajar para tener guita, para bancarnos nuestros lujos, para nuestra independencia, para salir con nuestras amigas. Si querés este culo, pagalo. Eso que llamás sexo, ella lo llama laburo. Y su visión empresarial está casada con su autogestión. Parece que pocxs saben entender el nuevo mercado de la música como ella. Sin atarse a ningún sello, Cazzu anda libre y administrando sus cartas como una jefa.


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Un par de besitos, filmado en San Miguel de Tucumán, lo dirigió Cazzu. En un boliche están escuchando rap yanqui, ella entra y su presencia hace que empiece una cumbia dark. Lo emo y rocker está en ella desde este video en 2014, cuando era Juli K. Esa imagen es la que imanta. Una chica sensible, medio depre, y peligrosa, con un cuerpo escultural, una especie de Harley Quinn que anda con un oso de peluche, una lágrima de Emoji en el selfi, el dedito en la boquita y el peligro de una asesina serial de tu corazón.

Si en Argentina una nunca deja de buscar el mango, aún cuando tiene éxito, porque en cualquier momento se puede perder, el mango fijo hay que buscarlo afuera. Su idea de negocio es bien clara: Cazzu no se casó con ninguna disquera local porque necesita estar libre para hacer asociaciones con músicxs de todo el mundo. Prefiere no estar nominada a los Premio Gardel pero irse a Puerto Rico a hacer una colaboración en el escenario con Bad Bunny, el trapero que se saca fotos con Rosalía y juega en las grandes ligas mundiales de la música urbana.

“No nos gustan las disqueras. Siempre hay problemas para colaborar y tenés que firmar millones de papeles. Nosotros somos re inmediatos. Un día grabamos una canción, otra un video y la subimos. Los sellos como que la quedan. Nosotros nos juntamos con los que queremos y hacemos plata. Pero también trabajamos una banda. Estamos en una era digital que la comprendimos y sabemos cómo usarla. Somos como diferentes artistas independientes. Económicamente más exitosos que muchos artistas que no son independientes. Es loco, tengo colegas que facturan más que Charly”, le dijo a La Nación Espectáculos hace unos meses.

Sabe de negocios, sabe que volver su discurso y su habla neutral, con vista a toda Latinoamérica, será la puerta de su éxito a largo plazo. Su primer gran éxito, 14 millones en Spotify y 42 millones en YouTube, fue Chapiadora, una palabra caribeña, de uso cotidiano en República Dominicana. Chapiar es cuando hacés que el chabón te pague todos los caprichos y ahí Cazzu mete un beat rapidísimo y dice, en la jeta, “estoy enseñándoles que hay poco tiempo para hacer plata”. No sólo lo tiene clarísimo, lo canta, y nosotras lo perreamos. “Soy inteligente, no negocio con giles, no quiero ma’ amigo, quiero ma’ miles”, dice, y ese estribillo que a las feministas nos sonó como una alerta, ruidosa, ojo, acá hay una compañera, esto es un himno, una bandera, el sonido de nuestra lucha:

Chapi, chapi, chapi, chapi

Pensando en el money, papi, a todas horas

Tengo una gata que cuenta billetes todo el día, parece contadora

En la cartera va un rímel, labial, perfume y una calculadora

Chapi, chapi, chapi, chapi

Las que cuentan money son las que no lloran



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“La imposición de las ideas y de “CÓMO PENSAR” me lo espero del patriarcado, no de una corriente que lucha por lo mismo que yo y hoy me impone que sea de TAL manera”, twitteó Cazzu en diciembre pasado. Sí, dijo la palabra patriarcado, y sí, salió a defenderse de las feministas abolicionistas de la prostitución que veían en sus letras una defensa del trabajo sexual y de excitación al capitalismo. Y lo hizo a su modo, con la certidumbre de su camino recorrido: para ser mujer en un ámbito tan machista como es el de la música, donde sólo lideran tipos o pibes, hay que saber defenderse y proteger la guita con uñas y dientes. Uñas brillantes con strass, pero su guita.


Y dijo más: “A la ley no le conviene que sea legal el trabajo sexual porque desaparece el morbo de la trata que alimenta la mayor enfermedad del macho. A mí me tocó algo que nunca esperé, y es que las trabajadoras sexuales siempre se acerquen a mis shows con entusiasmo de conocerme. ¿Quién soy yo para ir en contra de una labor que ellas mismas eligieron? Antes de quitarles esa posibilidad prefiero pensar si mi país podría ser como otros países que me tocó visitar donde la ley ampara, y por lo consiguiente está regido el lugar, tanto los stripclubs como los que incluyen más servicios. Eso sería más seguro. Sólo en nuestro país eso se ve cómo trata, porque jamás les han permitido ejercer su labor legalmente y siempre se mantuvo la tranza con la policía y el gobierno para permanecer en la calle, y en el peligro que eso implica. No nos sumerjamos en tomar una contrariedad LIBERAL VS. RADICAL charlemos dentro del respeto y la experiencia, nos lo debemos. Esta lucha NO ES de nosotras contra nosotras. Es contra el PATRIARCADO escuchémonos con respeto y tolerancia somos aliadas”.

Esto pasó hace seis meses y Cazzu no rompió nada, sólo movió el avispero, se colocó en un lugar, se diferenció y tomó un compromiso. Hasta logró que Malena Pichot le pidiera disculpas después de hacer una generalización desafortunada sobre el compromiso de las traperas en la lucha feminista.

Sin una gran formación académica en el feminismo, sin pertenecer a una organización, Cazzu plantó bandera en uno de los parteaguas más fuertes del feminismo, y no dudó. En su entorno, que es un equipo de mujeres amables y amigas, hablan de que la exposición la obligó a pensarse en determinados parámetros. “Creo que la vida misma y el lugar donde trabajamos hace que te aferres mucho más a los ideales que uno construye en el paso de la vida”, comentaron.

Si las trabajadoras sexuales se acercaron a la trapera fue como fans, porque Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, advirtió que no tuvieron un contacto oficial con ella. Cazzu tampoco parece querer ocupar un rol de activista, sólo expresó lo que piensa y de qué lado de la grieta feminista está. Orellano dice: “Que alguien tan popular como ella hable de la autonomía económica, de cobrarle al patriarcado, de ser dueña de nuestra putez es otro mensaje, otra voz, para un montón de chicas. A muchas de nosotras la música que nos llegaba en nuestra adolescencia reforzaba el amor romántico, el régimen heterosexual. Ver ahora pibas tan jóvenes entonar esas letras es un cambio cultural”.

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Emo, bruja y ansiosa. Mientras lxs haters se concentran en atacarla por los conceptos que elige para cantar (¿les pasa lo mismo a los músicos? no creo), ella se concentra en ampliar su sonido a esas influencias que trae desde lejos. En C14TORCE II, la canción que sacó el Día de los Enamorados, el 14 de febrero, aprovechó para lanzar su “emo club”, el nombre de su comunidad de fans. Fue después de un testimonio sobre violencia a su novio CRO, donde tomó una postura muy cauta, sin comunicarse con sus fans. La canción ya no es rapeada, Cazzu pone su voz al servicio de una balada dark y triste, que habla de la ansiedad, de la decepción, del corazón roto. Hace remeras con esas frases, pero recibe miles de mensajes haters acusándola de que lucra con una “enfermedad mental”, que en realidad es un trastorno, nada nuevo: otra vez le exigen a una mujer que pida permiso para hablar de lo que quiera, para hacer guita con lo que quiera. Cazzu los manda a cagar. Todo lo transforma en algo más poderoso para su proyecto. Brujería es el último tema, un video superproducido, con sonidos árabes, con ella mirando directo a lxs enemigxs, al corazón de su voluntad.

Link: https://latfem.org/cazzu-rimel-labial-perfume-y-una-calculadora/

Cobertura juicio a Cristian Aldana para Rolling Stone


Notas:

Juicio a Cristian Aldana: la defensa pide apartar a los jueces

10 de agosto de 2018  • Link: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/cristian-aldana-intento-declarar-y-termino-pidiendo-apartar-a-los-jueces-nid2161144

El juicio a Cristian Aldana ayer tuvo una nueva audiencia, en la que iba a declarar la última de las siete mujeres que lo acusan por el delito de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores. Pero, a último momento, en vez de ser convocada J. se dio lugar a que el cantante y guitarrista de El Otro Yo le hable a los jueces. "Primero, quiero decir que Dios bendiga a este tribunal y a la querella”, dijo en su primera intervención.

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Cristian Aldana en la recta final de su juicio: ¿por qué se quedó sin abogado?

26 de marzo de 2019  • https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/cristian-aldana-sin-su-abogado-se-enfrenta-nid2232134

Cristian Aldana enfrenta las últimas semanas del juicio por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores. En prisión preventiva desde el 22 de diciembre de 2016 en el Penal de Marcos Paz, a 61 kilómetros de Capital Federal, la situación del músico de El Otro Yo se complica cada vez más: expulsaron del juicio a su abogado Rodolfo Patiño, la justicia le embargó sus cuentas, rechazó su defensa oficial, y los testigos parecen incriminarlo.

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Por qué volvió a postergarse una etapa clave del juicio a Cristian Aldana

6 de junio de 2019  • https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/por-que-volvio-postergarse-etapa-clave-del-nid2255315

Los vaivenes del juicio a Cristian Aldana no cesan. Este jueves estaba previsto el comienzo de los alegatos, que vienen siendo pospuestos hace semanas, pero un planteo del nuevo abogado privado del cantante, Nicolás Grasso, obligó al Tribunal a esperar unos días más.

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Caso Cristian Aldana: comenzaron los alegatos y el músico otra vez se quedó sin abogado

25 de junio de 2019  • https://www.lanacion.com.ar/sociedad/caso-cristian-aldana-comenzaron-alegatos-musico-otra-nid2261394

Este martes comenzaron los alegatos en el juicio que enfrenta Cristian Aldana por los cargos de abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores de siete mujeres. El músico contó con una defensora oficial porque hoy renunció el penalista Nicolás Grasso, que había asumido como su nuevo abogado hace pocas semanas.

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Caso Cristian Aldana: la querella pidió 40 años


En el juicio por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete casos que enfrenta Cristian Aldana , las querellas pidieron 40 y 20 años de prisión. El proceso judicial que lleva más de un año y por el que pasaron más de cien testigos -entre ellos cuatro mujeres que, sin presentar cargos, relataron las mismas vejaciones que las denunciantes-, está por llegar a su fin después de reiteradas dilaciones por parte del músico y de sus abogados defensores. Hoy comenzó el extenso alegato del fiscal, que no llegó a pedir pena después de varias horas de exposición, y que continuará el martes.





Revisita Viva: Nota a Sabrina Cartabia

 Nota en Revista Viva 11/05/2019
Link: https://www.clarin.com/viva/historia-desconocida-abogada-thelma-fardin_0_uSVwkxVjr.html

Un corazón brillante y verde le cuelga del cuello. No es la forma del corazón de fantasía: tiene fisonomía muscular. Las uñas también brillan, verdes. Todo en el mismo tono que el pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que cuelga en la pared detrás de ella. Sabrina Cartabia está sentada en el sillón de su casa en Almagro, ese mismo donde la revista estadounidense Time la retrató en octubre de 2018 como una de las mujeres líderes de la nueva generación.

Su gata gris se le trepa, hasta que se duerme en su regazo mientras ella habla de violencia sexual. Puede hacerlo porque la abogada que asesora a Thelma Fardín se mueve poco cuando habla. Su estricta seriedad parece no tener grieta, salvo cuando hace memoria y cuenta el momento en el que se asumió feminista por primera vez. Ahí sonríe, ante el entusiasmo revolucionario que vivió a sus 23 años, cuando fue a su primer Encuentro Nacional de Mujeres a Tucumán en 2009. A partir de ese momento empezó a mirar toda su vida, la pasada, presente y futura, con el tamiz violeta que dan los anteojos de la perspectiva de género. Ahora más que nunca, dice, hay que redoblar la apuesta hacia la sociedad entera: “Hay una decisión que tenemos que tomar, porque durante muchísimo tiempo lo más habitual fue no creerles a las víctimas, y eso ha provocado mucho daño, a punto tal de avalar nuevos episodios de violencia sexual por parte de las mismas personas. Tenemos la oportunidad de cambiar nuestra forma de afrontar este tipo de procesos para protegerlas y prevenir lo peor”.


"No creerles a las víctimas ha provocado mucho daño. Tenemos la oportunidad de cambiar".

El 11 de diciembre pasado, su vida cambió para siempre. Fue entonces cuando se sentó al lado de Thelma Fardín en la conferencia de prensa que dio en el Multiteatro junto al colectivo Actrices Argentinas, para difundir la denuncia penal por abuso sexual radicada en Nicaragua contra Juan Darthés. Su teléfono no paró de sonar durante semanas, en las redes sociales las mujeres le piden patrocinio jurídico por sus situaciones de violencia, la invitaron a los programas más vistos de la televisión y, en la mesa de Mirtha Legrand, tuvo que contestar la pregunta que le hizo la conductora: “¿Usted qué haría si fuera violada?”. La risa que se le escapó, porque nada en la entrevista le dio a entender que vendría esa pregunta, le dio el tiempo para retomar el control: ella no habla sobre supuestos, plantea sus argumentos con datos y estadísticas. “No puedo saber, ni lo puedo responder. Eso se evalúa en el fuero interno de cada mujer, pero según el Ministerio Público Fiscal en el 72% de los casos de denuncias de género las causas son archivadas”, y salió airosa de la situación.

Todo empezó en un tren. Estudió en la UBA y se recibió con diploma de honor. Nació en Capital Federal, pero desde muy chica vivió en Caseros, provincia de Buenos Aires, donde vivió 25 años en el seno de una familia de trabajadores municipales. “En mi familia la discusión política estaba muy presente. Recuerdo los debates en las mesas de los domingos: una mitad era radical y la otra, peronista. Ahí aprendí que había que tomar posiciones sobre la realidad”, recuerda. Entró en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en el turno mañana, y se tomó los trenes San Martín y Sarmiento todos los días durante cinco años. Se levantaba a las 5:30 para llegar a horario. “Mi adolescencia estuvo signada por eso. Tengo mucha memoria de viajar en el transporte público atiborrado de gente, donde nos mojábamos si llovía, nos moríamos de frío en invierno porque no había ventanas, la mitad de las veces sin luz”, cuenta. Cada madrugada, cuando viajaba a Capital Federal, estaba signada por el miedo y la vulnerabilidad en un tren repleto, cuerpo a cuerpo con desconocidos, sobre todo hombres. Se acuerda del año en el que un fallo del Tribunal Superior de Justicia obligó al Estado a arreglar el tren: ése es su primer recuerdo sobre cómo la justicia puede ejercer una diferencia en la vida de los ciudadanos.

Mi hija, la abogada. Es la primera abogada de su familia, y es la primera generación de profesionales. No fue una elección apasionada, cuando terminó el colegio no sabía qué estudiar; le interesaba psicología, pero fue su papá el que le aconsejó que siguiera una “carrera comodín como es el Derecho”, según recuerda. Sin vocación y con toda la indecisión de los 18 años, se anotó en el código 001 de la UBA. A medida que pasaban las materias le fue encontrando el gusto a lo que se convirtió en su profesión. Hubo un momento, al mediar la carrera, que una compañera de estudio y amiga se fue con una beca de grado a estudiar a la Universidad Autónoma de Madrid y tomó unos cursos de género y feminismo. Cuando volvió le trajo un libro de teoría que fue su revelación personal. Se trata de Una teoría feminista del Estado, de Catharine MacKinnon, un libro de casi 800 páginas que le sirvió como puerta de entrada a la discusión mundial del derecho con perspectiva de género. Entonces, con su amiga, se anotaron en todas las materias que hablaban de esto: eran seis cursos en total. Sólo pudo ir a cuatro y el resto de su formación jurídica feminista la hizo por fuera. “Hoy la oferta de materias con perspectiva de género es enorme”, dice.

Fue al Encuentro Nacional de Mujeres y, casi al mismo tiempo, definió la orientación de la carrera: tributarista. “Tenía fama de ser la más compleja, y como yo había tomado la decisión de trabajar en temas de género y feminismo jurídicos, que era algo mal visto, de baja categoría, pensé que si me recibía con honores en tributario iba a legitimarme ante determinados interlocutores.” Su profesora, Alicia Ruiz, la convocó para trabajar con ella en el Tribunal Superior de Justicia, pero sólo estuvo un año. “Todos quieren hacer carrera ahí, pero no era para mí”, dice. A ella le gusta hacer muchas cosas, un multitasking laboral que pretende sostener. Cartabia no tiene un gran estudio jurídico, atiende sólo algunos casos que le refieren gente de confianza.

Además, trabaja como asesora en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, es investigadora asociada del Programa de abogacía feminista de la Universidad Di Tella, pertenece al grupo de investigación del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), es presidenta de la Asociación Civil Red de Mujeres, integró el Colectivo Ni Una Menos y formó parte de la Coordinadora Feminista Antirrepresiva.

El caso clave. Si tiene que hablar de un caso que le cambió la vida, el nombre es el de Yanina González. Fue en 2014. “Yanina tenía 19 años, estaba embarazada de seis meses y quien era su pareja mató a su hija de 2 años. Ella quedó imputada y fue presa con preventiva, y él, en libertad. El caso llegó al movimiento de mujeres porque había abandono procesal, no la estaban defendiendo bien y se venía el juicio, donde podían condenarla”. Ahí conoció a Gabriela Conder, otra abogada feminista con quien empezaron a trabajar junto a Carina Leguizamón. “Esa fue una experiencia súper enriquecedora, juntarme a trabajar en el articulado de una estrategia para defender una injusticia muy grande”, dice. Y ganaron: Yanina fue absuelta. Pero se dieron cuenta de que se iba a repetir un caso así por la falta de capacitación en género que tienen los agentes judiciales.

El tsunami Thelma. Un día, la periodista y escritora feminista Luciana Peker la contactó con Thelma Fardín. “El trabajo que hicimos en conjunto fue encontrar las herramientas para que ella pudiera hacer algo con lo que había vivido. Empezó a formarse, a leer, y a codificar todo de manera feminista, para entender qué le había sucedido y por qué.” Lo que Cartabia dice es que en ese proceso Thelma entendió que no es algo que le pasó a ella exclusivamente, sino que la violencia sexual es una situación sistemática en la sociedad contra niñas y adolescentes.

Estuvieron juntándose durante meses, compartiendo lecturas, conversando juntas hasta que Thelma decidió que quería acusar. Eso fue durante las vigilias en la calle mientras en el Congreso se debatía el proyecto de ley para legalizar el aborto. Thelma supo que iba a acusar, pero juntas esperaron el momento adecuado para hacerlo.

De saco rosa y con un póster de la feminista antirracista Angela Davis detrás, referente del movimiento Panteras Negras estadounidense, su casa es un pequeño museo de su recorrido activista. En cada rincón hay un recuerdo de viaje feminista, un libro, un póster (el de Eva Perón se destaca). También, sorprendentemente, existe lugar para un pequeño altar para Buda. “No me considero budista, pero simpatizo con sus principios, y practico meditación cada día de mi vida”, cuenta. Amante de la filosofía oriental, viajó a Japón el año pasado, festeja el año nuevo chino y sirve el té como ceremonia.

"Nunca imaginé la magnitud del cimbronazo que provocó Thelma cuando pudo expresarse".

Tal vez sea de ahí donde saca la templanza. “Sabíamos que una vez que Thelma pudiera expresarse iba a ser un cimbronazo, pero yo nunca imaginé que iba a ser de tal magnitud”. Las redes sociales y las conversaciones familiares tuvieron un gran tema durante semanas: el relato de cantidad de mujeres, adolescentes, niños y niñas que empezaron a contar las violencias que habían sufrido a partir del #NoEsNo y la campaña #MiráCómoNosPonemos que impulsaron con Thelma Fardin y el colectivo de actrices.

Los escraches –o, como ella prefiere llamarlos, “la toma de la palabra pública”– abren un nuevo paradigma social. “Me parece que se está asentando un nuevo dogma y un nuevo Deber ser, que es que hay que salir a tomar la palabra pública siempre sí o sí, que eso sana. Y puede sanar en algunos casos, pero puede no hacerlo en otros; hay que reflexionar sobre eso.” Ella, que tiene tantas historias de abuso y violencia en su carrera, tuvo que elegir una imagen firme e impasible en el ámbito profesional. Pero en lo personal, guarda energía para compartir con su pareja y sus amigas, con quienes sale a bailar reggaetón, a cantar clásicos del rock nacional (Los Piojos, Sandro, Las Pelotas, Los Redondos) o a ver a su ídola, la cantante Sara Hebe.