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21 de septiembre de 2020

Latfem: Mala reputación




Producción general del disco Mala Reputación: Latfem presenta una memoria feminista en canción.


https://open.spotify.com/album/5JZhhS3MgW4b4XY0aLvH6L?si=0Ppp9ZFoSkibakV-PRFY-A 


 

10 de noviembre de 2019

LATFEM: Shirley Manson en la Argentina: “romper el sistema binario es la jugada más inteligente que podemos hacer como sociedad”

Publicada el 9/11: https://latfem.org/shirley-manson-en-la-argentina-romper-el-sistema-binario-es-la-jugada-mas-inteligente-que-podemos-hacer-como-sociedad/

El teatro estaba lleno de “rarxs”. La sala catalana de San Telmo tenía todas las butacas y palcos ocupados por mujeres, lesbianas, trans, gordas, negras, marrones, a pie, en silla de rueda, y unos pocos fans de remera negra. El telón bordó y las luces tenues del Espacio Xirgu Untref preparaban la emoción que se vendría. “¿Cuándo sintieron por primera vez que las estaban pasando por alto solo por ser mujer?”, preguntó Barbi Recanati. El fuego ya estaba encendido. Shirley Manson, esa que en 2001 vimos mear de parada en el video Androgyny de su banda Garbage, agarró el micrófono con decisión: “Lo primero que se me viene a la cabeza es como un fuego, porque yo siempre fui una líder poderosa de mi banda”. Apasionada, comenzó el relato de algo que le pasó hace unos años con un tono entre gracioso y enfurecido. Shirley le había dado instrucciones específicas al abogado de su banda, y éste, en lugar de hacer lo que le pidió, fue a consultarlo con el resto de los músicos varones. “Cuando me vinieron a contar me pareció raro, tardé unos minutos en darme cuenta lo que había pasado, y dije fuck him, I want him out, lo quiero afuera, y mis compañeros dijeron: bien”.





En el escenario estaba la música Barbi Recanati como moderadora de la charla final del Goza Tour, un ciclo de conversaciones que durante todo el año giró por las provincias con invitadas especiales (Miss Bolivia, Susy Shock, Marilina Bertoldi, Pat Pietrafesa, Lula Bertoldi, Natalia Perelman, Mariana Paraway, Florencia Mazzone y la periodista de LatFem Romina Zanellato) organizado por el British Council, Futurock y el sello feminista Goza Records para debatir la situación de las mujeres, lesbianas, trans, no binaries en la industria de la música. El cierre ocurrió el jueves a la tarde y tuvo dos invitadas de lujo, la escocesa Shirley Manson, líder de Garbage, y la música chilena Francisca Valenzuela, motor del festival y plataforma feminista Ruidosa.

“Hay algo subversivo en apropiarse de tu propio proyecto. Me costó mucho empoderarme de mi deseo, de no sentir vergüenza o culpa de ser ambiciosa, y dejar de delegar la inteligencia de mi proyecto en otros”, dijo Valenzuela. Antes de empezar la charla, tocó unas canciones en el piano con sus coristas, y contó que ahora su equipo de trabajo está compuesto por mujeres y miembrxs de la comunidad LGTBIQ+. Al principio, acataba las formas del mercado, las imposiciones de los sellos, el maltrato patriarcal de la industria, hasta que entendió que podía hacerlo de otra manera, hasta que en una entrega de premios se fue a un rincón y encontró a otras colegas en la misma incomodidad. Al volver a su casa esa noche de premiación, Francisca decidió hacer Ruidosa, un festival chileno que tiene el objetivo de visibilizar a las músicas y les musiques que no llegan a los grandes escenarios, y que también tuvo sus versiones en México y Los Ángeles. “Tuvimos que hacer el relevamiento de la participación de mujeres en los carteles de los festivales para callar a aquellos que siempre tienen un pero ante nuestros reclamos. El dato mata la opinión, el número es el argumento”, dijo.

La discusión, sobre el escenario, viró hacia la ley de cupo para asegurar un 30% de músicas en los escenarios de los festivales, proyecto que tiene media sanción en el Congreso. Shirley, con su pelo naranja y su media cabeza rapada, no dudó. “Cuando era joven estaba en contra de la discriminación positiva, creía que la ley no modificaba la cultura, pero ahora creo que no se puede confiar en el corazón y la buena voluntad de los empresarios de la industria. Ya quedó demostrado que son corazones corruptos. Así que sí, dame el maldito cupo que me corresponde”, y su carcajada, estruendosa, rebotó por la sala, por lxs espectadorxs, contagiosa, productora de más risas, más eco.


Íntima y poderosa
El viernes por la mañana Shirley llegó con su marido a la casa de Barbi Recanati en Colegiales. Un pequeño grupo de periodistas de música la esperaba para una entrevista íntima en la sala de estudio de Goza Records. De camisa blanca y pañuelo rojo con lunares, la escocesa transmitía curiosidad, empatía y poder. El día anterior había hablado sobre abusos, sobre lo hardcore bitches que ella y sus colegas tuvieron que ser en los ’90 para sobrevivir en la escena, y aún le resonaban las preguntas del público, lo poderoso que fue el encuentro para ella. Ahí, rodeada de periodistas precarizadas y discriminadas en sus propias redacciones, Shirley empezó haciendo las preguntas. “Pero, ¿cómo puede ser que no puedan escribir sobre rock? ¿por qué eligen siempre a redactores varones?”. La catarsis comenzó y ella escuchaba azorada cómo los editores de los grandes medios dieron excusas y vueltas ante el único requerimiento que pidió Barbi Recanati: las notas las escriben periodistas mujeres. El espacio lo hacemos entre nosotras, de manera colectiva, fue el resumen.

Y el interés de Shirley por Argentina empezó así: La primera vez que vino la entrevistó la periodista de MTV Mikki Lusardi y pegaron onda. Ella le contó sobre el movimiento #NiUnaMenos y empezó a prestar atención. “Las empecé a seguir en Instagram y me mantenía informada por ahí”, dice. La segunda vez que vino, en 2016, “las chicas muy jovencitas me ponían un pañuelo verde con una insignia blanca en la mano y yo no sabía qué era, empecé a averiguar”, cuenta. Desde la cuenta de Twitter de su banda, Garbage, se pronunció en varias ocasiones como compañera de la lucha feminista argentina.

En los días que estuvo en Buenos Aires, Shirley entró a varias iglesias de la ciudad, y quedó flasheada con la pasión de lxs creyentes que vio. “Fue muy intenso ver a estas personas persignarse en el estrado, y por eso creo que es tan importante el pañuelo verde y la luchan que llevan adelante, porque están luchando contra algo muy poderoso, con mujeres que creen que abortar las convertirá en el diablo”.

Si bien dijo que no se considera una activista porque no dedica su vida entera a la causa, a lo largo de la entrevista habló sobre las mujeres iraníes, las brasileñas, las francesas, las comunidades trans de su país de adopción, Estados Unidos, y de su tierra natal, Escocia.

Lo que aprendió y lo que dice en cada respuesta habla de un feminismo transversal y no especista: “Tenemos que hablar con todas, con mujeres negras, marrones, indígenas, en sillas de rueda, trans, no binaries, con todes. Si sólo nos centramos en las luchas de las mujeres blancas el feminismo no va a avanzar, tenemos que pensar en todas, y eso se hace hablando y conociéndonos”, resaltó.


Glitter, Rihanna y Evita
“Me hago lesbiana por Rihanna”, dijo, y explotó la carcajada. “Quién no”, “quiero esa risa de ringtone”, se escuchó por lo bajo. En el estudio de Goza Records, Shirley Manson hablaba con la custodia de una gran fotografía de Patti Smith y un pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la pared. “Para mí Rihanna es una gran modelo a seguir, la amo. Lizzo también es excelente, nunca hubiera podido funcionar en mi tiempo. Igual que Billie Ellish, convoca de una manera increíble a les jóvenes. Ahora hay otras formas de ser mujer y de ser exitosa”, dice.

“Fuiste a comer al Museo Evita y subiste una foto con un mural de Evita, ¿qué te convoca de su figura?”, pregunta la periodista Paz Azcárate, y Shirley empieza con su anécdota: “Cuando era chiquita, en los ’70, el musical de Evita de Andrew Lloyd Webber pegó mucho en Escocia, y lo canté en el coro de la escuela, lo toqué con violín y piano. Mis maestras me contaron su historia y, aún sin saberme feminista, me encendió su vida. Toda mujer poderosa me interesa. Sus discursos me conmueven”. La periodista Catalina Greloni Pierri le recordó que tocó No llores por mí Argentina en su último show que dio con Garbage en el Luna Park. Las risas explotaron de nuevo y Shirley pidió disculpas por eso. “Me dijeron que soy peronista pero que aún no lo sabía, y les creo”, confesó.

Hermosa e imponente, Shirley contó que muchas veces le ofrecieron hacer fotos desnuda o sexy y que ella prefirió mostrarse rara y feroz. “Siempre entendí el poder del cuerpo de la mujer”, dice, y ahora se ríe de sus arrugas, de las veces que a los 30 le dijeron que era muy grande para liderar una banda porque ya no era fuckable, o cogible. La imagen agresiva y masculinizada de sí misma siempre le interesó, y está en sus canciones desde el primer día. Siempre supe que era heterosexual, pero me fui dando cuenta con los años que me identifico con lo no binario. Romper el sistema varón-mujer es la jugada más inteligente que podemos hacer como sociedad, y hay que mirar a la comunidad LGTBIQ+ para aprender de elles”.

Hubo aplausos, risas, foto grupal, individual, medialunas y café negro para ella. El domingo se va a Chile, a tener la misma charla con Barbi Recanati y Francisca Valenzuela del otro lado de la cordillera, donde el fuego está prendido.

29 de junio de 2019

Latfem: Cazzu: rímel, labial, perfume y una calculadora

La historia de la jefa del trap y su feminismo. De cómo enfrenta a lxs haters y se posiciona a favor del trabajo sexual. Romina Zanellato analiza su derecho a bebotear y hacer guita.
Cazzu: rímel, labial, perfume y una calculadora




Cazzu está en el asiento de conductora. Se escuchan las balizas, está esperando a una amiga. También se escucha una canción de reggaetón. Cazzu saca el teléfono y le graba lo que está escuchando a su amiga que entra y se sienta de acompañante. Cazzu gira la cámara hacia adelante, va a manejar, y se ve, rápido en el paneo, los cuatro círculos entrelazados en la tapa del volante: el logo de Audi. Una storie de Instagram. Una storie que deben haber visto las 3 millones de personas que la siguen. Un auto que, tal vez, costó cerca de esos millones de pesos.

Ella habla poco en los medios, pero su historia la contó: se llama Julieta Emilia Cazzuchelli, nació en Fraile Pintado, Jujuy, el 16 de diciembre de 1993. Es la hermana mayor de tres hermanxs. De padres musicales y folclóricos, ella y su hermanx Flo tenían condiciones de cantantes. Juntas se fueron a vivir a San Miguel de Tucumán para estudiar. Se metió en cine y armó sus bandas. Cazzu dirigió algunos de sus primeros videos de los grupos de cumbia que tuvo, el último bajo el nombre de Juli K. Mientras ella ganaba nombre como cumbiera, siempre emo, siempre con look noventera, su hermane, Flo Cazzuchelli, se fue convirtiendo en une DJ de Tucumán que habita la movida autogestiva, feminista y queer. Pero le Dios del éxito musical habita en Buenos Aires y Cazzu armó su bolso cuando su proyecto Juli K estaba tomando vuelo. Empezó a trabajar con una reconocida banda de cumbia que ella no quiere nombrar, viajó por Europa con ellos, y se desencantó del desprecio que mostraban por lo que hacían. Volvió en crisis. Y de esa crisis nació su trap.

126 millones de visualizaciones después en su canal de YouTube, y tantos millones más en las canciones donde colabora con un featuring a otros artistas, Cazzu sabe que el trap se puede agotar pronto. Y ella es cantante. Tiene visión, ideales y equipo. No está sola, aunque lo parece. Es la única mujer en el cartel del Buenos Aires Trap, el festival que se hizo el 23 de febrero en el Hipódromo de Palermo. No es un dato menor, fue la coronación del género como suceso indiscutido en la música argentina. Y ella lideraba el cartel. Es nuestra QueenC, la jefa de la movida, ahí, rodeada de tipos, de gangstas argentinos del flow. ¿Por qué es la única que está ahí? ¿No hay más mujeres que trapeen? Sí, hay, pero con otra onda, hablan de cómo rivalizar para buscarse tipos, incluso algunas son antiderechos, y nada tienen que ver con su idea de mujer.

“Págame, págame, págame, que este culo se lo merece”, bebotea en el video-hit de Khea, Loca, esa canción que jamás pudimos dejar de cantar, la que tiene 382 millones de reproducciones en YouTube y parece que no tiene techo de audiencia. Ahí, vestida de rosa bebé, Cazzu marca la línea de lo que será su lucha: en el capitalismo salvaje las mujeres queremos trabajar para tener guita, para bancarnos nuestros lujos, para nuestra independencia, para salir con nuestras amigas. Si querés este culo, pagalo. Eso que llamás sexo, ella lo llama laburo. Y su visión empresarial está casada con su autogestión. Parece que pocxs saben entender el nuevo mercado de la música como ella. Sin atarse a ningún sello, Cazzu anda libre y administrando sus cartas como una jefa.


*

Un par de besitos, filmado en San Miguel de Tucumán, lo dirigió Cazzu. En un boliche están escuchando rap yanqui, ella entra y su presencia hace que empiece una cumbia dark. Lo emo y rocker está en ella desde este video en 2014, cuando era Juli K. Esa imagen es la que imanta. Una chica sensible, medio depre, y peligrosa, con un cuerpo escultural, una especie de Harley Quinn que anda con un oso de peluche, una lágrima de Emoji en el selfi, el dedito en la boquita y el peligro de una asesina serial de tu corazón.

Si en Argentina una nunca deja de buscar el mango, aún cuando tiene éxito, porque en cualquier momento se puede perder, el mango fijo hay que buscarlo afuera. Su idea de negocio es bien clara: Cazzu no se casó con ninguna disquera local porque necesita estar libre para hacer asociaciones con músicxs de todo el mundo. Prefiere no estar nominada a los Premio Gardel pero irse a Puerto Rico a hacer una colaboración en el escenario con Bad Bunny, el trapero que se saca fotos con Rosalía y juega en las grandes ligas mundiales de la música urbana.

“No nos gustan las disqueras. Siempre hay problemas para colaborar y tenés que firmar millones de papeles. Nosotros somos re inmediatos. Un día grabamos una canción, otra un video y la subimos. Los sellos como que la quedan. Nosotros nos juntamos con los que queremos y hacemos plata. Pero también trabajamos una banda. Estamos en una era digital que la comprendimos y sabemos cómo usarla. Somos como diferentes artistas independientes. Económicamente más exitosos que muchos artistas que no son independientes. Es loco, tengo colegas que facturan más que Charly”, le dijo a La Nación Espectáculos hace unos meses.

Sabe de negocios, sabe que volver su discurso y su habla neutral, con vista a toda Latinoamérica, será la puerta de su éxito a largo plazo. Su primer gran éxito, 14 millones en Spotify y 42 millones en YouTube, fue Chapiadora, una palabra caribeña, de uso cotidiano en República Dominicana. Chapiar es cuando hacés que el chabón te pague todos los caprichos y ahí Cazzu mete un beat rapidísimo y dice, en la jeta, “estoy enseñándoles que hay poco tiempo para hacer plata”. No sólo lo tiene clarísimo, lo canta, y nosotras lo perreamos. “Soy inteligente, no negocio con giles, no quiero ma’ amigo, quiero ma’ miles”, dice, y ese estribillo que a las feministas nos sonó como una alerta, ruidosa, ojo, acá hay una compañera, esto es un himno, una bandera, el sonido de nuestra lucha:

Chapi, chapi, chapi, chapi

Pensando en el money, papi, a todas horas

Tengo una gata que cuenta billetes todo el día, parece contadora

En la cartera va un rímel, labial, perfume y una calculadora

Chapi, chapi, chapi, chapi

Las que cuentan money son las que no lloran



*

“La imposición de las ideas y de “CÓMO PENSAR” me lo espero del patriarcado, no de una corriente que lucha por lo mismo que yo y hoy me impone que sea de TAL manera”, twitteó Cazzu en diciembre pasado. Sí, dijo la palabra patriarcado, y sí, salió a defenderse de las feministas abolicionistas de la prostitución que veían en sus letras una defensa del trabajo sexual y de excitación al capitalismo. Y lo hizo a su modo, con la certidumbre de su camino recorrido: para ser mujer en un ámbito tan machista como es el de la música, donde sólo lideran tipos o pibes, hay que saber defenderse y proteger la guita con uñas y dientes. Uñas brillantes con strass, pero su guita.


Y dijo más: “A la ley no le conviene que sea legal el trabajo sexual porque desaparece el morbo de la trata que alimenta la mayor enfermedad del macho. A mí me tocó algo que nunca esperé, y es que las trabajadoras sexuales siempre se acerquen a mis shows con entusiasmo de conocerme. ¿Quién soy yo para ir en contra de una labor que ellas mismas eligieron? Antes de quitarles esa posibilidad prefiero pensar si mi país podría ser como otros países que me tocó visitar donde la ley ampara, y por lo consiguiente está regido el lugar, tanto los stripclubs como los que incluyen más servicios. Eso sería más seguro. Sólo en nuestro país eso se ve cómo trata, porque jamás les han permitido ejercer su labor legalmente y siempre se mantuvo la tranza con la policía y el gobierno para permanecer en la calle, y en el peligro que eso implica. No nos sumerjamos en tomar una contrariedad LIBERAL VS. RADICAL charlemos dentro del respeto y la experiencia, nos lo debemos. Esta lucha NO ES de nosotras contra nosotras. Es contra el PATRIARCADO escuchémonos con respeto y tolerancia somos aliadas”.

Esto pasó hace seis meses y Cazzu no rompió nada, sólo movió el avispero, se colocó en un lugar, se diferenció y tomó un compromiso. Hasta logró que Malena Pichot le pidiera disculpas después de hacer una generalización desafortunada sobre el compromiso de las traperas en la lucha feminista.

Sin una gran formación académica en el feminismo, sin pertenecer a una organización, Cazzu plantó bandera en uno de los parteaguas más fuertes del feminismo, y no dudó. En su entorno, que es un equipo de mujeres amables y amigas, hablan de que la exposición la obligó a pensarse en determinados parámetros. “Creo que la vida misma y el lugar donde trabajamos hace que te aferres mucho más a los ideales que uno construye en el paso de la vida”, comentaron.

Si las trabajadoras sexuales se acercaron a la trapera fue como fans, porque Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, advirtió que no tuvieron un contacto oficial con ella. Cazzu tampoco parece querer ocupar un rol de activista, sólo expresó lo que piensa y de qué lado de la grieta feminista está. Orellano dice: “Que alguien tan popular como ella hable de la autonomía económica, de cobrarle al patriarcado, de ser dueña de nuestra putez es otro mensaje, otra voz, para un montón de chicas. A muchas de nosotras la música que nos llegaba en nuestra adolescencia reforzaba el amor romántico, el régimen heterosexual. Ver ahora pibas tan jóvenes entonar esas letras es un cambio cultural”.

*

Emo, bruja y ansiosa. Mientras lxs haters se concentran en atacarla por los conceptos que elige para cantar (¿les pasa lo mismo a los músicos? no creo), ella se concentra en ampliar su sonido a esas influencias que trae desde lejos. En C14TORCE II, la canción que sacó el Día de los Enamorados, el 14 de febrero, aprovechó para lanzar su “emo club”, el nombre de su comunidad de fans. Fue después de un testimonio sobre violencia a su novio CRO, donde tomó una postura muy cauta, sin comunicarse con sus fans. La canción ya no es rapeada, Cazzu pone su voz al servicio de una balada dark y triste, que habla de la ansiedad, de la decepción, del corazón roto. Hace remeras con esas frases, pero recibe miles de mensajes haters acusándola de que lucra con una “enfermedad mental”, que en realidad es un trastorno, nada nuevo: otra vez le exigen a una mujer que pida permiso para hablar de lo que quiera, para hacer guita con lo que quiera. Cazzu los manda a cagar. Todo lo transforma en algo más poderoso para su proyecto. Brujería es el último tema, un video superproducido, con sonidos árabes, con ella mirando directo a lxs enemigxs, al corazón de su voluntad.

Link: https://latfem.org/cazzu-rimel-labial-perfume-y-una-calculadora/

20 de abril de 2019

Latfem: Petróleo: Una fiesta al final del pozo

En la estepa patagónica, cuatro hombres conviven en un trailer por trabajo. Cerca, extraen petróleo de un pozo casi vacío. Durante su tiempo libre, los desafíos físicos, las conversaciones y la mirada masculina van revelando la trama de la construcción del género y sus estereotipos. Petróleo es la quinta obra de Piel de Lava y en LatFem deseamos que no se la pierdan.

Afuera hacen varios grados bajo cero, y estos cuatro tipos lo saben porque si mean se les congela el chorro. Hay un pozo negro que saca escaso petróleo, pero habla, es una presencia que los define y oprime como obreros. También como varones.

Afuera el viento frío choca y enloquece, adentro los cuatro tipos hablan para pasar el rato. Están ante la presencia de un nuevo compañero que los desequilibra e incomoda en un tráiler sobre la estepa neuquina. Metro y medio de ancho por tres de largo para hacer cocina, comedor y cuchetas. Los varones apretados y encerrados durante quince días. No hay nadie más que el pozo y la presencia fantasmal del ingeniero que los explota.

Las Piel de Lava, el grupo teatral que dirige, escribe y actúa hace 15 años, lo hizo de nuevo. Petróleo es una obra que se construye en base a un texto preciso, con gran sentido del humor y una profunda crítica a la construcción social de las masculinidades. Por dos horas la aptitud actoral de Laura Paredes, Elisa Carricajo, Valeria Correa y Pilar Gamboa parece no tener desgaste. Estas cuatro mujeres ponen el cuerpo y la voz para interpretar a cuatro tipos, para convertirse en ellos. La Sala Casacuberta del Teatro San Martín se agita de la risa ni bien Pilar Gamboa habla como ese machirulo que todxs conocemos: manitos clavadas debajo de las axilas, cadera hacia adelante, mentón arriba, cancherito, líder, un rústico que creó su identidad a base de dichos populares, códigos de fidelidad y algunos traumas que se acercan peligrosamente a la perversión. Pilar hace de Carli, un personaje que todxs podemos identificar en alguien de nuestra vida. Pilar hace con su voz y su cuerpo una representación mayúscula, se come cruda el escenario.



 

Elisa Carricajo es el elemento disruptivo en la monótona vida de los tres amigos en la desolación neuquina. Ella interpreta al recién llegado, al sindicalista que de tan seguro en su heterosexualidad como varón introduce lo femenino, llevando a los otros tres al debate sobre la libertad, los estereotipos y posturas impuestas por la sociedad. El deber ser masculino, ahí, en el escenario, se ve tan ridículo.

No hay solemnidad, no hay obviedad. Es un retrato inteligente de cómo se construyen las masculinidades, cómo afectan a los varones y, por consecuencia, cómo ejercen su dominio patriarcal sobre las mujeres.

Piel de lava trabajó con la directora Laura Fernández y juntas recrearon un ecosistema de relaciones masculinas, del deseo oculto y latente, amenazante, junto a la hostilidad de ser abandonado y explotado en lo más infinito del olvido de la Tierra. Es el personaje de Carricajo, El Palla, el que sintetiza el concepto de la obra: cuenta que se estaba bañando en el río Limay, en China Muerta, y la corriente era tan fuerte y violenta que sentía que se iba a ahogar “como un pelotudo delante de todos los pibes”, entonces se soltó y dejó que la corriente lo acercara a la orilla y entendió: “la vida es como te la tomás”.

La obra de este grupo de actrices que dirigió y escribió Colores verdaderos (2003), Neblina (2005), Tren (2010) y Museo (2014), y que se estrenó el año pasado en una retrospectiva en el Teatro Sarmiento, estará en el San Martín hasta fines de marzo.

Petróleo / Libro y dirección: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Laura Fernández, Pilar Gamboa, Laura Paredes / Intérpretes: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa, Laura Paredes / Iluminación: Matías Sendón / Escenografía: Rodrigo González Garillo / Vestuario: Gabriela Fernández / Música y diseño de sonido: ZYPCE / Funciones: miércoles a domingos, 20.30 hs (hasta el 31/3) / Teatro: San Martín / Duración: 80 minutos.

17 de octubre de 2018

LatFem: Dominar la tecnología a nuestro favor

Caja Negra editó "Xenofeminismo: Tecnologías de género y políticas de reproducción", de la inglesa Helen Hester. Se trata de un texto vertiginoso sobre el futuro y las posibilidades feministas del dominio tecnológico. Crítica de Romina Zanellato.



¿Y si dominamos la tecnología para dominar nuestra reproducción? La pregunta siguiente se debe referir a quién tiene el pleno control de la medicina reproductiva (la corporación médica, claro, es decir: los hombres), y quiénes deciden que la menstruación, el ciclo, la concepción, el embarazo, el parto y el aborto sean idolatrados desde la concepción “natural”, aislándolos de intervenciones científicas que pudieran darles a las personas gestantes el pleno control de su cuerpo. Menor dolor, mayor intervencionismo.

Las preguntas que dispara Xenofeminismo, Tecnologías de género y políticas de reproducción de la inglesa Helen Hester interrumpen la lectura a cada rato. Su antinaturalismo nos enfrenta a la postura ancestral que heredamos. ¿la tecnología, acaso, no es producida por lxs humanxs?

El texto es la profundización a una arista que se presentó en el manifiesto Xenofeminismo: una política por la alienación que publicó el grupo feminista Laboria Cuboniks en 2015. Y esa arista es el problema de la reproducción, tanto biológica como social. Hester patenta desde las primeras páginas que el libro -editado en la Argentina por Caja Negra- “se construye como un texto polémico, una provocación”. Y sí que lo es.

Pero… ¿qué es el xenofeminismo? El prefijo xeno viene del griego y significa extraño o ajeno, característica indivisible del futuro que este libro propone. Las seis mujeres artistas e intelectuales inglesas que forman Laboria Cuboniks piensan en la ciencia ficción, en Mad Max como un camino inexplorado donde la tecnología y la mujer no se dejaron unir por el sistema capitalista y patriarcal. “El xenofeminismo es un feminismo tecnomaterialista, antinaturalista y abolicionista de género”, se posiciona Hester en el primer capítulo. La tecnología es una herramienta para el activismo, dice la autora, aunque entiende que no es neutra, que puede ser diseñada para controlar a la población pero alienta el hackeo feminista, la apropiación para crear un nuevo sistema: la tecnología es social y la sociedad es tecnológica.

Y es la reproducción el campo de batalla. Hester sostiene que la tecnología tiene la capacidad de ampliar la libertad humana; por ejemplo, “por medio de distintos avances hacia la autonomía reproductiva que nos permitan tener cierto control sobre lo que les ocurre a nuestros propios cuerpos. Esto supone entender la naturaleza no como el basamento esencializado de la corporalidad o la ecología, sino como un espacio de conflicto atravesado por la tecnología”. Discute a quienes adoran la alienación natural que propone el no intervencionismo del cuerpo embarazable, y resalta el peligro de esa postura: la romantización del dolor y el sacrificio femenino por la naturalidad del parto.

Ellas mismas en el manifiesto xenofeminista lo dicen: “la glorificación de “lo natural” no tiene nada que ofrecernos a lxs queer y trans”. La naturaleza y lo natural son campos de confrontación dentro del ámbito de la política. Por eso mismo el abolicionismo de género es el futuro por alcanzar al mediano plazo, porque es ineludible para la transformación emancipatoria que lleva adelante el feminismo.

Hester investiga un caso de las feministas norteamericanas de la segunda ola para ejemplificar su punto: el dispositivo de extracción menstrual Del-Em, diseñado por mujeres en los setenta. No sólo te quitaba la menstruación, también era un método abortivo de las primeras semanas que las feministas realizaban de manera colectiva, en tribus. El uso del Del-Em tenía un protocolo que fue girando por el mundo para que las mujeres pudieran formarse y domar la tecnología para realizar estas intervenciones ellas mismas. El protocolo fue adaptándose a las tribus que lo implementaron, modificándose como un código abierto, fue la tecnología puesta al servicio del feminismo transversal.

Algo similar analiza Hester con la organización Jane de ayuda socorrista, que nació como orientación y asesoramiento para el aborto en el Chicago de los setenta, antes de la legalización en Estados Unidos. Ahí, un grupo de mujeres pasó rápidamente a la acción: la corporación médica, liderada por hombres, impedían el libre acceso a la interrupción voluntaria del embarazo. Se capacitaron y lo hicieron ellas mismas.

Más cerca en el tiempo: la autoadministración de hormonas en Francia para las personas trans también grafica la tesis de Hester. La experimentación sin regulación estatal -que encorseta y cataloga las sexualidades- es el camino que eligieron lxs francesxs.

“¿Por qué hay tan poco esfuerzo explícito y organizado por redirigir las tecnologías hacia fines políticos progresistas de género?”, se pregunta Hester. ¿Por qué “lo natural” de la maternidad, los vínculos sanguíneos de parentesco, el futuro representado como “salvar a nuestro Hijo”, la heroica proeza de las mater-paternidades heterosexuales capitalistas para dejarle un mundo mejor al Hijo, no se someten al dominio tecnológico? Internet y el hackeo es una herramienta para molestar y apropiarse, pero Hester insiste: “Es preciso complementar las disruptivas prácticas de hackeo de género del estilo hágalo usted mismx con otro tipo de intentos que busquen asegurar un cambio más extenso y duradero”. Hay que crear otro sistema donde el acceso a la salud reproductiva esté al dominio de la soberanía de los cuerpos gestantes, y la tecnología a su servicio.

Un libro de alto impacto, indispensable para entender la discusión del futuro y las armas que el feminismo tiene para que usar: el infinito de la tecnología.

Link: http://latfem.org/dominar-la-tecnologia-favor/

12 de marzo de 2018

LatFem: #8M histórico: la marea verde contra el ajuste, por el aborto


“Somos tantas, miles, ¿cuántas seremos en todo el país? ¿cuántas tras las fronteras, en el mundo?”, decía Liliana Daunes ni bien agarraba el micrófono, y la marea verde respondía con gritos, sonidos de tribus y cantos estrellas de la tarde. El #8M fue histórico, por lo masivo, la cantidad de jóvenxs, pero sobre todo por su carácter político y sindical. Las cúpulas obreras descubrieron al feminismo, que no puede ser tal sin el campo popular. Un día antes los sindicatos llamaron a una conferencia de prensa con un hit bien aprendido “La cumbia de la unidad, la bailan las trabajadoras/ la derecha no la baila, porque es una explotadora”. Frente a las cámaras las referentes de la CGT, las dos CTA, CTEP, la Corriente Federal, CCC, Barrios de Pie y el Frente por Milagro Sala, lograron unir en una convocatoria y en una marcha lo que ningún hombre pudo en varios años. Y ayer, ante más de medio millón de mujeres, lesbianas, trans y travestis, el documento que se leyó fue interrumpido en varias ocasiones con un reclamo que parece interno, que parece directo a las cúpulas masculinas: ¡paro general! ¡paro general!

A las 15 el centro de Buenos Aires ya estaba tomado por chicas, señoras, adolescentes, treintañeras, todas las edades, todos los colores, todas con los pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. A las 16 ya casi no se podía circular entre el Congreso y la Plaza de Mayo, todo estaba ocupado por columnas y más columnas. A las 17 las diagonales Sur y Norte rebalsaban de gente para entrar en Avenida de Mayo pero no había fluidez. Sin nada más que hacer, se hacía fiesta, cantos desde megáfonos que se iban repitiendo como ecos; porque lo que las pibas tomaron también ayer fue la palabra. La bandera de arrastre quedó perdida a la mitad de recorrido, nunca llegó hasta la plaza del Congreso. La marea humana no avanzaba, no había lugar, todo era mujeres, lesbianas, travestis y trans. Y también varones, que al parecer no pudieron correrse del foco de atención ni un día.

Si en las anteriores marchas los femicidios y las violencias fueron el reclamo principal, este #8M tuvo dos ejes centrales: contra los despidos y el ajuste del gobierno de Mauricio Macri, y por el aborto legal, seguro y gratuito. No fue un capricho ni una politización orquestada en alguna oficina, en las asambleas feministas que se dieron en el galpón de la mutual Sentimiento, al lado de las vías del tren Urquiza, las despedidas, las trabajadoras en conflicto, llegaban desesperadas a dar su testimonio. Las trabajadoras del Hospital Posadas, del INTI, del Ministerio de Hacienda, de la Casa del Moneda, de Pepsico, las tercerizadas de Latam, las docentes, las trabajadoras de la economía popular, todas afectadas por el ajuste salvaje que lleva adelante el gobierno, que precariza la vida de las mujeres. En las asambleas recibieron un abrazo feminista y un espacio de contención y se evidenciaron como la cara del ajuste. Ahí, en las asambleas -que fueron como movilizaciones en sí mismas por la cantidad de gente que hubo-, cuando se discutió quién iba a ir al escenario las manos alzadas en voto hacia ellas fue muy superior a la propuesta tradicional, la de representación de organizaciones. Hay una urgencia y tiene nombre.

Pero ayer en la calle, las cuadras y cuadras de mujeres le pusieron color a una lucha histórica: verde. Mostraron que la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es unánime en los feminismos organizados. También en los grupos estudiantiles de 15, 16, 17 años que llegaban por oleadas, donde la reivindicación por la Educación Sexual Integral va de la mano del derecho a la autonomía sobre nuestros cuerpos. Como contracara a esto también se notó la ausencia del pañuelo verde en las columnas del campo popular sobre 9 de Julio. En los bases, en los barrios, la discusión no parece estar saldada. La fuerza del pañuelazo el 19F, la presentación histórica por séptima vez del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo con 71 firmas evidencia un momento donde la sociedad está dispuesta a dar el debate, situación que no se le escapa al gobierno. Si fuera oportunismo del gobierno, el movimiento por el derecho al aborto lo va a aprovechar. Pero la sensación de que “es el momento” descansa en el acumulado del feminismo en su reclamo más permanente. Muy claro lo dijo Brenda Austin, una de las diputadas radicales firmantes del proyecto, “no es momento de creencias personales o religiosas, se debate la salud pública”. Y desde el escenario quedó firme: los feminismos sabemos muy bien que el terreno cultural ganado fue en base a la militancia de las mujeres y la presión de la Campaña Nacional por el Aborto Legal. Por eso, la marea feminista marchó hacia el Congreso, en el sentido contrario de lo habitual. Que sepan los legisladores que la presión del movimiento de mujeres no disminuirá.

Marea obrera
En la avenida 9 de julio concentró la columna sindical. Las trabajadoras unidas en un hecho histórico. Las mujeres lograron que las centrales obreras convoquen al paro y salieran a la calle. Eso se notó. Las banderas tuvieron un protagonismo que no se había visto en otras movilizaciones feministas. Es el correlato directo del escenario que planteó el 21F, donde sólo se usó la palabra “Paro” junto al Mujeres. El espacio político se fue ganando a fuerza de alianzas y asambleas feministas. Vanesa Siley, diputada nacional y Secretaria General de SITRAJU, contó que en el #8M del 2017 intentaron marchar todas juntas en unidad pero no lo lograron, entonces este año llegaron a las Asambleas Feministas con ese objetivo. “Queremos traducir esta unidad de acción en muchas más, no sólo para esta marcha”, dijo días atrás en la conferencia que dieron en el Monumento al Trabajo, porque cree que “está en manos de las mujeres salvar al movimiento obrero organizado, por la necesidad de reconstruir su legitimidad y por la transformación que el trabajo ha tenido en los últimos años, donde la principal afectada es la mujer”.

En la calle, la 9 de Julio era una postal de las viejas huelgas general que ya no se hacen. Mamás adolescentes, abuelas jóvenes, bebés en brazos, banderas, resistencia y el dolor certero de que somos las mujeres las que sufrimos el ajuste en la medida más poderosa, doblegándonos a la informalidad y la flexibilidad laboral, al doble de trabajo sin ser remunerado. Al final de la noche, el documento fue leído y retumbaba por los parlantes de la plaza de los dos Congresos. Ahí se enumeraron los reclamos, que exigen mayor representatividad de la mujer en las cúpulas sindicales y paridad en la representación gremial, el rechazo de plano las reformas laborales de cualquier tipo impulsadas por el gobierno de Macri, la derogación de la reforma previsional que afecta principalmente a las amas de casa y trabajadoras domésticas informales.

Cobertura
Frente al escenario, Liliana Daunes leyó el documento -que se acordó durante dos meses de asambleas semanales- junto a Nora Cortiñas y Lita Boitano, Madres de Plaza de Mayo, y la histórica militante lesbo-feminista Ilse Fuskova. Frente a ellas un centenar de cámaras las enfocaban y transmitían en vivo para todos los canales de televisión, arriba los drones se movían como moscardones y filmaban la multitud de pañuelos verdes.

A un año de un represión y persecución, cacería de feministas post marcha #8M, esta vez el contexto social y la abrumadora masividad no dio espacio para la provocación institucional. El ánimo de la calle era otro. Se escuchó el hit del verano que tiene como protagonista al presidente y que salió, como él, de la cancha del club Boca Juniors, con mini pogos frente al escenario. Allí Daunes pidió una renovación en los cantos, para que el cancionero no ofenda a nuestras compañeras, que no son las madres del presidente. Y luego de la desconcentración, al llegar a la luz de la tv, todos los canales seguían pasando las imágenes de la marcha, debatiendo el feminismo en la mesa familiar.

Las imágenes se replican por el mundo: España y Uruguay con manifestaciones multitudinarias, lo mismo Francia, Estados Unidos. En Brasil las mujeres tomaron la redacción del diario “O globo”. La insurrección llegó al mundo.

Un tramo de la discusión ya fue ganada: salir a la calle produce resultados, ahora es tiempo de que el Congreso le dé al movimiento feminista el saldo legislativo que necesita para fortalecerse. Necesitamos una ley de interrupción voluntaria del embarazo, la fabricación pública de Misoprostol y Mifepristona y que la ANMAT los reconozca como medicamentos obstétricos y ginecológicos. Las mujeres somos las sujetas políticas que han rechazado durante años. La calle parece decir “¿Así que me subestimaste? Mirá lo que puedo hacer”. El que no escucha es necio, varón y patriarcal.

Link: http://latfem.org/8m-historico/

7 de febrero de 2018

LatFem: La poesía como restauración de una voz propia


En el ensayo poético El otro lado de las cosas que escribió Natalia Romero (Blatt&Ríos, 2017)  hay una discusión sobre el feminismo, la escritura como método de emancipación y la poética -esta vez, pero aplicable a todxs- de Diana Bellessi.

Romero comienza la narración de su tesis con una experiencia personal. Cuenta cómo fue su acercamiento a la poesía: de chica, en Bahía Blanca, dibujaba, pero la representación le quedaba chica, corta, y empezó a pintar con óleo y acrílico donde la forma de la imagen que quería transmitir se asemejaba a la forma en tanto abstracción. Antes o después de eso pasó a las palabras. Ahí, en la poesía, Natalia se enfrentó a la mujer que debía ser dentro suyo. La mató. Y encontró a un hombre, también, más fuerte, más difícil de asesinar. Lo corrió con la escritura, única forma más fuerte que los géneros impuestos en la cultura, capaz de correr con honestidad esa dualidad que nos enseñan.

Dice: “La escritura fue y sigue siendo la única manera de llegar a mi hondura, a mi intimidad. En ese encuentro hay un pasaje que tiene que ver con lo que no se controla. Con lo sorprendente. Lo desprendido, lo libre”.

Y va detrás de eso en una búsqueda teórica que empieza por la necesidad de narrarse como mujer de la que habló Simone de Beauvoir en La mujer rota y atraviesa a Helene Cixous con su escribir es devenir mujer. ¿Por qué la mujer se escribe?, se pregunta Natalia, y se contesta: “porque la mujer tuvo (y aún tiene) que narrarse para existir”.

En esta mujer que escribe, que se escribe, hay un descubrimiento de lo propio y de lo otro. Lo que fue impuesto, lo asesinado, lo que uno es. La palabra y la escritura como restauración de lo que fue quitado en la historia de la mujer. El varón, el macho, monopolizó los sentidos y los roles.  “Esa mujer que escribe es una mujer que se apropia de su cuerpo, es una mujer que nace”, dice, como acto de reconocimiento hacia afuera y hacia adentro, de lo público y lo íntimo, de la poesía como política.

“La literatura femenina forma parte de un acto de reunión”, señala Romero, y pienso en que la literatura femenina es una forma de hacer política. Leernos, pensarnos, discutirnos, como forma de ampliar nuestras libertades, de reconocer todas las historias disidentes a esa dualidad de género, a las múltiples formas de intimidad. Recordé el ensayo de Marina Yuszczuk publicado en La Agenda hace poco, ahí ella habla de la red de mujeres que publica y escribe literatura femenina. Discute si hay o no un sello que unifique y sí afirma que somos las mujeres las que nos presentamos al mundo como escritoras, linkeándonos unas con otras, en afán de visibilizarnos. Pero también habla de la singularidad de un texto de autora: “el cuerpo de las mujeres aparece narrado de una manera que ningún varón podría practicar, así como ciertas experiencias que están atravesadas por el género. Y no necesariamente la pareja o la maternidad, sino incluso modos de leer, de relacionarse con la literatura misma, con la ficción”.

Si las lecturas son marcas de libertad, como dice Natalia Romero en su libro El otro lado de las cosas, una mujer que escribe se recupera a sí misma y a su libertad. Entonces estudia la obra de Diana Bellessi, quien mostró las marcas de subjetividad recuperada mediante la poesía: el exilio, el lesbianismo, el hombre que hay dentro de una. Ella, que fue activista feminista, hoy prefiere romper los moldes desde la vida cotidiana. Bellessi dice: “Hay que desmontarlo todo. ¿Cómo lo desmontamos? ¿Desde la teoría de género? No, prefiero desmontarlo desde la poesía”. Pero es ella también la que se refiere a la poesía como “la revuelta descomunal del habla íntima”. Y si el feminismo instala una nueva forma de autopercepción y de vinculación con los otros, en la vida cotidiana que es política y en la escritura mediante la experiencia individual, está la experiencia colectiva. Leyendo, escribiendo, viviendo, está el mapa de recuperación de lo que se nos fue quitado.

Link: http://latfem.org/restaurar-la-poesia-como-restauracion-de-una-voz-propia/

14 de noviembre de 2017

Latfem: Comenzó el juicio por el femicidio de Daiana Colque

Daiana murió apuñalada de, al menos, 14 cuchillazos que recibió en su cama. En la madrugada del miércoles 29 de septiembre de 2016, después de pedir ayuda a los gritos se arrastró por el palier de su edificio en la villa 31 bis, en la Ciudad de Buenos Aires, hacia la puerta de su vecina, quien abrió ante su llamado y la vio caer a sus pies. Hernán Trinidad Baez, su pareja hasta entonces y el principal sospechoso del femicidio, estuvo prófugo desde ese día hasta el 19 de octubre del año pasado. Durante la marcha del primer Paro Nacional de mujeres, mientras exigía justicia por su hija la madre de Daiana se enteró que lo habían detenido en la zona de El Jagüel, en el partido de Esteban Echeverría. El año pasado en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de acuerdo a los datos de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) fueron asesinadas 18 mujeres y 13 de esos hechos fueron femicidios. Daiana fue una de esas víctimas.



Báez era la pareja de Daiana hacía un año. El hombre de 36 años llega a este debate oral también imputado por otras dos causas: dos hechos de portación de arma de guerra. En la investigación quedó registrado que tuvieron una discusión de gritos y golpes en el departamento que compartían horas previas al crimen. Según la familia de Daiana, la violencia machista que ella sufría era cotidiana: él le impedía salir, bañarse, arreglarse, volvía a su casa borracho, drogado porque estaría vinculado a los negocios de narcotráfico en el barrio.  Esto quedó asentado en la causa que recayó en el Tribunal Oral Criminal y Correccional N°12 a cargo de los jueces Darío Medina, Claudia Moscato y Luis Márquez.

En la primera jornada del juicio declararon Marta Tarqui, la madre, y la hermana de Daiana, tres vecinos, policías que intervinieron del día del crimen y al momento de la detención del presunto femicida. Una de las vecinas pudo dar cuenta del historial de violencias previo al femicidio. Contó que en una oportunidad la vio golpeada a Daiana y le preguntó que había pasado. La joven de 19 años le contó que se encontraba en su último día de menstruación y que Báez había querido tener relaciones sexuales, pero la terminó golpeando porque a él “le molestaba el olor”.

Marta pudo constituirse como querellante en la causa gracias a la intervención y acompañamiento del Programa de Asistencia y Patrocinio Jurídico a víctimas de delitos de la Defensoría General de la Nación. El fiscal del juicio es Gustavo Gerlero.

En la audiencia del miércoles uno de los agentes de la División Homicidios de Policía Federal Argentina que brindó testimonio, dio detalles de algunos pasajes del diario íntimo de Daiana, que secuestraron de su habitación. Ahí ella habría detallado que en el último tiempo él volvía cada vez más borracho y drogado a la casa, que se ponía violento, que ella se sentía manipulada y temía por su vida.  Algunas declaraciones, como las de la hermana mayor, también aportaron evidencias que Daiana vivía amenazada por Báez para que no interrumpiera la relación.

La madre de Daiana comentó que la primera vez que lo vio a Báez fue en el barrio. Él estaba “como perdido, parecía drogado” y tenía un cuchillo de carnicero en la mano. En una actitud desafiante, él iba de una punta a la otra de una reja haciendo sonar el filo del arma contra los barrotes, en plena calle. Marta lo vio y le hizo un comentario a Daiana sobre la actitud de Báez, y ella le contestó que no lo mirara, que era “un pesado del barrio”. Meses después se enteró que el hombre, 17 años mayor que su hija, estaba teniendo una relación con ella.

Después de conocerlo, Daiana dejó su trabajo en una tienda en Once. Según le dijo a su mamá, había encontrado un trabajo mejor, donde toda su familia iba a poder mejorar su calidad de vida. Al poco tiempo él pasó entre ocho y nueves meses detenido en Caseros. Daiana iba dos veces por semana a visitarlo, le cocinaba y le llevaba en un tupper comida. También limpiaba y planchaba sus camisas, entre otras tareas domésticas no remuneradas. Cuando él recuperó la libertad, se fue a vivir con ella al departamento que Daiana alquilaba al lado de la autopista en la Villa 31 bis, en la manzana 99. Según la madre de Daiana, a partir de ese momento cambió su relación: él tenía prácticas violentas y extorsivas. De acuerdo a su relato, había roto el calefón del baño para que ella no se pudiera bañar, le prohibió ver a su perrita y a su familia.

Myriam, la hermana de Daiana aseguró que ella había decidido separarse días antes de que la matara. El juicio continuará el lunes 23 de octubre y la sentencia se conocería el lunes 30. Durante el debate oral y semanas previas, la familia de Daiana recibió la atención de la Dirección de Orientación, Acompañamiento y Protección a Víctimas (DOVIC) y en la audiencia la acompañaron organizaciones dentro de la Campaña Nacional Contra las Violencias hacia las Mujeres (CNCVM).



http://latfem.org/comenzo-el-juicio-por-el-femicidio-de-daiana-colque-en-la-villa-31/
Continuación: http://latfem.org/sin-huellas-en-el-cuchillo-continua-el-juicio-por-el-femicidio-de-daiana-colque/