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3 de marzo de 2019

La Agenda: una playa violenta

Una playa violenta
El punk rock surfero de Playa Nudista debuta con un prometedor EP. María Pien busca un refugio de experimentación atemporal con Afuera el sol estalla.

por ROMINA ZANELLATO
Link: http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/181907593910/playlist-una-playa-violenta

Playa Nudista, Ruta Hotel (Goza Records)


Suena a verano. Olas, surf, camioneta. Un ritmo que te confunde, no sabés qué elegir, si ladear la cabeza con las armonías vocales o hacer la batería con el pie. Pensás en los Beach Boys, pensás en las playas de Big Sur. Una voz dulce de resaca de golosina fucsia empieza a cantar. A cuarenta grados bajo el sol de una ciudad con playa, de poca ropa, rota. El EP de Playa Nudista inicia con una frase de cómic feminista, de provocadora de pelo color helado de palito: “No quiero hacer lo que vos me pedís, no te necesito/ ¿Por qué me buscás?, ya no quiero contestar/ Te miro y vomito”.

Rápido, claro y fuerte, como la mejor forma de sacarte de encima a un denso. Así es la canción, así es el disco. Ruta Hotel salió el 7 de diciembre, es un EP de seis canciones y dura 15 minutos. Es el cuarto lanzamiento de Goza Records, el sello que comanda Barbi Recanati en Futurock. Playa Nudista fue un trío de punk rock, urgente y furioso, metido en un garage. Juliana Rodríguez, Agustina Magnaghi y Gimena Aguilar tocan desde 2016, cuando se conocieron en la facultad, pero a mediados del año pasado se sumó Paula “Lola” Montenegro y se generó un movimiento, de instrumentos y de sonido.

“Cambió mucho la banda cuando entró Lola, antes era muy punk-salvaje-rápido y estábamos en esta transición cuando nos llamó Barbi, que nos había escuchado y nos quería grabar e incorporarnos al sello”, cuenta Juliana, cantante y guitarrista de la banda. No tuvieron mucho tiempo para acomodarse a la nueva formación; en septiembre entraron a Estudio Átomo para grabar el disco: tres temas viejos, reversionados a dos guitarras, y tres temas nuevos. Se nota. “Nudistas” y “Jacuzzi” duran menos de dos minutos, “Nubosidad variable” apenas lo supera; tres piñas. En cambio, “Vómito”, “Helados” y “Vacaciones” son canciones más largas, las velocidades internas le dan una tonalidad que por la estética mezclan el chicle y el pastel, capas de un subgénero que nació para disfrutarse en enero.

ganchos
El auto descapotable de la tapa, de patente 666, manejado por dos perros y en el asiento trasero cuatro cabelleras al viento, acaba de romper sus cadenas y atraviesa la ruta, entre el desierto y la playa. Cuatro chicas salen a los escenarios a tocar sus melodías de velocidad. Son amigas, recién arrancan, solo tiene un demo de 2016. Esta vez es en serio, el disco suena como si hubieran tocado por años. Se escuchan a sus antecesoras: Estoy Konfundida, Las Kellies, Las Piñas. Ellas dicen que Juan Manuel Segovia -músico y pareja de Barbi Recanati- los grabó y ofició de productor artístico. Tenían seis días de estudio y para eso llevaron las canciones muy ensayadas, para ser eficaces en la grabación. Pero metieron sintetizadores, acortaron -aún más- algunos temas. Le dieron la velocidad de los nuevos tiempos de escucha, un EP corto, claro y contundente.

Playa Nudista salió de un mundo imaginario sobre el asfalto, donde estas cuatro bribonas le cantan a los que se hacen los vivos, a los que se pasan de rosca, a los fallutos, a las amigas, al amor de barrio, cotidiano y real.

Si el disco se inicia con el vómito en la cara de un pibe pesado, continúa en “Helados”, una canción más tranquila, con un susurro de la voz líder que pregunta por qué se separaron si en la cama la pasaron genial y un coro de gritos, guitarra y distorsión irrumpe la canción. “Jacuzzi” es tal vez su canción más simple. “Nudistas” es una invitación a desnudarse en los médanos y a bailar con su ritmo de fiesta. “Vacaciones”, la última canción del disco, es la más larga, empieza con las armonías vocales clásicas, un riff despejado y una propuesta: las vacaciones como el descanso del uno con el otro.

Barbi Recanati, en su activismo feminista, lanzó Goza Records para editar sólo a bandas de mujeres. Y a estas cuatro chicas las reclutó ni bien las escuchó. “Playa Nudista no tuvo una cosa que me gustó, ¡tuvo todo! Y lo que más me incentivó a querer que graben es que forman parte de una resistencia en el rock. Que sigan existiendo bandas de este estilo lo veo como una necesidad de supervivencia”, dice.

Un primer disco que suena y promete. Un género que ya tiene su trayectoria dentro de la música argentina, hecha por mujeres. Letras directas y guitarras rápidas. El punk rock surfero tiene nuevas adeptas y Ruta Hotel es el disco de la iniciación.



María Pien, Afuera el sol estalla (Elefante en la habitación)


Afuera el sol estalla es una radiografía hogareña del ecosistema sonoro y afectivo de María Pien. Hace tiempo lo venía pensando, dijo, honrar lo que la rodea, los vínculos y la música. El disco se lanzó en mayo y tiene un bonus track de dos canciones más publicadas en diciembre de 2018. Son 16 en total, todas escritas y compuestas por compositores que ella admira, con quienes se vincula para crear y compartir saberes y música. María Pien, después de dos discos y un EP de tres poemas, decidió experimentar con las creaciones de sus amigos. Afuera el sol estalla, es un disco sensible y profundo, de infinitas capas de escucha.

Algunas de las composiciones estuvieron a cargo de Florencia Ruiz, Clara Presta, Noelia Recalde, Lucila Pivetta, Candelaria Zamar, Nicolás Rallis, GULI, Rodrigo Carrasco, Rodrigo Ruiz Diaz. Y el bonus tiene dos agradecimientos: a Luis Alberto Spinetta y a María Elena Walsh.

María Pien camina el sendero de la autogestión y la música independiente hace años. Su accionar teje lo colectivo con su visión personal. Es parte del sello Elefante en la habitación, es militante feminista, y ahora fundó La alfombra mágica, un estudio de grabación. Compone, escribe, interpreta, ahora se está empoderando y está aprendiendo a lidiar ella misma con las máquinas y la producción. Mientras tanto, toca en un circuito independiente que parece no tener fin, de giras por el país y los escenarios abiertos a nuevas músicas.

El disco, que pasa por distintos momentos, explora todas las formas de la voz de María Pien, a veces suena como algo rugoso, áspera -como en “Caminata por el cosmos”-, por otros momentos es como una nube inmensa y oscura -en “Hermanos”, por ejemplo-, o una bruja en pleno viaje místico -en “Entre dos relámpagos”-, en otros es un sol de otoño que alimenta y sana -como en “Música de besos”-. Hay un tándem en “Mecer” y en “AEIOU” donde el piano te mece entre las dos canciones. Se levanta un coro detrás de las teclas. Hay sonidos a ciudad, a tren que pasa del otro lado de la ventana. No se sabe si es una iglesia o un entrenamiento vocal, una escuela de música, una calle. Suena a madera.

“Decidimos jugar con elementos que nos gustan mucho, con el sonido de la grabadora cinta, analógica y digital. Invertimos en ese flash de comprar grabadoras a cinta, arreglarlas, fue difícil eso”, cuenta María. El disco tenía un precepto: que suena a homestudio, a ese estado de ensoñación que viven los músicos cuando están grabando en su propia casa. Lo perpetuo del trabajo y la intimidad metiéndose en todo. La experimentación como un juego y una libertad.

María, que ahora está en un retiro de la ciudad, grabando nuevas cosas, se remonta al proceso de creación de “Afuera el sol estalla”, disco que produjo junto con Agustín Guli Bucich, su compañero, y dice: “Mientras lo hacíamos pensamos en esto de crear un sonido que retrotrajera a un momento parentético en el tiempo, un momento que no pudieras decidir si es de ahora o de 1972 o de cuándo. Nos imaginábamos una grabación perdida de no sé cuándo”.

La atmósfera de este disco es de experimentación acústica, de sonidos que se descubren al oír las capas sobre capas de trabajo. Un retrato al mundo privado de María, a las personas con las que crea cultura, su propio homenaje al hacer. Afuera el sol estalla es un disco sin tiempo, es un disco de vida.

12 de marzo de 2018

La Agenda: Ni repollos ni cigüeñas

por ROMINA ZANELLATO
Entrás al feminismo argentino cuando el pañuelo verde cuelga de tu cuello por primera vez y estás sobre Avenida de Mayo, rodeada de otras mujeres con pancartas, con sus cuerpos semi desnudos, que hablan, piden, reclaman lo mismo que vos y lo que todavía no se te ocurrió. Todxs aquellxs que militamos los feminismos tenemos esa insignia de la lucha organizada que nació en un Encuentro Federal de Mujeres, en la edición XIX en Mendoza en 2004. El mío me lo regaló una compañera en la primera marcha del #8M convocada por Ni Una Menos y desde ese día lo llevo anudado en la mochila, como disparador del debate callejero, como elemento empatizador con desconocidxs.
Cerca del vino y las montañas, al grito indio de las mujeres, lesbianas, trans y travestis feministas se creó ese pañuelo que une a todxs en un reclamo que cruzó la barrera de los años: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Ahí se decidió crear la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Al año siguiente más de 70 organizaciones feministas la formalizaron y presentaron el primer proyecto en 2007; luego lo hicieron seis veces más. Ese mismo proyecto se discutió en comisiones en dos oportunidades y ahora, sí, al fin, parece que llegará al recinto del Congreso de la Nación.
¿Qué pasó desde el 2004 hasta hoy? La organización. Hubo 13 encuentros y hubo el Ni Una Menos en la calle; el primer Paro de Mujeres; un movimiento multitudinario conformándose como sujeto político. Primero fue un reclamo primitivo: basta de femicidios, basta de matarnos. Ahora es: somos dueñas de nuestros cuerpos, maternamos por elección.
Así, en febrero de 2018, en el predio lindante a las vías del tren Urquiza, en la estación Federico Lacroze, todos los viernes la Asamblea Feminista que organiza el Paro de Mujeres del #8M discute y celebra el momento histórico de la lucha. Nunca hubo tanta participación. Nunca pasó lo que el 19 de febrero pasado, cuando miles de cuerpos con la insignia verde se acercaron al Congreso convocados por la Campaña.
Frente al ojo todopoderoso de las redes sociales, el hashtag #AbortoLegalYa llegó a ser trending topic con 78.000 tuits en pocas horas. La televisión no esperó para apoderarse del asunto, como si no hubiera historia detrás, como si no hubiera un movimiento de lucha. Así, pudimos ver el clásico modus operandi del patriarcado (o de los medios hegemónicos, o de la derecha, o acaso no es todo lo mismo): el borramiento total de la organización, de la historia. Aislaron el reclamo y le dieron un nuevo nacimiento, más marketinero, despojado de la política de la calle, la marcha, los gritos. No hablo de Jorge Rial en Intrusos, que convocó a una buena selección de feministas, humoristas y periodistas, muchas de ellas voces de ingreso al movimiento para adolescentes y jóvenes militantes, sino de los debates nocturnos, en las mesas redondas o rectangulares de la tevé, donde seis, siete sesudos varones hablan del derecho a la vida de un embrión y no de la vida de la mujer. Varones que desconocen los datos y las legislaciones, que omiten el pañuelo de nuestra historia. Es ahí donde el famoso patriarcado rechaza a las mujeres militantes, lucha contra la organización, en esos espacios que no cede y usa para negar y distorsionar.
Aquellas que entramos de a poco al movimiento, que no fundamos nada, recordamos algunas fechas como un tesoro emancipador. El 8 de marzo de 2017 fue una tarde despejada y calurosa en Buenos Aires. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito iba adelante en una marcha que precedió al primer paro de mujeres. Ese día, a fuerza de instalar el tema en el almuerzo y de pegar un aviso en la pared, logré que mis compañeras de oficina se retiraran del trabajo a las 14. Fui al centro con esa victoria en el corazón. Salí del subte y escuché todos esos cantos, los abrazos, las tetas, las banderas, las agrupaciones, las adolescentes, lxs hijxs, las putas, las abuelas y ahí, delante de todo, la Campaña. Nunca había visto una marea verde así, la marea feminista, tan grande y feliz. Estar vivas, ser sujeto de derecho, ejercer la política, gozar por convicción, moverse por la otra, para la otra, hacer historia juntas.
Catalina ClueEl emblemático pañuelo verde está por cumplir 14 años
Ni bien amaneció este viernes con las tapas de Clarín y La Nación del título “El gobierno da vía libre para la discusión del aborto en el Congreso”, los grupos religiosos y más conservadores del país comenzaron a bombardear a mails las casillas de lxs diputadxs: la presión subterránea e invisible de estos grupos corporativos. Ellxs no sienten nada de eso que sentimos las miles de mujeres en la calle. Por ahora desconocen el consenso de 500 mujeres en un galpón al lado de las vías; no ven el Paro de Mujeres, niegan las 70 mil que se movilizaron hasta Chaco en el último Encuentro Nacional de Mujeres, el que llegó a su edición 32°. Subestiman el poder político de las 500.000 que salieron a la calle en cada Ni Una Menos.
Ese día, en la Estación Lacroze, la cuarta asamblea definió que el próximo jueves, el 8 de marzo, la movilización irá desde Plaza de Mayo al Congreso a las 17.30 y que una de las tres consignas será “por el aborto legal, seguro y gratuito”. Conformadas en comisiones, algunas estaban allá concretando esto mientras otras estaban en la ronda más grande discutiendo el documento que se leerá en el escenario; otras pensaban en la seguridad y acá, en la más fluida, se pensó la comunicación del Paro de Mujeres. Participar en las asambleas feministas es adentrarse a un mundo de pasiones desconocidas para quien solo lo lee por redes sociales. Ahí se disputa el cuerpo: las gordas, las putas, las abolicionistas, las biologicistas, las lesbianas, las trans, las obreras, las despedidas, las políticas, todas. Todo el año nos preparamos para dar ese cara a cara feminista, para ganar una posición. Es una lucha cuerpo a cuerpo. Es la construcción política a la luz de la tarde, como ya no se ve en ningún lado. Todos los sectores unidos, todas declamando a los gritos bajo una luz de celular. Sin embargo, esos cuerpos llegan todos a un acuerdo. La grieta desaparece en un solo reclamo: el aborto tiene que ser legal ya para todos los cuerpos gestantes. “Siiiii, yo no soy mujer, aborto legal ya para todos los cuerpos gestantes”, grita desaforadx una persona desde el fondo de la rueda.
No nació de un repollo televisivo, ni es discutible desde cuándo tiene entidad. El aborto es legal en Argentina desde 1921 para algunas causales como violación. Sin embargo, no se garantiza ese derecho y tanto los médicos como el sistema judicial persiguen a quienes quieren ejercerlo. Después de la conformación de la Campaña con miembras de distintas organizaciones feministas, en 2007 se presentó el primer proyecto de ley para legalizar el libre derecho al aborto. La última vez fue en el 2016, por séptima vez, donde se aplicaron algunos cambios al proyecto: dice personas con capacidad de gestar; se sacó el artículo de objeción de conciencia porque se considera que un médicx del sistema público debe garantizar la práctica o no debe trabajar en él; y, de acuerdo a legislación comparada con otros países, se amplió el plazo hasta la semana 14 para realizar la interrupción voluntaria del embarazo.
Tu opinión no es un argumento, dicen los científicos. Así que hablemos de datos: hay gente que discute que el embrión es una persona y que tiene derecho a la vida, aunque la legislación internacional diga lo contrario. El Ministerio de Salud de la Nación en 2015 presentó el Protocolo ILE para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo donde dice que ese año “en la Argentina se realizan entre 370 y 522 mil interrupciones de embarazos”. Ahí mismo dice que en 2013, el 50% de las muertes por “embarazo terminado en aborto” fueron mujeres de 15 a 29 años. Es decir, atenti: las mujeres abortamos dentro o fuera de la ley. Las mujeres morimos por hacerlo en la clandestinidad.
Al mismo tiempo la red feminista de socorristas creció em todas las provincias. ¿Qué son las socorristas? Voluntarias que te ayudan y te acompañan a abortar con Misoprostol, un remedio que se vende en farmacias y que tiene un impacto mucho menos traumático en el cuerpo de la mujer que otros métodos. Es momento de hablar: ¿cuántas mujeres conocés que hayan abortado con Misoprostol? Muchas, sin lugar a duda, aunque no se diga, aunque se calle.
La legislación avanzó; la organización feminista y la presión de las jóvenes también. No se puede anular una realidad: las mujeres abortamos. No se puede abandonar la salud pública: no se puede suspender los planes de Educación Sexual Integral (ESI), no se puede discontinuar el trabajo de salud pública sexual y reproductiva. El Estado no puede negar derechos, el Estado no puede permitir que se mueran mujeres, el Estado no puede callar a una población.
Si el debate del aborto llega al Congreso el 8 de marzo, día del Paro de Mujeres, día de confluencia de todos los feminismos, donde las grietas se anudan con un lienzo verde, donde miles de mujeres abrazarán un reclamo histórico, ese día lxs diputadxs deberán dejar de lado sus creencias personales para oír el reclamo de un sector de la población al cual se le negó un derecho. Deberán oír el grito de años de historia, de lucha, de calle feminista. Si no están a la altura de la historia con su voto, seremos nosotras -una vez más, las mujeres- quienes la hagamos. No hay secretos: hay lucha y organización. Hay un movimiento.

Link: http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/171378289750/ni-repollos-ni-cig%C3%BCe%C3%B1as

24 de noviembre de 2017

La Agenda: Pianista, comunista y santo

por ROMINA ZANELLATO
¡Pugliese, Pugliese, Pugliese!, se repite como una oración y con mucho de exclamación. Santo patrono de los músicos, antimufa, protector del sonido, aleja acoples, estampita de estuche de instrumento, cuadro de sala de ensayo, troesma del trabajador musical.
La primera vez que vi la estampita de Osvaldo Pugliese fue hace más de 15 años, en un reducto oscuro y seguramente clandestino de rock. Era una fotocopia en tamaño A4 de una impresora con poca tinta, pegada a los teclados de una banda de ska. Los anteojos de marco negro del Maestro daban a la audiencia, que era poca. El sonido fue impecable.
Lejos del Vaticano y de la religión, los músicos son supersticiosos y cabaleros como pocos. Algo tiene que explicar el éxito de un show, la presencia interesada del público, no perder plata, ganar algún mango, que alcance para la orquesta, el cable que aguanta y resiste, la corriente eléctrica que se banca esos enchufes, el acople mágico y misterioso como un fantasma sobre el escenario, se instala y deambula, se va, ¿sabe el sonidista qué perilla tocó para que se fuera? Don Osvaldo está ahí, Pugliese Pugliese Pugliese, ayúdanos.
Hoy, en 2017, a pocos metros del Ciudad Cultural Konex, en Sarmiento 3535 hay una santería con rosarios, inciensos, estampitas, velas, y algunos juegos. Eso es cuando está abierta, pero cuando está cerrando el ruido metálico de la cortina va anunciando una imagen que se forma: el retrato de Osvaldo Pugliese.
En la vereda de enfrente, de refilón saqué el teléfono y resolví la curiosidad: abrí la app de Google y tipeé: por qué es santo pugliese. De entrada, no fue fácil. Los tres primeros artículos dicen cosas disímiles y bastante ridículas. Lo dejé ahí y me fui a El boliche de Roberto a unas cuadras. Aprendí algunas cosas sobre su personalidad y su personaje, muchas de ellas se fueron modificando a lo largo de las conversaciones, deformando como un mito.
The CrownPugliese fue el más rockero de los tangueros argentinos
Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905 y murió hace 22 años. Provenía de una familia de músicos, trabajó en una imprenta, el piano fue su tercer instrumento, primero la flauta y segundo el violín. Vivió toda su vida en Villa Crespo, gran parte con su mujer Lidia Elman. Compuso más de 150 temas, grabó cerca de 600, uno de esos tangos se llama Beba por el nombre de su hija, Beba Pugliese. Su primera orquesta la armó en la segunda mitad de la década del ‘30, después que muchos otros, pero sus formaciones fueron de las más longevas en el rubro: los músicos se quedaban con él durante años y años.
Era comunista, militante, armó el Sindicato de Músicos Argentinos, organizó su orquesta como una cooperativa, de base cobraban todos lo mismo, se sumaban porcentajes de acuerdo a su participación en la composición y a lo que laburaran. Y tocaban mucho, todos los días. Cayó preso una vez y alguien dejó un clavel rojo sobre su piano, no lo reemplazaron mientras la orquesta continuó su función. Volvieron a hacer lo mismo la segunda vez y todas las noches que cayó en cana. Él consideraba que el tango debía bailarse, que había que mirar los pies de los bailarines para reconocer el ritmo que una pieza debía tener, para marcar el pulso sanguíneo.
Empecé a averiguar. Fui a verlo a Omar Brunelli, musicólogo investigador en el Instituto Nacional de Musicología. Él, estudioso de la obra de Astor Piazzola, tiene la teoría de que el tango contemporáneo tiene una impronta más derivada de Pugliese porque cuando empezaron a armarse las orquestas populares, las orquestas típicas de principio de los ’90, los estudiantes tenían como profesores en la Escuela de Música de Buenos Aires a los músicos de su orquesta, como a Rodolfo Mederos. “Pugliese tiene algo que él mismo reconocía y es que su estilo era muy percusivo, y esa forma tiene una vinculación con el rock, están emparentadas”, me dijo en su oficina de San Telmo.
También me contó una anécdota muy hermosa. Cuando Piazzola hizo su primer conjunto lo llamó a Pugliese para que le dijera si eso que había compuesto era o no era tango. Don Osvaldo escuchó y luego le dijo que sí. Lo bendijo.
No sé si hay algún estudio de grabación o sala de ensayo en el país que no tenga la estampita de Pugliese en algún lugar. Incluso y sobre todo los de rock. Hago memoria y pienso en Spector Studios en Constitución, pero sólo me aparecen la colección de muñecos de Star Wars sobre las paredes. Le escribo por chat a su director, Mauro Conforti, y me dice que sí, que tiene dos fotos del Maestro en el control del estudio.
The Crown
En 1981, Mona Moncalvillo entrevistó a Pugliese para la revista Humor y le preguntó cómo hizo para que su orquesta no parara nunca durante los 42 años previos. Él dijo: “Me pasaron muchas cosas, pero me sostuvo la férrea voluntad de mantener la música popular. Otros con menos carácter hubieran abandonado; ése fue uno de los factores. El otro fue el sistema de la orquesta; por ser una cooperativa, todos peleaban por su subsistencia, no era sólo el director que peleaba por su nombre. Eso llevó a que la orquesta se mantuviese y enfrentase todos los problemas de la “nueva ola”.
Él creía en el tango popular, en que el tango se bailara, fuera tocado en un club de barrio, en cada milonga. Y es en eso en lo que se convirtió, en su deseo. Tal vez no se toque tango en cada salón, pero sí donde hay música está él. Como en los camarines del Club Cultural Matienzo o en la sala de Radio Colmena, punto clave de reunión en la cultura joven e independiente de la ciudad.
Pudiendo reunir algunos datos: era pianista, era comunista, su orquesta era una cooperativa, un hombre de Villa Crespo; se puede hacer un identikit de Pugliese, el señor cara de bueno de anteojos de marco negro grueso. ¿Pero cómo era como persona, qué sensibilidad exponía en sus relaciones, cómo era su música? Sólo hay experiencias y fui a buscar eso a la casa de Rodolfo Mederos, su bandoneonista.
“Mi ingreso a la orquesta de Don Osvaldo fue en 1969 a raíz de que su orquesta se había desmembrado. Desde mí, que es desde donde puedo hablar, no entré demasiado convencido porque mi estética no coincidía con la de él. Me resultaba intempestuosa, angulosa, con muchas aristas, no era confortable. Ingresé porque era muy honorifico, pero no era con lo que yo más disfrutaba. Necesité 30 años, que casi no es nada, es apenas un suspiro, para que cambie mi evaluación situacional. Se trató de un cambio emocional pero también intelectual. No es que comprendí solamente, comprendí y sentí la importancia que había tenido –aun habiéndome ido hace 20 años de la orquesta- de manera inconsciente en mí”.
Mederos comprendió y aprovechó una oportunidad que le presentó un alumno para verlo por última vez, para abrirle su corazón y mostrarse su agradecimiento. En la Escuela de Música Popular de Avellaneda, un alumno pianista le preguntó cómo hacía Osvaldo para hacer cierto sonido específico. Fue una pregunta técnica que no supo contestar, así que al llegar a su casa lo llamó. “Te espero a las 5, traé medialunas de grasa”, le dijo.
Con los mates y la merienda, Mederos pudo hablarle. Pugliese lo escuchó, hizo una mueca de sonrisa y le dio una palmada en la espalda.
Agrega: “No sé qué hubiera pasado si no hubiera tenido esta experiencia artística con él. Pero sí considero que mi experiencia con la música de Osvaldo logró en mí otra cosa y yo no hubiera concebido ciertas maneras e ideas sino hubiera pasado por esa experiencia, poderosísima. Hablo de los principios en los que se basa esa música, es algo más esencial, como algo más noble, una nobleza no de la oligarquía, es otra esencia, es una entereza. No sé si me explico, pero creo que comprendés”.
Sí, entiendo que hay una verdad en la música de Pugliese que se transmite, y que ese personaje justiciero sólo puede vincularse a un imaginario colectivo de protección, amor y obra.
Sí, hay unas teorías locas en internet sobre cómo Osvaldo Pugliese se convirtió en antimufa, en protector de los músicos y sonidistas, en santo patrono de la música popular, pero son incontrastables, bordean lo delirante. Me quedo con la experiencia y la sensación.

10 de julio de 2017

La Agenda: Quimey Neuquén, mientras palpite mi fiel corazón

por ROMINA ZANELLATO
Alto, de pelo rubio y compacto, como un pini pon, así era Pablo mi maestro de música de la escuela primaria N°2 de la ciudad de Neuquén. Los niños entre cuarto y séptimo grado que queríamos entrar al coro teníamos que audicionar frente a él y todos los aspirantes. Los primeros dos años no quedé, hasta que elegí la canción Quimey Neuquén.
Las canciones que podíamos elegir eran de León Gieco, Charly García, Zamba de mi esperanza o alguna del repertorio de Marcelo Berbel, el gran folclorista neuquino. Acompañada por Pablo, con su guitarra criolla, y alguno de mis compañeros que le daba al kultrum o al bombo legüero, empecé a cantar con voz grave sobre la tierra neuquina. Quedé. La cantamos los 35 que conformábamos el coro, de guardapolvos blancos y edades dispares, en el patio interno de mi escuela pública. Esa canción casi Patria para mi provincia se transformó en mi preferida. Es simple: cuando la cantás es el cuerpo el que no se la olvida más.

Pero sí te la podés olvidar. Quimey Neuquén no es el himno de la provincia, que sí es otra canción del mismo autor, no suena en la radio, no suena en los actos cívicos y dudo que aún los chicos la canten en la escuela.
Fue compuesta en algún momento después de la segunda mitad de la década del 60 entre el poeta Milton Aguilar y el folclorista Marcelo Berbel, en Neuquén capital. Este último solía recibir en su casa a los artistas de la época. Viajaba por la provincia, hacía música en todos lados. Al poco tiempo, José Larralde fue de visita y se quedó seis meses en lo de Berbel y, cuando se fue, se llevó tres de sus canciones para su repertorio.
Marcelo la cantó toda su vida y luego fueron sus hijos (Los hermanos Berbel) quienes la tocaron por toda la provincia. En Neuquén, esa canción es como un himno Patrio. Tanto que hay una ley provincial, la N° 1933 que la consagra como canción oficial de la provincia, que básicamente no significa nada porque el himno es otro. Sin embargo, fue Larralde quien la hizo conocida a nivel nacional, aunque ya hace décadas que no la interprete.
Larralde cada tanto toca en clubes de provincia o de la Ciudad de Buenos Aires, y a la salida de uno de esos conciertos, le contó a una amiga que esa canción la grabaron juntos con Berbel, pero no dijo más nada. No se sabe dónde, si fue en la casa patagónica o en un estudio porteño.
Ese primer disco, un vinilo que tiene de foto de tapa un perfil suyo de bigotes largos y prolijos con patillas hasta la mandíbula, empieza la leyenda. En la contratapa, la discográfica RCA cuenta lo difícil que fue encontrarlo en Cosquín. Su fama de cantor dejaba una estela pero nadie sabía dónde estaba. Hasta que apareció a las 5 de la mañana en un bar, solo con la guitarra, y lo escucharon. Ahí decidieron grabarlo.
En la contratapa de ese vinilo hay un recuadro escrito por Larralde que dice: “Cuando el hombre siente y piensa, y cuando el hombre sabe que su sentir y su pensamiento están enraizados en las entrañas de su tierra y de su pueblo, el hombre debe decir lo que siente y piensa. Si así no lo hiciere, su sentir y pensamiento serían tan inútiles como su propio dueño”.
Como 50 años después de que Larralde grabara esa canción, en una casa de Adrogué, Pedro Canale revisaba los discos que sus hermanos habían bajado en la computadora familiar. Entre todas las carpetas de mp3 estaba el primer disco de José Larralde, Canta. Puso play para ver de qué se trataba y la primera canción fue Quimey Neuquén.
El resultado de ese amor instantáneo fue un remix para su proyecto Chancha Via Circuito, incluida en su disco Río Arriba. Como pertenece al colectivo Zzk Records, que tiene incidencia mundial, la canción llegó a oídos del productor musical de Breaking Bad, la serie. En la quinta temporada, la última, en el décimo capítulo, Walter White está enterrando unos dólares en el desierto y aparece la voz de José Larralde por Chancha Vía Circuito. Lo que pasó a partir de ahí fue poderoso, en todos los sentidos.

La historia cuenta que Milton Aguilar, un reconocido locutor y poeta, le llevó la letra a Marcelo Berbel y juntos lo transformaron en canción, con los hijos de Berbel dando vuelta por el salón. Esa versión original es un loncomeo, que es una danza mapuche y un ritmo bailable con una suave base percusiva de kultrum.
Después de la entrada del bombo, los primeros versos dicen: Flor de los arenales / regada en sangre del bravo Sayhueque, /grito que está volviendo/ en tu desbocado potro pehuenche.
Marité Berbel, hija de Marcelo y también música, dice que Quimey Neuquén es una canción para la ciudad, no para la Provincia. Que parte de su encanto es que tanto su padre como Milton Aguilar tenían canciones con letras donde dejaban muy clara su postura política, donde contaban la experiencia en la estepa, en la cordillera neuquina. Sin embargo, ella cree que habla de otra cosa. Que es una canción a la ciudad.
Sol que se está gastando/ en piedras lajas/ y turbias corrientes. / Beso la sombra india/ que vuelve crecida/ de un sueño verde. En la letra están los ríos neuquinos, la barda árida y colorada del desierto, la sangre regada del mapuche por el hombre blanco. La naturaleza poderosa sobre todo.
Berbel también es el autor de El embudo, canción que en el 97 grabó León Gieco con Mercedes Sosa, Ricardo Mollo, Ricardo Iorio y algunos invitados más, que se transformó en una canción de protesta clave en el fin del menemismo. En su obra como letrista Berbel (y también Larralde) decían lo que pensaban sobre los apremios que sufrían las comunidades mapuches, el valor de la tierra y la explotación de los recursos naturales.
Berbel tuvo una voz, y fue tan poderosa en el folclore que su obra fue interpretada por Peteco Carabajal, Rubén Patagonia, y también entre bandas metaleras, como Malón, que hicieron un cover de una de sus canciones. Hasta Ricardo Iorio era muy amigo de él.
Ahora, Quimey Neuquén está pegada a una imagen del desierto rojo, similar al suelo patagónico pero yanqui, y en lugar de sacar el petróleo se lo usa para esconder los dólares de un personaje de ficción. Un Walter White que recurre a la tierra para esconder los billetes verdes de la droga que creó. Un personaje clave en la cultura globalizada, en su caída libre a la ruina.
El episodio se emitió el 18 de agosto de 2013, llegando al final de la última temporada de Breaking Bad. En esa época no estaba en Netflix y todos la bajaban y la veían casi en simultáneo con Estados Unidos. No pasó más de un día que la escena con la canción empezara a viralizarse en los perfiles de las redes sociales de los neuquinos. Una especie de orgullo patriótico se apoderó de todos mis contactos fans de la serie. Yo, si bien no la veía, y si bien conocía la música de Chancha Via Circuito, nunca había escuchado esa versión, me emocioné igual que todos los demás. Era como la revancha de la memoria, de la identidad.
Quimey Neuquén tiene una fuerza que parece universal. Chancha Vía Circuito encontró en la computadora familiar el disco Canta que José Larralde grabó en 1967 y que estaba ahí gracias a Soulseek. Le dio play. “Es poderosa. A veces cuando estoy tocando en lugares tan lejanos como Dinamarca, donde no saben quién es Larralde o quiénes son los mapuches, me piden esta canción y se emocionan. Hay cosas impregnadas en la música que están implícitas en los sonidos”.
Ese remix de Chancha Via Circuito llevó a la canción al televisor, la pantalla de Netflix, la pista de baile y el mundo. Su versión empieza con una nueva base percusiva, similar a la versión original, a la que salía en el salón del maestro de música. Y después se aleja de la guitarra melancólica de la versión de Larralde para transformarse en una base bailable. Arriba de todo, la voz del Pampa, la fuerza de la letra.
Nadie sabe qué piensa Larralde de que su versión haya resurgido después de tantos años, y que haya dejado de ser un himno provincial para sonar en las pistas de baile del mundo. Con su clásico humor, de vez en cuando en sus conciertos habla sobre Walter White. “¿Qué tiene que ver eso con Quimey Neuquén?”, ha dicho. Él no habla más que en el escenario pero de ahí hay frases que sus fans replican en las redes. En cada uno de los videos de YouTube hay una versión de sus dichos. ¿Pero qué pensará de verdad?
“Cuando estaba por publicar el disco fui a verlo a Larralde y le conté lo que estaba haciendo con la canción. Él fue muy amable y se copó, pero no tenía los derechos”. Chancha Via Circuito y su sello Zzk publicaron el tema de todas maneras, pero después el foco de atención fue tal que la discográfica dueña del derecho de producción radiofónico de la versión de Larralde se le fue al humo. Tuvieron que sacar el remix de todas las plataformas digitales. La canción sólo está en YouTube subido por un desconocido que ya lleva más de dos millones y medio de plays. Y en Breaking Bad, claro.
Como un sacudón al avispero de la memoria emotiva. Suena la o sostenida del primer verso de la canción y la piel neuquina se emociona. De lo que esa canción hablaba en aquel momento, ahora se resignificó con esa imagen televisiva. Lo que sonaba en una galería interna de una escuela pública sigue sonando en el cuerpo cuando está en la pista de baile. La canción vive, en los neuquinos, de vuelta, y ahora también en todos.

Link: http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/161202190990/mientras-palpite-mi-fiel-coraz%C3%B3n

8 de octubre de 2016

La Agenda: Yo amo internet

Este romance empezó en la habitación de mi hermano. Entre sus zapatillas gigantes de Michael Jordan, pelotas de básquet y posters de Guess y Carola del Bianco estaba la computadora de escritorio que era su máximo tesoro. Después de muchas peleas entre nosotros, y con mi vieja como mediadora, logré que me prestara la computadora mientras él no estaba. Como nos llevamos seis años, algunas noches él andaba vagueando por las calles y yo tenía 13 púberes años que aprovechaba para conocer mi primer amor: el dial up.

Al son del ruidoso ventilador interno del CPU y el calor que me incineraba la pierna derecha, me conectaba a internet cada vez que podía mediante la línea de teléfono fijo. Parece la prehistoria pero sólo fue hace 19 años. No sabía muy bien qué hacer en internet pero sentía una gran atracción por la pantalla de fondo negro y la luz de letras blancas que iban apareciendo y recién ahí, cuando el DOS le hacía paso a Windows, el color se volvía azul.

Investigué en el buscador de Yahoo! (RIP) cómo tenía que hacer para chatear en una sala de MiRC y entré por primera vez al canal #Argentina. Fui a ese porque en el de #Neuquén, provincia en la que vivía, no había prácticamente nadie. El chat era una pantalla total donde iban apareciendo frases que distintos usuarios iban publicando, todos con nicks relacionados al físico o las bandas que les gustaban. Era casi imposible seguir una conversación porque eran tantas personas que no se entendía nada. Había mucha gente que entraba todos los días y estaba horas. La forma de chatear en privado era doble click en el nick, entonces la clave era tener un seudónimo sobresaliente. Yo estaba descubriendo a John Frusciante, como el hombre más hermoso de mi mundo y el destinatario de mis suspiros rockeros. Mi nick, entonces, era LaFrusciancita13. Había tres claves ahí: la edad, el género y el gusto musical. En esa época había menos información, quienes lo entendían eran pocos, cosa que me daba jerarquía en el canal.

Dos años después, a los 15, empecé a usar ICQ. El chat de la florcita verde además de hacer un sonido hermoso cada vez que recibías un mensaje tenía el gran don de poder ver a los usuarios que estaban en la misma ciudad que vos. Ahí conocí a Matías, un chico cinco años más grande que vivía a 15 cuadras de mi casa. Durante un año entero chateábamos todas las noches durante dos horas. Para ese entonces mis papás llevaron la computadora al comedor para que sea más equitativo el uso de internet. Además de eso, yo tenía amigas por carta en todo el país a las cuales llegaba por mensajes tipo clasificados en la revista Billiken y con las cuales nos enviábamos fotos de los Red Hot Chili Peppers y los Backstreet Boys. A ellas les contaba que Matías era mi cybernovio. A ellas nunca las busqué en internet.

La vida que llevo la puedo hacer en gran medida gracias a internet. Todos los proyectos, mi trabajo, el podcast https://soundcloud.com/loscartografos, muchos de mis amigos, algunas parejas, las ciudades remotas que conozco vía Street View, y otra vez: la música, los libros, las películas. Todo eso es gracias a internet. Pero no a todos le pasó lo mismo y no para todos es tan natural y asombroso.

El 18 de mayo del 2015, un día después de que se estrenó el último episodio de Mad Men subí a Facebook una foto de Peggy Olson, el personaje femenino que acompañó a Don Draper durante siete temporadas. Mi papá comentó la foto haciendo notar su confusión, ¿por qué alguien que se llamaba igual que su hija subía una foto de alguien que no era su hija? Estaba sorprendido. Lo tuve que llamar y explicarle que la cuenta era mía y que yo había subido una imagen de algo que me interesaba. Si para las personas de 60 años internet es casi de manera exclusiva Facebook, y Facebook es algo incomprensible pero a la vez adictivo, ¿cómo es para los que nacieron en los ’90? ¿Cómo viven la realidad/virtualidad aquellos “nativos digitales”? ¿Internet es tan importante para todos por igual? Esa curiosidad me surgió hablando con alguien en Twitter hace unos meses: cada cual tiene una historia personal sobre su vínculo con la red y cómo cambió la forma de relacionarse entre las personas. Entonces hice un cuestionario rápido de 8 preguntas, se las mandé a varios amigos de distintas edades y con las primeras respuestas armé un blog sobre internet. Se llama “Amo internet” http://amointernet.tumblr.com/ y ya tiene 80 cuestionarios online.


La web, como tal, nació el 23 de agosto de 1991. Ese fue el día que cualquier usuario pudo acceder a la primera página de la World Wide Web (WWW). La diseñó un tal Tim Berners-Lee, de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) en Suiza. En su origen, ese canal era sólo para comunicarse internamente con sus compañeros de trabajo con acceso de usuario de CERN.

Al poco tiempo permitió que cualquiera pudiera ingresar a la URL de esa primera página web. De hecho, en su vigésimo aniversario se restauró la página tal como estaba y se la puede ver en http://info.cern.ch/hypertext/WWW/TheProject.html

Ese día, el 23 de agosto de 1991, (hace 25 años) se lo marcó como el Día del Internauta. En abril de 1993, CERN anunció su decisión de que el código base de la Web sería gratis y libre de regalías a perpetuidad.

Una noche de aquel 1997, Matías me contó que había ido a hacer un trámite al centro de Neuquén e hizo referencia a un lugar que quedaba muy cerca de mi casa. Al pasar le dije que yo vivía por ahí y la conversación siguió su curso. A la noche siguiente sonó el teléfono fijo, atendió mi papá, era Matías, había buscado en la guía telefónica todos los Zanellato que vivían cerca y me encontró. Me enojé tanto por el hecho de que haya roto ese código de realidad/virtualidad que dejé de chatear en ICQ. No le hablé más.

Para mí, que durante la adolescencia me costó interactuar con la gente en el plano de la realidad, que no conocía a nadie con intereses similares a los míos, internet fue la salvación. Un refugio y un canal para dejarme conocer a través de las palabras, para descubrir un montón de cosas que me recomendaban personas que no conocía en carne y hueso pero que igual me compartían links desde cualquier parte del mundo sólo para que yo sea un poco más feliz. Internet fue mi educación formal y también la sentimental.


Puedo dividir las experiencias de internet en tres grandes grupos de personas: las generaciones post 40 años, aquellos que nacimos en la década del 80 y los que nacieron después de los 90. En general, los nativos digitales no le dan tanta importancia a internet porque nacieron con esa herramienta; no logran entender del todo el potencial de información y curiosidad que hay ahí. Los de 30 la amamos, aún aquellos que no están conectados todo el tiempo en todas las redes sociales. Los mayores de 40 se dividen entre la entrega absoluta a su poder de seducción y los escépticos, reservados, los que piensan que la realidad nada tiene de virtual.

En estos 80 cuestionarios encontré cinco personas que recordaban de memoria su número de identificación de ICQ de ocho cifras, gente que sabe qué fue lo que buscó por primera vez en internet, mucha gente que empezó a chatear en los foros de discusión de Harry Potter, tantos otros a los cuales les robaron la identidad en la virtualidad y plagiaron sus trabajos.

También, muchos momentos memorables que existieron gracias a la red, como lo que le pasó a Santiago. Que me lo contó así: “en una ocasión participé de una videoconferencia de Skype de pre-filmación, en inglés, desde el locutorio de un supermercado del conurbano”. O la anécdota de Lucas: “un amigo dejó un comentario en un post mío diciendo que le había gustado un chico que repartía volantes en un recital, el pibe lo leyó y tuvieron una cita que terminó en una noche de pasión“. O a Malena, que en un cyber de San Cristóbal en 2005 le cortó por Skype a un novio italiano que tenía, mientras él estaba trabajando en Yemen. “Fue terrible porque ese día me llevó flores y me las puso delante de la cámara”, dijo en el blog.

Todos tenemos un romance con internet. El mío empezó en 1997 y dura hasta hoy.

La nota: acá: http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/151287295940/yo-amo-internet
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ROMINA ZANELLATO

Romina Zanellato es periodista y escritora. Colabora en medios como Brando e Inrockuptibles. Cursó la Maestría en Escritura Creativa de la UNTreF y es parte del podcast Los Cartógrafos. En Twitter es @romizanellato.