“La
imagen me persigue”, me dice el tipo. La oficina es grande, como todo mi
living, tiene una mesa redonda con 8 sillas y un escritorio en L con
una computadora y un montón de papeles y cosas arriba. Hay una ventana
al costado pero está oscureciendo y las persianas no dejan ver casi nada
de lo que hay del otro lado, que es el estacionamiento que da a la
calle Monasterio. “Me va a perseguir toda la vida esa imagen. No la puedo olvidar”.
Me cuenta más. Me dice que después de 9 horas de rescate terminaron su
trabajo y todos se subieron a una traffic a cenar, era de madrugada. Me
dice que en ese silencio sepulcral después de tanto desastre escucharon
un quejido, no recuerda si fue un llanto o palabras, y que esa persona
fue la última que rescataron con vida debajo de los escombros en la
AMIA.
Me cuenta esto como si me contara que tiene ganas de tomar un
café con leche, apurado, quiere ir a la siguiente pregunta. Miro mi
cuaderno, lo vuelvo a mirar. “¿Cómo hacés para dormir?” Y me hace un
gesto. No le pregunté qué sueña cuando se duerme, no le pregunté por qué
no para, por qué me apura en la conversación, por qué tanta ansiedad. A
veces le hago una pregunta y me contesta otra cosa, como si no me
escuchara. Me habla de olfato, de calle, de experiencia, de lectura, de
rapidez.
Hasta su oficina me fui en remis. Ahí conocí a Javier, el
fotógrafo. Hablamos un rato de la nota, me preguntó por qué había
venido, le hice un gesto y entendió. Tenía un tatuaje en el antebrazo,
una síntesis de un elefante adentro de un círculo. Era calmo. Casi
colorado. Me contó que trabaja más de carpintero que de fotógrafo. Que
trabajó en tres diarios durante varios años, que empezó a hacer retratos
y trabajar para revistas. Que está haciendo una serie sobre la muerte.
Que se va a ir.
En el patio hablo con uno de los choferes que me
cuenta algo que ahora no recuerdo. Mientras me hablaba yo pensaba en las
preguntas, en qué me estaba faltando, en las aristas, en los hilos y
veía los flashes que rebotaban en el piso del otro lado de la
ambulancia. Sí recuerdo que me dijo que el tráfico no le molesta, que la
gente es solidaria. Pensé en que el día anterior vi en Parque Rivadavia
cómo los autos se metían delante de la ambulancia para aprovechar el
envión en vez de dejarla pasar. Él sí me dijo que no duerme, que tiene
pesadillas, que vio cosas horribles, que siempre hizo eso y que no se le
ocurre hacer otra cosa. Pensé en que el fotógrafo es carpintero.
El
fotógrafo tiraba flashes del otro lado de la ambulancia. Había abierto
la puerta, había sentado al tipo, le había dicho que mirara para allá y
gatillaba. A veces con flash, a veces sin flash. El cielo estaba
cambiando de colores, el tráfico se escuchaba fuerte por Vélez
Sarsfield. Entre la oficina y ese momento, Javier me dijo que había
pasado por la redacción y que eran 6 páginas, 15 mil caracteres, que
necesitaba más fotos. Ok. 15 mil caracteres, 6 páginas, más fotos. 15
mil caracteres. 6 páginas. ¿Tapa? Miedo.
Adentro, una señora grita,
“está mintiendo, ahí no hay nada”. El tipo interrumpe lo que me decía,
me quita la mirada, le dice a la mujer “ponelo acá” y señala la pantalla
del medio. En esa habitación enorme hay tres pantallas gigantes
colgando del techo y en la del medio hay ahora la vista desde una cámara
de seguridad de la calle que enfoca una esquina de Parque Patricios. La
cámara gira y enfoca las dos calles, de un lado, del otro, se detiene
en la intersección. Nada. No hay nada. La mujer grita “retenelo en el
teléfono” a uno de los pibes que está sentado en las cuatro hileras de
escritorios. “No mandes a nadie”, sentencia, gira y me dice “vamos al
patio”.
Ahora llamo a su secretaria y no me contesta. Le mando un
mensaje, dos mensajes, tres mensajes. La puteo. Me escribe que el
viernes. El jueves me dice que no, que no se puede salir el viernes. El
viernes me dice que el lunes me confirma. El lunes, ¿me confirmará? Mi
editor me tranquiliza, “seguí insistiendo romi, eso me parece central”.
Javier se ríe y me dice que sigamos esperando. Así será.
“Perdón
Alberto, te interrumpo, Jean Jaures y Valentín Gómez choque, vuelco, una
mujer atrapada. Mandé tres. ¿Querés que vaya?”. Piensa un segundo. Le
dice que no, que se quede, y que mande rápido a esa ambulancia en la que
luego se sentará, sobre la puerta que abrió Javier, mirará para allá y
será retratado, para siempre, en su mameluco verde y el chaleco rojo.
Algo de mi otro blog, ese de las #aspiraciones literarias: http://brillanlaspalabras.tumblr.com/
17 de abril de 2014
27 de marzo de 2014
11 de marzo de 2014
Prietto para minuscula.pe
>Llego tarde, como 20 minutos tarde, corro por la avenida Corrientes, cruzo Acevedo y ahí lo veo, apoyado contra una columna del frente del local, esperándome. Maxi Prietto me citó en un viejo reducto porteño, una casa de más de cien años ubicada en el barrio de Villa Crespo que cuenta con pool, ping pong, billar y ajedrez. Eso dice bastante de la nostalgia que maneja Prietto para hacer todo en su vida. Entre viejos con su vermouth en mano y nosotros con nuestra cerveza fría hablamos dos horas sobre la melancolía y la creación, esas dos partes indivisibles en su vida.
Pero empecemos desde el principio. Prietto nació hace 32 años en Quilmes, una localidad al sur del conurbano bonaerense. A los pocos años se mudó a Capital Federal pero siguió yendo seguido por su trabajo, una empresa familiar distribuidora de golosinas. «Después me tiré a vago y dejé», bromea. La vagancia sería hacer música de manera frenética. Prietto tiene una ecléctica obra solista que se puede escuchar en su bandcamp, la que incluye hasta un disco de boleros. Es parte también del dúo de guitarra–batería que se llama Prietto viaja al cosmos con Mariano, con un disco doble digno de un podio de belleza. Sumado a eso, es además la pieza fundacional de Los Espíritus, banda revelación del 2013 argentino.
Todo eso surge en su casa, en una habitación que acondicionó como estudio, donde graba, experimenta, ensaya y produce sin parar. Dice tener más constancia que disciplina a la hora de la composición y que disfruta mucho más ese momento íntimo que tocar.
«Me gusta grabar, experimentar, probar sonidos, mi casa es como un laboratorio. Me gusta más que tocar en vivo, incluso. El momento previo, esas horas hasta que empieza el show, me cansa, los lugares con mucha gente me aturden, no entiendo la situación. Una vez que ya estoy tocando lo disfruto pero suele ser siempre muy corto en relación a la ansiedad previa. El “antes” parece mil horas y el show se siente de 10 minutos».
En cambio, la casa. En el transcurso de los años se armó de instrumentos y una infraestructura para gestar toda su música desde ahí. Con esas infinitas posibilidades de creación, Prietto elige siempre la guitarra como instrumento disparador. En el patio de su casa o en esa habitación empieza unos acordes, que se entrelazan con otros, que arman una melodía naciente que insinúa una palabra, y esa lleva a otra, hasta que habla sobre algo, se genera una personalidad y así nace una canción.
«Es como ese momento antes de quedarte dormido en el que no estás inconsciente y podés direccionar el sueño. Hacer una canción es como estar así. Nunca fui a pescar pero creo que debe ser así. Se genera un estado extraño en el que todo surge de una forma un poco inexplicable. Una vez que se generó eso no puedo cortarlo, tengo esa superstición. No puedo irme de ahí hasta que la canción esté terminada».
La corriente de inspiración en ese espacio íntimo se contrapone a lo que pasa en los shows. Con Los Espíritus, su última banda, la intensidad de los toques crece en temperatura corporal, contacto físico y energía de liberación, como un exorcismo compartido. Le pregunto si se siente desde el escenario, cuando todo ahí abajo cobra una intensidad a raíz de la música pero casi logra independizarse de ella. Sí, lo siente.
«Siempre que se llega a ese estadio nos cortan el show. En los festivales pasa muy seguido, es todo muy corto, el tiempo vuela y en la mejor parte nos tenemos que ir. Todo ese esfuerzo de acarrear cosas por algo tan efímero y a la vez tan fuerte. Es una energía muy potente».
Después de que Prietto viaja al cosmos con Mariano sufriera un parate de acción, Prietto buscó algunos músicos amigos para hacer –grabar- algo acústico, tranquilo, comos los EPs Casa 1 y 2 de su proyecto solista. Lo que surgió fue Los Espíritus, algo nuevo hecho de a cinco personas. Sin buscarlo, se gestó. Pensó que iba a ser más productivo continuar con eso que naturalmente se había dado, grabaron un EP con tres temas y después el disco.
«Me daba la sensación que no iba a funcionar. Me sorprendió mucho cómo lo recibió la gente. No lo entiendo todavía. No sé cómo alguien que escucha Prietto viaja al cosmos con Mariano escucha Los Espíritus, pero pasa».
En el grupo está Miguel Mactas en la guitarra, quien en algún momento, antes de que empezara todo, formó con Prietto una banda de la que no queda registro: Astromelia o Astrodelia, depende el día. También está Santiago Moraes, la otra voz de Los Espíritus con quien formó su banda de la secundaria. Con ellos, la inspiración tiene un cauce.
«Pensamos en Los Espíritus para componer, en un imaginario claro, de percusión latinoamericano, de blues y guitarras, de energías calientes, y pensamos en eso, lo intentamos descifrar y así salen las canciones. A mí me funciona pensar en ese misterio y hacer desde ahí».
En nuestra mesa sobre la calle se escucha el tráfico de Buenos Aires, desde el interior del bar suenan los golpes de los palos contra las bolas de pool, los gritos de victoria de los jugadores de ping pong. Prietto luce tranquilo, despreocupado. Su cara y aspecto de niño generan confianza. Parece como si recién se despertara de la siesta. Uno nunca se imaginaría que él hace tantas cosas y tan distintas. Todo sale a través de él, corre por su sintonía de creación.
«No creo en los estilos musicales, no los entiendo. No puedo hacer algo que no entienda aunque si te gusta es porque está el deseo y en el fondo algo entendés. Pero por naturaleza uno cambia, si no cambiás sos un tarado, es porque te creíste un límite autoimpuesto, una pose. Prefiero quedar como un ridículo que hacer siempre lo mismo».
Y si todo lo que hace está bañado en nostalgia, tal vez eso también cambie pronto. «Soy un melancólico pero no sé si soy una persona negativa. Soy un hombre contento».
No espera nada, sólo graba y toca. Si las cosas ocurren, le da la bienvenida pero no hace nada para que pasen. Si las situaciones llegan es porque tenían que ser. Está tranquilo con ese pensamiento, está cómodo en su forma de vivir la vida.
Cierro el cuaderno, dejo la lapicera y nos pedimos otra cerveza más. «Hagamos las fotos ahora, así nos lo sacamos de encima»., me dice, justo cuando empezaba a acobardarme de mi doble rol. Vamos hasta el fondo del bar, no se inmuta con la cámara, se deja. Nos vamos contentos. Esta vez no nos echaron del bar.
14 de febrero de 2014
Entrevista a Daniel Melero antes de Pop en Oro

Después de tocar en Mar del Pop, Daniel Melero vuelve al escenario porteño para compartir un encuentro musical con “las bandas del presente”, como él llama a ese refugio del pop naciente de la escena, este sábado 15 en Niceto junto a Indios, Ministerio de Energía, Cosmo, Pérez, Guerra de Almohadas, entre otros. Mientras termina de grabar un disco a dúo con Carlos Cutaia (ex Pescado Rabioso), que todavía no tiene nombre ni arte de tapa, y le da forma al proyecto de un nuevo sello propio llamado RED, Melero habló con Los Inrocks. / Por Romina Zanellato
-
¿Cómo fue la experiencia en Mardelpop?Espectacular, con músicos impresionantes. Me gusta mucho participar de estos festivales. La gente va a pasar el día y ve desde la primera banda hasta la última; es muy distinto a otros festivales en los que se ve todo desde una pantalla táctil. En este tipo de festivales la gente va a escuchar música.
La grilla de este festival -como la de Pop en Oro de este sábado- tiene muchas bandas jóvenes. ¿Qué te atrae de ellas?A veces algunas personas me preguntan ‘¿qué pasa Daniel que no hay nada nuevo?’, y yo, la verdad, no sé qué universo están mirando o qué música escuchan, porque existen bandas como Ministerio de Energía, que hacen un show muy bueno y tienen una gran composición; también está Metal… Está repleto de bandas muy buenas. Siempre ocurrió eso, creo que Estupendo fue lo más importante que pasó en los 90 y después todos escuchamos a Air.
¿Qué buscás cuando apadrinás bandas nuevas? ¿Por qué lo hacés?Me atraen las diferencias en materia de arte. Creo que es fascinante cuando te encontrás artistas que están por dar ese salto al vacío. Ese rol es importante. Después están los productos, y uno debe aprender a manejarse como producto. Siempre dije que me interesan más los modos que las modas. Tengo la suerte que se acercan a mí, vienen a mi oficina –que es el bar debajo de mi casa- y termino participando en discos. Me interesan las ideas nuevas, no necesariamente tienen que ser bandas jóvenes, pero generalmente pasa eso. También hay bandas muy importantes para el mainstream con las cuales nos supimos encontrar para hacer un disco. Siempre es mutuo: una búsqueda para mí y un reto para el artista. Yo no grabo un disco sólo para ser el director, me considero un administrador de la mejor idea del otro.
No sólo administrás sino que también acompañás, arriba del escenario, compartiendo el cartel del show…La sensación es que estoy con los mejores; es admiración mutua. Creo que estamos en la gestación de un modo diferente de tocar, una nueva manera de estadio para escuchar el pop, algo que hasta ahora sólo lo logró Babasónicos. Hay una nueva forma de componer, y creo que aún no está constituida una forma de mostrarse, algo que siempre supo hacer el rock.
“Me atraen las diferencias en materia de arte. Creo que es fascinante cuando te encontrás artistas que están por dar ese salto al vacío.”
¿Y qué es el rock hoy?¿Qué es el rock? ¿Cuántos años tiene Iggy Pop? ¿Cuántos años tengo yo? Yo entiendo el rock como una cultura donde te nutrís de lo exógeno, de algo que tiene las películas, la literatura, de algo que te dijo alguien en una fiesta en la que por ahí estabas arruinado y esa palabra o ese concepto supo ser perfecto, un error. Me parece que el rock pasa por esos lugares. La inspiración, cuanto más profunda es, con menos mapa volvés a experimentarlo. Si lográs volver no sabés por qué camino llegar, y si el otro va y llega lo hará desde un camino personal y eso es lo más importante.
¿Qué vas a tocar el sábado? ¿Cómo son los shows que estás haciendo?Las canciones que tocamos las definen los músicos que tocan conmigo. En los encuentros donde tocan muchos músicos –no me gusta decir festival, no tiene porqué ser festivo- lo definen ellos. Probablemente hagamos un set similar al de MardelPop, es un híbrido, suena como tecno pero está todo tocado. La lista la decide Giuliano Acri (tecladista de la banda) y después es censada por el resto del grupo. Giuliano busca las listas en vivo de las bandas que hayamos estado escuchando mucho en el último tiempo y busca la equivalencia que él ve de esas listas con nuestros temas y arma una para cada show. En Mar del Plata hicimos una equivalencia de un show de 1976 de Bryan Ferry. A mí no me importa pero sé que el show es mejor cuando ellos hacen eso. Esa no importancia que yo le doy llevaría a la incerteza que llevo a todo el mundo y no sería positivo para nadie, así que delego.
3 de febrero de 2014
Diosque: "me gusta arruinar las cosas"
El juego es algo muy serio. Romper un sonido, mezclarlo, experimentar
con texturas, olvidarse de la conciencia, entregarse a la búsqueda. El
arte, como dice él, es para los arriesgados, para los atrevidos. Jugar
es su vida.
Diosque habla con voz tímida, como un niño. Se ríe en tono bajito y achina los ojos. En Buenos Aires hacen 38° de sensación térmica, la lluvia amenaza en el cielo, los mosquitos salieron en horda desesperada a picarlo, le sangran los tobillos, le salieron ronchas. Se rasca, se sirve cerveza.
Hace diez años que Juan Román Diosque partió desde Tucumán hacia
Buenos Aires, detrás del fuego. Trabajó en una oficina a tiempo
completo, después a medio tiempo, ahora sólo se dedica a la música.
Daniel Melero, el padre de la escena under argentina, lo produjo en su
primer disco I can cion, un experimento que editó Sony. La fórmula no se repitió para Bote, disco físico que sólo editó el sello peruano Plastilina Records. Ahora vive en las afueras de la ciudad, tiene una casa con patio. Está todo el día pensando en sonidos, palabras e imágenes.
Tiene un cuaderno donde anota lo que piensa, ya sea en forma de frases o poesía. La computadora es igual que la guitarra, un instrumento, tal vez sólo un canal. Con ellas realiza la búsqueda de la melodía, hasta que la encuentra, y aparece el cuaderno para develar una letra. No hay métodos, no hay disciplina. Hay poesía por un lado, melodías por el otro. Lo único permanente es grabar.
Diosque graba todo. Tiene guardadas canciones que hizo diez años atrás, en Tucumán. A veces las recicla, le rompe el sonido, las desfigura. O no, a veces también las deja exactamente igual, y las sube al soundcloud, su gran caja de experimentación. Las cuelga ahí, a ver qué pasa con ellas. En estos días superó las cien mil escuchas. Entonces sí, ahí pasan muchas cosas.
Cuando habla cambia, dice y se desdice, borra en la marcha, piensa.
Está distraído. Capaz sea el calor que agobia o la cerveza helada que
calma. Todo lo va cambiando, como a las canciones. En un momento dice
que son todas una lengua viva, que crecen y se modifican; después
responde que sí, que hay canciones que considera cerradas, que no pueden
reversionarse.
Vacila un poco más: “Cuando toco en vivo a veces hago todo distinto. A veces toco sin banda o sólo con un baterista, sin ensayar o con un solo ensayo. Por eso no me va tan bien en vivo, porque voy al riesgo. Me gusta el riesgo. Ahora quiero dejar un poco eso, quiero tocar con la misma banda siempre. Creo que no voy a poder dejar de ser así pero quiero probar”.
La banda está compuesta por algunos de los miembros de Michael Mike y otros músicos tucumanos. Comenzó como una reunión para grabar el disco pero la admiración mutua y la química lograron mucho más. Hay varios temas en el disco que Diosque está grabando que son de composición compartida con la banda. Además, después de mucho tiempo, saldrá a tocarlo con los mismos músicos con quienes grabó los temas.
¿Y cómo es el disco nuevo? Parece que fuera un secreto que no quiere develar. Dio algunas pistas: no es lofi como I can cion, su primer disco, y tiene más relación con el segundo, con Bote, porque está siendo grabado en un estudio con baterías de verdad y músicos de carne y hueso. Los soniditos quebrados estarán, porque estará Diosque: “Está lleno de baches e inquietudes que me encantan meter, cosas rotas pero con otro sonido”.
La descripción es así: más lírica, una poesía diferente a Bote, hay amor por la poesía misma, ya no hay letras de ruptura y soledad, la composición está en un estadio posterior al del desamor, ahí cuando uno se va amigando con la vida. Diosque dice que el disco tiene un carácter más fuerte que los otros dos. No hay canciones suaves, hay más sintetizadores con bombos en canciones con mucha poesía. Como en el tema La verdad rota:
Ahí venga la luz del día/
trae la otra parte, la florecida.
Ay como voy a saber /
si un lago en la baldosa/
es la verdad rota.
Tal vez en marzo estará listo, no lo sabe, tampoco se presiona con el tiempo. Vive libre y despreocupado de ese tipo de formalidad. Tiene en claras algunas cosas: lo va a tocar mucho, va a ir a Perú en el invierno, lo va a largar por su sitio web.
Ese arruinar es, en realidad, crear. Crea música, crea poesía, crea
fotos, crea videos, crea una mirada, todo el tiempo. Tiene un blog en tumblr
con fotos de perros cogiendo en la calle, de ventanas fuera de foco, de
sombras que van y vienen. Son como recortes visuales de un mismo hacer
poético. Todo eso es una obra grande como lo que él es como hombre, como
lo que quisiera hacer durante toda su vida.
Las misiones son claras: escribir un libro de poesía, grabar música, filmar sin parar. Ahora, después de varios kilómetros recorridos junto a su amigo músico, Guazuncho, le está grabando un video de todas las imágenes que juntó en las giras con él. Un video a su estilo, su primero.
Sus canciones son tímidas, suaves. Usa juegos de palabras que encajan
perfecto con su voz dulce, lúdica. Su fórmula de ruidos rotos y poesía
fresca se repite como un sello inigualable en sus dos discos. Ahora,
mientras encara el tercero, se reafirma en su creación. “Antes me
ponía mal cuando notaba que algo se parecía a otra cosa o cuando yo me
parecía a mí. Pero ya no. Ahora estoy desprejuiciado. Ahora pienso que
si mis temas entre ellos se parecen es porque soy yo. Pienso que todos
mis temas son iguales a mí al final”.
Lo dice así porque ahora ya está más grande, como dice él mismo en varias oportunidades. Ahora hace balances de carrera, tiene metas. Aunque trata de no pensar mucho en eso, es desligarse de la razón a la hora de crear, sabe que de pocos recursos puede hacer una hermosa canción y sólo eso le importa. “Pase lo que pase y tengas lo que tengas la poesía va a salir de alguna manera. El proceso es secundario a la creación”, y después, para seguir en la contradicción permanente, el lema: “Pienso porque no paro de pensar”.
Diosque habla con voz tímida, como un niño. Se ríe en tono bajito y achina los ojos. En Buenos Aires hacen 38° de sensación térmica, la lluvia amenaza en el cielo, los mosquitos salieron en horda desesperada a picarlo, le sangran los tobillos, le salieron ronchas. Se rasca, se sirve cerveza.
“No me imagino decir que un poeta
es mejor que otro. Y creo que el arte es bastante una dictadura: es o no
es arte. Si pensás entran los prejuicios. Si hago un esfuerzo puedo
separarme del pensamiento pero siempre está ahí. Creo que el arte es
arte y que no hay que pensarlo tanto. Yo trabajo con bastante
brutalidad, no pienso tanto, pero por ahí después sí”.
Tiene un cuaderno donde anota lo que piensa, ya sea en forma de frases o poesía. La computadora es igual que la guitarra, un instrumento, tal vez sólo un canal. Con ellas realiza la búsqueda de la melodía, hasta que la encuentra, y aparece el cuaderno para develar una letra. No hay métodos, no hay disciplina. Hay poesía por un lado, melodías por el otro. Lo único permanente es grabar.
Diosque graba todo. Tiene guardadas canciones que hizo diez años atrás, en Tucumán. A veces las recicla, le rompe el sonido, las desfigura. O no, a veces también las deja exactamente igual, y las sube al soundcloud, su gran caja de experimentación. Las cuelga ahí, a ver qué pasa con ellas. En estos días superó las cien mil escuchas. Entonces sí, ahí pasan muchas cosas.
“Es como un diario íntimo musical,
son como mis papers, como un twitter también. Cuelgo cualquier cosa en
soundcloud. Bueno, no cualquier cosa porque hay un filtro, tengo
muchísimas cosas más que no subo. Tengo mucha inquietud, quiero que me
escuche mucha gente”, dice.
Vacila un poco más: “Cuando toco en vivo a veces hago todo distinto. A veces toco sin banda o sólo con un baterista, sin ensayar o con un solo ensayo. Por eso no me va tan bien en vivo, porque voy al riesgo. Me gusta el riesgo. Ahora quiero dejar un poco eso, quiero tocar con la misma banda siempre. Creo que no voy a poder dejar de ser así pero quiero probar”.
La banda está compuesta por algunos de los miembros de Michael Mike y otros músicos tucumanos. Comenzó como una reunión para grabar el disco pero la admiración mutua y la química lograron mucho más. Hay varios temas en el disco que Diosque está grabando que son de composición compartida con la banda. Además, después de mucho tiempo, saldrá a tocarlo con los mismos músicos con quienes grabó los temas.
¿Y cómo es el disco nuevo? Parece que fuera un secreto que no quiere develar. Dio algunas pistas: no es lofi como I can cion, su primer disco, y tiene más relación con el segundo, con Bote, porque está siendo grabado en un estudio con baterías de verdad y músicos de carne y hueso. Los soniditos quebrados estarán, porque estará Diosque: “Está lleno de baches e inquietudes que me encantan meter, cosas rotas pero con otro sonido”.
La descripción es así: más lírica, una poesía diferente a Bote, hay amor por la poesía misma, ya no hay letras de ruptura y soledad, la composición está en un estadio posterior al del desamor, ahí cuando uno se va amigando con la vida. Diosque dice que el disco tiene un carácter más fuerte que los otros dos. No hay canciones suaves, hay más sintetizadores con bombos en canciones con mucha poesía. Como en el tema La verdad rota:
Ahí venga la luz del día/
trae la otra parte, la florecida.
Ay como voy a saber /
si un lago en la baldosa/
es la verdad rota.
Tal vez en marzo estará listo, no lo sabe, tampoco se presiona con el tiempo. Vive libre y despreocupado de ese tipo de formalidad. Tiene en claras algunas cosas: lo va a tocar mucho, va a ir a Perú en el invierno, lo va a largar por su sitio web.
“La autogestión es todo. Está bueno
que hagan las cosas por vos, que te apoyen, pero no tengo otra manera
de hacer las cosas que no sea la autogestión, con los intereses
musicales que yo tengo. No estoy para montarme en un escenario y cantar a
lo Christina Aguilera. Yo busco mantener la investigación, la
experimentación, me gusta esto de arruinar las cosas”.
“No lo hago por diversión, es mi
estilo de vida. Me gusta ver lo que está más allá de la superficie. Soy
muy activo, escribo todo el tiempo, me gustan muchas las fotos, no creo
que haya fotos feas. En el tumblr somos todos iguales, todos podemos
sacar fotos hermosas”.
Las misiones son claras: escribir un libro de poesía, grabar música, filmar sin parar. Ahora, después de varios kilómetros recorridos junto a su amigo músico, Guazuncho, le está grabando un video de todas las imágenes que juntó en las giras con él. Un video a su estilo, su primero.
“Me encanta la tecnología porque me
encanta la naturaleza, creo que la tecnología la imita, en algún punto.
Se asemeja cada vez más a la perfección. Todo lo que nos rodea es
tecnología y naturaleza a la vez. Me encanta la tecnología e internet,
más para los curiosos que queremos saber todo y moriremos sin saberlo.
Creo que internet tiene algo fatal, no podes ir en contra de ella,
integra el trabajo y la diversión. Estás trabajando y divirtiéndote al
mismo tiempo. Me doy cuenta cuando compongo.
Lo dice así porque ahora ya está más grande, como dice él mismo en varias oportunidades. Ahora hace balances de carrera, tiene metas. Aunque trata de no pensar mucho en eso, es desligarse de la razón a la hora de crear, sabe que de pocos recursos puede hacer una hermosa canción y sólo eso le importa. “Pase lo que pase y tengas lo que tengas la poesía va a salir de alguna manera. El proceso es secundario a la creación”, y después, para seguir en la contradicción permanente, el lema: “Pienso porque no paro de pensar”.
Texto y fotos para minúscula.pe
19 de diciembre de 2013
Los 5 mandamientos para comunicar tu proyecto en internet
Para el anuario de Formación en el Club Cultural Matienzo, en relación al taller de Prensa y difusión de proyectos artísticos.
Acá la revista online http://issuu.com/agustinjais/docs/tallerabierto2013f
11 de diciembre de 2013
Entrevista a Rosario Bléfari
Sue Mon Mont nació para el público una noche de tormenta dos semanas atrás en el Club Cultural Matienzo. La súper banda de Rosario Bléfari volverá a sonar este sábado en el Yolanda Fest, la última oportunidad hasta nuevo aviso. Después del debut, Rosario habló sobre las letras fuertes y simples, sobre sus compañeros soñados –comparte banda con Gustavo Monsalvo de El Mató, Marcos Díaz de Bosques y Tifa Rex de Los Reyes del Falsete- y de lo que se viene. / Entrevista Romina Zanellato – Foto Nora Lezano
-¿Cómo apareció ese nombre?
Fue en una ensoñación de hace un año atrás. Soñé un nombre y cuando estábamos buscando uno para la banda yo llevé ese. A Marcos le gustó de entrada, a Gustavo más o menos y Tifa fue al que menos le gustaba, porque era muy complicado. Suena muy francés, pero quedó. En el sueño yo veía muy bien las formas de las letras.
¿Y averiguaste qué significa?
Sí, una amiga de Tifa lo buscó en el traductor de Google y le salió algo increíble: “demando a mi pubis”. Sue es demando y Mon parece que es como Monte de Venus, el pubis. Está muy bueno. No sé cómo será en francés, pero demandar tiene ciertas connotaciones en español que me encantan. Por supuesto que no sabía lo que significaba, pero tal vez en el inconsciente sí, y eso está buenísimo.
Eso tiene relación con las letras, que son muy distintas a lo que venías haciendo. Hay una presencia diferente de vos como mujer, de tu femineidad y de tu posición ante el amor.
Sí, totalmente. Siento que en algún momento tengo que terminar de escribir sobre el amor, pero cada vez se me ocurren más y más, no lo puedo evitar. Al mismo tiempo, cuando las canto siento que tienen que ver con muchas cosas más. Si bien algunas están relacionadas a historias de amor, también tienen que ver con la cuestión de las personas, de lo que uno hace y de cómo encaramos la vida. A veces quiero cantar otras cosas pero no me salen. Antes no cantaba canciones de amor, en Suárez no había.
Ahora es más explícito…
Sí, en mis primeras canciones tenía un imaginario asociado a la infancia, el paraíso perdido y el abismo que se siente ante la pérdida de la inocencia. Era más chica.
Las composiciones de Suárez eran más abstractas, como imágenes, pero acá hay un sentido claro en las letras, uno se identifica con lo que cantás.
Es que hubo un momento preciso que pensé que no quería más canciones con metáforas, tal vez sí que la canción termine siendo una, pero que el lenguaje no lo sea.
Recuerdo cuando escribía las canciones para Estaciones (su disco solista), donde quise transmitir una pequeña historia o una idea, o la idea de la canción carta, cosas que decirle a alguien. Ese desagote del pensamiento continuo, del monólogo interno, de lo que le diría a alguien, de poder rebobinar el tiempo y decirlo diferente. O si se le contaras a alguien, cómo lo harías. Entré en esa secuencia de explicar, contar, el porqué, como si fuera una indagación. Así empezó este camino de letras directas.
¿No te sentís más expuesta?
No, pero a veces sí temo que alguien crea que yo sólo escribo canciones de amor y que es una pavada, como dice Roland Barthes, que la idea del amor es la más despreciada, que el amor es lo obsceno. Cuando uno se involucra en algo amoroso, aunque sea una letra, es cuando uno más vulnerable se pone, es la mejor manera de hablar de otras cosas, de relacionarse, de hablar con los otros, de hacer un trabajo. A partir del amor –de estar enamorado– hay una vulnerabilidad absoluta.
Pero la forma en la uno vive el amor es la muestra de cómo vive el resto de la vida.
Sí, lo atraviesa todo sin que lo podamos evitar, inclusive la ausencia del amor. El otro día estaba con Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes, un libro fundacional, y alguien me preguntó qué pasaba con los que no estaban enamorados y yo pensé en eso: hasta ese estadío es amoroso, el de ver a todos colocados y uno no.
“En mis primeras canciones tenía un imaginario asociado a la infancia, el paraíso perdido y el abismo que se siente ante la pérdida de la inocencia. Era más chica.”
¿Necesitás sentirte enamorada para escribir canciones de amor?
La inspiración me viene –un poco– de estar enamorada del amor. Además, creo que el sujeto amoroso puede estar en todas partes, en los amigos, en la familia, en lo que uno hace. Creo que es muy importante, además, cultivar el estado de estar enamorado. Creo que tiene que ver con las ganas de hacer cosas. Creo que el amor es colocar el deseo en lugares que te permitan moverte. Por ejemplo, muchas de las canciones son hacia mis amigos, deseos para ellos.
¿Ya tenías muchos temas compuestos antes de juntarte con los demás músicos?
Sí, pero son todos bastante recientes. La más vieja es “Diferencias”, una canción de la amistad que me quedó escondida. Algunos de los temas los había tocado sola pero tuvieron forma real cuando fueron tocados con ellos. De hecho, les escribí un mail después del primer ensayo y les dije “todas estas canciones no las voy a tocar sola nunca más”, como una especie de promesa. Deben haber pensado que estaba loca.
¿Y cómo fue el proceso de selección?
Tenía tres grupos de canciones: unas en formato canción más tradicional, unas más instrumentales y otras más oscuras. Cuando las escucharon se hizo la selección natural de las primeras cinco, que fueron de las primeras.
¿Qué vas a hacer con las que quedaron afuera?
Las que tocamos fueron las que salieron de una, sin pensarlas. Les ganaron a todas las demás. Las otras tendremos que trabajarlas. Las que quedaron creo que son las ideales para tocar con varones, las asocio a la fuerza simple del hombre. Siento que las canciones tienen esa fuerza indiscutida de ellos, por eso me importó tanto resaltar mi femineidad en el show, las dos fuerzas.
¿Cómo te sentiste en el escenario del Matienzo en el primer show de la banda?
Muy nerviosa, hacía mucho que no me sentía así. Estábamos todos igual, era una primera vez para todos. Tenía terror con algunas cosas que son mi gran trauma, como el sonido, pero mucha confianza en los chicos. Me encantó sentir que éramos una banda, como un alivio en ellos.
Después del sábado, ¿cuál es el futuro de Sue Mon Mont?
Por ahora no tenemos más fechas. Estamos grabando el disco, que sale el año que viene. Ya tenemos 15 canciones.
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Sue Mon Mont
En vivo junto a Pommez Internacional, Detonantes y Las Ligas Menores el sábado 14 de diciembre a las 22 en G104, Gascón 104 (CABA).
Nota para Los Inrocks.
3 de diciembre de 2013
Viva Elástico en el Pop en Oro
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Entre la multitud de trabajadores que salen de sus oficinas a hora pico en el microcentro porteño aparece Alejandro Schuster con su cara de buen pibe. “¿Dónde se podrá tomar una cerveza?”, pregunta como preludio para una noche de viernes donde ejecutará uno de sus cinco trabajos, el de DJ. El cantante de Viva Elástico se prepara para un fin de año de festivales que comienza este sábado en el Pop en Oro en Niceto Club.
A varios meses de sacar a la luz su segundo disco, Agua, sal y fiebre y de tocarlo por todo el país, Viva Elástico está en una etapa clave en su carrera: a mitad de camino entre la escena independiente y el mainstream, coqueteando con los dos escenarios, siendo la apuesta de grandes productoras.
“Nosotros nos tomamos todas las fechas de la misma manera, el fin es el mismo: dar un buen recital. En Niceto queremos dar un show distinto porque se da el ámbito con tanta gente amiga. Vamos a hacer un cover de una banda muy representativa para el país. Nadie hizo una canción de ellos todavía, va a ser muy especial. Estamos enfocados en eso”, cuenta Alejandro.
Se ríe y disfruta el misterio. Viva Elástico ya tiene confirmada su participación en el Personal Fest y en el Turdera Fest en el nuevo Club Cultural Matienzo, ambos en octubre. “Está bueno ir a grandes festivales porque es todo el día dedicado a la banda. Por ahí nos pasa como en la fecha de Queens of the Stone Age, que se largó a llover y no nos vió nadie, o sucede que se llena como con The Strokes y nos conoció un montón de gente”, dice.
Sus 26 años le imprimen calma cuando habla, como si tuviera mucho tiempo para hacer lo que quiere, la música. Acelera las palabras cuando cuenta lo que está escuchando y la forma nueva en la que está componiendo. “Cada vez estoy más cerca del punk y del tecno. Me hice amigo de los Katarro Vandaliko y descubrí algunas bandas que no paro de escuchar. El próximo disco va a ser más rápido. Quiero que sea punk, que sea pop, que sea melódico, que pueda leerse en distintos registros.” Entusiasma.
No quiere hablar mucho sobre eso que está armando porque sólo tiene algunas canciones compuestas, pero no puede evitarlo. Cuando habla de Agua, sal y fiebre llega la comparación: “Las canciones crecieron muchísimo a medida que las fuimos tocando, superaron al disco. Para el nuevo lo que estamos intentando es que el disco alcance las canciones ya hechas, que sea un disco de producción”.
Las diferencias que relata son muchas. Alejandro se compró una computadora y compone en ella, en su cuarto de la casa de su familia en Longchamps. “Ya ni agarro la guitarra”, dice. Tampoco papel y lápiz. “El transe es cantar arriba de una melodía, con lo que sale en el momento. Por ahí solo le cambio una palabrita”.
La improvisación en las letras parece algo impulsivo, romántico, como Viva Elástico, pero tiene una construcción detrás. “Es como un sueño. El sueño no tiene forma, uno lo codifica recién cuando está despierto. Es como la diversión moderna, no tener el control de lo que estás haciendo e intentar constantemente llegar a esa idea que tuviste. Siempre es un fracaso porque no lo conseguís pero llegás a algo más maravilloso, a la diferencia, a lo nuevo. Nunca puedo imaginar lo que va a salir. A veces quiero hacer una canción muy alegre y termino haciendo otra cosa. Es un método de trabajo distinto; veo que me salen mejor las canciones que improviso que las que pienso escribir, entonces la idea viene post lo que dije, es como desde el inconsciente. Las canciones se despliegan muy bien aunque no parezca.”
Ese de la voz desgarradora y dulce, el creador de letras temperamentales y hits indiscutidos, dice que nació para hacer canciones y para cantar. Que en su casa siempre hubo música y que él quiere cambiar y esforzarse para lograrlo, para dejar de laburar en un comercio a la mañana. “Estoy trabajando mucho para lograr cosas con mi voz, pero sé que con ella sola no hago nada, si no compongo una buena canción no sirve. Si no hacemos un buen arreglo tampoco, lo que haga con mi voz depende de todo lo que haga antes”.
Entre la multitud de trabajadores que salen de sus oficinas a hora pico en el microcentro porteño aparece Alejandro Schuster con su cara de buen pibe. “¿Dónde se podrá tomar una cerveza?”, pregunta como preludio para una noche de viernes donde ejecutará uno de sus cinco trabajos, el de DJ. El cantante de Viva Elástico se prepara para un fin de año de festivales que comienza este sábado en el Pop en Oro en Niceto Club.
A varios meses de sacar a la luz su segundo disco, Agua, sal y fiebre y de tocarlo por todo el país, Viva Elástico está en una etapa clave en su carrera: a mitad de camino entre la escena independiente y el mainstream, coqueteando con los dos escenarios, siendo la apuesta de grandes productoras.
“Nosotros nos tomamos todas las fechas de la misma manera, el fin es el mismo: dar un buen recital. En Niceto queremos dar un show distinto porque se da el ámbito con tanta gente amiga. Vamos a hacer un cover de una banda muy representativa para el país. Nadie hizo una canción de ellos todavía, va a ser muy especial. Estamos enfocados en eso”, cuenta Alejandro.
“El próximo disco va a ser más rápido. Quiero que sea punk, que sea pop, que sea melódico, que pueda leerse en distintos registros.”
Se ríe y disfruta el misterio. Viva Elástico ya tiene confirmada su participación en el Personal Fest y en el Turdera Fest en el nuevo Club Cultural Matienzo, ambos en octubre. “Está bueno ir a grandes festivales porque es todo el día dedicado a la banda. Por ahí nos pasa como en la fecha de Queens of the Stone Age, que se largó a llover y no nos vió nadie, o sucede que se llena como con The Strokes y nos conoció un montón de gente”, dice.
Sus 26 años le imprimen calma cuando habla, como si tuviera mucho tiempo para hacer lo que quiere, la música. Acelera las palabras cuando cuenta lo que está escuchando y la forma nueva en la que está componiendo. “Cada vez estoy más cerca del punk y del tecno. Me hice amigo de los Katarro Vandaliko y descubrí algunas bandas que no paro de escuchar. El próximo disco va a ser más rápido. Quiero que sea punk, que sea pop, que sea melódico, que pueda leerse en distintos registros.” Entusiasma.
No quiere hablar mucho sobre eso que está armando porque sólo tiene algunas canciones compuestas, pero no puede evitarlo. Cuando habla de Agua, sal y fiebre llega la comparación: “Las canciones crecieron muchísimo a medida que las fuimos tocando, superaron al disco. Para el nuevo lo que estamos intentando es que el disco alcance las canciones ya hechas, que sea un disco de producción”.
Las diferencias que relata son muchas. Alejandro se compró una computadora y compone en ella, en su cuarto de la casa de su familia en Longchamps. “Ya ni agarro la guitarra”, dice. Tampoco papel y lápiz. “El transe es cantar arriba de una melodía, con lo que sale en el momento. Por ahí solo le cambio una palabrita”.
La improvisación en las letras parece algo impulsivo, romántico, como Viva Elástico, pero tiene una construcción detrás. “Es como un sueño. El sueño no tiene forma, uno lo codifica recién cuando está despierto. Es como la diversión moderna, no tener el control de lo que estás haciendo e intentar constantemente llegar a esa idea que tuviste. Siempre es un fracaso porque no lo conseguís pero llegás a algo más maravilloso, a la diferencia, a lo nuevo. Nunca puedo imaginar lo que va a salir. A veces quiero hacer una canción muy alegre y termino haciendo otra cosa. Es un método de trabajo distinto; veo que me salen mejor las canciones que improviso que las que pienso escribir, entonces la idea viene post lo que dije, es como desde el inconsciente. Las canciones se despliegan muy bien aunque no parezca.”
Ese de la voz desgarradora y dulce, el creador de letras temperamentales y hits indiscutidos, dice que nació para hacer canciones y para cantar. Que en su casa siempre hubo música y que él quiere cambiar y esforzarse para lograrlo, para dejar de laburar en un comercio a la mañana. “Estoy trabajando mucho para lograr cosas con mi voz, pero sé que con ella sola no hago nada, si no compongo una buena canción no sirve. Si no hacemos un buen arreglo tampoco, lo que haga con mi voz depende de todo lo que haga antes”.
2 de diciembre de 2013
Diario La Mañana de Neuquén: Un camino de tradición
Puesteros que recorren cientos de kilómetros al año con sus animales se resisten a dejar su tradición, a pesar de la sequía y la dureza del oficio.
Chos Malal > Los viejos dicen que la Cordillera del Viento se inquieta con la llegada de la veranada y entonces se queja en forma de viento. Lo mismo pasa cuando los arreos vuelven a la invernada en abril, se recela porque la dejan sola y vuelve a castigar. Sobre la Ruta Nacional 40, sosteniendo el gorro de gaucho para que no se le vuele, Jairo Baeza intenta que todo el piño cruce la calzada y se meta en el pueblo para descansar a la orilla del río, al lado del puente sobre el Curí Leuvú.
Los crianceros del norte de la provincia terminan en estos días su viaje por las rutas de arreo hasta su zona de veranada. Todos los años se repite el mismo recorrido, desde los campos donde se resguardan del invierno a las zonas más ricas de pastizales en lo alto de la cordillera durante el verano.
Con las chivas recién paridas, algunas vacas y los caballos, los crianceros viajan entre 15 y 20 días hasta llegar a sus veranadas. Una vez ahí, esperan el engorde de los chivos y aguardan tranquilos el momento de volver.
A mitad de camino, confluyen en Chos Malal para comentar las novedades del campo, enterarse de los precios de los demás y tomar un vino en comunidad. Son pocos los días al año en los que están con gente.
Fernando Tapia ya dejó todo su piño en la veranada y bajó a ayudar a su hermano con el suyo. La primera pregunta que le hacen se repite a medida que se suman más crianceros debajo de los sauces sobre el Curí Leuvú: “¿Cómo está el pastizal allá arriba? ¿Llovió?”. “Más o menos”, contesta y se termina la charla.
La gente de campo no conversa pero sí observa. Cuando tienen algo para decir, hablan para adentro y miran fijo. La piel muestra el azote del sol y el viento. Desconfían. Acusan abandono y enorme sacrificio.
“Yo a mi piño lo conozco entero, de pie a cabeza. En seguida me doy cuenta si falta una chiva. ¿Cómo no me voy a encariñar si a algunas hasta las amamanté? Es difícil carnearlas a veces, te da lástima”, dice Jairo, apoyado en el capot de una camioneta vieja.
Compañeros de camino
Siempre están rodeados de perros. Según Fernando, son mejores arrieros que las personas. Hay que entrenarlos un poco pero aprenden rápido. Los únicos que no sirven son los galgos.
Sobre la Ruta Provincial 7, a orillas de la laguna Auquinco, Marco Vázquez arrea solo a sus 700 animales. Anda con un caballo cargado y dos perros que gruñen cuando se acercan personas. Mientras él está parado, ellos están acostados. Ni bien se sube a su caballo, los perros salen disparados a ladrarle a los chivos. Él rodea el piño y lo lleva desde atrás; los perros lo ordenan desde los costados para que los chivos no se dispersen. “Salga de ahí”, grita a los animales. Y todos se mueven en grupo.
Marco anda solo. Es de la zona de Chihuido, cerca de Quili Malal, del otro lado del río Neuquén. Es soltero y no sabe bien cuántos años tiene. “Nací en el 77, saque la cuenta”, dice. Recién está en la primera parte de su camino al campo de veranada que usa hace 13 años. Lleva como 50 kilómetros y hasta Varvarco calcula que hay como 200.
No es optimista cuando mira la inmensidad del camino que le queda por delante. “Este año no nevó, no llueve hace años, no creo que sea una buena temporada”, cuenta. El pastizal se ve amarillo y sólo se reconocen algunos mallines pequeños cuando la Ruta 7 empalma con la 40.
La sequía se sufre hace cinco años. Los chivos no están gordos como quisieran sus dueños y llegan débiles a la veranada después de tanto caminar. El verano se ve complejo en la mirada de los crianceros. “No queda otra, no hay otra que hacer”, se resignan. El destino parece escrito e irrefutable para ellos.
Otra ruta
Cruzando Chos Malal, a orillas del Neuquén, esperan que se haga de noche el joven Juan Soto y Juan y Horacio Herrera. Llevan 400 animales y los están descansando para cruzar la ciudad al otro día. Es la parte más difícil del viaje. Son del paraje El Rayoso y van hasta Los Carrizos, unos 150 kilómetros calculan. Están por carnear un chivo para cenar al lado del camino de la Ruta 40: así comienza la temporada en la que sólo comen carne, tortas fritas, pan casero y amenizan con un poco de vino o mate.
Llevan tabaco para armar; dos van a caballo con el piño y otro va sobre la ruta con la camioneta. Toman mate dulce. Hablan sobre el viento. Tienen dos perros, uno se llama Ardilla, es chiquito, con rulos color gris. Duerme enrollado al lado del fuego donde se calienta la pava. Está fresco. Todos van de campera, gorra de gaucho, camisa, pañuelo al cuello, botas de cuero y rodillera arriba del pantalón de gabardina, con el pelo hacia adentro para que abrigue y al revés para que no entre la lluvia.
Los tres esperan la hora de carnear para comer e irse a dormir. Tienen que cruzar el puente sobre el río Neuquén ni bien aclare. “No lo hacemos de noche por los accidentes. En general la gente respeta a los animales, salvo que vayan muy apurados o no sean de acá”, dice Horacio.
Los perros ordenan el arreo mientras caminan las chivas por la ruta. Ardilla les ladra al oído y los animales le hacen caso y avanzan pegados. Cada piño está señalizado con una marca en las orejas de cada animal. Cuando se juntan varios grupos en el Curí Leuvú y comienzan unidos el ascenso a su veranada, los chivos se mezclan, pero al llegar al lugar se separan solos.
En el camino venden mucho. Piden entre 350 y 400 pesos por cada animal de 12 kilos. Se los llevan vivos en su mayoría, chillan como bebés cuando les atan las patas y los suben a los autos.
El mito de que la chiva es más rica que el chivo es desestimado en un chasquido. “Es el degollador el que le cambia el gusto a la carne si el animal come la misma pastura. Si está bien degollado, la carne del animal es riquísima, sin importar si es hembra o macho”, dice Jairo. Aunque los crianceros prefieren tener mayoría de chivas en su piño porque engordan más y no se distraen, “los chivos se van a huevear por ahí”, relata.
Juan y Horacio son primos. Se suman al arreo de Jairo sobre el puente del Curí Leuvú porque son vecinos de veranada y van a transitar juntos el último tramo de viaje. Todos son de zonas diferentes y se juntan todos los años en el mismo punto del mapa, a la ida y a la vuelta. Lejos de los pueblos, ellos siguen criando su ganado, unos cuantos chivos, unas pocas vacas, unos caballos y dos o tres perros.
Chos Malal > Los viejos dicen que la Cordillera del Viento se inquieta con la llegada de la veranada y entonces se queja en forma de viento. Lo mismo pasa cuando los arreos vuelven a la invernada en abril, se recela porque la dejan sola y vuelve a castigar. Sobre la Ruta Nacional 40, sosteniendo el gorro de gaucho para que no se le vuele, Jairo Baeza intenta que todo el piño cruce la calzada y se meta en el pueblo para descansar a la orilla del río, al lado del puente sobre el Curí Leuvú.
Los crianceros del norte de la provincia terminan en estos días su viaje por las rutas de arreo hasta su zona de veranada. Todos los años se repite el mismo recorrido, desde los campos donde se resguardan del invierno a las zonas más ricas de pastizales en lo alto de la cordillera durante el verano.
Con las chivas recién paridas, algunas vacas y los caballos, los crianceros viajan entre 15 y 20 días hasta llegar a sus veranadas. Una vez ahí, esperan el engorde de los chivos y aguardan tranquilos el momento de volver.
A mitad de camino, confluyen en Chos Malal para comentar las novedades del campo, enterarse de los precios de los demás y tomar un vino en comunidad. Son pocos los días al año en los que están con gente.
Fernando Tapia ya dejó todo su piño en la veranada y bajó a ayudar a su hermano con el suyo. La primera pregunta que le hacen se repite a medida que se suman más crianceros debajo de los sauces sobre el Curí Leuvú: “¿Cómo está el pastizal allá arriba? ¿Llovió?”. “Más o menos”, contesta y se termina la charla.
La gente de campo no conversa pero sí observa. Cuando tienen algo para decir, hablan para adentro y miran fijo. La piel muestra el azote del sol y el viento. Desconfían. Acusan abandono y enorme sacrificio.
“Yo a mi piño lo conozco entero, de pie a cabeza. En seguida me doy cuenta si falta una chiva. ¿Cómo no me voy a encariñar si a algunas hasta las amamanté? Es difícil carnearlas a veces, te da lástima”, dice Jairo, apoyado en el capot de una camioneta vieja.
Compañeros de camino
Siempre están rodeados de perros. Según Fernando, son mejores arrieros que las personas. Hay que entrenarlos un poco pero aprenden rápido. Los únicos que no sirven son los galgos.
Sobre la Ruta Provincial 7, a orillas de la laguna Auquinco, Marco Vázquez arrea solo a sus 700 animales. Anda con un caballo cargado y dos perros que gruñen cuando se acercan personas. Mientras él está parado, ellos están acostados. Ni bien se sube a su caballo, los perros salen disparados a ladrarle a los chivos. Él rodea el piño y lo lleva desde atrás; los perros lo ordenan desde los costados para que los chivos no se dispersen. “Salga de ahí”, grita a los animales. Y todos se mueven en grupo.
Marco anda solo. Es de la zona de Chihuido, cerca de Quili Malal, del otro lado del río Neuquén. Es soltero y no sabe bien cuántos años tiene. “Nací en el 77, saque la cuenta”, dice. Recién está en la primera parte de su camino al campo de veranada que usa hace 13 años. Lleva como 50 kilómetros y hasta Varvarco calcula que hay como 200.
No es optimista cuando mira la inmensidad del camino que le queda por delante. “Este año no nevó, no llueve hace años, no creo que sea una buena temporada”, cuenta. El pastizal se ve amarillo y sólo se reconocen algunos mallines pequeños cuando la Ruta 7 empalma con la 40.
La sequía se sufre hace cinco años. Los chivos no están gordos como quisieran sus dueños y llegan débiles a la veranada después de tanto caminar. El verano se ve complejo en la mirada de los crianceros. “No queda otra, no hay otra que hacer”, se resignan. El destino parece escrito e irrefutable para ellos.
Otra ruta
Cruzando Chos Malal, a orillas del Neuquén, esperan que se haga de noche el joven Juan Soto y Juan y Horacio Herrera. Llevan 400 animales y los están descansando para cruzar la ciudad al otro día. Es la parte más difícil del viaje. Son del paraje El Rayoso y van hasta Los Carrizos, unos 150 kilómetros calculan. Están por carnear un chivo para cenar al lado del camino de la Ruta 40: así comienza la temporada en la que sólo comen carne, tortas fritas, pan casero y amenizan con un poco de vino o mate.
Llevan tabaco para armar; dos van a caballo con el piño y otro va sobre la ruta con la camioneta. Toman mate dulce. Hablan sobre el viento. Tienen dos perros, uno se llama Ardilla, es chiquito, con rulos color gris. Duerme enrollado al lado del fuego donde se calienta la pava. Está fresco. Todos van de campera, gorra de gaucho, camisa, pañuelo al cuello, botas de cuero y rodillera arriba del pantalón de gabardina, con el pelo hacia adentro para que abrigue y al revés para que no entre la lluvia.
Los tres esperan la hora de carnear para comer e irse a dormir. Tienen que cruzar el puente sobre el río Neuquén ni bien aclare. “No lo hacemos de noche por los accidentes. En general la gente respeta a los animales, salvo que vayan muy apurados o no sean de acá”, dice Horacio.
Los perros ordenan el arreo mientras caminan las chivas por la ruta. Ardilla les ladra al oído y los animales le hacen caso y avanzan pegados. Cada piño está señalizado con una marca en las orejas de cada animal. Cuando se juntan varios grupos en el Curí Leuvú y comienzan unidos el ascenso a su veranada, los chivos se mezclan, pero al llegar al lugar se separan solos.
En el camino venden mucho. Piden entre 350 y 400 pesos por cada animal de 12 kilos. Se los llevan vivos en su mayoría, chillan como bebés cuando les atan las patas y los suben a los autos.
El mito de que la chiva es más rica que el chivo es desestimado en un chasquido. “Es el degollador el que le cambia el gusto a la carne si el animal come la misma pastura. Si está bien degollado, la carne del animal es riquísima, sin importar si es hembra o macho”, dice Jairo. Aunque los crianceros prefieren tener mayoría de chivas en su piño porque engordan más y no se distraen, “los chivos se van a huevear por ahí”, relata.
Juan y Horacio son primos. Se suman al arreo de Jairo sobre el puente del Curí Leuvú porque son vecinos de veranada y van a transitar juntos el último tramo de viaje. Todos son de zonas diferentes y se juntan todos los años en el mismo punto del mapa, a la ida y a la vuelta. Lejos de los pueblos, ellos siguen criando su ganado, unos cuantos chivos, unas pocas vacas, unos caballos y dos o tres perros.
Nota para La Mañana de Neuquén, diciembre de 2012. Foto y texto: Romina Zanellato.
27 de noviembre de 2013
26 de noviembre de 2013
Sué Mon Mont, la primera vez
Rosario Bléfari está
siempre en movimiento, cambia de arte como si todo fuera lo mismo, con la
naturalidad de quien no se da cuenta. Ahora, la música. Quería fundirse –como
dice ella- en una banda, y se armó Sué Mon Mont, una especie de dream team del
indie porteño.
Pensé en aquellos músicos que había visto tocar y me habían llamado la atención por algo familiar y a la vez algo diferente a lo que ya conocía.
Desde el primer ensayo salieron como si siempre los hubiésemos tocado. Algunos, recuerdo no tener ni idea de cómo se iba a tocar porque era la primera vez, y nomás Tifa contó hasta cuatro y salían así, como si ya estuvieran en alguna parte hechos. Reestructuramos alguna que otra parte y no más que eso.
Sué Mon Mont con Atrás hay
truenos, martes 26 a
las 21 hs en el CCMatienzo, Pringles 1249, CABA.
La banda, integrada por
Gustavo Monsalvo, uno de los guitarristas de Él mató; Tifa Rex, baterista de
Los Reyes del Falsete; y Marcos Díaz en el bajo, de Bosques, se presentará por
primera vez el martes en el Club Cultural Matienzo, Pringles 1249.
¿Cómo surgió Sué Mon Mont?
Tenía ganas de fundirme en
un proyecto musical con otros músicos desde una nueva relación igualitaria. No
como solista y su banda sino como compañera cantante y compositora. Pensé en aquellos músicos que había visto tocar y me habían llamado la atención por algo familiar y a la vez algo diferente a lo que ya conocía.
La banda la integrás con tres músicos de gran
actividad con sus bandas personales, ¿cómo fue el proceso de ensayo y de
creación?
Tenía una gran cantidad de
temas de diversa índole y les propuse que los tocáramos y al tocarnos irnos
darnos cuenta cuáles prendían y cuáles no, total sobraban. El plan fue: ninguno
tiene tiempo de más, nos juntamos con cuatro o cinco temas sabidos, escuchados
de mis demos (muy simples grabados) y empezar a sumar. Desde el primer ensayo salieron como si siempre los hubiésemos tocado. Algunos, recuerdo no tener ni idea de cómo se iba a tocar porque era la primera vez, y nomás Tifa contó hasta cuatro y salían así, como si ya estuvieran en alguna parte hechos. Reestructuramos alguna que otra parte y no más que eso.
¿Cómo fue la selección de temas? ¿Van a grabar
algo?
Son muy buenos músicos los
tres, sumamente creativos y eficaces, simples, van al punto que articula la
canción sin volteretas innecesarias (rock)
y se llevan de lujo con mis temas parece. Elegimos quince canciones y grabamos
un ensayo en un estudio. Los quince temas nos encantaron y ahora los estamos
grabando de nuevo para sacar un disco.
¿Con qué se encontrará la gente en el show
presentación?
El martes 26 se
encontraran con una serie de temas nuevos, tocados con la frescura de los
primeros encuentros, con mucha pasión y disfrutándolos como oyentes, siento que
aún los tocamos para escucharlos otra vez. Aún no hay grabaciones así que es
así sin dudas.
Nota para Los Inrocks
21 de noviembre de 2013
Casa del Puente, a dos puntas
En esa otra ciudad que hay en Mar del Plata, la que no tiene nada que
ver con el traje de baño y las ojotas pero sí mucho con la capital del
diseño, ahí donde el mar, el bosque y la arena hacen climas sonoros
entre las ventanas, mucho más cerca de las melodías finas que de “La
Bristol”, surge Casa del Puente Discos.
El sello que le debe su nombre a la casa de Amancio Williams, tal vez el símbolo más sofisticado de Mar del Plata, trabaja como un nexo entre la costa y Capital Federal, con bandas propias y un catálogo internacional impecable.
a costa y Capital Federal, con bandas propias y un catálogo internacional impecable.
Nicolás Agüero, integrante del sello, lo describe: “En Casa del Puente predominan los sonidos orgánicos, las texturas y los climas. No pueden faltar las melodías, ya sea desde los álbumes de artistas experimentales hasta los grupos más relacionados con el formato canción”.
Entre ese arco sonoro están Altocamet, BK, DIIV, Asobi Seksu, Las Costas, Of Montreal, Manta Raya, Luomo, Gustavo Lamas, Leandro Fresco, Resplandor y Run Run, entre otros.
Tal como lo expresan en su manifiesto, Casa del Puente se propone respetar un único parámetro: el de crear vanguardia en los más altos estándares de calidad, tanto en los sonidos como en la imagen y el diseño. “Creemos que un disco está compuesto por una síntesis visual de la música, la que se refleja en el arte de portada del álbum”, explica Agüero. Ese mismo mantra se repite en todo el proceso de la obra. “Una producción tiene que ser cuidada y acompañar la fibra que propone el sonido”, dice. El sello edita en CD y en vinilo, con un amplio catálogo que va desde la música electrónica hasta la canción tradicional. “Tomamos en cuenta la originalidad del proyecto, la vanguardia de la propuesta y que nos vuele la cabeza”, subraya Nicolás.
“La escena es todo un paradigma para nosotros. Por un lado el artista argentino que mayor convocatoria tiene es independiente y por otro lado la escena independiente local es muy poco convocante, pero lo que está claro es que la independencia es un camino para llegar a la masividad”, dice Nicolás. ¿Quiénes son la vanguardia en esta escena?, para Casa del Puente es muy simple: “los espontáneos”. / Romina Zanellato
Nota para LosInrocks.com en mi sección de Sellos Independientes. Esta vez, noviembre.
El sello que le debe su nombre a la casa de Amancio Williams, tal vez el símbolo más sofisticado de Mar del Plata, trabaja como un nexo entre la costa y Capital Federal, con bandas propias y un catálogo internacional impecable.
a costa y Capital Federal, con bandas propias y un catálogo internacional impecable.
Nicolás Agüero, integrante del sello, lo describe: “En Casa del Puente predominan los sonidos orgánicos, las texturas y los climas. No pueden faltar las melodías, ya sea desde los álbumes de artistas experimentales hasta los grupos más relacionados con el formato canción”.
Entre ese arco sonoro están Altocamet, BK, DIIV, Asobi Seksu, Las Costas, Of Montreal, Manta Raya, Luomo, Gustavo Lamas, Leandro Fresco, Resplandor y Run Run, entre otros.
Tal como lo expresan en su manifiesto, Casa del Puente se propone respetar un único parámetro: el de crear vanguardia en los más altos estándares de calidad, tanto en los sonidos como en la imagen y el diseño. “Creemos que un disco está compuesto por una síntesis visual de la música, la que se refleja en el arte de portada del álbum”, explica Agüero. Ese mismo mantra se repite en todo el proceso de la obra. “Una producción tiene que ser cuidada y acompañar la fibra que propone el sonido”, dice. El sello edita en CD y en vinilo, con un amplio catálogo que va desde la música electrónica hasta la canción tradicional. “Tomamos en cuenta la originalidad del proyecto, la vanguardia de la propuesta y que nos vuele la cabeza”, subraya Nicolás.
“La escena es todo un paradigma para nosotros. Por un lado el artista argentino que mayor convocatoria tiene es independiente y por otro lado la escena independiente local es muy poco convocante, pero lo que está claro es que la independencia es un camino para llegar a la masividad”, dice Nicolás. ¿Quiénes son la vanguardia en esta escena?, para Casa del Puente es muy simple: “los espontáneos”. / Romina Zanellato
Nota para LosInrocks.com en mi sección de Sellos Independientes. Esta vez, noviembre.
Revista Ohlalá: Comer sin harinas, ¿vale la pena?
Mojar el pancito en el tuco de los ravioles de tu abuela. Ese pedacito de torta que compartís en un té con amigas. La pizza salvadora que te trae el delivery los viernes a la noche o esas empanadas tradicionales con amigos. Y sí, casi siempre están las harinas metidas en nuestras costumbres y encuentros sociales. Pero eso que parecía incuestionable está siendo confrontado por cada vez más personas que eligen vivir de una manera diferente: sin harinas .
Los motivos son varios. Están quienes dejan de comerlas para bajar de peso, quienes lo hacen como una filosofía de vida y quienes no tienen otra opción. El factor común en todas las historias es que sí, se puede. Si bien es normal encontrar gente que no consume determinado grupo de alimentos -los vegetarianos, por ejemplo-, la eliminación de las harinas en la dieta parecía algo imposible de realizar. Por el contrario, cada vez son más los que se animan a probar primero por un tiempo, con metas a corto plazo y objetivos específicos, y que luego lo toman como un estilo de vida.
Nota para Ohlalá de noviembre.
15 de septiembre de 2013
Revista Brando: Vaca Muerta. Esperando el Milagro

Por Romina Zanellato
La presidenta Cristina Fernández anunció un acuerdo entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y la empresa estadounidense Chevron para explotar el área de Vaca Muerta, el yacimiento de gas y petróleo no convencional más importante del país. El convenio establece una inversión de más de mil millones de dólares por parte de Chevron, que la provincia de Neuquén le extienda la concesión por 35 años más y la posibilidad de exportar un porcentaje sin retenciones ni límites.
Vaca Muerta es una formación rocosa de 30 mil kilómetros cuadrados en el desierto neuquino; entre esas piedras está la mayor reserva de shale gas y petróleo de la Argentina y una de las más importantes del mundo. El yacimiento fue descubierto en 2010 y su potencial, en 2011. YPF estima que, si se pone en producción el 15 por ciento de Vaca Muerta, ya pueden cubrir el déficit energético del país. Todo eso sin contar lo que producirán las otras empresas que tienen concesión en el área, porque la empresa nacional tiene solo 12 mil kilómetros cuadrados de concesión, ahora cedidos a Chevron.
El pueblo más cercano a este polo hidrocarburífero se llama Añelo y tiene casi 5.000 habitantes. Está a 100 kilómetros de Neuquén capital y en 2010 tenía casi la mitad de población. Sin estar preparado para el flujo de obreros y trabajadores golondrina que se acercan, el pueblo es una postal de contrastes.
Por sus calles de tierra circulan decenas de camionetas 4x4 y los alquileres se dispararon a precios inaccesibles: una casa de dos habitaciones puede llegar a costar 8.000 pesos por mes. No hay hospitales, sólo una salita de primeros auxilios, la única calle asfaltada no mide más de 200 metros, la municipalidad está ubicada en una casa tipo plan de vivienda frente a la plaza y hay una sola estación de servicio.
El combustible es el centro del pueblo. Todo gira alrededor del único lugar donde se puede cargar nafta; ahí es donde paran los petroleros. El comercio más grande está frente a la estación de servicio, un comedor donde almuerzan y meriendan los obreros que vuelven de los pozos petroleros y se dirigen a Neuquén capital.
El país mira de cerca lo que pasa con Vaca Muerta. La Presidenta y su gabinete hablan por televisión sobre el asunto, la comunidad mapuche tomó varios yacimientos para reclamar en contra del acuerdo, se habla del fracking -sistema que se emplea para extraer el recurso- y sus consecuencias en el medio ambiente, se discute con la palabra saqueo. Añelo ve desde primera fila cómo llega gente de todos los sectores y debate sobre el futuro que impactará primero en su comunidad.
El pueblo crece y la razón es una: la esperanza de un boom. Mientras las noticias se suceden, los vecinos se preparan y agrandan los locales, se construyen hoteles, se rumorean nuevas inversiones y la gente no para de llegar. Los números son elocuentes. En 2010, cuando se hizo el Censo, dos meses antes del anuncio del descubrimiento de Vaca Muerta, en Añelo vivían casi 2.500 habitantes. Tres años después, el municipio estima que se duplicó la población y prevé que llegue a los 10 mil en tres años más. La mayoría, según dicen, son hombres solos de pueblos cercanos que llegan a pedir trabajo, algunos hasta acampan frente a las empresas petroleras para ganar por cansancio. Una vez instalados, traen a su familia.
Los puestos, sin embargo, se definen en Buenos Aires. Además, YPF no tiene su base en la localidad, porque usa el yacimiento Loma La Lata -a pocos kilómetros- como centro para alojar todos los servicios de sus empleados, así que sólo pasan por la ruta o se detienen en la estación de servicio. La apuesta de los comerciantes y los trabajadores son las empresas contratistas que les brindan servicios a YPF y las otras petroleras que operan en la formación Vaca Muerta, como Pluspetrol, Apache, ExxonMobile y Total, entre otras.
Hasta el acuerdo firmado con Chevron, YPF perforó 60
pozos de petróleo y unos 15 de gas del gran mesías hidrocarburífero que
parece Vaca Muerta. Según un relevamiento de junio pasado del
Departamento Energético de los Estados Unidos (AIE, sus siglas en
inglés), la Argentina está segunda en el podio mundial de recursos de
gas y cuarta en el de petróleo no convencional (shale oil y gas), en
gran medida por el valor de Vaca Muerta. YPF estima que hay recursos
de gas por 100 trillones de pies cúbicos y 40 mil millones de barriles
de petróleo; esto significa que la Argentina decuplicará sus reservas.
El escepticismo del pueblo está basado en la historia. A 147 kilómetros al norte de Añelo está Rincón de los Sauces, otra ciudad que se formó alrededor de un descubrimiento de petróleo. A fines de los 90, el pueblo explotó, se multiplicaron las 4x4, llegó gente de todos lados, se abrieron casinos y prostíbulos. Entre 2001 y 2010 la población aumentó casi 75 por ciento. Pero un día se acabó el petróleo y el pueblo se vació.
Por ahora, lo que ocurre en Añelo es la preparación a la espera del desembarco de las multinacionales. Al cruzar la ruta provincial 7, arriba de la meseta de color arcilloso, está el desierto donde se armará el parque industrial de la ciudad. Son 90 hectáreas ya adjudicadas, y pronto se ampliará a 50 más. Ya está todo vendido pero no hay ni una sola empresa instalándose.
Hoy el movimiento está en la construcción. La lista de desocupados se engrosó los primeros meses del año con la llegada de la gente nueva al pueblo, y el empleo surgió tímidamente en la obra privada: desde la ampliación de casas para alquilar hasta una tubería de 100 kilómetros para una de las empresas.
"Está todo inflado eso de Vaca Muerta", dice uno de los delegados de la UOCRA, Mario Parra. Lo mismo repiten varias personas del gobierno municipal y pequeños empresarios que desconfían, pero esperan. Nadie sabe explicar bien cuáles serán las bondades económicas que traería al pueblo tener al lado el yacimiento de hidrocarburos no convencional más importante de América Latina.
Toda esa especulación es la que utilizará el municipio para reclamarle a YPF financiamiento en las obras que necesita. El intendente Darío Díaz habla de exigir un plan de inversiones urbanas a veinte años, además de algunas obras de infraestructura. Pretende que la empresa tenga una presencia similar a la que tuvo en Cutral Co. "Nos hace falta infraestructura para poder recibir a todo este movimiento", explicó.
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