2 de abril de 2016

Nota para Brando - Buscando a César Aira - Proceso Creativo


Propuse esta nota a mi editora hace meses. Entrevisté a mucha gente, leí varios de sus libros, transcribí las entrevistas que hay en internet, escribí sobre César Aira. La nota llevó mucho tiempo de edición y cambios de vista con la editora. En este post voy a colgar una primera versión y en el próximo la definitiva. Luego, voy a publicar dos entrevistas que considero interesantes sobre el tema, a Hernán Vanoli y a Mauro Libertella.




César Aira, un secreto publicado.
Por Romina Zanellato

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“No está oculto, no es el Indio Solari”, dice Ricardo Strafacce, escritor y amigo de César Aira, un viernes de noviembre en el café Varela Varelita de Palermo. “Él siempre viene acá”, y ese argumento se suma en mi mente a los que escuché en la librería La Internacional o en la feria de libros La Sensación, sin embargo, nunca lo había visto aunque lo había buscado en todos esos lugares. Y así fue, un mito, hasta el 15 de diciembre de 2015, que vi a Aira y a Strafacce fumando en la vereda de Scalabrini Ortiz y Paraguay, dos horas después de haber leído en la web del The New York Times que The Musical Brain, su libro de relatos que editó New Direction Books está entre las 15 mejores tapas editadas en Estados Unidos.
El libro es un pequeño tesoro. Es negro, forrado en tela, cosido y su tapa dura tiene un holograma con una mano que se mueve y prende una chispa con el dedo índice. En su solapa hay una serie de halagos y recomendaciones de personalidades como Patti Smith y Roberto Bolaño.
Así es él, pensé, en simultáneo está siendo leído por el mundo entero pero se para a fumar un pucho sobre una avenida y nadie lo ve, porque nadie lo conoce, salvo algunos pocos, como yo que reaccioné como si hubiera visto a un fantasma y bajé la vista, aceleré el paso para salir rápido de ese flashazo de cholulez.
César Aira tiene tantos libros publicados que nadie lleva la cuenta. Se cree –y se dice así, en plural y despersonalizado- que son más de 90 entre novelas, ensayos, reediciones, traducciones hechas por él y de sus textos al extranjero. En 2015 fue nominado al Mens Booker Award, premio inglés de 60.000 libras que se otorga al ganador entre diez nominados del mundo, y también estuvo en el puesto 12 entre las apuestas mundiales de la lista de Ladbrokes para el Premio Nobel de Literatura. Entre las excentricidades que lo rodean, además, está el insólito hecho de que las primeras ediciones de sus libros se rematan en Mercado Libre hasta en $1.000, mientras que él edita todos los años libros nuevos que se venden desde $40.
César Aira no habla con la prensa argentina, sólo lo hace con la prensa extranjera y, según dice él mismo, es por obligaciones que asume ante su agente literario cuando lo editan en otro idioma.
Como no da entrevistas ni opina cuando lo llaman por alguna nota donde se requiera su opinión, Aira no sale en los diarios y revistas más que en la sección de reseñas. Aira es  prácticamente un desconocido fuera del ambiente literario pero, dentro de ese mundo su influencia es tan grande que se formaron bandos en las generaciones posteriores: están los anti Aira y aquellos que en su calidad de post Aira aceptan el legado.
En el mundillo literario, ese universo de editores, escritores, críticos, libreros y lectores hambrientos (que se retroalimentan en debates cerrados), Aira es un quiebre, un límite: se lo ama o se lo odia, se lo defiende o se lo critica, se lo imita o se lo desprecia. Aira despierta pasiones entre quienes lo conocen, no se puede ser indiferente a él y su obra, sin embargo, parece que fuera de las bibliotecas nadie sabe que esto pasa.

Quién es Aira
César Aira nació en Coronel Pringles el 23 de febrero de 1949 y al cumplir los 18 años se trasladó a Buenos Aires, al barrio de Flores en el cual aún vive. Durante los primeros dos años fingió estudiar derecho hasta que aceptó su deseo de escribir. Está casado con la poeta Liliana Ponce y tiene dos hijos.
Su vida parece tranquila, como él cuando habla, pausado y constante. Todas las mañanas va a algún café de Flores para escribir a mano una o dos páginas diarias. Usa cuadernos de papel liso, sin reglones ni cuadriculados, con espiral que compra en la papelera Wussmann. Escribe con una lapicera Montblanc, de tinta negra. Esa combinación le asegura un buen ritmo de escritura, corre bien por la hoja, no la mancha, fluye sin entorpecer la imaginación. Antes del mediodía vuelve a su casa, pasa a la computadora lo que escribió, se deshace del papel, de las huellas de su proceso creativo.
Este método o disciplina le permite escribir una o dos páginas por día, al cabo de un año tiene tres o cuatro novelas de cien páginas terminadas. No revisa, ni corrige demasiado, se toma su tiempo de pensar en el momento en que escribe. No tiene un plan ni una estrategia ante una novela, sólo una idea disparadora, y cada vez que se sienta en el bar deja que esa idea se vaya adonde quiera. “Si entra un pájaro en el bar, en la novela también entra, lo hago aparecer coherente”, le dijo a la escritora y su amiga María Moreno en una entrevista del 2009 para la revista neoyorquina Bomb.
No hace apariciones en público, salvo que involucre a sus amigos. La última vez fue en mesa debate en el Museo del Libro y de la Lengua, donde varios escritores se reunieron para defender a Pablo Katchadjian, escritor que enfrenta un juicio por plagio de parte de María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges.
Es un lector apasionado. Empieza con un autor y no para hasta leer toda su obra, un libro detrás de otro. Lee aún cuando está escribiendo, sin temor a que la lectura lo contamine. Le gustan los clásicos, el siglo XIX, los policiales, los cómics. Se cree un buscador de buenas historias y así se define. Muchas veces las busca en las películas o en la pintura. Cuando escribe piensa que puede retratar una secuencia narrativa como un buen pintor traza la suya. Y lo intenta, en la librería La Internacional hay tres de sus pinturas, son pequeños cuadros de colores vivos con personajes definidos en situaciones delirantes, en una armonía estética rara, pero aún así coherentes. Se pueden calificar de surrealistas, de dadaístas, como su obra literaria.
Mientras los observaba, Francisco Garamona, detrás de su computadora maquetando un futuro libro que editará Mansalva, su editorial, habla sin mirarme. Dice que Aira sólo pintó esos tres cuadros. Le pregunto sobre la tesis de algunos críticos que ubica a Aira como un escritor de derecha, por no denunciar en sus novelas la realidad social, política, y escribir sobre peripecias fantásticas. Se enojó un poco y me sostuvo, con vehemencia, que sí es político: “César Aira estuvo preso un mes en Caseros por haber estado en una marcha troskista. No sé si fue en la dictadura del 76 o antes pero sí sé que estuvo. Muchos de los escritores se hacen los políticos pero lo más cerca que estuvieron de una represión es pasando a tres cuadras de una comisaría”, me dijo. Aunque no pude confirmar ese dato, lo dijo con seguridad, y me contó que Aira escribió algo sobre eso en una de sus novelas.

Libros
“Soy de los raros escritores a los que les gusta escribir realmente”, dijo en una entrevista que le hizo el escritor danés Peter Adolphsen en el Louisiana Literature Festival en 2012. Tiene publicados más de 90, sí, y odia que le digan “autor prolífero”. Ya lo dijo en varias entrevistas, para él, hay muchos escritores que hacen el esfuerzo de escribir una novela cada diez años sólo para renovar el “carnet” social de escritor, de opinólogos.
Aira publica en un abanico de editoriales que van desde la cartonera Eloísa Cartonera, Blatt&Ríos, Mansalva, entre otras, todas llevadas adelante por editores/escritores y amigos de él, dueñas de un catálogo ecléctico, vanguardista e independientes a los cánones estéticos de los mercados globales. Sin embargo, también publica en los grandes grupos iberoamericanos. Con Random House edita directamente desde España, donde hace poco se inauguró la Biblioteca César Aira, una colección propia con reediciones de inconseguibles y nuevas novelas como El santo.
Con Emecé (sello perteneciente a Editorial Planeta) también tiene su propia colección que edita con Mercedes Güiraldes. “Es difícil decir si hay o no estrategia detrás de esa manera particular de Aira de publicar. Creo que forma parte de una estética y de una ética de autor. Es un indudable gesto de libertad artística e independencia personal y es indisoluble de su forma de concebir la literatura. Pero esa forma tiene su eficacia. Sin prisa y sin pausa, Aira creó una obra impresionante, rupturista y clásica a la vez, tal vez la más original de la literatura argentina desde Borges”, me dijo su editora al consultarle sobre la convivencia del autor en tantos catálogos diferentes.
Además del mercado interno, Aira está en todas las librerías de las grandes capitales del mundo. New Directions Books publicó doce de sus libros en Estados Unidos. También fue traducido al inglés de Inglaterra, al francés, alemán, italiano, ruso, griego, entre otros idiomas.
Damián Ríos, editor de Blatt&Ríos, comentó que tenerlo en el catálogo es superlativo por el prestigio que otorga. Además, lo que editen de él se vende. Aira tiene un grupo de fans que se encarga de rastrear todas las novelitas que edita en el año y guarda una estantería de su biblioteca para él. Cada vez son más este tipo de seguidores.
Le interesan esas historias, está atento a lo que dicen de él. A pesar de que manifestó que escribe para sí mismo, a veces hace concesiones. Hace unos meses atrás estaba en una librería y escuchó a unos lectores jóvenes hablar de él –que no le conocían la cara y no sabían que los estaba escuchando-, uno le decía al otro que lo único que le faltaba a Aira era sexo en sus novelas. Así que en El santo, la que escribía en ese momento, está la primera escena de sexo en un libro de Aira.

Su legado
Ríos dice que a Aira le gusta la tertulia amistosa. Le gusta juntarse con sus amigos a debatir la literatura actual y las lecturas pero que no le interesa hacer esas opiniones públicas, “no tiene la ambición de marcar cánon”, me dijo.
Sin embargo, lo hace. Ariel Idez escribió un libro que se llama “La última de César Aira”, donde él es el personaje principal, un villano de Flores con una impresionante máquina de creación de libros. Junto a él, otros de su generación le rinden tributo pero también están quienes lo rechazan. Por ejemplo, el grupo de escritores jóvenes como Enzo Maqueira, que en la revista Viva dijo: “Que todavía se siga leyendo a Aira como vanguardia es absurdo y anacrónico. La literatura de Aira es escapismo”.
¿Qué lo amen y lo odien la generación de escritores jóvenes, los que escriben ahora mismo, significa qué cosa? ¿Aira es un clásico? ¿Aira molesta? Le pregunté a Hernán Vanoli, editor de Momofuku, escritor y crítico, y me dijo: “Creo que es un escritor fundamental para pensar la literatura argentina de la última parte del siglo XX. Junto con (Rodolfo) Fogwill y con (Ricardo) Piglia, y quizás Marcelo Cohen, a mi entender, son tres referencias que cualquier escritor que trabaje desde nuestro país debe tener en cuenta. Creo que su obra es múltiple, y que ambiciona un destino para la literatura. No son muchos los autores sobre los que se pueda decir eso, Aira en sí mismo es un universo, un procedimiento”, aunque, remarcó después, para él Aira es un autor del siglo pasado.
Y en esa discusión política Vanoli señala que durante los 90 el reclamo hacia Aira tenía una validez que ahora no tanto. “Hay una suerte de neopopulismo experiencial que se opone a Aira porque Aira simplemente tiene cierta relevancia intelectual, "no es tan fácil", no canta una que sabemos todos, no codifica la experiencia social como una revista de cultura juvenil, y bueno, esa impugnación la verdad que me parece lamentable”.
Ese reclamo de los 90, de la poesía comprometida y la literatura fantástica quedó explícito en un ensayo de Fabián Casas donde dice: “Che, Aira nos cagó, la literatura argentina cayó en la trampa de Aira! es un agente de la CIA! Los escritores serios, los grandes gigantes, son mirados de soslayo: ¡reina el viva la pepa! Aira le hizo mucho mal a la literatura, la partió en dos, antes y después de él. De Operación Masacre a Operación Jajá”.
Le escribí a Casas también, explicame Fabián, ¿Qué quisiste decir? Y le mandé diez preguntas que me contestó en un único párrafo donde mezcló filosofía y experiencia personal con el autor, remató con lo que importa: “El ensayito de Aira sobre el que hablás era una manera solapada de mostrarle mi infinita admiración. Y de incitar a que lo lean”.
Aira rompe (las bolas y el cánon) porque en sus novelitas no hay una psicología clara de los personajes, de hecho, está en contra de los personajes. Es un artesano del verosímil, hasta la idea más fantástica y ridícula parece lógica en sus textos; no sólo lógica, la peripecia parece no tener otra salida más que esa extravagancia que él plantea. Él dice que se basa en los cuentos de hadas, con un poco de dadaísmo, de surrealismo. El contexto barrial es sólo un espacio donde colocar el delirio y usar el lenguaje como masa maleable, una materia prima de la imaginación.
Manuel Puig, Alejandra Pizarnik y Osvaldo Lamborghini son sus referentes como escritores, modelos de vida y actitud. “A veces uno toma un modelo y después hace todo lo contrario de él, pero el modelo sigue actuando, como contraste tal vez. Los tres han muerto jóvenes, los tres han dejado su mito, su leyenda, y los tres me acompañaron siempre”, dijo Aira en la nota que le marcó un antes y un después en su vida pública argentina: “El mejor Cortázar es un mal Borges”, publicada en 2004 publicada en Clarín.
Después del escándalo que se generó a raíz de su opinión no habló más con la prensa. Su amigo Strafacce dice que le da pudor aparecer en los medios diciendo un juicio muy categórico porque no se toma en serio a sí mismo, cree que el escritor habla en su obra.
Mauro Libertella, periodista y escritor, hace poco publicó El estilo de los otros, un libro de entrevistas a los grandes escritores latinoamericanos vivos para la editorial chilena Diego Portales. Quiso entrevistarlo y se negó. Varias veces lo intentó, todas las veces lo rechazó.
Y tiene su teoría: “¿Podríamos soportar una verbosidad tan demencial, alguien que además de publicar 4 ó 5 libros por año además esté hablando en todos los suplementos y revistas? Me parece que no. Ahora, yendo a lo que importa, que son los libros, obviamente es su literatura lo que lo puso en el lugar en el que está, cualquiera que sea ese lugar. El se movió bien e hizo el trabajo largo, el de fondo: busco antes a la institución literaria que al mercado. Nos llegó entonces antes la idea de que Aira era un escritor importante, que la proliferación total de sus libros, que sucedió hace unos diez años, cuando todas las editoriales, nuevas o antiguas, quieren publicar sus textos. Durante los años ochenta Aira intervenía fuerte en el debate literario, publicaba en revistas y se metía en quilombos. Esos fueron sus años de verdadera construcción profunda. Lo que estamos viendo ahora, me parece, es la estela que dejó ese trabajo verdaderamente intenso de años”.
De pasar de ser un autor de culto Aira está empezando a ser considerado un clásico, algo viejo, algo de lo cual desprenderse o transformarlo, algo que sí o sí debe ser leído. Y eso ya se sabe en todo el mundo.

26 de marzo de 2016

yo amo internet

Hice un nuevo blog que se llama http://amointernet.tumblr.com/
Es un cuestionario para pensar cómo nos afectó la llegada de internet y cómo cambió nuestra forma de relacionarnos. Haciendo click en el "more" de la barra lateral podés scrolear hasta el primero.

11 de febrero de 2016

Los Cartógrafos - Podcast online y presentaciones en vivo




más info: http://loscartografos.tumblr.com/

Los Cartógrafos en la prensa

MEDIOS › ROSARIO BLEFARI, ROMINA ZANELLATO Y NAHUEL UGAZIO HACEN EL PODCAST LOS CARTOGRAFOS

Paisajes sonoros entre libros y música

La idea del envío quincenal surgió de un programa de radio frustrado, en el que los tres iban a hablar de bandas, libros y películas. Pero ahora sólo presentan los episodios en los que actores y actrices leen textos sobre música generada especialmente.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/19-37291-2015-11-22.html
Cuando termina la entrevista, Rosario Bléfari, Romina Zanellato y Nahuel Ugazio se quedan un rato más en el bar. El lugar tiene banda sonora propia: los colectivos que pasan afuera, el tin tin de las tazas de loza cuando el mozo las apoya sobre el mostrador y la cafetera, que rebuzna fuerte a cada rato. Ruidos cotidianos, que molestan sólo cuando se les presta atención, pero que conspiran contra cualquier idea de limpieza sonora, lo contrario de un estudio de grabación, vacío de sonidos indeseados. No importa, sirve: Zanellato saca el grabador y unas hojas de cuaderno sueltas y, entre los tres, se ponen a grabar algunas introducciones para los próximos episodios de Los Cartógrafos, el podcast en el que un actor o actriz interpretan un texto literario mientras una banda o un músico intervienen. A lo que sale de eso ellos lo llaman “paisaje sonoro”.
La idea de Los Cartógrafos surgió de un programa de radio frustrado, en el que los tres iban a hablar de bandas, libros y películas haciendo foco en los distintos paisajes y territorios de las provincias argentinas. “Aunque el programa no salió, en el podcast mantuvimos el concepto de los paisajes y los lugares, de cómo el espacio geográfico te condiciona para hacer tu arte y cómo esa arte dialoga con otros en otros espacios”, explica Zanellato, que es periodista y conoció a Bléfari –actriz, poeta, música, casi un paisaje sonoro en sí misma– en una entrevista.
Los Cartógrafos no es uno de esos podcasts que parecen programas radiales hechos por personas que nunca hicieron (ni saben hacer) radio. Tampoco quiere serlo: ellos tres, que son amigos y se nota que se admiran, casi no hablan, sólo para presentar a los que participan de cada episodio, en una miniintroducción biográfica que pueden grabar en casi cualquier lado. Es un experimento, parecido a meter tres elementos en un tubo de ensayo esperando una reacción química que los altere y los convierta en otra cosa. Ver qué pasa. Y funciona: de esa “promiscuidad de las artes”, como la define Rosario, nace una obra nueva, porque la música y la interpretación transforman el texto, lo alteran en su composición.
Cada dos semanas, Los Cartógrafos publican un capítulo nuevo; ya hay once colgados en Soundcloud y, en los próximos meses, van a publicar otros nueve. Algunos ya están cerrados y esperan para salir, mientras preparan los que faltan, arreando a músicos y actores para llegar con los tiempos que se autoimpusieron. Antes de cada episodio hay una pregunta: ¿cuál es el espacio de ese texto? “Planteamos el paisaje, la unión que tenemos en la cabeza. Muchas veces esa unión no se ve ni aparece de manera lineal, pero está”, explica Zanellato. “No es que podemos decir ‘Esteban Bigliardi va a leer a Mario Ortiz por tal razón’ –aclara Bléfari–. Tiene que ver con que se unan cosas invisibles. A veces hay cierta asociación o familiaridad que establecemos por algo: esa voz en tal relato la imaginamos con la voz de tal actor. Pero a veces es simplemente el hecho de unir ‘esto con esto’, distintas ciudades, distintos actores de distintos lugares”.
Así, en el episodio seis, la actriz María Canale le presta su voz de chica al protagonista varón de Scalabritney, nouvelle de Martín Zícari, mientras suena la música de Aldo Benítez; en el cinco, Pilar Gamboa le pone cuerpo a la protagonista de Agosto, la segunda novela de Romina Paula, acompañada por los neuquinos de La Gran Pérdida de Energía; en el primero, la actriz Susana Pampín lee un fragmento de Chicas muertas, de la entrerriana Selva Almada, mientras Guazuncho –también entrerriano– despliega una especie de distorsión radial. En el tercer episodio, Shaman lee a Carlos Ríos y en el octavo la tucumana Valeria Correa hace lo propio con un fragmento de El telo del papá, la novela de la rionegrina Florencia Werchowsky, con los neuquinos Atrás Hay Truenos potenciando el primer beso de la protagonista.
Ugazio es de Ciudadela, Zanellato es de Neuquén, Bléfari es de Bariloche. Los tres viajan por el país, tocando, escribiendo, paseando, filmando. “Cuando pensamos el programa de radio original, fue porque conocíamos muchas obras que nos gustaban del interior y sentíamos que los porteños o la gente de otra provincia no tenían acceso a ella. Queríamos generar un espacio para dar a conocer las cosas que se hacen por fuera de Buenos Aires”, explica Zanellato. Bléfari cree que como cartógrafos todavía están en nivel uno: “Tenemos un montón para crecer: uno empieza como quien juega, cartografiando lo que conoce, lo que ve, pero después los ojos se te empiezan a abrir y empezás a tener otro registro”. “Es bastante difícil encontrar todo. Escritores, por ejemplo. Acceder a los libros de escritores del interior de editoriales independientes requiere una voluntad para buscarlos, encontrarlos y llegar a ellos”, agrega Zanellato. “Lo mismo pasa con la música: ¿cómo sabés quién toca en Corrientes?”.
Para los primeros 15 capítulos convocaron a 44 artistas: músicos, escritores y actores que se animaron al experimento. Cada episodio tuvo un proceso diferente: algunos escritores eligieron el fragmento, otros lo dejaron en sus manos. Pilar Gamboa grabó su parte en la casa de Zanellato una mañana; Valeria Correa lo hizo en un ropero, mientras escuchaba con auriculares la música que ya había compuesto Atrás Hay Truenos. “El actor es el que más trabajo nos da –admite Ugazio, community manager de una revista cultural y miembro de Golondrina Cine–. Tenemos que acompañarlos, dirigirlos un poco para que encuentren el tono, el ritmo, porque están en la nada, solos con el texto”. Bléfari admite que, al principio, la idea de Los Cartógrafos puede dar algo de miedo: “Hay una serie de prejuicios que pueden aparecer porque siempre se han hecho intentos de `ahhh... unamos estas artes`, y a veces eso es peligroso. El artista siempre siente como una aprensión: ¿qué van a hacer con mi texto, con mi música, qué me va a dar para leer? A los escritores no les gusta o los maravilla... A algunos los impresiona y a otros los emociona ver su texto traducido a otra cosa que no se habían imaginado”.
Para recuperar esa idea del vivo que perdieron en el podcast, en octubre hicieron una presentación en el Centro Cultural Kirchner, en el marco del Festival Federal de Poesía. Ahí leyeron los poetas Belén Ianuzzi y Eduardo Rezzano, y las actrices Pampín y Correa, mientras Lucy Patané, Shaman Herrera, Bruno Masino y Marcos Díaz improvisaban en vivo. “Unos días antes nos juntamos en mi casa los músicos, los poetas y los actores, y me impresionó ver que gente que estaba relativamente cerca no se conocía o nunca había hecho algo junta”, cuenta Bléfari. Los Cartógrafos también es eso: un intento de que los artistas de distintas disciplinas se conozcan, se encuentren, se transformen unos a otros. “Los mundos suelen ser bastante cerrados entre sí, por eso es interesante que alguien haga el lazo y ponga a Lucy a tocar con Shaman o con Bruno, o una a Francisco Garamona con Carmen Sandiego. Son artistas que para nosotros están cerca pero que capaz de otra manera no iban a cruzarse”.
* Viernes por medio estrenan episodio en soundcloud.com/los cartografos/

Los Cartógrafos - Episodio 14

El blog que nadie espera

En este blog me propuse juntar a poetas y artistas visuales para hacer un intercambio artístico. Es algo ya hecho, es algo que nunca hice. La gente que uní es gente que tiene una visión artística que me interesa difundir y experimentar. Las obras fueron creadas a raíz de los poemas, los cuales fueron escritos para esto.

Un poema y una imagen: http://elblogquenadieespera.tumblr.com/

3 de enero de 2016

Creatividades y SMM para Backstory Contenidos

Algunos de mis trabajos como Social Media Manager en Backstory Contenidos 
Creatividades, fotografía, texto, organización, estrategia, planificación, contacto con el cliente.

 Crema Dental Squam, de Laboratorios Gador: https://www.facebook.com/Squam




Hepatalgina - Bocetos aprobados: https://www.facebook.com/Hepatalgina




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1 de noviembre de 2015

Revista Brando - Las chicas quieren cumbia - octubre 2015

En la pista de baile la cumbia sigue sonando pero ya no la tocan melenudos con trajes de gimnasia, ahora son chicas las que mezclan ritmos, rompen fronteras y llenan fiestas. De qué se trata esta movida contracultural que hace bailar a todos en todos lados, desde Palermo hasta Europa. 
Por Romina Zanellato - Fotos Felix Busso 
Un parche negro en el jean, una remera de g.b.h. sisada a los tijeretazos, y una gorra negra que le tapa la cara. Los dedos flacos de la mano derecha empiezan a moverse sobre el teclado mientras los de la izquierda llevan la lata de cerveza a la boca. Abajo del escenario el público grita y baila el gran hit que reconoce en esos primeros acordes. Es "La danza de los mirlos", tema instrumental de la banda peruana Los Mirlos que popularizó Damas Gratis hace unos años. Flor Linyera toca más rápido las teclas hasta que Pila "Zombie" Jackson deforma la cumbia con su guitarra y la transforma en algo mucho más cercano al hardcore. La gente responde con un pogo en la pista de baile. La noche del miércoles termina con un carnaval de espuma, aunque sea invierno, aunque al otro día haya que ir a trabajar. 
Flor y Pila, junto a Juana Chang, Inspector y Pat Combat Rocker (todos seudónimos), son las Kumbia Queers y minutos antes de subir al escenario hablan todas al mismo tiempo en el camarín. Van a presentar los primeros temas de su nuevo disco, Canta y no llores, y están excitadas por la cantidad de gente que las espera allá afuera. ¿Desde cuándo la cumbia hecha por mujeres convoca a trescientas personas un miércoles de otoño? Ellas lo intentan hace una década. 
En la pista de baile  la cumbia sigue sonando pero ya no la tocan melenudos con trajes de gimnasia, ahora son chicas las que mezclan ritmos, rompen fronteras y llenan fiestas. De qué se trata esta movida contracultural que hace bailar a todos en todos lados, desde Palermo hasta Europa.
  • Diversidad y diversión: dos palabras que definen al público de las Kumbia Queers.

Mientras tocan las Kumbia Queers se ve a un grupo de chicas pegadas al escenario, abrazadas, dedicándose canciones de amor, riéndose a carcajadas al lado de una pareja que baila con estilo de cumbia colombiana. Detrás de ellas, un grupo de varones levantan las manos como si fuera Pablo Lescano el que está ahí arriba. 
La idea de que está todo bien, seas como seas, es una de las premisas de esta movida contracultural que se traslada a la música misma. Las Kumbia Queers provienen del punk, del hardcore, del rap y la electrónica. Una síntesis de lo que expresan a nivel artístico: tomar ritmos ajenos y transformarlos según la experiencia propia. Quizá, también por eso, la cumbia cruzó las barreras de las clases sociales y hoy no hay fiesta en Palermo donde no se la baile. 
Antes de salir al escenario, comen pizza y hacen la lista de temas en la tapa de la caja de cartón. Saludan a los amigos que llegan, se cambian de ropa, entra y sale gente del camarín, toman fernet, cerveza, agua. Mientras todo eso pasa a su alrededor, de a ratos se concentran y hablan sobre el cambio en el público, más desprejuiciado, abierto a lo diferente. El origen lo remontan a los primeros recitales de El Otro Yo o de Fun People, bandas estructurales de una generación de chicos "alternativos" del 2000. 
Pila, que venía de tocar rock pesado, cuenta que ahí vio algo distinto, un público buena onda, que no era una tribu hermética, que había un vínculo de tolerancia y aceptación hacia lo diferente, tal vez porque Nekro (cantante de Fun People y ahora Boom Boom Kid) proponía temas como el romanticismo, el vegetarianismo o lo positivo de ser distinto, en una época en la que eso no existía en el rock ni en casi ningún otro género. Al contrario: por esos días, poscrisis del 2001 y Cromañón, la clausura de los espacios para salir a bailar se mezcló con un contexto social en el que el público se cerró a segmentos cada vez más estrictos de identidad: eras cumbiero, eras punk, metalero o electrónico. No había posibilidad de diálogo sonoro. 
A ellas, sin embargo, esa apertura les llegó desde el seno mismo del grupo. "Tuvimos la suerte de que Ali Gua Gua (excantante mexicana de Kumbia Queers) venía con esa onda de escuchar de todo. A eso se sumaba que nuestra baterista estaba todo el día escuchando cumbia villera. Fueron ellas las que dijeron que no íbamos a hacer rock, que íbamos a hacer cumbia", cuenta Pila. Y eso pasó cuando nadie lo hacía fuera de las villas. Menos mujeres. 
La escena actual, entonces, tiene la particularidad de que las mujeres son las protagonistas, el mensaje y la voz. Como no ocurre en otros géneros "ni siquiera en la cumbia villera, tampoco en el rock", ellas lideran los carteles con una idea fija: hacer bailar y hacerlo desde un lugar, el de la diversidad. En el circuito no están solas. Fueron las primeras, tal vez, pero desde hace unos años no paran de sumarse otros proyectos: Miss Bolivia, Sara Hebe, Las Taradas.
 
NOCHES CON DIAMANTES
Dos semanas después del show de Kumbia Queers, Miss Bolivia está por subir al escenario en otro boliche de Palermo. Antes, el DJ Villa Diamante está poniendo a bailar al público. En el medio de la multitud apretada se danza sin saber, medio torpe, por intuición, el ritmo pegadizo de la cumbia villera, imposible de esquivar en el cuerpo. Los círculos de gente giran entre sí, se desarman y vuelven a armarse, como un gran grupo de amigos. Dos chicas se besan un rato, se separan al escuchar la canción que empieza, se vuelven a integrar a la ronda, donde otra amiga coquetea con un extranjero, que también está con otro amigo y ese mira a otro chico que está más allá, que se hace el que no lo ve, que tss tss tss, el rayador marca el ritmo, el güiro del baile. 
En la pista de baile  la cumbia sigue sonando pero ya no la tocan melenudos con trajes de gimnasia, ahora son chicas las que mezclan ritmos, rompen fronteras y llenan fiestas. De qué se trata esta movida contracultural que hace bailar a todos en todos lados, desde Palermo hasta Europa.
  • Villa Diamante

Villa Diamante es Diego Bulacio, empezó como DJ hace diez años, cuando los clubes pasaban o cumbia o house, excluyentes entre sí. En 2006 se puso a pensar cómo internet había modificado el consumo cultural y cómo se podía traducir eso en la pista de baile. "Nadie escucha solo una cosa, somos una mezcla de intereses", dice. Ahora, con el carácter multitasking de las nuevas generaciones, parece imposible refutarle su teoría. Basta con mirar la tracklist que cada uno de nosotros lleva en el celular. Ahí, en esa inquietud de Villa Diamante, estaba el germen de lo que sacó a las clases medias de su encierro y despabiló las noches porteñas: las fiestas en clubes. 
Diamante creó junto a DJ Nim una de las fiestas más importantes para la nueva cumbia, la Zizek Club (hoy un sello discográfico con bandas como Chancha Vía Circuito o El Remolón). "Buscábamos lo contemporáneo, las cosas nuevas que se estuvieran haciendo acá. La gente venía a sorprenderse. Era, además, un laboratorio de baile, armábamos mashups en el momento según la reacción de la gente en la pista", cuenta. 
Hoy, Villa Diamante llegó hasta el Museo Nacional de Bellas Artes. Ahí, es el curador musical del ciclo Bellos Jueves, donde una vez al mes un MC hace una visita guiada rapeando o una banda de rap fusión como Fémina toca en la sala de expresionismo. 
Faltan solo unos minutos para que Miss Bolivia haga su aparición. Diamante hace sonar una base folclórica empalmada a un güiro de cumbia, a eso le sigue un gran hit internacional y, arriba, un rapeo de Sara Hebe. Se trata de "mixar", dice Villa Diamante, los bagajes culturales del público, las edades, los géneros, linkear el pasado con el presente, recibir todos los estímulos y sentidos que ofrece una canción sobre otra. Ahora la cumbia está encima de "Let's Dance" de David Bowie. 
"El público es muy abierto, porque reciben lo mismo: las Kumbia Queers, cuando tocan, hacen referencia a Black Sabbath, a Damas Gratis y al punk rock", define el DJ y, sin decirlo, también delimita a ese público: para poder seguirlas se necesita tener determinado consumo cultural, acceso a obras de arte, al cine, a movimientos artísticos históricos, internacionales, al pop pochoclero, a lo independiente, a la universidad. 
MUJER MARAVILLA
En la pista de baile  la cumbia sigue sonando pero ya no la tocan melenudos con trajes de gimnasia, ahora son chicas las que mezclan ritmos, rompen fronteras y llenan fiestas. De qué se trata esta movida contracultural que hace bailar a todos en todos lados, desde Palermo hasta Europa.

Ahora las luces se apagan, el escenario se ilumina y se escucha la voz de Miss Bolivia oculta detrás del telón. Su voz es dulce, como de nena, dice gracias por venir o algo semejante. Empieza un beat, salen los músicos y recién ahí se deja ver: vestida como una mujer maravilla del rap, muestra las piernas musculosas, sus muchos dreadlocks y el micrófono en la mano. El público grita, ella empieza el show. 
El ritmo es cumbiero, el beat les marca el paso a las bailarinas que se retuercen, se mueven como víboras mientras Paz Ferreyra -así se llama Miss Bolivia- les rapea sobre estereotipos, sexualidad, desigualdades y violencia. 
Paz creció en Córdoba, vivió en Estados Unidos y volvió a Buenos Aires para estudiar. Es psicóloga, aunque después de asistir a familiares de víctimas de Cromañón dejó todo y se puso a cantar. Empezó por el reggae y el rap, hasta que le salió la cumbia: la sentía más popular, más local. "Lo más provocador que hice en su momento fue apropiarme del ritmo y cambiarle el texto. Era hacer justicia a un estilo, porque si no, la cumbia estaba condenada a la misoginia o al machismo o a la apología", dice. 
Mientras ella canta, el público salta y levanta las manos como Pablo Lescano enseñó a hacer cuando creó la cumbia villera. Tal vez, lo más relevante sea que si bien la música es parecida, las letras están en las antípodas. Lo que la cumbia villera expuso después del 2001 fue la vida cotidiana de las villas, con los valores y las costumbres de una parte de la sociedad invisibilizada hasta ese momento. Fue la expresión de una realidad ajena a las clases medias/altas, desde la música y con el único fin de hacer bailar. Lescano, de Damas Gratis, lo dijo muchas veces: lo que le importaba era que en la villa cantaran y bailaran lo que les pasaba a ellos, sin imposiciones discursivas de afuera. "Los negros no te bailan cualquier cosa. Es muy jodido hacerlos bailar", dijo a Rolling Stone en 2001. 
Si bien las historias son diferentes con esta nueva cumbia, lo que los une es la expresión de una minoría. En la fiesta de Miss Bolivia hay una clase media que canta sobre la conciencia de género y la libertad individual de las personas, lejos de las bailarinas de bailanta pensadas como ornamento erótico. 


 
Miss Bolivia dice que ella no se pregunta qué es, pero sí es consciente del mensaje que quiere dar. "A veces no hay lugar para la poesía ni la metáfora. A veces se tiene que decir así. Siempre habrá en mí lírica militancia en derechos humanos o en la preservación de los recursos naturales, pero también hablo del amor, hablo sobre el sufrimiento que genera salir del canon capitalista de la monogamia heterosexual patriarcal. Yo hablo de esas preguntas que surgen porque salirse de ahí cuesta y yo lo pago. Pero eso tiene que ver también con la identidad de cada artista". 
Miss Bolivia le canta a una mina o a un tipo, no se sabe, hace gestos y a cada uno de sus costados hay dos chicas que hacen de sus cuerpos movimientos acrobáticos, como arañas con las cuatro extremidades tocando el piso y el culo meneándose para el cielo y, detrás de ellas, como un efecto óptico, el percusionista le pega al bombo al ritmo del güiro. Todo vale y el prejuicio no existe. 
Es sábado a la noche y entre el público se puede ver la diversidad de la que habla. Un chico de calzas metalizadas verdes, de piernas flacas como una mantis, da pequeños saltos de ansiedad. Detrás de él hay dos chicas, de la mano, con camisas escocesas y gorras con dibujos. También hay chicos del interior y extranjeros. Cabelleras verdes, fucsias, azules, platinadas. Camperas de gimnasia, de jean, de cuero, plataformas y también zapatillas de lona, rastas y hippies, pañuelos talibán y cadenitas de brillante, barba prolija y barba dejada, chicos afeitados, depilados, motoqueros. Todo eso en un solo lugar. "Alta fauna hay en mis shows", resume Paz. 
La cumbia cambió en los últimos quince años, cruzó barreras, se mezcló con gente nueva, es una expresión en la pista de baile y no parece detenerse. La diversión no caduca. Hay que ver hacia dónde van los exponentes de esta escena tan versátil y urgente como la sociedad. "El punto en común entre todos es el mensaje y el beat. Creo que geográficamente tenemos un pulso que es algo inconsciente que excede a la afición por AC/DC o Coldplay. Es algo que nos excede y nos convoca", cierra Miss Bolivia. 
AL MUNDO
Europa y la cumbia villera no parecen tener nada que ver. Sin embargo, algo pasa que las bandas se van, giran un mes, dos meses y al año siguiente repiten la experiencia, que se vuelve costumbre. 
"Saben lo que es Queer pero no saben lo que es Kumbia. Es exactamente al revés que acá", dicen -y bromean- las chicas de Kumbia Queers sobre sus giras por Europa. Internet fue el medio que les habilitó las giras. Una conexión de latinos dispuestos a hospedarlas, ofrecerles contactos, organizar fiestas, divertirse. En junio armaron las valijas y durante un mes recorrieron Alemania, Suecia, Dinamarca, Suiza, República Checa, Austria y Francia. "Avisales a tus amigos que estamos saliendo para allá", fue el post clásico después de cada recital y anuncio de la siguiente fecha. En su fanpage de Facebook está el diario de viaje más alocado: fotos, anécdotas y comentarios increíbles. "Está buenísimo ver cómo se sueltan, sin ningún prejuicio, solo van a divertirse y lo hacen con todo", dice Juana Chang, la cantante de este quinteto. 
En la pista de baile  la cumbia sigue sonando pero ya no la tocan melenudos con trajes de gimnasia, ahora son chicas las que mezclan ritmos, rompen fronteras y llenan fiestas. De qué se trata esta movida contracultural que hace bailar a todos en todos lados, desde Palermo hasta Europa.
  • Las Kumbia Queers antes de salir al escenario.

La comunidad latina en Europa es la primera que se acerca a verlas, pero es definitivo el boca en boca entre los locales, que las esperan y se saben sus letras por fonética. Cada vez que vuelven hay más "gringos", dicen. 
Son muchas las bandas que giran por Europa: hay un circuito de festivales que dan espacio a proyectos latinoamericanos. 
Pero también hay un modelo fuera del circuito, que es alquilar una camioneta, convocar a conocidos por Facebook y salir a tocar. Así empezó Kumbia Queers y así lo sigue haciendo. Miss Bolivia, con 100.000 fans en la red social empezó con algo similar: se fue a girar sin tener mucho planificado. La experiencia de los shows es tan diferente, dice, que se vuelve una motivación absoluta. "El primer lugar al que fuimos a tocar fue a Estocolmo y la gente se sabía dos o tres temas y los cantaban. Desde esa vez flashié. Hacía mucho frío, como veinte grados bajo cero, en un escenario en un sexto piso, lleno de estos gringos rubios de fiesta, todo muy raro", dice. En su calendario de shows próximo, Mis Bolivia tiene México, La Plata, Necochea, Mendoza, el 31 de octubre en Oslo (Noruega) y el 21 de noviembre en Vorterix, Buenos Aires.

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