Link a la nota: http://www.niapalos.org/?p=17248
El rock nuevo, el tímido, el que hace trabajo de hormiga en la escena
porteña, nació en otro lado. De a poco, si se afina el oído, se puede
detectar el río Paraná, las montañas de Mendoza, el calor cordobés, el
desierto patagónico, la selva del litoral, las tierras del NOA en muchas
de las bandas que giran por la ciudad todos los fines de semana. Todo
parece indicar que el recambio viene desde adentro, desde las provincias
argentinas.
La Plata y Rosario fueron las primeras escenografías de ese sonido.
Tal vez 5 o 6 años atrás, en Capital Federal, se empezó a cantar una
poesía que relataba a la ciudad de las calles con número. Los 107
Faunos, ahora clásicos de la escena independiente junto a los Él Mató a
un Policía Motorizado, creaban un nuevo espíritu musical ligado a los
paisajes de la periferia.
“El arrullo de eslabones de cadena / pedaleando por 56 / en un túnel de hojas verdes / árboles torcidos que flamean”, dice una de sus primeras canciones, Pretemporada, llena de imágenes platenses de verano.
Un par de años después, un show hipotético en algún club de barrio
puede unir bajo el azar de un mismo cartel a Diosque, que es tucumano, a
Atrás Hay Truenos de Neuquén, a los patagónicos de La Patrulla
Espacial, el noise rosarino de Mi Nave, o a los cordobeses de Rayos
Láser.
Ellos, al igual que muchos músicos que suenan por la ciudad,
decidieron en algún momento de sus vidas hacer la valija para instalarse
en la capital del país, donde –supuestamente- están todas las
posibilidades y también todos los que sueñan el mismo objetivo: tocar lo
más que se pueda.
La nostalgia soundsystem
Y en ese plan, el entorno de la infancia se mezcla con la experiencia
de la ciudad y la música gana melodías nuevas, que gustan, que la gente
va a escuchar. Mariano di Cesare, una de las voces de Mi Amigo
Invencible, comanda desde el centro del escenario sonidos de naturaleza e
historias de la tierra del vino. Él fue el primero de los seis de la
banda que se vino desde Mendoza. De a poco, los demás se fueron mudando
hasta que se completó la formación original en Buenos Aires. El
compromiso cambió a la banda, tanto como los nuevos estímulos.
“Es una negociación constante entre el nuevo entorno que nos rodea y
la cultura en la que nos criamos”, comentó. “Estar en esta ciudad hizo
que nuestra música virara para atmósferas más eléctricas, ligadas en
gran parte al costado platense de la ciudad, pero también al pop de la
Capital, por ejemplo”. Entre sus discos y los shows se nota la
diferencia en la velocidad y también en la distancia. “El hecho de estar
lejos de casa hace que los sonidos más andinos tomen otro protagonismo,
se hacen más fuertes, más profundos y más necesarios. Es como si la
naturaleza de nuestro lugar peleara constantemente con lo intelectual y
mecánico de la ciudad, lo que genera ese eclecticismo sonoro que tan
bien nos hace. El que nos ofrece libertad de elección”, comentó Di
Cesare.
“Es este el lugar, paremos acá.
Armemos el fuego
El cielo desapareciendo.
Pronto la oscuridad nos va a deslumbrar”.
“Descanso sobre ruinas”, de La Nostalgia Soundsystem (2013) – Mi Amigo Invencible.
La casa es donde estás
Sin embargo, el origen no siempre determina la experiencia sonora.
Pablo Jacobo nació en La Paz, Entre Ríos, y vivió muchos años en
Rosario, Santa Fe, donde creó su proyecto de canciones pop que nombró
Pol Nada. Para él, la relación de una persona con el espacio es un viaje
personal, y lo que cada uno hace con eso que se genera es lo que
establece el vínculo que va a tener con el lugar. “Los estados de ánimo y
las emociones son los que guían la forma de la música, no creo que un
espacio determinado y su cultura puedan modificar la producción de una
persona. Creo que lo que más se modifica es uno mismo, después viene
todo el resto”, dice.
Pol Nada toca en Buenos Aires hace años pero siempre mantuvo su
relación con Rosario. “No confío tanto en la geografía como algo
determinante. En mi experiencia, lo humano suele trascender ese factor”.
Pero sí ve algo en común entre las bandas que llegan desde las
provincias: “aquellos que vienen desde un lugar donde el acceso a
algunas cosas es un poco más difícil puede que las valoren de otra forma
y tal vez estén más dispuestos a trabajar en algunos aspectos”.
Destino final
Y aunque se puede trascender desde el interior, la llegada a Buenos
Aires es inminente cuando se pretende vivir de la música. Luciana
Tagliapietra es tucumana, tiene tres discos en su haber y dos
colaboraciones estelares: Litto Nebbia cantó “El gigante” y coprodujo su
último disco y Daniel Melero masterizó el anterior. Con 30 años recién
cumplidos y una trayectoria envidiable, Luciana decidió mudarse a
Capital Federal. “A medida que mi carrera fue creciendo y me fui
profesionalizando sentí la necesidad de estar en Buenos Aires porque es
donde pasan la mayoría de las cosas que podrían hacer crecer un
proyecto. Si hay mejor calidad de músicos y mayor valoración de los
artistas tendré que comprobarlo”, comentó días antes de la mudanza.
Todos estos años en los que viajó por el país, en los que llegó a
Buenos Aires para grabar y tocar como invitada y con shows propios,
Luciana decidió quedarse en Tucumán por cuestiones personales. “En mi
provincia se grabaron muchos discos con Yoconvoz (sello en el cual editó
sus primeros dos) en los que de alguna forma participé, así que eso fue
un gran estímulo para quedarme. Mudarme era una decisión que ni
siquiera había pensado”.
Ella habla de los cerros tucumanos, de la selva de la montaña, de
Tafí Viejo, del folclore. Mientras tanto, Maxilimiano Calvo, uno de los
cuatro Intrépidos Navegantes habla del río Paraná, de la sensibilidad de
la gente de Rosario, del contacto con el agua y su ecosistema. “Nuestra
poesía se nutre mucho del Paraná. Creemos que la magia de nuestra
música reside en la forma en la que mezclamos la melancolía del Litoral
con lo visceral de la Capital. Rosario vive del río y Buenos Aires le da
la espalda. Eso se nota en las personas, en las canciones, en los
subtes, en las orillas del río”, comentó.
La banda de pop está integrada por dos rosarinos y dos porteños.
Maximiliano llegó con su amigo de la infancia a formar Intrépidos
Navegantes. En sus primeros meses, según relata, estaban en un estado de
reflexión constante por el impacto que les causó la ciudad. Y fue en
una tarde de paseo con sus padres en el Rosedal, que terminaron en el
Patio Andaluz frente a una fuente de agua que tenía la inscripción que
les dio el nombre de la banda. “Ese es el mayor ejemplo para nosotros.
La conexión de las dos provincias está en todo lo que somos”.
Por el mismo río pero 700 kilómetros más al Norte, en Corrientes
capital, Iñaki Zubieta creó Las Liebres, una banda de rock experimental
con programaciones, psicodelia, pop y una enorme dosis de naturaleza. En
2009 planificaron mudarse a Capital Federal pero sólo él lo concretó.
Sin embargo, la banda siguió funcionando en los pocos momentos del año
que se veían y grabaron tres discos. En Buenos Aires les salían fechas
que como banda no podían aprovechar así que Iñalki comenzó a tocar solo
bajo el nombre Guazuncho. La hiperactividad de Iñaki también incluye
otros proyectos como tocar la batería con Diosque, colaborar con
Bosques, Posavasos y Bruno Masino. Ahora, en pleno proceso de grabación
del cuarto disco de Las Liebres, Iñaki vive con una realidad porteña y
otra correntina en paralelo. “Nuestra dinámica es así, nos vemos cada 3 ó
4 meses, nos juntamos en el estudio y grabamos la mejor música que
podemos, con una forma de trabajo totalmente libre. Yo viví la mayor
parte de mi vida allá así que entiendo en qué están los demás y trato de
aportar lo mío”, explicó. El futuro implica una mudanza de un par de
meses a Corrientes para terminar el disco y, tal vez, una vuelta a la
ciudad con el resto de la banda.
El río Paraná tiene una presencia inocultable en la música. Es como
un magnetismo para la sensibilidad de sus músicos. Guazuncho tiene
varios discos y EPs solistas, entre ellos hay uno que habla del agua. La
tapa es una foto de ese puente que cruza el Paraná y llega hasta
Resistencia, Chaco. En estas ciudades enfrentadas se respira el mismo
aire.
Del otro lado de ese puente hay tres músicos que hacen un folclore
nuevo, de sintetizadores e instrumentos clásicos del Litoral, Les
Yacaré. Los chaqueños acaban de terminar la gira de su primer disco, El que se asoma,
por Buenos Aires y varias provincias más. “Hace 10 años, cuando nos
fuimos a vivir a Capital y a Córdoba había un abismo entre las
provincias y Buenos Aires respecto a la información y a la movida
cultural. Esa fue la razón por la cual nos fuimos de Chaco; pero ahora
las cosas cambiaron”, dijo Esteban Peon. Tanto se modificó la escena
para ellos que ya uno se volvió a la provincia, con la convicción de que
ya no es necesario estar cerca del Obelisco para sonar y crecer como
banda.
La escena porteña tiene espacio para todos los proyectos, inclusive
para algo más folclórico como la música de Les Yacaré. “Las
particularidades seducen al público y, por el otro lado, hay un
crecimiento de la gente, una nueva mirada de la música, una forma de
valorar eso que por mucho tiempo se rechazó o se escondió porque no era
lo que se hacía afuera”, planteó Peon.
Los músicos viajan, se cruzan influencias, la gente se pasa discos,
descargas, las bandas tocan todas las veces que pueden y así se genera
la renovación de la escena en las capitales.
“Hay muy buenos músicos por todo el país y con ganas de ampliar el
horizonte desde su lugar, sin desplazarse a las grandes ciudades. Eso
hizo que en los últimos años aparezcan producciones muy interesantes y
profesionales que van a la par de las de Capital”, dijo el responsable
de las voces, guitarra y programaciones en Les Yacaré.
Los escenarios que se multiplican en Buenos Aires, la oferta de shows
que crece cada fin de semana, los viajes entre la Capital y las
provincias, las bandas que giran, que llevan y traen, todo parece
mezclarse y hacer de la escena porteña un espacio donde cabe todo el
país.
7 de septiembre de 2014
3 de septiembre de 2014
31 de agosto de 2014
#EditorialesIndependientes para Los Inrocks: Nulú Bonsai

La idea de Nulú Bonsai surgió diez años atrás cuando Sebastián Goyeneche y Grau Hertt se conocieron a través de un blog de poesía urbana. La admiración devino en una amistad que atrajo a Hertt, –desde su Mar del Plata natal– a Buenos Aires para materializar la editorial cuatro años después.
Su dinámica es como la de los hermanos, a punto de estallar de amor y de odio todo el tiempo. Y ese carácter inminente se entromete en su criterio editorial. Nulú Bonsai es poesía urgente, es poesía hecha en los márgenes de todo, es una proclama de lo opuesto.
Su catálogo (en seis años editaron más de cincuenta libros) pretende a largo plazo formar una familia de autores alternativos. “Cuando encontramos material que nos gusta, apostamos a trabajar la edición con cada uno de los artistas y construir carrera juntos”, dice Hertt. No piensan en un libro, ensayan un compromiso de continuidad, casi de fidelidad.
“Para nosotros esto es ganar o perder. Apostamos a la gente y no a la obra”.
Goyeneche y Hertt son los fundadores y dos de los editores de Nulú Bonsai, poetas ambos, tienen varios libros juntos y separados, pero sólo Goyeneche editó en las dos colecciones de la editorial. Ataque emocional al sistema capitalista es solo de poesía y es la que más títulos tiene. El formato es particular, chico, y realmente de bolsillo: 11 x 14 centímetros.
El de Nulú Bonsai es un catálogo de lectura frenética. Y de factura agil: algunas de las ediciones las mandaron a imprimir a las 48 horas de haber recibido el material. Dice Hertt: “Nos interesa el libro vivo como el estado puro y crudo del artista”. En general, la tirada habitual de sus libros es de solo 200 ejemplares y se apuesta por la reedición. Pija birra faso, de Ioshua, ya lleva 700 ejemplares en la calle. “Para nosotros esto es ganar o perder. Apostamos a la gente y no a la obra”, reafirma Hertt. Su socio, Goyeneche, explica que su propósito es observar al artista –y acompañarlo– en el proceso de convertirse en un mejor autor, en una mejor obra, ser testigo de ese cambio.
La otra colección lleva el nombre de la editorial y tiene un formato más grande : en ella se le da lugar a la narrativa y a las traducciones. Es una línea un poco más adulta pero no menos arriesgada, porque el riesgo siempre es el eje de Nulú Bonsai.
“Cuando encontramos material que nos gusta, apostamos a trabajar la edición con cada uno de los artistas y construir carrera juntos”.
Y así es como se animan a una nueva colección de arte que se llama Umbracle, que hoy tiene sólo un título de Eduardo Coutinho: Cine de conversación y antropología salvaje. Y ahora apuestan por unos tabloides de 13 x 13, de diálogos entre poesías de Hertt y fotografías de distintos artistas convocados.
Inquietos, están a punto de revivir su ciclo de lecturas, música y cine llamado Living Público, aunque con su carácter indeciso esto puede también ser sepultado para siempre: el ritmo vertiginoso de todo lo que hacen es lo que les marca el entusiasmo. Eso sí: de los muchos blogs y materiales que les llegan, solo editan los que los interpelan, lo que no van a conseguir en ningún otro lado que no sea en Nulú Bonsai.
Link a la nota: http://www.losinrocks.com/libros/nulu-bonsai-literatura-urgente#.VANgJGO84QI
#SellosIndependientes para Los Inrocks: Hallo Discos
“El sello nació hace dos años, después de que Gastón (Cuttica) trajera la máquina para cortar vinilos”, dice Hernán Literas. Los dos, junto a José D’Agostino, son Hallo Discos, un sello independiente que edita en sus lanzamientos en cassette y vinilo.
“La máquina” editó seis discos durante su vida en Buenos Aires. Hizo La Playa de Los Japón, Muerte a la máquina fantasma de Go-Neko!, El centro del vacío de Bosques, Natzuki de Guazuncho, el disco debut de Bestia Bebé y, el último, El sueño de otro lugar de La Suma de Todos los Tiempos.
La magia de esa máquina les permite copiar lento, de a un disco por vez, mediante un proceso artesanal. Se graban con una máquina de corte directo, que recibe información -tanto de forma analógica como digital. El surco se genera en el disco virgen, se graba más despacio que el tiempo de su reproducción. “En los vinilos de 7’’ podemos cortar 4 minutos por lado y en los de 12’’ podemos cortar 18”, explica Hernán.
La historia de Hallo Discos se remonta al momento en que dieron con la copiadora. “No es que hicimos doble click en un sitio, sino que completamos un formulario y varios meses después el correo nos tocó el timbre con una caja. A la máquina la tuvimos que ir a buscar”, dice Hernán. Y no fue cerca. Les llegó el dato de un que tornero alemán vendía un sistema para copiar vinilos. Se pusieron a investigar con videos, foros, manuales y finalmente se decidieron a comprarla. Hubo dos problemas que enfrentar: primero, ir hasta Alemania; segundo, convencer al anciano de que se las vendiera. Gastón viajó y estuvo dos días en la casa del alemán aprendiendo a usar la máquina. Se la trajo y ahí nació todo.
En el proceso de grabado de los discos, José se encarga de controlar y ajustar audios, Gastón del corte del vinilo y Hernán del packaging. Empezaron por vinilos, siguieron con cassettes y ahora se aventuran en la organización de fechas.
“Hasta ahora editamos todo lo que quisimos”, cuentan. “Nos acercamos a las bandas que nos gustan y les presentamos nuestro proyecto. A veces también pasa al revés y para ese proyecto creamos una productora que se llama Kapstan Records”.
Es que además de los vinilos hay cassettes que serán clásicos. Editaron 300 copias de La Dinastía Scorpio de Él Mató a un Policía Motorizado, y ya les quedan muy pocas. De Horrible, de Suárez, hicieron 100, que se agotaron – eran el Primer Cassette Store Day en 2013– y no las volverán a editar. Este formato les permite copias mucho más rápidas, con menos inversión y más salida, pero la decisión en cuanto a la cantidad se hace dependiendo de cada título y cada proyecto.
Hallo Discos solo edita en estos dos formatos; no proyecta hacerlo en otros y trabaja sobre piezas terminadas. La razón es sensorial: “Nos gusta la calidez que tiene cada formato; tanto el vinilo como el cassette pueden diferir en cuanto a rango dinámico y respuesta en frecuencia, pero logran generar una mayor empatía en la persona que decide tener un objeto tangible y emprender el ritual de poner un disco o cassette. Más allá de la cuestión fetichista, creemos que el vinilo no es sólo la música que contiene el disco, sino más bien es una experiencia”.
-
Link a la nota: http://www.losinrocks.com/musica/hallo-discos-la-maquina-de-hacer-vinilos#.VANgf2O84QJ
“La máquina” editó seis discos durante su vida en Buenos Aires. Hizo La Playa de Los Japón, Muerte a la máquina fantasma de Go-Neko!, El centro del vacío de Bosques, Natzuki de Guazuncho, el disco debut de Bestia Bebé y, el último, El sueño de otro lugar de La Suma de Todos los Tiempos.
La magia de esa máquina les permite copiar lento, de a un disco por vez, mediante un proceso artesanal. Se graban con una máquina de corte directo, que recibe información -tanto de forma analógica como digital. El surco se genera en el disco virgen, se graba más despacio que el tiempo de su reproducción. “En los vinilos de 7’’ podemos cortar 4 minutos por lado y en los de 12’’ podemos cortar 18”, explica Hernán.
La historia de Hallo Discos se remonta al momento en que dieron con la copiadora. “No es que hicimos doble click en un sitio, sino que completamos un formulario y varios meses después el correo nos tocó el timbre con una caja. A la máquina la tuvimos que ir a buscar”, dice Hernán. Y no fue cerca. Les llegó el dato de un que tornero alemán vendía un sistema para copiar vinilos. Se pusieron a investigar con videos, foros, manuales y finalmente se decidieron a comprarla. Hubo dos problemas que enfrentar: primero, ir hasta Alemania; segundo, convencer al anciano de que se las vendiera. Gastón viajó y estuvo dos días en la casa del alemán aprendiendo a usar la máquina. Se la trajo y ahí nació todo.
En el proceso de grabado de los discos, José se encarga de controlar y ajustar audios, Gastón del corte del vinilo y Hernán del packaging. Empezaron por vinilos, siguieron con cassettes y ahora se aventuran en la organización de fechas.
“Hasta ahora editamos todo lo que quisimos”, cuentan. “Nos acercamos a las bandas que nos gustan y les presentamos nuestro proyecto. A veces también pasa al revés y para ese proyecto creamos una productora que se llama Kapstan Records”.
Es que además de los vinilos hay cassettes que serán clásicos. Editaron 300 copias de La Dinastía Scorpio de Él Mató a un Policía Motorizado, y ya les quedan muy pocas. De Horrible, de Suárez, hicieron 100, que se agotaron – eran el Primer Cassette Store Day en 2013– y no las volverán a editar. Este formato les permite copias mucho más rápidas, con menos inversión y más salida, pero la decisión en cuanto a la cantidad se hace dependiendo de cada título y cada proyecto.
Hallo Discos solo edita en estos dos formatos; no proyecta hacerlo en otros y trabaja sobre piezas terminadas. La razón es sensorial: “Nos gusta la calidez que tiene cada formato; tanto el vinilo como el cassette pueden diferir en cuanto a rango dinámico y respuesta en frecuencia, pero logran generar una mayor empatía en la persona que decide tener un objeto tangible y emprender el ritual de poner un disco o cassette. Más allá de la cuestión fetichista, creemos que el vinilo no es sólo la música que contiene el disco, sino más bien es una experiencia”.
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Link a la nota: http://www.losinrocks.com/musica/hallo-discos-la-maquina-de-hacer-vinilos#.VANgf2O84QJ
29 de julio de 2014
Sellos Independientes: Elefant Records
La música independiente, la nueva, esa que está por fuera
del circuito oficial, no estaba a un click de distancia 25 años atrás cuando
Montse Santalla y Luis Calvo decidieron armar su propia compañía. Las novedades
llegaban a sus manos en formato de cassette, cintas caseras, originales
comprados en las disquerías o en las recorridas nocturnas por Madrid para escuchar
una banda por primera vez. Pasó el vinilo (o no), pasó el cassette (o no), pasó
el CD (o no) y ahora llegó la web para Elefant, tal vez, la compañía
discográfica independiente más influyente de la escena pop de habla hispana, la
que todavía está en la búsqueda de la vanguardia sonora.
Las ocho de la mañana de Buenos Aires son, a una pantalla de
Skype de distancia, un mediodía de verano en la casa de la pareja fundadora de
Elefant. Luis está sonriente y cuenta que siguen siendo ellos dos, que les
gusta que la estructura sea pequeña, hogareña, para poder controlar mejor todo
el proceso de calidad de los discos. ¿Cómo se mantiene la calidad con más de
250 discos editados? “Trabajamos como una gran familia. Nuestra filosofía y
manera de pensar y trabajar es la misma desde el principio: sacar lo que nos
gusta, editar la música que nos gusta y tener una relación muy cercana con los
grupos con los que trabajamos. Somos amigos de todos los músicos de Elefant”,
dice.
Desde esa oficina en la casa de Luis se editaron discos
clásicos como los de Family o Le Mans, los de las bandas argentinas Entre Ríos
y Modular, la de los nuevos clásicos como Camera Obscura, La Casa Azul o La
Bien Querida, y esas nuevas bandas desconocidas de adolescentes que llegan a
sus oídos –ahora sí-, en un simple click.
“Recibimos un montón de maquetas. No alcanzamos a escuchar
todas. De Argentina nos llegan muchas y hay muchos grupos que me gustan pero
nuestra estructura es pequeña, al final uno no puede editar todo”, dice Luis.
Ahora Elefant está trabajando en el tercer disco de Modular, el cual trabajaron
con gente de Stereolab, según él uno de las mejores bandas argentinas de la
actualidad, “aunque por ahí el 90% de la gente no sabe que existe”, bromea.
Todos los discos se editan en CD aunque en Elefant hay un
amor especial por el vinilo, el formato renaciente en la música independiente.
En total, tienen más de 500 discos grabados, de los cuales más la mitad fueron
editados también como singles de 7 pulgadas. Además, todos se pueden escuchar
gratis online.
Elefant crece con los cambios. Todo su trabajo está online
para ser escuchado o para descargarlo. Además, la distribución de los discos es
mundial, se consigue en todas las capitales. Lejos de inquietarlos, todo es una
oportunidad para su objetivo: que más gente conozca más bandas.
“Entramos hace 5 años en una nueva era que es completamente
diferente a lo que conocíamos. Las reglas de la industria han desaparecido. Los
medios que estaban alrededor como la televisión, las revistas, la radio, han
perdido mucho poder y la música ahora se puede promocionar de otra manera, los
sellos independientes tenemos más posibilidades de llegar a la gente y la gente
tiene ahora mucho poder. La gente y las redes sociales tienen el poder
suficiente de hacer de un artista algo grande sin que la televisión se haya
dado cuenta de ellos”.
Luis está entusiasmado con esa realidad y la versatilidad
que ganó Elefant con los años. Ahora están sacando muchos discos nuevos de
bandas jóvenes como Bond Á Part, Neleonard o Papá Topo y a la vez están
editando los discos de The Primitives, una banda inglesa que en los 80 fueron
exitosos y ahora volvieron y eligieron a los españoles como sello. “Es una
mezcla de todo, tenemos gente muy joven, de 17 años, y también gente de 80”,
dice Luis.
Cada vez que sale un disco, esta pareja de españoles junto a
un chico que los ayuda hacen todo el trabajo de coordinar el lanzamiento en
todas partes del mundo. Elefant no acepta maquetas terminadas, ellos son parte
del proceso de grabación y se involucran en todas las etapas. De hecho, es Luis
quien hace el diseño de casi todas las tapas. “Yo estoy muy contento con lo que
hemos sacado, siempre que editamos estoy muy conforme con lo que se hace desde
lo más pequeñito hasta lo más grande pero al final siempre son el público y los
medios de comunicación lo que deciden qué es bueno y qué puede convertirse en
algo más”, concluye.
26 de julio de 2014
#Editoriales Independientes: Barba de abejas / LosInrocks
Rímini se sienta metódicamente ante el libro, con dos resaltadores en la mano, la pluma y la máquina de escribir al lado. Todos los días, de manera frenética, Rímini traduce. Como el personaje de El pasado de Alan Pauls, hubo muchos protagonistas en la historia de la literatura con este oficio tan misterioso. Desde City Bell, Eric Schierloh creó una editorial casi obligado: si no hacía los libros él mismo, el esfuerzo de años de traducciones iban a quedar sólo en su computadora.
Así, en 2011 nació Barba de Abejas, pero se gestó mucho antes. La semilla fue la beca del Fondo Nacional de las Artes que Eric ganó en 2006 para traducir la poesía de Herman Melville, la cual no pudo publicar inmediatamente. Sin embargo, el impulso de traducir siguió con un diario de 1860 del mismo autor (inédito en español) y con obras de Henry Thoreau, Theodore Enslin, Richard Brautigan, D.H. Lawrence y David Meltzer, entre otros.
En 2008, la editorial Bajo la luna publicó su traducción de los poemas de Melville, Lejos de tierra, pero como el material se seguía acumulando decidió arremangarse y hacer los libros él mismo. “Lo que yo quería era que el material circulara, darle salida para que tuviera sentido seguir adelante”, se justifica Eric, y, con la añadidura de ese trabajo, llegaría la oportunidad de darle espacio a nuevos traductores.
Los dibujos que vemos en cada uno de los bellos libros de la editorial se hacen en el taller que tiene en su casa; se imprime, se encuaderna y se hace el arte ahí. “Todo libro nace como un boceto dibujado”, dice Eric. Un proceso artesanal y cuidado al que le da la misma importancia que al texto en sí mismo. La primera tirada de cada edición es de 50 ejemplares y luego bajo demanda, un método muy utilizado por las editoriales independientes por lo económico y amigable para el medio ambiente.
El cariño por el detalle de los libros de Barba de Abejas está expresado en la confección a mano, el papel ahuesado de ochenta gramos, la viñeta de título con ilustración coloreada a mano y el doble papel de guarda. En las ediciones en tapa dura, la cubierta es de un cartón gris pintado a mano con acrílico.
¿Esnobismo o romanticismo? “Me quedo con el romanticismo, claro. El esnobismo implica afectación o imitación, y en Barba de Abejas no hay nada de eso”, afirma Eric. Lo que sí hay son colecciones: Poesía bilingüe, Poesía contemporánea, En viaje, Ilustrados, Ficción y Fetiche.
Fetiche lo integra sólo el libro Por favor planta este libro, de Richard Brautigan, compuesto por ocho poemas/sobres bilingües que contienen semillas de árboles, flores y hortalizas; dos retratos (uno en blanco y negro y otro a la acuarela) y un librito arbóreo que escribió Eric: Los días del fresno.
La columna vertebral de Barba de Abejas es la colección de Poesía bilingüe. Schierloh traduce de una forma muy cuidadosa. “Si es poesía primero lo hago a un cuaderno y después lo paso y corrijo en la pantalla. La primera versión siempre es rápida y pésima, tengo que corregirlo lento, volver sobre él, darle sentido a la corrección de a poco, por capas, embelleciendo todo lo feo que hice al principio con dedicación”, explica.
Los planes para agosto incluyen la edición de Lejos de tierra, la primera traducción de la poesía de Herman Melville y Autobiografía de uno que bosteza del gran Gerónimo el Apache; y para lo que queda del año se esperan tres libros de la colección Poesía contemporánea: Calendario de siembra de Jonás Gómez, Deserción en Chongjin de Carlos Ríos y uno del propio Eric, Frío en las regiones equinocciales.
Los libros de Barba de Abejas se pueden encontrar en librerías de Capital, La Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza, y algunos van a Chile. O hablar con su dedicado editor y juntarse para la entrega de los ejemplares. Libros tan bellos que bien pueden regalarse o exhibirse destacados en los estantes de una biblioteca. Así es Barba de Abejas, una editorial de catálogo que crece de a poco, con paciencia de artesano.
2 de julio de 2014
#EditorialesIndependientes: Los-proyectos, ficción breve en e-book
Cecilia Espósito es quien está detrás de esta editorial independiente que edita ficción en forma de eBooks, un formato poco explorado en la literatura nacional. Por: Romina Zanellato
Hace unas semanas Cecilia Espósito (editora, docente, correctora) posteó en el blog de su sello online Los-proyectos un resumen casi perfecto de todo lo que ella hace y de lo que se trata su búsqueda: “Estamos editando en una tierra rodeada de ríos. Pasa que leemos despacito, y el tiempo y las cosas corren como una liebre, a veces libre, a veces huyendo de las trampas en el campo. Pero qué maravilla. Uno de los relatos tiene una palabra en otra lengua, que intenta nombrar la nostalgia, la nostalgia de bosque.”
Los-proyectos es su creación personal. Ella convoca, ella lee, ella corrige, ella adapta el formato y ella sube el eBook a las plataformas de descarga. Hay algo romántico y algo artesanal en todo el proceso, adjetivos que muchas veces se piensan opuestos a los libros virtuales.
Para Cecilia, el eBook es un formato y el libro en papel es un soporte, y la convivencia los hará cambiar a los dos. Pero, ¿qué potencialidad hay en el libro digital? Todo está por descubrirse y es en esa investigación a la que apuesta. Los eBooks son “esa novedosa forma de estructurar y configurar contenidos” con el mismo objetivo del libro de papel: llegar al lector, “y si no los hay, crearlos”.
Los umbrales de posibilidades, para los libros de los-proyectos, están basados en la accesibilidad y lo dinámico del soporte: todos los títulos están disponibles para la descarga libre en código abierto como el ePub y el mobi. También se pueden pagar y están disponibles en todos los portales de venta de libros digitales.
Existe una posibilidad que lo cambia todo: la transmedialidad, el libro interactivo. Traspasar esas fronteras alimenta el entusiasmo de Cecilia. “¿Y si el contacto con el libro de papel fue poco y confuso?”, se pregunta.
“Diariamente estamos expuestos a objetos digitales, durante horas, entonces a Los-proyectos le imprimimos un doble aspecto: juntar autores, concretar un catálogo con diferentes modos de decir, y mostrarlo con un tono a la vez íntimo pero comprensivo, amplio y atractivo; por otro lado, hablar sobre las tecnologías del libro y la edición, como una estética, una búsqueda, un aprendizaje continuo. En definitiva, seducir y sentirse seducido por las palabras en sus innumerables expresiones. Y si le sumamos la música, las animaciones, las realizaciones del cine, los juegos y la Web toda, nada nos es ajeno en el ámbito electrónico y hacia ahí también vamos para explorar el formato”.
El catálogo de Los-proyectos es el reflejo de esta búsqueda. Está compuesto por la nueva literatura argentina y latinoamericana, joven y arriesgada. Cada texto está hecho especialmente para este formato nuevo, casi inexplorado por el lector argentino. Son ficciones breves para leer viajando. Ahí se puede encontrar a Selva Almada, Manuel Alemian, Carlos Ríos, Carlos Godoy, Ariel Pichersky, Inés Acevedo, Matías Capelli, Marcelo Cohen, J.P. Zooey y Federico Levín. Entonces, para Cecilia, el catálogo es “la unión de estos ríos de voces distintas, con un caudal, un talento y una singular forma de ver y escribir que queremos compartir”. Ese objetivo de compartir es también la curiosidad por la novedad: ¿Hasta dónde se puede llegar?
Link a la nota: http://www.losinrocks.com/libros/los-proyectos-ficcion-breve-en-ebook#.U7SoHvl5P50
Hace unas semanas Cecilia Espósito (editora, docente, correctora) posteó en el blog de su sello online Los-proyectos un resumen casi perfecto de todo lo que ella hace y de lo que se trata su búsqueda: “Estamos editando en una tierra rodeada de ríos. Pasa que leemos despacito, y el tiempo y las cosas corren como una liebre, a veces libre, a veces huyendo de las trampas en el campo. Pero qué maravilla. Uno de los relatos tiene una palabra en otra lengua, que intenta nombrar la nostalgia, la nostalgia de bosque.”
Los-proyectos es su creación personal. Ella convoca, ella lee, ella corrige, ella adapta el formato y ella sube el eBook a las plataformas de descarga. Hay algo romántico y algo artesanal en todo el proceso, adjetivos que muchas veces se piensan opuestos a los libros virtuales.
Para Cecilia, el eBook es un formato y el libro en papel es un soporte, y la convivencia los hará cambiar a los dos. Pero, ¿qué potencialidad hay en el libro digital? Todo está por descubrirse y es en esa investigación a la que apuesta. Los eBooks son “esa novedosa forma de estructurar y configurar contenidos” con el mismo objetivo del libro de papel: llegar al lector, “y si no los hay, crearlos”.
Los umbrales de posibilidades, para los libros de los-proyectos, están basados en la accesibilidad y lo dinámico del soporte: todos los títulos están disponibles para la descarga libre en código abierto como el ePub y el mobi. También se pueden pagar y están disponibles en todos los portales de venta de libros digitales.
“A Los-proyectos le imprimimos un doble aspecto: juntar autores, concretar un catálogo con diferentes modos de decir, y mostrarlo con un tono a la vez íntimo pero comprensivo, amplio y atractivo.”
Existe una posibilidad que lo cambia todo: la transmedialidad, el libro interactivo. Traspasar esas fronteras alimenta el entusiasmo de Cecilia. “¿Y si el contacto con el libro de papel fue poco y confuso?”, se pregunta.
“Diariamente estamos expuestos a objetos digitales, durante horas, entonces a Los-proyectos le imprimimos un doble aspecto: juntar autores, concretar un catálogo con diferentes modos de decir, y mostrarlo con un tono a la vez íntimo pero comprensivo, amplio y atractivo; por otro lado, hablar sobre las tecnologías del libro y la edición, como una estética, una búsqueda, un aprendizaje continuo. En definitiva, seducir y sentirse seducido por las palabras en sus innumerables expresiones. Y si le sumamos la música, las animaciones, las realizaciones del cine, los juegos y la Web toda, nada nos es ajeno en el ámbito electrónico y hacia ahí también vamos para explorar el formato”.
El catálogo de Los-proyectos es el reflejo de esta búsqueda. Está compuesto por la nueva literatura argentina y latinoamericana, joven y arriesgada. Cada texto está hecho especialmente para este formato nuevo, casi inexplorado por el lector argentino. Son ficciones breves para leer viajando. Ahí se puede encontrar a Selva Almada, Manuel Alemian, Carlos Ríos, Carlos Godoy, Ariel Pichersky, Inés Acevedo, Matías Capelli, Marcelo Cohen, J.P. Zooey y Federico Levín. Entonces, para Cecilia, el catálogo es “la unión de estos ríos de voces distintas, con un caudal, un talento y una singular forma de ver y escribir que queremos compartir”. Ese objetivo de compartir es también la curiosidad por la novedad: ¿Hasta dónde se puede llegar?
Link a la nota: http://www.losinrocks.com/libros/los-proyectos-ficcion-breve-en-ebook#.U7SoHvl5P50
7 de junio de 2014
Redacción para Estaciones Saludables
Ejemplo de mi trabajo en la DG Desarrollo Saludable con los programas Estaciones Saludables y Mi Escuela Saludable. Además de la redacción del material estoy a cargo del vínculo con la prensa.
23 de mayo de 2014
#SellosIndependientes: Volante Discos, fetiche musical para LosInrocks
Conocé Volante Discos, un sello independiente que surgió en Córdoba, edita en cassette y toca la tecla sensible de románticos y/o fetichistas. / Por Romina Zanellato
Wikipedia dice que fetichismo es la devoción hacia los objetos materiales, esos que se consideran mágicos. Juan Morán, el fundador de Volante Discos, es el artesano del mito y el protector del preciado cassette. Desde Córdoba, hace un trabajo de hormiga: busca un disco especial entre la oferta digital, habla con la banda, copia el disco a unos cuantos cassettes, hace el arte especial para la edición con Paola Barengo y lo lanza al mundo. ¿Alguien escucha en cassette? Sí, los románticos, los fetichistas, los amantes.
Volante Discos es joven, tiene sólo dos años pero en su bandcamp hay dieciocho discos imperdibles que se pueden rebobinar con una Bic y guardar en el bolsillo de la campera de jean. Y es ese el principio de todo: música que se pueda tocar, tener, guardar, coleccionar, atesorar. “Elegimos el cassette porque queríamos distribuir los proyectos del sello de manera tangible. Nos encantaría poder hacer vinilos pero en el país es casi imposible lograrlo; además el costo es muy superior. Lo mismo sucede con los CDs: los costos son más altos y las cantidades muy superiores”, cuenta Juan.
La tirada de cada disco de Volante es de cincuenta cassettes, hechos de manera artesanal por Juan y Paola, cada uno con su rol. Una vez que hicieron el contacto con la banda, deciden hacer una primera edición, y los pasos a seguir son: pedir los cassettes nuevos con la longitud de la cinta en relación a la duración del disco; hacer las copias del disco a cinta a través de una deck Tascam donde graban a tiempo real (cada grabación dura lo que dura su reproducción) desde un master digital a la deck; el diseño y/o rediseño del arte de tapa de cada edición, el armado y empaquetado final de cada uno y, por último, la distribución.
La dedicación del momento de la grabación está centrada en potenciar “el color de la cinta”, como dice Juan, que también se acompaña con el proceso que hace Paola de adaptar la pieza gráfica al estuche del cassette o crearla desde cero para esta edición especial. “En muchas oportunidades les agregamos algún tipo de valor adicional, como un sticker, un insert o una funda, como para hacerlos únicos”, dice Juan.
La distribución es a través de pedidos por mail. También se pueden conseguir en ferias de ediciones independientes y en algunos locales o disquerías del país que fomentan la distribución federal de artistas y sellos independientes.
¿Cómo es la música tangible de Volante Discos? Tal vez el primer adjetivo que se le pude atribuir al sello sea el de “federal”, y el segundo es “diversidad”. Lo editado pertenece a bandas de Catamarca (Panamá), Córdoba (Las Hijas de Israel, Los Pencales, Fante), Jujuy (Los Cocaleros) y algunas joyas extranjeras como los chilenos Fármacos, Nueva Costa y The Holydrug Couple o Tropical Popsicle (Estados Unidos).
“Si bien esto arrancó hace poco y viene creciendo a pasos agigantados, hay bandas que se interesan en el sello y me mandan sus propuestas, pero la mayoría de las veces son bandas seleccionadas por mi gusto personal, sin caer en géneros o estilos. Todas juntas forman un amplio espectro musical y eso define el estilo o espíritu de Volante Discos”, cierra.
Nota para Los Inrocks, acá.
12 de mayo de 2014
#EditorialesIndependientes para LosInrocks: Tenemos las máquinas
Julieta Mortati llegó de Berlín –donde vivió durante un tiempo– y al día siguiente estaba en el taller de escritura de Santiago Llach. Volvió con ganas. Y todo ese impulso para escribir y contar derivó en otra cosa: descubrió su literatura. Y no hablamos de la que ella escribe sino la que disfruta, la que gusta leer y oír.
“De pronto estaba ahí, escuchando textos que me parecían buenísimos, con una voz actual, con cosas para contar, de gente que después se convirtió en amiga. Pensé que tenía que hacer algo con todo eso, que no podía quedar ahí en la escucha de taller, y me dije ‘tengo que publicarlos’. Hablé con mi papá que tiene una imprenta, y empecé a trabajar con dos amigas: Ana Carucci, que es ilustradora, y Lara Melamet, que es diseñadora”, cuenta Julieta.
La literatura se encuentra y, según ella, cada cual lo logra en distintos lugares. El ámbito del taller literario –tan vapuleado por algunos– es el que le tocó. ¿Por qué? ¿Qué hay ahí? Una incesante producción de textos de gente que se dedica a escribir y de gente que tiene una profesión completamente desligada de las artes. Ahí también se genera algo que Julieta rescata: lo colectivo. Un texto, cuando se da por finalizado, pasó por la opinión de todos los talleristas, por la intervención del compañero y del guía. “Es un gusto y una decisión de que la literatura sea esto, que no sé qué es”.
Julieta explica así su catálogo, que incluye libros en su amplia mayoría engendrados en estos talleres o en los ciclos de lectura y música FestiTé, que organizó. Y si bien convocó a otros escritores para editar, no sabe por qué terminó descartando esos textos que no tenían el ritmo, la cadencia de aquellos que compartían el combustible del taller. “Igual intento no sucumbir ante el amiguismo. Pero creo que en un principio la literatura que uno genera está hecha para ser leída ante los amigos, es para ellos, aunque la construcción sea íntima”. Y el ámbito, el vehículo, para contactarse es el taller.
En 2012 se lanzó Tenemos las máquinas, y el sello empezó editando dos nouvelles de Martín Wilson (El que no salta es un inglés) y de Damián Tullio (Algo que nunca le conté a nadie). Después se sumó Tálata Rodríguez con Primera línea de fuego y se editaron los dos tomos de la colección Las Naves, una suerte de publicación temática sobre cine en español e inglés en el que los cineastas dialogan con la crítica y el espectador. Pronto saldrá el tercero número, titulado Lecciones de cine. También está por editar un libro de Alfredo Jaramillo, un escritor neuquino que tiene publicados varios libros de poesía.
“Estoy pensando en hacer una nueva colección de libros temáticos ilustrados. Cortitos, de 60 páginas, sobre biología, gastronomía o manuscritos de cosas que no sean la literatura que leemos habitualmente. Los autores se la pasan leyendo narrativa y hay que nutrirse de otras cosas, de otros ámbitos. Me interesa abrir el campo”, relata Julieta.
Su modo de trabajo parte siempre desde una idea madre y luego busca armar un equipo de trabajo para cada edición. Así, cada libro lleva meses de trabajo de edición, de diseño, de armado, como por ejemplo las dos antologías que presentaron semanas atrás: Felices juntos, de narrativa argentina, y El mezcladito, de poesía actual de América Latina. En cada tomo participaron alrededor de treinta autores nuevos y la curaduría fue compartida con María Bernadello, Johanna Braña, Magalí Etchebarne y Flor Monfort.
Con un capital mínimo y los escritos elegidos, las primeras tiradas fueron apareciendo y volvieron todo el proyecto realidad. Es Julieta la que distribuye los libros con un carrito por algunas librerías de la ciudad. Es ella la que sostiene el sueño y la que afirma, convencida, que el libro está más vivo que nunca.
17 de abril de 2014
crónica de una crónica
“La
imagen me persigue”, me dice el tipo. La oficina es grande, como todo mi
living, tiene una mesa redonda con 8 sillas y un escritorio en L con
una computadora y un montón de papeles y cosas arriba. Hay una ventana
al costado pero está oscureciendo y las persianas no dejan ver casi nada
de lo que hay del otro lado, que es el estacionamiento que da a la
calle Monasterio. “Me va a perseguir toda la vida esa imagen. No la puedo olvidar”.
Me cuenta más. Me dice que después de 9 horas de rescate terminaron su trabajo y todos se subieron a una traffic a cenar, era de madrugada. Me dice que en ese silencio sepulcral después de tanto desastre escucharon un quejido, no recuerda si fue un llanto o palabras, y que esa persona fue la última que rescataron con vida debajo de los escombros en la AMIA.
Me cuenta esto como si me contara que tiene ganas de tomar un café con leche, apurado, quiere ir a la siguiente pregunta. Miro mi cuaderno, lo vuelvo a mirar. “¿Cómo hacés para dormir?” Y me hace un gesto. No le pregunté qué sueña cuando se duerme, no le pregunté por qué no para, por qué me apura en la conversación, por qué tanta ansiedad. A veces le hago una pregunta y me contesta otra cosa, como si no me escuchara. Me habla de olfato, de calle, de experiencia, de lectura, de rapidez.
Hasta su oficina me fui en remis. Ahí conocí a Javier, el fotógrafo. Hablamos un rato de la nota, me preguntó por qué había venido, le hice un gesto y entendió. Tenía un tatuaje en el antebrazo, una síntesis de un elefante adentro de un círculo. Era calmo. Casi colorado. Me contó que trabaja más de carpintero que de fotógrafo. Que trabajó en tres diarios durante varios años, que empezó a hacer retratos y trabajar para revistas. Que está haciendo una serie sobre la muerte. Que se va a ir.
En el patio hablo con uno de los choferes que me cuenta algo que ahora no recuerdo. Mientras me hablaba yo pensaba en las preguntas, en qué me estaba faltando, en las aristas, en los hilos y veía los flashes que rebotaban en el piso del otro lado de la ambulancia. Sí recuerdo que me dijo que el tráfico no le molesta, que la gente es solidaria. Pensé en que el día anterior vi en Parque Rivadavia cómo los autos se metían delante de la ambulancia para aprovechar el envión en vez de dejarla pasar. Él sí me dijo que no duerme, que tiene pesadillas, que vio cosas horribles, que siempre hizo eso y que no se le ocurre hacer otra cosa. Pensé en que el fotógrafo es carpintero.
El fotógrafo tiraba flashes del otro lado de la ambulancia. Había abierto la puerta, había sentado al tipo, le había dicho que mirara para allá y gatillaba. A veces con flash, a veces sin flash. El cielo estaba cambiando de colores, el tráfico se escuchaba fuerte por Vélez Sarsfield. Entre la oficina y ese momento, Javier me dijo que había pasado por la redacción y que eran 6 páginas, 15 mil caracteres, que necesitaba más fotos. Ok. 15 mil caracteres, 6 páginas, más fotos. 15 mil caracteres. 6 páginas. ¿Tapa? Miedo.
Adentro, una señora grita, “está mintiendo, ahí no hay nada”. El tipo interrumpe lo que me decía, me quita la mirada, le dice a la mujer “ponelo acá” y señala la pantalla del medio. En esa habitación enorme hay tres pantallas gigantes colgando del techo y en la del medio hay ahora la vista desde una cámara de seguridad de la calle que enfoca una esquina de Parque Patricios. La cámara gira y enfoca las dos calles, de un lado, del otro, se detiene en la intersección. Nada. No hay nada. La mujer grita “retenelo en el teléfono” a uno de los pibes que está sentado en las cuatro hileras de escritorios. “No mandes a nadie”, sentencia, gira y me dice “vamos al patio”.
Ahora llamo a su secretaria y no me contesta. Le mando un mensaje, dos mensajes, tres mensajes. La puteo. Me escribe que el viernes. El jueves me dice que no, que no se puede salir el viernes. El viernes me dice que el lunes me confirma. El lunes, ¿me confirmará? Mi editor me tranquiliza, “seguí insistiendo romi, eso me parece central”. Javier se ríe y me dice que sigamos esperando. Así será.
“Perdón Alberto, te interrumpo, Jean Jaures y Valentín Gómez choque, vuelco, una mujer atrapada. Mandé tres. ¿Querés que vaya?”. Piensa un segundo. Le dice que no, que se quede, y que mande rápido a esa ambulancia en la que luego se sentará, sobre la puerta que abrió Javier, mirará para allá y será retratado, para siempre, en su mameluco verde y el chaleco rojo.
Algo de mi otro blog, ese de las #aspiraciones literarias: http://brillanlaspalabras.tumblr.com/
Me cuenta más. Me dice que después de 9 horas de rescate terminaron su trabajo y todos se subieron a una traffic a cenar, era de madrugada. Me dice que en ese silencio sepulcral después de tanto desastre escucharon un quejido, no recuerda si fue un llanto o palabras, y que esa persona fue la última que rescataron con vida debajo de los escombros en la AMIA.
Me cuenta esto como si me contara que tiene ganas de tomar un café con leche, apurado, quiere ir a la siguiente pregunta. Miro mi cuaderno, lo vuelvo a mirar. “¿Cómo hacés para dormir?” Y me hace un gesto. No le pregunté qué sueña cuando se duerme, no le pregunté por qué no para, por qué me apura en la conversación, por qué tanta ansiedad. A veces le hago una pregunta y me contesta otra cosa, como si no me escuchara. Me habla de olfato, de calle, de experiencia, de lectura, de rapidez.
Hasta su oficina me fui en remis. Ahí conocí a Javier, el fotógrafo. Hablamos un rato de la nota, me preguntó por qué había venido, le hice un gesto y entendió. Tenía un tatuaje en el antebrazo, una síntesis de un elefante adentro de un círculo. Era calmo. Casi colorado. Me contó que trabaja más de carpintero que de fotógrafo. Que trabajó en tres diarios durante varios años, que empezó a hacer retratos y trabajar para revistas. Que está haciendo una serie sobre la muerte. Que se va a ir.
En el patio hablo con uno de los choferes que me cuenta algo que ahora no recuerdo. Mientras me hablaba yo pensaba en las preguntas, en qué me estaba faltando, en las aristas, en los hilos y veía los flashes que rebotaban en el piso del otro lado de la ambulancia. Sí recuerdo que me dijo que el tráfico no le molesta, que la gente es solidaria. Pensé en que el día anterior vi en Parque Rivadavia cómo los autos se metían delante de la ambulancia para aprovechar el envión en vez de dejarla pasar. Él sí me dijo que no duerme, que tiene pesadillas, que vio cosas horribles, que siempre hizo eso y que no se le ocurre hacer otra cosa. Pensé en que el fotógrafo es carpintero.
El fotógrafo tiraba flashes del otro lado de la ambulancia. Había abierto la puerta, había sentado al tipo, le había dicho que mirara para allá y gatillaba. A veces con flash, a veces sin flash. El cielo estaba cambiando de colores, el tráfico se escuchaba fuerte por Vélez Sarsfield. Entre la oficina y ese momento, Javier me dijo que había pasado por la redacción y que eran 6 páginas, 15 mil caracteres, que necesitaba más fotos. Ok. 15 mil caracteres, 6 páginas, más fotos. 15 mil caracteres. 6 páginas. ¿Tapa? Miedo.
Adentro, una señora grita, “está mintiendo, ahí no hay nada”. El tipo interrumpe lo que me decía, me quita la mirada, le dice a la mujer “ponelo acá” y señala la pantalla del medio. En esa habitación enorme hay tres pantallas gigantes colgando del techo y en la del medio hay ahora la vista desde una cámara de seguridad de la calle que enfoca una esquina de Parque Patricios. La cámara gira y enfoca las dos calles, de un lado, del otro, se detiene en la intersección. Nada. No hay nada. La mujer grita “retenelo en el teléfono” a uno de los pibes que está sentado en las cuatro hileras de escritorios. “No mandes a nadie”, sentencia, gira y me dice “vamos al patio”.
Ahora llamo a su secretaria y no me contesta. Le mando un mensaje, dos mensajes, tres mensajes. La puteo. Me escribe que el viernes. El jueves me dice que no, que no se puede salir el viernes. El viernes me dice que el lunes me confirma. El lunes, ¿me confirmará? Mi editor me tranquiliza, “seguí insistiendo romi, eso me parece central”. Javier se ríe y me dice que sigamos esperando. Así será.
“Perdón Alberto, te interrumpo, Jean Jaures y Valentín Gómez choque, vuelco, una mujer atrapada. Mandé tres. ¿Querés que vaya?”. Piensa un segundo. Le dice que no, que se quede, y que mande rápido a esa ambulancia en la que luego se sentará, sobre la puerta que abrió Javier, mirará para allá y será retratado, para siempre, en su mameluco verde y el chaleco rojo.
Algo de mi otro blog, ese de las #aspiraciones literarias: http://brillanlaspalabras.tumblr.com/
27 de marzo de 2014
11 de marzo de 2014
Prietto para minuscula.pe
>Llego tarde, como 20 minutos tarde, corro por la avenida Corrientes, cruzo Acevedo y ahí lo veo, apoyado contra una columna del frente del local, esperándome. Maxi Prietto me citó en un viejo reducto porteño, una casa de más de cien años ubicada en el barrio de Villa Crespo que cuenta con pool, ping pong, billar y ajedrez. Eso dice bastante de la nostalgia que maneja Prietto para hacer todo en su vida. Entre viejos con su vermouth en mano y nosotros con nuestra cerveza fría hablamos dos horas sobre la melancolía y la creación, esas dos partes indivisibles en su vida.
Pero empecemos desde el principio. Prietto nació hace 32 años en Quilmes, una localidad al sur del conurbano bonaerense. A los pocos años se mudó a Capital Federal pero siguió yendo seguido por su trabajo, una empresa familiar distribuidora de golosinas. «Después me tiré a vago y dejé», bromea. La vagancia sería hacer música de manera frenética. Prietto tiene una ecléctica obra solista que se puede escuchar en su bandcamp, la que incluye hasta un disco de boleros. Es parte también del dúo de guitarra–batería que se llama Prietto viaja al cosmos con Mariano, con un disco doble digno de un podio de belleza. Sumado a eso, es además la pieza fundacional de Los Espíritus, banda revelación del 2013 argentino.
Todo eso surge en su casa, en una habitación que acondicionó como estudio, donde graba, experimenta, ensaya y produce sin parar. Dice tener más constancia que disciplina a la hora de la composición y que disfruta mucho más ese momento íntimo que tocar.
«Me gusta grabar, experimentar, probar sonidos, mi casa es como un laboratorio. Me gusta más que tocar en vivo, incluso. El momento previo, esas horas hasta que empieza el show, me cansa, los lugares con mucha gente me aturden, no entiendo la situación. Una vez que ya estoy tocando lo disfruto pero suele ser siempre muy corto en relación a la ansiedad previa. El “antes” parece mil horas y el show se siente de 10 minutos».
En cambio, la casa. En el transcurso de los años se armó de instrumentos y una infraestructura para gestar toda su música desde ahí. Con esas infinitas posibilidades de creación, Prietto elige siempre la guitarra como instrumento disparador. En el patio de su casa o en esa habitación empieza unos acordes, que se entrelazan con otros, que arman una melodía naciente que insinúa una palabra, y esa lleva a otra, hasta que habla sobre algo, se genera una personalidad y así nace una canción.
«Es como ese momento antes de quedarte dormido en el que no estás inconsciente y podés direccionar el sueño. Hacer una canción es como estar así. Nunca fui a pescar pero creo que debe ser así. Se genera un estado extraño en el que todo surge de una forma un poco inexplicable. Una vez que se generó eso no puedo cortarlo, tengo esa superstición. No puedo irme de ahí hasta que la canción esté terminada».
La corriente de inspiración en ese espacio íntimo se contrapone a lo que pasa en los shows. Con Los Espíritus, su última banda, la intensidad de los toques crece en temperatura corporal, contacto físico y energía de liberación, como un exorcismo compartido. Le pregunto si se siente desde el escenario, cuando todo ahí abajo cobra una intensidad a raíz de la música pero casi logra independizarse de ella. Sí, lo siente.
«Siempre que se llega a ese estadio nos cortan el show. En los festivales pasa muy seguido, es todo muy corto, el tiempo vuela y en la mejor parte nos tenemos que ir. Todo ese esfuerzo de acarrear cosas por algo tan efímero y a la vez tan fuerte. Es una energía muy potente».
Después de que Prietto viaja al cosmos con Mariano sufriera un parate de acción, Prietto buscó algunos músicos amigos para hacer –grabar- algo acústico, tranquilo, comos los EPs Casa 1 y 2 de su proyecto solista. Lo que surgió fue Los Espíritus, algo nuevo hecho de a cinco personas. Sin buscarlo, se gestó. Pensó que iba a ser más productivo continuar con eso que naturalmente se había dado, grabaron un EP con tres temas y después el disco.
«Me daba la sensación que no iba a funcionar. Me sorprendió mucho cómo lo recibió la gente. No lo entiendo todavía. No sé cómo alguien que escucha Prietto viaja al cosmos con Mariano escucha Los Espíritus, pero pasa».
En el grupo está Miguel Mactas en la guitarra, quien en algún momento, antes de que empezara todo, formó con Prietto una banda de la que no queda registro: Astromelia o Astrodelia, depende el día. También está Santiago Moraes, la otra voz de Los Espíritus con quien formó su banda de la secundaria. Con ellos, la inspiración tiene un cauce.
«Pensamos en Los Espíritus para componer, en un imaginario claro, de percusión latinoamericano, de blues y guitarras, de energías calientes, y pensamos en eso, lo intentamos descifrar y así salen las canciones. A mí me funciona pensar en ese misterio y hacer desde ahí».
En nuestra mesa sobre la calle se escucha el tráfico de Buenos Aires, desde el interior del bar suenan los golpes de los palos contra las bolas de pool, los gritos de victoria de los jugadores de ping pong. Prietto luce tranquilo, despreocupado. Su cara y aspecto de niño generan confianza. Parece como si recién se despertara de la siesta. Uno nunca se imaginaría que él hace tantas cosas y tan distintas. Todo sale a través de él, corre por su sintonía de creación.
«No creo en los estilos musicales, no los entiendo. No puedo hacer algo que no entienda aunque si te gusta es porque está el deseo y en el fondo algo entendés. Pero por naturaleza uno cambia, si no cambiás sos un tarado, es porque te creíste un límite autoimpuesto, una pose. Prefiero quedar como un ridículo que hacer siempre lo mismo».
Y si todo lo que hace está bañado en nostalgia, tal vez eso también cambie pronto. «Soy un melancólico pero no sé si soy una persona negativa. Soy un hombre contento».
No espera nada, sólo graba y toca. Si las cosas ocurren, le da la bienvenida pero no hace nada para que pasen. Si las situaciones llegan es porque tenían que ser. Está tranquilo con ese pensamiento, está cómodo en su forma de vivir la vida.
Cierro el cuaderno, dejo la lapicera y nos pedimos otra cerveza más. «Hagamos las fotos ahora, así nos lo sacamos de encima»., me dice, justo cuando empezaba a acobardarme de mi doble rol. Vamos hasta el fondo del bar, no se inmuta con la cámara, se deja. Nos vamos contentos. Esta vez no nos echaron del bar.
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